Presentación

Amantes de mundos fantásticos, bisoños aventureros en busca de tesoros, criaturas de la noche, princesas estudiantiles y fanáticos de cachas de postín, ¡sed bienvenidos!. Invitados quedáis a rebuscar en nuestra colección de VHS, acomodar vuestras posaderas en una mullida butaca, darle al play, y disfrutar de lo bueno, lo malo y lo peor que dieron estas décadas.

ADVERTENCIA: Aquí no se escribe crítica cinematográfica (ni se pretende). Las reseñas son altamente subjetivas y el único objetivo es aprender y disfrutar del cine y, por supuesto, de vosotros.
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Nunca digas nunca jamás(1983, Irvin Kershner) Never Say Never Again


Año 1983, el año de guerra de los Bond. Es en este año cuando se da un hito histórico cinematográficamente hablando y no es otro que el hecho de que en pantalla van a coincidir dos películas de la saga Bond, como eran “Octopussy”, protagonizada por el Bond ochentero Roger Moore y “Nunca digas nunca jamás”, protagonizada por el mejor Bond para quien esto escribe, como era Sir Sean Connery.

En realidad “Nunca digas nunca jamás”, debería haberse titulado “Warhead”, pero a Irvin Kischner, su productor, le hizo gracia la frase que Connery le había soltado dourante el rodaje en Marruecos de “El Hombre que pudo reinar” al serle propueso volver a retomar el papel del agente doble cero: “never again, never again”.



Este hecho de que coincidiesen dos filmes de la saga a la vez, radicaba en el hecho de que Kevin Mc Clory había litigado los derechos de “Thunderball” a Ian Fleming y al conseguirlos, buscaba la manera de hacer un remake de ella.

La trama parte del robo por parte de ESPECTRA, de dos cabezas nucleares, con lo que ante el rescate exigido por la organización, el MI6 decide reactivar el programa doble cero con el fin de desbaratar los planes de la organización.

La película en sí huele a nostalgia pura y dura desde el inicio, partiendo de que quien ejerce el rol principal, es el Bond más genuino, como es Sean Connery el cual además conduce el Bentley de las novelas de Ian Fleming.


Sin embargo pronto notamos carencias, desde la ausencia de una escena pre-créditos, la falta de la melodía original y un tema principal malo de solemnidad.

A pesar de contar con un reparto notable con un Max Von Sidow ejerciendo de Blofeld, un Klaus María Brandauer ejerciendo del villano de la función, Largo y unas Bárbara Carrera como villana y una jovencísima Kim Basinguer ejerciendo de chica Bond, la película se ve lastrada por unas escenas de acción que salvo las que tienen lugar en Niza con la moto y el R-5 y las escenas acuáticas, no son de las que suelen enganchar, es más ni siquiera las que ocurren cuerpo a cuerpo son dignas de la saga.


Eso sí Bandauer, da un notable como nota en su rol de villano, con ese tono tan cínico como despiadado, marca de los mejores villanos de la saga.

En general la película pierde atractivo para todos los fans de la saga desde el principio y quizás por ello el resultado en taquilla no fue el esperado y la batalla la ganó con diferencia “Octopussy”.


Ochentesidades:

La escena de sexo con Bond en el baco fue íntegramente rodada por Carrera y Connery  ya que ésta quería saber de primera mano lo que era estar con un doble cero, según cuenta la rumorología.

Fue la última vez que veríamos a “Spectre” hasta el estreno de la película del mismo título en 2015.

El jefe de especialistas era un jovencísimo Steven Seagal, el cual rompió una costilla a Connery durante la preparación de la escena con el gigantón del spa.

Este film fue el debut en el cine de un jovencísimo Rowan Atkinson, que se haría mundialmente famosos por su papel como “Mr Bean.”

Carrera consiguió una nominación a los Globos de Oro como mejor actriz secundaria, más que merecida la verdad.

Fue la última vez que veríamos a Connery sin barba en una película y su segundo regreso a la saga tras la vuelta en “Diamantes para la Eternidad”.

Nota: 5,5.

Lo mejor: Volver a ver a Connery como 007, una Carrera descomunal y una Kim Basinguer que empezaba a despuntar.

