Presentación

Amantes de mundos fantásticos, bisoños aventureros en busca de tesoros, criaturas de la noche, princesas estudiantiles y fanáticos de cachas de postín, ¡sed bienvenidos!. Invitados quedáis a rebuscar en nuestra colección de VHS, acomodar vuestras posaderas en una mullida butaca, darle al play, y disfrutar de lo bueno, lo malo y lo peor que dieron estas décadas.

ADVERTENCIA: Aquí no se escribe crítica cinematográfica (ni se pretende). Las reseñas son altamente subjetivas y el único objetivo es aprender y disfrutar del cine y, por supuesto, de vosotros.
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Efemérides - 13/06 - Licencia para matar

 El 13 de junio de 1989 se estrenó Licencia para matar (Licence to Kill, John Glen), la segunda y última película de la saga 007 protagonizada por Timothy Dalton, quien encarnó a un Bond mucho más violento y oscuro que el de sus predecesoras.


Ficha técnica y artística

TRAILER

Casino Royale (1967/ Varios directores : Val Guest, John Huston entre otros) Casino Royale

 

Retomamos la ya hace tiempo abandonada, sección Delorean, en la que os traemos aquellas joyas que no siendo de los ochenta , sí han tenido influencia o herencia en esa época y posteriores.

Es por eso que hoy desempolvo mi Walter PPK, me pongo el smoking, pido un Martini con Vodka, agitado, no mezclado y me sumerjo en la spoof Bond movie: Casino Royale 


MI6:

Casino Royale nos presenta a un Bond retirado del servicio activo, tras un desengaño provocado por entregar a su amada Mata-Hari , pero el cuál es llamado a filas cuando la organización SMERSH conspira en la sombra para alterar el orden mundial, lo que ha obligado a las grandes potencias mundiales, a aunar esfuerzos, con el fin de traer de vuelta al mayor espía de todos los tiempos.


Mission failed: 

La película toma el nombre de la novela de Ian Fleming...y se acabó, porque cualquier parecido con la novela es mera coincidencia, si exceptuamos la partida del casino entre Peter Sellers y Orson Welles y que tan brillantemente mostró Martin Campbell en 2006 . 

¿Era la idea original , hacer una fiel adaptación de la novela? No, la verdad es que no y a todos los actores y actrices que firmaron por la película, se les hizo creer que sí, que iban a rodar una adaptación de la famosa novela de Ian Fleming.

De hecho, se contrataron directores por doquier (seis) y actores conocidos y futuras estrellas ( Jaqueline Bisset en su debut, David Prowse) para darle un aura de superproducción.

A cada director se le encomendaba unas escenas y unos actores y todo iría solapado con la idea de facilitar el montaje final en la mesa de edición:

  • Val Guest: rodaje con Woody Allen y adicionales con David Niven
  • Ken Hughes: Berlín
  • John Huston: Escenas iniciales en la casa de Bond y las escenas del castillo en Escocia
  • Joseph Mc Grath: Escenas con Sellers, Úrsula Andress y Orson Welles
  • Robert Parrish: Escenas con Sellers y Welles
  • Richard Talmadge: Todo el locurón final del Casino ( sin acreditar)
Pero pronto empezaron los problemas.
Para empezar Peter Sellers y Orson Welles no se tragaban y a pesar de ello fue Sellers quien recomendó a Welles para el papel de Le Chiffre . Era tal el odio mútuo, que sus escenas hubieron de ser rodadas en días diferentes para no coincidir en el set de rodaje y con dobles enfrente de ellos para afrontar las escenas.
No sólo eso, si no que Sellers fue una fuente de conflictos continuos durante todo el rodaje, ausentándose varios días sin explicación y llegando al extremo que hubo de ser despedido y la escena lisérgica con los gaiteros , tuvo que ser amoldada a su ausencia con una Úrsula Andress que andaba más perdida que una aguja en un pajar...



Como consecuencia de tantos retrasos , Woody Allen , también decidió abandonar el set de rodaje, puesto que no paraban de postergar sus escenas, las cuales al final hubieron de ser rodadas aparte en Londres. No contento con ello, decidió que a partir de entonces, él mismo rodaría sus películas y de hecho siempre ha renegado de su participación en esta película.

Como suma de todo ello , más los enormes decorados, el presupuesto pasó de seis a doce millones de libras, que si nos ponemos a comparar, es casi lo mismo que tenía Operación Trueno /1967 de presupuesto y ya circulaba el rumor de que podía ser una pequeña Cleopatra, que fue la causante de la bancarrota de la 20th Century Fox, pero...No, fue un éxito, debido a una estudiada campaña de marketing, en la destacaba sobremanera, los carteles que podéis ver al principio del artículo, con la mujer completamente tatuada.


The Mission:

La película intenta ir de graciosa pero se ven las costuras desde el inicio y los fallos de montaje.

De hecho en la primera escena se nos presenta a un Sellers como James Bond, cuando realmente no es hasta la mitad de la película cuando nos lo presentan como tal. Al Bond original, es decir a David Niven, le van a buscar las grandes potencias y al llegar a sus dominios vemos que está rodeado de tigres, que hace Yoga y toca el piano, toma té y lleva un turbante en la cabeza...claramente no es el Bond de las novelas.

