Presentación

Amantes de mundos fantásticos, bisoños aventureros en busca de tesoros, criaturas de la noche, princesas estudiantiles y fanáticos de cachas de postín, ¡sed bienvenidos!. Invitados quedáis a rebuscar en mi colección de VHS, acomodar vuestras posaderas en una mullida butaca, darle al play, y disfrutar de lo bueno, lo malo y lo peor que dio una década.

ADVERTENCIA: Aquí no se escribe crítica cinematográfica (ni se pretende). Las reseñas son altamente subjetivas y el único objetivo es aprender y disfrutar del cine y, por supuesto, de vuestros comentarios.

Aullidos (1981, Joe Dante) The Howling


Karen White es una reportera que investiga los crímenes del asesino en serie Eddie Quist, quien ha dejado tras de sí un gran número de chicas horriblemente mutiladas. Cuando Karen finalmente encuentra a Eddie y lo confronta, lo ve transformarse en un hombre-lobo justo antes de caer abatido por los disparos de la policía. Su experiencia le hace sufrir un colapso nervioso que la obliga a internarse en la colonia experimental del doctor George Waggner, un lugar habitado por un grupo de extraños personajes.(http://horasdeoscuridad.blogspot.com.es/2006/07/resea-100-el-aullido-1981.html)


La represión es el padre de la neurosis, del odio hacia uno mismo. La tensión surge cuando luchamos contra nuestro impulsos. Todos hemos oído hablar alguna vez del magnetismo animal, del noble natural, del hombre salvaje, como si hubiésemos perdido algo valioso en nuestra larga evolución hacia los seres civilizados. Y eso tiene una explicación. El hombre es una combinación... de lo sofisticado y lo primitivo. Nunca deberíamos engañarnos ignorando a la bestia, un animal entre nosotros.


Corre el año 1981 cuando un desconocido Joe Dante – Hollywood Boulebard (1976, junto a Allan Arkush) y Piraña (1978) –, oriundo de la factoría Corman, dirige de carambola lo que con el paso del tiempo se convertiría en una película de culto y a la postre una de las más importantes de un director que al igual que John Carpenter o David Croeneberg – figuras claves en los ochenta – lograría aportar una visión genuina aunque, al contrario de sus colegas, sin renunciar a la comercialidad. En efecto, fue un golpe azaroso del destino el que lanzó por la borda a Jack Conrad (director original y guionista del germen de Aullidos que terminó por figurar como productor) y concedió a Dante (quien iba a dirigir a su vez Tiburón 3) un proyecto que le brindaría una futura oportunidad de oro: Spielberg le envió el guión de Gremlins porque le entusiasmó Aullidos.

El guión, recordemos escrito por Jack Conrad, estaba basado en una novela de Gary Brandner, pero a Dante no le gustó y logró que la productora Avco Embassy (La niebla, Scanners, Escape de Nueva York) contratase a John Sayles (guionista de Piraña) para reescribirlo - fue el propio Sayles el que aportó la idea de la colonia , no concebida en la novela de Brandner -. En la historia resulta alargada la sombra de Curt Siodmak (El hombre lobo, 1941), quien sentó las bases de las películas de hombres lobo con sus guiones,  y cuyas máximas respecto a las vicisitudes de los licántropos son tomadas a rajatabla en Aullidos (luna llena, balas de plata, maldición del hombre lobo ...) . Además, el aspecto de los hombres lobo está basado en dibujos de archivo histórico y grabados antiguos. Paradójicamente, ese clasicismo nuclear es roto por una revisión  moderna que dota a la película de un aura de culto que la diferencia de obras de temática similar. Y esta revisión y actualización del mito no se da sólo en el terreno del contenido, sino también en su forma. Aullidos, junto con la sobresaliente Un hombre lobo americano en Londres (1981, John Landis)- aunque también habría que nombrar Lobos humanos (1981) o En compañía de lobos - , son al cine de hombres lobo lo que Jóvenes ocultos, El ansia, Noche de miedo o Los viajeros de la noche al de vampiros: películas que revitalizan y transgreden un género que se daba por muerto en los setenta.


