Presentación

Amantes de mundos fantásticos, bisoños aventureros en busca de tesoros, criaturas de la noche, princesas estudiantiles y fanáticos de cachas de postín, ¡sed bienvenidos!. Invitados quedáis a rebuscar en mi colección de VHS, acomodar vuestras posaderas en una mullida butaca, darle al play, y disfrutar de lo bueno, lo malo y lo peor que dio una década.

ADVERTENCIA: Aquí no se escribe crítica cinematográfica (ni se pretende). Las reseñas son altamente subjetivas y el único objetivo es aprender y disfrutar del cine y, por supuesto, de vuestros comentarios.

La Cosa (1982, The Thing) John Carpenter


En una estación experimental de la Antártida, un equipo de investigadores descubre a un ente extraño venido del espacio, que según todos los indicios ha permanecido enterrado en la nieve durante más de 100.000 años. Al descongelarse, experimenta una metamorfosis sorprendente... (http://www.filmaffinity.com/es/film313264.html)


El hombre es el lugar más cálido para esconderse.

Obra maestra del cine de terror y posiblemente la película más redonda de Carpenter. Inicialmente concebida como un remake de El enigma del otro mundo (1951, Christian Nyby/ Howard Haws), tornó sin embargo hacia una adaptación del relato Who Goes There de John Campbell, en el que también se basó la película de Nyby y Hawks, al obviar esa especie de Monstruo de Frankenstein de El enigma del otro mundo y centrarse en la idea del relato original en la que un organismo extraterrestre es capaz de imitar la apariencia humana. Constituye la primera parte de la trilogía del apocalipsis que completan El Príncipe de las tinieblas (1987) y En la boca del miedo (1994).

El propio Carpenter reconoce que quizás se trate de su película más trabajada al contar con cerca de un año para su preproducción. Un tiempo más que holgado para un director acostumbrado a rodar en pocas semanas con bajos presupuestos. En el equipo técnico destaca Dean Cundey (Halloween, La niebla, Escape de Nueva York) como director de fotografía y el genial Rob Bottin (Aullidos, El chip prodigioso, Robocop) quien diseña y crea los efectos de maquillaje. El gran trabajo del guión fue a cargo de Bill Lancaster, hijo del conocidísimo actor Burt Lancaster. El storyboard es obra de Michael Plog. La música no fue compuesta por Ennio Morrinone, aunque el resultado es muy carpenteriano, quien pese a lo reputado de su nombre fue nominado a los razzies por peor banda sonora. Los exteriores fueron rodados en British Columbia y los interiores en Los Angeles, con temperaturas cercanas al bajo cero que provocaron multitud de constipados entre los actores debido al contraste térmico que sufrían al salir del estudio, y es que Los Angeles estaban siendo azotados por una ola de calor. En el elenco actoral repite por tercera vez Kurt Russell como protagonista, aunque se trate de una película coral. Un papel, que, por cierto, no iba en principio dirigido a él; Carpenter pidió consejo de amigo a Russel para elegir al actor que interpretase a MacReady, pero tras un tiempo infructuoso de búsqueda terminó por ofrecerle el papel.



Dos son los aspectos que destacan sobre manera sobre el conjunto de la película. En primer lugar ese ambiente de desconfianza, miedo y paranoia que se instala en el seno del grupo, porque, ¿quién está seguro de que la persona que tiene al lado es humana y no la cosa? Recordemos que "la cosa" asimila al organismo y adopta su forma como si de una réplica perfecta se tratara. La inquietante presencia del Alaskan Malamute da paso a una palpable tensión narrativa que Carpenter imprime de forma  soberbia, contagiando al espectador hasta el punto de que nosotros mismo desconfiamos, hasta el final, de quién está infectado o no. Pero no todo el mérito es de Carperter. El guión de Lancaster es preciso como un reloj suizo y una cornucopia de pequeños detalles, en ocasiones aparentemente insignificantes, que en conjunto potencian esa desasosegante atmósfera de paranoia pura. También ayudan mucho las actuaciones de un elenco electoral sumamente entregado, destacando la de Russel en la piel del piloto MacReady.  El grupo, aislado completamente a causa de un hostil exterior azotado por tormentas de nieve, viento gélido y temperaturas bajo cero, no puede huir de esa estación ubicada en algún lugar de la Antártida. El enemigo, por tanto, son enemigos. Tan despiadado se muestra el clima como el extraterrestre que los liquida de forma cada vez más sangrienta. Pero el mayor enemigo, metáfora de toda esta historia con envoltorio de ciencia ficción y terror, no es otro que la desconfianza que sienten unos por otros, porque, en palabras de Carpenter, el enemigo somos nosotros.
Esta claustrofóbica atmósfera queda apuntalada con un final desesperanzador, negativo al extremo y nihilista por antonomasia. Carpenter fue coherente hasta el final y rechazó el final feliz, pese a que sí se llegó a rodar: Mac Ready lograría ser rescatado y tras un análisis de sangre comprobaría que no estaba infectado - otro final alternativo,  que se puede ver en los extras de la edición especial en DVD, muestra como el Alaskan Malamute se aleja de los humeantes restos de la base -. En vez de eso abandona al héroe a merced de la hipotermia, con otro superviviente del que no estamos seguros no esté infectado (Childs, interpretado por Keith David), bebiendo güisqui y esperando una muerte segura mientras sonríe y remata con la enigmática frase final: "¿Por qué no esperamos aquí un rato a ver lo que ocurre?" 



