Presentación

Amantes de mundos fantásticos, bisoños aventureros en busca de tesoros, criaturas de la noche, princesas estudiantiles y fanáticos de cachas de postín, ¡sed bienvenidos!. Invitados quedáis a rebuscar en nuestra colección de VHS, acomodar vuestras posaderas en una mullida butaca, darle al play, y disfrutar de lo bueno, lo malo y lo peor que dieron estas décadas.

ADVERTENCIA: Aquí no se escribe crítica cinematográfica (ni se pretende). Las reseñas son altamente subjetivas y el único objetivo es aprender y disfrutar del cine y, por supuesto, de vosotros.

Los pasajeros del tiempo (Time after Time, Nicholas Meyer, 1979)



Original, impactante, a ratos divertida, a ratos aterradora, y muy, muy  trepidante. Así es Los pasajeros del tiempo (Time after Time, Escape al futuro), un film de ciencia ficción, dirigido por el especialista Nicholas Meyer (un guionista y director vinculado a la franquicia Star Trek), y que protagonizaron unos espléndidos Malcom McDowell, David Warner y Mary Steenburgen.
La película combina dos clásicos británicos de finales del siglo XIX, uno literario y otro real: La inmortal novela futurista La máquina del tiempo de H. G. Wells, y el misterio del asesino más despiadado de su época, Jack El Destripador. Con estas dos premisas, Meyer elabora una cinta de aventuras que también homenajea a la clásica película The time Machine (1960), de George Pal, protagonizada por Rod Taylor e Ivette Mimieux, que en España se tituló El tiempo en sus manos.


EL ARGUMENTO Y LOS PROTAGONISTAS
En el clásico de George Pal, el viajero del tiempo, también el propio novelista H. G. Wells, se desplaza a un fututo muy lejano en el que, tas un holocausto nuclear, la humanidad ha renacido en forma de dos especies, los bellos y pasivos Eloi, que viven en la bucólica naturaleza de la superficie, y los horrendos  y feroces Morlocks, que habitan las cuevas interiores.
Sin embargo, en esta ocasión, el viajero Wells se desplaza apenas 90 años, de 1893 a 1971, al moderno San Francisco, en un momento en que la humanidad, en pleno esplendor tecnológico, está también amenazada con autodestruirse en una guerra nuclear total.
El comienzo del film es muy similar a la versión de 1960, con Herbert George Wells (un fenomenal y muy caracterizado Malcom McDowell), mostrando orgulloso su descubrimiento, la máquina del tiempo; y aquí se produce el giro argumental, cuando la policía irrumpe en la casa, buscando al sospechoso de unos horrendos asesinatos de prostitutas, que tienen atemorizado a todo Londres, y al que se apoda Jack El Destripador. El criminal resulta ser uno de sus invitados, el médico de la alta sociedad Leslie John Stevenson, con el que ha estado jugando al ajedrez apenas unos instantes antes, y que se delata al desparecer de la casa.
Cuando se van los agentes, Wells desconfía. Leslie se ha mostrado escéptico, aunque interesado en el funcionamiento de su máquina, así que decide bajar a su laboratorio y… La máquina ha desparecido, y, cuando regresa del futuro al presente, lo hace vacía.
Wells se siente tan sorprendido como culpable. “¡He soltado un monstruo en Utopía!”, exclama escandalizado, por haber llevado el mal a un futuro que imagina pacífico, igualitario y libre de violencia. Así que, en un arrebato de valentía, decide montar en su máquina del tiempo, y viajar al futuro en su busca para capturarle.
Cuando llega a 1979, su antagonista, interpretado por un David Warner excepcional como villano frío y despiadado (al año siguiente repetiría rol como el pérfido Shark de Tron), le lleva ventaja, y además se adapta mucho más al terreno que Wells, sorprendido y fascinado por cada adelanto que ve en la ciudad (los atuendos, los coches, los aviones, las escaleras mecánicas, etc.).



Sin embargo, ambos tienen una cosa en común: necesitan dinero de curso legal para moverse en este nuevo mundo (Leslie lleva un cinturón lleno de valiosas monedas de una guinea), y Herbert lo poco que ha conseguido en casa, y unas cuantas joyas. Como buenos ingleses, acuden al único banco británico de la ciudad a cambiar moneda, y la responsable de esas operaciones es una eficiente funcionaria recién ascendida, la joven e idealista Amy Robbins (una deliciosa Mary Steenburgen), que conoce a los dos, desconfía de Leslie, pero queda prendada con el hablar afectado, y el porte elegante y despistado de Herbert Wells. 
Ella es la heroína de la peli, la Weena de este futuro/presente de los setenta, que va a ser su guía, su confidente, y su interés amoroso. Esta vez, en vez de contra los Morlocks, en la persecución de Jack El Destripador, que no duda en seguir con sus macabros crímenes.
 