Lo primero que sorprende al encarar la película es que bien parece que podría tratarse de un psycho – thriller. El propio Dante confirma esta teoría y explica que el cartel evoca a uno de esos slashers que tanto demandaba la juventud por entonces. Esa ausencia de hombres lobo en el poster promocional puede deberse a la voluntad de captar al mayor público posible, pero también a la intención de sorprender al espectador con una película ajena a lo que en un principio parece ofrecer con ese inicio totalmente policíaco. Y si bien la reinterpretación freudiana del mito del licántropo, aquí metáfora de la represión sexual y del lado más oscuro y violento del ser humano: nuestro lado animal,  no sería tan novedosa - bien podría , aunque de manera velada, permanecer latente en la película de Waggner o en la novela El doctor Jekyll y Mr Hyde de Stevenson, por ejemplo – si lo es el entramado de la colonia y los gurús de autoayuda, con ese colofón final que nos desvela la verdadera identidad de esos supuestos enfermos psíquicos que no son más que hombres lobo a terapia para no contravenir las normas sociales. 



 Otro apartado en el que Aullidos rompió moldes fue en el de los efectos especiales. Un dato muy curioso fue que , en principio, ofrecieron el puesto a Rick Baker, pero este lo rechazó por estar comprometido con Landis para el rodaje de Un hombre lobo americano en Londres (1981). Fue Baker el que sugirió a Rob Bottin, alumno suyo, e incluso lo orientó para los efectos de una transformación totalmente revolucionaria para la época que el propio Baker superaría meses después en Un hombre lobo americano en Londres (obtendría un Oscar por su trabajo). Sin embargo, el primer corte de Aullidos adolecía de unos efectos especiales decentes debido al escaso presupuesto y fue después del primer pase a los productores cuando Dante los convenció para aportar más dinero y fortalecer el trabajo de Bottin impulsando así una película que de otro modo quedaba coja, pero en la que, de todos modos, se nota la falta de presupuesto. 



Tanto exteriores, transcurren en el condado de Mendocino, como la ambientación son muy acertados, y se nota la influencia del trabajo de Bob Burns (La matanza de Texas) en el diseño de producción. El director de fotografía es John Hora, con quien Dante repetiría en Gremlins, Exploradores y Matiné. La música corre a cargo de Pino Donaggio, un habitual colaborador de Brian de Palma. En cuanto al reparto, la verdadera protagonista es Dee Wallace, quien se dejó la piel en el papel de Karen White. Wallace se involucró tanto con su personaje que realmente llegó a sentirse aterrorizada durante el rodaje, sensación que transmite al espectador. Pero el papel de Wallace en Aullidos no se limitó a la interpretación. No sólo logró un casting para Christopher Stone (por entonces su prometido en la vida real) , quien finalmente fue contratado para interpretar al marido de Karen sin que se supiese su verdadera relación, sino que mediante exigencias contractuales logró que se eliminaran escenas de desnudos y suavizó su transformación en una mujer lobo con aspecto dulce y vulnerable (cuando originalmente se iba a tranformar en una mujer lobo aterradora). Por si fuera poco nos ofreció uno de los gritos más desgarradores escuchados en una película, ¡y de su propia voz!. Otro actor a destaca es Robert Picardo en la piel del paria Eddie Quist. Picardo ofrece una interpretación perturbadora y sufre estoicamente las inclemencias de sesiones interminables de maquillaje e incómodos experimentos en su propia piel para lograr su mítica transformación. La malograda Elisabeth Brooks también destaca con su personaje de la voluptuosa Marsha Quist, una femme fatal muy lobuna. 




