Presentación

Amantes de mundos fantásticos, bisoños aventureros en busca de tesoros, criaturas de la noche, princesas estudiantiles y fanáticos de cachas de postín, ¡sed bienvenidos!. Invitados quedáis a rebuscar en mi colección de VHS, acomodar vuestras posaderas en una mullida butaca, darle al play, y disfrutar de lo bueno, lo malo y lo peor que dio una década.

ADVERTENCIA: Aquí no se escribe crítica cinematográfica (ni se pretende). Las reseñas son altamente subjetivas y el único objetivo es aprender y disfrutar del cine y, por supuesto, de vuestros comentarios.

Retroceder nunca, rendirse jamás (1986, Corey Yuen) No Retreat, No Surrender.

Jason entrena Karate en Los Angeles con su padre, Tom Stillwell. Una noche, miembros de la mafia irrumpen en el "dojo" y tratan de presionarle para que se lo venda. Ante la negativa, Tom es atacado por uno de los matones, Ivan Kraschinsky, y resulta herido gravemente en su pierna. Deciden entonces mudarse a Seattle para empezar una nueva vida, pero Jason no podrá rehuir los problemas y un día, cuando pide ayuda al mismísimo Bruce Lee frente a su tumba, obrará el milagro ...

Ni retirada, ni rendición

Cachis la mar. Mientras veo esta película no puedo dejar de gritarme, ¡vivan los ochenta! Sí, amigos. ¿En qué década rodaron películas plagadas de despropósitos, excesos y chorradillas, pero resultando al mismo tiempo entretenidas y divertidas? Exacto, ¡en los ochenta! Y Retroceder nunca, rendirse jamás es un ejemplo perfecto de esto. Como habréis supuesto leyendo la sinopsis, sigue el esquema propuesto por Karate Kid (1984) casi a pies juntillas: chaval karateca que se muda a otra ciudad y recibe palos por todos los lados conoce a maestro que lo convertirá en el mejor mamporrero cuya valía demostrará en un combate final. Otro ejemplo que me viene a la memoria es Karate Kimura (1987), pero claro, a raíz del éxito de Karate Kid las copias se multiplicaron como setas. Otra fuente de la que bebe directamente es de Rocky IV (1985) por ese enfrentamiento final entre el estadounidense y el ruso. Ya veis cómo queda plasmada en la carátula del VHS la confrontación EEUU/ URSS, aunque en este caso se obvia el discurso final. Aquí se presenta al ruso como un hijo de puta y punto. Y sí, las escenas del entrenamiento serán la hostia e irán acompañadas por una música molona 100%.

Dirigida por Corey Yuen,  un veterano del cine de artes marciales,  Retroceder nunca, rendirse jamás resulta tan excesiva y maniquea tanto en situaciones como en personajes que parece una parodia del subgénero. Pero claro, no lo es, al menos voluntariamente. Del padre de Jason nos queda claro que a raíz de su conflicto rechazará toda pelea, a esta conclusión llega cuando está postrado en la cama del hospital y mediante un primer plano de su jeta y una desopilante voz en off nos cuenta que deben pirarse para no poner en peligro a su familia; ésta motivación no la dejará de repetir a su hijo durante toda la película de manera incesante: pelear es malo, pelear es malo, pelear es malo y etcétera. Jason, por el contrario, es el fan “number one” de Bruce Lee: posters, libros, aparatos… El chaval tiene el kit completo del Dragón y no deja de visitar su tumba; hecho decisivo para que el propio Lee se materialice y sea quien lo convierta en una máquina de matar por medio de un entrenamiento tortuoso a más no poder. El actor que interpreta a Bruce Lee (Tai Chung Kim) es el mismo que lo interpretó en Juego con la muerte (1978), y nos ofrece un despliegue de tics y chascarrillos propios del difunto fundador del Jeet Kune Do. Luego tenemos a R.J, el coleguilla negro que Jason conoce al llegar a Seattle, tremendo personaje que tanto juega al baloncesto como baila Break Dance o imita a Michael Jackson al tiempo que ayuda a Jason en sus progresos. Flipante la escena en la que, mientras Jason hace unas flexiones muy raras, este permanece sentado encima de sus partes nobles jalándose un helado y gesticulando de placer (no se sabe si por comer el helado o por otra cosa).

 
 
Los malos son la repanocha. El mafiosete es la encarnación del mal, sólo le faltan dos cuernos y cola para ser Satán. Tremendísimas frases durante el combate final cuando micro en mano suelta perlas como “esa impresionante máquina aniquiladora”, refiriéndose a Kraschinsky, o “que empiece la destrucción", para dar paso al combate. Mención aparte merece Juan Claudio en el papel de Ivan Kraschinsky. Su primer papel importante, aunque sea secundario, y que sin duda le abrió el camino para protagonizar las películas que todos conocemos: Contacto sangriento, Kickboxer, etc. De su actuación poco hay que hablar, todo el mundo conoce sus caretos legendarios y demás, sólo decir que aquí hace de malo malote bastante bien y que las coreografías de artes marciales me parecen bastante buenas y mucho más realistas (no es broma) que la mayoría de sus películas. Digamos que en ciertos momentos uno duda que no se les haya escapado algún golpe. Imperdible el momento de su entrada en el ring secundado por ocho gorilas que gritan al unísono: “Uh, uh, uh, uh”. Cuando Van Damme se hizo famosete, la película se promocionó como si hubiese sido protagonizada por él, pero no.

