Presentación

Amantes de mundos fantásticos, bisoños aventureros en busca de tesoros, criaturas de la noche, princesas estudiantiles y fanáticos de cachas de postín, ¡sed bienvenidos!. Invitados quedáis a rebuscar en mi colección de VHS, acomodar vuestras posaderas en una mullida butaca, darle al play, y disfrutar de lo bueno, lo malo y lo peor que dio una década.

ADVERTENCIA: Aquí no se escribe crítica cinematográfica (ni se pretende). Las reseñas son altamente subjetivas y el único objetivo es aprender y disfrutar del cine y, por supuesto, de vosotros.

AKIRA (1988, Katsuhiro Otomo) Akira


Desde el primer minuto donde surge la imagen de una ciudad desde una perspectiva casi topográfica siendo aniquilada por una explosión similar a la Bomba de hidrógeno, sabes que no estás ante una película de animación habitual. El miedo de todo una país, el único que ha sufrido un ataque contra población civil con una bomba atómica, queda reflejado en una escena donde el creador del manga, y del anime homónimo, Katsuhiro Otomo plasma lo que, como niño, japonés y ciudadano de un mundo invadido por el miedo al apocalipsis nuclear ha podido experimentar. La “Guerra Fría” es el estado político permanente que Otomo había vivido durante toda su vida. Aquí las víctimas son la población de Tokio pero reflejan, o son ejemplo, de la situación que podría vivir cualquier país. La cuerda del equilibrio político internacional está tensa y cercana a la rotura en varias ocasiones. Por supuesto para Otomo si hay víctimas hay culpables. En la película se culpa al gobierno, estado militar, religión, incluso ciencia.  


De las cenizas renace Neo Tokio, un personaje más de la película. Un escenario prototípico de la imagen que se tiene de la ciudad del futuro, influenciada claramente por el Blade Runner de Ridley Scott. En este nuevo espacio, el miedo a Akira (culpable físico y metafísico del desastre de Tokio) se usa para imponer un estado de terror y represión. Las fuerzas del orden se muestran continuamente usando el abuso de poder y la violencia, demostrando el fracaso del gobierno para desarrollar una sociedad pacífica y equilibrada. Otomo vivió en su infancia una época convulsa repleta de protestas estudiantiles contra el gobierno, en plena década de los 60, algo que queda reflejado en su obra. A su vez, la muerte de Tokio representa también la dualidad de la cultura japonesa donde la tradición va dejando paso a la modernidad; la magnífica música, de Shoji Yamashiro, que suena en los primeros quince minutos están basados en los tambores japoneses, tan arraigados a la tradición, y a la misma vez se mezclan con una imagen futurista donde una ciudad repleta de luces, hologramas y motos eléctricas aparece con un gran esplendor visual. Esta dualidad se alarga en toda la película, donde hay pilares dobles que se retroalimentan, se atraen o se repelen formando una imagen muy parecida al concepto del Yin y el Yang.


La pareja principal es la formada por Kaneda (金田 正太郎 Kaneda Shōtarō) y Testsuo ( 鉄雄 Shima Tetsuo). Kaneda es el líder de una banda bosozoku (motociclistas delincuentes) llamada “Los cápsulas”, en honor al tipo de droga que consumen. Tetsuo es el amigo y protegido desde la infancia, de Kaneda; este representa el personaje frágil que necesita de la protección, muchas veces paternalista y condescendiente, de Kaneda. Este desequilibrio en la relación provoca un sentimiento de amor-odio de Tetsuo hacia Kaneda, un sentimiento que se basa principalmente en la dualidad admiración-envidia y que provoca que Tetsuo fluctúe durante toda la película como compañero o antagonista del líder de la banda. Es una cuerda en tensión que está al borde de la rotura. Hay una ensoñación de Tetsuo donde el mundo alrededor se desmorona mientras él y Kaneda se miran separados por pocos metros. Aparecen como niños y él intenta alcanzarlo para ser salvado de la destrucción. En una imagen de gran belleza sus manos, brazos y cuerpo empiezan a desmoronarse y romperse como si un jarrón de porcelana chocase contra el suelo. Su fragilidad lejos de Kaneda aumenta, pero también su independencia.


 La película tiene momentos épicos con escenas de acción e imágenes elevadas al cine de culto. La moto de Kaneda, que a veces recuerda al estilo de moto de la película Tron, es una moto eléctrica de gran cubicaje y de gran belleza. Kaneda representa el héroe y su moto es su montura. Esta moto ya es un icono del cine.


La JUVENTUD, en contraposición al gobierno y al ejército, se muestra en la película como una generación sin esperanza y sin futuro, un sentimiento de pérdida muy habitual en la década de los 80 y del estilo de música PUNK de la época cuando fue escrito el manga. Esta visión ciberpunk de esa diferencia generacional se acentúa por la crisis que NeoTokio parece estar sufriendo.
¡Si fracasáis en esta escuela no tendréis más oportunidades!”- se le escucha a un profesor. Se intuye que aunque estudien no parece existir una salida para la juventud. De hecho hay un mensaje en la puerta del bar donde advierte “Adults only” y da la sensación de que es un mensaje del sentir de una sociedad que excluye a la juventud en general, y no solo un mensaje de acceso al local.
En resumen, una sociedad de bases injustas donde las revueltas, el terrorismo, el integrismo religioso y los grupos filoanarquistas constituyen la oposición a un gobierno autoritario, violento y represor. La representación del gobierno es reflejada en el filme mediante un consejo de adultos y ancianos, de banqueros y políticos, incapaces de entenderse mientras el país perece. Caos.

