Presentación

Amantes de mundos fantásticos, bisoños aventureros en busca de tesoros, criaturas de la noche, princesas estudiantiles y fanáticos de cachas de postín, ¡sed bienvenidos!. Invitados quedáis a rebuscar en nuestra colección de VHS, acomodar vuestras posaderas en una mullida butaca, darle al play, y disfrutar de lo bueno, lo malo y lo peor que dieron estas décadas.

ADVERTENCIA: Aquí no se escribe crítica cinematográfica (ni se pretende). Las reseñas son altamente subjetivas y el único objetivo es aprender y disfrutar del cine y, por supuesto, de vosotros.

Verano Azul, serie (Antonio Mercero, 1981-82)


Ochenters, hoy comentamos una de las series emblemáticas de nuestra infancia y adolescencia, Verano Azul, convertida en canon de la España de su época, y una de las más exitosas y repuestas de Televisión Española. Ya os adelantamos, que, como fans declarados de la serie, nos hemos permitido un análisis crítico y en perspectiva, también sobre sus aspectos colaterales, los personajes, y la época, siempre desde el cariño y la nostalgia, ya que la vivimos con ellos y como ellos.
La serie fue un proyecto original del guionista y director Antonio Mercero, un renovador del lenguaje cinematográfico y televisivo, reconocido internacionalmente por su premiadísimo mediometraje La cabina (1972), y que ya había cosechado el éxito en tv con la serie Crónicas de un pueblo (1971-74).

         Al igual que Verano Azul es inseparable de Mercero, también lo es del compositor de su archifamosa sintonía, Carmelo Bernaola, que concibió una melodía alegre y optimista, propia del título y el espíritu de la serie, y que ya forma parte de la banda sonora de nuestra vida. Quién no la recuerda cada vez que monta en bici.



EL ESTRENO TARDÍO
         El proceso de producción de la serie hasta su emisión duró en total tres años, entre escritura del guion, localizaciones, rodaje y montaje. Se rodó entre finales de agosto de 1979 y diciembre de 1980, sobre todo en la localidad malagueña de Nerja (auténtica protagonista también de la serie), aunque también en Vélez-Málaga y en Motril y Almuñécar (Granada). Sin embargo, debido a su complejidad y a la burocracia de TVE, no llegó a la primera cadena de Televisión Española hasta el 11 de octubre de 1981, y sus 19 capítulos se emitieron cada domingo en la sobremesa hasta el 14 de febrero de 1982. 

EL ARGUMENTO Y LOS PERSONAJES
La serie trata sobre el verano de descubrimientos de un grupo de niños y adolescentes, en el que despertarán al mundo y a la vida, acompañados de dos amigos adultos, una pintora en horas bajas y un viejo marinero retirado.
La pandilla de Verano Azul la componen siete chavales de diferentes edades, cinco chicos y dos chicas:
BEA (Pilar Torres): Es la “guapa” del grupo y objeto de interés amoroso de los dos adalides de la panda, Javi y Pancho. Ella mantiene en todo momento la incertidumbre a ese respecto sin decantarse por ninguno, pero, vista la serie tantas veces, da la impresión al final de preferir un poco más a Pancho (que es además el que más hace por conquistarla, Javi espera más que le caiga “por derecho”). Bea es la hermana mayor del benjamín del grupo, Tito.
DESI (Cristina Torres): es la amiga inseparable de Bea y siempre está a su sombra. Pese a ser una joven con atractivo, es retratada como “fea” (al llevar gafas y corrector dental), y además ella asume ese complejo. También lleva mal la separación de sus padres.
JAVI (Juan José Artero): Es el líder de la panda. Orgulloso, seguro de sí mismo, y hecho al mando. Es alto, guapo, rubio, y viste de marca. Aunque no lo reconozca, está enamorado de Bea.
PANCHO (José Luis Fernández): es un amigo temporal de la pandilla, ya que, al contrario que los demás, no es veraneante sino que vive en el pueblo, es huérfano, no estudia, y trabaja como repartidor para su tío. Al principio rivaliza con Javi, tanto por el mando del grupo como por el amor de Bea, pero luego se hacen grandes amigos, pese a que son personalidades y estilos opuestos (Pancho es un chico de la calle, moreno, guapo también, con el pelo largo y un poco “macarra”).
QUIQUE (Gerardo Garrido): es el equivalente de Desi para Bea, el mejor amigo de Javi, y relegado siempre a un segundo plano. “Menos guapo”, algo fondón y con un protagonismo limitado.
PIRAÑA (Miguel Ángel Valero): En realidad se llama Manolito, pero recibe el apodo por su voracidad a la hora de comer. Es uno de los pequeños junto con su inseparable Tito. Pese a ser el “gordito” del grupo, también es el más intelectual, el que lee, y a menudo instruye no solo a Tito, sino también a los mayores.
TITO (Miguel Joven): Es el pequeño del grupo, y también el más ocurrente, espontáneo, y con las frases más divertidas (“Jo, tío, es que tu padre es un plasta”). Como hermano de Bea, es muchas veces el nexo de unión entre chicos y chicas, y también protagonista junto con su amigo Pi, de las situaciones más rocambolescas y jocosas de la serie.