Pero es que luego, viendo que las potencias no logran convencer a Bond , estos deciden forzarlo a volver de modo que vuelan su casa por los aires y haciendo que M ( John Huston) muera por accidente...muerte que no vemos, porque lo único que se ve es a su peluquín volando de onda expansiva ¿y por qué sabemos que ha muerto?, pues porque Bond debe acudir a llevar sus cenizas a Escocia , donde reside su viuda y su docena y media de hijas de no más de 17 años . Y aquí ya John Huston, debió pasarse de whiskies por que toda la escena de la cena con los gaiteros y las chicas siendo tumbadas al drinking por Bond más la escena de la cacería con esos pájaros robots explosivos es una locura a tope de Whiskeys en remix con LSD.

Pero ojo, que ya que íbamos puestos de LSD había que rizar el rizo y ZAS , nos sacamos que Bond tiene una hija, fruto de su relación con Mata Hari, llamada Mata Bond y a quien recluta para infiltrarse en SMERSH y así adivinar los planes de la organización .

Aquí Ken Hughes, apoyado en un diseño muy sixty de los decorados, nos lleva a una guarida de SMERSH en la que se desata una pelea surgida de la mente de los hermanos Marx, puesto que aquello parece el camarote de los propios hermanos, con rusos, yankees, chinos y franceses peleando entre ellos porque en un vídeo han visto unos cañones...

No sigo detallando más cosas, porque toda la película es una oda a los años sesenta, con diseños extravagantes, peinados muy pop, ropa muy pop y una deliciosa BSO de Burt Babarach que nos lleva flotando hasta el éxtasis final, en el Casino Royale y que para mí es lo mejor de la película de lo demencial que es, con indios, vaqueros, vallas que disparan balas, un Frankenstein ( David Prowse, en su debut en la gran pantalla), la legión encarnada en un divertidísimo Jean Paul Belmondo y  un Woody Allen mostrándose como el Dr No, con su plan malvado de hacer que en la tierra sólo queden hombres de 1,60 y mujeres bellas y un final...donde no queda nadie vivo y vemos a todos con alitas de ángel y tocando el harpa en el cielo...excepto Allen que es enviado al infierno.


LO MEJOR: 

Ese aire pop y el ir por que todo cuanto más absurdo mejor. 

Úrsula Andress como Vesper Lynd, Niven como Bond y Jacqueline Bisset

LO PEOR:

Se sale con un colocazo gordo. Escenas como la prueba de vestuario de Sellers con Úrsulla Andress o sobre todo la de los gaiteros en el interrogatorio de Welles.

NOTA DELOREAN: 7/10

Nunca digas nunca jamás(1983, Irvin Kershner) Never Say Never Again


Año 1983, el año de guerra de los Bond. Es en este año cuando se da un hito histórico cinematográficamente hablando y no es otro que el hecho de que en pantalla van a coincidir dos películas de la saga Bond, como eran “Octopussy”, protagonizada por el Bond ochentero Roger Moore y “Nunca digas nunca jamás”, protagonizada por el mejor Bond para quien esto escribe, como era Sir Sean Connery.

En realidad “Nunca digas nunca jamás”, debería haberse titulado “Warhead”, pero a Irvin Kischner, su productor, le hizo gracia la frase que Connery le había soltado dourante el rodaje en Marruecos de “El Hombre que pudo reinar” al serle propueso volver a retomar el papel del agente doble cero: “never again, never again”.



Este hecho de que coincidiesen dos filmes de la saga a la vez, radicaba en el hecho de que Kevin Mc Clory había litigado los derechos de “Thunderball” a Ian Fleming y al conseguirlos, buscaba la manera de hacer un remake de ella.

La trama parte del robo por parte de ESPECTRA, de dos cabezas nucleares, con lo que ante el rescate exigido por la organización, el MI6 decide reactivar el programa doble cero con el fin de desbaratar los planes de la organización.

La película en sí huele a nostalgia pura y dura desde el inicio, partiendo de que quien ejerce el rol principal, es el Bond más genuino, como es Sean Connery el cual además conduce el Bentley de las novelas de Ian Fleming.


Sin embargo pronto notamos carencias, desde la ausencia de una escena pre-créditos, la falta de la melodía original y un tema principal malo de solemnidad.

A pesar de contar con un reparto notable con un Max Von Sidow ejerciendo de Blofeld, un Klaus María Brandauer ejerciendo del villano de la función, Largo y unas Bárbara Carrera como villana y una jovencísima Kim Basinguer ejerciendo de chica Bond, la película se ve lastrada por unas escenas de acción que salvo las que tienen lugar en Niza con la moto y el R-5 y las escenas acuáticas, no son de las que suelen enganchar, es más ni siquiera las que ocurren cuerpo a cuerpo son dignas de la saga.


Eso sí Bandauer, da un notable como nota en su rol de villano, con ese tono tan cínico como despiadado, marca de los mejores villanos de la saga.

En general la película pierde atractivo para todos los fans de la saga desde el principio y quizás por ello el resultado en taquilla no fue el esperado y la batalla la ganó con diferencia “Octopussy”.


Ochentesidades:

La escena de sexo con Bond en el baco fue íntegramente rodada por Carrera y Connery  ya que ésta quería saber de primera mano lo que era estar con un doble cero, según cuenta la rumorología.

Fue la última vez que veríamos a “Spectre” hasta el estreno de la película del mismo título en 2015.

El jefe de especialistas era un jovencísimo Steven Seagal, el cual rompió una costilla a Connery durante la preparación de la escena con el gigantón del spa.

Este film fue el debut en el cine de un jovencísimo Rowan Atkinson, que se haría mundialmente famosos por su papel como “Mr Bean.”

Carrera consiguió una nominación a los Globos de Oro como mejor actriz secundaria, más que merecida la verdad.

Fue la última vez que veríamos a Connery sin barba en una película y su segundo regreso a la saga tras la vuelta en “Diamantes para la Eternidad”.

