Presentación

Amantes de mundos fantásticos, bisoños aventureros en busca de tesoros, criaturas de la noche, princesas estudiantiles y fanáticos de cachas de postín, ¡sed bienvenidos!. Invitados quedáis a rebuscar en mi colección de VHS, acomodar vuestras posaderas en una mullida butaca, darle al play, y disfrutar de lo bueno, lo malo y lo peor que dio una década.

ADVERTENCIA: Aquí no se escribe crítica cinematográfica (ni se pretende). Las reseñas son altamente subjetivas y el único objetivo es aprender y disfrutar del cine y, por supuesto, de vuestros comentarios.

Los Goonies (1985, Richard Donner) The Goonies


Mikey es un chico que vive en, un pueblo costero de EEUU. Su padre se ve angustiado por los problemas que lo enfrentan a unos inversionistas que pretenden hacer un campo de golf en el barrio donde viven Mikey y sus amigos, Los Goonies.

Una tormentosa tarde de otoño, Mikey pasa el tiempo en su casa junto a sus amigos y su hermano mayor. Aburridos, suben al desván donde encuentran una gran variedad de objetos antiguos y extraños. Entre ellos descubren sin querer un mapa que indica la ubicación de un supuesto tesoro perteneciente a un pirata conocido como "Willy el Tuerto", desaparecido con su tripulación hace muchos años. El grupo decide entonces ir en busca de ese tesoro que podría solucionar económicamente el problema por el que está pasando el padre de Mikey y que en caso de no resolverse podría derivar en la disolución de "Los Goonies" como grupo.

La búsqueda del tesoro los llevará a una aventura bajo tierra escapando de las trampas de los piratas y de los Fratelli, una familia de gangsters que ansía hacerse también con el botín.

(https://es.wikipedia.org/wiki/Los_Goonies)


Ojalá
que cuando tiren nuestra casa se les caiga encima...
¡Y que les pille las pelotas!

Los Goonies nunca dicen muerto.

El rufián que intentare descifrar
el contenido de este mapa, pagará su osadía con la más terrible de las muertes.

Willy El Tuerto fue el pirata más famoso de su tiempo. La leyenda cuenta que robó un tesoro de rubíes y esmeraldas, se lo llevó a su barco y navegó hacia Occidente. El Rey de Inglaterra se enteró y mandó a su armada para que lo apresaran; tardaron dos semanas y les alcanzaron. Se produjo una horrible guerra entre el barco de Willy, “El Infierno”, y la armada. Willy huyó y entró en una cueva y los ingleses volaron las rocas de la entrada y se quedó encerrado con su tripulación y no volvieron a salir nunca. Pusieron miles de trampas para los que quisieran entrar, muriesen, y luego mató a su tripulación para que no le robasen su tesoro.


JURAMENTO DE LOS GOONIES

Nunca traicionaré a mis amigos del muelle Goon,
nos apoyaremos hasta el fin del mundo,
a través de cielo e infierno, y guerra nuclear,
buenos colegas como nosotros, estaremos pegados como alquitrán,
en la ciudad o en el campo, en el bosque o en medio de la nada,
orgulloso me declaro un miembro Goonie


El siete de junio del 2015 se cumplió , nada más y nada menos, que el 30 aniversario del estreno de Los Goonies en Estados Unidos. Que mejor excusa, y aprovecho para recalcar lo inexcusable -valga la redundancia - de que no se haya comentado antes esta película en este espacio, para escribir sobre ella. Otro motivo por el que está de actualidad, aunque desde luego nada festivo y sí trágico, es la reciente muerte debida al cáncer de la actriz Mary Ellen Trainor, quien interpretó a Mrs Walls (la madre de Mikey y Brand y también conocida por su papel de psiquiatra en Arma Letal). 

La idea de lo que a la postre se convertiría en un clásico indiscutible de los ochenta, amén de todo un emblema para el cine de aventuras y juvenil, surgió de un Steven Spielberg que no tardaría en poner a rodar la maquinaria de la mítica productora Amblin (E.T., Gremlins, Regreso al futuro, El chip prodigioso ...) para dar forma al sueño. No en vano, la cómica historia de la vomitona en el cine que cuenta Gordi a la hora de ser interrogado implacablemente por los Fratelli, le habría ocurrido realmente a un joven Spielberg (que llegó a dirigir algunas de las escenas de la película). El guión, sin embargo, recayó en Chris Columbus , quien había escrito Gremlins (1984), firmaría otro clasicazo como El secreto de la pirámide (1985, Barry Levinson), y posteriormente dirigiría Aventuras en la gran ciudad (1987), Solo en casa (1990) o Harry Potter y la piedra filosofal (2001). Richard Donner se encarga de dirigir pese a ser su primera película juvenil, aunque echando un vistazo a su filmografía esto no sorprende por lo ecléctico de su trayectoria; desde el terror de La profecía (1976) a lo fantástico de Superman (1978) , pasando por el drama de Max´s Bar (1980), la comedia de Su juguete preferido (1982) o la acción desenfrenada de Arma Letal (1987). Increíble. Y que decir de ese pedazo de banda sonora compuesta por David Grusin o el temazo de Cindy Lauper, The Goonies Good Enough. Y es que con semejante panorama mucho se deberían haber torcido las cosas para que el resultado hubiese sido malo. Y claro que no lo fue. Todo lo contrario.



