El 16 de junio de 1986 se publica el disco The Queen is Dead de The Smiths. Es considerado uno de los mejores de la década de los 80.
Lo bueno , lo malo y lo peor del cine de los setenta , ochenta y noventa.
Presentación
Amantes de mundos fantásticos, bisoños aventureros en busca de tesoros, criaturas de la noche, princesas estudiantiles y fanáticos de cachas de postín, ¡sed bienvenidos!. Invitados quedáis a rebuscar en nuestra colección de VHS, acomodar vuestras posaderas en una mullida butaca, darle al play, y disfrutar de lo bueno, lo malo y lo peor que dieron estas décadas.
ADVERTENCIA: Aquí no se escribe crítica cinematográfica (ni se pretende). Las reseñas son altamente subjetivas y el único objetivo es aprender y disfrutar del cine y, por supuesto, de vosotros.
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TRAILER
Homenaje a Ennio Morricone (Roma, 10 de noviembre de 1928 - 6 de julio de 2020), el genio heterodoxo que nos cautivó con sus bandas sonoras
Ochenters,
acabamos de enterarnos del fallecimiento del genial compositor de bandas
sonoras Ennio Morricone a los 91 años, tras ingresar en un hospital romano
debido a una caída. Por ello, y casi a vuela pluma, vamos a hacer una breve
semblanza de su vida y obra, que es la del propio cine.
MORRICONE,
LEONE Y EASTWOOD
Hay una anécdota muy curiosa sobre
Leone y él: Ya se conocían desde antes de que le llamara en 1963 (cuando tan
solo había compuesto música para el film El
Federal), pero ninguno de los dos lo recordaba. Resulta que habían ido
juntos al colegio de niños, en el barrio del Trastevere. Treinta años después,
los dos se reencontraron y el director le invitó al cine a ver Yojimbo, de Kurosawa. A Leone le
encantó, y a Morricone salió horrorizado. Pero de ahí salieron las ideas para La muerte tenía un precio, Por un puñado de
dólares, y El bueno, el feo y el malo,
las películas rodadas en Almería, y protagonizadas por Clint Eastwood, que
lanzaron a la fama a los tres, y que renovaban por completo el western clásico
(de hecho crearon un género nuevo, el spaguetti
western), y en las que la partitura fue tan o más influente que los propios
fotogramas.
LA
MÚSICA DE MORRICONE
Si Williams es un compositor clásico
sinfónico, Zimmer o Jarre son más instrumentales, y así podríamos seguir,
ninguno es tan heterodoxo y atípico como Morricone. Para él, la reverberación,
el eco, un silbido, una flauta de pan, una guitarra eléctrica, una campana, todos
los instrumentos le valían, y tenía un tacto especial para reconocer algo tan
delicado y único, a la vez que universal, como la simple emoción. En este
sentido, baste el ejemplo, no solo del tema principal de El bueno, el feo y el malo (1966), sino también e incluso más, el del
climax final de la película, “El éxtasis del oro”, para muchos su composición
más lograda.
SUS
BANDAS SONORAS DE LOS 80
Compositor de más de 500, bandas
sonoras, Morricone ha trabajado con directores de la talla de Pier Paolo
Pasolini, Lina Wertmuller, Roman Polanski, Bernardo Bertoluci, Oliver Stone o
los españoles Luis Buñuel en Leonor (1975) o Pedro Almodóvar en Átame (1990).
Entre sus composiciones más renombradas de nuestra querída década están La misión (1986), Los intocables de Elliot Ness (1987), o Cinema Paradiso (1988). Todas diferentes, todas distintas, todas
con su toque maestro, porque, según sus propias palabras, Morricone se adaptada
con su música a cada película.
CONCLUSIÓN
Resulta chocante que con tantas y tan
superlativas bandas sonoras en su haber, Morricone tan solo hubiera recibido el
Óscar honorífico a toda una carrera en 2006, y solo en 2015 la estatuilla por
un film de Tarantino, Los odiosos ocho.