Cuando empiezan a aparecer noticas en los periódicos de asesinatos de prostitutas, y ya desesperado, Herbert decide acudir a la policía, que, en uno de los momentos más hilarantes de la película, no le cree, entre otras cosas porque, para darse credibilidad, se inventa que es detective, y dice llamarse Sherlock Holmes. Por ello, deberá enfrentarse cara a cara y sin ayuda con el asesino.

LA CÁPSULA DEL TIEMPO
Por supuesto, la máquina del tiempo que vemos está inspirada en la que todos conocemos, más que por la novela, por la película de 1960, sin embargo, tiene un toque steampunk, porque es cerrada, y tiene forma de pez, como un “mininautilus”. En vez de una gran rueda, que gira de forma mecánica, el vehículo tiene una antena para usar energía fotónica. Los mandos son muy parecidos, y el reloj, aunque es analógico, guarda un parecido evidente con el del Delorean de Doc en Regreso al futuro.

Si el George de El tiempo en sus manos accionaba su máquina con un mando hecho de piedra preciosa, el Herbert de Los pasajeros del tiempo, usa una llave de metal de color rojo, con la que se quiere hacer el malvado Leslie a toda costa, para seguir cometiendo crímenes a través del espacio-tiempo.
En una película de paradojas, aquí tenemos una de las más contradictorias, para una cinta que se sitúa dentro del canon de la ciencia ficción pura. Como queda claro en la novela, y en el film de 1960, la máquina puede desplazarse en el tiempo, pero siempre ocupa el mismo espacio. Entonces, ¿por qué  viajamos del brumoso y húmedo Londres de 1893, al luminoso y cálido San Francisco de los rascacielos y los centros comerciales, de 1979? La verdad es que en la película no se aclara mucho, solo se habla del desfase horario en el reloj de Wells, sin embargo, en la trama, el vehículo aparece en una exposición retrospectiva sobre los adelantos predichos por el propio H. G. Wells, en las afueras de la ciudad del Golden Gate, en la que se muestra su máquina del tiempo. Por lo tanto, podemos deducir que, si un mismo objeto no puede estar en el mismo momento en dos sitios a la vez, entonces el vehículo se desplazaría también en el espacio, en una pirueta, aunque verosímil, casi paraciéntífica.

CONCLUSIÓN

         Como hemos comentado, aparte de ser una película de ciencia ficción futurista con tintes de policíaco clásico, Los pasajeros del tiempo también es una cinta de acción  trepidante, muy dinámica, con toques de humor, y un final que no desvelaremos, pero es de lo más romántico.
Por cierto, la actriz Mary Steenburgen, también repetiría como heroína del tiempo en la tercera película de Regreso al futuro como la novia de Doc en el lejano oeste. Más que una anécdota, un claro homenaje. Y otro detalle curioso: al principio de la película, en la exposición, podemos ver brevemente a un infantilísimo Corey Feldman, que le reprocha a Herbert que se haya metido en la máquina, cuando en realidad está saliendo de ella.
         Por todo ello, este film se ha convertido en un pequeño clásico, que gusta ver también por como retrata la vida a finales de los setenta, la moda hippie, la música disco, el feminismo, el pacifismo, en una sociedad que entonces se consideraba en la cima del bienestar y la tecnología, y que hoy nos parece lejana (Herbert se asusta cuando escucha el teléfono, y no sabe lo que es, le aterra pensar que ha habido dos guerras mundiales y casi están a punto de la tercera). Todo retratado con un tono vital y optimista muy de la época. Una delicia.
         Ochenters, cualquier tiempo pasado fue mejor… mejor dicho, aquel tiempo pasado, fue mejor. Quién pudiera viajar como Herbert George o Kirk y Spok, a los setenta u ochenta. Puede que nos quedáramos allí.

Por Víctor Sánchez González



















Little Tokyo: Ataque Frontal (1991/Mark L.Lester) Showdown in little Tokyo

Volvemos a la acción, a las hostias como panes y al cine de artes marciales de los 90 con dos actioners, uno de creciente actualidad y otro tristemente fallecido hijo de la leyenda por excelencia de las artes marciales . Hoy nos vamos a Little Tokyo, hoy nos vamos de fiesta con Dolph Lundgren y Brandon Lee

SINOPSIS

Chris Kenner y Johnny Murata ( Lundgren y Lee) son dos policías que unen sus fuerzas para combatir una nueva mafia que se ha introducido en Little Tokyo en L.A. , la temida Yakuza regida con mano de hierro por el psicopáta nipón Yoshida ( Cary -Hiroyuky Tagawa)

OPINIÓN
Recuerdo cuando alquilé esta película en el videoclub...la portada era una pasada y si a eso le sumabas que aparecía Ivan Drago y el hijo de mi idolatrado Bruce Lee, los pelos se me ponían como escarpias de la emoción.
Con apenas catorce años , mi imaginación y mi testosterona estaba en fase de ebullición y sumando os dos ingredientes anteriores , más los desnudos gratuitos, más las hostias como panes, el resultado final fue de quedarme grabada en la memoria, una película que para mí desde aquel entonces, se convirtió en una especie de película de culto...eso era el año 1991
Año 2019, veintiocho años después he vuelto a ver esta película, influenciado en cierta manera por tener a Lundgren de cierta actualidad con Aquaman y Creed II y por otro lado, porque creo que Brandon Lee se merecía un apartado en este blog.