El protagonismo principal de la serie recae también en dos adultos, que se hacen amigos de la pandilla por casualidad:
JULIA (María Garralón): Es una pintora de mediana edad, una mujer instruida, sensible, y de indudable atractivo, que vive envuelta en un halo de misterio. Es el referente sobre todo de las dos chicas de la pandilla, que siempre recurren a ella en busca de consejo.
CHANQUETE (Antonio Ferrandis): Es el personaje más carismático sin duda de la serie, un pescador retirado que vive en un idílico cerro frente al mar, en su viejo barco, La Dorada, habilitado como vivienda junto a su huerta. Si julia es el referente de las chicas, Chanquete lo es de todos, pero en especial de los chicos, a los que aconseja recurriendo a su experiencia y al refranero común, como un filósofo del pueblo y de la vida. Es conocido y querido por todo el vecindario, socarrón y de fácil risotada.


Junto a los protagonistas infantiles y juveniles, que la serie convirtió en iconos para toda una generación de niños y adolescentes, encontramos también a sus familias, madres y padres, encarnados por actores profesionales del cine y la televisión, que reproducen  de alguna forma los estereotipos más instalados en la época, y a los que incluso se los podría encasillar en el espectro sociológico e incluso ideológico del momento (la España de la Transición): el padre tradicional de “ordeno y mando” y bofetada fácil (conservador), encarnado por el padre de Javi, Javier (Manuel Gallardo), el padre dialogante, tolerante y comprensivo, partidario de tomar las cosas con mesura (progresista), el padre de Bea y Tito, Agustín (Manuel Tejada, que aparece además muchas veces leyendo en la playa “El País”).
Luego tendríamos también otros modelos sociales, como el padre entrometido, el de Quique, Enrique (Fernando Hilbeck), el padre siempre ausente, aunque consentidor y dadivoso, Jorge (Carlos Larrañaga), el padre de Desi, y el padre que cree que “se las sabe todas”, Cosme (Manuel Brieva), el padre del Piraña.
Sin embargo, si hay un modelo estereotipado de la época, que se refleja en la serie, es el de las madres, retratadas casi siempre tomando el sol o en labores domésticas, cotilleando entre ellas, o despotricando de sus maridos, de los que asumen ser dependientes en todos los aspectos (en contraposición con el personaje de Julia, una mujer “sin hombre”, autosuficiente, que vive sola, y tiene un pasado misterioso del que nunca habla, salvo a retazos).
Las madres de Bea y Javi, Carmen y Luisa (Elisa Montés -hermana de  Emma Penella y Terele Pávez, y madre de Emma Ozores-, y Helga Liné, ambas actrices de recorrido, curtidas en el Landismo, los Spagetti Western y el Destape), son dos bellezas maduras que aparecen exhibiendo sus hermosos cuerpos, cubiertos tan solo por diminutos bikinis, mientras chismorrean entre ellas de todo y todos (“esa, esa, es que está separada”), ya que dan la impresión de ser amigas de antes y veranear las dos familias juntas.
Por su parte la madre de Quique, Mercedes (Concha Leza), aparece como una mujer manipuladora e intervencionista, que convence a su marido para que se “infiltre” en el grupo de los muchachos, todo un desastre.
Como su hijo, la madre del Piraña, Nati (Ofelia Angélica), es el arquetipo de mujer “gorda” y bonachona, casada con un hombre pequeño y delgado al que dominar, y que atiborra a su hijo de comida ( Pi aparece en casi todas sus escenas deglutiendo bocadillos, hasta en la bici). Y finalmente, la madre de Desi, Pilar (Concha Cuetos), la “mujer doliente”, abandonada por su marido (Larrañaga), un mujeriego empedernido que, sin embargo, piensa que sigue siendo de su posesión (es curioso que Cuetos interpretara un personaje muy similar en el capítulo de Curro Jiménez en el que aparecía, y por cierto, Mercero volvería a recurrir al tándem Cuetos-Larrañaga en los noventa, para su teleserie Farmacia de Guardia).


