Presentación

Amantes de mundos fantásticos, bisoños aventureros en busca de tesoros, criaturas de la noche, princesas estudiantiles y fanáticos de cachas de postín, ¡sed bienvenidos!. Invitados quedáis a rebuscar en mi colección de VHS, acomodar vuestras posaderas en una mullida butaca, darle al play, y disfrutar de lo bueno, lo malo y lo peor que dio una década.

ADVERTENCIA: Aquí no se escribe crítica cinematográfica (ni se pretende). Las reseñas son altamente subjetivas y el único objetivo es aprender y disfrutar del cine y, por supuesto, de vuestros comentarios.

Juegos de guerra (1983, John Badham) War Games





David es un experto informático capaz de saltarse los más avanzados sistemas de seguridad y de descifrar los más herméticos códigos secretos. Pero su juego se complica cuando involuntariamente conecta su ordenador al del Departamento de Defensa americano, encargado del sistema de defensa nuclear. Desencadena así una situación de peligro difícilmente controlable. Con la ayuda de su novia y de otro informático genial intentará, en una carrera contrarreloj, evitar la Tercera Guerra Mundial. (http://www.filmaffinity.com/es/film553168.html)
 

Extraño juego. El único movimiento para ganar es no jugar.



Lección de historia relámpago: Los ochenta (menuda sorpresa, ¿verdad?), Capitalismo, Estados Unidos, Comunismo, Unión soviética, Guerra Fría. Fin de la clase (lo bueno, si es breve, dos veces bueno).

El temor permanente, y claramente fundado, de que aconteciese la Tercera Guerra Mundial fue un hecho inscrito a fuego en el pensamiento de los millones de habitantes de las sociedades civilizadas desde el término de la Segunda Guerra Mundial; y ya lo dijo Einstein: la Tercera sería con armas nucleares, la Cuarta con palos y piedras. Ese miedo a una muy factible posibilidad que condenase al género humano a su extinción fue llevado al cine en muchas ocasiones desde las más diversas ópticas.  Así, a nadie se le puede olvidar la imagen del vaquero a lomos de la bomba atómica en ¿Teléfono Rojo? Volamos hacia Moscú (1964) – única y genial incursión de Kubrick en la comedia- , la materialización del terror nuclear sufrido en carnes japonesas de las garras de Godzilla (1954), o la desoladora visión rusa mostrada en Cartas de un hombre muerto (1986).

 Queda claro que la película de John Badham (Fiebre del sábado noche, Drácula, Cortocircuito, Trueno Azul) no presenta ningún tema original, pero sí lo es en cuanto a las novedades que introduce y que le diferencian de las producciones de similar temática que hasta el momento se habían estrenado. En primer lugar un tono desenfadado en clave de aventura, huyendo del dramatismo acentuado, enfocado al gran público, y más concretamente, de la mano de sus dos protagonistas - el omnipresente Matthew Broderick en la piel de David y la encantadora Ally Sheedy como Jennifer - al público juvenil. En segundo lugar un fuerte componente informático, reflejo por otro lado del auge que experimentaba en aquellos tiempos, que nos advierte de los peligros de la excesiva dependencia tecnológica y de sus extremos: delegar decisiones de importancia capital en programas informáticos. En esto tiene mucho que ver el cuidado guión de Lawrence Lasker y Walter F. Parkes (nominados al Oscar por su trabajo), quienes se documentaron a conciencia y llegaron a establecer amistad con hackers y expertos informáticos, temática que repetirían en Los fisgones (1992). 
 Justo al inicio es cuando se plantea esta segunda cuestión, la de la dependencia tecnológica. Durante un ejercicio simulado del ejército (que los militares ignoran no es real) un 22% de los responsables de girar la llave y freír al demonio ruso no acata la orden de lanzamiento. Son las dudas morales que asaltan a estos hombres (o miedo, o pena, o cobardía…¿quién sabe?) las que caracterizan la impredecibilidad de un comportamiento humano situado en las antípodas de una máquina guiada por unas directrices inexorables. El WOPR es el ordenador creado con la función de ejecutar sin contemplaciones el lanzamiento de misiles nucleares en el caso de un ataque soviético, una máquina supuestamente exenta de errores, pero que, tras su fortuito encuentro con David, un pionero hacker cinematográfico que navega a la caza de videojuegos, desencadena una situación crítica que pone en jaque a las dos superpotencias.
 
  La figura de David, parece estar ligeramente inspirada en la del hacker interpretado por Jeff Bridges en la por entonces revolucionaria Tron (1982), película por todos conocida y que abrió la veda de los videojuegos en el cine. Otra película que siguió su estela, aunque desviándose completamente en un batiburrillo (no por ello carente de encanto) en el que se mezclaban los videojuegos con Star Wars, fue la posterior El último Starfighter (1984).  En cuanto al WOPR, a mí me parecen claras las similitudes con otros superordenadores que lograron desencadenar el horror en el terreno de la ficción: ahí están Skynet en Terminator (1984) y las máquinas de Matrix (1999).

Resulta curioso la forma de enfocar el comportamiento de la inteligencia artificial por entonces. Casi se muestra al WOPR como un artilugio dotado de cierto pensamiento humano, pero cuyos poderes rozan casi la omnipotencia. Y es que en aquella década los ordenadores eran capaces de lograr cualquier cosa, desde enamorarse de su propietario tras absorber el champán derramado sobre sus circuitos (Sueños eléctricos, 1984), hasta crear a una chica perfecta, casi una diosa, dispuesta a cumplir todos los caprichos de un par de desbocados adolescentes (La mujer explosiva, 1985).
 