En Aullidos se entrevee ese particular y único estilo que marcaría las producciones posteriores de Dante: uso continuado del metalenguaje - la inclusión de fragmentos de El hombre lobo (1941, George Waggner) o que muchos personajes tengan nombres de directores de películas de terror (Freddi Francis, George Waggner, Lew Landers, Erle Kenton) - ; toques de humor; actores fetiche que repetirían una y otra vez en sus películas: Dick Miller, Susan Arnold, Robert Pìcardo, Kevin McCarthy; y un método de trabajo rápido y eficaz que no rehuye la improvisación, fruto de su época con Roger Corman en la que había que ahorrar a toda costa.  Pero Aullidos quizás sea su única película de terror puro y ,en vista de los resultados y su tan lograda,  al tiempo que onírica ,atmósfera, así como de esos coletazos sangrientos y alguna que otra escena antológica, uno echa de menos su alejamiento de lo truculento en pos del, aunque muy disfrutable en su mayoría, género fantástico familiar (con algún susto que otro de por medio) que cultivó en el resto de su filmografía.
Para el recuerdo quedan las escenas del primer encuentro de Karen y Eddie en el sex shop, la transformación, la sorpresa que se esconde tras la colonia, o ese mítico final que no da tregua al espectador.




Comercialmente resultó todo un éxito. Con apenas un millón y medio de presupuesto recaudó 18; éxito que dio lugar a casi una decena de, a cada cual más infame, secuelas de las que hoy no voy a hablar.


TRAILER

ESCENA DE TRANSFORMACIÓN

FINAL

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Especial navidades ochenteras


Nada mejor para celebrar estas fiestas que seleccionando un compendio de películas navideñas ochenteras. Ya sabéis: Papá Noel , turrón, arbolitos y demás selecto emperifolle. Aunque tratándose de los ochenta puede que la sangre fluya más que el champán o que algunos monstruitos verdes devoren a Santa… 



En la que según John Waters es la mejor película navideña de todos los tiempos, Navidades infernales (1980, Lewis Jackson), no esperéis encontrar un slasher al uso - dentro de este subgénero se la incluye - sino una atípica historia en la que un hombre obsesionado con la Navidad asumirá el papel de Papá Noel hasta las últimas consecuencias. Un ejemplo más típico es Noche de paz, noche de muerte (1984, Charles Sellier E. Jr), que nos presenta a un asesino traumatizado por la muerte de sus padres a manos de un hombre disfrazado de Papá Noel; un slasher mediocre que sorprendentemente dio lugar a una saga de nada menos que cinco películas, dos de ellas pertenecientes a la década que nos ocupa. Otros slashers navideños son No abrir hasta Navidad (1984, Edmun Purdon), en la que el asesino no se disfraza de Papá Noel sino que se carga a todo aquel que sí lo hace,  Feliz Nochebuena (1980, David Hess) donde nunca una celebración navideña fue tan sangrienta, y Fin de año maldito (1980, Emmett Alston) en la que la masacre tiene lugar durante otra celebración navideña, en este caso la noche de fin de año. 



Pero tranquilos, no todo van a ser psicópatas con postizas barbas blancas y trajes rojos con gorros a juego con la hemoglobina. También hay espacio para que luzca la cara más entrañable de la Navidad. En Historias de Navidad (1983, Bob Clark) se nos ofrece una preciosa comedia ambientada en la Navidad de los años cuarenta. Santa Claus , la película (1985, Jeannot Szwarc) es un estupendo ejemplo de cine familiar centrado en la historia de nuestro Papá Noel. En Un cuento de Navidad (1984, Clive Donner) disfrutaremos de una maravillosa adaptación televisiva de la inmortal obra homónima de Dickens protagonizada por el fenomenal George C. Scott. Otra adaptación del relato del inglés es la dirigida por Richard Donner bajo el título Los fantasmas atacan al jefe (1988), una actualización de la historia en clave de comedia y fantasía protagonizada por el mítico Bill Murray en el papel de un Scrooge desatado. Otra comedia navideña protagonizada por otro actor fetiche de los ochenta, Chevy Chase, es ¡Socorro, ya es Navidad! (1989, Jeremiah S. Chechik). 