Nota: 5,5.

Lo mejor: Volver a ver a Connery como 007, una Carrera descomunal y una Kim Basinguer que empezaba a despuntar.

Lo peor: No se respira el espíritu 007 desde el inicio y eso lastra la película

JOSE MARÍA MOLANO


Licencia para matar (1989, John Glen) License to Kill



Segunda película de Timothy Dalton como el agente doble cero más famoso y por desgracia para el que esto escribe, es la última aportación del notable actor británico a las andanzas del espía más famoso de todos los tiempos.

SINOPSIS:

James afronta la difícil misión de vengar la muerte de la esposa de su colega de la CIA Felix Leiter en una lucha encarnizada contra el cártel de la droga, encarnado en la figura del narcotraficante Sánchez.

OPINIÓN:

Las novelas se habían acabado, con lo que no había material original para la película, de ahí que el guionista Richard Maybaum decidió centrar la historia en China con los cárteles de la droga como antagonistas de 007. El caso es que viendo las dificultades que podrían tener con el rodaje en el páis asiático, decidieron trasladar la acción a un páis inventado, llamado Isthmus, pero manteniendo la trama de la droga.

Por desgracia una huelga del “Writer´s Guild”, dejó su obra a medio hacer y hubo de completarla Michael G. Wilson, productor asociado a Cubby Broccoli y que ya había colaborado con él en “Sólo para sus ojos”.

De todos modos en esta película lo que vemos es el Bond más genuino de las novelas, un Bond que sufre, profesional, arisco a veces y sobre todo solitario, a pesar de los intentos de la chica Bond Pam Bouvier interpretada por Carey Lowel y de Q (Desmond Lewellyn). Este Bond ya no está al servicio de su patria, si no de sí mismo, en una búsqueda insaciable de venganza en la que no dejará títere con cabeza y usará todos los medios a su disposición con el fin de ejecutarla.
Si ya de por sí el inicio de la película es trepidante y espectacular con el apresamiento de Sánchez, no lo es menos la posterior escapada de éste desde esa carretera que atraviesa de lado a lado los Cayos de Florida y que tantas veces hemos visto en multitud de películas.



Pero sin duda la palma de todas las escenas de acción, se las llevan los veinte minutos finales con la huida de la base de Sánchez a través de los camiones, con unas escenas que ríanse ustedes de las que vemos en “Fast and Furious” y sobre todo hechas con un realismo que para sí quisieran muchas de las obras que vemos en el cine en nuestros días. Lo de la muerte de Sánchez como colofón es algo antológico…y flambeante.

Las chicas Bond, otro de los ganchos de las películas de Bond destacan a partes iguales, si bien Talisa Soto como la pareja de Sánchez destaca por su belleza, yo particularmente me quedo con Carey Lowell, ya más bien por el hecho de que no es una mera mujer objeto, o florero, sino que es una mujer de armas tomar, decidida a ayudar a Bond cueste lo que cueste y con recursos propios, sino atentos a la escena en el bar de los Cayos, con esa escopeta guardada debajo de la mesa y como se enfrenta a los matones en el bar y el modo en el que busca una vía de escape…que queráis o no a mí esa escena de la lancha me ha recordado a esa obra maestra “bondiana” que es “Desde Rusia con Amor”.


El villano Sánchez, encarnado por el pétreo y siniestro a partes iguales, Rober Davi, uno de los mejores villanos de los ochenta , protagoniza uno de esos villanos carismáticos que tanto gustamos de ver en el cine de James Bond y sin el histrionismo que pudiesen tener antecesores suyos, ya que lo único que busca es que la droga se distribuya, cueste lo cueste, de ahí su lema tan famoso por la serie “Narcos” y que popularizó el general de Panamá Noriega: “Plata para los amigos, palo para los indecisos y plomo para los enemigos”. Magistral.

Si nos fijamos en uno de sus acólitos, podremos ver a un jovencísimo Benicio del Toro haciendo de Darío, asesino sanguinario, que aquí interpretó uno de sus primeros papeles de renombre siendo a sus 21 años el más joven villano en la historia cinematográfia de James Bond. Pero no nos podemos olvidar de otro actor de carácter: Cari Hiroyuki Tagawa ejerciendo de agente encubierto y al que actualmente podemos ver en la serie, recomendada por cierto “The Man in the High Castle”.


En cuanto a la música, como no, inolvidable partitura cantada por Gladys Night: “Licence to Kill”, siendo una de las mejores canciones para la saga Bond junto a “Skyfall” o “ We have all the time in the World”, por poner algunas de las mejores.
Sin duda una pena no haber podido disfrutar de más Dalton, porque hubiese sido una leyenda como Bond, viendo el gusto que le había cogido al personaje.

Por José María Molano



Panorama para matar (1985, John Glen) A View to a Kill


Por Víctor Sánchez González

Panorama para matar (View to a Kill, 1985) es la decimocuarta película de la serie Bond y la última en la que aparece Roger Moore encarnado al mítico superespía británico salido de la pluma de Ian Fleming. Fue producida una vez más por Albert R. Broccoli y dirigida por John Glen.


Después de las extremadamente flojas Sólo para sus ojos (1981) y Octopussy (1983), Panorama para matar es una película muy digna y un buen colofón a la carrera de Moore como 007. Tiene un guion solvente, buenos secundarios, algunas escenas de acción memorables (pese a que el protagonista está ya para pocos trotes), y una banda sonora que ha pasado a los anales de la historia por el tema View to a kill de Durán Durán.