En el lado rebelde aparece otro doble pilar. Key (ケイ) y Ryu. Key es una activista que lucha por la libertad y cuyo líder, al que admira, es Ryu. Key es la conexión necesaria para el desarrollo de la historia de Kaneda con Tetsuo. Cuando Kaneda se une a Key, Tetsuo inicia su periplo en solitario al autoconocimiento y la transformación. Ese periplo es la emancipación, la independencia pero también la corrupción, el poder y la búsqueda del concepto de “superhombre”, de evolución y destrucción. Akira, que, sin aparecer, está presente en toda la obra empieza a plantar su semilla en el alma de Tetsuo. 

El otro doble pilar es el coronel Taisa, jefe militar del proyecto AKIRA, y el doctor, responsable científico del mismo. Y hay una trinidad de niños-ancianos llamados los números, (25,26 y 27) que provocan el renacer de Tetsuo-Akira y guían su camino. Estarán omnipresentes en toda la película. La crítica al desempeño de una ciencia sin bioética, y al uso del conocimiento humano sin fronteras con el único objetivo de aumentar la capacidad de destrucción de un estado militar imperante en NeoTokio, es uno de los temas fundamentales de la película en cuanto a la crítica sobre el poder y la responsabilidad inherente que la humanidad debe poseer. Jugar a ser Dios, el moderno Prometeo que se vuelve contra su creador, y el salto evolutivo, referencia de “2001, una Odisea en el espacio” (Kubrick). Referencias claras de un escalón representado por Akira en esta película y por el impresionante monolito negro en la de Kubrick. El mono que adquiere la consciencia, aquí pretende ser el hombre que se eleva al concepto de superhombre en busca de una supracultura.

Como si de una alegoría del mito clásico se tratase tenemos al oráculo representado por la niña-anciana del proyecto AKIRA, un héroe montando su “caballo rojo” y un monstruo nacido de la incomprensión, la soledad y el complejo.

Una línea temporal que se inicia en la antigua Tokio, en la tradición, que sigue con la destrucción de Akira, la guerra, la posguerra, el terrorismo, el integrismo religioso, el miedo y la represión. Nace un integrismo religioso que clama y reza por la segunda venida de Akira, como si de un Mesías de la destrucción se tratase. Una sociedad corrompida, necesitada de un diluvio universal, una explosión divina y un renacimiento de la virtud. Todo es una bomba y no se necesita a Akira, realmente, para que todo explote.

La muerte de Yamagata, un personaje menor, supone la inflexión donde Kaneda deja de ser el protector para convertirse en el ejecutor. Hay que parar a Tetsuo-Akira cuyo poder inconmensurable le hace convertirse en un monstruo, en la amenaza de la destrucción total.

El simbolismo en la película es constante y un ejemplo es cuando Tetsuo agarra un trapo rojo y se lo coloca como capa. Se ha convertido en un superhombre, en un hombre fuerte, independiente de Kaneda, y con mucho poder.



 Akira es una obra de arte, es una película única cuyo presupuesto fue de 10 millones de dólares, algo inaudito para un proyecto de animación, y que no hubiera sido posible sin la conjunción de diversas productoras formando el proyecto de financiación llamado “COMITÉ AKIRA”. Se basa en su manga homónimo, incompleto en 1988, y que fue terminado (de forma diferente) por Otomo años después. Algunos rumores apuntan a que fue una charla con Alejandro Jodorowsky (creador de “El Incal”, entre otras muchas obras) lo que inspiró a Otomo para el final del manga (cómic). El caso es que la recaudación solo en Japón fue de 50 millones de dólares y la distribución al resto del mundo también fue igual o más productiva. En cuanto a la distribución en EEUU se dice que Spielberg y George Lucas rechazaron distribuirla aludiendo que no sería entendida por el público occidental. La realidad fue que se convirtió en un triunfo mundial y supuso la apertura del manga y el anime al mundo de una forma que antes hubiera sido impensable. Los hechos reafirmaron que estábamos ante una historia de carácter universal y no centrada en el sentir japonés. Esta obra ciberpunk, aunque influenciada por referentes como Blade Runner, Mad Max, 2001, Odisea en el espacio, … es y será una obra única y original.


Su ritmo es correcto y aunque alguno lo niegue sus tres actos principales, véase 1- persecución de los motoristas y presentación de los personajes, 2- huida del hospital y retrospección de Tetsuo , 3- desenlace de Tetsuo y estadio olímpico de NeoTokio, reparten el ritmo con abundantes escenas de acción y está perlada de filosofía metafísica. Un cóctel complejo y lleno de éxito.

Se convierte así en un anime imprescindible donde su persecución de motos se coloca entre las mejores escenas de acción del cine, y que por su belleza quería dejarle el honor de cerrar este comentario-crítica. “The Clowns vs The Capsules” : las luces de los faros se alargan dibujando la trayectoria de unas motocicletas unidas a unos caballeros que luchan por la victoria. Una escena única que todo cinéfilo debe conocer y que sirve como excusa para mostrarnos las capacidades técnicas de una animación que no tenía rival. Nos muestran en una escena de 5 minutos a los personajes, sus vinculaciones y a la gran ciudad que es y será en el mundo del cine NeoTokio.


By moanbe ;-)

1 comentario:

Benjamin Carretero Montes dijo...

Gran artículo. Pedazo de película de animación. No ha pasado el tiempo por ella.