Sin embargo, los fans siempre recordaremos la flauta del pan de La Misión, el piano forte de Los intocables
de Elliot Ness, la melodía de Cinema
Paradiso, o la guitarra, el silbidos y los coros de voz de La trilogía del dólar. Siempre con
nosotros el gran Ennio Morricone.
Por Víctor Sánchez Escritor
@VíctorSescritor
Firefox, el arma definitiva (Firefox, Clint Eastwood, 1982)
“Piense en ruso”
Ochenters, para celebrar el
noventa cumpleaños del icónico Clint Eastwood (San Francisco, 31 de mayo de
1930), vamos a comentar uno de sus títulos más ochenters, Firefox, el arma definitiva (1982). Un film atípico en su carrera
como actor y director, un espectacular tecno-thriller de acción, espionaje y
aeronaves, ambientado en las tensiones de la Guerra Fía, muy diferente de sus producciones
habituales, y del que es protagonista absoluto.
UN FILM ATÍPICO EN CLINT
Por esta época, Eastwood ya produce
y dirige sus películas. Por ello, su productora Malpaso recibe cantidad de guiones, que Eastwood estudia, rueda o
desecha (el único requisito es que tengan como protagonista a un duro maduro con
las hechuras y el porte del propio Clint). Normalmente son historias convencionales:
policíacos o road movies, con coches,
peleas y muchos tacos. Además, sus films son relativamente baratos, y siempre los
termina de rodar antes de fecha y por debajo del presupuesto (algo poco
habitual en aquel momento).
Sin embargo, Firefox va a ser una excepción. Para
empezar no es un guión que le llegue por los cauces habituales, sino que Eastwood
adquiere los derechos de la historia tras leer la novela del mismo título de Craig
Thomas, y se embarca en la producción de la película, que tampoco es barata,
sino que es la más cara haya producido nunca Malpaso, con un presupuesto de 21 millones de dólares, de los que
20 se destinaron exclusivamente a los efectos especiales.
Porque, sí, ochenters, Firefox es una película casi de ciencia
ficción, y con unos efectos visuales y sonoros notables para la época, que se
disfrutaban en pantalla grande.
EL ARGUMENTO Y EL PERSONAJE DE CLINT EASTWOOD
Nuestro
Clint Eastwood es el mayor Mitchell Grant, un curtido y experimentado piloto de
la USAF, prematuramente retirado del servicio activo debido a un trastorno
mental provocado por el stress de guerra. Grant vive totalmente aislado en una
granja del medio oeste, y está haciendo footing
por el campo cuando un gigantesco helicóptero
Super Stallion aterriza a su lado. El
momento que tanto temía ha llegado. El Tío
Sam le reclama de nuevo para el servicio activo. Su misión es de alto
secreto: deberá infiltrarse en el corazón de la Unión Soviética para hacerse
con el prototipo de su avión de combate más moderno, veloz y mortífero: el
imbatible MiG 31 Firefox, capaz de alcanzar match 6.
Naturalmente,
Grant se muestra reticente. No se ve capaz, dado que su trastorno psíquico le
produce bloqueos mentales inesperados aunque pasajeros. Sin embargo, él resulta
el hombre adecuado para la misión, no solo por su experiencia como piloto, sino
porque además habla ruso perfectamente, y tiene la misma altura y complexión
que el piloto de pruebas soviético que maneja el MiG, el teniente coronel
Voskov (alter ego de Clint Eastwood
en la película, interpretado por el rubio Kai Wulff, un habitual en papeles de
ruso).
CONTEXTO HISTÓRICO: LA PROPAGANDA DE LA GUERRA FRÍA
La película llega en un momento
de escalada de la Guerra Fría. Vayamos un poco hacia atrás para entenderlo: Con
los acuerdos tácitos entre las dos superpotencias tras la llamada “Crisis de
los misiles” de 1962, y sobre todo con la llegada al poder en la URSS de Leoniv
Breznev, se inicia el periodo conocido como “distensión”, caracterizada por el
modelo denominado “coexistencia pacífica”, en el que, pese a que EE. UU. se
embarca en la Guerra de Vietnam o la URSS posteriormente a la de Afgganistán, un conflicto a gran escala entre rusos y
norteamericanos se ve lejano e improbable, y de hecho Nixon y Breznev firman
históricos acuerdos de desarme nuclear.