 LA ESPAÑA DE 1979 EN 1981-82
Ya en su estreno, la serie, pese a ser todo un éxito, llegó a TVE podríamos decir que un poco desfasada. Aunque solo habían pasado un par de años, la España de 1981 casi 82, no tenía nada que ver con la de 1979. En moda y en música, se había pasado ya de la rumba y el pasodoble, al punk, el rock duro y el tecno-pop, de los apretados y exiguos bañadores Turbo, a los bermudas de color fuxia, de la coleta y el vestidito de tirantes, a los cardados, las hombreras y las faldas ra-ra. El mayor deseo de la chavalería ya no era tanto la bicicleta como el Walkman, estábamos en plena Movida y de fuera llegaba la explosión del pop anglosajón de los ochenta.
Sin embargo, hay otros aspectos de la vida infantil y juvenil, que aparecen en la serie, y que si tenían plena vigencia, como los recreativos, el cine de verano, el tabaco ocasional semitolerado, el futbol de chapas, tirar piedras, o “mirarle el culo” a las chicas. Y por supuesto, las bicicletas. Si tanto se ha dicho del protagonismo de Nerja en Verano Azul, ¡qué decir de las bicicletas! ¡Si eran las que teníamos los chavales de la época! (por ejemplo, en mi caso, era la BH azul de Desi).
Además, la serie tuvo el atrevimiento de abordar, aunque que fuera de forma incidental y suavizada, asuntos impensables en la televisión de aquellos tiempos, como la separación y el divorcio, la menstruación femenina, el derecho de protesta, la especulación inmobiliaria, el medio ambiente o los conflictos generacionales. Consiguió así, romper ciertos tabúes, aunque sin cuestionar otros tan “hispánicos” como la religión o la autoridad. También abordaba fenómenos muy en boga a finales de los setenta, como el fenómeno fan y los ídolos musicales, o el movimiento Hippie.


Analizada en perspectiva, la serie reflejaba también la ideología del partido dominante del momento, la extinta UCD (que más tarde heredaría el PSOE), ese conformismo con lo establecido, con cierta tolerancia pero sin cuestionar el orden existente en aras a la “convivencia”, el llamado “Espíritu de la Transición” (hay un discurso de Chanquete en ese sentido, aunque con la excusa de una pelea, “huyamos del enfrentamiento, olvidemos el pasado”). 


LOS EPISODIOS MÁS EMBLEMÁTICOS
         Como suele ocurrir en las series corales, hay capítulos en los que la historia se centra sobre todo en las vivencias de uno de los personajes, otros en un actor invitado, los hay en los que prima la aventura, la trama romántica, una temática seria o más cómica. Aunque no nos faltan ganas, no desgranaremos los 19 capítulos, pero sí tres de los más emblemáticos. El episodio 3 “a lo mejor”, el 16, “No nos moverán”, y el 18, “Algo se muere en el alma”.

EPISODIO 3 “A LO MEJOR”
         La temática de este episodio es el conflicto generacional. Los chavales de la pandilla están hartos de obedecer “porque sí” a sus padres, y debaten la manera de rebelarse con una huelga al estilo obrero. Al final acuerdan no responder ni que “sí” ni que “no” a sus padres, y cuando les digan algo, contestar “a lo mejor”. La estrategia resulta un fracaso, así que deciden cambiar de táctica, y responder de forma elaborada, pero hablando con las sílabas al revés, con lo que nadie les entiende. Al final, después de un montón de situaciones cómicas, padres e hijos, junto con Chanquete y Julia,  acaban ante la policía local.
         Es sin duda el episodio más divertido de la serie, y en él participa como actor invitado el orondo Ricardo Palacios, secundario en infinidad de Spagetti Western, haciendo del agente municipal apodado Barrilete, dicho al revés Telerriba (“Hay que aprender idiomas, Telerriba”).
EPISODIO 16 “NO NOS MOVERÁN”
         Su temática es la especulación inmobiliaria. Una promotora quiere edificar un gigantesco complejo de torres de apartamentos, y para ello es imprescindible que Chanquete les venda su terreno frente al mar, pero se niega a tal monstruosidad, pese a las múltiples ofertas, y las presiones del alcalde, los comerciantes del pueblo y el resto de propietarios. Fracasado el intento “por las buenas”, la inmobiliaria decide utilizar malas artes, primero intentando desacreditar a Chanquete con propaganda, y luego agrediéndole físicamente para amedrentarle (a lo que su amigo Frasco, dueño de la taberna, responde a tiros contra la sede de la inmobiliaria). Finalmente, la promotora envía a las bravas a sus excavadoras para derribar La Dorada, pero Julia y la pandilla se plantan delante, entonando una versión de la famosa canción protesta “No nos moverán” (“¡del barco de Chanquete, no nos moverán!”)
         El capítulo denuncia uno de los males endémicos de nuestro país ya por entonces, y que se prolonga hasta nuestros días: la especulación inmobiliaria, la corrupción, y los pelotazos urbanísticos. Además sirve de excusa para algo tan impensable en aquel momento como era emitir por el canal público, y aunque fuera con la letra modificada, una canción tradicional de reivindicación de los movimientos izquierdistas, popularizada, entre otros por Joan Baez o Quilapayún.