Lo peor: No se respira el espíritu 007 desde el inicio y eso lastra la película

JOSE MARÍA MOLANO


Yo, Cristina F. (1981, Udi Edel) Chirstiane F.



 “Meados y mierda por todas partes. Es lo que se ve si se echa un buen vistazo”

Berlín occidental, finales de los setenta. Cristina, una niña de trece años, quiere conocer la discoteca Sound. A través de su amiga Kessi logra acceder al local y conoce a su futuro novio, Detlev y al grupo de sus amigos. Cristina empieza a experimentar con las drogas; pero lo que empezó como un juego termina por convertirse en una pesadilla de la que no podrán escapar.

Basado en un libro fruto de la investigación de dos periodistas sobre un caso en el que se juzgó a un hombre que suministraba heroína a menores a cambio de favores sexuales, “Yo, Cristina F.”, es una muestra cruda y realista del submundo de la drogadicción. Christiane Felscherinow fue una de las víctimas y en base a sus testimonios fue escrito el libro. Este hecho y el que ella misma trabajara como asesora en la película  homónima es quizás determinante para ese realismo que desborda las imágenes. Así, a través de una sucia fotografía acorde con la sordidez de los ambientes en que se desenvuelven los protagonistas, se nos narra el progresivo deterioro y descenso a los infiernos de un grupo de adolescentes cuyas primeras juergas y escarceos con drogas blandas dan paso a la heroína y de ahí a toda clase de actos degradantes en pos de la codiciada sustancia. En aras de este realismo,  Udi Edel, quien logra con su debut la que es considerada como su mejor película, no duda en rodearse de un elenco de actores desconocidos. Destaca en este aspecto el papel protagonista de Natja Brunckhorst. Y es que la niña que encarna a la verdadera Christiane ofrece una interpretación en la que demuestra una madurez excepcional para encarnar a un personaje que se sumerge en una profundidad abisal afrontando un puñado de situaciones repugnantes - como la del intento de desengancharse en la habitación o la que nos muestran las perversiones sexuales de alguno de sus clientes -con una naturalidad espeluznante.

Yo, Cristina F.”, sin duda, es una película en la que prima la ambientación. Así, pese a no destacar por su empleo de los recursos cinematográficos, la puesta en escena define a la perfección la decrepitud de la historia que quiere reflejar. El color grisáceo de la fotografía, el maquillaje de los actores, la ubicación de los personajes en escenarios cerrados – el metro, habitaciones lúgubres, baños de suciedad palpable - que aumentan la sensación claustrofóbica, la tenue iluminación o el empleo de varias canciones de David Bowie – de quien Christiane era seguidora - logran transmitir una atmósfera netamente degenerada. Destaca también en este aspecto el paralelismo establecido entre las películas de terror proyectadas en el Sound y el mundo de la drogadicción; paralelismo que queda patente con las imágenes de cientos de jóvenes paseando como “zombies” por el metro berlinés. A estos aspectos hay que sumarle la existencia de alguna escena sobrecogedora; como la ya citada imagen del intento de desengancharse en compañía de su novio en la que ambos terminan cubiertos por sus vómitos sanguinolentos o aquella en la que un drogadicto le roba a Cristina la jeringuilla para acto seguido pincharse en el cuello. Quizás la parte más floja corresponde a la relación de Cristina con su madre. Una relación apenas existente y que no es creíble por la excesiva indiferencia con que se desarrolla – me resulta muy difícil de creer por la ausencia de tensión entre ambas; tensión siquiera mínimamente necesaria dada la gravedad de los actos de Cristina- 

Dijo Lenin : “Libertad para qué”. La frase que para los acérrimos enemigos del comunismo fue interpretada como toda una declaración de intenciones que definía a la perfección un sistema totalitario, puede bien constituir el intento de cribar  una idea tan genérica como es la de la libertad. Así , la libertad considerada de tal modo da a entender ser clara y unívoca cuando en realidad no lo es. ¿Libertad para qué? ¿Para hacer lo que uno quiera? Sí, pero esta concepción supondría el choque de nuestra libertad frente a otras libertades; ¿libertad para matar? O es quizás, como el caso que nos ocupa, libertad para drogarse. Una libertad que deja de ser tal cuando el mono domina por completo la voluntad del consumidor y éste se ve obligado a cometer todo tipo de actos que lo subyugan a la sustancia. De este modo, lo que comienza siendo un acto de libertad puede convertirse en una soga cuando la experimentación da lugar a la adicción y esta al latrocinio y a la prostitución para poder consumir. Cristina F. no es sino el arquetipo de esta máxima.

GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA


TRAILER

El nombre de la rosa (1986, Jean- Jacques Annaud) Der Name der Rose


Año 1327. En compañía de un joven e inexperto novicio, el monje Guillermo de Baskerville investiga una serie de muertes intrigantes acaecidas en una abadía Benedictina del norte de Italia. Aunque todo parece indicar que las muertes están ligadas a una de las profecias del Apocalipsis, Baskerville está convencido de que la clave del misterio se halla en la custodiada biblioteca del monasterio. (http://decine21.com/peliculas/El-nombre-de-la-rosa-3395)


Habiendo llegado al final de mi vida de pecado, con mi cabeza cana, me preparo para dejar en este pergamino mi testimonio de los maravillosos y terribles hechos que vi en mi juventud , hacia finales del año de Nuestro Señor. Que Dios me dé la sabiduría y la gracia de ser fiel cronista de los hechos ocurridos en una remota abadía en el norte de Italia.


- El abad y sus colegas creen que el diablo está aquí dentro.

- Lo está.

-La única evidencia que veo del diablo es el deseo de todos de que esté aquí.


La risa mata el temor, sin temor no hay fe, y sin temor al demonio no se necesita a Dios.


Basada en la novela homónima de Umberto Eco, aunque centrada en su trama detectivesca y despojada de su profundidad histórica , teológica y filosófica, la adaptación cinematográfica de Annaud es una gran película de misterio e intriga con trasfondo religioso, y todo un clásico ochentero de visión obligada. Quizás el primer inconveniente al que se enfrenten muchos de los conocedores de la obra de Eco se encuentre en la ya tan manida pregunta : ¿es mejor la película o el libro? Para el que suscribe esta cuestión carece de todo sentido por el hecho de que el cine y la literatura, pese a sus conexiones, son formas artísticas distintas y lo que se puede encontrar en un libro muchas veces es imposible trasladarlo a la gran pantalla. En efecto, ¿cómo adaptar esas precisas descripciones de la abadía , los eruditos debates teológicos o la información histórica, tan abundante en la novela, a un formato audiovisual, sin que resulte tedioso? El propio Eco se pronunció en su día  dejando claro que en el momento que Annaud aborda la novela la obra deja de ser suya cobrando vida propia, una vida que sigue un camino distinto al de la palabra impresa. Annaud por su parte reafirma que su labor, como director, es la de interpretar la obra de Eco, añadiendo o quitando lo que considere necesario y ofreciendo su propia visión. 


Pero no quisiera dar la impresión de que la versión de Annaud conforma una suerte de sucedáneo o visión descafeinada del libro de Eco. Annaud es un obsesivo del detalle. Cuatro años , nada más y nada menos, estuvo preparando la película. Los interiores se rodarían bajo las vastas bóvedas del antiguo monasterio cisterciense de Eberbach, mientras que las localizaciones para los exteriores están sitas en Roma. Esa iluminación, tenue y lóbrega a base de velas y lámparas de aceite corre cargo de Tonino Delli Colli, asiduo de Passolini, Leone o Fellini,. La música es obra del difunto oscarizado James Horner. Para mostrar de la manera más fidedigna la vida y el comportamiento de los monjes de la abadía benedictina contrató al especialista en historia medieval Jacques Le Goff, quien asesoró respeto al  más mínimo detalle referente a decorados, objetos, vestimenta ... Fue tan radical Annaud en su concepción que tanto los libros de la biblioteca como los trajes de los personajes fueron hechos a mano, obligó a los intérpretes de los monjes a afeitarse la cabeza, a recibir clases de canto o incluso a arrancarse los empastes dentales, y no contento con esto sólo contrató a los de rostros más grotescos, peculiares, desproporcionados; de narices prominentes y caras redondas como la luna ... Annaud huye de los personajes de postín, de los peluquines o de los campesinos impolutos que copaban las películas ambientadas en el medievo hasta la fecha, mostrándonos una pauperización real plagada de piojos, suciedad y ratas. Aún así, en aras de conseguir el éxito mundial , y concebida como una superproducción, fue rodada en inglés, y los papeles más destacados encarnados por estrellas de la talla de Sean Connery o F. Murray Abraham y de promesas como Christian Slater o Ron Perlman, todos simplemente fabulosos.