No le tuvo que resultar fácil lidiar a Donner con un grupo que rezumaba hormonas y la inquietud de la juventud, aún así dio manga ancha a sus actuaciones y les permitió improvisar y actuar siguiendo muchas veces sus propios impulsos. De este grupo de desconocido actores podemos destacar - en cuanto a su posterior fama - a Sean Austin en el papel de Mikey (nuestro querido Sam de la trilogía de EL Señor de los anillos de Peter Jackson ), Josh Brolin , o el que fuera un icono en la década: Corey Feldman. Como anécdota, en cuanto al propósito de Donner de que todo se percibiese de forma natural, decir que no les permitió ver el barco pirata hasta el momento de grabar estas tomas para captar los verdaderos gestos de asombro y sorpresa en sus rostros- también he leído que la toma se tuvo que repetir a causa de la cantidad de tacos soltados por los chavales debido a la impresión recibida- . Otras anécdotas, ya que hablamos de ellas - aunque para leer sobre anécdotas os recomiendo navegar por Internet donde encontraréis infinidad  - , es que en la versión original Bocazas hablaba español y no italiano, o que la frase de referencia a una lucha contra un pulpo , pronunciada en el tramo final, se deba a que había una escena de lucha contra un cefalópodo que fue cortada (y que se puede encontrar en los extras de algún DVD o en You Tube). 


Los Goonies no se ve desde el cine o desde el sofá . No. Y es que es tan absorbente, vibrante, fantástica , mágica y atesora tantos grandes momentos que uno deja de ser espectador para vivirla en primera persona como un Goonie más. El metraje conjuga aventura, misterio, humor y algún toque emotivo, aunque también mágico, y profundamente spielbergiano - como Mikey hablando a Willy el tuerto, o cuando convence a sus compañeros de que no se rindan y luchen por conservar sus hogares - , de tal forma que no parece que estemos frente a una película, sino ante un trocito de la vida misma. Al menos estoy seguro de que para muchos en eso se ha convertido, en parte de nuestra experiencia vital. Pero claro, esta película no sólo está dirigida a un público juvenil, también está protagonizada por un grupo de niños y adolescentes que destilan naturalidad y simpatía, pero que pese a conformar un grupo unitario, individualmente son de lo más variopinto que uno se puede encontrar. Así tenemos al patoso y tragón Gordi. a Bocazás (huelga explicar sus atributos), al genial Data (un inventor en potencia al que todos sus ingenios le salen mal), al sentimental Mikey y a su musculoso hermano Brand , a la preciosa Andy - sólo estos dos, Brand y Andy, representan el prototipo de adolescentes estadounidenses con que tanto nos bombardean las películas; no en vano uno es deportista y la otra animadora - , a Stef la cascarrabias y al gigante y deforme Sloth, el único adulto, y quien pese a ser Fratelli de nacimiento deserta al bando de nuestros Goonies. Todo un grupo de parias (casi todos), una granada selección de lo más impopular que podría pupular por colegios e institutos, pero que resultan deliciosos para nosotros, para un público entregado a sus andanzas por entre lúgubres pasadizos plagados de trampas , un desván desbordante de objetos variopintos y un barco pirata que contiene un tesoro inimaginable. 



La cantidad de escenas memorables no se podrían enumerar. El inicio magistral en el que se nos presentan uno a uno a los personajes, el hallazgo del doblón y el mapa en el desván de la casa de Brand y Mikey y el relato de Willy el tuerto (maravillosa atmósfera onírica), la leyenda de Chester Copperpot, la prueba del órgano de huesos o la visión de El Infierno, el barco pirata , son sólo algunas de mis favoritas. Y qué decir de Los Fratelli, una banda de gansters poco usuales formada por una madre implacable y dos hijos que no se soportan, la némesis de nuestros héroes.

Pero por encima de efectismos y filigranas, nos encontramos con una auténtica oda a la amistad. Un verdadero grupo de colegas que se lanzan con todas las consecuencias a la que quizás sea su última aventura con tal de salvar sus hogares, una aventura plagada de peligros, en la que conocen de primera mano la muerte, y que también les sirve de auténtico viaje de iniciación a la vida, una vida que puede ser cruel y duda , pero en la que siempre habrá espacio para la fantasía. Y yo siempre estaré dispuesto a acompañarles , una y otra vez, aunque conozca de memoria todos los recovecos de Los Muelles de Goon, y sus insondables pasajes subterráneos.

El éxito en taquilla fue considerable alcanzando más de sesenta millones de dólares sólo en Estados Unidos y en general recibió críticas favorables. Pero lo más importante es que ha perdurado a lo largo de estos treinta años y ha sido reivindicada como la película bandera de la generación de los ochenta, una generación que no dudará en transmitirla a las generaciones venideras.




