Presentación

Amantes de mundos fantásticos, bisoños aventureros en busca de tesoros, criaturas de la noche, princesas estudiantiles y fanáticos de cachas de postín, ¡sed bienvenidos!. Invitados quedáis a rebuscar en mi colección de VHS, acomodar vuestras posaderas en una mullida butaca, darle al play, y disfrutar de lo bueno, lo malo y lo peor que dio una década.

ADVERTENCIA: Aquí no se escribe crítica cinematográfica (ni se pretende). Las reseñas son altamente subjetivas y el único objetivo es aprender y disfrutar del cine y, por supuesto, de vosotros.

Mad Max 2: El guerrero de la carretera (1981, George Miller) Mad Max 2


Tras el holocausto nuclear, la gasolina se ha convertido en un bien escaso y muy codiciado. Mad Max, héroe solitario, inicia una lucha sin cuartel para ayudar a una colonia de supervivientes constantemente atacada por un grupo de violentos guerreros que intenta arrebatarle un tanque de gasolina. Max decide ayudar a los defensores del tanque... (http://www.filmaffinity.com/es/film652388.html)



Mi vida se apaga... mi vista se oscurece... sólo me quedan recuerdos. Recuerdos que evocan el pasado. Una época de caos, de sueños frustrados, éste páramo. Pero sobre todo, recuerdo al Guerrero de la Carretera, al hombre que llamábamos Max.
Para comprender quién era hay que retroceder a otros tiempos, cuando el mundo funcionaba a base del combustible negro, y de los desiertos surgían grandes ciudades de tuberías y acero.
Ciudades desaparecidas, barridas...
Por razones olvidadas hace largo tiempo, dos poderosas tribus guerreras se declararon la guerra, provocando un incendio que devoró a las ciudades. Sin combustible ya no eran nada. Construyeron una casa de paja. Las máquinas rugientes jadearon y se detuvieron.
Los líderes hablaron... y hablaron... y hablaron. Pero nada pudo detener la avalancha. El mundo se tambaleó. Las ciudades estallaron en un vendaval de pillaje, en una tormenta de miedo. Los hombres se comieron a los hombres.
Los caminos eran pesadillas interminables. Sólo sobrevivían los que se adaptaban a vivir de los desechos o eran tan brutales como para dedicarse al pillaje. Bandas de malhechores se adueñaron de las carreteras, listas para entablar combate por un tanque de gasolina.
Y en medio de este caos de ruina, los hombres normales sucumbían aplastados. Hombres como Max... el Guerrero Max... que con el tremendo rugido de una máquina lo perdió todo. Y se convirtió en un hombre vacío, un hombre quemado y sin ilusión. Un hombre que, obsesionado por los fantasmas de su pasado, se lanzó sin rumbo al páramo.
Y fue aquí, en este lugar desolado, donde aprendió a vivir de nuevo.

Que mejor que aprovechar el reciente estreno de Mad Max: Fury Road (2015) para comentar las dos partes de la trilogía ochentera (lo siento, la primera es de 1979). Respecto al regreso del loco Max, he de decir que recién vista en su estreno me ha parecido una sobrada acojonante, visualmente impactante, pura adrenalina, y un regreso a lo más alto de George Miller. Pero esa es otra historia. Quién sabe, quizás en un futuro también se comenten por estos lares estrenos que tengan relación con clásicos de los ochenta ... Pero a lo que vamos, abróchense sus cinturones - aunque esto no les librará de morir calcinados dentro de algún vehículo monstruoso - y viajen conmigo a lo más profundo del páramo australiano, donde el combustible escasea y los locos abundan.


En 1979 , un neófito llamado George Miller, cuya profesión, bien alejada del séptimo arte,  era la medicina, debutó con una de las películas de culto más aclamadas del siglo XX. Mad Max (1979) es una serie B cruda, sucia y sin concesión alguna ambientada en un futuro aciago en el que ya se entreve el escenario post apocalíptico en el que se nos sitúa de pleno en su segunda parte. Max es un policía que vive al límite jugándose la vida en cada servicio por la presencia de bandas de despiadados asesinos que no respetan nada ni a nadie. Con el asesinato de su mujer e hijo Max cruza el límite de la cordura y tomará venganza de aquellos que le despojaron de quienes eran todo en su vida.