 Las actuaciones de los protagonistas me parecen muy naturales. Existe una gran química entre ambos y la historia de amor que surge es tan ligera y anecdótica que no desvía un ápice la atención sobre la esencia de la trama. Eso sí, hacen una pareja adorable. Además su aspecto es el de dos adolescentes normales, no el de los modelos que inundan actualmente las películas orientadas a un público juvenil. Otro personaje que me gusta es el de Falken. El difunto John Wood interpretó con mucha clase a un genio retirado del mundo y cuya indeferencia hacia la inminente destrucción mundial le confiere un cariz netamente misantrópico. 
 
 
 Aunque el decorado de la sala de ordenadores costó un millón de dólares y fue el más caro hasta entonces, la película no abusa de efectos especiales ni visuales. Se centra en la aventura que viven los personajes y sólo muestra alguna imagen de las pantallas que no se acerca ni de lejos al despliegue visual de la ya mencionada Tron(1982). Pero si bien resulta sumamente entretenida y fácil de digerir quizás se me atraganta un poco el tramo final por efectista. Los secundarios sobreactúan, hay que aceptar gratuitamente ciertos acontecimientos y alguna innecesaria vuelta de rosca – made in Hollywood - que acrecienta artificiosamente la tensión para culminar con una sala repleta de exultantes militares vitoreando y abrazándose tras alcanzar el siempre consabido final feliz.  En este tramo lo que más me gusta es el juego al tres en raya y su explícita metáfora por medio de la cual el WOPR "aprende" la inutilidad de un juego donde no se puede ganar.
 La película resultó un éxito. Fue nominada a tres Oscar (fotografía, guión y sonido) y con doce millones de presupuesto casi llega a los ochenta de beneficios, además catapultó la carrera de un Matthew Broderick que protagonizaría algunos de los clásicos indiscutibles de los ochenta como Lady Halcón (1985) o Todo en un día (1986)
  
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La puerta (1987, Tibor Takács) The Gate



Hubo un tiempo antes de la tierra, antes del sol, de la luz y las estrellas, en que todo era oscuridad y caos. En que los dioses, los dioses olvidados, gobernaban la oscuridad. Pero lo que era de ellos ahora pertenece al mundo de la luz y la sustancia, y los viejos dioses, los verdaderos dueños, están celosos y miran a la humanidad con un odio que es tan ilimitado como las estrellas. Sus planes para la destrucción del hombre son inimaginables. Hay un pasaje entre nuestro mundo físico de luz y de gozo y su mundo espiritual de locura y dolor. Una puerta tras la cual los demonios esperan su ocasión para recuperar lo que es suyo.

  La puerta por la que el Señor de los Demonios hace su entrada, en su afán de conquistar, resulta ser un agujero en el propio patio de la casa de Glen, situada en las afueras, donde está celebrando una fiesta con sus amigos. Movidos por una fuerza de la que son ignorantes, Terry y Glen abren este pasadizo, y si no quieren que la infernal pesadilla que les acosa se convierta en una realidad eterna, deberán encontrar la manera de volver a cerrar la puerta... (Fuente: http://www.filmaffinity.com/es/film732362.html)




Recuerdo con nostalgia aquellos sábados de mi infancia en los que, a media noche, sin más luz que el resplandor del televisor, y agazapado bajo una manta que me cubría hasta la altura de los ojos, contemplaba absorto, siempre con una extraña mezcla de alegría  y miedo, otra de las películas emitidas por Alucine (programa extinto hace tiempo)  de la 2 de Televisión Española. Psicópatas, hombres lobo, vampiros, demonios, fantasmas, monstruos de todo tipo… esas eran las criaturas con las que compartía unas dos horas semanales y que, junto con los personajes de los cómics y las novelas de intriga y terror que devoraba, me proporcionaban una tétrica compañía con la que pululaba como Pedro por su casa.

Fue en una de esas mágicas noches cuando vi por primera vez La Puerta. Imaginaos - por entonces yo contaba con diez u once años - cómo me pudo fascinar una película de terror protagonizada por chicos de una edad próxima a la mía con los que compartía algo más que la edad: el protagonista, un carismático e irreconocible Stephen Dorff, siente asquito por los pijos redomados amigos de su adolescente hermana,   y su colega es un friqui más heavy que una lluvia de hachas (en aquellos tiempos ya me iniciaba en otra de mis futuras pasiones). Si a eso le sumamos invocaciones demoníacas, monstruitos muy cabrones, zombis, apariciones fantasmales, posesiones, un monstrenco final, y, lo mejor de todo, ¡ningún adulto en el 90% de la película!,  ya supondréis que esa noche supuso para mí un descubrimiento fascinante. 

 
 Claro que vista hoy día el engranaje de la máquina chirría: el guión hace aguas por muchas partes, los efectos especiales están desfasadísimos y se nota a leguas la escasez de presupuesto. Pero ,aún y con esas, un nuevo visionado, lejos de proporcionarme ese gran placer original,  me ha hecho pasar un rato divertido y me ha dejado ese agradable regusto que sólo los productos de serie B más genuinos y entrañables consiguen. Porque si Los Goonies es La Película de aventuras infantil y juvenil por excelencia y Una pandilla alucinante es su prima pobre y friqui, La Puerta sería la prima pobre y friqui de Una pandilla alucinante… 

