Presentación

Amantes de mundos fantásticos, bisoños aventureros en busca de tesoros, criaturas de la noche, princesas estudiantiles y fanáticos de cachas de postín, ¡sed bienvenidos!. Invitados quedáis a rebuscar en mi colección de VHS, acomodar vuestras posaderas en una mullida butaca, darle al play, y disfrutar de lo bueno, lo malo y lo peor que dio una década.

ADVERTENCIA: Aquí no se escribe crítica cinematográfica (ni se pretende). Las reseñas son altamente subjetivas y el único objetivo es aprender y disfrutar del cine y, por supuesto, de vosotros.

Delitos y faltas (1989,Woody Allen) Crimes and Misdemeanors



Con una temática híbrida entre el drama y la comedia que nos trae a colación algunas de sus obras actuales como "El sueño de Casandra" o la galardonada "Match Point" (las similitudes son evidentes en este caso) , si bien es cierto que las últimas prescinden del toque humorístico presente en esta película, Delitos y faltas supone una de los trabajos más redondos del director neoyorquino.

La trama se desarrolla con dos historias paralelas que culminarán al final como una sola. Por un lado nos encontramos con Cliff Stern (Woody Allen), un documentalista de éxito moderado hastiado de su mujer y que se encuentra realizando un nuevo documental sobre su cuñado, el productor Lester (Alan Alda). Cliff se siente atraido por Halley Reed (Mia Farrow), trata de educar a su sobrina a base de películas clásicas y tiene como mayor influencia vital al doctor Levy, un filósofo superviviente del holocausto nazi. Por otro lado está la historia de Judah Rosenthal (Martín Landau), un oftalmólogo de prestigio que se ve en una encrucijada al ser chantajeado por Dolores Paley (Anjelica Huston), su amante despechada. Judah se verá avocado a tomar una decisión desesperada para evitar el escándalo y que su matrimonio se rompa.



Allen aborda muchas de sus inquietudes, que son ya temas recurrentes en su filmografía, en el contexto de la clase media alta judía asentada en la ciudad de Nueva York, y consigue un equilibrio perfecto entre un argumento en el que se reflejan reminiscencias a la tragedia griega y a Dostoievski- sin obviar algún toque de humor y planteando a la vez cuestiones de envergadura inmortal como las relativas a Dios, a la moral, a la justicia, al suicidio, e insertando sus habituales referencias cinematográficas que cristalizan en un ejercicio de metacine- y las actuaciones, en las que prima el conjunto frente a algún actor que brille con más intensidad que los demás (puestos a elegir me decantaría por las de Anjelica Huston y Martin Landau). Y allí donde otros probablemente caerían de pleno en el ridículo, Allen no sólo sale indemne de acometer tales peripecias, sino que lo hace sin despeinarse, logrando un resultado de naturalidad desbordante y eliminando cualquier rastro de artificio en cuanto a la forma o moralina fútil en cuanto al contenido.

El simbolismo del ojo a lo largo de la película es constante; así el ojo de Cliff lo ve todo a través de la cámara, captando incluso la verdadera personalidad de Lester, los ojos del rabino degeneran progresivamente hasta quedarse ciego, conservando su fe absoluta en Dios, los ojos que Judah tiene que observar, ya que paradójicamente es un oculista que ha perdido su fe, y por último, el ojo de Dios que los observa a todos.



El círculo se cierra con el encuentro de Judah y Cliff en una fiesta. Judah ha superado su arrepentimiento y le cuenta lo que ha hecho a Cliff de forma que parezca un guión cinematográfico, al responderle Cliff que el asesinato no quedaría impune, Judah le alega que no se trata de una película de Holywood, es la realidad. Así vemos como Judah se va con su esposa, ambos en estado de gracia, mientras un triste y desolado Cliff queda solo y borracho. Procediendo a una inversión de la suerte de Raskolnikov (personaje protagonista de "Crimen y castigo") se nos muestra una realidad en la que la justicia poética ha quedado suprimida y el arrepentimiento queda diluido en el paso del tiempo. En "Delito y faltas" triunfan los canallas; Judah consuma el crimen irresoluble y pese a mostrarse en un principio arrepentido se erige finalmente con renovado entusiasmo vital, el odioso Lester inicia una relación con Halley y la mujer de Cliff "conoce" a alguien.
El noble Cliff nos demuestra con su derrota absoluta que los finales felices sólo existen en las películas "made in Hollywood"

GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA

Ficha técnica y artística

Trailer

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