Y llegados a este punto, aunque en un tono mucho más gamberro que las precedentes,  Gremlins (1984, Joe Dante) constituye el clásico navideño ochentero por excelencia. Humor negro, fantasía y toques de terror se dan la mano en una de las mejores películas de Dante. También clásicos de acción como Arma letal (1987, Richard Donner) o La jungla de cristal (1988, John MacTiernan) transcurren durante estas fechas, y aunque no son películas navideñas propiamente dichas no está de más nombrarlas como excusa de un nuevo visionado.


Y no quisiera terminar sin recomendar una obra rodada en Francia. Game Over: Se acabó el juego (1989, René Manzor), es una película que supura mala leche y que sería un trasunto de Solo en casa (1990, Chris Columbus) en versión macarra en la que un niño se defenderá a lo Rambo de un psicópata vestido… sí, de Papá Noel.


Esto es todo amigos, ¡feliz Navidad! y no olviden de disfrutar mucho de lo que resta de fiestas. ¡Jo ,jo , jo!

Este artículo fue originalmente escrito para la revista FUSIÓN FREAK

Gremlins (1984, Joe Dante) Gremlins


Rand (Hoyt Axton) es un viajante que un día regala a su hijo Billy (Zach Galligan) una tierna y extraña criatura, un mogwai. El inocente regalo, sin embargo, será el origen de toda una ola de gamberradas y fechorías en un pequeño pueblo de Estados Unidos. Todo empieza cuando son infringidas, una tras otra, las tres reglas básicas que deben seguirse para cuidar a un mogwai: no darle de comer después de medianoche, no mojarlo y evitar que le dé la luz del sol (http://www.filmaffinity.com/es/film455839.html)




¡Cuidado con los extranjeros, ponen Gremlins en las maquinas! Los mismos Gremlins que derribaron nuestros aviones en la grande. Sí, la grande, la Guerra Mundial ¡La 2ª Guerra Mundial!



Y por mucho que griten, por mucho que lloren, por mucho que te supliquen... No les des de comer después de medianoche.


 Resulta un verdadero placer comentar no ya una de las películas de mi infancia – y seguro que de cualquiera nacido en la década de los ochenta – sino un clásico ochentero por excelencia. Y es que Gremlins tiene todos los ingredientes para ser, por méritos propios, una de las obras más emblemáticas de la década: humor negro, fantasía, algún toque de terror, personajes icónicos como Gizmo y los gremlins, y un enfoque juvenil. Una tónica que siguen otras películas como Cazafantasmas y que recoge la semilla de clásicos como Abbott y Costello contra los fantasmas por esa mezcla de humor, fantasía y terror, y en este caso una película navideña paradógicamente antinavideña...  Una delicia parida de las entrañas de la mítica productora Amblin que tantas alegrías nos dio: E.T., Regreso al futuro, Los Goonies, El secreto de la pirámide, El chip prodigioso o ¿Quién engañó a Roger Rabbit? … un portal a la fantasía que cuenta con Steven Spielberg como uno de sus fundadores. Gremlins es otra de esas películas mágicas de principio a fin, sólo hacen falta unos minutos para dar cuenta de ello, y es que  esa aura misteriosa que envuelve el comienzo en que Randal Peltzer (Hoyt Axton)- genial arquetipo de inventor desastroso- busca un regalo para su hijo Billy (Zach Galligan) ya nos hace presagiar una gran aventura de la que no querremos escapar. 
 