El resto de reparto secundario resulta bastante indiferente, la novieta de Jason, Kelly Reilly (Kathie Sileno), cuando no directamente irrisorio, como el gordo de Scott o el capullo que pretende a la novia de Jason (de cuyo nombre no quiero acordarme). El hermano de Kelly, el campeón de karate Frank Peters, es Peter Cunningham, un verdadero campeón retirado de Kick Boxing del que queda claro que lo suyo no es la actuación.

 
 

La verdad es que uno se lo pasa muy bien revisionandola, y quien no la haya visto, sabiendo ante lo que se encuentra, probablemente la disfrutará en compañía de unos coleguillas con ganas de cachondeo. Es lo mejor que se puede decir de este película, que divierte, que entretiene, lo cual hoy no es poco, que retrotrae a la infancia y que resume a  la perfección todos los excesos de las películas más delirantes de los ochenta. Las cifras en taquilla fueron bastante buenas teniendo en cuenta que con un presupuesto de 400.000 dólares se recaudaron más de 4.600.000 y las secuelas (al parecer un porrón de ellas) no se hicieron esperar.




Ficha técnica y artística

TRAILER


ENTRENAMIENTO



Terminator (1984, James Cameron) The Terminator






En el año 2029, después de devastar la Tierra y esclavizar a la humanidad, las máquinas, gobernadas por la inteligencia artificial conocida como Skynet, están a punto de perder la guerra contra la resistencia humana liderada por John Connor . Frente a esa situación, las máquinas entienden que asesinar a John Connor en el presente, sería irrelevante, dado que ya ha conducido a la resistencia humana del mundo entero a la victoria. Por lo tanto, Skynet elabora su estrategia decidiendo eliminar al líder enemigo antes de que éste nazca, de modo que no pueda cumplirse su misión de conducción futura. Para ello envía al pasado (año 1984) a un Terminator T-800 modelo Cyberdyne 101, un cíborg asesino (Arnold Schwarzenegger), a través de una máquina del tiempo, con la misión de exterminar a Sarah Connor (Linda Hamilton), madre de John, antes de que éste sea concebido.Enterados del plan para asesinar a la mujer que dará a luz al único hombre capaz de salvar a la humanidad, la resistencia también consigue acceder a la máquina del tiempo y logra enviar a un soldado humano, Kyle Reese (Michael Biehn), con la misión de protegerla.



Volveré (T-800)
    


 John Connor me dio una fotografía tuya. Entonces no supe por qué. Era muy vieja, rota, descolorida. Eras joven, como ahora, pero parecías un poco triste. Siempre me pregunté lo que estarías pensando. Memoricé cada rasgo, cada curva… atravesé el tiempo por ti, Sarah. Te quiero, desde siempre (Kyle Reese)


 De la pesadilla febril de un joven surgió un robot envuelto en llamas. El joven de veintiocho años, un tal James Cameron que había trabajado como factótum en la New World Pictures de Roger Corman, dormitaba enfermo de gripe en el camastro de un hotelucho de muerte situado en Roma. Las circunstancias que lo habían impulsado a visitar la capital itálica no fueron otras que ver el montaje de la infame Piraña II (1981),  engendro en el que, pese a su negativa, figuraría como director aún habiendo sido defenestrado por el maquiavélico productor Ovidio Assonitis tras cinco días de infernal rodaje. El productor griego afincado en Roma, como en otras ocasiones, había conseguido lo que quería: un nombre americano que figurase como director para que la película tuviese gancho comercial (y visto hoy día, vaya si acertó). El resultado de ese efímero debut rodado en Jamaica es una película cutre y casposa, finalizada realmente por el propio Assonitis, donde la supuesta secuela de la de Joe Dante sólo es una excusa para que pirañas de plástico ataquen a chicas bonitas que posan ligeras de ropa en la cubierta de un yate. Toda una losa en la carrera de un Cameron hundido tras visualizar semejante patraña, anunciada a bombo y platillo como suya, de la que no fue responsable. Pero como una visión elegiaca, la imagen del robot cromado ungido en fuego transmuta en la del ave fénix resurgiendo de sus cenizas: una carrera cinematográfica que podría haber sido truncada, tan injusta como prematuramente, por la falta de escrúpulos de un productor, pero que, a la postre, resultó una de las más exitosas e influyentes de la industria cinematográfica.


