Presentación

Amantes de mundos fantásticos, bisoños aventureros en busca de tesoros, criaturas de la noche, princesas estudiantiles y fanáticos de cachas de postín, ¡sed bienvenidos!. Invitados quedáis a rebuscar en mi colección de VHS, acomodar vuestras posaderas en una mullida butaca, darle al play, y disfrutar de lo bueno, lo malo y lo peor que dio una década.

ADVERTENCIA: Aquí no se escribe crítica cinematográfica (ni se pretende). Las reseñas son altamente subjetivas y el único objetivo es aprender y disfrutar del cine y, por supuesto, de vuestros comentarios.

La justicia del ninja (1981, Mehanem Golan) Enter The Ninja

 Después de completar su formación como ninja, Cole (Franco Nero) recibe un angustioso telegrama de su amigo Frank (Alex Courtney), pidiéndole que vaya a Filipinas para que le ayude con un grave problema. Tanto él como su esposa están siendo acosados por un grupo de matones. Cole tendrá que emplearse a fondo y más cuando sepa la verdadera naturaleza de su rival. (http://www.filmaffinity.com/es/film607713.html)



 La justicia del ninja supone la primera muestra del subgénero ninja en occidente. Claro que hay precedentes en mostrarnos a los guerreros nipones enmascarados (Sólo se muere dos veces, Los aristócratas del crimen), y en oriente su figura en el séptimo arte fue siempre usual, pero la primera película occidental centrada en el ninja es La justicia del ninja. Una semilla que provocó la proliferación de películas como la trilogía que inicia la que nos ocupa (formada por La justicia del ninja, La venganza del ninja y Ninja 3: la dominación), o la más conocida saga de El guerrero americano (cinco partes en total). La mítica productora Cannon fue la encargada de parir estos productos, pero ,en general, el campo abierto fue caldo de cultivo de las más variopintas productoras que gestaron multitud de películas de serie B y Z.


La idea surge del artista marcial Mike Stone. Él fue quien escribió la historia que dio lugar a La justicia del ninja. A Menahem Golan (jefazo de la Cannon junto con su primo Yoram Globus, además de director) le gustó la idea, pero no quedó conforme con que la protagonizase el propio Stone. Con la idea de obtener beneficios siempre en mente, relegó a Stone al puesto de especialista y contrató a una de las estrellas más rutilantes del spaguetti western, nada más y nada menos que a Franco Nero (Django). Nero fue acompañado por la sensual Susan George (Perros de paja) y de un desconocido Sho Kosugi, quien a partir de esta película se convertiría en un actor fetiche de producciones similares. El rodaje transcurrió en filipinas por motivos económicos, y en su capital , Manila, es donde transcurre la acción.



 



El inicio es trepidante y constituye los mejores doce minutos de toda la película (una secuencia que posteriormente sería copiada hasta la saciedad). Asistimos a una lucha sin cuartel entre un ninja blanco que es perseguido y acosado por un ninja negro y un séquito de ninjas rojos. Todo un despliegue de piruetas, golpes, artimañas y artificios varios a ritmo de música tribal que culminan con la decapitación de un anciano. Entonces descubrimos que se trataba de una prueba para que el ninja blanco (Cole/Nero) obtuviese el grado de maestro ninja. Este logro es festejado por sus compañeros y maestro ante la envidia del ninja negro (Hasegawa/ Kosugi), quien reniega de esta decisión y se convertirá en su enemigo. Cole viaja a Manila porque su mejor amigo le pide ayuda. Allí descubre que él y su mujer (Susan George) son víctimas de la extorsión de un grupo de mafiosos, así que Cole no dudará en emplear sus técnicas ninjitsu para ayudarles. A partir de este punto es cuando la película decae al no soportar el nivel de sus primeros minutos. Se deja ver y tiene su punto entrañable, pero lo que prometía ser una película de acción sin contemplaciones se ve rota por una serie de incursiones ridículas e innecesarias en el terreno cómico al más puro estilo Bud Spencer y Terence Hill. Las peleas son descuidadas, los malos chapuceros y caricaturescos (con el mariposón de Venarius en cabeza) y los efectos de sonido van encaminados a potenciar ese elemento cómico. Asimismo, el romance entre Mary Ann (Susan George) y Cole, también me parece que sobra, pero bueno, supongo que Golan quedó encantado con su actuación en Perros de paja y quiso aprovechar sus atributos. Tampoco ayuda mucho un guión con flashbacks gratuitos que nos muestran a los dos amigos en la guerra, situaciones inverosímiles como la forma en que encuentran el informe del terreno o la película de Hasegawa, o el hecho de que el único modo de cargase a Cole sea contratar a otro ninja (ningún arma podrá acabar con él amigos, sólo otrs ninja) y que encima este sea Hasegawa. Pero bueno, cosas peores hemos visto en los lares del señor.