 
 Lo mejor, sin duda alguna, es esa atmósfera que envuelve la película como si de una fantasía puramente infantil se tratara. Sólo por eso hay que perdonarle un guión endeble plagado de agujeros argumentales y de situaciones con poco sentido (a este respecto el culpable sería Michael Nankin, el escritor del guión). Pero esa atmósfera que la sustenta es el mayor acierto de un malogrado Tibor Takács que firma su mejor película (aunque revisando su filmografía no sea este un hecho muy loable). Y es que desde el principio los niños son los únicos conscientes del mal que acecha bajo el agujero, comenzando con la premonitoria pesadilla de Glenn y pasando por las advertencias del disco heavy de Terry. Luego está el hecho de que apenas se vean adultos en todo el metraje. Unos minutos bastan para que sus padres los dejen solos en casa, y de los de Terry para qué hablar. Por otro lado, los adolescentes, Al, la hermana de Glen, y sus amigos, son presentados como unos capullos que el dúo de amigos rechaza sin piedad (imperdibles las contestaciones de Glen a algunos de ellos). Parece que nos encontramos ante una reivindicación de la fantasía que sólo una mente infantil es capaz de albergar. Esa capacidad de ver situaciones prodigiosas y maravillosas en lo mundano o esa ilimitada ansia de aventura sólo puede provenir de la infancia. De hecho, la propia Al acabará abrazando esta visión al dar la espalda a sus amigos y rechazar sus ritos púberes a favor de la ingenua visión infantil encarnada en Glen y en Terry. Además, todos los acontecimientos se desarrollan dentro de la casa o en el jardín, y esta limitación espacial sin prácticamente referencias externas potencia aún más la sensación de pesadilla infantil. En este aspecto también ayuda mucho la inquietante música compuesta por Michael Hoenig y Peter  Robinson así como unos efectos visuales  -deudores del mítico Harryhausen por el constante uso del “stop motion” – a cargo del ganador de tres Oscars, Randall William Cook. 

 
 En el momento de su estreno resultó un éxito. Con un exiguo presupuesto de dos millones y medio de dólares superó los trece y medio. Takács repetiría dirección en su secuela (La Puerta II, 1990), pero en este caso logrando unos escasos resultados tanto artísticos como comerciales.


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UNA PANDILLA ALUCINANTE

Los Inmortales (1986, Russell Mulcahy) Highlander



 
 Del amanecer de los tiempos venimos, hemos ido apareciendo silenciosamente a través de los siglos hasta completar el número elegido. Hemos vivido en secreto luchando entre nosotros por llegar a la hora del duelo final, cuando los últimos que queden lucharán por el premio. Nadie jamás ha sabido que estábamos entre vosotros...... hasta ahora. Al final sólo puede quedar uno.

  Los inmortales son humanos que solo pueden morir mediante la decapitación y han existido a lo largo de los tiempos. Uno de ellos es Connor Mac Leod, su enemigo es El Kurgan. El destino de los inmortales es combatir entre ellos a muerte para alcanzar el Premio, que obtendrá el vencedor del duelo final (http://es.wikipedia.org/wiki/Highlander_%28pel%C3%ADcula%29)

El público del Madison Square Garden asiste enfervorizado a un combate de lucha libre. Pero no todos los asistentes comparten tal entusiasmo. Russell Nash , un anticuario de Nueva York, vislumbra, entre golpe y golpe de los rabiosos luchadores, vestigios de un pasado remoto que sorprendentemente ha vivido. En realidad, Nash, es Connor Mc Leod, un escocés nacido en 1518, un inmortal que en medio de esa vorágine adrenalínica siente la llamada de otro de su misma ralea y acude a su encuentro para destruirlo del único modo posible: cortándole la cabeza.

Tras la muerte por decapitación de su contrincante, Iman Fasil, en el aparcamiento del estadio, la policía abre una investigación que apunta a Nash como principal sospechoso. A raíz de este acontecimiento asistiremos, por medio de recurrentes flash backs intercalados con la línea argumental de la investigación que transcurre en el presente,  a la verdadera historia de Connor Mac Leud. Su conversión en inmortal, el exilio de su pueblo, la historia de amor con la bella Heather, su entrenamiento de la mano del carismático Juan Ramírez Sanchez Villalobos … hasta una situación actual que amenaza con desvelar su verdadera naturaleza al tiempo que inexorablemente se aproxima el duelo final contra el más feroz e implacable enemigo, El Kurgan, cuya rivalidad no será únicamente debida a su condición de inmortales, sino a una cuestión muy personal...
 
 
Lo que en esencia es el argumento de una película de acción y fantasía repleta de combates, sangre y cabezas cercenadas se ve desbordado por otras líneas argumentales como la nueva historia de amor de Nash con Brenda, y la investigación policial que otorga un toque noir. Estas confluyen en una sola que remite al contenido de los flash backs que, aparte de mostrarnos el pasado del protagonista, nos ofrecen información sobre los inmortales y ahondan en la personalidad de un Connor cuya inmortalidad torna en hiel al descubrir que nunca podrá tener hijos y que asiste impotente (en una bellísima secuencia acompañada por la canción Who wants to live forever, de Queen) a la muerte de Heather, su primer gran amor. 
 
 
 A partir de una historia de Gregory Widen , toma las riendas el director Russell Mulcahy, a quien se nota su procedencia del video clip por una iluminación y unos movimientos de cámara muy efectistas que nos recuerdan de manera inevitable a Tony Scott - de los que ya había dado cuenta en la , para mí, genial, Razorback, los colmillos del infierno (1984) - . La secuencia inicial mediante el revolucionario empleo de una Skycam que gira sobre el Madison Square hasta enfocar a Nash es tremenda. Lo mismo podría decirse de las escenas en que Nash gana el combate, con un vendaval eléctrico que desata una gran explosión. Mulcahy supo imprimir grandes dosis de espectacularidad y un montaje muy ágil acompañado de forma sempiterna por la banda sonora de Queen , perteneciente al disco Kind of Magic. Michael Kamen compuso algunos temas para la banda sonora, pero seamos sinceros, cuando uno piensa en Los Inmortales lo que le viene a la cabeza son unas canciones de Queen que le van como anillo al dedo, potenciando esa estética videoclipera que comentaba al hablar de Mulcahy, un director que en sus inicios apuntaba alto, pero cuya carrera irregular hace que hoy sea uno del montón.