Una vez más, los productores repiten el formato que ha permitido mantener a flote y con éxito el personaje durante la década de los ochenta: Un villano de postín, un rival físico para Bond al estilo Tiburón (En este caso una mujer poderosa llamada May Day), un romance para el protagonista, acción y escenarios exóticos, en esta película la Torre Eiffel de París y el Golden Gate de San Francisco.

EL REPARTO
Si en Sólo para sus ojos y Octopussy, nuestro querido Roger Moore daba muestras de cansancio, en Panorama para matar pide el cambio desde el primer minuto. Ya es imposible ocultar los signos de la edad en su cara o sus manos, su estatismo y su falta de forma física lastran la dinámica de la película, pero no obstante, mantiene su natural buen porte y sentido del humor, al que tiene que recurrir de forma constante para suplir su falta de vigor físico.

La “chica bond” (ya sabéis que no me gusta utilizar este término por sus connotaciones machistas, pero es el nombre que reciben las partenaires femeninas del personaje), es en este caso la rutilante Tanya Roberts, una actriz de excepcional belleza que, tras aparecer en 1980 en la última temporada de la serie Los ángeles de Charlie, alcanzó la fama con el film de espada y brujería El señor de las bestias (1982), convirtiéndose para siempre en un icono del género fantástico.
Pese a que la diferencia de edad es evidente, su relación resulta creíble porque Roberts, que interpreta a la geóloga Stacey Sutton, con su sonrisa y sus ojos de color verde intenso, consigue llenar la pantalla y remontarle a Moore todas las escenas en las que salen juntos. Es la auténtica estrella de la película.


Para el personaje de villano el escogido es Christopher Walken, que lo borda como el megalómano magnate de los microchips Max Zorin, que planea destruir medio estado de California con una gran explosión al estilo Lex Luthor, pero esta vez para borrar del mapa Silicon Valley y así monopolizar el mercado de la informática. Al igual que ocurre con Tanya Roberts, la diferencia de edad entre Moore y Walken se hace evidente cuando están juntos.

Como hemos señalado al principio, se busca a Bond un rival físico al estilo Tiburón que en este caso es la modelo, actriz y cantante jamaicana Grace Jones, una mujer alta y fibrosa, con una imagen original y vanguardista que da un toque de modernidad ochentera a la película. Su papel es May Day, ayudante del villano que habla poco y actúa con contundencia pero que al final se pasará al lado de Bond y le ayudará a desactivar las toneladas de explosivo TNT que Zorin ha enterrado en una vieja mina para volar todo el valle.


Acompañan al elenco los habituales del universo Bond de la época: Lois Maxwell como Moneypenny, Desmond Lewelyn como “Q”, el hombre de los gadgets, o Walter Gotell como el general Gogol, jefe de KGB. Mención especial merece la aparición de Patrick Macnee, conocido por la serie de los sesenta Los vengadores, que aparece ya veterano como Sir Godfrey Tibbett, que acompaña a Bond en sus pesquisas en la mansión de Zorin de las afueras de París, en la tediosa mitad de la película.

LAS MEJORES ESCENAS
Tanto por su espectacularidad, como por haber sido inmortalizada en el videoclip de Durán Durán, la escena más recordada de la película es sin duda la persecución en las alturas de la Torre Eiffel entre Bond y May Day, que comienza en el restaurante con el asesinato de un informador, continua con una persecución a tiros por las escaleras de metal de la torre, y termina con el salto al vacío de la malvada asesina para desplegar un paracaídas negro y caer suavemente a orillas del Sena.
Para perseguirla, Bond roba un vehículo utilitario en otra secuencia memorable: la famosa persecución en el entonces novedoso Renault 11, que la marca aprovechó para anunciar el modelo en todo el mundo. El vehículo acaba partido por la mitad después de un espectacular sube y baja por las calles parisinas.

Otras escenas impactantes de la película son: La que ocurre bajo tierra, en la vieja mina saturada de explosivos con inundación incluida, y la secuencia del enfrentamiento final en un dirigible sobre el Golden Gate de San Francisco con Bond peleando en las alturas y cayendo sobre los cables de acero de sostienen el puente colgante.


LA BANDA SONORA
Es sin duda el punto fuerte de la película. La canción View to a kill de Durán Durán, que fue número uno en las listas pop de todo el mundo, está tan asociada a 007 como su propia sintonía de John Barry y Monty Norman o el tema de Goldfinger.


CONCLUSION
Después del adiós de Roger Moore, inaplazable ya por motivos de edad, los productores de la serie optaron por despojar al personaje de todo su glamour, elegancia y sentido del humor, y se empeñaron en convertirlo en un duro de acción al uso, primero con el fallido Timothy Dalton, que sólo aguantó dos películas, después con Pierce Brosnan, el Bond de los noventa, un actor al que el papel le va como anillo al dedo y con una importante vis cómica pero al que forzaban a poner una permanente “cara de ajo”, y actualmente con el incalificable Daniel Craig, una inexpresiva masa de músculos que ha convertido al personaje en un burdo mamporrero al que ya no le queda bien ni la pajarita.

Roger, te echamos de menos.

Por Víctor Sánchez González




007: Alta tensión (1987, John Glen) The Living Daylights



El siete de Agosto de mil novecientos ochenta y seis, Timothy Dalton era anunciado como el siguiente actor que interpretaría al agente doble cero con licencia para matar, tras la retirada del papel del carismático y ya envejecido para el papel Roger Moore.

Dalton ya había hecho el casting para el rol del más famoso agente secreto, tanto como para “007 Al servicio secreto de su Majestad”, como para “Diamantes para la Eternidad” , aunque en ambas ocasiones fue desestimado por ser demasiado joven.