CAPÍTULO 18 “ALGO SE MUERE EN EL ALMA”
         Es el famoso capítulo de la muerte de Chanquete, que fue anunciado a bombo y platillo por la prensa nacional incluso antes de su emisión, algo nada habitual, en lo que hoy se conoce como un “spoiler” en toda regla. Se trata de un episodio único, y al margen del tono y el estilo de la serie, en el que toda España lloró al son de la famosa sevillana “Cuando un amigo se va” (“El barco se hace pequeño, cuando se aleja en el mar…”).
Como fan de Verano Azul, y en general de las series televisivas, considero que el episodio de la muerte de Chanquete, es un final en exceso dramático y trágico, que además ponía fin definitivo a la historia en impedía de facto una posible continuación de la serie. Hubiera sido igualmente plausible, y no exento de tensión dramática, un final menos funesto, simplemente con la tristeza del fin de las vacaciones y las despedidas (el propio capítulo 19 “El fin del verano”). Los fans hubiéramos llorado igual, pero sin morir nadie, y se hubiera dejado abierta una posible segunda temporada con los mismos protagonistas.
Fue tanta la repercusión de este capítulo, que España entera llegó incluso a creer que el propio Antonio Ferrandis, Chanquete, había fallecido de verdad. A este respecto, contaré una anécdota personal: A mediados de los ochenta iba con mi abuela por Gandía cuando nos topamos con Antonio Ferrandis en una parada de autobús. Yo me quedé pasmado, pero mi abuela sí que hablo con él, y fue muy amable. Me cercioraba por fin de que los rumores no eran ciertos (el actor falleció en 2000).

VALORACIÓN Y LEGADO
La serie fue un éxito rotundo desde su estreno, y congregaba a grandes y pequeños frente al televisor cada fin de semana (bien es cierto que era la época en que todos veíamos lo mismo, al haber solo los dos canales de la tele pública). Por ello, en la iconografía de nuestra generación, está a la altura de otras series españolas míticas como Curro Jiménez, Turno de Oficio, Anillos de oro o Brigada Central.
Lanzó a la fama a sus protagonistas. En especial al veterano Antonio Ferrandis, un curtido actor secundario, fajado en el cine del Landismo, en papeles casi siempre de tipo serio, por su calva, su bigote, y su imponente vozarrón; muy lejos del entrañable Chanquete, un “abuelo” bonachón de barba y pipa (sin duda Verano Azul fue el papel de su vida, como Curro Jiménez para Sancho Gracia o Juncal para Paco Rabal).
Por su parte, los niños de la serie sufrieron, en muchos casos, el síndrome de la estrella infantil. De hecho, solo Juanjo Artero se dedica hoy en día profesionalmente a la actuación, y con una tortuosa carrera llena de altibajos, en la que solo ha conseguido cierto reconocimiento ya cincuentón, con el gesto más pausado, y la voz educada y profunda, en papeles sobre todo de policía, o capitán de “El Barco”.
Por su parte, Juan José Valero, el Piraña, tuvo un breve paso por el legendario programa infantil y juvenil “La Bola de Cristal”, en el que interpretaba al detective “Mantequilla”, y hoy es profesor universitario en Madrid (como curiosidad, tanto él con Tito, como Pancho con Javi, tuvieron, tras la serie, una breve carrera musical como dúo).
En cuanto a las dos chicas de la panda, Bea y Desi, Pilar y Cristina Torres, son enfermeras. Pancho, (José Luis Fernandez), tras pasar por el infierno de las drogas, vive en el anonimato. Gerardo Garrido (Quique), es fotógrafo, y el pequeño Tito (Miguel Joven), trabaja como guía turístico para el Ayuntamiento de Nerja, su ciudad natal. 
La serie se emitió también en Francia, en Iberoamérica, Portugal, Angola, Argelia, y en algunos países del Este, como Yugoslavia, Checoslovaquia, Polonia, o Bulgaria, causando gran impacto por su temática adolescente y por mostrar aspectos desconocidos entonces en aquellos países como el movimiento Hippie.
Hoy en día, Verano Azul, es, sin duda, con Curro Jiménez, la serie más emblemática de TVE, que la repone regularmente, y forma parte de su oferta gratuita a la carta. Además, en la ciudad de Nerja hay calles y parques dedicados la serie y sus personajes, y una reproducción de La Dorada.
Y los fans solo tenemos una cosa que decir: “A lo mejor”.