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Mad Max, más allá de la cúpula del trueno (1985, George Miller, George Ogilvie) Mad Max Beyond Thunderdome


Hay que ver las vueltas que da la vida, un día gallo de pelea y el siguiente plumero.

Dos hombres entran, uno sale.


Totalmente alejada de lo visceral de su propuesta primigenia y de la acción trepidante con tintes de wester de su secuela, Mad Max 3: Más allá de la cúpula del trueno deviene en una película de aventuras enfocada a todos los públicos. Parte de la explicación a este cambio en la hasta entonces implacable propuesta de Miller bien podría deberse a la muerte de su amigo y productor de las dos primeras partes de la saga.  Así es, Miller dudaba sobre su participación en una nueva entrega como director, pero Byron Kennedy (a quien va la película dedicada ) murió en un accidente de helicóptero cuando buscaba localizaciones para la tercera parte y este desgraciado suceso impulsó a Miller, supongo que como una especie de tributo al difunto, a retomar posición tras las cámaras. No obstante, debido a lo apesumbrado que se encontraba, Miller no se vio capacitado en ese momento para tomar solo las riendas y pidió ayuda a otro colega con el que había colaborado con anterioridad , George Ogilvie. 


Aunque se pueda pensar lo contrario, a mi juicio, esta dirección compartida no se nota mucho en el resultado final al encargarse Miller de las escenas de acción. El cambio acontece en el seno de un guión escrito  por el propio Miller nuevamente junto con Terry Haves. Así que de esa dulcificación en comparación de sus dos partes precedentes habría que "culpar" a George Miller. Otro cambio notable con respecto a entregar anteriores ocurre en el apartado musical;Brian May es sustituído por Maurice Jarre (Lawrence de Arabia, Doctor Zhivago) y se incluyen varios temas (We don´t need another hero y One of the living) de la superestrella del pop Tina Turner, quien, de hecho, es una de las protagonistas.  Como curiosidad, señalar que Bruce Spence, "The Gyro Captain" en El guerrero de la carretera,  repite en esta ocasión pero interpretando a otro personaje, Jedediah el piloto.


Pese a lo dicho, esta nueva entrega me parece un espectáculo muy disfrutable y entretenido, y como película, si bien no alcanza las cotas de genialidad de sus precedentes , yo no dudaría en calificarla de notable. El problema fundamental  lo encontrarán aquellos que rastreen en busca de los elementos que caracterizaron y dieron forma a ese Mad Max seminal. Y es que son muchos de estos elementos los que se pierden a la hora de adentrarnos en La Cúpula del Trueno. 


Para empezar destaca el  poco protagonismo de los vehículos y las persecuciones -estas reducidas al tramo final-. En cuanto a las escenas de acción, que las tiene, como esa épica lucha en La cúpula , se encuentran a años luz de la violencia descarnada que Miller mostraba sin tapujos; esta acción es una muestra ligera para todos los públicos, olvídense pues de mutilaciones, sangre o cadávedes carbonizados. Los villanos , con Tina Turner a la cabeza como gobernadora en pugna con Master Blaster por la hegemionía de la Negociudad, son unos personajes en el fondo entrañables comparados con la horda de salvajes de la autopista o el Humongous de El guerrero de la carretera. Por otro lado, nuestro Max, nuestro loco Max, nunca ha mostrado un lado tan "humano" como en esta ocasión.  Pero el mayor choque, sin duda, lo hallamos en la inclusión del grupo de niños aislados en el oasis que recuerdan claramente a "los niños perdidos" de Peter Pan. Así Max adoptará ese rol de guía (Peter Pan) en busca del mundo del "mañana, mañana" , tramo final en el que la película alcanza las mayores cotas de infantilización, aunque al final reivindique ese carácter mítico con el que habría El gurrero de la carretera.


Mad Max 3: La cúpula del trueno es pues , para bien o para mal, la parte más ochentera de la saga, con todas las virtudes y defectos de la palabra - vosotros sabéis más que nadie a qué me refiero -, y en taquilla alcanzó la nada desdeñable cifra de 36 millones de dólares en Estados Unidos.



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Mad Max 2: El guerrero de la carretera (1981, George Miller) Mad Max 2


Tras el holocausto nuclear, la gasolina se ha convertido en un bien escaso y muy codiciado. Mad Max, héroe solitario, inicia una lucha sin cuartel para ayudar a una colonia de supervivientes constantemente atacada por un grupo de violentos guerreros que intenta arrebatarle un tanque de gasolina. Max decide ayudar a los defensores del tanque... (http://www.filmaffinity.com/es/film652388.html)