Las actuaciones que más me gustan son las de Chistopher Lambert en el papel de Nash/Connor, que nos ofrece otro personaje icónico después de su Greystoke, la de Sean Connery como Juan Sanchez Ramírez Villalobos, y la del siempre interesante Clancy Brown como El Kurgan. Claro que Lambert es el protagonista absoluto y como he apuntado crea un personaje absolutamente icónico, pero es imposible no sentir debilidad por la actuación de su antagonista, Clancy Brown. Y es que El Kurgan es un malo malísimo que no sólo logrará aterrorizarnos con su violencia desmedida sino que también nos arrancará alguna carcajada con ese espíritu punk completamente desquiciado. De Connery qué decir que no sepamos. Su naturalidad y carisma es tal que lo poco que aparece en pantalla eclipsa a los actores con los que comparte plano. Muy acertado como mentor de Mac Leud. Los secundarios cumplen y no acaparan excesiva atención exceptuando los dos amores de Connor/Nash interpretados por Beatie Edney en el papel de la dulce Heather y Roxanne Hart en el de Brenda.
 
 
 Los exteriores fueron rodados en Escocia, Inglaterra y Nueva York, destacando sobre todo las tomas de Escocia por la belleza de sus paisajes y la estupenda fotografía a cargo de Gerry Fisher. En una entrevista, Lambert comentó que durante las tomas en Escocia (en las secuencias de las batallas) el servicio médico tuvo que emplearse a fondo, ya que los extras escoceses, después de acompañar la comida con güisqui, vino y champán, ponían un entusiasmo desmesurado en sus actuaciones y los heridos por cortes y golpes fueron frecuentes. Quizás ese realismo se deja notar a la hora de ver esas escenas de la película… A destacar también el vestuario a cargo de James Acheson y el cuidado diseño de producción de Allan Cameron. Los efectos especiales, lejos de espectaculares, cumplen a la perfección y en ningún momento se abusa de ellos.
 
 Con un presupuesto de unos 16 millones de dólares, no alcanzó los 13 de beneficios, pero, sin embargo, fue un éxito en los videoclubs y se convirtió en una película de culto. Desgraciadamente, la segunda parte, pese a repetir Mulcahy, Lambert y Connery, es un truñazo de proporciones épicas. Cosa que no fue óbice para dar lugar a una saga de un total de cinco películas, una serie de televisión, una película anime, cómics y, ya sabéis, todo el merchandising imaginable con objeto de sacar su tajada de pastel.

Acción, fantasía, aventuras y  amor en el mismo lote,  ¿alguien da más?

¡Sólo puede quedar uno!


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MUERTE DE HEATHER

Cannon Films





Una historia llena de aventuras, ninjas, sudor y pólvora

Cortesía de la editorial Appelhead Team Creaciones - que junto a Nafra Colección y Corazón literario son los responsables de la existencia de este proyecto- y por medio de Jorge Serna – fundador del colectivo Asturias Fanterror, director creativo del Festival Internacional de cine Fantástico y de Terror de Avilés y colaborador de la página de Facebook Cine de los 80 (que servidor ha creado)  – he tenido el inmenso placer de leer un libro tan genuinamente ochentero como el que nos ocupa. Así que, antes de entrar en el contenido, dar las gracias por tan generoso aporte a mi (hace tiempo ingente) biblioteca personal.

Lo primer que llama la atención del libro es su apariencia. Sin duda un diseño muy atractivo y una edición muy cuidada y bonita que contiene gran cantidad de fotografías. La portada, el logo de la Cannon con varios personajes de sus películas fetiche reflejados, es un acierto pleno en el terreno comercial.

 Pero vamos a lo que realmente interesa. Cannon films es un recorrido pormenorizado de la historia de la mítica productora y un repaso a sus películas más emblemáticas.
Partiendo de un cachondísimo prólogo de Paco Fox, Pedro José Tena, tras una introducción también de cosecha propia, escribe de forma amena, pero no por ello menos exhaustiva, la historia de una productora (propiedad de Dennos Friedland y Christopher Dewey) fundada en 1967 y centrada en el sexploitation que pasó a manos de los primos israelíes Emanen Golan y Yoren Goblus. Es a partir de este momento cuando la Cannon produciría todos aquellos títulos que a los ochenteros acérrimos nos resultan tan inconfundibles. Pero cuidado, al leer este capítulo muchos estereotipos se derrumbarán. En primer lugar descubriremos que la Cannon no sólo centró sus películas en el cine de acción y serie B de calado macarra, sionista y pro -  Reagan , si no que descubriremos toda una gama de propuestas a cada cual más insospechada. En segundo lugar la imagen de Mehanen como un productor sin escrúpulos capaz de rodar cualquier bazofia con tal de obtener beneficios queda distorsionada por alguien obsesionado con rodar una película de calidad que triunfe en algún gran premio de cine internacional. Por lo demás, el capítulo nos relata los éxitos, fracasos y vicisitudes varias por la que pasó la productora desde sus inicios hasta su desaparición.



La segunda parte (y el grueso) se centra en el comentario por parte de diversos autores (Serena Iniesta, Luis Martínez, Jose Viruete, Jorge Serna, Ricardo Herbosa y otros de los que encontraréis información en el libro) de las películas más representativas de la productora. Títulos de sobra conocidos como Desaparecido en combate, La justicia del ninja, Cobra, Masters del universo, El justiciero de la noche, Contacto sangriento o Fuerza vital (entre muchos otros) son comentados con esmero y el amor de un fan del género. Cada uno con su estilo, pero con un denominador común: escritura ágil e interés del contenido.