De regreso a Los Angeles, con el robot asesino grabado en su cerebro y una determinación férrea para resarcirse y demostrar su valía, comenzó a escribir el guión de Terminador. Cameron tenía muy claro los parámetros por los que se regiría su historia. En primer lugar iba a ser una película de bajo presupuesto, y para eso, aparte de su experiencia en la productora de Corman , tomó como modelo una de las películas más exitosas de serie B de la historia : Halloween (1987) de John Carpenter, una película que con 300.000 dólares de presupuesto había recaudado 47 millones. Por otro lado, parece que Cameron volcó parte de su experiencia vital e inquietudes que le acompañaron desde la infancia: Serie B, literatura (Harlan Ellison se querelló contra Cameron por la similitud de algunos de los presupuestos de la película con sus relatos) y cine de ciencia ficción (2001: Odisea en el espacio le causó una honda impresión), pasión por la ciencia y la tecnología, y el paisaje industrial (central eléctrica y papelera) de su kapuskasing (Ontario) natal. Un primer borrador de 48 páginas escrito por el propio Cameron fue ampliado a otro borrador ampliado de 122 por Gale Anne Hurd (que sería pareja de Cameron), quien escribiría el guión definitivo, y otro amigo de Cameron, William Wisher, ayudó con algunos diálogos. Cameron y Hurd hicieron un pacto: él vendía los derechos de Terminador a Pacific Western Productions (nueva productora creada por la misma Hurd) y ella le aseguraba la dirección de la película independientemente del estudio con que firmara. Finalmente la producción fue cosa de Hemdale, Orion se encargó de la distribución y HBO se quedó los derechos para la televisión. Comenzaba la búsqueda del exterminador.



 Lance Henriksen fue considerado como primer candidato (una vez descartado interpretó al policía que se encarga de los asesinatos de la guía telefónica), O.J. Simpson fue propuesto por Orion y Cameron había pensado en Jürgen Prochnowm, pero tras el éxito de Conan el Bárbaro (1982, John Milius) un nombre sonaba fuerte: Arnold Schwarzenegger. Lo paradójico de la situación es que, en principio, fue considerado para encarnar a Kyle Reese. Cameron era bastante escéptico en cuanto a la elección del austriaco, pero la película de Milius le había gustado y concertó una cita en un restaurante alemán. Cameron cuenta que Schwarzenegger le había sorprendido. No sólo era simpático y educado, sino que se mostró entusiasmado por el proyecto y aportó ideas propias sobre el personaje del T-800 (que caminase sin mover los hombros o el hecho de recargar las armas sin mirar, entre otras). Pero lo que cautivó a Cameron fue la estructura ósea de su impresionante rostro. No había duda. Arnold Schwarzenegger no debía interpretar a Kyle Reese sino al T-800.

 
 
Para el papel de Sarah Connor se habían barajado los nombres de Jennifer Jason Leigh y Rosana Arquette, pero Linda Hamilton, con una apariencia delicada y una belleza imperfecta, fue la elegida para interpretar a una heroína que transformaría su fragilidad en fortaleza. Pese a las reticencias iniciales (un nada atractivo debut de un desconocido James Cameron) y  tras una primera prueba fallida, Michale Biehn encarnaría al sargento Kyle Reese (a pesar de que el mismísimo Sting hubiese sido considerado para el papel). Con el reparto completo surgió un problema: Schwarzenegger estaba sujeto a un contrato que le obligaba a interpretar por segunda vez al bárbaro cimerio (Conan el Destructor, 1984), por lo que el rodaje se retrasó nueve meses los cuales aprovecharon para trabajar más la pre- producción. El rodaje comenzó en marzo de 1984, en Los Angeles. Ambos, Hamilton y Biehn, lo recuerdan como una experiencia muy dura. Además de malos olores, calor extremo y humedad, Cameron era muy exigente y los llevó al límite tanto física como psicológicamente. En este aspecto, Linda Hamilton tuvo que lidiar con una rotura de tobillo y ligamentos causada por un accidente poco antes, por lo que la dureza se vio incrementada más si cabe.

En el apartado de los efectos especiales, pese a no ser prodigiosos debido al escaso presupuesto, destaca el nombre del ganador de cuatro Oscars, Stan Winston. Un trabajo artesanal basado en maquetas, miniaturas, y moldes de escayola. Son unos efectos que, hoy día, cantan a leguas, pero muy meritorios a tenor de los medios disponibles y muy disfrutables por los nostálgicos. La música corre a cargo de Brad Fiedel, quien mediante el uso de sintetizadores, instrumentos electrónicos y percusión potencia la atmósfera de pesadilla tecnológica y el empleo del tempo acelerado en las persecuciones marca un ritmo trepidante. También cabe destacar un tema principal que repetiría, de forma mejorada, en Terminator II (1991).



 Ya desde el inicio queda claro el carácter antagónico de los protagonistas. Mientras Kyle Reese rebota contra el suelo, como si hubiese caído de varios pisos de altura, y  sufre las dolorosas consecuencias del viaje temporal, el T-800 se materializa plácidamente arrodillado y su rostro impasible no denota sentimiento ajeno a una calma, dado el contraste, perturbadora. Su cuerpo es imponente, una mole perfecta de puro músculo que al igual que una apisonadora arrolla con todo para alcanzar su objetivo; a este respecto es muy significativo el enfrentamiento con los tres punkis a los que reclama su vestimenta: una mortal y fugaz confrontación en la que a uno de ellos le arranca el corazón con sus propias manos. Reese, por su parte, es acorralado por la policía  a las primeras de cambio. Queda muy clara la debilidad del humano en contraste con la fortaleza de la máquina asesina e implacable a la que se enfrenta. Reese es débil en comparación a la máquina, pero su temperamento, forjado en la crudeza de la guerra y en los desoladores campos de trabajo, es fuerte; por el contrario, Sarah, es una joven ingenua que se verá desbordada por lo abismal de la situación: no sólo por la lucha directa por su supervivencia, sino porque el futuro de la sociedad dependerá del nacimiento de un hijo aún no engendrado.

