Danko: Calor rojo ( 1988- Walter Hill) Red Heat

Camarradas, compatrriotas, ochenterrs del mundo, hoy llega a nuestro blog una de las mejores de Arnie, una de esas joyas de los ochenta que ha envejecido de cine con el paso de los años, sí querridos, como habéis podido comprrobarr porr mi acsento, llega: Danko: Calor Rojo

El frío origen de la trama
Desde el inicio, esta película ya te atrapa, ya te engancha y ya te da ganas de meterte en un templo de hierro forjado y empezar a mover kilos como si de un power-lifter se tratase.
Por que el inicio del film es ya toda una declaración de intenciones de ese genial director que es Walter Hill y a quien le debemos otras dos joyas de los ochenta como son Límite 48 Horas y 48 Horas más o esa genialidad que fue El último hombre.
El inicio comienza con diversos planos de la Plaza Roja de Moscú , mientras nos deleitamos con la melodía orquestada por el fallecido James Horner, autor de entre otras, las bandas sonoras de Willow, Coccoon entre otras.
Una melodía heroica, que simbolizaba algo similar a haber conseguido una medalla de oro en unas Olimpidas, tal y como le pidió el director de la película. Pero sobre todo una melodía que hacía que te identificases con el lugar donde se empezaba a desarrollar la trama.
Porque de Moscú, pasaremos a un balneario ruso, donde cohabitan bellas damas en paños menores, con gigantescas moles que levantan fierros como un minero mampostas, con la diferencia de que lo hacen con una toalla tanga made in Rusia.
Y aquí surge el gigante austríaco, con su espalda inabordable y su pecho palomo, imponiendo hasta que se cruza con un tiparraco que le pone una piedra ardiente en su puño y claro hombre de Dios, que es Arnold que si le cabreas te va a solmenar...y eso pasa, que el director nos deleita con una espectacular escena de acción para empezar la película, que nos lleva a la fría nieve donde el roble se deshace de sus oponentes en paños menores y sin notar la fría nieve rusa (austriaca cabría decir, que fue donde se rodaron las escenas).
Y de aquí nos volvemos a Moscú donde conocemos al villano a quien buscaba Arnold, a partir de ahora capitán Danko, que no es otro que Viktor Rosta ( Ed O´ross).
Como supondréis para intentar atraparlo, lo mejor será el uso de la violencia y aquí ya nos deja una de las icónicas escenas de la película que no es otra, que aquella en la que cogiendo a uno de los esbirros de Viktor, le quiebra la pierna, para sacar una pierna de madera donde ocultaban cocainum.
Lamentablemente no podrá atrapar a Viktor  y en el intercambio de disparos, su compañero caerá abatido, con lo que la acción pasará a Estados Unidos y por primera vez, veremos a Danko hablar en inglés, sí en inglés, porque los primeros quince minutos de metraje, el roble sólo habla en un perfecto ruso, el cual aprendió en tres meses de intensa preparación.

El calor de la trama
Y llegamos a Chicago, donde nos encontramos con el binomio de Danko, Art ( Jim Belushi), uno de esos rudos policías, impulsivos, que se saltan las normas cuando le viene en gana y que está metido en un asunto de tráfico de drogas, cuando recibe la noticia de acompañar al capitán Danko con el fin de que éste se lleve de vuelta a Viktor a Rusia.
Pero claro, que no todo va a ser sencillo, que esto es una buddy movie, que estamos en los ochenta, que hay que dar cera y estopa y es lo que pasa, que se cargan al compañero de Art en el traslado del rusky y claro, los dos ejes deben juntarse para vengar las muertes de sus respectivos compañeros y a partir de aquí, oh señor Walter Hill gracias por estar ahí y alegrarnos el día.
Acción a tutiplen 
Acción, mucha acción es lo que nos da el segundo acto de la película, pero acción de la buena, bebiendo de lo mejorcito de los ochenta, con un Danko luciendo músculos y contundencia y un Art siendo el perfecto contrapunto de su compañero.
Porque escenas como las del tiroteo en el hotel o aquella que se desarrolla en el hospital, son dignas de que algunos de los directores de la actualidad se las repasen, porque no nos mareamos, vemos a los oponentes y la sangre se desparrama al impactar los balazos en los cuerpos de las víctimas.
Y como no, por favor, mirad y disfrutad del culmen final, con ese duelo de autobuses, como si fuesen dos caballeros de la Edad Media, montados en su caballos con las lanzas en ristre, sí ese final es una delicia y cuando están los dos a punto de chocar...pum, uno sale volteado y otro arrollado por un tren...pero claro, que no la van a palmar así de fácil, que nos falta la marca de la casa del director, ese aire de western, ese duelo de pistoleros, con esa nube de humo en medio de la noche casi cubriendo a Danko y Viktor.
Un momento de tensión, de espera, de ver quien desenfunda más rápido de los dos y ahí es donde Danko descerraja su Magnum 44 y abate a Viktor.


Lo templado de la trama
El contrapunto a las escenas de acción, son esos momentos de humor que nos dan el dúo calavera en diversos momentos de la película.
Como aquel en el que suena la alarma del reloj de Danko y Art le cuestiona si es la hora de dar de comer al perro y serio Danko le replica que es la hora de dar de comer al periquito ante la incredulidad de su compañero.
O aquella otra en la que un pandillero intenta sacarle los cuartos a Danko y este le dice "¿Conoce usted a Miranda? y el otro le responde: "No conozco de nada a esa zorra" y Danko le tumba de un mamporro. ( La ley Miranda era aquella por la que no se podía poner la mano encima a un delincuente sin causa justificada).
Y qué decir de la otra donde Art le cede la Magnum 44 a Danko, ante la retirada de la suya y le dice que está usando la mejor pistola del mundo, usada por Harry El Sucio y Danko le dice: 
"¿Quién es Harry el Sucio?"
La calma
Pues que queréis que os diga. He disfrutado como un enano con la película. Ha envejecido de manera espectacular, con acción de la buena, a reivindicar, con unas actuaciones que son un canto a una época que marcó nuestras vidas y sobre todo, vemos a un Arnold en plena forma, que tuvo que perder diez libras de peso para dar ese aspecto imponente en la película y que decir de la magisteal dirección de Walter Hill o simplemente disfrutar de la belleza de Gina Gherson y ver a un jovencísimo Lawrence Fishburne haciendo de toca cojones de los dos protagonistas.
Vamos que hay que verla sí o sí ochenters, esta no puede faltar en vuestra videoteca.

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