Mi vida se apaga... mi vista se oscurece... sólo me quedan recuerdos. Recuerdos que evocan el pasado. Una época de caos, de sueños frustrados, éste páramo. Pero sobre todo, recuerdo al Guerrero de la Carretera, al hombre que llamábamos Max.
Para comprender quién era hay que retroceder a otros tiempos, cuando el mundo funcionaba a base del combustible negro, y de los desiertos surgían grandes ciudades de tuberías y acero.
Ciudades desaparecidas, barridas...
Por razones olvidadas hace largo tiempo, dos poderosas tribus guerreras se declararon la guerra, provocando un incendio que devoró a las ciudades. Sin combustible ya no eran nada. Construyeron una casa de paja. Las máquinas rugientes jadearon y se detuvieron.
Los líderes hablaron... y hablaron... y hablaron. Pero nada pudo detener la avalancha. El mundo se tambaleó. Las ciudades estallaron en un vendaval de pillaje, en una tormenta de miedo. Los hombres se comieron a los hombres.
Los caminos eran pesadillas interminables. Sólo sobrevivían los que se adaptaban a vivir de los desechos o eran tan brutales como para dedicarse al pillaje. Bandas de malhechores se adueñaron de las carreteras, listas para entablar combate por un tanque de gasolina.
Y en medio de este caos de ruina, los hombres normales sucumbían aplastados. Hombres como Max... el Guerrero Max... que con el tremendo rugido de una máquina lo perdió todo. Y se convirtió en un hombre vacío, un hombre quemado y sin ilusión. Un hombre que, obsesionado por los fantasmas de su pasado, se lanzó sin rumbo al páramo.
Y fue aquí, en este lugar desolado, donde aprendió a vivir de nuevo.

Que mejor que aprovechar el reciente estreno de Mad Max: Fury Road (2015) para comentar las dos partes de la trilogía ochentera (lo siento, la primera es de 1979). Respecto al regreso del loco Max, he de decir que recién vista en su estreno me ha parecido una sobrada acojonante, visualmente impactante, pura adrenalina, y un regreso a lo más alto de George Miller. Pero esa es otra historia. Quién sabe, quizás en un futuro también se comenten por estos lares estrenos que tengan relación con clásicos de los ochenta ... Pero a lo que vamos, abróchense sus cinturones - aunque esto no les librará de morir calcinados dentro de algún vehículo monstruoso - y viajen conmigo a lo más profundo del páramo australiano, donde el combustible escasea y los locos abundan.


En 1979 , un neófito llamado George Miller, cuya profesión, bien alejada del séptimo arte,  era la medicina, debutó con una de las películas de culto más aclamadas del siglo XX. Mad Max (1979) es una serie B cruda, sucia y sin concesión alguna ambientada en un futuro aciago en el que ya se entreve el escenario post apocalíptico en el que se nos sitúa de pleno en su segunda parte. Max es un policía que vive al límite jugándose la vida en cada servicio por la presencia de bandas de despiadados asesinos que no respetan nada ni a nadie. Con el asesinato de su mujer e hijo Max cruza el límite de la cordura y tomará venganza de aquellos que le despojaron de quienes eran todo en su vida.


En el prólogo de esta secuela se nos explica que el escenario de la primera parte culminó en una guerra nuclear que desoló el mundo. Así , Max deambula sólo por ese páramo , rodado en realidad en los desiertos australianos de Broken Hill, con un objetivo: sobrevivir a cualquier precio. Esta sencilla premisa conforma el núcleo. Así, sobre la estructura compacta de un guión sencillo , Miller construye una película de acción trepidante en la que la historia y los diálogos son reducidos a la mínima expresión. La acción, pese a situarse en un futuro post- apocalíptico, contiene reminiscencias medievales, por ese retroceso, o vuelta atrás de la civilización - ese acoso al que son sometidos los habitantes de la refinería  recuerda a la toma de un castillo -  y del espaguetti western - cómo no al tratarse de un solitario héroe que actuará únicamente por interés propio al igual que el hombre sin nombre de Leone- . Pero además, la épica  narración inicial dota de un carácter mítico a nuestro héroe al más puro estilo del Conan de Millius, - Miller cita el libro El héroe de las mil caras de Joseph Campbell como base para esa concepción del héroe arquetípico -  sin obviar otras influencias como el cómic, la estética punk y , como reconoció el propio Miller, Kurosawa.



El mayor logro de Miller es construir una epopeya post-apocalíptica de corte minimalista pero sumamente efectiva y que deja sin aliento al espectador con unas persecuciones a motor - vehículos que conforman monstruosas aberraciones reflejo de la personalidad de sus conductores y de la sociedad podrida que habitan -  que crearon escuela - perfectamente ensambladas con la música compuesta por Brian May (no es el guitarrista de Queen)- , esto sin obviar momentos de humor negro y creando un universo propio poblado - que sería imitado desde entonces sin piedad en numerosos ejemplos del explotation más infecto- por una panda de freaks sin parangon. Max no es el único loco. Héroes y villanos - exceptuando a la mayoría de habitantes de la estación - son gente perturbada o sumamente peculiar. Así nos encontramos con el niño del boomeran, al freak del autogiro, o a una corte de desquiciados malvados con un gusto especial por el cuero y la violencia gratuita que tratarán a toda costa de satisfacer sus instintos más primarios; destacando sobre todos ellos el malvado Humungus y su mano derecha Wez. Y luego está Mel Gibson interpretando a Max al volante del Interceptor. Un personaje que le pertenece por derecho propio y que en esta ocasión parece recuperar un poco de esa humanidad de la que fue despojado de las manos de un niño del boomerang que narrará de adulto esta historia. 