 
 

El futuro lo conocemos a través de los recuerdos de Reese, quien nos muestra una sociedad asolada por el holocausto nuclear entre cuyos despojos observamos la omnipresencia de las máquinas y su poder destructor para con los supervivientes. Lo interesante de este punto es que Cameron parece querer indicar, con su ambiente opresivo, oscuro (casi toda la acción transcurre de noche) y sucio, y sus constantes referencias industriales y tecnológicas (máquinas de trabajo, televisiones, walkman,  fábrica), que el presente en el que desarrolla la acción no está muy lejos de ese futuro apocalíptico. A este respecto no se pueden obviar esas constantes persecuciones en moto, coche o camión - para las que Cameron tomó como influencia Driver (1978, Walter Hill) y Mad Max 2 (1981, George Millar) – en las que esa máquina inmisericorde e implacable acosa sin tregua a Sarah y a Reese, y la que una vez despojada de su envoltorio humano (piel, sangre y músculos humanos) se nos presenta como un esqueleto metálico de despiadada sonrisa (la pesadilla de Cameron hecha realidad): la fusión total entre la máquina y el hombre. Un dato tan curioso como significativo es el nombre del local en el que trata de dar caza, por primera vez, a Sarah: TechNoir. Cameron eligió este nombre como un chiste ante las posibles etiquetas que recibiría su película por parte de los críticos: una película de cine negro tecnológica


 

 Aunque Terminator es mucho más que eso. Es una película de acción, de ciencia ficción con ligeros toques de terror en la que tiene cabida una historia de amor y que presenta varias lecturas. No sólo la vertiente más lúdica sino una más profunda en la que se puede reflexionar sobre la influencia de la tecnología en la sociedad, las paradojas espacio temporales e incluso claras alusiones mesiánicas. El resultado final me parece impresionante. Una película tan comercial como de culto y que con un presupuesto de 6.400.000 dólares superó los 38, un margen de beneficio que aunque no superó el de la citada Halloween, sí fue espectacular. Debido al éxito el caché de Schwarzenegger se dobló y Cameron pudo resarcirse de la película que originó su pesadilla además de abrirle la puerta a una lluvia de oportunidades que, como todos sabéis, aprovechó a la perfección encumbrándose como uno de los directores de cine fantástico y de acción más talentosos y comerciales de los ochenta y mitad de los noventa.

Una curiosidad para terminar. En una escena final que Cameron no incluyó se veía que la fábrica donde se libra la lucha final se llama Cyberdine Systems, además, un hombre recogía un chip informático que se había desprendido del endoesqueleto del T-800. ¿Os suena de algo? ¿Segundas partes nunca fueron buenas?



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El Guerrero Rojo (1985, Richard Fleischer) Red Sonja

 


La familia de Red Sonja es masacrada por la temible Reina Gedren. Esa noche, a Sonja se le aparece un espíritu que le concede el poder del manejo de la espada y jura vengarse. La Reina Geden roba un poderoso talismán del templo donde la hermana de Sonja es sacerdotisa. Ésta es malherida y encontrada por el guerrero Kalidor, quien le promete encontrar a Sonja. Sonja parte en busca del talismán rehusando la ayuda de Kalidor y en el camino encuentra al príncipe Tarn y a su fiel sirviente Falkon. Juntos, y con la ayuda de Kalidor, se enfrentarán a la Reina Gedren.



A tenor del éxito de Conan el Bárbaro (1982) y Conan el Destructor (1984), la compañía Dino De Laurentiis produce una película rodada en Italia que promocionaría, casi, casi, como la tercera parte de Conan. En efecto, a simple vista, la figura del hercúleo austriaco, caracterizado como un calco de Conan, ocupando el grueso de los carteles promocionales y dejando a Brigitte Nielsen en un anecdótico segundo plano, da a pensar que asistiremos a nuevas aventuras del cimerio. Pero, claro, la modelo danesa era una desconocida elegida para el papel porque su físico encandiló a Laurentiis en la portada de una revista de moda, mientras que Schwarzenegger estaba a un paso de ser una super estrella. De lo que se trataba era de vender el El Guerrero Rojo como otra película de Arnold destrozando enemigos a mandoble de espadón. La realidad, amigos, es que el austriaco interpretó un papel secundario (pero no a Conan, sino a Kalidor) como favor a Laurentiis, mientras que la verdadera protagonista fue Brigitte Nielsen, interpretando al personaje sobre el que gira la trama , Red Sonja; surgido, al igual que Conan, de la pluma de Robert E. Howard. 