Por Víctor Sánchez González

















Karate a muerte en Bangkok (1971/ Lo Wei) The Big Boss/Chinese Connection/ Fists of fury

Asistimos en esta película al nacimiento de una estrella, al inicio de la leyenda de las artes marciales más grande del celuloide. Una presentación que inició la carrera de Bruce Lee en la gran pantalla .Hoy le damos a "Karate a muerte en Bangkok"


ARGUMENTO:
Cheng ( Lee) llega a Bangkok para trabajar en la fábrica de hielo del señor Mi. No tardando se descubre que la fábrica es una tapadera para el tráfico de drogas y la trata de blancas y cuando Cheng se entera...


DESCUBRIENDO EL ORIGEN:
El guión de la película se basa en la historia real de Cheng Chiu-On que a finales del siglo XIX y principios del siglo XX luchaba contra los tiranos tailandeses.
También se mantiene del personaje original, la trama de la promesa hecha a su madre para no pelearse ( el padre del personaje real, murió a causa de una pelea )

BRUCE APARECE:
Cuando la película fue estrenada en Hong-Kong, y llegado su final, hubo unos momentos en los que nadie decía nada, con lo que Bruce temiendo lo peor intentó salir del cine con disimulo, pero una sonora y atronadora ovación seguida de un mayoritario aplauso hicieron que le fuese imposible salir del cine. Ese fue el principio del estrellato y el fin de la angustia de un actor que vio como todo el material de rodaje, estaba viejo y obsoleto y como las prisas y premuras en el rodaje, fueron la nota predominante, de hecho tuvo que rodarse en apenas una semana y a causa de esas prisas, Bruce tuvo que rodar muchas escenas con el tobillo hecho polvo de un mal aterrizaje y con una mano rota, a causa de la rotura de un cristal, amén de pasarse en el hospital unos cuantos días a causa de la infección de la herida, que hizo que perdiese varios kilos de peso, algo palpable en ciertos momentos de la película .
Como vemos todo un caos, sumado al hecho de que él no iba a ser el protagonista , si no su rival  en la película James Tien quien encarna a Hsu-Chien, lo que en cierto modo explicaría el hecho de que Bruce no pelease hasta el minuto cuarenta del film

BRUCE PELEA:
Hasta el minuto cuarenta, Bruce  no aparece marcialmente hablando y de hecho su aportación en la película, en este sentido, es muy reducida, reducida pero de impacto.
Primero lo vemos en acción el momento de la huelga en la fábrica, donde ya empezamos  ver sus característicos movimientos y esos sonidos que le hicieron famoso.
La segunda tiene lugar en el almacén de hielo, donde descubre la droga y los cuerpos de sus compañeros desaparecidos y donde acaba con el hijo de su jefe, en una escena que tuvo un recorte en el momento en el que éste es pasado por la sierra y que por lo visto sólo pudo verse en el estreno.
Por último tenemos el combate final contra los esbirros de su jefe y luego contra éste último, donde destacan en exceso el uso de cables par esos saltos imposibles y sobre todo la "volea del cuchillo" con la que acaba con su jefe, aunque luego el golpe definitivo sea cuando le clave los dedos de las manos en el cuerpo de éste y que supuso uno de los momentos más escabrosos que pudimos ver.
A modo de anécdota, debo decir que la mansión donde se rodó esta parte, existe realmente y es un mausoleo, algo que por otra parte no fue revelado al reparto hasta el final del rodaje, por aquello de la superstición en el cine de Hong-Kong.

SERÁ RECORDADA POR:
Ser el inicio del estrellato de Bruce, aunque ha envejecido mal por el paso del tiempo, viendo como hay especialistas que caen antes de ser golpeados y sobre todo un mal endémico de aquella época en el cine oriental, que era el que el sonido y los diálogos eran grabados después del rodaje, con lo que se nota en exceso el retardo en diversas secuencias y más si se ve en versión original.
A destacar también que las prostitutas que aparecen el film, son verdaderas prostitutas, a las cuales se les pagó más dinero del que recibían en un día habitual con el fin de que estuviesen para el rodaje la semana que duró.