Bien, pues vista de nuevo, queda decir que se me ha hecho corta, muy corta, apenas dura una hora y veinte minutos, pero un tiempo bien aprovechado donde se nos introduce en la acción sin ningún tipo de rodeos desde el minuto uno, cuando Kenner interviene en un combate ilegal de artes marciales para detener al organizador y se ve metido de lleno en el ring, repartiendo estopa como buen karateca que es (porque sí, el sueco es cinturón negro de karate Kyokushin y de taekwondo, amén de ser licenciado en biología y bioquímica).
El caso es que aquí ya conocemos a parte de la Yakuza, no al jefazo y sí al lugarteniente e intuimos por donde vana a ir los tiros (nunca mejor dicho).
De ahí nos trasladamos a un pequeño restaurante donde el chantaje de la Yakuza a la dueña, provoca que por primera vez se junten los dos protagonistas repartiendo mamporros y viendo como los genes marciales de Bruce Lee fueron transmitidos de buena manera a su vástago.

De aquí en adelante, lo que nos encontramos es la clásica buddy movie o película de colegas que tanto abundó en el cine de los ochenta, a partir de películas como Límite 48 horas o Arma Letal.
Es decir, uno es un pirado, el otro es el raciocinio en persona, uno cumple las normas, el otro se la pasa por el forro, uno es pulcro y elegante y el otro un hortera...
Vamos que sigue el patrón de estas películas pero a velocidad del rayo, mostrándonos una sucesión de coreografías marciales, mejor o peor rodadas ( casi lo último) pero que sirven como hoja de presentación para un Brandon Lee pre Rapid Fire y confirmaban a Dolph Lundgren como una alternativa macho alfa a Sly , Arnold o Van Damme.
El papel del villano recae en los hombros del señor Tagawa ( Yoshida) un villano sádico, ególatra, quizás haciendo uno de sus mejores papeles y dejando para el recuerdo la decapitación de la prostituta ,el espectacular tatuaje que llevaba y sin duda el final del film, con el duelo a katana entre él y Kenner /Lundgren, acabando con una de las mejores muertes que pudimos ver en aquella época y que puede llegar a ser comparada en cierto modo ( por el explosivo final) con la ocurrida en el final de Invasión USA.

Como no, no puedo olvidarme del bellezón de turno, que toda película de acción noventera u ochentera que se preste debe tener uno y en este caso el peso de esa interpretación recayó en los hombros de la espectacular Tia Carrere, marcando un papel de mera chica florero ( desnudo incluido) sin más que aportar a la trama que ser la testigo contra Yoshida y partenaire amoroso de Lundgren.

CONCLUSIÓN
No nos aporta nada nuevo al género, es más fue la primera película de la Warner en ser lanzada directamente a vídeo en la mayoría de los países donde se distribuyó.
Recuerda a  Tango y Cash sin ir más lejos, que se estrenó dos años antes, cambiando a Sly por Lee y Russel por Lundgren y ya puestos Hatcher  por Carrere ( si hasta las dos cantaban) e incluso coinciden en la trama del tráfico de drogas, pero aquí la espectacularidad de aquella se reduce y se remite sólo a las escenas marciales que como ya he comentado no ueron del todo bien rodadas a pesar de encontrarnos tras las cámaras con el responsable de Commando.
Pero a pesar de todo es una joya reinvindicable, por tant oen cuanto, atisbábamos las cualidades para el cine de acción que podía tener Brandon Lee  y que se verían refrendadas en su siguiente película Rapid Fire. pero esa...esa es otra historia

Nota :7/10


Curso de 1999 (1990/Mark L.Lester ) Class of 1999

Casposa, bizarra, plagio, refrito, bazofia psicotrónica, todos esos adjetivos han sido usados para describir esta joyita del ocaso de los ochenta y que os traigo hoy : Clase de 1999.

SINOPSIS:
Estados Unidos, año 1999, el caos se ha apoderado de los institutos americanos, donde las bandas campan a sus anchas, provocando el caos y hundiendo por completo el sistema educativo.
Para poner orden se aprueba la instauración de unos cyborgs programados con directrices educativas para restaurar el orden en las aulas...hasta que se les cruzan los cables, que si no no habría película

OPINIÓN:
Mark L.Lester director de joyas ochenteras como Comando, Ojos de Fuego o la primera parte de la película que nos ocupa Class of 84 , sabía bien donde se metía cuando quiso realizar esta película.
La idea del film llevaba rondando por sus neuronas varios años, hasta que convenció a la productora Taurus para que financiase su película.
La premisa era mezclar a Terminator, Cyborg, un romance entre pija y macarra y aderezarlo con mucho humo, mala baba, FX de andar por casa y cinco actores conocidos para dar empaque. 
Con estos ingredientes, se olía un buen puñado de dólares en taquilla debieron pensar los de Taurus...fue su última producción.