Aunque mucho más violenta en su corte original - Mad Max 2 fue cercenada por la censura australiana - cosechó grandes críticas, un apoyo incondicional del público que le otorgó el estatus de culto y una recaudación de más de 23 millones de dólares en los Estados Unidos partiendo de un presupuesto de 2. 

Aullidos (1981, Joe Dante) The Howling


Karen White es una reportera que investiga los crímenes del asesino en serie Eddie Quist, quien ha dejado tras de sí un gran número de chicas horriblemente mutiladas. Cuando Karen finalmente encuentra a Eddie y lo confronta, lo ve transformarse en un hombre-lobo justo antes de caer abatido por los disparos de la policía. Su experiencia le hace sufrir un colapso nervioso que la obliga a internarse en la colonia experimental del doctor George Waggner, un lugar habitado por un grupo de extraños personajes.(http://horasdeoscuridad.blogspot.com.es/2006/07/resea-100-el-aullido-1981.html)


La represión es el padre de la neurosis, del odio hacia uno mismo. La tensión surge cuando luchamos contra nuestro impulsos. Todos hemos oído hablar alguna vez del magnetismo animal, del noble natural, del hombre salvaje, como si hubiésemos perdido algo valioso en nuestra larga evolución hacia los seres civilizados. Y eso tiene una explicación. El hombre es una combinación... de lo sofisticado y lo primitivo. Nunca deberíamos engañarnos ignorando a la bestia, un animal entre nosotros.


Corre el año 1981 cuando un desconocido Joe Dante – Hollywood Boulebard (1976, junto a Allan Arkush) y Piraña (1978) –, oriundo de la factoría Corman, dirige de carambola lo que con el paso del tiempo se convertiría en una película de culto y a la postre una de las más importantes de un director que al igual que John Carpenter o David Croeneberg – figuras claves en los ochenta – lograría aportar una visión genuina aunque, al contrario de sus colegas, sin renunciar a la comercialidad. En efecto, fue un golpe azaroso del destino el que lanzó por la borda a Jack Conrad (director original y guionista del germen de Aullidos que terminó por figurar como productor) y concedió a Dante (quien iba a dirigir a su vez Tiburón 3) un proyecto que le brindaría una futura oportunidad de oro: Spielberg le envió el guión de Gremlins porque le entusiasmó Aullidos.

El guión, recordemos escrito por Jack Conrad, estaba basado en una novela de Gary Brandner, pero a Dante no le gustó y logró que la productora Avco Embassy (La niebla, Scanners, Escape de Nueva York) contratase a John Sayles (guionista de Piraña) para reescribirlo - fue el propio Sayles el que aportó la idea de la colonia , no concebida en la novela de Brandner -. En la historia resulta alargada la sombra de Curt Siodmak (El hombre lobo, 1941), quien sentó las bases de las películas de hombres lobo con sus guiones,  y cuyas máximas respecto a las vicisitudes de los licántropos son tomadas a rajatabla en Aullidos (luna llena, balas de plata, maldición del hombre lobo ...) . Además, el aspecto de los hombres lobo está basado en dibujos de archivo histórico y grabados antiguos. Paradójicamente, ese clasicismo nuclear es roto por una revisión  moderna que dota a la película de un aura de culto que la diferencia de obras de temática similar. Y esta revisión y actualización del mito no se da sólo en el terreno del contenido, sino también en su forma. Aullidos, junto con la sobresaliente Un hombre lobo americano en Londres (1981, John Landis)- aunque también habría que nombrar Lobos humanos (1981) o En compañía de lobos - , son al cine de hombres lobo lo que Jóvenes ocultos, El ansia, Noche de miedo o Los viajeros de la noche al de vampiros: películas que revitalizan y transgreden un género que se daba por muerto en los setenta.


Lo primero que sorprende al encarar la película es que bien parece que podría tratarse de un psycho – thriller. El propio Dante confirma esta teoría y explica que el cartel evoca a uno de esos slashers que tanto demandaba la juventud por entonces. Esa ausencia de hombres lobo en el poster promocional puede deberse a la voluntad de captar al mayor público posible, pero también a la intención de sorprender al espectador con una película ajena a lo que en un principio parece ofrecer con ese inicio totalmente policíaco. Y si bien la reinterpretación freudiana del mito del licántropo, aquí metáfora de la represión sexual y del lado más oscuro y violento del ser humano: nuestro lado animal,  no sería tan novedosa - bien podría , aunque de manera velada, permanecer latente en la película de Waggner o en la novela El doctor Jekyll y Mr Hyde de Stevenson, por ejemplo – si lo es el entramado de la colonia y los gurús de autoayuda, con ese colofón final que nos desvela la verdadera identidad de esos supuestos enfermos psíquicos que no son más que hombres lobo a terapia para no contravenir las normas sociales. 