El resto incluye una entrevista a Menean Golan y otros capítulos dedicados a los videojuegos surgidos a raíz de algunas películas, juguetes y cómics y los proyectos que no se materializaron. 

 
 Se trata de una guía completísima, casi me atrevería a afirmar que definitiva (en español), sobre la productora.

Si lo queréis conseguir no dudéis en visitar los siguientes enlaces




Y para los coleccionistas …





Presa mortal ( 1987, David A. Prior) Deadly Prey


Un grupo de mercenarios secuestran y dan caza a sus víctimas como método de entrenamiento. Pero en esta ocasión han dado con el tipo equivocado. Mike Danton fue el mejor del grupo de las Fuerzas Especiales y se lo hará pagar muy caro. 




¡Madredelamorhermoso! Ni de lejos he visto todos los subproductos surgidos a raíz del éxito de Acorralado (1982), pero sólo os digo una cosa, Desaparecido en combate (1984) es una puta obra maestra comparada con la película que nos ocupa. Aunque esto no es malo per se, porque Presa mortal ocupa un lugar destacadísimo en el templo de la cutrez, en el de la comedia involuntaria o en el del horror innominable que con tanto acierto trató de plasmar Lovecraft en sus escritos. Sí, amigos, Presa mortal sería  el Cthulhu de las explotations de Rambo. Una Serie Z genuinamente abominable para uso y disfrute de las entidades más friquis del universo cinéfilo. Uséase, nosotros. 
 
Perpetrada por David Prior (Entrenamiento mortal, Fuerza futura) - otro candidato a destronar al mismísimo Ed Wood como peor director de la historia -  y protagonizada por su inefable hermano Ted Prior (colaborarían en varias ocasiones) en el papel de Mike Danton, un trasunto de Rambo en versión churretosa, la película narra las vicisitudes de un grupo de mercenarios que secuestran al pringao de turno para liberarlo en un bosque y luego darle caza. Esta línea argumental bien puede recordar a la clásica El malvado Zaroff (1932) (que tantas veces se repetiría en cientos de títulos de acción como Perseguido, Blanco Humano y etcétera), pero claro,  secuestran al hombre equivocado y es él el que comenzará a dar caza a sus perseguidores. He aquí la conexión con Acorralado.  Bueno, esa y que el protagonista también se gasta una melenilla a lo John Rambo y está “to mazas” el tío. 


Vale, ya sabéis de que va el tema. Lo difícil de entender es cómo un argumento tan simple da lugar a una sucesión de actuaciones a cada cual peor, de muertes a cada cual más cutre o de situaciones a cada cual más inverosímil. De los diálogos o de los efectos especiales ya os podéis imaginar: una mierda supina acompañada por una música igualmente aberrante. También es difícil explicar tal cúmulo de despropósitos porque la película entera es un despropósito. Pero voy a comentar algunos que se me ocurran sobre la marcha. Por ejemplo, si Mike Danton es el mejor de las fuerzas especiales, ¿cómo es posible que lo capturen de forma tan ridícula? Los mercenarios tienen montada una base militar con camiones, tanques, un ejército de la hostia… ¡a varios kilómetros de la ciudad! ¡Y no se entera ni Dios de su existencia! Mike Danton tiene un arsenal que va recogiendo de sus enemigos muertos, pero sólo necesita su cuchillo para acercarse por detrás y liquidarlos uno a uno. Las caras de loco del protagonista son la repanocha, a destacar el momento en que emerge del suelo. Sin duda, la mejor escena de toda la película es cuando Danton, después de, no se sabe como, esquivar varios disparos a bocajarro de su enemigo final, le cercena el brazo de un machetazo  para aporrearle la cabeza con el miembro recién amputado y posteriormente arrancarle la cabellera mientras emite un grito desgarrador. ¡Acojonante! 

 

 Pues nada, que el descojone está asegurado. Una pega es que se hace demasiado larga. Y es que 88 minutos aguantando una sucesión de gilipolleces se hacen cuesta arriba cuando algunas de ellas no hacen un pijo de gracia. Pero, vamos, que escenas memorables parar partirse el eje acapara un buen puñado. No en vano es una película de culto reivindicada por los fans del despropósito, y es que ya sabemos que hay películas que de lo malas que son, resultan buenas.Os recomiendo ver el vídeo que adjunto, en él queda resumida perfectamente la película y muestra las escenas más desopilantes.

   

En el momento que escribo estas líneas me entero de que en 2013 se ha rodado una secuela con el título de Deadliest Prey dirigida y protagonizada… ¡sí!, por los hermanos Prior. ¡Que Dios nos coja confesados!


TRAILER Y MEJORES ESCENAS




Retroceder nunca, rendirse jamás (1986, Corey Yuen) No Retreat, No Surrender.

Jason entrena Karate en Los Angeles con su padre, Tom Stillwell. Una noche, miembros de la mafia irrumpen en el "dojo" y tratan de presionarle para que se lo venda. Ante la negativa, Tom es atacado por uno de los matones, Ivan Kraschinsky, y resulta herido gravemente en su pierna. Deciden entonces mudarse a Seattle para empezar una nueva vida, pero Jason no podrá rehuir los problemas y un día, cuando pide ayuda al mismísimo Bruce Lee frente a su tumba, obrará el milagro ...