 

Es en el tramo final donde la cosa mejora, porque si Cole se muestra invencible, ¿a quién van a recurrir los mafiosos para derrotarle? En efecto, al ninja negro. Cuando Hasegawa reaparece la acción resurge y la seriedad con la que tenía que haber sido enfocada la película se hace manifiesta. No es de extrañar que en las siguientes partes Sho Kosugi interpretase al protagonista. Hasegawa constituye la verdadera Némesis de Cole. Un ninja frío y despiadado, muy alejado del papel repleto de chascarrillos de un Nero que ni siquiera sabe artes marciales (en esto me recuerda a Dudikoff, quien , por cierto, tiene un papel no acreditado interpretando a uno de los hombres de Venarius). Hasegawa no dudará en liquidar al mejor amigo de Cole y a cometer una masacre en su territorio con tal de enfrentarse en un combate final como colofón a su rivalidad. Combate librado en un ring de peleas de gallos, guiño a la encarnizada lucha que se va a librar.


Vista en perspectiva, La justicia del ninja es una película sencillamente pasable, pero amerita el ser la primera en su especie y la que impuso la moda ninja que alcanzó su apogeo con la saga de El guerrero americano (de la que sin duda sirvió de base). Sólo por eso merece una oportunidad.



TRAILER


Cazafantasmas II (1989, Ivan Reitman) Ghostbusters II



Han pasado cinco años desde que los Cazafantasmas entraron por última vez en acción. El doctor Peter Venkman, notable parapsicólogo de persuasivos encantos, ha quedado relegado a maestro de ceremonias de un programa de televisión donde se discuten fenómenos psíquicos. Ray Stantz y su colega Winston Zeddemore se ganan la vida entreteniendo a niños en fiestas infantiles, y el mago tecnológico Egon Spengler continúa sus investigaciones sobre los efectos de las emociones humanas en el campo de energía psicomagnética … (http://www.filmaffinity.com/es/film938328.html)


Yo, Vigo, el azote de los Cárpatos, la tristeza de Moldavia, te lo mando. En un monte de calaveras en el Castillo del Dolor yo me sentaba en un trono de sangre. Lo que era, volverá a ser, lo que es, dejará de ser. Ahora empieza la era de la maldad

Algo raro sucede en Nueva York.  La extraña viscosidad rosa que emerge del pavimento parece alentar el odio que los neoyorquinos sienten unos por otros, mientras,  Dana Barrett (Sigourney Weaver), contempla atónita cómo el carricoche de su pequeño hijo Óscar se desplaza solo hasta el centro de la carretera. Sin duda es un campo abonado para Los Cazafantasmas, pero muchas cosas han cambiado desde que nuestros héroes vencieran, épico combate mediante, al dios sumerio Gozer. La popularidad de entonces se arrastra por los suelos, no hay registros de actividad fantasmal, y para sobrevivir han de desempeñar labores muy alejadas del exterminio espiritual: Ray Stantz (Dan Aykroyd) regenta la librería de ocultismo Ray´s Ocult Books al tiempo que anima fiestas de cumpleaños junto con Winston Zeddemore (Ernie Hudson); Peter Venkman (Bill Murray) pelea con la  variopinta fauna invitada al horrible programa de televisión que presenta, El Mundo Psíquico; y Egon Spengler (Harold Ramis) se dedica al campo de la investigación. Por si esto fuese poco, Dana y Venkman ya no salen juntos, y esta ha tenido un hijo fruto de un matrimonio fallido. Pero el extraño suceso que ha experimentado Dana abre la puerta para que el grupo se vuelva a reunir.