Si nos ponemos a analizar al plantel de actores la verdad es que hay buen material:
Por una parte tenemos al inolvidable Mike Hammer televisivo ( Stacey Keach) como el creador de los cyborgs, los cuales a su vez estarían interpretados por Pam Grier ( Foxy Brown, Jackie Brown) quien retomaba en este film su actividad cinematográfica tras una larga enfermedad, JP Ryan ( El general Taylor de Delta Force 2, MASH serie de tv.) y uno de los villanos por excelencia de los 80 y 90 como Patrick Kilpatric ( El Vengador Tóxico, Remo, Libertad para Morir) y como no, Malcolm Mc Dowell ( La Naranja Mecánica) que sólo trabajó dos días en el rodaje de la película y que aquí interpretó al director del instituto.


El caso es que el tufo a serie Z, no abandona la película en ningún momento. Desde los decorados, hasta los FX de andar por casa ,unidos a unos diálogos simples y unas interpretaciones planas o pasadas de rosca , como fueron las de los tres cyborgs protagonistas, lo cual he de decir, son lo mejor de la película.
Empezando por la señorita Grier , dejándonos para el recuerdo su escena medio cyborg, medio mujer, en la que derrite su brazo para sacar a relucir ese brazo lanzallamas , heredado de su vertiente militar, puesto que tal y como se nos revela en el film, el verdadero motivo y su origen es ser puras armas militares de destrucción.
El señor Ryan, nos deja a su ya habitual sonrisa demencial, su brazo garfio con el que taladra cerebros y su manera de dejar las posaderas en carne viva , cuando sus alumnos se desvían de sus directrices educativas.
Por último nos quedamos con el señor Kilpatrick, una máquina de matar, un nido de malas pulgas y mala baba, que tan pronto se convierte en un despiadado asesino, que corta de raíz los problemas en clase, mediante el desnucamiento, como se nos convierte en un clon de de Terminator, pero un clon hecho con Lego , movido por diez marionetistas con el fin de dar credibilidad a sus movimientos pero ni con esas consigue asustar al personal y sí saca una sonrisilla, pero de lo casposo que es, incluso para aquellos años.

De lo malas o excesivas que son las actuaciones, son buenas, es decir, se les coge cariño, te enganchan, es pura bazofia, pero de esa bazofia que no pones reparos en consumir para disfrutar de una tarde aburrida.
Porque como ya he referido lo mejor son los cyborgs, ya que la pareja protagonista son meros comparsas puestos como adorno, con el único fin de que hay un pretexto para que nuestros cyborgs desaten toda su furia.
Ni Bradley Gregg ni Traci Lind dan el contrapunto para soportar la comparación con nuestros maliciosos robots, si bien el que él forme parte de una banda ( Los corazones negros) nos sirve como vehículo de transporte a una guerra entre bandas, la suya y los cabezas rapadas ( que no tienen la cabeza rapada) y que se pelean por dominar el tráfico de drogas y controlar el mayor territorio posible y ahí es donde se desvelan los verdaderos planes de la empresa liderada por Keach: aniquilar las bandas por completo a través de sus cibersoldados de modo que puedan controlar los lugares situados alrededor de los institutos.

Esta fase de la película es la mejor, ya que es donde dan rienda suelta a los cyborgs, donde cruelmente queman a lo bonzo a uno de los cabezas rapadas y matan al hermano de Cody ( Cregg), dando lugar al enfrentamiento a fuego cruzado en los muelles , que si bien en un principio parece bien planteado como una estrategia para que los pandilleros se maten entre ellos, pronto vemos que se convierte en el típico tiroteo que veíamos en la serie del Equipo A, es decir vemos los tiros pero no cae ni un pandillero y si caen no sabemos porque caen o asistimos al milagro de que con un sólo disparo, mueren cinco...
De aquí , una vez descubierto el engaño de los profesores, los pandilleros se vuelven coleguitas y armados con sus motocicletas y sus metralletas se meten por en medio del instituto con el fin de atrapar a sus queridos maestros.
Y claro, no se salva ni el tato, no vayáis a creer que por ir motorizados iban a poder con unos robots altamente programados para matar, donde vamos a parar, no, claro no, se necesita gas de las bombonas de la clase de química ( así se vuela a la Grier), no sin antes escuchar la frase lapidaria de :Tiene las tetas biónicas.
Se necesita una metralleta en condiciones para volarle la tapadera del router al Ryan , acompañado como no de su frase lapidaria : Ha pasado a la historia profesor.
Y por último se necesita una carretilla elevadora para acabar con Kilpatrick, no sin antes haberlo arrollado con el bus escolar ( aquí veremos ciertas reminiscencias al Terminator  de 1984) , el bus sólo servirá para mostrarnos su cuerpo robótico y su ansia por matar sin control, lo que llevará a matar a su creador el doctor Forrest, interpretado por Keach y a ser desmembrado por la carretilla elevadora antes mencionada , como no acompañada de su frase lapidaria correspondiente: Estire más sus músculos profesor.