 Otro apartado en el que Aullidos rompió moldes fue en el de los efectos especiales. Un dato muy curioso fue que , en principio, ofrecieron el puesto a Rick Baker, pero este lo rechazó por estar comprometido con Landis para el rodaje de Un hombre lobo americano en Londres (1981). Fue Baker el que sugirió a Rob Bottin, alumno suyo, e incluso lo orientó para los efectos de una transformación totalmente revolucionaria para la época que el propio Baker superaría meses después en Un hombre lobo americano en Londres (obtendría un Oscar por su trabajo). Sin embargo, el primer corte de Aullidos adolecía de unos efectos especiales decentes debido al escaso presupuesto y fue después del primer pase a los productores cuando Dante los convenció para aportar más dinero y fortalecer el trabajo de Bottin impulsando así una película que de otro modo quedaba coja, pero en la que, de todos modos, se nota la falta de presupuesto. 



Tanto exteriores, transcurren en el condado de Mendocino, como la ambientación son muy acertados, y se nota la influencia del trabajo de Bob Burns (La matanza de Texas) en el diseño de producción. El director de fotografía es John Hora, con quien Dante repetiría en Gremlins, Exploradores y Matiné. La música corre a cargo de Pino Donaggio, un habitual colaborador de Brian de Palma. En cuanto al reparto, la verdadera protagonista es Dee Wallace, quien se dejó la piel en el papel de Karen White. Wallace se involucró tanto con su personaje que realmente llegó a sentirse aterrorizada durante el rodaje, sensación que transmite al espectador. Pero el papel de Wallace en Aullidos no se limitó a la interpretación. No sólo logró un casting para Christopher Stone (por entonces su prometido en la vida real) , quien finalmente fue contratado para interpretar al marido de Karen sin que se supiese su verdadera relación, sino que mediante exigencias contractuales logró que se eliminaran escenas de desnudos y suavizó su transformación en una mujer lobo con aspecto dulce y vulnerable (cuando originalmente se iba a tranformar en una mujer lobo aterradora). Por si fuera poco nos ofreció uno de los gritos más desgarradores escuchados en una película, ¡y de su propia voz!. Otro actor a destaca es Robert Picardo en la piel del paria Eddie Quist. Picardo ofrece una interpretación perturbadora y sufre estoicamente las inclemencias de sesiones interminables de maquillaje e incómodos experimentos en su propia piel para lograr su mítica transformación. La malograda Elisabeth Brooks también destaca con su personaje de la voluptuosa Marsha Quist, una femme fatal muy lobuna. 




En Aullidos se entrevee ese particular y único estilo que marcaría las producciones posteriores de Dante: uso continuado del metalenguaje - la inclusión de fragmentos de El hombre lobo (1941, George Waggner) o que muchos personajes tengan nombres de directores de películas de terror (Freddi Francis, George Waggner, Lew Landers, Erle Kenton) - ; toques de humor; actores fetiche que repetirían una y otra vez en sus películas: Dick Miller, Susan Arnold, Robert Pìcardo, Kevin McCarthy; y un método de trabajo rápido y eficaz que no rehuye la improvisación, fruto de su época con Roger Corman en la que había que ahorrar a toda costa.  Pero Aullidos quizás sea su única película de terror puro y ,en vista de los resultados y su tan lograda,  al tiempo que onírica ,atmósfera, así como de esos coletazos sangrientos y alguna que otra escena antológica, uno echa de menos su alejamiento de lo truculento en pos del, aunque muy disfrutable en su mayoría, género fantástico familiar (con algún susto que otro de por medio) que cultivó en el resto de su filmografía.
Para el recuerdo quedan las escenas del primer encuentro de Karen y Eddie en el sex shop, la transformación, la sorpresa que se esconde tras la colonia, o ese mítico final que no da tregua al espectador.




Comercialmente resultó todo un éxito. Con apenas un millón y medio de presupuesto recaudó 18; éxito que dio lugar a casi una decena de, a cada cual más infame, secuelas de las que hoy no voy a hablar.


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ESCENA DE TRANSFORMACIÓN

FINAL

ENTRADAS RELACIONADAS

Especial navidades ochenteras


Nada mejor para celebrar estas fiestas que seleccionando un compendio de películas navideñas ochenteras. Ya sabéis: Papá Noel , turrón, arbolitos y demás selecto emperifolle. Aunque tratándose de los ochenta puede que la sangre fluya más que el champán o que algunos monstruitos verdes devoren a Santa… 