El segundo aspecto a destacar son las creaciones y diseños de Rob Bottin. Sin duda al mismo nivel en cuanto protagonismo que la dirección de Carpenter o el guión de Lancaster. Bottin - siempre recordado por elaborar una de las transformaciones licantrópicas más espectaculares de todos los tiempos: la de Aullidos (1981, Joe Dante) -, no en vano discípulo aventajado de Rick Baker,  despliega su genio ilimitado en una inmisericorde muestra surtida de aberraciones sin parangón. No cabe definir las transformaciones y muertes con otro adjetivo que no sea el de brutal. A lo que asistimos es a un festival de lo grotesco que se da la mano con el subgénero gore. La película rebosa sangre, carne amorfa e imágenes que convierten a la más perturbadora pesadilla en una película de Disney. Ejemplos de esto son la transformación en la perrera, la cabeza que se despega del cuerpo para , a continuación, desplegar unas patas tipo arácnido y andar, o la bestial y alucinante secuencia en la que un torso se abre como si fuera una boca de enormes dientes afilados que amputan unos brazos de un mordisco. 





La recepción de La Cosa el año de su estreno no estuvo a la altura de sus expectativas. Cubrió gastos al recaudar cerca de 20 millones de dólares sólo en Estados Unidos (siendo el presupuesto de 15), pero quedó lejos de las cifras que se esperaban para una película tan espectacular. Las explicaciones a esta fría recepción son variadas. Hay quien lo achaca al estreno de E.T. ese mismo año; los espectadores preferirían la dulce visión de Spielberg que la despiadada de Carpenter. Otro piedra en el camino fue el estreno de Blade Runner (1982) el mismo día que el de La Cosa. Pero dejando aparte competidores más o menos directos, a mí me parece que el público no estaba preparado para asimilar esa grotesca y desesperanzadora pesadilla carpenteriana. Según Russel, a la gente le gusta ir al supermercado y comprar la carne envuelta y fileteada, pero nadie quiere ver como se mata y descuartiza al animal (ni, por supuesto, hacerlo). Y eso fue lo que Carpenter mostró. Con el paso del tiempo, ya fuese a través del alquiler en VHS, o por el boca a boca, La Cosa adquirió el estatus de culto que siempre debió ameritar, y hoy día es considerada una obra maestra del cine de terror. En Internet circulan miles de teorías (algunas muy interesantes, otras francamente delirantes) que especulan sobre el significado de su final, de algunos de sus aparentemente insignificantes detalles, o sobre quien está en realidad infectado; todo ello contribuye a acrecentar aún más su aura legendaria.


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1997: Rescate en Nueva York (1981, John Carpenter) Escape from New York





Año 1997. El avión del presidente de los Estados Unidos es secuestrado por un grupo radical, pero consigue sobrevivir y se encuentra solo en las calles de Nueva York, donde Manhattan se ha convertido en una enorme prisión de alta seguridad. Ante la imposibilidad de lanzar una acción convencional, por miedo a que maten al presidente, se decide enviar a un agente secreto para rescatarlo. El elegido es "Serpiente" Plissken (Kurt Russell), un conocido convicto al que todos daban por muerto. (http://www.filmaffinity.com/es/film409098.html)

¿Tú eres Plissken , "El Serpiente"? Creía que estabas muerto.

A principios de los ochenta, después de haber rodado Halloween (1978), una de las películas más rentables de todos los tiempos, Carpenter y Debra Hill firmaron un contrato por dos películas con la productora Avco-Embassy. La primera fue La Niebla (1980), la segunda iba a ser El Experimento Philadelphia (que él mismo produciría en 1984), pero por problemas relativos al guión Carpenter propuso un proyecto que había escrito años atrás y que no era otro que 1997: Rescate en Nueva York. La idea se le ocurrió en 1976 tras el escándalo Watergate, pero también tomó inspiración en la película El justiciero de la ciudad (1974), sobre todo en lo referente a la concepción de la ciudad como un jungla. La reescritura del guión  la hizo junto a su amigo y compañero de universidad, Nick Castle (también es el hombre que se esconde tras la máscara de Myers en Halloween). Así, aprovechando el éxito de Halloween y de La Niebla, Carpenter por fin pudo dirigir la idea que le habían rechazado tantas veces durante los setenta.

Lo primero que destaca en 1997 es el personaje de Snake Plissken. El antihéroe carpenteriano por excelencia. Un tipo duro, cínico, misántropo, macarra e individualista, ataviado con una chupa de cuero, melenilla y parche en el ojo, magistralmente interpretado por Kurt Russell. Llama inmediatamente la atención el cambio de registro de un Russell que era conocido por su actuación en papeles cómicos y en películas de la Disney, sin embargo encajó en el personaje como un guante. La productora había propuesto a Charles Bronson y a Tommy Lee Jones, pero Carpenter confió en Russell, con quien ya había trabajado en el biopic Elvis (1979) - y con quien repetiría en La Cosa (1982), Golpe en la Pequeña China (1986) y en 2013: Rescate en L.A (1996) -. Russell se sometió a una dieta estricta y a un duro entrenamiento físico para encarnar al ex teniente de las Fuerzas Especiales, a quien él mismo definiría como una mezcla de Bruce Lee y El Exterminador (1980, James Glickenhaus) - en el estilo de lucha -, Darth Vader y la afonía de Clint Eastwood. Total, lo que resulta es un personaje icónico y con una gran presencia que dota de mucha fuerza a la película. Snake Plissken es un mito viviente, cuyo carácter legendario es confirmado por la frase tantas veces repetida de la boca de varios presos: "Creía que estabas muerto". Sin embargo, Carpenter parece querer recalcar la humanidad que se esconde tras esa fachada hermética e implacable, y es por eso que le hace sangrar, flechazo en pierna mediante, durante el último tercio, el cual se pasará cojeando.