En esta ocasión, las prisas urgían a la productora puesto que se trataba de la película que iba a suponer la celebración del veinticinco aniversario de la saga y tantearon tanto a Sam Neill, que casi se lleva el papel, como Sean Bean, que como recordaréis sería Alex Trebelien en “Goldeneye”, pero al final al que se llevaría el gato al agua sería este actor galés, al que habíamos visto por ejemplo en la adaptación a la pantalla grande de “Flash Gordon”.


En esta ocasión, se tomaba como referencia, no una de las obras de Ian Fleming, si no el relato corto “The living daylights” y la trama que se nos presentaba era como Bond, debía encargarse de la protección de un desertor de la KGB, el general Koskov, el cual luego resulta ser un impostor, cuyo fin es el tráfico de armas y opio junto al general Whitaker.

Para el que suscribe y para muchos otros, Dalton, era el Bond de las novelas, un Bond directo, que se mueve por instintos y cuyo único fin es servir a su Majestad, una pena que este actorazo, sólo estuviese en dos películas de la saga, porque realmente hubiese tenido mucho futuro.

Teniendo en cuenta que veníamos de una época, en la que lo primaba era el humor con Roger Moore, con Dalton, lo que imperaba era sobre todo la seriedad y el directos al grano, sin rodeos, es decir, si había que pegarse o disparar, directamente se hacía.


Desde el inicio de la película en Gibraltar se ve que la película va a ir directamente a la acción, con esa secuencia de la pelea con el jeep lleno explosivos ardiendo, mientras Bond y el saboteador se molen a palos y con un final muy explosivo, como mandan las películas de Bond.

Después la trama nos lleva a la extinta Checoslovaquia y aquí lo que vemos básicamente es una puesta al día de lo que era la “Guerra Fría”, con un Koskov ( Jeroen Krabbé) queriendo desertar de la KGB, pero con truco, ya que como veremos ha engatusado a una chelista de la ópera, Kara Milovy ( bellísima como no, Maryam D’Abo) , para que simule un ataque contra él y todo sea más verídico.

Por cierto que el fusil que usa Bond para interceptar a la supuesta francotiradora, a pesar de su aparatosidad, no era un prototipo creado para la película, si no que el modelo existía en aquella época. La posterior fuga a través del gaseoducto (el cual también era real y hubo de adaptarse para hacer posible la fuga de Koskov) y la huida a Inglaterra, son los momentos más intensos de esta primera parte de la película.

En Inglaterra, más concretamente en la mansión de M, todo se precipita y Koskov hace creer que es raptado y entonces James debe ponerse en marcha para averiguar quien y porqué se han llevado a Koskov, llevándole todas las pistas al general Pushkin ( John Rhys Davies, magistral como siempre) y posteriormente al coronel Whitaker ( Joe Don Baker).

Lo que ocurre tras Inglaterra, son las escenas que más suelen gustar de las películas de Bond, es decir persecuciones, tiroteos, acción a raudales, donde sobre manera debemos quedarnos con esa delirante escapada por la nieve de Bond y Kara montados en la funda del chelo en su bajada a la frontera con Austria y la persecución previa por parte del ejército checo por en medio del lago helado y donde 007 sabe darle un buen uso a todos los gadgets que Q ha incorporado a un Aston Martin que el pobre llevaba cogiendo polvo desde la trágica muerte de la esposa de Bond Tracy D’Vicenzo en “007 Al servicio secreto de su Majestad” ( si no la habéis visto, muy recomendable e infravalorada por desgracia).


El relleno de la estancia en Viena es un lastre que se hubiesen ahorrado en el metraje final, salvo por el asesinato del compañero de Bond, que desembocará en una Kara desesperada, delate su posición a Koskov y por lo tanto haga que Bond y ella misma sean retenidos y enviados a Afganistán, en plena guerra entre los rusos y el pueblo afgano, donde se descubrirá la tapadera del tráfico de opio de Koskov y Whitaker.

Tras una huida al más puro estilo Bond, usando uno de los gadgets de Q, en este caso el llavero del Aston Martin, con gas aturdidor y conseguir la ayuda de lso afganos, todo acabará con la muerte de Whitaker y el apresamiento de Koskov.

Por desgracia, a pesar de que la trama es correcta, fases como la de Viena, no ayudan a la película, encarecen la duración del producto y tampoco ayudan que en esta primera aparición de Dalton, le hayan puesto un villano tan vacío como Krabbé o como Baker. Mucho mejor está el despiadado asesino , esbirro de los dos que interpreta el rubio Andreas Wisnievsky al cual veríamos posteriormente en La Jungla de Cristal.

De todos modos puede considerarse un muy buen debut de Dalton en la saga Bond y el mejor resumen de lo que es en la mayor parte la película lo dijo el propio Dalton en una entrevista: “Bond es un hombre que puede morir en cualquier momento, por lo que el peligro y la tensión deben reflejarse en su modo de vida”, acción, acción y más acción.

Como apunte final, indicar que es la última película de la saga en la que John Barry actúa como compositor y la primera en la que Louis Maxwell no ejerce como Monney Penny.

Y por cierto no hay un tema principal, sino dos, el de “A-Ha” : “The living daylights”, impresionante y el del final de “The Pretenders”: “If there was a Man”.