Ni retirada, ni rendición

Cachis la mar. Mientras veo esta película no puedo dejar de gritarme, ¡vivan los ochenta! Sí, amigos. ¿En qué década rodaron películas plagadas de despropósitos, excesos y chorradillas, pero resultando al mismo tiempo entretenidas y divertidas? Exacto, ¡en los ochenta! Y Retroceder nunca, rendirse jamás es un ejemplo perfecto de esto. Como habréis supuesto leyendo la sinopsis, sigue el esquema propuesto por Karate Kid (1984) casi a pies juntillas: chaval karateca que se muda a otra ciudad y recibe palos por todos los lados conoce a maestro que lo convertirá en el mejor mamporrero cuya valía demostrará en un combate final. Otro ejemplo que me viene a la memoria es Karate Kimura (1987), pero claro, a raíz del éxito de Karate Kid las copias se multiplicaron como setas. Otra fuente de la que bebe directamente es de Rocky IV (1985) por ese enfrentamiento final entre el estadounidense y el ruso. Ya veis cómo queda plasmada en la carátula del VHS la confrontación EEUU/ URSS, aunque en este caso se obvia el discurso final. Aquí se presenta al ruso como un hijo de puta y punto. Y sí, las escenas del entrenamiento serán la hostia e irán acompañadas por una música molona 100%.

Dirigida por Corey Yuen,  un veterano del cine de artes marciales,  Retroceder nunca, rendirse jamás resulta tan excesiva y maniquea tanto en situaciones como en personajes que parece una parodia del subgénero. Pero claro, no lo es, al menos voluntariamente. Del padre de Jason nos queda claro que a raíz de su conflicto rechazará toda pelea, a esta conclusión llega cuando está postrado en la cama del hospital y mediante un primer plano de su jeta y una desopilante voz en off nos cuenta que deben pirarse para no poner en peligro a su familia; ésta motivación no la dejará de repetir a su hijo durante toda la película de manera incesante: pelear es malo, pelear es malo, pelear es malo y etcétera. Jason, por el contrario, es el fan “number one” de Bruce Lee: posters, libros, aparatos… El chaval tiene el kit completo del Dragón y no deja de visitar su tumba; hecho decisivo para que el propio Lee se materialice y sea quien lo convierta en una máquina de matar por medio de un entrenamiento tortuoso a más no poder. El actor que interpreta a Bruce Lee (Tai Chung Kim) es el mismo que lo interpretó en Juego con la muerte (1978), y nos ofrece un despliegue de tics y chascarrillos propios del difunto fundador del Jeet Kune Do. Luego tenemos a R.J, el coleguilla negro que Jason conoce al llegar a Seattle, tremendo personaje que tanto juega al baloncesto como baila Break Dance o imita a Michael Jackson al tiempo que ayuda a Jason en sus progresos. Flipante la escena en la que, mientras Jason hace unas flexiones muy raras, este permanece sentado encima de sus partes nobles jalándose un helado y gesticulando de placer (no se sabe si por comer el helado o por otra cosa).

 
 
Los malos son la repanocha. El mafiosete es la encarnación del mal, sólo le faltan dos cuernos y cola para ser Satán. Tremendísimas frases durante el combate final cuando micro en mano suelta perlas como “esa impresionante máquina aniquiladora”, refiriéndose a Kraschinsky, o “que empiece la destrucción", para dar paso al combate. Mención aparte merece Juan Claudio en el papel de Ivan Kraschinsky. Su primer papel importante, aunque sea secundario, y que sin duda le abrió el camino para protagonizar las películas que todos conocemos: Contacto sangriento, Kickboxer, etc. De su actuación poco hay que hablar, todo el mundo conoce sus caretos legendarios y demás, sólo decir que aquí hace de malo malote bastante bien y que las coreografías de artes marciales me parecen bastante buenas y mucho más realistas (no es broma) que la mayoría de sus películas. Digamos que en ciertos momentos uno duda que no se les haya escapado algún golpe. Imperdible el momento de su entrada en el ring secundado por ocho gorilas que gritan al unísono: “Uh, uh, uh, uh”. Cuando Van Damme se hizo famosete, la película se promocionó como si hubiese sido protagonizada por él, pero no.

El resto de reparto secundario resulta bastante indiferente, la novieta de Jason, Kelly Reilly (Kathie Sileno), cuando no directamente irrisorio, como el gordo de Scott o el capullo que pretende a la novia de Jason (de cuyo nombre no quiero acordarme). El hermano de Kelly, el campeón de karate Frank Peters, es Peter Cunningham, un verdadero campeón retirado de Kick Boxing del que queda claro que lo suyo no es la actuación.

 
 

La verdad es que uno se lo pasa muy bien revisionandola, y quien no la haya visto, sabiendo ante lo que se encuentra, probablemente la disfrutará en compañía de unos coleguillas con ganas de cachondeo. Es lo mejor que se puede decir de este película, que divierte, que entretiene, lo cual hoy no es poco, que retrotrae a la infancia y que resume a  la perfección todos los excesos de las películas más delirantes de los ochenta. Las cifras en taquilla fueron bastante buenas teniendo en cuenta que con un presupuesto de 400.000 dólares se recaudaron más de 4.600.000 y las secuelas (al parecer un porrón de ellas) no se hicieron esperar.