En el prólogo de esta secuela se nos explica que el escenario de la primera parte culminó en una guerra nuclear que desoló el mundo. Así , Max deambula sólo por ese páramo , rodado en realidad en los desiertos australianos de Broken Hill, con un objetivo: sobrevivir a cualquier precio. Esta sencilla premisa conforma el núcleo. Así, sobre la estructura compacta de un guión sencillo , Miller construye una película de acción trepidante en la que la historia y los diálogos son reducidos a la mínima expresión. La acción, pese a situarse en un futuro post- apocalíptico, contiene reminiscencias medievales, por ese retroceso, o vuelta atrás de la civilización - ese acoso al que son sometidos los habitantes de la refinería  recuerda a la toma de un castillo -  y del espaguetti western - cómo no al tratarse de un solitario héroe que actuará únicamente por interés propio al igual que el hombre sin nombre de Leone- . Pero además, la épica  narración inicial dota de un carácter mítico a nuestro héroe al más puro estilo del Conan de Millius, - Miller cita el libro El héroe de las mil caras de Joseph Campbell como base para esa concepción del héroe arquetípico -  sin obviar otras influencias como el cómic, la estética punk y , como reconoció el propio Miller, Kurosawa.



El mayor logro de Miller es construir una epopeya post-apocalíptica de corte minimalista pero sumamente efectiva y que deja sin aliento al espectador con unas persecuciones a motor - vehículos que conforman monstruosas aberraciones reflejo de la personalidad de sus conductores y de la sociedad podrida que habitan -  que crearon escuela - perfectamente ensambladas con la música compuesta por Brian May (no es el guitarrista de Queen)- , esto sin obviar momentos de humor negro y creando un universo propio poblado - que sería imitado desde entonces sin piedad en numerosos ejemplos del explotation más infecto- por una panda de freaks sin parangon. Max no es el único loco. Héroes y villanos - exceptuando a la mayoría de habitantes de la estación - son gente perturbada o sumamente peculiar. Así nos encontramos con el niño del boomeran, al freak del autogiro, o a una corte de desquiciados malvados con un gusto especial por el cuero y la violencia gratuita que tratarán a toda costa de satisfacer sus instintos más primarios; destacando sobre todos ellos el malvado Humungus y su mano derecha Wez. Y luego está Mel Gibson interpretando a Max al volante del Interceptor. Un personaje que le pertenece por derecho propio y que en esta ocasión parece recuperar un poco de esa humanidad de la que fue despojado de las manos de un niño del boomerang que narrará de adulto esta historia. 





Aunque mucho más violenta en su corte original - Mad Max 2 fue cercenada por la censura australiana - cosechó grandes críticas, un apoyo incondicional del público que le otorgó el estatus de culto y una recaudación de más de 23 millones de dólares en los Estados Unidos partiendo de un presupuesto de 2.

GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA

3 comentarios:

Adolfo dijo...

La última Mad Max es una auténtica barbaridad de película. 2 veces la he visto en el cine. Luego hablan de piratería y tal, pero cuando se hacen bien las cosas se gana dinero. Las versiones antiguas me gustan (menos la 1 que la vi de crío y me dejó trauma), pero Fury road es una barbaridad.

Herman Master dijo...

A mí la primera también me traumatizó, Adolfo. Pero adoro esa serie b tan sucia y cruda. En cuanto a Fury Road no hay más que decir :D

Jack dijo...

Esta es la película post-apocalíptica por excelencia.

Me permito señalar el "guiño" descarado que le hicieron en el manga "El Puño de la Estrella del Norte", donde su protagonista es una mezcla de Mad Max, Cobra y Bruce Lee (CASI NAH!).

Gracias por el blog, compañero.