Cinco años después del éxito de Cazafantasmas (1984, Ivan Reitman) se estrenó esta secuela que si bien generó ingentes beneficios - 215 millones de dólares no están nada mal, aunque sea una cifra algo alejada de los 291 de la original - no logró encandilar al público del mismo modo que la primera. Y eso que, en líneas generales, se apostó por un equipo ganador. Repitió Reitman dirección y Ramis y Aykroyd en el guión. No falló ningún actor del elenco principal y las nuevas incorporaciones también son muy acertadas. Además, se mejoraron considerablemente los efectos especiales y visuales - en cinco años la técnica evolucionó considerablemente-. Quizás las sustituciones de Elmer Bernstein por Randy Edelman en el apartado musical, y de John de Cuir por Tom Duffield en la dirección artística se notan en cuanto al descenso de calidad, pero esto no supone en modo alguno lastre de considerable importancia. A esto hay que añadirle un presupuesto de 37 millones de dólares, cinco millones más que en 1984. ¿Y si en lo sustancial Cazafantasmas II lo tenía todo volver a conectar con el público, por qué no lo hizo?



Quiero que quede claro que las críticas cinematográficas me suelen importar un pimiento. Si una película me gusta pues me gusta y punto. No me dejo condicionar por opiniones ajenas (aunque se pueda aprender mucho de estas). Pero en esta ocasión coincido con ese sentir general de que esta secuela no me llena como la anterior. Y no me malinterpretéis, Cazafantasmas 2 me parece divertida y entretenida, con situaciones francamente buenas, pero cae en el gran error de tratar de repetir la misma estructura de la anterior. Y es que da la sensación de que uno ya ha visto esta película, concretamente bajo el nombre de Cazafantasmas. El fallo fundamental, por tanto , es el guión. Ramis y Aykroyd no arriesgaron lo suficiente y se contentaron con tratar de emular la misma fórmula de éxito que resultó cinco años atrás. Quizás mucho tenga que ver que ellos mismo eran reacios a escribir una continuación, pero , sea como fuera, esa repetición mató la magia original. Todo nos remite al principio: Dana pide ayuda a Los Cazafantasmas; Los Cazafantasmas están acabados, pero vuelven a empezar; Dana y Veckman han roto, así que vuelven a salir juntos; Dana tiene un pretendiente plomo que caerá bajo el influjo del mal, ahora es Janosh en lugar de Louis Tully; el ayudante del alcalde les hace la puñeta en sustitución del odioso funcionario medioambiental Walter Peck; el alcalde, en principio reticente, terminará por confiar en ellos; si el edificio donde vivía Dana era una antena receptora de fantasmas , ahora es el río de mocos rosas el que se concentra en el museo donde trabaja; en la parte final los fantasmas se desatan; La Estatua de la Libertad camina por Nueva York en lugar del malvavisco gigante; por último, lucha final contra Gozer, digo , Vigo el Cárpato; Los Cazafantasmas vencen y la gente vitorea y festeja ¡Por Crom! ¡Si es que es prácticamente igual! 



Y es que las pequeñas novedades que se introducen en la trama no cambian lo sustancial de una historia que se repite. Ni que Dana haya tenido un hijo con otro hombre, ni que haya roto con Veckman, ni el romance entre Louis y Janine (Annie Potts) ayudan de nada a la trama. Eso por no hablar de ciertas licencias que debemos dejar pasar, haciéndonos ligeramente los tontos, para poder disfrutar de la historia. Para empezar, que sea precisamente el hijo de Dana el que se vea desplazado hacia el centro del río de mocos es un recurso fácil para que esta acuda a los Cazafantasmas,  porque resulta que Vigo no sabe de la existencia de este hasta que Janosh se lo dice. ¡Menuda casualidad! Otra casualidad es que Dana sea restauradora en el Museo de Arte de Manhattan. ¡Vamos a ver! ¡En la primera parte la tía es una música que toca nada menos para la Orquesta de Nueva York y ahora es restauradora de cuadros en el Museo de Manhattan! ¡Ni Leonardo Da Vinci, amigos! Total, que el guión aparte de repetitivo es endeble. Una continuación hubiese demandado dosis de atrevimiento y creatividad,  labor por las que entonces, Ramis y Aykroyd, no estaban.