  
Cuesta entender como tras unos nombres, a la postre tan interesantes, como De Laurentiis, Richard Fleicsher y Ennio Morricone, se escude un refrito de espada y brujería tan anodino y monótono que se diluye entre los cientos de títulos de un subgénero trillado en los ochenta. Lo peor es que algunas de estas películas, pese a malas, pueden guardan algún que otro momento interesante o gozar de cierto encanto, mientras que El Guerrero Rojo es como mirar un electroencefalograma plano. El propio Arnold llegó a decir que era la peor película en la que había trabajado y que cuando sus hijos se portaban mal les obligaba a verla. Y es una pena, porque Fleischer fue un maestro del cine de aventuras y fantástico con películas como 20.000 leguas de viaje submarino, Los vikingos, Viaje alucinante o Cuando el destino nos alcance, y que hizo incursiones maravillosas en otros terrenos como en El estrangulador de Boston o en la muy interesante Mandingo. Fleischer había dirigido Conan el Destructor, la continuación de Conan el Bárbaro, una secuela ciertamente inferior a la original, pero, desde mi punto de vista, nada desdeñable y muy entretenida que se alejaba de la solemnidad de su precursora con una atmósfera cercana a la serie B. Además, la música es del siempre bienvenido Ennio Morricone. Sin embargo, los mayores defectos de esta producción no vienen de la mano de la dirección ni de la música, sino de un guión endeble y unos personajes sin carisma. 

 


La historia parece una copia de las dos partes de Conan. El inicio nos remite a la venganza de Conan el Bárbaro, pero esta vez de mano de Sonja, quien quiere vengarse de la Reina Gedren por haber exterminado a su pueblo y familia (¿os suena?), y el desarrollo, ese viaje en el que se irán uniendo otros compañeros, luchas con monstruos, magos y etcétera, recuerda a Conan el Destructor. Eso sí, todo más descafeinado y sosaina, y con unos efectos especiales bastante pobres. Además, se incluye una historia de amor entre Kalidor y Sonja basada en el precepto de que Sonja únicamente amará al hombre que la venza en una lucha. Esta historia de amor no llega a la suela de los zapatos a la de Conan y Valeria: no hay pizca de química o pasión. La presencia de Schwarzenegger se limita a algunas escenas donde salva el pellejo a Sonja (y eso que la tía dice que no necesita de hombre alguno) y queda bastante cutre por el hecho de que aparece y desaparece de escena a placer. La Nielsen, ya sabemos todos un poco de que pie cojea, así que para que extenderse más, simplemente señalaré que ganó el Razzie como peor nueva estrella. Y los otros personajes pues más de lo mismo. Está Tarn, un niño príncipe altivo e insoportable que se pasa toda la película pegando saltos y golpes de kárate y chillando a su bobalicón, solícito y enorme sirviente, Falkon, y la Reina Gedren, interpretada, curiosamente, por Sandahl Bergman (Valeria, en Conan el Bárbaro) en quien se había pensado para interpretar a Sonja, papel que ella rechazó. Sandahl también fue nominada al Razzie a la peor actriz.

Sus resultados en taquilla fueron en consonancia con la aceptación del público. Con un presupuesto de casi dieciocho millones de dólares no se alcanzaron los siete de recaudación… Y sí, remake en 2014 a la vista. ¡Una maravilla, vamos!



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Masters del Universo (1987, Gary Goddard) Masters of the Universe

Justo en el centro de las galaxias, entre la luz y las tinieblas, se alza El Castillo de Grayskull. Durante innumerables siglos, La Hechicera de Grayskull ha mantenido éste universo en armonía. Pero los ejércitos de la oscuridad nunca descansan en su ambición eterna de conquistar Grayskull. Porque aquellos que controlen Grayskull tendrán el poder. El poder de un ser supremo, el poder de un ser todopoderoso, el poder de convertirse en Masters del Universo.


La historia comienza en el planeta Eternia, donde Skeletor y su ejército han conquistado El Castillo de Grayskull y han hecho prisionera en un campo de fuerza a su guardiana, La Hechicera, quien lentamente se debilita y traspasa sus poderes a Skeletor. Pletórico de poder y cuando la luna alcance su cénit, El Gran Ojo se abrirá y todos lo poderes del universo serán suyos. Mientras tanto, He-Man, Duncan y su hija Teela dan con un cerrajero muy peculiar que se llama Gwildor. Éste les explica que fue a causa de uno de sus inventos, la llave cósmica, un instrumento capaz de abrir una puerta dimensional en cualquier lugar y tiempo, que Skeletor y sus tropas irrumpiesen por sorpresa dentro del Castillo de Grayskull. Regresan al Castillo y tratan de liberar a La Hechicera por medio de otra llave cósmica que Gwildor guardaba en secreto, pero al ser descubiertos huyen por una puerta dimensional cuyas coordenadas desconocen y aparecen en el planeta Tierra. Allí pierden la llave que será encontrada por July y Kevin, una pareja a punto de separase. He Man y amigos van en busca de la llave y Skeletor envía a un grupo de mercenarios a La Tierra …

La archiconocida empresa de juguetes Mattel (la de Barbie y Ken), pendiente de los resultados económicos de la adaptación cinematográfica de Conan el Bárbaro (1982), tuvo previsto crear una serie de muñecos de juguete basados en los personajes de la película de John Milius. Ésta fue un éxito, sin embargo, su tono marcadamente adulto alejó a la compañía juguetera de un proyecto destinado al público infantil, pero decidieron transformar la línea de Conan en otra serie de muñecos que fuesen bien acogidos por los pequeñuelos: nació He-Man y los Masters del Universo (¿y quién es He-Man, si no Conan teñido de rubio o un Ken cachotas?)

