Presentación

Amantes de mundos fantásticos, bisoños aventureros en busca de tesoros, criaturas de la noche, princesas estudiantiles y fanáticos de cachas de postín, ¡sed bienvenidos!. Invitados quedáis a rebuscar en mi colección de VHS, acomodar vuestras posaderas en una mullida butaca, darle al play, y disfrutar de lo bueno, lo malo y lo peor que dio una década.

ADVERTENCIA: Aquí no se escribe crítica cinematográfica (ni se pretende). Las reseñas son altamente subjetivas y el único objetivo es aprender y disfrutar del cine y, por supuesto, de vosotros.

Juegos de guerra (1983, John Badham) War Games





David es un experto informático capaz de saltarse los más avanzados sistemas de seguridad y de descifrar los más herméticos códigos secretos. Pero su juego se complica cuando involuntariamente conecta su ordenador al del Departamento de Defensa americano, encargado del sistema de defensa nuclear. Desencadena así una situación de peligro difícilmente controlable. Con la ayuda de su novia y de otro informático genial intentará, en una carrera contrarreloj, evitar la Tercera Guerra Mundial. (http://www.filmaffinity.com/es/film553168.html)
 

Extraño juego. El único movimiento para ganar es no jugar.



Lección de historia relámpago: Los ochenta (menuda sorpresa, ¿verdad?), Capitalismo, Estados Unidos, Comunismo, Unión soviética, Guerra Fría. Fin de la clase (lo bueno, si es breve, dos veces bueno).

El temor permanente, y claramente fundado, de que aconteciese la Tercera Guerra Mundial fue un hecho inscrito a fuego en el pensamiento de los millones de habitantes de las sociedades civilizadas desde el término de la Segunda Guerra Mundial; y ya lo dijo Einstein: la Tercera sería con armas nucleares, la Cuarta con palos y piedras. Ese miedo a una muy factible posibilidad que condenase al género humano a su extinción fue llevado al cine en muchas ocasiones desde las más diversas ópticas.  Así, a nadie se le puede olvidar la imagen del vaquero a lomos de la bomba atómica en ¿Teléfono Rojo? Volamos hacia Moscú (1964) – única y genial incursión de Kubrick en la comedia- , la materialización del terror nuclear sufrido en carnes japonesas de las garras de Godzilla (1954), o la desoladora visión rusa mostrada en Cartas de un hombre muerto (1986).

 Queda claro que la película de John Badham (Fiebre del sábado noche, Drácula, Cortocircuito, Trueno Azul) no presenta ningún tema original, pero sí lo es en cuanto a las novedades que introduce y que le diferencian de las producciones de similar temática que hasta el momento se habían estrenado. En primer lugar un tono desenfadado en clave de aventura, huyendo del dramatismo acentuado, enfocado al gran público, y más concretamente, de la mano de sus dos protagonistas - el omnipresente Matthew Broderick en la piel de David y la encantadora Ally Sheedy como Jennifer - al público juvenil. En segundo lugar un fuerte componente informático, reflejo por otro lado del auge que experimentaba en aquellos tiempos, que nos advierte de los peligros de la excesiva dependencia tecnológica y de sus extremos: delegar decisiones de importancia capital en programas informáticos. En esto tiene mucho que ver el cuidado guión de Lawrence Lasker y Walter F. Parkes (nominados al Oscar por su trabajo), quienes se documentaron a conciencia y llegaron a establecer amistad con hackers y expertos informáticos, temática que repetirían en Los fisgones (1992). 
 Justo al inicio es cuando se plantea esta segunda cuestión, la de la dependencia tecnológica. Durante un ejercicio simulado del ejército (que los militares ignoran no es real) un 22% de los responsables de girar la llave y freír al demonio ruso no acata la orden de lanzamiento. Son las dudas morales que asaltan a estos hombres (o miedo, o pena, o cobardía…¿quién sabe?) las que caracterizan la impredecibilidad de un comportamiento humano situado en las antípodas de una máquina guiada por unas directrices inexorables. El WOPR es el ordenador creado con la función de ejecutar sin contemplaciones el lanzamiento de misiles nucleares en el caso de un ataque soviético, una máquina supuestamente exenta de errores, pero que, tras su fortuito encuentro con David, un pionero hacker cinematográfico que navega a la caza de videojuegos, desencadena una situación crítica que pone en jaque a las dos superpotencias.
 
  La figura de David, parece estar ligeramente inspirada en la del hacker interpretado por Jeff Bridges en la por entonces revolucionaria Tron (1982), película por todos conocida y que abrió la veda de los videojuegos en el cine. Otra película que siguió su estela, aunque desviándose completamente en un batiburrillo (no por ello carente de encanto) en el que se mezclaban los videojuegos con Star Wars, fue la posterior El último Starfighter (1984).  En cuanto al WOPR, a mí me parecen claras las similitudes con otros superordenadores que lograron desencadenar el horror en el terreno de la ficción: ahí están Skynet en Terminator (1984) y las máquinas de Matrix (1999).