Pero no quisiera terminar sin señalar nada positivo, no sea que el río de mocos rosa emerja por las bañera alimentado por mi negatividad y me llene la casa de fantasmas. Ya he dicho antes que Cazafantasmas II me parece divertida y entretenida. Ahora, a pesar de los palos que le he dado, también digo que me gusta. Lo que ocurre es que porque me guste y considere que es una película con la que puedo pasar un rato agradable, no quiere decir que no me defraude en parte y sea capaz de señalar lo que considero carencias. Pero virtudes también tiene. Los actores principales, a excepción de Hudson - lo siento, pero no puedo con él, y vuelvo a decir que para mí, Louis Tully (Rick Moranis) siempre será el cuarto caza fantasmas - , están pletóricos, con un Bill Murray desatado como maestro de ceremonias. Las nuevas incorporaciones me parecen muy acertadas. Por un lado tenemos a un fantástico Peter McNicol (El dragón del lago de fuego, y la archiconocidísima serie Ally McBeal), en el descacharrante papel de director de restauración del Museo de Arte de Manhattan, y por otro al terrorífico Wilhelm von Homburg (La jungla de cristal, En la boca del miedo) en la piel del malo malísimo Vigo el Cárpato, un poderoso mago del siglo dieciséis cuyo espíritu se haya atrapado en un cuadro del Museo de Manhattan. Quizás sea Vigo el mayor acierto de la película. Un malo icónico cargado de frases épicas que difícilmente escapará de nuestra memoria. De hecho, las partes que más me gustan de la trama son las relativas a estos dos personajes. Lo efectos especiales y visuales están cuidadísimos. Destacan las escenas de Vigo dentro del cuadro, la lucha en el juzgado contra los hermanos Scoleri, la de Janosh en plan niñera surcando los aires, o la invasión fantasmal plagada de las más variopintas entidades; desde dinosaurios hasta el Titanic. En el apartado musical destaca la canción On Our Own que ganó el premio a la mejor canción en los BMI Film and TV Awards. 



 Ficha técnica y artística

TRAILER


Si os gustó esta entrada ...








Juegos de guerra (1983, John Badham) War Games





David es un experto informático capaz de saltarse los más avanzados sistemas de seguridad y de descifrar los más herméticos códigos secretos. Pero su juego se complica cuando involuntariamente conecta su ordenador al del Departamento de Defensa americano, encargado del sistema de defensa nuclear. Desencadena así una situación de peligro difícilmente controlable. Con la ayuda de su novia y de otro informático genial intentará, en una carrera contrarreloj, evitar la Tercera Guerra Mundial. (http://www.filmaffinity.com/es/film553168.html)
 

Extraño juego. El único movimiento para ganar es no jugar.



Lección de historia relámpago: Los ochenta (menuda sorpresa, ¿verdad?), Capitalismo, Estados Unidos, Comunismo, Unión soviética, Guerra Fría. Fin de la clase (lo bueno, si es breve, dos veces bueno).

El temor permanente, y claramente fundado, de que aconteciese la Tercera Guerra Mundial fue un hecho inscrito a fuego en el pensamiento de los millones de habitantes de las sociedades civilizadas desde el término de la Segunda Guerra Mundial; y ya lo dijo Einstein: la Tercera sería con armas nucleares, la Cuarta con palos y piedras. Ese miedo a una muy factible posibilidad que condenase al género humano a su extinción fue llevado al cine en muchas ocasiones desde las más diversas ópticas.  Así, a nadie se le puede olvidar la imagen del vaquero a lomos de la bomba atómica en ¿Teléfono Rojo? Volamos hacia Moscú (1964) – única y genial incursión de Kubrick en la comedia- , la materialización del terror nuclear sufrido en carnes japonesas de las garras de Godzilla (1954), o la desoladora visión rusa mostrada en Cartas de un hombre muerto (1986).