Por Molano


Programa doble: Sólo para tus ojos (1981) y Octopussy (1983)


Especial Roger Moore, James Bond de los ochenta: “Programa doble”: Solo para sus ojos (1981) y Octopussy (1983) Por Víctor Sánchez González


Sólo para sus ojos (For your eyes only, 1981) y Octopussy (1983) son la decimosegunda y decimotercera películas de la serie Bond. Ambas fueron producidas por Albert R. Broccoli, dirigidas por John Glen (no confundir con el famoso astronauta), y protagonizadas por Roger Moore. Tienen en común, aparte de lo anterior, el dudoso honor de ser las más flojas de su ciclo. No obstante, como fans incondicionales del superespía británico creado por la pluma de Ian Fleming, también os las comentamos con todo el cariño en este especial programa doble.

SOLO PARA SUS OJOS

Tras el subidón de La espía que me amó y Moonraker, la serie Bond empezó los ochenta con un bajón de presupuesto, argumento, espectacularidad y elenco protagonista. El resultado es la endeble Sólo para sus ojos.
Inicialmente, Sólo para sus ojos estaba prevista después de La espía que me amó, de hecho en los créditos finales de ésta así se anunciaba, sin embargo, los productores decidieron adelantar Moonraker, de temática espacial, para aprovechar el boom comercial propiciado por La guerra de las galaxias.

Con el pretexto de volver a una trama de espías más convencional tras el paso por las historias futuristas y espaciales de las dos anteriores, nos encontramos con una película muy plana, sin emociones, casi sin gatgets o escenas espectaculares (apenas aparece el Lotus y lo hace pintado de marrón), sin un malo de postín, con una partenaire femenina muy joven que desentona con un Roger Moore ya maduro, con un Macguffin (recurso que sirve de hilo conductor a la acción) que no engancha (un supuesto “aparatito” llamado ATAC, que sirve para accionar a distancia los misiles nucleares británicos), y, lo que resulta demoledor: sin Tiburón, el personaje que sostiene a Moore en las dos películas anteriores y al que se echa mucho de menos. ¿Tiene algo bueno la película? Quizás las escenas que se rodaron en Grecia, en el espectacular monte Meteora, que ocurren al final de la película.


 La estrella del film es de nuevo y por quinta vez Roger Moore, al que ya se le empiezan a notar los achaques de la edad (apenas hay peleas o escenas en que se mueva y se limita a lucir trajes, hacer gala de su fino humor inglés, aparecer en fundidos o usar un doble).

Le acompaña la actriz francesa Carol Bouquet, que interpreta a Melina Havelock, una joven rica que busca vengar la muerte de su padre y persigue al mismo objetivo que Bond. Melina es una mujer fuerte y decidida pero que termina sucumbiendo a los encantos de Bond. Como hemos mencionado, en sus escenas chirría enormemente la diferencia de edad (tanto es así que a mitad de la película, el guión introduce un breve pero tórrido romance entre Bond y una belleza otoñal más acorde con él, una “condesa” interpretada por Cassandra Harris, que muere convenientemente para no interferir en la historia principal).

El papel de villano recae en Julian Glover (al que todos recordamos por uno similar en Indiana Jones y la última cruzada), como Kristakos, un magnate griego que juega a dos bandas con rusos y británicos. Completa el reparto el actor israelí Chaim Topol, como Columbo, un contrabandista enemigo de Kristakos y que ayuda Bond a desbaratar sus planes de vender el ATAC a los soviéticos. Les acompañan rostros habituales como Lois Maxwell como Moneypenny, Delmond Lewelyn como Q, o Walter Gotell como el jefe del KGB.


Como curiosidades podemos indicar que la película comienza con un guiño a la organización criminal Espectra, ausente en toda la serie de Moore, cuando Bond elimina con un helicóptero a su jefe y su sempiterno gato blanco. Hay una primera parte que el guión sitúa en Madrid, pero son unas escenas campestres que parecen una mezcla entre el sur de Francia y el sur de California. También se rodaron escenas de nieve en Cortina d’Ampezzo, en Italia. Al final de la película se permiten también una licencia humorística al aparecer una actriz caracterizada como la primera ministra británica de entonces, Margaret Thacher. La música esta vez corre a cargo de otro clásico como Bill Conti y el tema principal lo canta la estrella pop de los ochenta Seena Easton.


OCTOPUSSY

Para Octopussy, que se estrenó dos años después de Solo para sus ojos, los productores parecieron haber aprendido del error y recurrieron a un villano con más empaque, el actor francés Louis Jourdán, una protagonista femenina de una edad más acorde con la de Moore, Maud Adams, que además repite como “chica Bond” tras haber protagonizado con Moore El hombre de las pistolas de oro en 1974 (aquí interpreta a la enigmática Octopussy), y a un malo al estilo Tiburón que se enfrente a Bond cara a cara (en este caso llamado Bobinda y encarnado por el actor indio Kabir Bedi, conocido por ser el televisivo Sandokan).

Sin embargo, la película flojea de nuevo en el guión, la historia es insulsa y confusa, no transmite, y además, Roger Moore se mueve menos todavía que en la anterior y recurre de nuevo al fino sarcasmo y a su “enarcar la ceja” como vano intento de sostener el film. En cuanto al hilo conductor de la trama, aquí es el robo de unas joyas rusas con forma de huevo. Después de haber salvado al mundo de dos megalómanos que querían provocar sendos holocaustos desde una ciudad submarina y otra espacial en La espía que me amó y Moonraker (nada menos que con tres submarinos nucleares en una y decenas de lanzaderas espaciales en la otra), es difícil emocionar al espectador con un simple robo de joyas en Octopussy (o una insulsa maleta con botoncitos en Sólo para sus ojos).