En la que según John Waters es la mejor película navideña de todos los tiempos, Navidades infernales (1980, Lewis Jackson), no esperéis encontrar un slasher al uso - dentro de este subgénero se la incluye - sino una atípica historia en la que un hombre obsesionado con la Navidad asumirá el papel de Papá Noel hasta las últimas consecuencias. Un ejemplo más típico es Noche de paz, noche de muerte (1984, Charles Sellier E. Jr), que nos presenta a un asesino traumatizado por la muerte de sus padres a manos de un hombre disfrazado de Papá Noel; un slasher mediocre que sorprendentemente dio lugar a una saga de nada menos que cinco películas, dos de ellas pertenecientes a la década que nos ocupa. Otros slashers navideños son No abrir hasta Navidad (1984, Edmun Purdon), en la que el asesino no se disfraza de Papá Noel sino que se carga a todo aquel que sí lo hace,  Feliz Nochebuena (1980, David Hess) donde nunca una celebración navideña fue tan sangrienta, y Fin de año maldito (1980, Emmett Alston) en la que la masacre tiene lugar durante otra celebración navideña, en este caso la noche de fin de año. 



Pero tranquilos, no todo van a ser psicópatas con postizas barbas blancas y trajes rojos con gorros a juego con la hemoglobina. También hay espacio para que luzca la cara más entrañable de la Navidad. En Historias de Navidad (1983, Bob Clark) se nos ofrece una preciosa comedia ambientada en la Navidad de los años cuarenta. Santa Claus , la película (1985, Jeannot Szwarc) es un estupendo ejemplo de cine familiar centrado en la historia de nuestro Papá Noel. En Un cuento de Navidad (1984, Clive Donner) disfrutaremos de una maravillosa adaptación televisiva de la inmortal obra homónima de Dickens protagonizada por el fenomenal George C. Scott. Otra adaptación del relato del inglés es la dirigida por Richard Donner bajo el título Los fantasmas atacan al jefe (1988), una actualización de la historia en clave de comedia y fantasía protagonizada por el mítico Bill Murray en el papel de un Scrooge desatado. Otra comedia navideña protagonizada por otro actor fetiche de los ochenta, Chevy Chase, es ¡Socorro, ya es Navidad! (1989, Jeremiah S. Chechik). 

Y llegados a este punto, aunque en un tono mucho más gamberro que las precedentes,  Gremlins (1984, Joe Dante) constituye el clásico navideño ochentero por excelencia. Humor negro, fantasía y toques de terror se dan la mano en una de las mejores películas de Dante. También clásicos de acción como Arma letal (1987, Richard Donner) o La jungla de cristal (1988, John MacTiernan) transcurren durante estas fechas, y aunque no son películas navideñas propiamente dichas no está de más nombrarlas como excusa de un nuevo visionado.


Y no quisiera terminar sin recomendar una obra rodada en Francia. Game Over: Se acabó el juego (1989, René Manzor), es una película que supura mala leche y que sería un trasunto de Solo en casa (1990, Chris Columbus) en versión macarra en la que un niño se defenderá a lo Rambo de un psicópata vestido… sí, de Papá Noel.


Esto es todo amigos, ¡feliz Navidad! y no olviden de disfrutar mucho de lo que resta de fiestas. ¡Jo ,jo , jo!

Este artículo fue originalmente escrito para la revista FUSIÓN FREAK

Gremlins (1984, Joe Dante) Gremlins


Rand (Hoyt Axton) es un viajante que un día regala a su hijo Billy (Zach Galligan) una tierna y extraña criatura, un mogwai. El inocente regalo, sin embargo, será el origen de toda una ola de gamberradas y fechorías en un pequeño pueblo de Estados Unidos. Todo empieza cuando son infringidas, una tras otra, las tres reglas básicas que deben seguirse para cuidar a un mogwai: no darle de comer después de medianoche, no mojarlo y evitar que le dé la luz del sol (http://www.filmaffinity.com/es/film455839.html)




¡Cuidado con los extranjeros, ponen Gremlins en las maquinas! Los mismos Gremlins que derribaron nuestros aviones en la grande. Sí, la grande, la Guerra Mundial ¡La 2ª Guerra Mundial!



Y por mucho que griten, por mucho que lloren, por mucho que te supliquen... No les des de comer después de medianoche.


 Resulta un verdadero placer comentar no ya una de las películas de mi infancia – y seguro que de cualquiera nacido en la década de los ochenta – sino un clásico ochentero por excelencia. Y es que Gremlins tiene todos los ingredientes para ser, por méritos propios, una de las obras más emblemáticas de la década: humor negro, fantasía, algún toque de terror, personajes icónicos como Gizmo y los gremlins, y un enfoque juvenil. Una tónica que siguen otras películas como Cazafantasmas y que recoge la semilla de clásicos como Abbott y Costello contra los fantasmas por esa mezcla de humor, fantasía y terror, y en este caso una película navideña paradógicamente antinavideña...  Una delicia parida de las entrañas de la mítica productora Amblin que tantas alegrías nos dio: E.T., Regreso al futuro, Los Goonies, El secreto de la pirámide, El chip prodigioso o ¿Quién engañó a Roger Rabbit? … un portal a la fantasía que cuenta con Steven Spielberg como uno de sus fundadores. Gremlins es otra de esas películas mágicas de principio a fin, sólo hacen falta unos minutos para dar cuenta de ello, y es que  esa aura misteriosa que envuelve el comienzo en que Randal Peltzer (Hoyt Axton)- genial arquetipo de inventor desastroso- busca un regalo para su hijo Billy (Zach Galligan) ya nos hace presagiar una gran aventura de la que no querremos escapar. 
 