Sin embargo, en 1981, con la
llegada a la Casa Blanca de Ronald Reagan con su retórica
belicista y antisoviética, la situación se pone tensa, coincidiendo además con una etapa de incertidumbre en las altas esferas del Kremlin tras el fallecimiento de Breznev, y con dirigentes de la "gerontocracia" que duran poco tiempo. Tal es la tensión, que se acuña el
término “Destrucción mutua asegurada” (MAD, loco, en inglés), porque una guerra
nuclear global se ve más cerca que nunca.
Como parte de su estrategia, el
presidente Reagan, que fue actor, quiere que Hollywood, al que considera
"su mundo”, reme a su favor en esta estrategia de confrontación con la
URSS. Y para ello va a valerse sobre todo de las películas de acción tan
populares en los 80 (hasta entonces, sobre todo en los 70, el cine había
reflejado el clima de distención, y a los rusos de forma conciliadora, un
ejemplo de ello es la película “de catástrofes” Meteoro, en la que yanquis y soviéticos colaboran amigablemente y
apuntan sus misiles contra un enemigo común, un asteroide).
Títulos como Rambo III, Rocky IV o Amanecer Rojo, destilan ese tufillo
antisoviético, al que Clint Eastwood, un republicano convencido, se suma sin
problema alguno (incluso entonces, la película recibió muchas críticas por dar
una visión tan maniquea del momento histórico, y este detalle es quizás lo único que se puede poner en el debe de un film soberbio en todo lo demás).
Así, la trama reúne todo el
catálogo de tópicos y estereotipos sobre
el tema:
Uno de ellos es el mito de la
superioridad tecnológico-armamentística de los soviéticos, que se da por hecho
en el film, y que no era por entonces sino un eficaz método de propaganda patriótica
para justificar ante la sociedad estadounidense el enorme gasto militar de su
administración. Los rusos nunca tuvieron tal superioridad, ni siquiera en los
años del MiG 15 y el MiG 21 (es más, “seguir el ritmo” de la OTAN les costaría en
una década el hundimiento de su sistema).
Otro de los falsos mitos es el
de la supuesta infiltración de la CIA en la Unión Soviética, que sostiene gran
parte de la trama de la película. El hermetismo era total y la CIA sabía muy
poco, y menos de sus últimos avances aeronáuticos (de hecho, se enteraron de la
existencia del novedoso y veloz MiG 25, que inspira en parte al prototipo de la
película, cuando uno de ellos se escapó sin dificultad de dos Phantom israelíes
en territorio sirio a principios de los 70). En cambio, sí ocurrió al revés,
los rusos sí tuvieron durante largo tiempo una red de espionaje en Occidente,
algo que sí reflejan por ejemplo, las pelis de James Bond, que siempre han dado
una visión mucho más fiel de la relación Este-Oeste en el ámbito del espionaje
(recordemos la icónica La espía que me
amó).
Otro estereotipo recurrente es
el de retratar a los rusos como “malos absolutos”, seres sin
alma, que matan a sangre fría, demonios rojos a los que hay que combatir
y destruir (en contraposición, claro, con los “buenos siempre” norteamericanos),
algo que también era habitual en las cintas de acción de entonces con los
asiáticos (chinos, vietnamitas, etc.). Es muy curioso como en el casting de la
película, para los militares rusos, se eligen actores asociados a papeles de
nazis como Kenneth Coley (que también era oficial del Imperio en Star Wars),
Ronald Lacey (el nazi de las SS que persigue a Indiana Jones), o Wolf Kalher,
quizás el más encasillado de todos, y que también salía en En busca del arca perdida.