 Navidad. Los habitantes de Kingston Falls viven con el trasiego propio de esas fechas. Billy, un joven empleado del banco de la ciudad que sueña con ser dibujante recibe de su padre un regalo muy  especial, un mogway al que llaman Gizmo. Gizmo es una criatura dulce y de aspecto entrañable, pero que si no se cuida de forma correcta puede dar lugar a problemas de proporciones colosales. Es especial hay que llevar a rajatabla estas tres reglas: no le puede dar la luz del sol, no puede tocar el agua, y jamás debe comer después de medianoche. Como es obvio, pronto una de esas reglas será quebrantada y por accidente Gizmo es mojado. El efecto que produce en Gizmo es que de su cuerpo surgen otros cinco nuevos mogwais. Pero estos mogwais, lejos de ser pacíficos y apacibles, son unos gamberros que parecen tener una aversión por Gizmo sin límites. Además, uno de ellos, Stripe, se erige jefe del grupo. Por medio de una estratagema consiguen que Billy los alimente después de medianoche y lo que eran unas criaturas de aspecto similar a Gizmo , pero de carácter revoltoso y travieso, mutan en unas horribles monstruitos verdes con motivaciones asesinas. A partir de entonces el caos de desata en Kingston Falls y serán Billy, su más que amiga Kate (Phoebe Kates) y Gizmo los encargados de poner fin a unas criaturas que constituyen una horda desatada.





El concepto de los gremlins surgió en la Segunda Guerra Mundial. Cuando se producía algún fallo en algún avión los soldados bromeaban y lo atribuían a la presencia de pequeños monstruos que bautizaron como gremlins, este hecho es señalado por Murray Futterman, el vecino de Billy, interpretado por un fijo en las filas de Dante como es Dick Miller – también  Corey Feldman cuya presencia en Gremlins es anecdótica repetiría en No matarás al vecino aunque con mayor protagonismo- . Por su parte, el escritor Roadl Dahl publicó en 1943 un libro infantil de título The Gremlins basado en estas criaturas. Dante conocía este libro, sin embargo el guión fue escrito por Chris Columbus (escritor de Goonies Y El secreto de la pirámide, director de Aventuras en la gran ciudad o Solo en casa) quien tuvo la idea al escuchar ruido de ratones en su desván. El productor ejecutivo fue Steven Spielberg y la dirección recayó en Joe Dante - quien había triunfado con Aullidos y colaborado con Spielberg en la adaptación de la serie En los límites de la realidad (1983) - . La música es de Jerry Goldsmith  (La profecía, Alien, Poltergeist, Acorralado…) y los gremlins, marionetas de plástico, algunas mecánicas,  fueron diseñados por Chris Walas (La mosca, Dragonslayer)





 El guión original era, sin embargo, mucho más violento y oscuro que la versión final. Ejemplo de esto sería la decapitación de la madre de Billy cuya cabeza rodaría escaleras abajo en el momento que su hijo entrase en casa,  los gremlins devorando al perro y un ataque a un restaurante McDonalds en el que se zamparían a los clientes en vez de a las hamburguesas. Quizás uno de los cambios más radicales que sufrió el guión fue que Gizmo iba a trasformarse en Stripe, hecho que no gustó nada a Spielberg porque supuso que podría utilizar a Gizmo para encandilar a la audiencia (cosa que naturalmente ocurrió). Como veis, la película resultante hubiera resultado mucho más dura que la original, no obstante, tal y como quedó, ¡fue objeto de duras críticas por la violencia de algunas de sus escenas! Dante firma una de sus mejores películas. Las secuencias inolvidables se cuentan por millares: los gremlins cantando villancicos, el ataque a Ruby Deagle, la escena del cine, Gizmo conduciendo a todo trapo, la lucha final con motosierra y flechas y Stripe derritiéndose bajo los efectos de la luz del sol en una de las escenas más grotescas… Pero una de mis favoritas es esa escena anticlímax donde Kate explica porqué odia la Navidad y relata la muerte de su padre en la chimenea tras este tratar de bajar por ella disfrazado de Papá Noel. Esta historia es una leyenda urbana que fue utilizada en la película. Spielberg , para variar, quiso eliminarla , pero Dante se negó para potenciar esa mezcla de terror y humor.Como veis, la Navidad muestra su lado más cruel.

 



 
 

Las críticas de Gremlins fueron generalmente positivas y en taquilla arrasó recaudando más de 150 millones de dólares, a eso hay que sumar otros 80 por los alquileres en videoclubs. En definitiva un clásico ochentero y una verdadera delicia en todos los aspectos.
 