Operación Dragón (1973/ Robert Clouse) Enter the Dragon

Llegamos al culmen de las artes marciales, a la obra maestra del cine de hostias, de como hay que repartir estopa de lo lindo y de como hay que hacer un película de artes marciales como Dios manda. Hoy llega Operación Dragón


Enter:
Una de las mejore películas de artes marciales jamás realizada hasta la fecha y obra póstuma que convirtió en leyenda a Bruce Lee. Su muerte, recordemos que acaeció una semana escasa antes del estreno del film. Quizás junto a las dos películas de The Raid, para quien esto escribe, sean la enciclopedia de como debe rodarse una película de repartir estopa a diestro y siniestro, aunque dejemos que ésta sea la primera, tanto por el planteamiento, como por ser la primera producción de una major ( Warner Bros) en colaboración con Hong Kong.
Si bien he de decir, que en mi opinión Robert Clouse, abusa de ese estilo shooter al ponernos en el cuerpo de varios de los protagonistas, es mérito suyo el hacer que todas y cada una de las coreografías marciales que vemos en pantalla, sean verídicas y bien coreografiadas, mérito compartido por supuesto junto a Bruce Lee, que supervisó todas y cada una de esas coreografías hasta el exceso y según cuenta Bob Wall ( O Hara  en el film) bien puesto de cannabis que consumía en muffins que tenía en su oficina.

The:
La sinopsis nos muestra como Lee se infiltra en un torneo de artes marciales en una isla cercana a Hong Kong, donde intentará vengar la muerte de su hermana y desmantelar una red de narcotráfico guiada con mano de hierro ( nunca mejor dicho) por Han ( Shih Kien).
Como hablamos de que estaba metida en el ajo una major como Warner Bros, pues había que rodear de un elenco occidental a nuestro héroe marcial y para ello se contrató a John Saxon  interpretando el papel de Roper el apostador empedernido y por cierto cinturón negro de karate y a JimKelly  ,interpretando a Williams y que venía ser el referente del floreciente black power y que tras la muerte de Bruce ,tornaría en uno de los máximos exponentes del género conocido como Bruceploitation .
Junto a ellos aparecen rostros conocidos como Jackie Chan (aquí haciendo de extra y recibiendo hasta tres veces de lo lindo por parte Lee) , Yang Sze , o mejor dicho Bolo, que cogería aquí ese nombre para sus roles cinematográficos y pasaría ser conocido como Bolo Yeung, sí, el Chong-Li de Contacto Sangriento y quien tomaría prestada una frase de ésta para aquella, la que Lee le dice a O Hara, acerca de que una madera no devuelve los golpes , cambiando la madera por el ladrillo que rompe Van Damme al realizar su famoso golpe. Y no nos podemos olvidar del inefable Bob Wall, íntimo de Bruce  y que ya aparecía en todas sus películas ejerciendo un permanente rol de comparsa del villano de turno.
La película en su momento mostraba un planteamiento original , por aquello del torneo de artes marciales, posteriormente visto en multitud de películas como Contacto Sangriento, The Quest, Tekken o las más modernas de Invicto, si bien no muestra nada interesante hasta pasados tres cuartos de hora, momento en el que empiezan los combates, aunque al principio del film, podemos ver a Lee en un combate contra otra leyenda de las artes marciales como Sammo Hung, combate rodado por él mismo y donde deja muestras de su impecable estado de forma para el film...Un estado de forma que queda patente en las escenas de lucha y especialmente en el combate contra O Hara, donde cuenta la leyenda que ambos no quisieron dobles con el fin de dotar de mayor realismo a la escena en cuestión. 
Del resto de escenas marciales , cabe destacar que a los tres protagonistas se les da su momento justo, si bien hay que decir que el planteamiento inicial, era que Kelly no pereciese en el film sino Saxon, pero ahí estuvo más listo el agente de éste para cambiar las tornas, no en vano, el actor de más categoría en aquellos tiempos era Saxon.
Un Saxon al que le dan el honor de medirse contra Bolo Yeung, en una de las escenas más poco creíbles de la película...porque no hay nadie que se crea que Saxon pueda cargarse a Yeung y menos comparando el estado de forma de uno y de otro, por mucho que el americano tuviese su cinturón negro de karate recién estrenado 

Dragon:
Y llegamos al final, al duelo contra Han, duelo marcado por una relación entre los dos actores, de índoles familiares ya que ambos se conocían desde que Bruce era crío, al ser Shih Kien íntimo amigo del padre de Bruce, llegando a tratarse de tío y sobrino entre ellos. Al igual que con Wall la escena final entre el museo y la sala de los espejos fue hecha sin dobles, la sangre de algunos cortes es real y para romper los espejos, Bruce ocultaba una pequeña pieza de metal para romperlos con facilidad.
Si bien desde el principio vemos la desigualdad existente entre ambos, el combate no deja de tener su aquel, por el uso de la mano- garra de Han y sobre todo por la escena de los espejos con esa muerte tan clavada de Han.
El compositor Lalo Schifrin usó sonidos de China, Japón y Corea del Sur para dar forma a una banda sonora que supuso todo un récord de ventas para la época.
Considerada como extremadamente violenta para la época, sufrió recortes en lo referido a la muerte de Bolo Yeung y la que comete él mismo en cierto momento del film ( si bien en el reciente reestreno en cines yo pude verla íntegra, ese corte es notable en mi versión en DVD).