Sin embargo, la película
acierta en algunos aspectos, aunque los exagere en exceso. Tal y como cuenta la
cinta, sí ocurrió en la URSS que científicos de gran valía, fueran “forzados” a
trabajar en proyectos pioneros, es el caso del personaje de Nigel Hawthorne, el
Dr. Pyotr Baranovich, cuya esposa, por cierto, es la única mujer que aparece en
la película. Un ejemplo en la realidad es el curioso caso de Leon Theremin
(inventor del famoso instrumento musical que lleva su nombre), que fue
destinado a un laboratorio secreto en el que diseñó un micrófono indetectable
con el que los rusos espiaron la embajada americana en Moscú durante años.
EL IMPRESIONANTE MiG 31 FIREFOX
Si por
algo destaca la película es por la espectacularidad de las escenas de combate
aéreo con el imponente prototipo denominado MiG 31. El avión se concibió
específicamente para la película, aunque está inspirado en modelos ya
existentes, como el mencionado caza bimotor soviético MiG 25 de doble alerón
trasero, y el veloz y futurista avión espía estadounidense RS-71, del que
recoge su color negro, su envergadura alar y sus altas capacidades de aviónica.
El MiG
31 de la película, aparte de su velocidad, alcance y armamento, cuenta con una
innovación increíble aún hoy en día: su casco es capaz de unir piloto y avión mediante
conexiones neuronales, de tal forma que el aparato obedezca sus órdenes de vuelo
o disparo de manera inmediata, lo que le da una ventaja infalible en combate.
Esta característica da origen a la frase más famosa de la película: “Debe
pensar en ruso. Piense en ruso.”
Esta
cualidad tecnológica es un viejo sueño de los ingenieros y militares de todas
las fuerzas aéreas, que solo se ha conseguido implementar parcialmente en
modernos cazas como el Rafale o el Eurofighter, aunque de forma muy básica
y con una conexión física o de movimientos, en ningún caso neuronal. Es así
también en helicópteros de ataque de última generación como el Tiger, cuyo cañón se direcciona por los
movimientos del casco del piloto (algo similar a lo que hacía otra aeronave
icónica de los 80, el Trueno Azul).
EL RODAJE Y LOS EFECTOS VISUALES
Gran
parte de la película está ambientada en la Unión Soviética, y para recrear ese
escenario, el rodaje se realizó en Austria. También en exteriores de Montana,
para el principio de la película, además de California, Londres y la base aérea
de Thule, en Groenlandia.
Para
las espectaculares escenas de vuelo, se recurrió al especialista de ILM John Dkystra,
que utilizó su por entonces novedosa pantalla azul de fundidos (la misma de “El
imperio contraataca”). Por cierto que la maqueta del avión que se utilizó para
estas secuencias se expone en el Warner
Bros. Museum de Los Ángeles.
El
modelo a escala real del avión evidentemente no podía volar, y se movía
toscamente tanto por los hangares, como cuando aterriza en el hielo ártico
junto al submarino para repostar, en otra escena espectacular.
Aunque
en el cine nos fascinó, y nos dejó boquiabiertos, hay que reconocer, aun siendo
fans incondicionales de la película, que lo que entonces sorprendía, a día de hoy
se ve como torpes fundidos en la mayoría de las escenas de vuelo. El paso de
los años, y la avalancha del cine actual con exceso de CGI, hacen que “se noten”
las carencias del cine clásico contemporáneo en esta y otras pelis.
CONCLUSIÓN
La
película fue todo un éxito de público y taquilla. No tanto de crítica, por lo
que hemos comentado antes, y porque algunos críticos la comparaban con el anterior film de Eastwood The Eiger sanction (traducida en España como Licencia para matar), o con las películas de James Bond. Incluso el
New York Times dijo de ella que era “una
de 007 sin chicas, y de Superman sin sentido del humor, con solo un poquito más
de suspense de lo plausible”.