Ficha técnica y artística

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Están vivos (1988, John Carpenter) They Live




Un trabajador encuentra casualmente unas gafas que permiten ver a las personas tal y como son. Gracias a ellas descubrirá que importantes personajes de la vida política y social son en realidad extraterrestres. Durante su particular cruzada podrá observar cómo estos alienígenas han ido sembrando el mundo de mensajes subliminales con los que pretenden convertir a los hombres en una raza de esclavos. (http://www.filmaffinity.com/es/film855019.html)


 ELLOS VIVEN

NOSOTROS DORMIMOS


 Finalizo con esta película el comentario de la filmografía de John Carpenter durante la década de los ochenta. La que nos ocupa vuelve a alejarse de esa atmósfera tan carpenteriana de La niebla (1980), 1997:Rescate en Nueva York (1981), La Cosa (1982), o El príncipe de las tinieblas (1987), construyendo, sin embargo, otra pieza única al estilo de Golpe en la pequeña china (1986) y alejándose de sus obras más impersonales como Christine (1983) o Starman (1984). En su segundo trabajo con Alive Films, Carpenter da cuenta de esa libertad otorgada por la productora ofreciéndonos una propuesta ecléctica, fresca y original que conjuga a la perfección la acción, la ciencia ficción y el humor, constituyendo todo un homenaje a las películas de extraterrestres de los años cincuenta y una crítica despiadada al sistema capitalista y al gobierno Reagan que gobernó durante toda la década de los ochenta en los Estados Unidos



La idea de la que parte el guión es un relato de ciencia ficción de Ray Nelson llamado Eight o Clock in the Morning que se adaptó también al cómic con el título de Nada en 1986. Carpenter compró los derechos tanto del relato como del cómic y escribió el guión – bajo el nombre de Frank Armitage, personaje de El horror de Dunwich (Lovecraft)- basándose en su idea principal. En el relato se habla de reptilianos que dominan a los humanos por medio de la hipnosis. Un hombre, John Nada, despierta y ve a los reptilianos tal y como son, y tiene hasta las ocho de la mañana del día siguiente para dar a conocer este hecho a sus congéneres hipnotizados. En el guión de Carpenter, Nada es interpretado por Roddy Pipper, un luchador profesional al que había conocido durante la celebración del evento Wrestlemania III, en 1987. Nada es un obrero que a través de unas gafas de sol especiales comenzará a ver la realidad tal y como es, y no como la humanidad cree que es: a merced de una especie alienígena y saturada de mensajes subliminales que incitan a la compra, al matrimonio y a la obediencia ciega al poder establecido. Acompañado por Frank (Keith David, La Cosa) y Holly (Meg Foster), tratará de destruir la señal que enmascara la realidad y permitir que todo el mundo pueda salir de la caverna.




En Están vivos presenciamos otro gran “¡que os jodan!” de John Carpenter. Tened en cuenta que no pudo menos que ser tachada de comunista. Nos muestra a una clase obrera pauperizada por efecto de otra crisis capitalista, pero que es solidaria entre sí, y revolucionaria en el sentido de que no dudará defender sus intereses por medio de la violencia organizada. Además, es de esta clase de donde parte la verdadera visión de la realidad por medio de esas gafas especiales que no dudan fabricar y repartir para que la gente despierte. Por otros lado, los políticos, los ejecutivos, la policía, los medios de comunicación… Poderes estatales y fácticos están plagados de los alienígenas que nos dominan. La visión de Carpenter no puede ser más clara. ¡Imaginaos una película de este calado en el seno de una sociedad gobernada durante nueve años por Ronald Reagan!

