Presentación

Amantes de mundos fantásticos, bisoños aventureros en busca de tesoros, criaturas de la noche, princesas estudiantiles y fanáticos de cachas de postín, ¡sed bienvenidos!. Invitados quedáis a rebuscar en mi colección de VHS, acomodar vuestras posaderas en una mullida butaca, darle al play, y disfrutar de lo bueno, lo malo y lo peor que dio una década.

ADVERTENCIA: Aquí no se escribe crítica cinematográfica (ni se pretende). Las reseñas son altamente subjetivas y el único objetivo es aprender y disfrutar del cine y, por supuesto, de vosotros.

Platoon (1986, Oliver Stone) Platoon


En contrapartida a la versión que reflejó John Wayne en “Boinas verdes” (1968), Oliver Stone se propuso dar una versión más real y cruda de la guerra de Vietnam, en la cual el director y guionista sí estuvo. Se trata de un proyecto valiente teniendo en cuenta que cuando se estrenó (1986) ya se habían llevado a cabo dos películas sobre dicha guerra y que gozaban del beneplácito de público y crítica. “Apocalypse now” de Coppola y “El cazador” de Michael Cimino se presentaban como las versiones definitivas sobre una guerra que siempre ha obsesionado a la sociedad norteamericana por los años que duró, los soldados americanos que murieron (58.000) y la aparente inutilidad del conflicto.

Oliver Stone inicia su trilogía sobre Vietnam con esta película, a la que seguirán “Nacido el 4 de Julio” (1989) y “El cielo y la tierra” (1993). No solo hace alusión a los jóvenes estadounidenses sin futuro que acuden a la muerte, sino a la cantidad de víctimas civiles que en toda guerra mueren sin sentido y, muchas veces, desde el crimen de guerra. Hay que tener en cuenta que murieron 58.000 americanos, pero que también lo hicieron más de un millón de vietnamitas. Stone refleja la crueldad de la guerra y convierte una película bélica en un panfleto pacifista, usando la que se considera la peor derrota de EEUU en una guerra. Hay un momento de la película donde un personaje le dice a otro que van a perder la guerra, y éste le responde con incredulidad. La superioridad militar de EEUU era innegable, y todos pensaban que vencerían, sin embargo la historia se escribe sola. Esta ingenuidad inicial del novato que no conoce y supone y llena de prejuicios su mente ante la idea de ser un héroe que luchará por su país es parte del mensaje de esta película y se resume fácilmente con el fragmento de biblia con el que se inicia el filme y que pertenece al libro de Eclesiastés: “Regocijaos jóvenes en vuestra juventud…”

El joven idealista que llega a Vietnam con el ímpetu de la inconsciencia que brinda dicha juventud es Charlie Sheen interpretando a Chris, un joven universitario que se alistó de forma voluntaria y que formará parte del pelotón (Platoon) protagonista de la película. Es un guiño del destino que su padre protagonizara la otra gran película bélica basada en Vietnam. Los novatos llegan y lo que reciben es un golpe de realidad en forma de bolsas de basura con cuerpos de compañeros. Eso es Vietnam y el director nos lo muestra desde el minuto uno.

La película no solo defiende la paz ofreciendo el horror de la guerra, consigue también desarrollar escenas de acción de un alto grado de suspense y tensión, logrando que no despeguemos la mirada para intuir en esa noche cerrada en la selva, cuándo aparecerá el enemigo para dispararte desde cualquier flanco. Es una combinación perfecta de ritmo donde se mezclan notables escenas de acción con los magníficos diálogos entre reclutas, los cuales no dejan de ser inteligentes reflexiones sobre la realidad social de los EEUU de los años 60. Oliver Stone, como guionista, plantea en varios momentos de la película la injustica social de los sectores más pobres del país, el “no future” de los jóvenes perdidos en esa desigualdad socio-económica, el machismo e incluso el racismo y clasismo imperante hacia los negros; como si de un espejo se tratase, la realidad del país se refleja en un conjunto de muchachos en una guerra. Incluso el inicio de las drogas en la sociedad norteamericana tiene presencia en gran parte de la película. Un fragmento de la voz en off de Chris resume perfectamente lo expuesto.

Pues aquí estoy, anónimo. Con chicos que a nadie importan un carajo. Vienen de ninguna parte muchos de ellos. Ciudades pequeñas de las que nunca has oído hablar. Pulaski, Tennessee, Brandon, Mississippi, Pork Van, Utah;, Wampum, Pennsylvania. Dos años en el instituto, como mucho. Con suerte, a la vuelta les espera algún trabajo en fábricas, pero la mayoría de ellos no tienen nada. Son los pobres, los marginados, sin embargo luchan por nuestra sociedad y nuestra libertad. Extraño ¿no es cierto? Son chusma, y lo saben. Tal vez por eso se llaman a sí mismos ‘Grunts’ (carne de cañón), porque pueden soportarlo todo. Son los mejores que he visto, abuela. Son el corazón y el alma de América.”