En
cualquier caso, para los que la vimos de chavales siempre la recordaremos con
añoranza, y nos veremos pilotando ese veloz pájaro a velocidades supersónicas a
ras de suelo, tumbando los árboles y levantando la nieve o el agua a nuestro paso.
Y, por supuesto, pensando en ruso.
Por @VictorSescritor
Lady Halcón (Lady Hawke, Richard Donner, 1985)
Ochenters,
vamos con uno de los títulos más icónicos de nuestra querida década, Lady Halcón (Lady Hawke, El hechizo del halcón, El hechizo de Aquila, La dama halcón, Richard Donner, 1985),
protagonizada por Matthew Broderick, Rutger Hauer y Michelle Pfeiffer. Un film
con temática medieval de espada y brujería, que cuenta una historia de amor, aventuras épicas, y fantasía, con un estilo moderno, y
la música de Alan Parson Project.
LA
TRAMA Y LOS PROTAGONISTAS
La
trama comienza en las mazmorras de un castillo, de las que consigue escapar
un joven llamado Phillipe Gastón (interpretado por un adolescente Matthew
Broderick, al que conocíamos del clásico ochenter Juegos de guerra). "Gastón
el Ratón" es un habilidoso y escurridizo ladronzuelo de poca monta, que
con algo de fortuna, consigue ser el primer preso en escapar de la prisión de
Aquila.
Perseguido
por los guardias, a los que manda el capitán Marquet (Ken Hutchison), es descubierto
en una posada, en la que está almorzando un misterioso caballero, Etienne
Navarre (un Rutger Hauger que acababa de ser el replicante Roy Batty de Blade Runner, y que esta vez hace de
héroe y no de villano). En un combate desigual, en el que identificamos por
primera vez en el cine el sello inconfundible del “sonido Alan Parsons”,
Etienne toma partido por Gastón, y ambos derrotan a los guardias y consiguen
escapar.
El
joven se pega al caballero, al que
acompaña siempre un fiel halcón, y ambos pasan la noche en una granja perdida
del bosque. A medianoche, el joven tiene un encuentro con una bella y
enigmática mujer acompañada de un lobo. Es la primera vez que vemos en pantalla
a Michelle Pfeiffer, que nos cautivó y nos enamoró en el cine solo con aquel instante
(de hecho, y para muchos fans, Pfeiffer nunca ha estado tan bella como en Lady Halcón).
Poco
después, entra en escena el villano del film, el malvado y abyecto obispo de
Aquila, interpretado de forma tan convincente por el británico John Wood, que
le convierten en uno de los malos más
logrados de los ochenta. El obispo ordena a su capitán Marquet, que mate a
Navarre pero salve al halcón.
Así,
en una persecución a campo abierto, los guardias entran en combate con nuestros
héroes y, aunque consiguen escapar, el halcón es herido accidentalmente. Navarre
insiste en llevarle a un monasterio abandonado, para que un solitario monje
ermitaño, Imperius (interpretado por el secundario Leo McKern), sea quien le cure.
Allí,
Gastón conoce por fin la naturaleza de los extraños sucesos que le han venido
ocurriendo desde que se unió al caballero Navarre, y quiénes son en realidad esa
extraña y bella mujer, el halcón y el lobo. Lo que cuenta Imperius es sin duda
una de las historias de amor más bellas y emotivas de la historia del séptimo
arte, la de Isabeau y Navarre, “siempre juntos, eternamente separados”.
Victimas del lascivo y depravado obispo de Aquila, que deseoso de obtener el
favor carnal de la noble doncella, no puede tolerar que ella y el capitán de su
guardia ,Etienne Navarre, se amen de forma sincera. Por ello, y, presa de la
ira, los expulsa de Aquila, y lanza sobre ellos un terrible conjuro: durante el
día ella será el halcón, durante la noche él será el lobo, y solo podrán verse
apenas un instante en el amanecer y el ocaso.