Resulta curioso la forma de enfocar el comportamiento de la inteligencia artificial por entonces. Casi se muestra al WOPR como un artilugio dotado de cierto pensamiento humano, pero cuyos poderes rozan casi la omnipotencia. Y es que en aquella década los ordenadores eran capaces de lograr cualquier cosa, desde enamorarse de su propietario tras absorber el champán derramado sobre sus circuitos (Sueños eléctricos, 1984), hasta crear a una chica perfecta, casi una diosa, dispuesta a cumplir todos los caprichos de un par de desbocados adolescentes (La mujer explosiva, 1985).
 
 Las actuaciones de los protagonistas me parecen muy naturales. Existe una gran química entre ambos y la historia de amor que surge es tan ligera y anecdótica que no desvía un ápice la atención sobre la esencia de la trama. Eso sí, hacen una pareja adorable. Además su aspecto es el de dos adolescentes normales, no el de los modelos que inundan actualmente las películas orientadas a un público juvenil. Otro personaje que me gusta es el de Falken. El difunto John Wood interpretó con mucha clase a un genio retirado del mundo y cuya indeferencia hacia la inminente destrucción mundial le confiere un cariz netamente misantrópico. 
 
 
 Aunque el decorado de la sala de ordenadores costó un millón de dólares y fue el más caro hasta entonces, la película no abusa de efectos especiales ni visuales. Se centra en la aventura que viven los personajes y sólo muestra alguna imagen de las pantallas que no se acerca ni de lejos al despliegue visual de la ya mencionada Tron(1982). Pero si bien resulta sumamente entretenida y fácil de digerir quizás se me atraganta un poco el tramo final por efectista. Los secundarios sobreactúan, hay que aceptar gratuitamente ciertos acontecimientos y alguna innecesaria vuelta de rosca – made in Hollywood - que acrecienta artificiosamente la tensión para culminar con una sala repleta de exultantes militares vitoreando y abrazándose tras alcanzar el siempre consabido final feliz.  En este tramo lo que más me gusta es el juego al tres en raya y su explícita metáfora por medio de la cual el WOPR "aprende" la inutilidad de un juego donde no se puede ganar.
 La película resultó un éxito. Fue nominada a tres Oscar (fotografía, guión y sonido) y con doce millones de presupuesto casi llega a los ochenta de beneficios, además catapultó la carrera de un Matthew Broderick que protagonizaría algunos de los clásicos indiscutibles de los ochenta como Lady Halcón (1985) o Todo en un día (1986)
  

GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA

TRAILER


7 comentarios:

Iker dijo...

Qué tiempos, la que liaba Broderick con su antepasado de los spectrum. Y ni nos preguntábamos si eso podía ser posible.
Por cierto, no sé si la tendrás como clásico ochentero, pero creo que poco le falta para lograr ese honor a una película que he revisado hace poco: "El corazón del ángel", de Alan Parker, con Mickey Rourke y Robert De Niro en los papeles principales.

Herman Master dijo...

Hola, Iker. El corazón del ángel me encanta, tanto la película como el libro. Por supuesto que será comentada por estos lares.

Un saludo.

Iker dijo...

Creo recordar que la película era bastante fiel a la novela de William Hjortsberg. El "Seven" de David Fincher ha sido muy influyente, pero tomó buena nota de la atmósfera truculenta y opresiva de "El corazón del ángel". Y la ahora tan aclamada "True detective" también.
Leeré tu reseña con gusto.
Un saludo.

Ocio en pocas palabras dijo...

Este es uno de esos clásicos de los que apenas tengo recuerdos. Tengo el recuerdo de que cuando la ví me gustó, también recuerdo el argumento, pero no tengo recuerdos claros de alguna secuencia en partícular o de algo que se me quedara en la memoria.

Posiblemente la vi solo una o dos veces y en mi mas tierna adolescencia. Tal vez sea eso.

Muy buen trabajo, me encanta tu blog. Muy buena temática la que has elegido.

Saludos.

Anónimo dijo...

¨que juego tan extraño la única forma de ganar es no jugar¨. Pocas veces he visto una reflexión tan demoledora sobre la guerra con permiso de la tremenda La tumba de las luciérnagas que en un diamante en bruto y de visión obligada (con gafas del estilo de la naranja mecánica) para esos patrioteros que tan alegremente campan or ahí.

Jack dijo...

Mi comentario va a ser un poco chorra, pero es lo que siento:

Esta película es una JODIDA MARAVILLA. Sin alaracas, sin aspavientos, casi sin pretenderlo.

Se plantan a hacer una película entretenida, con algo de trasfondo detrás y se marcan ESTO. Pocos premios le dieron para los que se merecía.


Gracias otra vez por el blog, camarada.

Miguel López Casellas dijo...

¡Me encanta esta película!! :-) Y creo recordar haber leído que ganó un premio por los decorados. Resulta que querían rodar en el sitio real y no les dejaron, entonces montaron decorado y ganaron un premio por ello.

La tengo en DVD y la habré visto un millón de veces, incluso alguna más :P XD