 Todos sabemos lo buen narrador que es Carpenter, así que en este aspecto no voy a detenerme para repetir lo obvio. Sí añadir que su típico montaje paralelo (hablé de ello en el comentario de La Niebla) apenas tiene cabida aquí. Se trata de una narración lineal y directa, tanto como la propia historia: Plissken es reclutado a la fuerza por el jefe de policía para rescatar al presidente de los Estados Unidos, quien, tras sufrir un atentado terrorista a bordo del Air Force One, es secuestrado por los reclusos de una mega cárcel; Manhattan. Como veis, no hay mayor complicación, y lo que se narra es el periplo de Snake para rescatar al presidente, sin excesos visuales, ni de efectos especiales, sino de forma cruda y directa. Pero lo que Carpenter nos muestra, y que supuso un adelanto en su época - aunque algo tendrá que decir George Miller y su Mad Max - es una oscura distopía que nos desvela un estado policial total en guerra contra Rusia (la Tercera Guerra Mundial) y un presidente patético que pese a haber sufrido todo tipo de vejaciones durante su cautiverio, mostrará su verdadera cara al encontrarse en libertad. Plissken, otra vez Plissken, es el símbolo del hastío y el descontento social (¿os suena de algo?), y su indiferencia, ante la sociedad, ante su presidente, es tal que únicamente actúa por simple y pura supervivencia; la suya. Un ejemplo extremo de su actitud es cuando observa cómo unos hombres abusan de una mujer y sin mediar palabra continúa su camino. 

Pero no sólo de Snake Plissken vive 1997: Rescate en Nueva York. Otros personajes que habitan en esa selva urbana son El Duque (Isaac Hayes), jefe de la tribu presidiaria; el presidente de los Estados Unidos (Donald Pleasence); Buddie (Ernest Borgine) el taxista; Rehme (Tom Atkins); Cerebro (Harry Dean Stanton) y su pareja Maggie (Adrienne Barbeau); y el jefe de policía Hauk, interpretado por el mítico Lee Van Cleef, actor de presencia imponente y mirada gélida, auténtico mito del western por el que Carpenter muestra predilección y cuya incursión supone un nuevo guiño al género. Todos estos personajes comparten con Plissken su individualismo feroz y que sólo actúan para lograr su propio beneficio. Sin duda, una desoladora mirada. Carpenter no salva a nadie: ni al presidente, ni a la policía, ni al propio héroe; el microcosmos carcelario sólo es un reflejo de lo que hay detrás de sus muros: una sociedad podrida dominada por un aparato estatal represor.



Pero el verdadero protagonista de la película es el ambiente apocalíptico, otra vez la atmósfera, que Carpenter logra transmitir en su recreación de Manhattan. En este aspecto ayuda mucho la localización de East St Louis (Illinois), ciudad que había sufrido un gran incendio en 1976 resultando vecindarios enteros quemados, pero también el hecho de que la acción transcurra de noche y sin apenas luz eléctrica, potenciando la sensación de oscuridad, suciedad, fealdad y decadencia, que contrasta con la iluminación y la alta tecnología que podemos ver en la estación de policía. En este aspecto mucho tendría que ver el encargado del diseño de producción, Joe Alves. También destaca la fotografía de Dean Cundey y la música, como no , compuesta por el propio Carpenter y Alan Howarth. En el aspecto técnico señalar el empleo de Steadicam y del Scop. Como curiosidad señalar que James Cameron trabajó en el equipo de fectos visuales y que la voz femenina del ordenador es la de la propia Debra Hill.


Tras los éxitos de Halloween y La Niebla, con 1997: Rescate en Nueva York, Carpenter afianzó la estela del éxito, y su fama, tanto por la calidad como por la rentabilidad de sus obras, quedó bien consolidada; en este caso más de 25 millones de beneficios con 6 de presupuesto. Una cifra impresionante para una película que bebe de la serie B, el western, la ciencia ficción, la estética cómic, el cine postapocalíptico, y por supuesto la acción.

Ficha técnica y artística

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LA NIEBLA


La Niebla (1980, John Carpenter) The Fog


En la costa de California se alza el pintoresco centro turístico de Antonio Bay. Mientras sus residentes se preparan para las celebraciones del centenario de la ciudad, la tripulación de un viejo barco aparece brutalmente asesinada. Al mismo tiempo, en el mar, una misteriosa niebla que oculta un mortífero secreto comienza a desplazarse inexorablemente cada noche hacia la costa. Según una leyenda local, estos extraños sucesos están aparentemente relacionados con un terrible acontecimiento sucedido hace cien años. A medida que se aproxima el día del centenario el horror se acerca a su clímax. (http://www.filmaffinity.com/es/film701969.html) 


¿Todo aquello que vemos o creemos ver, no es más que un sueño dentro de otro sueño?  (Edgar Allan Poe)