Los muñecos, como todos sabemos, fueron un éxito, y pronto apareció una serie de dibujos animados, entre 1983 y 1985,  para televisión de mismo nombre y con una fuerte carga de moralina al final de cada episodio. El terreno estaba abonado para la adaptación a la gran pantalla. Fue la inefable Cannon la que trasladó las andanzas de los de Eternia a los cines. Con uno de sus mayores presupuestos (22 millones de dólares, aunque tenían previsto que fuese de 15 millones y medio), su empresa más ambiciosa resultó otra punta más en el ataúd para el cierre de la productora (17 millones recaudados)

Masters del Universo es una de esas películas denostadas unánimemente por público y crítica, pero que personalmente no me parece ni tan mala, ni comprendo del todo cómo ha podido obtener tan pobres beneficios y más cuando, retrotrayéndome a la infancia, me veo sentado en la butaca del cine, disfrutando como nunca y rodeado de gente que alucinaba tanto o más que yo con las andanzas de He-Man y Cía. Claro que, en muchas ocasiones, lo que nos encantaba de críos hoy día no lo soportamos - me pasó hace poco revisando El secreto del lago (1986) - ; pues resulta que en este caso no me ocurre lo mismo: no sólo no la considero una mala película sino que me parece bastante entretenida y me gusta, vamos.


Creo que con Los Masters de Universo sucede como con tantas otras películas sobre las que unos malos resultados (y el que le hayan colgado el sambenito de mala), provoca ser aceptada con ésta categoría y respaldada así  públicamente pese a que muchas veces incluso guste.¡Ay pillines! ¿Cuántos de vosotros, guardianes de la pulcritud cinematográfica, atesoráis una copia de Los Masters y os la zampáis de cuando en cuando, para rematar con el grito de: ¡Yo tengo el poder!, al finalizar la película?
Bromas aparte, pienso sinceramente, que, pese a tener grandes fallos, el conjunto es salvable y reivindicable y que acapara mucho de la magia tan característica de aquella década. No un peliculón, pero tampoco un truño de proporciones épicas. Y pensemos por un momento que si aplicásemos la misma vara de medir para Los Masters que para otras películas consideradas intocables de nuestra infancia, muchos mitos caerían.

Vale que al pobre y primerizo (era creador de cortos para parques de atracciones) Gary Goddard sufrió presiones, recortes y putadas varias de Golan y Globus, pero la dirección, a pesar de las piedras en el camino, y sobre todo teniendo en cuenta que hablamos de un producto made in Cannon, es bastante digna. Por ejemplo, a Goddard le acortaron el tiempo de la pre- producción a dos meses, cuando una película de estas características necesitaría, por lo menos, un año. También le cortaron la escena en la que July (Courney Cox) se despide, ¡e incluso he leído que tuvo que poner dinero de su bolsillo para rodar la escena de la lucha de He Man y Skeletor y poder terminar la película!
Otro de los problemas con el presupuesto fue que la acción se desarrolló en La Tierra y no en Eternia como se tenía previsto inicialmente. Sin embargo a mí me parece mucho más atractiva la visita de He Man a La Tierra porque hace que empaticemos más con los personajes. Si aún con la mayoría de la acción desarrollándose en La Tierra, partes de Los Masters (sobre todo las relativas a Skeletor y a los centuriones) tufan a La Guerra de las Galaxias (Darth Vader y el Ejército Imperial), imaginaros si toda la película transcurriese en Eternia. Otro cambio fue la del personaje de Orko, un duende volador, que sustituyeron por Gwildor, el cerrajero, para ahorrar en los efectos del vuelo. Considero que el mayor error de la película, y uno que canta a leguas, es la inexistencia de gente en el momento que las fuerzas de Skeletor llegan a La Tierra. ¿Una batalla de seres de otro planeta en mitad de la ciudad y nadie que lo vea? Este error lastra la película por lo que descoloca al espectador.


Pero vamos con lo bueno. Los personajes están logrados. Claro que las pintas son horteras y tiran para atrás, pero, ¡coño!, que de lo que se trataba era de adaptar los muñequitos de Mattel, ¿verdad? Lundgren me parece un buena elección, da el físico y por fin cambia su cara de plancha (¡si hasta sonríe, el jodío!) y, por spuesto, me parece un actor mil veces más acertado que otros que se barajaban: Stallone y Matthew Modine.  Courney Cox es una delicia, y da pie a una subtrama en la que su personaje, July, vive atormentado porque se culpa de la muerte de sus padres; esto cobrará todo su sentido con el feliz final. Fran Angella es un Skeletor cojonudo plagado de frases megalómanas y uno de los personajes más criticados, Gwildor (interpretado por el fallecido Billy Barty), que hasta fue nominado a los razzies como peor secundario, ¡probablemente era el que más nos gustaba de niños! (¿y cómo que peor actor si el tío lleva un pedazo de careta y era como ver a un muñeco?). Luego estaban Evil-Lyn (la de los ojos claros con cara de malignidad absoluta) y unos mercenarios tan fieros como ineptos con algún peinado ochentero acojonante. Evil-Lyn iba a ser interpretada por Sarah Douglas (Ursa, de Superman), pero al final el papel recayó en Meg Foster, que lo hace de maravilla. Quizás los personajes que menos me gusten sean Kevin (Robert Duncan McNeill, el novio de Julie/ Cox) y el detective Lubic (el calvorota de James Tolkan), uno por sosaina y otro porque parece repetir el papel de borde que encarnó en Regreso al futuro como azote pedagógico de los McFly.