CONCLUSIÓN:

La película es bastante casposa, con un primer tramo que ciertamente aburre, hasta que se anima a partir de los asesinatos programados por los cyborgs.
Quizás en su época todos/as la alquilábamos por su carátula y por la idea de ver el instituto prendido en llamas, pero con el paso de los años, ha envejecido para mal y puede que no soporte más de un visionado en la actualidad.
En resumen, sólo recomendada para amantes de lo cutre o de joyitas de difícil ubicación

Nota ochenter: 5/10

Star Trek, La nueva generación (Star Trek: The Next Generation, Viaje a las estrellas: La nueva generación, Paramount-CBS, 1987-1994)



“El espacio, la última frontera. Estos son los viajes de la nave estelar Enterprise, en su misión permanente de explorar nuevos y desconocidos mundos, de buscar nuevas formas de vida y civilizaciones, de ir audazmente donde nadie ha ido jamás.”

Tras su exitoso paseo por la gran pantalla en los primeros ochenta, Gene Roddenberry propuso a la Paramount que Star Trek regresara a la televisión en forma de serie y con una tripulación renovada para el Enterprise (los “siete magníficos” ya empezaban a dar síntomas de agotamiento, y estaban al borde de la jubilación). Llegaba así Star Trek, la nueva generación, que sitúa su argumento un siglo después de la original.
El planteamiento era el mismo: viajes interestelares a velocidad factorial, encuentros con civilizaciones alienígenas, batallas y aventuras en planetas hostiles, teletransportación o paradojas temporales. Sin embargo, algo sí que iba a cambiar.

KIRK vs PICKARD: OTRO ESTILO DE CAPITAN
         Lo primero que sorprendió a los productores fue el nuevo perfil de capitán del Enterprise que había ideado Roddenberry, no sería de origen estadounidense, sino francés, de nombre Jean-Luc Pickard. Y su personalidad y estilo serían totalmente diferentes a los del legendario James T. Kirk.
         El capitán Kirk de la serie clásica y las películas, encarnado por el icónico William Shatner, es el arquetipo de hombre de acción, el héroe de novela, el galán seductor y aventurero del cine. Valeroso, arrojado, de porte atlético, sonrisa irresistible y sentido del humor. Siempre con el faser en la mano, presto a usar los puños contra sus enemigos, y sus labios con las mujeres.

         En contraposición, Pickard (interpretado por el experimentado actor británico Patrick Stewart), es alto, delgado, de mediana edad y con poco pelo. De carácter flemático, contenido, ascético hasta el cuasi celibato, de gesto impertérrito. Un jefe cerebral, analítico y poco dado a las bromas. Un intelectual, casi un filósofo, más amigo de los libros que de los fasers, y que solo usará los torpedos de fotones como último recurso.

         Como curiosidad, los fans han comparado las veces en que Kirk tiene encuentros amorosos con mujeres, más de una cincuentena (incluido el de Uhura, primer beso interracial en la televisión estadounidense); mientras, en más del doble de capítulos, su sucesor Pickard apenas supera la decena de escarceos románticos.

OTRA TRIPULACION PARA EL NUEVO ENTERPRISE
         Como ya hemos mencionado, el capitán Pickard no es un hombre de acción, y por ello se introduce en la tripulación una nueva figura que lo complemente, el primer oficial William Riker (Johnathan Frakes), este sí, un joven apuesto y fornido, presto para la pelea y el romance.

         Suplir al emblemático Spock tampoco iba a ser tarea fácil, por ello se rodea al capitán con dos figuras que cumplan su función de oficial científico y consejero. Para el primero se opta por un personaje complicado de encajar y que incluso puede resultar cargante, pero que se hizo muy popular entre los fans, el androide Data (un Brent Spinner recargado de maquillaje y brillantina). Como consejera, la bella y enigmática Deanna Troi (Marina Sirtis), que es mitad humana, mitad betazoide y posee poderes extrasensoriales.


         El toque alienígena lo pone el oficial táctico Worf (Michael Dorn), un guerrero Klingon adscrito a la Flota de la Federación. Su personaje resulta muy original y con gran empaque, no solo para la lucha sino también a la hora de tomar decisiones.

         Para el papel de “Bones”, médico de a bordo, que en la serie original era el Dr. McCoy/DeForest Kelley, se escoge a una mujer, la doctora Beverly Crusher (una espléndida Gates McFadden), que parece hecha a la medida del capitán Pickard, una belleza madura, esbelta, elegante y contenida (de hecho, ambos mantienen en todo momento una incontenible tensión sexual no resuelta). 

         La doctora Crusher es viuda y viaja con su hijo adolescente, Wesley, un joven tímido y agraciado, que acabará como un miembro más de la tripulación (este personaje convirtió a su protagonista, Will Weaton, en un ídolo juvenil, y posteriormente se haría famoso por sus cameos en la exitosa serie milenial “Big bang”, llena de referencias a Star Trek, y en la que se interpreta a sí mismo).