Son las doce menos cinco, casi medianoche. Hora para contar una historia. Una de esas historias que sirven para quitar el frío. Faltan cinco minutos para que comience el día 21 de abril. Hace cien años y precisamente el día 21 de abril en el mar, en las aguas que rodeaban Spivey Point, navegaba un velero que se acercaba a tierra. De pronto, en plena noche, se vio envuelto por la niebla. Por un momento esos hombres no pudieron ver nada, absolutamente nada. Pero al fin, divisaron una luz. Era una columna de fuego que ardía en la orilla, tan potente que podía atravesar la espesa niebla. Enfilaron la proa hacia aquella luz, que resultó ser una hoguera semejante a esta. El barco se estrelló contra las rocas, el casco se partió en dos, su mástil fue arrancado de cuajo. El barco se hundió, con todos los hombres abordo. En el fondo del mar reposa desde entonces el Elisabeth Dane, con toda su tripulación, con sus pulmones llenos de agua salada y sus ojos abiertos mirando fijamente en la oscuridad. Y en la superficie, con la misma rapidez con que llegó, se fue aquella niebla, retirándose mar adentro, y jamás volvió a aparecer. Por eso, los pescadores que viven aquí , lo mismo que sus padres y sus abuelos, creen que el día que la niebla vuelva a Antonio Bay, los hombres que yacen en el fondo de las aguas cercanas de Spivey Point, se alzarán, se alzarán y buscarán la hoguera que les condujo a su trágico destino y horrible muerte.


A John Carpenter se le ocurrió la idea central de La Niebla durante un viaje a Stonehenge, cuando promocionaba su Asalto a la comisaría del distrito 13 (1976), y le llamó la atención un banco de niebla que se desplazaba sigilosamente por el mar. La semilla de La Niebla creció y se convirtió en un guión escrito por el mismo Carpenter y su habitual colaboradora, Debra Hill, quien también es productora, en el que la influencia de escritores como Lovecraft, Hodgson o Arthur Machen (Machen es el nombre del marinero interpretado por John Houseman) me parece evidente. La Niebla es una historia de marineros que regresan de la muerte para cobrar venganza y que explora uno de los miedos primigenios del ser humano: lo que oculta la oscuridad, aunque en esta ocasión no sean las tinieblas las que impidan nuestra visión, sino una niebla verdosa, plúmbea y luminiscente...  sobrenatural. 

La frase de Poe que abre la película (idea de Debra Hill), aunque parezca ajena a la trama, adquiere significado en la sobresaliente atmósfera onírica que destila cada uno de sus fotogramas. Y es que Carpenter, mediante el empleo de la música (compuesta por él), la iluminación (muy inquietante el uso de tonalidades verdes y rojas), la presencia de la sobrenatural niebla luminiscente y un ritmo propio del cine clásico en el que la historia cuece a fuego lento, consigue crear una película atmosférica por antonomasia. Ejemplo de esto es el magistral inicio en el que un viejo marinero relata una historia de terror a unos trémulos niños cobijados frente al fuego de una hoguera. Carpenter demuestra su maestría en esa magnética secuencia inicial con la que nos atrapa transcurridos apenas tres minutos, empleando únicamente el tic-tac de un reloj, los inquietantes acordes de su música, la tenue luz de la hoguera y la historia del velero Elisabeth Dane, relatada por el viejo marinero ante una infantil audiencia que escucha con los ojos como platos. De este modo tan sencillo, y genial, nos sumergimos en una historia clásica de fantasmas, tanto en su forma como en su contenido.



El 21 de abril de 1980 se cumplen cien años del centenario de la fundación del pueblo costero, Antonio Bay. A las 12 de medianoche extraños sucesos acontecen, sucesos que culminarán con el brutal asesinato de tres marineros por los seres que oculta la niebla. Tras estos acontecimientos, conectados directamente con el relato del marinero, la historia avanza a través de las pesquisas de sus personajes: Nick Castle (Tom Atkins), rudo marinero, junto a su fugaz amorío Elizabeth Solley (Jamie Lee Curtis), busca el barco que cree perdido sin conocer la suerte de sus compañeros;Stevie Wayne (Adrienne Barbeu), locutora de un programa de radio, divisa desde el faro una espectral niebla que va contra el viento; y el Padre Malone (Hall Hollbrock), a través del diario de un antepasado, descubre la maldición que se esconde tras la fecha del centenario, y qué es lo que acecha tras la niebla. Se trata pues de una historia coral en la que Carpenter maneja, como experto titiritero, varios personajes simultáneamente, y para ello se vale de un recurso constante en sus películas: el montaje paralelo.

Por medio de esta acción paralela consigue momentos de gran tensión, como cuando Stevie Wayne pide ayuda por radio al ver que la niebla se acerca a su casa, donde está su hijo, y Nick y Elizabeth acuden al rescate, o ese final en el que el grupo es atacado en la iglesia al tiempo que Stevie corre idéntica suerte en el faro desde donde emite su programa. Otro gran ejemplo de ese montaje paralelo, que en este caso le sirve para preparar el terreno para un golpe (efectista) de terror, es el momento en que el Padre Malone lee el diario a Kathy Williams (Janet Leigh, madre de Jame Lee Curtis e intérprete de la más famosa escena de ducha jamás rodada: la de Psicosis de Hitchcock) mientras Nick y Elisabeth están en el barco y este relata una historia que le ocurrió a su padre (que no es otra que la del mítico barco Marie Celeste), para culminar con el abrupto hallazgo de uno de los cadáveres.