Una de las partes más interesantes es cuando Nada se pone por primera vez las gafas de sol y comienza a ver los mensajes subliminales con los que los alienígenas nos bombardean y que se encuentran en todas partes: libros, revistas, anuncios. Asimismo, Nada verá a los alienígenas tal y como son y se dará cuenta de que al igual que los mensajes subliminales están en todas partes. El aspecto de los alienígenas es muy caricaturesco y cada vez que vemos a través de las gafas el color se sustituye por el blanco y negro. Estos dos hechos potencian aún más el manifiesto homenaje de Carpenter a la ciencia ficción de los cincuenta y a la serie B. Otro momento alucinante es cuando Nada y Frank se enzarzan en un combate demencial que dura la friolera de seis minutos. Carpenter aprovechó la presencia de Pipper para dar rienda suelta a una de las peleas más increíbles del séptimo arte.





En definitiva, Carpenter despidió los ochenta por la puerta grande, ofreciendo otra película genuina, original, fresca, divertida, revolucionaria, radical en su planteamiento y con otro final sin concesiones. La recaudación no fue para tirar cohetes (trece millones), pero para cuatro de presupuesto no estuvo nada mal.




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El príncipe de las tinieblas (John Carpenter, 1987) Prince of darkness


Un sacerdote cree haber descubierto el lugar de descanso de Satán, en el sótano de una iglesia abandonada de Los Angeles. Junto a un grupo de estudiantes de física, el sacerdote prepara un proyecto científico que siga manteniendo encerrado al Príncipe de las Tinieblas. Encerrados en la iglesia por fuerzas siniestras, los estudiantes descubren que deben luchar para impedir la llegada del Mal al mundo.(http://www.filmaffinity.com/es/film407977.html) 


Hablemos de nuestras creencias y lo que podemos aprender sobre ellas. Creemos que la naturaleza es sólida y el tiempo una constante. La materia tiene sustancia y el tiempo dirección. Hay verdad en la carne y en el suelo sólido. El tiempo puede ser invisible, pero es real. Humo, fuego, agua, luz, ¡son diferentes! No como una piedra o el acero, pero son tangibles. Y nosotros asumimos que el tiempo es una flecha porque es como un reloj - ¡un segundo es un segundo para todos! - La causa precede al efecto. La fruta se pudre. El agua fluye río abajo. Nacemos, crecemos, morimos. Lo contrario nunca ocurre... ¡Nada de esto es cierto! Decir adiós a la realidad clásica, porque nuestra lógica se colapsa en el nivel subatómico ... dentro de fantasmas y sombras. 


 Puede que El príncipe de las tinieblas no constituya uno de los grandes logros de Carpenter, pero una cosa queda clara, apenas transcurridos unos segundos de proyección sabemos que está de vuelta. Después de Christine (1983) y Starman (1984), quizás sus películas más impersonales, y de esa ecléctica genialidad llamada Golpe en la pequeña china (1986) - con la que sorprendió a propios y a extraños, pero que también se alejaba de sus producciones más características -, fue El príncipe de las tinieblas la película que nos lo devolvió 100% fiel al estilo desplegado en Asalto a la comisaría del distrito 13 (1976), La niebla (1980), 1997: Rescate en Nueva York (1981) o La Cosa (1982). Concebida como la segunda parte de la "trilogía del apocalipsis" - de la que La Cosa sería la primera y En la boca del miedo (1994) la tercera - germina en la productora Alive Films como respuesta al batacazo comercial sufrido con Golpe en la pequeña china y que lo alejó de los grandes estudios. En Alive Films - con la que repetiría en Están Vivos (1988) - no gozaría de presupuestos tan holgados, pero sí de total libertad creativa, por lo que Carpenter volvió al redil y recuperaría una forma de rodar que había abandonado en 1982 tras el estreno de La Cosa.

Para empezar vuelve a construir una historia coral en la que un grupo se verá hostigado sin posibilidad de escape y completamente aislado del exterior. Un tema muy recurrente en su temática que cobra todo su sentido en la propia concepción del director sobre las películas de terror. Y es que para Carpenter, según sus propias palabras, sólo existen dos clases de historias de terror: una en la que el enemigo está fuera (La niebla, 1980) y otra en la que el enemigos está dentro (La Cosa, 1981). En  El príncipe de las tinieblas parece aunar estos dos principios al someter al grupo de desdichados a los ataques de esos siniestros vagabundos capitaneados por Alice Cooper desde el exterior, y de los poseídos por el mal recluido (verde, otra vez verde como en La Niebla) en la cápsula de contención desde el interior de la iglesia de la secta de la Hermandad del sueño. 