 Queda claro que la película de John Badham (Fiebre del sábado noche, Drácula, Cortocircuito, Trueno Azul) no presenta ningún tema original, pero sí lo es en cuanto a las novedades que introduce y que le diferencian de las producciones de similar temática que hasta el momento se habían estrenado. En primer lugar un tono desenfadado en clave de aventura, huyendo del dramatismo acentuado, enfocado al gran público, y más concretamente, de la mano de sus dos protagonistas - el omnipresente Matthew Broderick en la piel de David y la encantadora Ally Sheedy como Jennifer - al público juvenil. En segundo lugar un fuerte componente informático, reflejo por otro lado del auge que experimentaba en aquellos tiempos, que nos advierte de los peligros de la excesiva dependencia tecnológica y de sus extremos: delegar decisiones de importancia capital en programas informáticos. En esto tiene mucho que ver el cuidado guión de Lawrence Lasker y Walter F. Parkes (nominados al Oscar por su trabajo), quienes se documentaron a conciencia y llegaron a establecer amistad con hackers y expertos informáticos, temática que repetirían en Los fisgones (1992). 
 Justo al inicio es cuando se plantea esta segunda cuestión, la de la dependencia tecnológica. Durante un ejercicio simulado del ejército (que los militares ignoran no es real) un 22% de los responsables de girar la llave y freír al demonio ruso no acata la orden de lanzamiento. Son las dudas morales que asaltan a estos hombres (o miedo, o pena, o cobardía…¿quién sabe?) las que caracterizan la impredecibilidad de un comportamiento humano situado en las antípodas de una máquina guiada por unas directrices inexorables. El WOPR es el ordenador creado con la función de ejecutar sin contemplaciones el lanzamiento de misiles nucleares en el caso de un ataque soviético, una máquina supuestamente exenta de errores, pero que, tras su fortuito encuentro con David, un pionero hacker cinematográfico que navega a la caza de videojuegos, desencadena una situación crítica que pone en jaque a las dos superpotencias.
 
  La figura de David, parece estar ligeramente inspirada en la del hacker interpretado por Jeff Bridges en la por entonces revolucionaria Tron (1982), película por todos conocida y que abrió la veda de los videojuegos en el cine. Otra película que siguió su estela, aunque desviándose completamente en un batiburrillo (no por ello carente de encanto) en el que se mezclaban los videojuegos con Star Wars, fue la posterior El último Starfighter (1984).  En cuanto al WOPR, a mí me parecen claras las similitudes con otros superordenadores que lograron desencadenar el horror en el terreno de la ficción: ahí están Skynet en Terminator (1984) y las máquinas de Matrix (1999).

Resulta curioso la forma de enfocar el comportamiento de la inteligencia artificial por entonces. Casi se muestra al WOPR como un artilugio dotado de cierto pensamiento humano, pero cuyos poderes rozan casi la omnipotencia. Y es que en aquella década los ordenadores eran capaces de lograr cualquier cosa, desde enamorarse de su propietario tras absorber el champán derramado sobre sus circuitos (Sueños eléctricos, 1984), hasta crear a una chica perfecta, casi una diosa, dispuesta a cumplir todos los caprichos de un par de desbocados adolescentes (La mujer explosiva, 1985).
 
 Las actuaciones de los protagonistas me parecen muy naturales. Existe una gran química entre ambos y la historia de amor que surge es tan ligera y anecdótica que no desvía un ápice la atención sobre la esencia de la trama. Eso sí, hacen una pareja adorable. Además su aspecto es el de dos adolescentes normales, no el de los modelos que inundan actualmente las películas orientadas a un público juvenil. Otro personaje que me gusta es el de Falken. El difunto John Wood interpretó con mucha clase a un genio retirado del mundo y cuya indeferencia hacia la inminente destrucción mundial le confiere un cariz netamente misantrópico. 
 
 
 Aunque el decorado de la sala de ordenadores costó un millón de dólares y fue el más caro hasta entonces, la película no abusa de efectos especiales ni visuales. Se centra en la aventura que viven los personajes y sólo muestra alguna imagen de las pantallas que no se acerca ni de lejos al despliegue visual de la ya mencionada Tron(1982). Pero si bien resulta sumamente entretenida y fácil de digerir quizás se me atraganta un poco el tramo final por efectista. Los secundarios sobreactúan, hay que aceptar gratuitamente ciertos acontecimientos y alguna innecesaria vuelta de rosca – made in Hollywood - que acrecienta artificiosamente la tensión para culminar con una sala repleta de exultantes militares vitoreando y abrazándose tras alcanzar el siempre consabido final feliz.  En este tramo lo que más me gusta es el juego al tres en raya y su explícita metáfora por medio de la cual el WOPR "aprende" la inutilidad de un juego donde no se puede ganar.
 La película resultó un éxito. Fue nominada a tres Oscar (fotografía, guión y sonido) y con doce millones de presupuesto casi llega a los ochenta de beneficios, además catapultó la carrera de un Matthew Broderick que protagonizaría algunos de los clásicos indiscutibles de los ochenta como Lady Halcón (1985) o Todo en un día (1986)
  