Otra constante en el cine de Carpenter, del que La Niebla no podía escapar, es la idiosincrasia de sus personajes. En efecto, ya en las primera palabras entre Nick y Elizabeth queda claro por donde van los tiros cuando esta, al ser recogida tras hacer autostop, le pregunta: "¿Eres raro?" - a lo cual Nick le responde - "Sí, soy un tipo muy raro". Esta línea de diálogo resume a la mayoría de los protagonistas de Carpenter: anti-héroes o, en todo caso, jamás gente "normal" o adaptada a los parámetros por los que se rige la sociedad; pensemos  en "Snake Plissken", en Jack Burton, o en el obrero interpretado por Roddy Piper en Están vivos (1988). Por otro lado, todas las mujeres son fuertes e independientes: Elizabeth huye, sola, en busca de una nueva vida; Stevie cuida, también sola, a su hijo; y Kathy Williams, a pesar de recibir la noticia de la muerte de su marido, no renuncia a dar su discurso, sobreponiéndose a la noticia con pasmosa entereza. Las mujeres son absolutamente hawksianas, tanto es así que la sufrida Adrienne Barbeau tuvo que fumar para interpretar a su personaje, pese a no ser fumadora, porque Carpenter quería que fuese un homenaje a las mujeres de las películas de Hawks , muchas veces fumadoras. 

La veneración de Carpenter por Hawks también se manifiesta en el hecho de que en muchas de sus películas un grupo de personas se vea recluido en un espacio cerrado y amenazado por un peligro exterior, repitiendo el leit motiv de Río Bravo (1959). Tal es el caso, descarado, de Asalto a la comisaría del distrito 13 (1976) o el de La Cosa (1982). En La Niebla esta recurrente situación no ocurre hasta el final, pero aún así, a través de ella llegaremos a la resolución de la trama.



Llama mucho la atención lo cuidado de todos los aspectos de su producción a pesar de contar con un presupuesto de sólo un millón de dólares. La magnífica fotografía corre a cargo de Dean Cundey (Regreso al futuro, ¿Quién engañó a Roger Rabbit), el encargado del diseño de producción, así como el editor, fue Tommy Lee Wallace (Noche de miedo II, It), y el genial Rod Bottin (Aullidos, Robocop, Seven), quien repetiría con Carpenter en La Cosa (1982), trabajó en maquillaje y en los artesanales efectos especiales. Algunos de los fantasmas fueron interpretados por Wallace mientras que Bottin hizo lo propio con Blake, e incluso Carpenter hizo un cameo como Bennet, del que se sintió sumamente avergonzado. La niebla fue creada mediante hielo seco y máquinas de niebla, pero la localización del faro en Point Reyes (California)- según parece el segundo lugar más neblinoso de América - facilitó mucho el conseguir tomas de niebla natural. Como curiosidad señalar que Carpenter rodó la Niebla en Bodega Bay , cerca de Point Reyes, misma localización en la que se había gestado Los Pájaros (1963, Hitchcock).

Si bien la intención de Carpenter fue en todo momento sugerir y dejar que el terror fluyera de la imaginación del espectador, cuando vio terminada la película quedó descontento porque se dio cuenta de que el resultado no era lo suficientemente terrorífico. Fue por eso que volvió a grabar diversas escenas potenciando el terror más visceral. Por ejemplo, en la matanza de los marineros, los fantasmas no eran mostrados y las muertes no eran tan explícitas, Carpenter cambió esto en las escenas añadidas y le dio un toque más violento. De todas las maneras, vista hoy, pasados treinta y cuatro años de su estreno, La Niebla es una película entrañable en comparación con los excesos visuales y de casquería a los que nos someten las películas de género. Y quizás este añadido a posteriori de muchas escenas tuviera mucho que ver con ese final tan facilón como precipitado que, a mi parecer, empaña un poco el conjunto de esta, por otro lado impecable, película.



La Niebla de Carpenter suele ser considerada una película menor dentro de los más selecto de su filmografía. Sin embargo, en el apartado comercial fue otro éxito absoluto al haber recaudado 21 millones de dólares con, recordemos, un presupuesto de uno. Por mi parte, cada vez que la veo paladeo con más gusto esta historia de terror gótica que constituye una pieza única en su especie. No recuerdo ya las veces que la habré visto y no hay una sola en la que cese de encontrar detalles nuevos. Para quien se acerque por primera vez a esta película le recomiendo hacerlo de noche, siempre de noche, a poder ser lluviosa, y con niebla, con mucha niebla ... 


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La gran revancha (1985, Sean S Cunningham) The New Kids (AKA Striking Back)

  

Abby McWilliams (Lori Loughlin) y su hermano Loren (Shannon Presby), siendo todavía unos adolescentes, se quedan huérfanos cuando sus padres mueren en un accidente. Se decide entonces que los jóvenes se vayan a Glenby, Florida, a vivir con su tío Charlie y su tía Fay, que poseen una pequeña gasolinera y un modesto parque de atracciones. En el instituto los hermanos no tiene problemas para hacer amigos, pero los problemas comienzan cuando el matón de la escuela, Eddie Dutra (James Spader), se encapricha de la bella Abby. (http://www.filmaffinity.com/es/film949003.html)

Película de acción juvenil que en ocasiones roza el thriller. Dirigida y producida por Sean Cunningham (Viernes 13), cuenta entre sus filas con actores conocidos como Eric Stolz (Máscara), Tom Atkins (La niebla, Cuando el terror llama a tu puerta) en un papel fugaz, James Spader (Lobo, Stargate, Sexo , mentiras y cintas de vídeo)interpretando al jefe de facinerosos y la preciosa Lori Loughlin (Padres forzosos).


Aunque las comparaciones son odiosas, la película que me viene a la cabeza tras terminar de ver La gran revancha es Perros de paja (1971, Sam Peckinpah). Y no porque se acerque a la maestría de esta a la hora de narrar una escalada de violencia que estallará en vorágine destructiva. Sino porque , salvando las distancias, repite su estructura aunque enmarcada en la temática juvenil de los institutos. Así tenemos a una pareja (en este caso hermanos) que se trasladan a otra ciudad y que poco a poco serán víctimas de las provocaciones y ataques de un grupo de paletos, culminando en una mortal confrontación final. Algunos detalles recuerdan demasiado a la película de Peckinpah, como la muerte del conejo (en sustitución a la del gato), o el intento de violación de Abby. Pero claro, donde Peckinpah exploraba la agresión humana huyendo de maniqueísmos  y mostrando situaciones de una ambivalencia moral que nos retorcían las entrañas, Cunningham se limita al plano más superficial y efectista que entronca con películas como Curso 1984 (1982, Mark Lester) o Calles Salvajes (1984, Danny Steinmann). 