Como he dicho, la historia me gusta tal y como está. En general me parece una buena película fantástica, con grandes momentos de acción, ciencia ficción y con toques de humor,  destinada al público infantil y juvenil. Los efectos especiales, teniendo de nuevo en cuenta lo limitado del presupuesto, son bastante buenos, y corren a cargo del oscarizado Richard Edlund (Star Wars). La música, a cargo de Bill Conti (Rocky, Elegidos para la gloria), recuerda en momentos a Star Wars y en otros a Superman, y básicamente no da tregua durante la hora y media de metraje, destacando sobremanera la melodía de la llave cósmica, que me parece tremebunda y aflora recuerdos a tutiplén. Para la posteridad queda la escena tras los títulos de crédito… quien no la conozca, ya sabe…

A pesar del fracaso, la Cannon quiso contraatacar con una segunda parte, eso sí, con un presupuesto aún más raquítico de seis millones de dólares. El elegido para acometer tal empresa fue Albert Pyum, y con Lundgrend rechazando retomar papel, el surfista Laird Hamilton interpretaría a He-Man. El proyecto quedó en agua de borrajas, pero como ya se habían gastado un par de millones en la pre-producción, pues aprovecharon los escenarios para rodar en veinticuatro días, el mismo Albert Pyum, lo que fue Cyborg (1989), protagonizada por nuestro amigo Juan Claudio.


Desde hace tiempo se habla de un remake, pero, yo, amigos míos, no hablaré más, puesto que huyo de ellos como de la peste.




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Hobgoblins (1988, Rick Sloane) Hobgoblins





 Rick Sloane, conocido por otras obras maestras de lo cutre como la saga de Academia antivicio, perpetra este producto de explotation que puede considerarse como Los Gremlins (1984) de serie Z. Quizás la peor de todas las copias maltrechas que, con mayor o menor éxito, circularon por los videoclubs en los ochenta (De los Critters a los Munchies, pasando por la que nos ocupa). Su tono deliberadamente casposo nos advierte que su propio creador se la tomó a coña marinera, por lo que se podría decir que es un ente deliberadamente malo, y no otro ejemplo de comedia involuntaria de los que tanto abundaban en los ochenta. A este respecto, aunque son muchos los ejemplos, podría considerar a R.O.T.O.R (1988) como una de las mejores comedias involuntarias que he visto en mucho tiempo. Pero, rizando el rizo, dentro de su voluntad de erigirse como canon de la porquería, resulta también mala; ¿difícil de entender, eh? Vamos, que Hobgoblins es una comedia voluntaria de lo cutre y lo casposo elevado a su máxima potencia, pero cuya dirección torpe, guión idiota y efectos lastimosos le añaden una vuelta de tuerca a la cutrez. Aunque claro, con un presupuesto de 15.000 dólares y uno de los peores estudiantes de la escuela de cine de Los Angeles, según palabras de sus profesores, ¿qué nos podríamos esperar? Y es que Rick se encaminó tras la búsqueda del excelso explotation después de haber visto Esas locas del cine (1976, Allan Arkush, Joe Dante), una producción de ínfimo presupuesto (unos 50.000 dólares) que resultó un éxito al recaudar un millón . Vamos, que no se educó, cinematográficamente hablando, a base de Dreyer, el tío.

 
 
   La historia comienza en un estudio de cine en el que nos enteramos habitan unas criaturas asesinas. Kevin acude al estudio en busca de trabajo como vigilante de seguridad para sustituir al anterior, que fue liquidado por los hobgoblins. Los bicharracos escapan y su compañero, el viejo McCreedy, le explica que hace treinta años aparecieron en un platillo volante y los dejó vivir dentro del estudio. Los Hobgoblins son atraídos por las luces (jo,jo,jo) y hacen realidad las fantasías ocultas de los humanos para cargárselos después, ¿Y a dónde van a parar? Justamente a la casa de Kevin en la que se encuentran su novia y sus tres amigos friquis que en esos momentos celebran un fiestón moviendo el esqueleto como presa de ataques epilépticos y con luces de todos los colores en plan discoteca. Una pareja muy cariñosa (sexualmente hablando), un amigo adicto al sexo telefónico y una novia insoportable son los compañeros de aventura de Kevin. Los hobgoblins atacan y es entonces cuando el despliegue de absurdos, diálogos inauditos y escenas imposibles se suceden en tropel.
 