         Completa la tripulación, no podía faltar, el ingeniero jefe, que esta vez no es un escocés burlón como Scotty, sino un serio y eficiente afroamericano, Geordi La Forge (interpretado por LeVar Burton, famoso por ser el joven Kunta Kinte de Raíces), que aparece siempre con un visor externo en los ojos ya que es invidente.

         En la primera temporada también se incluyó un personaje de origen ruso, como el legendario Pavel Chejov, en este caso fue la jefa de seguridad Natasha “Tasha” Yar (Denis Crosby, nieta del actor Bing Crosby), una mujer esbelta, atlética y decidida, con un look llamativo de pelo corto y flequillo.

         Junto al elenco principal hay una serie de personajes recurrentes, como es el caso de Guinan (Woopi Goldberg), que es barman de la cubierta del Enterprise, y también muchos otros que aparecen en cada capítulo, entre los que encontramos a al ex Equipo A Dwight Schultz, o a la estrella de la serie original Majel Barrett.

LOS NUEVOS ENEMIGOS
         Firmada la paz con los Klingon, aliados ya de la Federación de Planetas, los enemigos ahora son principalmente los romulanos, mucho menos relevantes tanto en la serie original como en las películas.
Junto a ellos, encontramos nuevos adversarios como los ferengi o los cardasianos,  pero sobre todo a los temibles Borg, mitad humanoide mitad máquina, que viajan en poderosas y destructivas naves en forma de gigantesco cubo, y cuyo objetivo es el sometimiento de las otras razas mediante el control mental y la conversión.

SIETE EXITOSAS TEMPORADAS
La serie fue todo un éxito, con un total de 178 episodios y siete temporadas, frente a los escasos 79 en tres temporadas de la mítica serie original de 1966. En España, La nueva generación fue adquirida por la FORTA, que agrupaba a las recién creadas televisiones autonómicas, que solían hacer pedidos en común al extranjero para abaratar costos, por ello, tanto su recepción como su impacto fue irregular, ya que no se emitió en un primer momento a nivel nacional, como si lo fueron otros exitazos de la época como MacGyver, El coche fantástico o El Equipo A. Pese a ello, la serie se convirtió en todo un clásico.
Tras el final televisivo, el formato continuó en el cine con Star Trek VII: La próxima generación (1994), en la que el capitán Kirk “pasa el testigo” de forma oficial a su sucesor Pickard, Star Trek: primer contacto (1996), Star Trek: insurrección (1998) y Star Trek: némesis (2002), y con más spin off televisivos (Star Trek: Espacio profundo nueve, Star Trek: Voyager, y Star Trek: Enterprise), que mantuvieron la franquicia en antena hasta 2005, y recientemente ha llegado a la pequeña pantalla Star Trek: Discovery, y en cines se han hecho recientemente dos espectaculares películas sobre la juventud de los personajes de la serie original con un reparto muy cuidado, lo que ha renovado y actualizado por completo Star Trek.

CONCLUSION
         Ochenters, ser fan de Star Wars y Star Trek no solo es compatible, es saludable. La primera es una épica fantasía espacial que nos hace soñar en una galaxia muy, muy lejana; la segunda es pura ciencia ficción futurista sobre lo que podemos llegar a ser como raza humana. Sin ir más lejos: recientemente, el prestigioso físico teórico mexicano Miguel Alcubierre demostró con un modelo matemático la posibilidad de viajar a velocidad factorial. Así que, como diría el capitán Pickard, “¡Engage!”.
         Larga vida y prosperidad, ochenters.

                                Por Víctor Sánchez González





Y Si No, Nos Enfadamos (1974, Marcello Fondato) Altrimenti Ci Arrabbiamo



                                
Queridos Ochenters, tengo que confesaros que me ha costado como nunca saber cómo empezar a hablaros de otra de las películas de mi infancia, pero es tal el cariño que siento hacia este dúo de justicieros de mano larga, que he tenido que verme la película en cuestión varias veces seguidas (como cuando tenía unos ocho años)
Por aquel entonces, mi pasión por el cine ya estaba latente, por supuesto no podía permitirme comprar las cintas originales pero sí rogar por un VHS virgen que me permitiera grabar todas mis películas favoritas. Una de ellas, que aún conservo a pesar de estar rota por tanto visionado, era la película de la que me dispongo a hablar, “Y Si No, Nos Enfadamos”.

Y los motivos por los que me ha resultado especialmente difícil comenzar son dos; uno de ellos es puramente sentimental, debido al cariño infinito que siento hacia los actores protagonistas y a los que considero una parte importante de mi infancia cinéfila, pero sobretodo, por la dificultad para tratarla, pues apenas hay información de ésta más allá de la propia película y algún dato suelto de producción, aun así, mi pasión por todos los estilos de cine (especialmente musical para maldición de mi familia y amistades) no me permitía dejar en el olvido a mis queridos Carlo Pedersoli y Mario Girotti, o lo que es lo mismo, Bud Spencer y Terence Hill.