He de matizar que pese a las similitudes que presenta con estas películas, La gran revancha es bastante más comedida (salvo en el tramo final) y menos estereotipada tanto en su planteamiento como en lo estético. Aunque ello no es óbice para poder leer entre líneas ese mensaje militarista tan en boga en la década de Reagan y encarnado en Loren (el desconocido Shannon Presley), quien gracias al entrenamiento militar recibido por su difunto padre (Tom Atkins) liquida a los macarras de la más variopinta forma en el parque de atracciones de su tío (son los 80, qué queréis). De todas maneras, los niveles de desfase alcanzados en Curso 1984 y Calles salvajes son difícilmente superables. Pero, precisamente la gracia de estas películas radica en esos excesos que les hacen rozar (cuando no la alcanzan plenamente) la parodia, y es por eso que me gustan más al encontrarlas mucho más entretenidas y divertidas. 


La gran revancha, aunque se deja ver, queda un poco en tierra de nadie y se me antoja un trasunto de Perros de paja juvenil y descafeinado, pero que gana  puntos con ese final abierto en el que la mirada vengativa del único superviviente de la pandilla de maleantes - un niño - sigue al grupo de Loren y Abby , quienes se alejan felices sin sospechar que la desgracia puede volver a cernirse sobre ellos.


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Superman IV: En busca de la paz (1987, Sidney Furie) Superman IV: The Quest for Peace

 


Supermán ha decidido eliminar todas las armas nucleares de la Tierra estrellándolas contra el Sol. Pero Lex Luthor ha creado un doble del héroe que siembra el caos en todo el mundo. Además, la hija del dueño del periódico donde trabaja Clark Kent encuentra al joven tan atractivo que sólo contribuye a causarle más problemas. (http://www.filmaffinity.com/es/film409036.html)


 Madre de Dios, ¡esta película es deleznable! Menudo punto y final más cutre casposo para la saga protagonizada por Reeve. Nadie se merecía esto, joder. Pero claro, como muchos de los desastres cinematográficos habidos y por haber, este también tiene su historia …


Después de la tercera entrega, los Saklinds (qué tíos más pesados) trataron de ampliar el universo Superman con Supergirl (1984). Como los resultados tampoco fueron para tirar cohetes y ya la recaudación de la tercera parte del hombre de acero había sido relativamente floja, consideraron que la fórmula estaba agotada y decidieron devolver los derechos nada menos que a la Warner. Pero resulta que como la productora estaba ocupada en otros proyectos terminó por co-producir la película, ¡con la Cannon de Golan y Globus! Vamos, que la Warner les dio 37 millones de dólares para que nuestros primos favoritos hiciesen la película a su gusto. Estos 37 millones son una cifra modesta si se comparan con las cantidades invertidas en las dos primeras películas, está claro, pero teniendo en cuenta que para la tercera el presupuesto fue de 39, pues no era tan descabellada la cosa. El problema es que por entonces la Cannon no pasaba por su mejor momento, y los primos judíos, más listos que una ardilla, pensaron : “oye primo, ¿y por qué en vez de invertir los 37 millones de dólares le metemos sólo 17 y los otros 20 los utilizamos para pagar pufos y producir otros clásicos cutre casposos?” Y así fue.  Total, 17 millones de dólares para la cuarta película de una saga cuya primera parte había costado 55, ¡casi nada! Evidentemente, con ese presupuesto, no se pudo contratar a un equipo de efectos visuales decente, y este es uno de los lastres más grandes de toda la película, porque son absolutamente mierdosos. Hasta los títulos de crédito son cutres, y no digamos las escenas de vuelo, en que se ve perfectamente una pantalla con imágenes detrás de Superman, la hostia, vamos. A esto hay que sumar que el dinero se agotó antes de finalizar la película, por lo que muchos de esos efectos ya malos de por sí fueron reutilizados en varias escenas. Una producción 100% Cannon.




En cuanto a los actores, recuperaron a los secundarios habituales. Hackman y Margot Kidder regresan con el protagonismo de antaño. Otras incorporaciones fueron las de la, por entonces de moda, Mariel Hemingway, y el por entonces desconocido Jon Cryer (hoy día famosísimo debido al éxito de la serie Dos hombres y medio). Reeve, pese a ser reticente,  aceptó enfundarse de nuevo el traje de Superman a condición de colaborar en el guión y que le produjeran su proyecto El reportero de la calle 42 (1987). Así que con el grueso de la plantilla clásica de Superman al completo sólo faltaba encontrar director. Aunque parezca increíble al primero que se le ofreció el puesto fue a Richard Donner, que rechazó por encontrarse preparando Arma Letal. Después fue a Richard Lester, quien tampoco aceptó. Otros que rechazaron fueron ¡Wes Craven y Paul Verhoeven! Finalmente fue Sidney J Furié (El Ente, Águila de acero) el  encargado de llevar adelante este despropósito.