 
 Los bichos en cuestión, no son más que muñecos parecidos a los gremlins, pero con peluquines. No creáis que existe ningún tipo de animación compleja detrás de ellos, simplemente se ve como alguien los mueve con la mano y cuando pelean con la pandilla son ellos mismos los que los agitan simulando que luchan y se defienden. Imaginad qué grado de despropósito cuando los hobgoblins corren y lo que nos muestra la cámara es la cara asustada de los actores dándonos a entender que se escapan. Vamos, una pasada. Luego los momentos entre la pandilla son flipantes: peleas a bastonazos sin sentido, polvazos en la camioneta cada vez que uno cierra los ojos, noche de fiesta en un bar llamado Escoria con granadas dentro de la ropa de un tío que explotan dos metros más lejos, y todo un festival de alucinantes despropósitos que harán la delicia de los aficionados al cine cutre; como ese apoteósico final donde se los cargan de un bombazo en el estudio cuando lo podrían haber hecho al principio de la película. Seguid vosotros escarbando en este humus del despiporre, por favor, las anécdotas son infinitas, ¡yo sólo no acabaría nunca!
 Parte de la fama de la película la debe a ser mencionada en un episodio de la serie Mystery Science Theater 3000 como una de las peores películas de la historia. Para rematar, en 2010, nuestro amigo Rick repitió tropelía lanzando al mercado de DVD Hobgoblins II.


¡Que os vaya bonito!
 
 


TRAILER

1990: Los guerreros del Bronx (1982, Enzo G. Castellari) Bronx Warriors/ 1990:I guerrieri del Bronx


Un paso adelante y estás muerto. Un paso atrás y estás muerto. Y si no te mueves estás muerto.

Explotation puro y duro que bebe de películas como Los amos de la noche (1979, The Warriors) o la mítica 1997: Rescate en Nueva York (1981, Escape from New York). Dirigida por todo un especialista del subgénero como es un Enzo G. Castellari que comenzó su andadura en el spaghetti western, rodó aquel fetiche para Quentin Tarantino llamado Aquel maldito tren blindado (1978, The Inglorious Bastards), y, a principios de los ochenta, ofreció su particular visión de Tiburón con L´ultimo squalo - aquí conocida como Tiburón 3 (¡chúpate esa, Spielberg!)-. 

Corre el año 1990 y el Bronx es un territorio sin ley. Unos créditos iniciales nos avisan de la macarrada que estamos a punto de ver y acto seguido sumergimos nuestros caretos en una trama que se centra en el rescate de la hija de un magnate que se ha escapado adentrándose en el Bronx: un territorio plagado hasta los topes de bandas callejeras que combaten a muerte entre sí. Pues resulta que la dama es recogida por una de las bandas y como su líder, Trash, le ha hecho tilín, se encuentra como Pedro por su casa y no hay dios que la eche de allí.  El padre de la fémina envía a rescatarla a un policía que está más pirado que cualquiera de los pandilleros (¡y ya es decir!) y claro, se arma gorda. 


El recorrido por la fauna más variopinta del Bronx se encuentra plagado de momentos descacharrantes a la par de psicotrónicos: las motos están decoradas con calaveras molonas; el vestuario pandillero va desde el cuero con tintes sado a la equipación deportiva del hockey sobre patines - pasando por modelitos y pinturas de guerra inclasificables-; el guión hace aguas por todas partes; las escenas de pelea son cutres de narices; otras, directamente, no tienen sentido; el protagonista parece un Pancho (el de Verano azul) pasado de horas de gimnasio que gesticula menos que una careta; y el final es tan abrupto que uno piensa que han adelantado los títulos de crédito. Pero en términos globales la película es cojonuda y tiene escenas flipantes. Como aquella en la que nos presenta a la banda de Pancho (digo la de Trash) en medio de un descampado y un tipo toca la batería (ejemplar ejemplo de sonido diegético) mientras la cámara sigue el ritmo presentándonos la jeta de los macarras del Bronx; o esa en la que un tío en moto se pega un piñazo y se ve claramente que es un extra que ha sufrido un accidente (cinema verite); o cuando vemos a The Ogre, el Rey del Bronx (Fred Williamson, actor que repetiría con Castellari unas cuantas ocasiones), y a su séquito, o a la otra banda que parece sacada de La naranja mecánica en versión danzarina; o cuando, de nuevo nuestro amado Pancho, contempla a su amigo moribundo (en una escena la mar de gay, todo hay que decirlo) y éste le pide que , por piedad, lo remate, y va Pancho y le parte el cuello. ¡Flipante!


He de decir que no he comprendido bien su profundidad debido a que el sonido de la copia que he visto era defectuoso. ¡Pero eso debe encumbrar más, si cabe, a tan insigne obra maestra! Porque, si pese a que no he entendido la mitad de los diálogos me lo he pasado de puta madre, ¡imaginad si la hubiese escuchado bien! Además, la carátula y el póster forman parte de la mitología ochentera que embellecía las estanterías y paredes de los videoclubs y, por si esto fuera poco, ¡podemos disfrutar de una segunda y hasta una tercera parte (ésta dirigida por Joe D'amato) que conforman la ya considerada de culto, Trilogía del Bronx!




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