La historia gira en torno a la investigación que Guillermo de Baskerville (Sean Connery) , acompañado de su joven pupilo, Adso de Melk (Christian Slater),  emprende en un monasterio benedictino a raíz de las extrañas y terribles muertes de algunos monjes. El personaje de Guillermo de Baskerville, queda , sin duda, definido por su propio nombre; formado por la unión del del filósofo Guillermo de Okham y el de la obra El perro de los Baskerville de Connan Doyle, en clara alusión al archiconocido Sherlock Holmes. Así, nuestro Sherlock Holmes franciscano junto con el inexperto Adso - un pequeño Watson - empleará toda su potencia deductiva para demostrar que las muertes tienen una explicación natural y no son obra del diablo ni está aconteciendo la profecía del apocalipsis. Los ojos de Guillermo , sagaces, inquisitivos, observan y asimilan todo lo que sucede alrededor para hilvanar a fuego lento y establecer las conexiones entre los hechos que para la mayoría pasan desapercibidos. Y es que , Guillermo, pese a ser un fervoroso creyente, representa a la razón, una razón que no va reñida con la fe en cuanto cree que no hay que atribuir causa sobrenatural a lo que escapa a nuestro entendimiento sin agotar las explicaciones naturales. Por si fueran pocas las referencias filosóficas, descubrimos que todo el misterio ronda alrededor de un libro de Aristóteles. Pero además, el amor a la verdad de Guillermo es tan intenso que no dudará en sacrificar su vida por el conocimiento (¡Adso, salva los libros!, grita a su pupilo en medio de un incendio en el que por poco perece consumido) , o por defender la causa que cree justa (actúa como un Socrates al enfrentarse a los veleidosos designios de la Inquisición). 
El joven Adso , por su parte, representa la inocencia, el candor, de la juventud. Pese a ello, adelanta a su maestro en cuestiones amorosas y sexuales, al yacer junto a la campesina - la rosa, de quien desconocemos su nombre- o al utilizar sus conocimientos clásicos (la historia de Teseo y el laberinto del Minotauro) para encontrar la salida del laberinto de la biblioteca.
La relación entre ambos es de amistad, e incluso paterno filial, pero pese a la erudición de Guillermo de Baskerville, este no menosprecia a su alumno y le insta a que actúe y piense "por sí mismo".





Por contra, los antagonistas, Jorge de Burgos (Feodor Chaliapin Jr) y el inquisidor Bernardo Gui (F. Murray Abraham) representan la tradición eclesial más ortodoxa. El primero, ciego furibundo que odia la risa por encima de todas las cosas, llegando a declamar : la risa mata el temor, sin temor no hay fe, y sin temor al demonio no se necesita a Dios.  No nos extraña que sea el artífice principal del misterio que rodea a la abadía, y a los libros , que culmina con la máxima: el que sabe demasiado ... muere ... El segundo, radical inquisidor, fanático e intransigente que no duda en manipular las pruebas, los testigos y los acusados con tal de que se adecuen a una férrea sentencia que ya ha dictado de antemano.  
Entre estos cuatro personajes principales (Guillermo, Adso, Jorge y Bernardo) es donde se libra una verdadera batalla entre la luz y la oscuridad, la razón y el fanatismo, que queda complementada por las pinceladas que nos informan de las desavenencias entre franciscanos, benedictinos, dulcinistas y representantes papales, así como por la atmósfera de  miedo y superstición que ciegan a la mayoría de los monjes - de los que Severino el arbolario (magnífico Elya Baskin) sería otra excepción. 

Atreveos pues, ¡oh, aguerridos aventureros! , a adentraros en la lúgubre abadía benedictina y sus inextricables laberintos. A nada temáis siempre que os ilumine la luz de la razón ...

GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA





TRAILER