Vamos con la historia. El marco es La Guerra Fría entre EEUU y la URSS. Harto de una escala armamentística sin parangón, un niño escribe una carta a Superman pidiéndole que se deshaga de todas las armas nucleares. Al principio Superman duda, porque no quiere interferir en asuntos humanos, pero finalmente lanza todo el armamento nuclear al sol y lo destruye. Luthor que se ha escapado de la cárcel con la ayuda de su sobrino Lenny (Jon Cryer ) consigue material genético de Superman y al mandarlo con uno de los misiles nucleares al sol crea al Hombre Nuclear (Mark Pillow, cuya voz en la película es la de Hackman), un superhombre que obedece sus órdenes y que ha sido creado para matar a nuestro héroe. Vale, la historia parece que promete y un supervillano nuclear parece la hostia. Pues no amigos, porque nada se salva de la quema.



Esa subtrama en la que Clark es acosado por Lacy Warfield (Mariel Hemingway) alcanza cotas inenarrables en esa patética doble cita de estos dos con Superman y Lois. Lo de que Clark descubra su identidad a la primeras de cambio a Lois para pedirle consejo y acto seguido volver a borrarle la memoria con un beso (como el final de la segunda parte),  da pena. Hay sucesos increíbles como que las armas nucleares sean lanzadas al sol en una red, o que lleven a  Lacy a volar por el espacio (¡que en el espacio no hay aire, idiotas!). Las escenas en la Fortaleza de la Soledad, con esos dos viejos puesto ahí sin ton ni son, cutrísimas. ¡Y que hay de la nueva visión del albañil que gasta Super! Sí , amigos, ¡Superman reconstruye La Muralla China con una mirada! ¡ Acojonante! Pero lo peor de todo , con diferencia, es el antagonista de Superman. Porque lo que se nos ofrece es uno de los personajes más grotescos e infames de toda la historia del cine. El tío nace en el espacio vestido como una drag queen y cuando se presenta a Luthor no deja de decir: “matar a Superman”, como un auténtico cretino. El Hombre Nuclear es El Marilis Solar amigos, El Bujarrón Atómico que cuando se mosquea afila sus uñas y araña a Superman en una de las escenas de lucha más bochornosas que uno recuerda. Para colmo, ese arañazo deja  a Superman hecho caldo - se parece al personaje de Lestat al final de Entrevista con el vampiro (1994) - , ¡a saber dónde metería la mano!  Para terminar, esa resolución en la que Clark utiliza el cristal verde para curarse (tras el arañazo del Super Marilis) tampoco tiene sentido, por no hablar de un final tan chorras …





Originalmente, la película iba a durar 135  minutos, que fueron recortados a 90. Para eso eliminaron escenas aquí y allá. Estas escenas se incluyen en algunas ediciones de DVD. Yo las he visto y os aseguro que desde entonces las pesadillas son recurrentes. Acabo de decir que el Hombre Nuclear es uno de los peores villanos de la historia del cine. Pues bien, varias de esas escenas eliminadas nos muestran a otro supervillano, creado antes del Hombre Atómico, que es todavía peor. Un Super Lerdo que eleva la capacidad intelectiva del Hombre Atómico a la de Einstein. Con eso lo digo todo. Otras escenas eran las del rescate de una niña absorbida por un tornado o cuando Superman salva a unos militares soviéticos de un misil accionado por el Hombre Atómico.

Como habréis podido adivinar, los beneficios de Superman IV fueron un batacazo estrepitoso, que ni siquiera cubrieron los gastos de producción. El peor de los finales posibles para una saga que mereció correr mejor suerte.


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Superman III (1983, Richard Lester) Superman III




Superman tiene que enfrentarse con una máquina creada por un genio de los ordenadores llamado Gus Gorman, con un magnate megalómano que pretende transformar la Tierra y lo que es peor con un desdoblamiento de personalidad. Pero también habrá tiempo para que Clark Kent vuelva a Smallville para encontrarse con Lana Lang, su novia de la adolescencia. (http://www.filmaffinity.com/es/film605168.html)





Después de defenestrar a Richard Donner, los Salkind repitieron por tercera, y última vez, como mandamases de otra película del hombre de acero. Sobre esta cuestión en concreto podéis saber más si leéis mi comentario de la segunda parte, así que no me extenderé demasiado. Sólo diré que este hecho tuvo repercusiones que afectaron directamente a la película que nos toca. En primer lugar, por el abuso del humor, que, al parecer, fue uno de los motivos que les impulsaron a deshacerse de un Donner más afín a una trama épica y oscura a favor de Richard Lester, quien terminaría la película de Donner y también dirigiría esta. En segundo lugar, porque dos de los mejores secundarios, Gene Hackman y Margot Kidder, corrieron casi la misma suerte que Donner al manifestar su rechazo público por el modo en que se le trató (aunque Ilya Salkind lo negase posteriormente): Hackman fue sustituido por Robert Vaughn en el papel de malo malísimo, y Margot Kidder, con la excusa de un viaje,  aparece únicamente, ¡durante cinco minutos  en toda la película! Otros que tampoco repiten son Ned Beatty (Otis) y Valerie Perrine (Eve Teschmacher).  Sin embargo, en el equipo técnico sí que hay nombres que trabajaron en la anterior parte: Ken Thorne en la música,  Peter Murton en el diseño de producción o Colin Chilvers como director de efectos especiales. 