 Navidad. Los habitantes de Kingston Falls viven con el trasiego propio de esas fechas. Billy, un joven empleado del banco de la ciudad que sueña con ser dibujante recibe de su padre un regalo muy  especial, un mogway al que llaman Gizmo. Gizmo es una criatura dulce y de aspecto entrañable, pero que si no se cuida de forma correcta puede dar lugar a problemas de proporciones colosales. Es especial hay que llevar a rajatabla estas tres reglas: no le puede dar la luz del sol, no puede tocar el agua, y jamás debe comer después de medianoche. Como es obvio, pronto una de esas reglas será quebrantada y por accidente Gizmo es mojado. El efecto que produce en Gizmo es que de su cuerpo surgen otros cinco nuevos mogwais. Pero estos mogwais, lejos de ser pacíficos y apacibles, son unos gamberros que parecen tener una aversión por Gizmo sin límites. Además, uno de ellos, Stripe, se erige jefe del grupo. Por medio de una estratagema consiguen que Billy los alimente después de medianoche y lo que eran unas criaturas de aspecto similar a Gizmo , pero de carácter revoltoso y travieso, mutan en unas horribles monstruitos verdes con motivaciones asesinas. A partir de entonces el caos de desata en Kingston Falls y serán Billy, su más que amiga Kate (Phoebe Kates) y Gizmo los encargados de poner fin a unas criaturas que constituyen una horda desatada.





El concepto de los gremlins surgió en la Segunda Guerra Mundial. Cuando se producía algún fallo en algún avión los soldados bromeaban y lo atribuían a la presencia de pequeños monstruos que bautizaron como gremlins, este hecho es señalado por Murray Futterman, el vecino de Billy, interpretado por un fijo en las filas de Dante como es Dick Miller – también  Corey Feldman cuya presencia en Gremlins es anecdótica repetiría en No matarás al vecino aunque con mayor protagonismo- . Por su parte, el escritor Roadl Dahl publicó en 1943 un libro infantil de título The Gremlins basado en estas criaturas. Dante conocía este libro, sin embargo el guión fue escrito por Chris Columbus (escritor de Goonies Y El secreto de la pirámide, director de Aventuras en la gran ciudad o Solo en casa) quien tuvo la idea al escuchar ruido de ratones en su desván. El productor ejecutivo fue Steven Spielberg y la dirección recayó en Joe Dante - quien había triunfado con Aullidos y colaborado con Spielberg en la adaptación de la serie En los límites de la realidad (1983) - . La música es de Jerry Goldsmith  (La profecía, Alien, Poltergeist, Acorralado…) y los gremlins, marionetas de plástico, algunas mecánicas,  fueron diseñados por Chris Walas (La mosca, Dragonslayer)





 El guión original era, sin embargo, mucho más violento y oscuro que la versión final. Ejemplo de esto sería la decapitación de la madre de Billy cuya cabeza rodaría escaleras abajo en el momento que su hijo entrase en casa,  los gremlins devorando al perro y un ataque a un restaurante McDonalds en el que se zamparían a los clientes en vez de a las hamburguesas. Quizás uno de los cambios más radicales que sufrió el guión fue que Gizmo iba a trasformarse en Stripe, hecho que no gustó nada a Spielberg porque supuso que podría utilizar a Gizmo para encandilar a la audiencia (cosa que naturalmente ocurrió). Como veis, la película resultante hubiera resultado mucho más dura que la original, no obstante, tal y como quedó, ¡fue objeto de duras críticas por la violencia de algunas de sus escenas! Dante firma una de sus mejores películas. Las secuencias inolvidables se cuentan por millares: los gremlins cantando villancicos, el ataque a Ruby Deagle, la escena del cine, Gizmo conduciendo a todo trapo, la lucha final con motosierra y flechas y Stripe derritiéndose bajo los efectos de la luz del sol en una de las escenas más grotescas… Pero una de mis favoritas es esa escena anticlímax donde Kate explica porqué odia la Navidad y relata la muerte de su padre en la chimenea tras este tratar de bajar por ella disfrazado de Papá Noel. Esta historia es una leyenda urbana que fue utilizada en la película. Spielberg , para variar, quiso eliminarla , pero Dante se negó para potenciar esa mezcla de terror y humor.Como veis, la Navidad muestra su lado más cruel.

 



 
 

Las críticas de Gremlins fueron generalmente positivas y en taquilla arrasó recaudando más de 150 millones de dólares, a eso hay que sumar otros 80 por los alquileres en videoclubs. En definitiva un clásico ochentero y una verdadera delicia en todos los aspectos.
 



Ficha técnica y artística

TRAILER