The End:
La película ha envejecido bien con el paso de los años, convirtiendo no sólo a Bruce Lee en una leyenda, sino honrando su legado y el de las artes marciales, el arte de la lucha sin lucha oímos en un momento de la película. 
Joya de culto, clásico imprescindible en vuestra videoteca y en el TOP 3 de las mejores películas de hostias como panes.

Nota Ochenter:8/10

El final de la cuenta atrás (The final countdown, 1980)


Ochenters, vamos a comentar una pequeña joya del principio de la década, que mezcla fantasía y ciencia ficción con cine bélico-histórico, y todo ello en medio de una paradoja espaciotemporal. Hablamos de “El final de la cuenta atrás”, de 1980, dirigida por Don Taylor, y producida y protagonizada por Kirk Douglas, junto a estrellas del momento como Katherine Ross, Martin Sheen, James Farentino o Charles Durning.
        
EL ARGUMENTO Y LOS PERSONAJES
         “El final de la cuenta atrás” se ambienta en el momento presente, primavera de 1980. El superportaaviones “USS Nimitz” parte de su base en Pear Habour, Hawaii, junto con su grupo de navíos de escolta, al mando del veterano capitán Matthew Yelland (un espléndido, como siempre, Kirk Douglas, que combina la seriedad y el rigor de un capitán de barco, con su habitual campechanía y sentido del humor).
Todo es como en cualquier otra misión rutinaria salvo que a bordo viaja un observador civil enviado por el gobierno, Warren Lasky (interpretado por Martin Sheen, entonces en la cima de su carrera tras haber protagonizado “Malas tierras” y “Apocalipse Now”). A Lasky le asignan un camarote contiguo al del comandante Dick Owens (el televisivo James Farentino, al que recordamos por la serie “El Trueno Azul”), piloto de combate e historiador de guerra obsesionado con el ataque a Pearl Harbour de junio de 1941, del que almacena abundante documentación.

Cuando la flotilla se encuentra en alta mar, el meteorólogo del barco, al que el capitán apoda de forma jocosa “Nube Negra”, advierte de una rápida, violenta e inesperada tormenta que se dirige directamente hacia ellos. Sin tiempo casi para reaccionar, Yelland ordena al resto de la flota que se aleje de la tormenta, mientras el portaaviones, más pesado y difícil de maniobrar, mantiene proa a la misma para enfrentarla. La tormenta es un fenómeno extraño, un gigantesco vórtice de color azul verdoso que engulle al navío en medio de un ruido infernal. 
Cuando termina, el día vuelve a ser soleado y con el mar en calma. Como no hay señales de la flotilla, el capitán ordena salir a los aviones en su búsqueda. En la patrulla, dos cazabombarderos F-14 Tomcat, informan por radio de un encuentro inesperado: una pareja de aviones de otra época, en concreto del modelo Mitsubishi A6M, apodado “Zero”, el emblemático caza japonés de la Segunda Guerra Mundial, “y parecen nuevecitos”, comenta el piloto sorprendido, “con todos los emblemas e insignias”. 
Los Tomcats reciben la orden de seguir a los cazas, que, al avistar un yate de recreo con bandera estadounidense, le atacan para hundirlo. Sorprendidos, los pilotos piden permiso para interceptar a los cazas japoneses, y los abaten sin dificultad. Uno explota completamente, pero del segundo consigue salvarse el piloto. Los helicópteros de rescate del portaaviones van a buscarlo, y también a los supervivientes del barco.
Del yate consiguen salvar a un hombre de mediana edad, una mujer joven y un perro, que rescata el comandante Owens lanzándose al agua. El hombre se identifica como el Senador Samuel Chapman (Carles Durning, en uno de sus clásicos roles secundarios), al que acompaña su secretaria Laurel Scott (la estrella de los setenta Katharine Ross, a la que antes vimos en “Dos hombres y un destino” o “El viaje de los malditos”, y que, casi de inmediato se va a convertir en el interés amoroso del personaje de James Farentino).
Ambos náufragos se muestran sorprendidos por lo que ven y escuchan al ser rescatados. “¿Qué tipo de aparato es este?”, pregunta Chapman cuando le suben al helicóptero, “¿Cómo un portaaviones va a llevar el nombre de un almirante en activo?”. Por su parte, el piloto japonés (interpretado por Soon-Tek Oh), perfectamente pertrechado, se niega a hablar y es tratado como un prisionero, tanto que incluso intenta escapar tomando a Laurel como rehén y termina abatido.
Tras evaluar la situación, el capitán Yelland hace un aparte con Lasky, Owens, y otros oficiales, y llegan a una misma conclusión: por alguna razón desconocida, la extraña tormenta ha trasladado al portaaviones al pasado en el tiempo, en concreto a la víspera del 6 de diciembre de 1941, del ataque japonés a Pearl Harbour, que desencadenaría la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. Para confirmarlo, un avión de reconocimiento localiza a la flota japonesa, que coincide con la que el comandante Owens guarda en su archivo.
Ante esta situación, el capitán se encuentra ante un dilema, una disyuntiva: destruir la formidable flota japonesa y sus cientos de aviones (algo factible con la capacidad de un solo portaaviones moderno y su potente y sofisticado armamento), lo que salvaría miles de vidas, pero cambiaría para siempre la historia, o permanecer quieto sin hacer nada y dejar que los acontecimientos sigan su curso sin intervenir para no modificarlos. Todo un dilema y una paradoja espaciotemporal. 