Ficha técnica y artística

TRAILER


ENTRENAMIENTO



Terminator (1984, James Cameron) The Terminator






En el año 2029, después de devastar la Tierra y esclavizar a la humanidad, las máquinas, gobernadas por la inteligencia artificial conocida como Skynet, están a punto de perder la guerra contra la resistencia humana liderada por John Connor . Frente a esa situación, las máquinas entienden que asesinar a John Connor en el presente, sería irrelevante, dado que ya ha conducido a la resistencia humana del mundo entero a la victoria. Por lo tanto, Skynet elabora su estrategia decidiendo eliminar al líder enemigo antes de que éste nazca, de modo que no pueda cumplirse su misión de conducción futura. Para ello envía al pasado (año 1984) a un Terminator T-800 modelo Cyberdyne 101, un cíborg asesino (Arnold Schwarzenegger), a través de una máquina del tiempo, con la misión de exterminar a Sarah Connor (Linda Hamilton), madre de John, antes de que éste sea concebido.Enterados del plan para asesinar a la mujer que dará a luz al único hombre capaz de salvar a la humanidad, la resistencia también consigue acceder a la máquina del tiempo y logra enviar a un soldado humano, Kyle Reese (Michael Biehn), con la misión de protegerla.



Volveré (T-800)
    


 John Connor me dio una fotografía tuya. Entonces no supe por qué. Era muy vieja, rota, descolorida. Eras joven, como ahora, pero parecías un poco triste. Siempre me pregunté lo que estarías pensando. Memoricé cada rasgo, cada curva… atravesé el tiempo por ti, Sarah. Te quiero, desde siempre (Kyle Reese)


 De la pesadilla febril de un joven surgió un robot envuelto en llamas. El joven de veintiocho años, un tal James Cameron que había trabajado como factótum en la New World Pictures de Roger Corman, dormitaba enfermo de gripe en el camastro de un hotelucho de muerte situado en Roma. Las circunstancias que lo habían impulsado a visitar la capital itálica no fueron otras que ver el montaje de la infame Piraña II (1981),  engendro en el que, pese a su negativa, figuraría como director aún habiendo sido defenestrado por el maquiavélico productor Ovidio Assonitis tras cinco días de infernal rodaje. El productor griego afincado en Roma, como en otras ocasiones, había conseguido lo que quería: un nombre americano que figurase como director para que la película tuviese gancho comercial (y visto hoy día, vaya si acertó). El resultado de ese efímero debut rodado en Jamaica es una película cutre y casposa, finalizada realmente por el propio Assonitis, donde la supuesta secuela de la de Joe Dante sólo es una excusa para que pirañas de plástico ataquen a chicas bonitas que posan ligeras de ropa en la cubierta de un yate. Toda una losa en la carrera de un Cameron hundido tras visualizar semejante patraña, anunciada a bombo y platillo como suya, de la que no fue responsable. Pero como una visión elegiaca, la imagen del robot cromado ungido en fuego transmuta en la del ave fénix resurgiendo de sus cenizas: una carrera cinematográfica que podría haber sido truncada, tan injusta como prematuramente, por la falta de escrúpulos de un productor, pero que, a la postre, resultó una de las más exitosas e influyentes de la industria cinematográfica.


De regreso a Los Angeles, con el robot asesino grabado en su cerebro y una determinación férrea para resarcirse y demostrar su valía, comenzó a escribir el guión de Terminador. Cameron tenía muy claro los parámetros por los que se regiría su historia. En primer lugar iba a ser una película de bajo presupuesto, y para eso, aparte de su experiencia en la productora de Corman , tomó como modelo una de las películas más exitosas de serie B de la historia : Halloween (1987) de John Carpenter, una película que con 300.000 dólares de presupuesto había recaudado 47 millones. Por otro lado, parece que Cameron volcó parte de su experiencia vital e inquietudes que le acompañaron desde la infancia: Serie B, literatura (Harlan Ellison se querelló contra Cameron por la similitud de algunos de los presupuestos de la película con sus relatos) y cine de ciencia ficción (2001: Odisea en el espacio le causó una honda impresión), pasión por la ciencia y la tecnología, y el paisaje industrial (central eléctrica y papelera) de su kapuskasing (Ontario) natal. Un primer borrador de 48 páginas escrito por el propio Cameron fue ampliado a otro borrador ampliado de 122 por Gale Anne Hurd (que sería pareja de Cameron), quien escribiría el guión definitivo, y otro amigo de Cameron, William Wisher, ayudó con algunos diálogos. Cameron y Hurd hicieron un pacto: él vendía los derechos de Terminador a Pacific Western Productions (nueva productora creada por la misma Hurd) y ella le aseguraba la dirección de la película independientemente del estudio con que firmara. Finalmente la producción fue cosa de Hemdale, Orion se encargó de la distribución y HBO se quedó los derechos para la televisión. Comenzaba la búsqueda del exterminador.



 Lance Henriksen fue considerado como primer candidato (una vez descartado interpretó al policía que se encarga de los asesinatos de la guía telefónica), O.J. Simpson fue propuesto por Orion y Cameron había pensado en Jürgen Prochnowm, pero tras el éxito de Conan el Bárbaro (1982, John Milius) un nombre sonaba fuerte: Arnold Schwarzenegger. Lo paradójico de la situación es que, en principio, fue considerado para encarnar a Kyle Reese. Cameron era bastante escéptico en cuanto a la elección del austriaco, pero la película de Milius le había gustado y concertó una cita en un restaurante alemán. Cameron cuenta que Schwarzenegger le había sorprendido. No sólo era simpático y educado, sino que se mostró entusiasmado por el proyecto y aportó ideas propias sobre el personaje del T-800 (que caminase sin mover los hombros o el hecho de recargar las armas sin mirar, entre otras). Pero lo que cautivó a Cameron fue la estructura ósea de su impresionante rostro. No había duda. Arnold Schwarzenegger no debía interpretar a Kyle Reese sino al T-800.