Pero no divagaré más y os hablaré de qué trata esta cinta, que, al igual que el mal entendido cine de acción, el guion no es más que una excusa para entretener y sobretodo para ver en pantalla lo que todos esperábamos de pequeños, justicia a golpes. Comencemos.

Ben (Bud Spencer) es un malhumorado mecánico aficionado al automovilismo y que es dueño de un taller mecánico junto a su viejo amigo Jeremías, interpretado por Luis Barbero.


En los primeros minutos de la cinta, vemos cómo Ben se maravilla ante la oportunidad de conseguir un flamante bólido rojo nuevo con capota amarilla modelo “Dune Buggy”, el cual es el primer premio de un concurso de Rallycross.


En ese mismo momento aparece Kid (Terence Hill) para incordio del pobre Ben y como es normal en sus personajes, hace todo lo posible por fastidiar a los interpretados por su compañero, que viene a participar en el concurso de rally para optar también al primer premio.


Tras una frenética carrera y en la que, como era de esperar, ambos ganan, reciben el premio, un único bólido que se tendrán que repartir.


Y aquí somos participes de una disputa por ver cómo deciden quién se queda el coche, produciéndose uno de los diálogos que guardo en el recuerdo y que repetía con mi hermano hasta la saciedad a la hora de decidir cómo nos jugábamos algo.


Kid – ¿Nos lo jugamos a las cartas?
Ben – No. ¿Echamos un pulso a ver quién gana?
Kid – No. ¿Nos lo jugamos a cerveza y salchichas?
Ben – ¿…Dónde?

Para los que no hayáis visto la película, el reto no consiste en otra cosa que beber cervezas y comer salchichas hasta que uno se retire, teniendo que pagar la cuenta y perdiendo el premio, en este caso, el bólido.


Para la “competición” gastronómica porcina y cervecera (más espuma que cerveza) deciden ir al restaurante del parque de atracciones cercano al taller mecánico de Ben, pero al poco entran en escena el estereotipo por excelencia de “los villanos” de la cinta, una parodia de mafia que trabajan para un orondo especulador inmobiliario conocido por todos como “El Padrino” e interpretado por John Sharp, el cual quiere quedarse con los terrenos del parque de atracciones para construir el casino más alto del mundo, y así, como buen villano extorsionador, ordena a sus secuaces que amedrenten a los usuarios del parque y destrocen algunos de los locales comerciales del mismo como advertencia a los vecinos de la zona, empezando como ya he mencionado por el restaurante donde se encuentran Ben y Kid.


También conocemos al “consigliere” del Don, conocido como “El Doctor” e interpretado por “Donald Pleasence”, que realmente es la cabeza pensante de todo el plan para el desalojo del parque de atracciones.


Aquí, y haciéndonos partícipes de lo absurdo, vemos como Ben y Kid siguen con su concurso, absortos ante el destrozo que la banda está causando en el bar, llegando a volar varios taburetes cerca de sus cabezas. Ante tanto “ruido”, y con el bar ya destrozado, deciden marcharse a otro sitio para seguir con el concurso, y es donde sucede el hecho en el que se centra todo el guion, que como vuelvo a repetir, no es más que una excusa para que lluevan los mamporros.

Al salir del local, uno de los secuaces de “El Padrino” que está amenazando a los usuarios del parque bate en mano para que se bajen de sus coches o los destroza, les ordena lo propio a Ben y a Kid, los cuales conducen el bólido. Ante la negativa de estos, pues no entienden el motivo por el que se tienen que bajar del coche, el matón les advierte que si no se bajan del bólido, se lo “carga”.

Kid – Qué nervioso es. ¿por qué tiene empeño en cargárselo?

Al hacer caso omiso al mafioso, siguen su camino. Es entonces cuando uno de los matones golpea el bólido con otro coche provocando un accidente que destroza el bólido, el cual es consumido por las llamas.

Ben no tiene interés en reclamar nada, pues serían muchos líos y no merece la pena, pero tras la insistencia de Kid deciden ir a visitar al “Padrino” para pedirles que les den otro bólido nuevo idéntico al suyo, pues lo han perdido por culpa de sus matones. Pero quiero haceros partícipes del humor absurdo e inocentón que desprende toda la cinta para que comprendáis por qué me gustaban tanto. La escena se desarrolla en un salón de baile, del cual es dueño el "Padrino" y donde las parejas van poniendo una mano al hombro para cambiar de compañero de baile entre los que se encuentran Ben y Kid; uno de los esbirros jefes que se hace llamar Atila (con una cara realmente cómica) los reconoce y decide intervenir para echarlos del local y como veis, termina incluso en una conga. Os dejo la escena.


Como digo, un humor simple pero efectivo que aún a día de hoy me provoca carcajadas.