LOS AVIONES COMO PROTAGONISTAS
         La película contó con el apoyo total de la marina estadounidense, que cedió para el rodaje el propio portaaviones Nimitz, y los escenarios originales de las bases de Pearl Harbour o Norfolk.
En la película se mostraron casi por primera vez en acción los recién estrenados cazabombarderos estrella de la NAVY, los por entonces modernos y futuristas F-14 Tomcat (en ese aspecto se adelantó a títulos icónicos de los 80 como “Top Gun”). Estos cazas eran la “joya de la corona” del ala embarcada de Estados Unidos, y lo fueron hasta la llegada de los F-18 Hornet una década después.
Los aviones aparecen despegando, repostando en vuelo, y, por supuesto, en combate, aunque fuera contra aviones de época. Por cierto, los Zero japoneses que se utilizaron para la película son las mismas réplicas construidas para el clásico de 1971 “Tora, Tora Tora”, la película histórica sobre el ataque a Pearl Harbour que hicieron a medias EE. UU. y Japón y que dirigieron Richard Fleischer, Kinji Fukasaku y Toshio Masuda.
         También se muestran el resto de aeronaves del portaaviones, los cazas RF-8 Crusader, los bombarderos ligeros A-6 Intruder, el avión de reconocimiento E-2 Hawkeye, o el helicóptero de rescate Sea King.


UBICACIÓN DENTRO DEL CINE DE VIAJES EN EL TIEMPO     
         Aparte del componente de aventura bélica, la película se sitúa dentro del cine de ciencia ficción, subgénero viajes en el tiempo, deudora de los clásicos de la literatura del siglo XIX y XX, en especial de la novela de H. G. Wells “La máquina del tiempo”, y su deliciosa versión cinematográfica de 1960, dirigida por George Pal, y protagonizada por Rod Taylor e Yvette Mimieux, que aquí se tituló “El tiempo en sus manos”.
         Al contrario que en ella, y que en la mayoría de títulos (el ejemplo más claro es su emblemática versión ochenter  “Regreso al futuro” o “Terminator”), en este caso el viaje en el tiempo no se produce de forma consciente y deliberada gracias a un ingenio inventado por el hombre, ya sea “máquina” o Delorean, sino por un acontecimiento ajeno y aleatorio, un fenómeno atmosférico, incluso cósmico, un vórtice temporal, un “agujero de gusano”, que lo acercaría más a títulos como “2001, una odisea en el espacio” o la posterior “Stargate” (aunque, en este caso, sin que los viajeros tengan control alguno sobre su destino).


CONCLUSIÓN
“El final de la cuenta atrás” fue la última película de Bryna, la productora de Kirk Douglas, que ya por entonces era todo un veterano con más de cuatro décadas delante de las cámaras, y aún seguiría sobre el escenario dos décadas más. De hecho aún tenemos la suerte de contar con él, ya superados los cien años de edad.  
El film tuvo una buena acogida tanto de crítica como de público, y hoy es un pequeño clásico, tanto del cine bélico y de aventuras como del de ciencia ficción. Para los que la vimos en el cine de estreno, es un gusto revisionarla siempre que la reponen en televisión. Tiene ritmo, un buen argumento y una fotografía espectacular tanto de paisajes como de escenas aéreas y de acción.

Por Víctor Sánchez González