Como curiosidades, parte de la película se ambientó en la India, donde tiene su palacio el malvado Kamal Khan (Louis Jourdan). Para ello, aparte de con Kabir Bedi, se contó con la participación de Vijay Amritrá, un tenista del circuito mundial y estrella en su país, que interpreta a un agente indio del MI6 que ayuda a Bond (en una escena, Vijay, que se llama igual en la película, y Bond, hacen un guiño al espectador mostrando por casualidad una raqueta de tenis). También hay gatgets casi autoparódicos, como el minúsculo avión que aparece al principio o el ridículo cocodrilo mecánico con el que Bond llega al palacio. La música es del habitual John Barry y el tema principal "All Time High" lo cantó la veterana estrella del pop y el country Rita Coolidge.


CONCLUSIÓN

Fieles a nuestro lema, desde Cine de los 80 os ofrecemos “lo bueno, lo malo y lo peor”, y sin duda nos encontramos ante lo peor de la “serie Moore” de Bond. No obstante, Sólo para sus ojos tuvo un coste de producción de 28 millones de dólares y recaudó 157, demostrando que el personaje todavía tenía tirón (o que quizás el público pensó que acudía al cine a ver Moonraker 2). Por su parte, Octopussy tuvo que competir en los cines con Nunca digas nunca jamás, el film no oficial del personaje Bond protagonizado de nuevo por Sean Connery, y quedó por delante en taquilla. Afortunadamente, Roger Moore se despediría de su emblemático papel con un una película más que digna, como Panorama para matar en 1985, que comentaremos al mes que viene.

Por VICTOR SANCHEZ GONZALEZ



La espía que me amó/ Moonraker


Especial Roger Moore, James Bond de los ochenta: Programa doble, La espía que me amó y Moonraker Por Víctor Sánchez González

En Cine de los 80 estábamos deseando dedicar un especial al Bond de los primeros ochenta, Roger Moore, y al repasar la serie de sus películas nos dimos cuenta de que no podíamos comenzar, con un criterio exclusivamente de fecha, por Solo para tus ojos de 1981 (por cierto una de las más flojas de Moore junto con Octopussy), y dejar fuera los dos títulos que reinician la serie tras el parón de 1974, y marcan el comienzo del “Bond de los 80”: La espía que me amó y Moonraker.

Además, las dos son de las pelis más emblemáticas y sin duda las más espectaculares del ciclo Moore, anticipan los avances de la década, la estética ochentera, y contienen momentos y personajes inolvidables. Y es tanto también lo que tienen en común que hemos querido mostrároslas juntas, en “programa doble”, así que, ochenters, no miréis la fecha y… ¡A disfrutar!

La espía que me amó que me amó (The spy who loved me, Eon,1977) y Moonraker (1979) son la décima y la undécima películas del superespía británico creado por el escritor Ian Fleming y que lleva al cine el productor Albert R. Broccoli. Las dos están interpretadas en su papel principal por Roger Moore, y en los roles femeninos por Bárbara Bach y Lois Chiles en cada una.

Aparte de su actor protagonista, comparten director (el británico Lewis Gilbert), temática futurista casi rozando la ciencia ficción (son las más originales y ambiciosas hasta entonces, Moonraker costó 34 millones de dólares), el coche Lotus Spirit, y, por supuesto, el malo malísimo de las dos y auténtico alter ego del Bond de Moore: El gigante de dientes de acero Tiburón.

EL REPARTO

El protagonista principal de las películas es el actor inglés Roger Moore, que en los años sesenta había protagonizado la serie televisiva El Santo, sobre un ladrón de guante blanco, con la que obtuvo mucha popularidad. Cuando el primer Bond (y para muchos el más genuino), el escoces Sean Connery, se hartó del personaje que hasta entonces había interpretado en cinco películas desde 1962, le ofrecieron a Moore el papel del famoso espía, al que aportó su natural porte y elegancia, su fino sentido del humor, un toque menos masculino y más sofisticado que el de Connery, y, por supuesto su característico “enarcar la ceja” (En España también la inconfundible voz de Constantino Romero).

Para enfrentarse a Bond no puede faltar el villano de turno, en este caso interpretado en La espía que me amó por Curd Jürgens (un veterano del Hollywood dorado), y Michael Lonsdale en Moonraker, pero su antagonista verdadero en ambas películas es Richard Kiel, que da vida al incombustible asesino a sueldo Tiburón, un gigante con los dientes de acero que no habla pero consigue una química con el personaje de Bond que les convierte a ambos en auténticos enemigos simbióticos, con sus sonrisas recíprocas y sus escenas de lucha (Como curiosidad, Kiel, un actor marcado por su físico, había aparecido antes en otros filmes como Los rompehuesos o El expreso de Chicago, en esta última ya por primera vez como el sicario silencioso de dientes de metal).

Otro signo de identidad de la serie son las conocidas como “Chicas Bond”, un concepto sexista pero que ha conseguido lanzar al estrellato a muchas actrices, empezando por la primera de ellas: Ursula Andress, y su mítica salida del agua en el primer film de la serie 007 contra el Dr. No de 1962. La típica “chica Bond” es una mujer joven, atractiva y ligera de ropa cuyo cometido principal es ser salvada y sucumbir al irresistible James Bond de turno. Sin embargo, las protagonistas principales en estas dos películas no responden en absoluto a ese arquetipo. Las dos en su estilo son heroínas por ellas mismas, mujeres independientes, que se sitúan al mismo nivel que su partenaire masculino (como la princesa Leia de Star Wars).