TRAILER


La puerta (1987, Tibor Takács) The Gate



Hubo un tiempo antes de la tierra, antes del sol, de la luz y las estrellas, en que todo era oscuridad y caos. En que los dioses, los dioses olvidados, gobernaban la oscuridad. Pero lo que era de ellos ahora pertenece al mundo de la luz y la sustancia, y los viejos dioses, los verdaderos dueños, están celosos y miran a la humanidad con un odio que es tan ilimitado como las estrellas. Sus planes para la destrucción del hombre son inimaginables. Hay un pasaje entre nuestro mundo físico de luz y de gozo y su mundo espiritual de locura y dolor. Una puerta tras la cual los demonios esperan su ocasión para recuperar lo que es suyo.

  La puerta por la que el Señor de los Demonios hace su entrada, en su afán de conquistar, resulta ser un agujero en el propio patio de la casa de Glen, situada en las afueras, donde está celebrando una fiesta con sus amigos. Movidos por una fuerza de la que son ignorantes, Terry y Glen abren este pasadizo, y si no quieren que la infernal pesadilla que les acosa se convierta en una realidad eterna, deberán encontrar la manera de volver a cerrar la puerta... (Fuente: http://www.filmaffinity.com/es/film732362.html)




Recuerdo con nostalgia aquellos sábados de mi infancia en los que, a media noche, sin más luz que el resplandor del televisor, y agazapado bajo una manta que me cubría hasta la altura de los ojos, contemplaba absorto, siempre con una extraña mezcla de alegría  y miedo, otra de las películas emitidas por Alucine (programa extinto hace tiempo)  de la 2 de Televisión Española. Psicópatas, hombres lobo, vampiros, demonios, fantasmas, monstruos de todo tipo… esas eran las criaturas con las que compartía unas dos horas semanales y que, junto con los personajes de los cómics y las novelas de intriga y terror que devoraba, me proporcionaban una tétrica compañía con la que pululaba como Pedro por su casa.

Fue en una de esas mágicas noches cuando vi por primera vez La Puerta. Imaginaos - por entonces yo contaba con diez u once años - cómo me pudo fascinar una película de terror protagonizada por chicos de una edad próxima a la mía con los que compartía algo más que la edad: el protagonista, un carismático e irreconocible Stephen Dorff, siente asquito por los pijos redomados amigos de su adolescente hermana,   y su colega es un friqui más heavy que una lluvia de hachas (en aquellos tiempos ya me iniciaba en otra de mis futuras pasiones). Si a eso le sumamos invocaciones demoníacas, monstruitos muy cabrones, zombis, apariciones fantasmales, posesiones, un monstrenco final, y, lo mejor de todo, ¡ningún adulto en el 90% de la película!,  ya supondréis que esa noche supuso para mí un descubrimiento fascinante. 

 
 Claro que vista hoy día el engranaje de la máquina chirría: el guión hace aguas por muchas partes, los efectos especiales están desfasadísimos y se nota a leguas la escasez de presupuesto. Pero ,aún y con esas, un nuevo visionado, lejos de proporcionarme ese gran placer original,  me ha hecho pasar un rato divertido y me ha dejado ese agradable regusto que sólo los productos de serie B más genuinos y entrañables consiguen. Porque si Los Goonies es La Película de aventuras infantil y juvenil por excelencia y Una pandilla alucinante es su prima pobre y friqui, La Puerta sería la prima pobre y friqui de Una pandilla alucinante… 