Tras conseguir llegar al "Padrino", al que ellos llaman “papi”, le explican el por qué de su visita, el mensaje es simple: “Debéis devolvernos nuestro cochechito” ya que lo han perdido por culpa de sus hombres, a lo que el padrino responde con tono desafiante que qué ocurre si se niega, a lo que contestan que si se niega, se enfadan (tremendos). Como es normal, esto enfurece aún más al "Padrino", que ordena a Atila darles una lección. Tras el primer encuentro con Atila, el cual les incendia el coche con ellos dentro, llegan a la conclusión de que tienen que hacérselo comprender para que les devuelvan el bólido. Aquí entramos en una serie de gags de la pareja acosando al matón a cual más divertido, terminando en un gimnasio donde se encuentran entrenando los esbirros del "Padrino". Como era de esperar, empiezan las tortas. Esta escena es puramente Bud Spencer y Terence Hill, con la canción principal de la BSO que casa a la perfección con lo absurdo de la escena. Os la dejo a continuación.


Una vez todos los matones aleccionados y con los mejores golpes clásicos de cada personaje más propios de los dibujos animados que del cine, Ben y Kid quedan a la espera de que los mafiosos respondan a su petición, pero como es normal, estas humillaciones no hacen otra cosa que enfurecer aún más al “Don” el cual envía a un grupo de motoristas para darles otra lección, y les ordena que le vayan relatando a través de una radio cómo va la misión.


Como podéis imaginar, nuevamente son Kid y Ben los que dan la lección a los moteros. El "Padrino" muy enfurecido y siguiendo los consejos de "El Doctor", decide contratar a Paganini, (Manuel de Blas) un asesino a sueldo, para acabar con los problemas con la pareja de una vez por todas.


Paganini, el cual no pronuncia ni una palabra en toda la cinta, como era de esperar tampoco logra su objetivo, llegando a ser coaccionado por Kid que se hace con el mismo fusil que Paganini iba a usar contra ellos durante el caótico ensayo del coro de Bomberos dirigido por un excéntrico director de orquesta que no gana para batutas e interpretado por el cómico español Emilio Laguna, escena que estaréis recordando con una sonrisa y tarareando la famosa canción a la vez.


Paganini es obligado a ir al local del “Padrino” con un violín en mano a cambio del fusil para hacerle comprender al mismo que siguen esperando recuperar su “cochecito”
Tras esto, Ben ya está harto de la situación y decide desistir de su intento en reclamar el coche, pero “El Doctor” decide atacar al que él considera el artífice de todo, al pobre Jeremías, amigo de Ben, al cual conocen porque había trabajado como cocinero en el restaurante del "Padrino".

Esto enfada y mucho a Ben, al igual que a Kid, que deciden dar una paliza a todos los matones del local.

Ben y Kid – “Ya estamos enfadados”

Os dejo esta última pelea.


Queridos ochenters, con este último vídeo dejo la trama… Sí ya, os he contado prácticamente toda la cinta, pero no puedo evitar recordar las escenas de esta fantástica y divertida película.

Para ir terminando, os dejo algunas curiosidades que he ido encontrando sobre la cinta, así como de los propios Carlo y Mario.

-La película fue un éxito, traducida a más de 15 idiomas.


-Se rodó entre Madrid y Roma. Las partes rodadas en Madrid fueron rodadas junto al estadio Vicente Calderón.


-El famoso tema de la película, “Dune Buggy” fue interpretado por Oliver Onions, grupo de música italiano que también participó en películas como “Banana Joe” o “Sandokan”.


-En la escena en el parque de atracciones con el cohete sobre raíles donde los participantes podían demostrar su fuerza y el cohete salía despedido cuando Ben lo lanza, hubo un fallo con la potencia a la que debía salir despedido y éste cayó sobre varios operarios que terminaron en el hospital.


-Carlo Pedersoli, antes de dedicarse a la interpretación, fue campeón de natación durante diez años y participó en dos olimpiadas representando a Italia.


-Su primera aparición fue en “Quo Vadis?”, donde interpretaba a un guardia romano.


-Su nombre artístico procede de la mezcla de su actor favorito, “Spencer Tracy”, con su cerveza favorita “Budweiser”, dando así el nombre por el que a día de hoy lo conocemos, “Bud Spencer”.


-Por el contrario, a Mario Girotti le dieron una lista con veinte posibles nombres en la que tuvo que decidir en menos de veinticuatro horas.


-Mario empezó en el mundo del cine a los doce años en la cinta “Vacanze Col Gangster”


-Mario y Carlo llegaron a ser grandes amigos, rodando hasta diecinueve películas juntos.


-Una multitud despidió a Carlo Pedersoli con gran cariño, así como su amigo Mario, sonando en su funeral el clásico “Dune Buggy” de esta cinta.


Amigos, pues por hoy me despido con la sensación de felicidad que siempre me deja la revisión de esta cinta, tarareando aún sus cómicas canciones y disfrutando de cada una de sus películas como el primer día. No puedo estar más agradecido a Carlo y a Mario por darnos tanto con tan poco. Bud Spencer y Terence Hill siempre formarán parte de nuestra bagaje ochentero, y nos gustase su cine o no, debemos de reconocer que eran únicos en el cine de comedia al más puro estilo del gag clásico. 

Hasta el próximo escrito amigos.