Pero la película es mucho más. El recluta es un lienzo en blanco sobre el que pintar un cuadro. Hay dos oficiales que representan la lucha del bien contra el mal. Y esto es el leit motiv de la película, saber si el joven recluta tenderá a “el mal” o a “el bien”. Prácticamente todos los personajes de la película son ambiguos excepto tres. Estos dos oficiales están brillantemente interpretados por Willem Dafoe (Elias) y Tom Berenguer (Barnes). Chris (Sheen) se encuentra con estas fuertes influencias que determinaran todo su recorrido a lo largo de la película. Pero Chris no es el tercer personaje que representa valores absolutos. Está claro que Elias representa el bien, Barnes el mal, pero hay un tercer recluta que representa exactamente en lo que Chris puede llegar a convertirse si sigue incondicionalmente a Barnes. El tercer “absoluto” es un apóstol del oficial Barnes, y es interpretado por Kevin Dillon (Bunny). Hay un momento especialmente dramático donde Chris está a punto de ser absorbido por Barnes y su discípulo Bunny. Y en eso consiste gran parte del fondo dramático de la película. En conocer el destino del recluta Chris. La voz en off de Charlie Sheen ayuda a entender la perspectiva desde la que mira y siente el protagonista. 


Es evidente que la película tiene un reparto amplio donde destacan apariciones como Forest Whitaker, Johnny Deep, John C. McGinley,… pero el triángulo interpretativo que sustenta toda la película está centrado en Tom Berenguer, Willem Dafoe y Charlie Sheen. Elías representa el sacrificio del mártir para que todas las almas se salven de la condena, el profeta que te guía hacia la virtud en un infierno de sangre, violencia y decadencia. Y Barnes representa toda la fealdad del ser humano, los instintos sin censura, la violencia, la falta de empatía e incluso la autodestrucción. Una cicatriz cruza la cara del oficial como carreteras en un campo de trigo, mientras sus ojos incendiados por el fuego de la muerte se iluminan rojos como el infierno. Esta sería la mejor forma que tengo de describir a un personaje que, por lo verdadero que resulta, se convierte en un terrorífico demonio que todos temeríamos tener cerca. A Barnes parece que tampoco le queda hogar al que volver, como Chris confiesa en un momento dado. Ese sería un punto en común para los dos personajes, no tienen un puerto en el que atracar el barco y siguen navegando hasta naufragar.

La película es espléndida y tiene momentos realmente duros donde se levantan todas las cartas y entiendes cual es la realidad que ocupan cada uno de los componentes del pelotón en Vietnam. Oliver Stone critica con el desproporcionado asalto a un poblado de campesinos vietnamitas, hasta qué punto el miedo puede conducir a la violencia, la injusticia, la crueldad, la carencia de empatía, incluso hasta la conversión de hombres en monstruos. Los crímenes contra la humanidad que se producen en todas las guerras quedan grabadas a fuego con las imágenes que Stone logra introducirnos en la mente a través de la inhumanidad de Barnes y Bunny, sobre todo. Esa vorágine de violencia acaba contagiando a todos, incluido Chris que está a punto de sucumbir y caer al pozo.

Esa peligrosa inercia acaba con el sacrificio de Elías, el cual inocula luz en el corazón del joven soldado. En una escena bellísima con el imprescindible Adagio para cuerdas (adagio for strings) de Samuel Barber, Elías levanta sus brazos al cielo como si guiara el camino que su alma vejada debe seguir. Esta escena serviría, a la postre, como portada del filme y representa el sacrificio que sirve a Chris para desmarcarse de Barnes y elegir un camino definitivo.


Una película bélica donde hay drama (ataque al poblado), denuncia social, suspense (muerte de Elías), acción, intriga (posible consejo a Barnes), buenas interpretaciones, una gran dirección, buena fotografía y una música conmovedoramente delicada. Una joya que cada año envejece mejor y que se convierte en imprescindible

Termino mi crítica con las últimas palabras del joven soldado Chris (Charlie Sheen) y que creo que resumen el devenir de un Ulises en busca de su hogar, cansado de muerte y oscuridad y que busca la luz, la virtud y el compromiso de que lo vivido no vuelva a sucederle a nadie más. Mientras el helicóptero inicia el vuelo se contemplan cientos de muertos plagando la tierra y Chris inicia su discurso final.

Cuando pienso en lo que pasó allí, creo que no luchábamos contra el enemigo. Luchábamos contra nosotros mismos. El enemigo estaba dentro de nosotros. Ahora la guerra ha terminado para mí pero siempre formará parte de mi vida. Estoy seguro de que Elías estará luchando con Barnes por lo que Rhah llamaba la posesión del alma. Hay momentos en los que me siento como un niño que tuviera dos padres, pero sea como sea, nosotros, los que sobrevivimos, tenemos un deber a cumplir: enseñar a los que vengan detrás lo que sabemos e intentar el resto de nuestra vida encontrar la virtud y perfeccionarnos.”

By moanbe ;-)

TRAILER

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Una gran crítica y muy interesantes tus reflexiones. Gracias por este artículo. A seguir disfrutando del buen cine.

Moises Angel dijo...

Mientras haya lectores, existirá la reflexión. (moanbe)