 
 Lo mejor, sin duda alguna, es esa atmósfera que envuelve la película como si de una fantasía puramente infantil se tratara. Sólo por eso hay que perdonarle un guión endeble plagado de agujeros argumentales y de situaciones con poco sentido (a este respecto el culpable sería Michael Nankin, el escritor del guión). Pero esa atmósfera que la sustenta es el mayor acierto de un malogrado Tibor Takács que firma su mejor película (aunque revisando su filmografía no sea este un hecho muy loable). Y es que desde el principio los niños son los únicos conscientes del mal que acecha bajo el agujero, comenzando con la premonitoria pesadilla de Glenn y pasando por las advertencias del disco heavy de Terry. Luego está el hecho de que apenas se vean adultos en todo el metraje. Unos minutos bastan para que sus padres los dejen solos en casa, y de los de Terry para qué hablar. Por otro lado, los adolescentes, Al, la hermana de Glen, y sus amigos, son presentados como unos capullos que el dúo de amigos rechaza sin piedad (imperdibles las contestaciones de Glen a algunos de ellos). Parece que nos encontramos ante una reivindicación de la fantasía que sólo una mente infantil es capaz de albergar. Esa capacidad de ver situaciones prodigiosas y maravillosas en lo mundano o esa ilimitada ansia de aventura sólo puede provenir de la infancia. De hecho, la propia Al acabará abrazando esta visión al dar la espalda a sus amigos y rechazar sus ritos púberes a favor de la ingenua visión infantil encarnada en Glen y en Terry. Además, todos los acontecimientos se desarrollan dentro de la casa o en el jardín, y esta limitación espacial sin prácticamente referencias externas potencia aún más la sensación de pesadilla infantil. En este aspecto también ayuda mucho la inquietante música compuesta por Michael Hoenig y Peter  Robinson así como unos efectos visuales  -deudores del mítico Harryhausen por el constante uso del “stop motion” – a cargo del ganador de tres Oscars, Randall William Cook. 

 
 En el momento de su estreno resultó un éxito. Con un exiguo presupuesto de dos millones y medio de dólares superó los trece y medio. Takács repetiría dirección en su secuela (La Puerta II, 1990), pero en este caso logrando unos escasos resultados tanto artísticos como comerciales.


TRAILER

Si te gustó esta entrada ...

UNA PANDILLA ALUCINANTE

Los Inmortales (1986, Russell Mulcahy) Highlander



 
 Del amanecer de los tiempos venimos, hemos ido apareciendo silenciosamente a través de los siglos hasta completar el número elegido. Hemos vivido en secreto luchando entre nosotros por llegar a la hora del duelo final, cuando los últimos que queden lucharán por el premio. Nadie jamás ha sabido que estábamos entre vosotros...... hasta ahora. Al final sólo puede quedar uno.

  Los inmortales son humanos que solo pueden morir mediante la decapitación y han existido a lo largo de los tiempos. Uno de ellos es Connor Mac Leod, su enemigo es El Kurgan. El destino de los inmortales es combatir entre ellos a muerte para alcanzar el Premio, que obtendrá el vencedor del duelo final (http://es.wikipedia.org/wiki/Highlander_%28pel%C3%ADcula%29)

El público del Madison Square Garden asiste enfervorizado a un combate de lucha libre. Pero no todos los asistentes comparten tal entusiasmo. Russell Nash , un anticuario de Nueva York, vislumbra, entre golpe y golpe de los rabiosos luchadores, vestigios de un pasado remoto que sorprendentemente ha vivido. En realidad, Nash, es Connor Mc Leod, un escocés nacido en 1518, un inmortal que en medio de esa vorágine adrenalínica siente la llamada de otro de su misma ralea y acude a su encuentro para destruirlo del único modo posible: cortándole la cabeza.

Tras la muerte por decapitación de su contrincante, Iman Fasil, en el aparcamiento del estadio, la policía abre una investigación que apunta a Nash como principal sospechoso. A raíz de este acontecimiento asistiremos, por medio de recurrentes flash backs intercalados con la línea argumental de la investigación que transcurre en el presente,  a la verdadera historia de Connor Mac Leud. Su conversión en inmortal, el exilio de su pueblo, la historia de amor con la bella Heather, su entrenamiento de la mano del carismático Juan Ramírez Sanchez Villalobos … hasta una situación actual que amenaza con desvelar su verdadera naturaleza al tiempo que inexorablemente se aproxima el duelo final contra el más feroz e implacable enemigo, El Kurgan, cuya rivalidad no será únicamente debida a su condición de inmortales, sino a una cuestión muy personal...
 