Ya desde el inicio nos queda claro que el humor será pieza central. No sólo por la presentación de Gus Gorman, el personaje que interpreta el humorista Richard Pryor (quien gozará de un protagonismo excesivo a base de un despliegue de gags), sino por la concatenación de tan desgraciados como desastrosos acontecimientos que nos presentan los títulos de crédito iniciales. Gorman, un vago redomado que por casualidades de la vida resulta un genio informático, es reclutado por Ross Webster, el villano sustituto de Luthor, para utilizar sus conocimientos técnicos  acorde a sus intereses. Este componente informático, muy presente durante toda la película, coincide con el boom computacional que se vivió en los ochenta y que se materializó en películas como Tron (1982), Juegos de Guerra (1983) o Sueños eléctricos (1984). Paralelamente, Clark regresa a su pueblo natal, Smallville, para realizar un reportaje para el Daily Planet. Allí se reencontrará con Lana, su antiguo amor, con quien retomará relaciones sentimentales. Las dos tramas confluyen cuando Gorman trata de sintetizar kryptonita, por encargo de Webster, para matar a Superman. El problema es que un porcentaje mínimo es desconocido, por lo que Gorman lo sustituye por alquitrán. Esta krytonita, lejos de matar a Superman, lo convierte en la antítesis de lo que es: un ser vicioso y malvado (¡si hasta se cepilla a una manceba y tó!). En este punto, Reeve ofrece una interesante actuación mostrando el lado cabroncete del dechado de moralidad al que estamos acostumbrados; con escenas memorables como cuando endereza la torre de Pisa (escena inicialmente concebida para Superman II) o cuando se pilla una melopea de espanto. Al final se produce una pelea a muerte entre Clark y el Superman malo, resultando victorioso (evidentemente) el bueno, quien se enfrentará a su vez a un superordenador ideado por Gorman. Este es quizás el segmento más flojo, con ese monstruo mecánico en el que queda convertida la hermana marimacho de Webster, más propio de una serie B de los cincuenta, y esa resolución chorras del ácido.




Superman III, sin que sea necesariamente una mala película (bien rodada, aceptablemente entretenida y con una trama interesante, sobre todo esto último), pudo dar mucho más de sí. Y es que ese humor que destila por los cuatro costados no es necesariamente malo, pero una cosa es una incursión comedida, como la de las dos primeras partes, y otra bien distinta darle prioridad sobre su esencia, que es la de una película de fantasía y aventuras. En el aspecto financiero fue un fracaso considerable (teniendo en cuenta los beneficios de las dos partes anteriores), que recaudó 60 millones de dólares partiendo de un presupuesto de 39. Vista en perspectiva, me parece inferior a las películas de Donner (sí, para mí la segunda es de Donner también), pero comparada con la cuarta, que espero comentar en breve, puede considerarse un peliculón. Pero esa es otra historia…


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Juego diabólico (1986, Kevin Tenney) Witchboard



Jim y Linda, decididos a vivir juntos, se mudan a una mansión victoriana en el pequeño pueblo de Fairfield. Para celebrar su nuevo hogar dan una fiesta en el transcurso de la cual Brandon introduce a todos los invitados en el juego de la "Ouija". Tras contactar con el espíritu del pequeño David, Linda (diabólicamente obsesionada con el juego) empieza a jugar sola con el tablero y empieza a distanciarse de Jim... (http://www.filmaffinity.com/es/film940973.html)
 Película de terror de bajo presupuesto que supuso el debut de Kevin Tenney como director. Quizás no os suene el nombre, pero seguro que diciendo que también dirigió La noche de los demonios (1988) ya entráis en materia. Los protagonistas son Todd Allen (Máscara, Mensajero del futuro, Django desencadenado), Stephen Nichols , conocido sobre todo en el mundo de las series de televisión (Santa Bárbara, Melrose Place) y la (por entonces) preciosa y ahora malograda Tawny Kitaen (Despedida de soltero, Santa Bárbara).


De entrada, lo más reseñable es el hecho de ser una de las primeras películas en centrar su trama alrededor de la famosa tabla a través de la cual, supuestamente,  se podría contactar con seres espirituales y demás parafernalia. Pero, si bien en conjunto resulta una película aceptable, con buenos momentos, como las muertes (¡ay sadiquillos míos!) ,o algunas escenas que coquetean con lo terrorífico y lo divertido- con el añadido de los lustrosos flashes de estética ochentera que emanan sus personajes (tremenda la medium, Zarabeth) y algunas situaciones entrañables vistas hoy día - como película de terror la encuentro flojilla. 





Las actuaciones son bastante malas, el guión justito, y carece de una atmósfera propicia al género que representa., recordándome, en determinados momentos, por el desarrollo de la acción y de las relaciones de los personajes (como la rivalidad de los antiguos amigos a causa de Linda) , los decorados, el empleo de la música, o la escasez de efectos visuales y especiales,  más a un telefilm que a una película de terror propiamente dicha (¡y eso que la portada promete mucho!). Y si es verdad que mejora por momentos y ese tufillo a telefilm se desvanece pasada la primera parte, desaprovecha bastante su potencial limitándose a cuatro sustos y no enfocando la historia en torno al malvado e icónico Malfeitor. Un malo con tantas posibilidades merecía un desarrollo de personaje más profundo a nivel de guión, y también una mayor presencia física, sin embargo, sólo en el tramo final se le da algo de cancha, y la verdad es que sabe a poco, rozando la vergüenza ajena el momento en que habla a través de una desmelenada Linda poseída por su espíritu, aunque este momento sea de los más ochenteros de la película y tenga su encanto.




Juego mortal fue bien recibida por el público recaudando más de siete millones de dólares partiendo de un presupuesto de dos. Esto dio pie a varias secuelas en los noventa, la segunda de ellas, Witchboard 2: La puerta del infierno (1993), fue dirigida por el propio Tenney.

¡La recomiendo principalmente por el factor nostalgia!


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