Pero no es la estructura de la historia lo único que repite. Recordemos su maestría a la hora de crear atmósferas casi tangibles y que atrapan al espectador hasta el punto de transportarle al mismo interior de una película que , en sus manos, torna a pieza única y genuina. Para ello se sirve de una narración pausada, cocinada a fuego lento, en la que hará avanzar la trama sin prisa y por medio de su típico montaje en paralelo hasta alcanzar el clímax final. Otros elementos son el hecho de que la acción trascurra de noche, con lo que se ayuda de una iluminación tenue, utilizando velas en algunas escenas, y el empleo de una música de corte minimalista y oscura compuesta por él. En cuanto a los actores repetirán Donald Pleasance (Halloween, 1997: Rescate en Nueva York), Victor Wong y Dennis Dun (ambos actuaron en Golpe en la pequeña china)

Pero donde El príncipe de las tinieblas no sale tan bien parada es en el guión. Escrito por el propio Carpenter bajo el pseudónimo de Martin Quatermass - homenaje al mítico personaje Bernard Quatermass creado por Nigel Kneale y a la película Quatermass and the pit (1967) con la que El príncipe de las tinieblas guarda ciertos paralelismos - y reflejo de su interés por la física subatómica, adolece de una historia bien centrada y de algunas situaciones completamente absurdas y fuera de lugar. En cuanto a la primera traba, son comunes los diálogos acerca de ecuaciones diferenciales, lenguajes ignotos, telekinesia, o comportamiento de partículas a escala subatómica que se superponen a la historia escrita en un libro que habla del anti dios Satán, de Jesucristo como un alienígena y de la esencia del mal encerrada en una cápsula ... Como veis un popurrí de tres pares de narices. A mi juicio Carpenter debió haber simplificado y obviar la multitud de referencias que salpican toda la trama restándole solidez y empaque. Y es que, a priori, las ideas de la materialización del mal y la confluencia de ciencia y religión resultan muy interesantes, pero Carpenter se fue por los cerros de Úbeda y el resultado queda un poco en tierra de nadie. El otro lastre son algunas escenas, auténticos dislates, que no aportan nada y restan credibilidad y fuerza. Por ejemplo cuando Walter (Dennis Dun) permanece encerrado en el armario y no puede salir porque dos de sus compañeras , ahora poseídas, se lo impiden. Esta escena podía haber sido utilizada para explotar la tensión, pero en vez de eso el personaje no deja de soltar chistes y chorradas provocando el sonrojo. Otra escena absurda es cuando Brian (Jameson Parker) salta por la ventana a un exterior repleto de los mendigos asesinos para ... ¡volver a subir acto seguido! 


Estas carencias, que empañan sin duda el conjunto, no logran hundir una película sumamente disfrutable y cuyo fuerte es la atmósfera carpenteriana. Pero además, el uso de señales y elementos inquietantes, como el eclipse de sol, la constante presencia de lombrices, gusanos, hormigas y escarabajos, así como la de los siniestros vagabundos que sitian la iglesia, es muy acertado. Y, en cuanto el líquido verde comienza a "poseer" a los científicos - una posesión que tiene lugar cuando tragan el líquido y que después depositan en la boca de otra víctima para continuar con la infección/posesión; hecho que hay quien lo interpreta como metáfora del SIDA -, aumenta el interés y la sucesión de momentos terroríficos. También resulta muy perturbadora la visión y el mensaje del futuro que perciben  y que cobrará sentido (según como se interprete) en un enigmático, abierto y acertado final. 

En taquilla, El príncipe de las tinieblas recaudó más de 14 millones con un presupuesto de 3; otro pequeño gran éxito para nuestro pequeño gran hombre.



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