 
Lo que en esencia es el argumento de una película de acción y fantasía repleta de combates, sangre y cabezas cercenadas se ve desbordado por otras líneas argumentales como la nueva historia de amor de Nash con Brenda, y la investigación policial que otorga un toque noir. Estas confluyen en una sola que remite al contenido de los flash backs que, aparte de mostrarnos el pasado del protagonista, nos ofrecen información sobre los inmortales y ahondan en la personalidad de un Connor cuya inmortalidad torna en hiel al descubrir que nunca podrá tener hijos y que asiste impotente (en una bellísima secuencia acompañada por la canción Who wants to live forever, de Queen) a la muerte de Heather, su primer gran amor. 
 
 
 A partir de una historia de Gregory Widen , toma las riendas el director Russell Mulcahy, a quien se nota su procedencia del video clip por una iluminación y unos movimientos de cámara muy efectistas que nos recuerdan de manera inevitable a Tony Scott - de los que ya había dado cuenta en la , para mí, genial, Razorback, los colmillos del infierno (1984) - . La secuencia inicial mediante el revolucionario empleo de una Skycam que gira sobre el Madison Square hasta enfocar a Nash es tremenda. Lo mismo podría decirse de las escenas en que Nash gana el combate, con un vendaval eléctrico que desata una gran explosión. Mulcahy supo imprimir grandes dosis de espectacularidad y un montaje muy ágil acompañado de forma sempiterna por la banda sonora de Queen , perteneciente al disco Kind of Magic. Michael Kamen compuso algunos temas para la banda sonora, pero seamos sinceros, cuando uno piensa en Los Inmortales lo que le viene a la cabeza son unas canciones de Queen que le van como anillo al dedo, potenciando esa estética videoclipera que comentaba al hablar de Mulcahy, un director que en sus inicios apuntaba alto, pero cuya carrera irregular hace que hoy sea uno del montón.

Las actuaciones que más me gustan son las de Chistopher Lambert en el papel de Nash/Connor, que nos ofrece otro personaje icónico después de su Greystoke, la de Sean Connery como Juan Sanchez Ramírez Villalobos, y la del siempre interesante Clancy Brown como El Kurgan. Claro que Lambert es el protagonista absoluto y como he apuntado crea un personaje absolutamente icónico, pero es imposible no sentir debilidad por la actuación de su antagonista, Clancy Brown. Y es que El Kurgan es un malo malísimo que no sólo logrará aterrorizarnos con su violencia desmedida sino que también nos arrancará alguna carcajada con ese espíritu punk completamente desquiciado. De Connery qué decir que no sepamos. Su naturalidad y carisma es tal que lo poco que aparece en pantalla eclipsa a los actores con los que comparte plano. Muy acertado como mentor de Mac Leud. Los secundarios cumplen y no acaparan excesiva atención exceptuando los dos amores de Connor/Nash interpretados por Beatie Edney en el papel de la dulce Heather y Roxanne Hart en el de Brenda.
 
 
 Los exteriores fueron rodados en Escocia, Inglaterra y Nueva York, destacando sobre todo las tomas de Escocia por la belleza de sus paisajes y la estupenda fotografía a cargo de Gerry Fisher. En una entrevista, Lambert comentó que durante las tomas en Escocia (en las secuencias de las batallas) el servicio médico tuvo que emplearse a fondo, ya que los extras escoceses, después de acompañar la comida con güisqui, vino y champán, ponían un entusiasmo desmesurado en sus actuaciones y los heridos por cortes y golpes fueron frecuentes. Quizás ese realismo se deja notar a la hora de ver esas escenas de la película… A destacar también el vestuario a cargo de James Acheson y el cuidado diseño de producción de Allan Cameron. Los efectos especiales, lejos de espectaculares, cumplen a la perfección y en ningún momento se abusa de ellos.
 
 Con un presupuesto de unos 16 millones de dólares, no alcanzó los 13 de beneficios, pero, sin embargo, fue un éxito en los videoclubs y se convirtió en una película de culto. Desgraciadamente, la segunda parte, pese a repetir Mulcahy, Lambert y Connery, es un truñazo de proporciones épicas. Cosa que no fue óbice para dar lugar a una saga de un total de cinco películas, una serie de televisión, una película anime, cómics y, ya sabéis, todo el merchandising imaginable con objeto de sacar su tajada de pastel.

Acción, fantasía, aventuras y  amor en el mismo lote,  ¿alguien da más?

¡Sólo puede quedar uno!


TRAILER

MUERTE DE HEATHER