En La espía que me amó, Bárbara Bach es Ana Amásova, la agente Triple X del KGB soviético (una especie de análoga al 007 británico). Amásova es inteligente, sagaz y escurridiza; tiene una cuenta pendiente con Bond y rivaliza con él hasta que ambos se ven obligados a unir sus fuerzas contra el malvado Stromberg que planea destruir ambos países. En todo momento, incluso en el amor, Bond y ella mantienen una relación de igual a igual hasta la escena final.


En el caso de Moonraker, Lois Chiles es Holly Goodhead, doctora en física y agente de la CIA infiltrada en Industrias Drax para averiguar los pérfidos planes del multimillonario fabricante de las lanzaderas espaciales Moonraker. Como en el caso anterior, une sus fuerzas con Bond, esta vez sin rivalidades geopolíticas y ambos de nuevo en el mismo plano.

Junto a ellos, los personajes habituales del universo Bond de la época: Lois Maxwell como Moneypenny, Bernard Lee como “M”, su jefe en el Mi6, Desmond Lewelyn como “Q”, el hombre de los gadgets, o Walter Gotell como el general Gogol, jefe de KGB. Además, en pequeños papeles, actrices como Caroline Munro, musa de la serie B, o Corinne Clery.


LA TRAMA

Las películas del sello Bond siguen todas un esquema parecido: La sintonía de Monty Norman y John Barry, una primera escena de acción, los créditos coloristas con el tema musical de la película, y después la historia:

En La espía que me amó, Bond y Amasova han de resolver el misterio de un submarino nuclear británico y otro soviético desaparecidos misteriosamente en alta mar. Ello les llevará desde Egipto hasta Córcega para descubrir que el responsable es el millonario Karl Stromberg que ha construido una ciudad submarina y planea destruir el mundo provocando una guerra nuclear para habitar el mar.

En Moonraker lo que desaparece es un transbordador espacial, y Bond ha de averiguar si el responsable es el millonario fabricante, Hugo Drax. Para ello viajará desde Venecia a Rio para descubrir que Drax oculta en la selva brasileña una base de lanzaderas espaciales con las que planea bombardear el planeta con un virus y refundar una nueva sociedad en el espacio exterior.


AMBIENTACIÓN Y ESCENAS MEMORABLES

Aunque las películas de James Bond siempre ocurren en el tiempo presente, en este caso la ambientación y la temática es claramente futurista: Una ciudad bajo el mar en el caso de La espía que me amó y la conquista del espacio en Moonraker. Ambas gobernadas por el mismo tipo de villano: un millonario excéntrico, megalómano y visionario que quiere destruir el mundo, que considera lleno de maldad y vileza para crear un nuevo paraíso en el que la humanidad parta de cero (en La espía que me amó bajo los océanos y en Moonraker en el espacio). Ambos malvados también comparten perfil: hombres de cierta edad que ejercen la violencia de forma contenida y mediante la palabra (para las escenas de acción ya está Tiburón).

En ambos casos, aparte de las típicas peleas, disparos y explosiones, las películas utilizan profusamente los efectos especiales (puestos también muy de moda por La guerra de las galaxias), y en las dos resultan muy creíbles aunque hoy en día nos puedan parecer artesanos (las maquetas tanto de la gigantesca ciudad subacuática como de la fastuosa estación espacial resultaban impresionantes en el cine).

En cuanto a las secuencias memorables, las encontramos en las dos películas y algunas se han convertido en icónicas:

En La espía que me amó podemos ver una escena rodada en las pirámides de Egipto durante un espectáculo nocturno que se celebra realmente; también la persecución del helicóptero pilotado por Caroline Munro, del que escapan lanzándose al mar en el Lotus que bajo el agua se convierte en minisubmarino (quizás la imagen más icónica de todos los coches de Bond y su gatget más espectacular); y, al final, la escena del interior del superpetrolero en el que se esconden nada menos que tres submarinos nucleares, y en la que se desarrolla quizás la más lograda coreografía de batalla de la serie Bond y una de las mejores del cine de acción, y que se rodó en los gigantescos estudios Pinewood de Londres. 

En Moonraker encontramos también escenas muy reconocibles como la del simulador de velocidad G en la que Bond da vueltas hasta que consigue soltarse; la persecución en el teleférico del Pan de Azúcar de Rio de Janeiro, en la que Tiburón para el motor con sus manos, corta el cable de acero con los dientes y resiste el impacto de la cabina antes de conocer al “amor de su vida”; También la espectacular persecución de lanchas motoras en el Amazonas (en la que, si nos fijamos, los perseguidores que saltan por los aires son muñecos); y para terminar la parte final que ocurre en el espacio: las logradísimas secuencias del transbordador, La lucha en la estación espacial y la batalla de rayos láser en la estratosfera entre los esbirros de Drax y el oportuno y bien armado comando americano, en la que, al final, en medio de las explosiones que destruyen la estación, Tiburón se vuelve bueno y ayuda a Bond a escapar para salvar la Tierra.


CONCLUSIÓN

Las películas de James Bond son cine comercial y de entretenimiento (abunda la publicidad inducida, coches estrellándose contra carteles publicitarios o la descarada promoción del entonces novedoso transbordador espacial que iba a tener en los ochenta un uso predominantemente comercial), no obstante, tienen un público fiel que ha seguido la serie incluso hasta nuestros días. En cuanto a estas dos películas, son de las mejores del ciclo Moore; son originales, novedosas, con un mensaje optimista y de deshielo en plena Guerra Fría, y combinan, en dosis justas, la acción, el humor y los tópicos del “mundo Bond”.

Por VÍCTOR SÁNCHEZ GONZÁLEZ