 
 
Para el papel de Sarah Connor se habían barajado los nombres de Jennifer Jason Leigh y Rosana Arquette, pero Linda Hamilton, con una apariencia delicada y una belleza imperfecta, fue la elegida para interpretar a una heroína que transformaría su fragilidad en fortaleza. Pese a las reticencias iniciales (un nada atractivo debut de un desconocido James Cameron) y  tras una primera prueba fallida, Michale Biehn encarnaría al sargento Kyle Reese (a pesar de que el mismísimo Sting hubiese sido considerado para el papel). Con el reparto completo surgió un problema: Schwarzenegger estaba sujeto a un contrato que le obligaba a interpretar por segunda vez al bárbaro cimerio (Conan el Destructor, 1984), por lo que el rodaje se retrasó nueve meses los cuales aprovecharon para trabajar más la pre- producción. El rodaje comenzó en marzo de 1984, en Los Angeles. Ambos, Hamilton y Biehn, lo recuerdan como una experiencia muy dura. Además de malos olores, calor extremo y humedad, Cameron era muy exigente y los llevó al límite tanto física como psicológicamente. En este aspecto, Linda Hamilton tuvo que lidiar con una rotura de tobillo y ligamentos causada por un accidente poco antes, por lo que la dureza se vio incrementada más si cabe.

En el apartado de los efectos especiales, pese a no ser prodigiosos debido al escaso presupuesto, destaca el nombre del ganador de cuatro Oscars, Stan Winston. Un trabajo artesanal basado en maquetas, miniaturas, y moldes de escayola. Son unos efectos que, hoy día, cantan a leguas, pero muy meritorios a tenor de los medios disponibles y muy disfrutables por los nostálgicos. La música corre a cargo de Brad Fiedel, quien mediante el uso de sintetizadores, instrumentos electrónicos y percusión potencia la atmósfera de pesadilla tecnológica y el empleo del tempo acelerado en las persecuciones marca un ritmo trepidante. También cabe destacar un tema principal que repetiría, de forma mejorada, en Terminator II (1991).



 Ya desde el inicio queda claro el carácter antagónico de los protagonistas. Mientras Kyle Reese rebota contra el suelo, como si hubiese caído de varios pisos de altura, y  sufre las dolorosas consecuencias del viaje temporal, el T-800 se materializa plácidamente arrodillado y su rostro impasible no denota sentimiento ajeno a una calma, dado el contraste, perturbadora. Su cuerpo es imponente, una mole perfecta de puro músculo que al igual que una apisonadora arrolla con todo para alcanzar su objetivo; a este respecto es muy significativo el enfrentamiento con los tres punkis a los que reclama su vestimenta: una mortal y fugaz confrontación en la que a uno de ellos le arranca el corazón con sus propias manos. Reese, por su parte, es acorralado por la policía  a las primeras de cambio. Queda muy clara la debilidad del humano en contraste con la fortaleza de la máquina asesina e implacable a la que se enfrenta. Reese es débil en comparación a la máquina, pero su temperamento, forjado en la crudeza de la guerra y en los desoladores campos de trabajo, es fuerte; por el contrario, Sarah, es una joven ingenua que se verá desbordada por lo abismal de la situación: no sólo por la lucha directa por su supervivencia, sino porque el futuro de la sociedad dependerá del nacimiento de un hijo aún no engendrado.

 
 

El futuro lo conocemos a través de los recuerdos de Reese, quien nos muestra una sociedad asolada por el holocausto nuclear entre cuyos despojos observamos la omnipresencia de las máquinas y su poder destructor para con los supervivientes. Lo interesante de este punto es que Cameron parece querer indicar, con su ambiente opresivo, oscuro (casi toda la acción transcurre de noche) y sucio, y sus constantes referencias industriales y tecnológicas (máquinas de trabajo, televisiones, walkman,  fábrica), que el presente en el que desarrolla la acción no está muy lejos de ese futuro apocalíptico. A este respecto no se pueden obviar esas constantes persecuciones en moto, coche o camión - para las que Cameron tomó como influencia Driver (1978, Walter Hill) y Mad Max 2 (1981, George Millar) – en las que esa máquina inmisericorde e implacable acosa sin tregua a Sarah y a Reese, y la que una vez despojada de su envoltorio humano (piel, sangre y músculos humanos) se nos presenta como un esqueleto metálico de despiadada sonrisa (la pesadilla de Cameron hecha realidad): la fusión total entre la máquina y el hombre. Un dato tan curioso como significativo es el nombre del local en el que trata de dar caza, por primera vez, a Sarah: TechNoir. Cameron eligió este nombre como un chiste ante las posibles etiquetas que recibiría su película por parte de los críticos: una película de cine negro tecnológica


 

 Aunque Terminator es mucho más que eso. Es una película de acción, de ciencia ficción con ligeros toques de terror en la que tiene cabida una historia de amor y que presenta varias lecturas. No sólo la vertiente más lúdica sino una más profunda en la que se puede reflexionar sobre la influencia de la tecnología en la sociedad, las paradojas espacio temporales e incluso claras alusiones mesiánicas. El resultado final me parece impresionante. Una película tan comercial como de culto y que con un presupuesto de 6.400.000 dólares superó los 38, un margen de beneficio que aunque no superó el de la citada Halloween, sí fue espectacular. Debido al éxito el caché de Schwarzenegger se dobló y Cameron pudo resarcirse de la película que originó su pesadilla además de abrirle la puerta a una lluvia de oportunidades que, como todos sabéis, aprovechó a la perfección encumbrándose como uno de los directores de cine fantástico y de acción más talentosos y comerciales de los ochenta y mitad de los noventa.

Una curiosidad para terminar. En una escena final que Cameron no incluyó se veía que la fábrica donde se libra la lucha final se llama Cyberdine Systems, además, un hombre recogía un chip informático que se había desprendido del endoesqueleto del T-800. ¿Os suena de algo? ¿Segundas partes nunca fueron buenas?



TRAILER