Presentación

Amantes de mundos fantásticos, bisoños aventureros en busca de tesoros, criaturas de la noche, princesas estudiantiles y fanáticos de cachas de postín, ¡sed bienvenidos!. Invitados quedáis a rebuscar en mi colección de VHS, acomodar vuestras posaderas en una mullida butaca, darle al play, y disfrutar de lo bueno, lo malo y lo peor que dio una década.

ADVERTENCIA: Aquí no se escribe crítica cinematográfica (ni se pretende). Las reseñas son altamente subjetivas y el único objetivo es aprender y disfrutar del cine y, por supuesto, de vosotros.

Pesadilla en Elm Street 5: El niño de los sueños (1989, Stephen Hopkins) A Nightmare on Elm Street: The Dream Child


Un año después de los acontecimientos ocurridos en Pesadilla en ElmStreet 4: El amo del sueño (1988, Renny Harlin), Alice (Lisa Wilcox) y Dan (Danny Hassel) continúan su relación al tiempo que se gradúan en el instituto en compañía de sus nuevos amigos Greta, Mark e Yvonne. Freddy Krueger no ha dado señales de vida, pero cuando Alice se queda embarazada las pesadillas no tardar en regresar ...


Curiosamente, la historia de esta quinta parte había sido ofrecida a la New Line por el guionista Leslie Borden para Pesadilla en Elm Street 3: Los guerreros del sueño. El guión, lógicamente, fue rechazado, pero años después la New Line contactó de nuevo con Borden para materializar su propuesta de manos del desconocido director Stephen Hopkins (recordemos que salvo Wes Craven, todas las partes anteriores también fueron dirigidas por novatos) al que dieron dos meses de plazo para entregar la película. En coherencia con la anterior secuela, El niño de los sueños continúa la historia ahí donde la dejó El amo del sueño, Lisa Wilcox y Danny Hassel repiten en sus papeles de Alice y Dan y, por supuesto, Englund hará de las suyas como Freddy.



El niño de los sueños, si bien alejada de ese terror espectacular y festivo de la tercera y la cuarta parte, amerita virtudes que la ensalzan como una película bastante superior a lo que la recordaba. Y es que marcada a fuego con un tono deliberadamente oscuro y gótico despliega una atmósfera opresiva y una imaginería visual apabullante que hará las delicias de cualquier amante del cine fantástico y de terror. Para lograr esto se basa en el uso del filtro azul en la iluminación, grandilocuentes decorados (como el del sanatorio mental) y la inquietante música de Jay Fergusón. Además, algunas de las secuencias oníricas son tan impresionantes como la fusión del hombre y la máquina que protagoniza Dan junto a su moto o la la lucha de Mark y "Super Freddy" dentro de un cómic.







Pero su trama no se queda atrás en cuanto oscuridad y - quizás con un ritmo más lento a lo que estamos acostumbrados - pone encima de la mesa temas tan controvertidos como la anorexia, la conducción bajo los efectos de bebidas alcohólicas, la maternidad juvenil o el aborto y el derecho de la madre a decidir. Al tiempo, nos muestra el origen de Freddy con la escena de violación de los cien maníacos a una monja (Amanda Krueger, su madre).





Pienso que esta temática dura e "incómoda" y el lógico cansancio que se presupone tras cinco partes son los responsables de la tibia acogida por parte de un público que reaccionó mal en taquilla (con 22 millones de dólares fue la recaudación más baja hasta entonces) y que , en general, la considera una de las peores de la saga. Hay quien echa la culpa a un mal guión en el que el regreso de Freddy a través de los sueños de un niño no nato no tiene ni pies ni cabeza, pero si os paráis a pensar, después de la pesadilla homoerótica que supuso La venganza de Freddy, y su resurrección en El amo del sueño por medio de una meada de perro, lo descabellado es sugerir que esta trama sea descabellada ...


GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA




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