Mientras
Isabeau se recupera de su herida, Navarre cuenta Imperius su intención de
volver a Aquila, entrar a escondidas ayudado por Gastón, y matar al obispo. Sin
embargo, el viejo monje le dice que si lo hace sin más, el hechizo será
irreversible, pero que hay una posibilidad de romper el maleficio, y es hacerlo
en un día sin luz y una noche sin oscuridad, en un próximo eclipse.
Ya
sabéis que, aunque sea una película muy conocida, y que los ochenters hemos
visto muchas veces, no nos gusta contar el final, pero sí os diremos que es de
lo más épico y romántico.
LOS
ESCENARIOS Y LA BANDA SONORA
La
película fue rodada en Italia, en exteriores de las regiones de Lazio,
Lombardía y Veneto. La ciudad ficticia de Aquila, que administra con mano de
hierro el malvado obispo, mientras él lleva una vida de lujo y mujeres, se
inspira en el nombre de la capital de los Abruzzos, L’Aquila, y su fortaleza es
en realidad el castillo de Torrechiara en Parma. Para el lejano monasterio,
lleno de trampas, en el que habita y se da a la bebida el monje Imperius, se
escogieron las ruinas de Rocca Calascio.
En
cuanto a los espectaculares parajes naturales, también se rodaron muy cerca de los
castillos, en la pradera alpina de Campo Imperatore, donde, casi sin efectos
especiales, y solo con recursos de cámara y un excelente montaje, se rodó la
impresionante secuencia de la transformación del halcón y el lobo con las
primeras luces del amanecer.
En
cuanto a la banda sonora, es uno de los aspectos más innovadores, aparte del
diseño de vestuario, de la película, aunque no está exento de cierta controversia.
Siempre hay algún purista que pone en duda la idoneidad de una partitura con
música electrónica de un grupo de rock progresivo, en una película de temática
medieval, y que hubiera preferido una banda sonora al uso, con música clásica
de orquesta. Siendo admiradores y reconociendo el valor de la música clásica en
el séptimo arte, tenemos que decir que es precisamente la original banda sonora
de esta película, la que le da una de sus señas de identidad. No hubiera sido
igual de emotiva, impactante y arrebatadora con una música convencional, por
muy deliciosa que fuera. Es ese contraste entre la trama antigua y la música moderna,
e incluso como hemos dicho, el diseño de producción y el vestuario con toques
contemporáneos (y no olvidemos tampoco la fotografía de Vittorio Storaro), lo que
da vigor a la película, y la convierte en lo que es. De hecho Richard Donner no
tuvo ninguna duda, y, desde que puso en marcha el proyecto, y mientras
localizaba exteriores en Europa, encargó a su equipo que contactara con Alan
Parsons, ya que era muy aficionado al grupo.
Por
otro lado, este tipo de música en las películas era la moda en los ochenta, porque, aunque algunos nuevos directores
como George Lucas o Steven Spelberg, seguían apostando por la música sinfónica
(en el caso de ambos del insigne e inigualable John Williams), también hay
otros directores del momento, como Ridley Scott o Peter Weir, que optan por
compositores de música electrónica, como el genial Vangelis, u otros ya
directamente procedentes del pop o el rock como Giorgio Moroder o Brian May. Y
no solo para producciones de ambientación contemporánea o futurista, sino
también para películas de época, como Gallipoli
en el caso de May, o Carros de Fuego
en el caso de Vangelis.
En
cuanto a la banda sonora en sí, Lady
Halcón es “sonido Alan Parsons”, y tiene el sello inconfundible del grupo
británico, que entonces estaba en la cresta de la ola, con éxitos tan ochenters
como Prime Time o Don’t answer me. Sin embargo, gran parte de la composición corrió a cargo de
Andrew Powell, habitual director de orquesta en los LPs de la banda, con Alan
Parsons en la producción (algo que le apasiona también), y en labores de
ingeniero de sonido, y con el resto del grupo a los instrumentos. Al parecer,
solo Eric Woolfson se mantuvo al margen.
IMPLICACIONES
RELIGIOSAS DE LA PELÍCULA
Otro
de los rasgos de originalidad de la película es el hecho de poner como villano
a un obispo, un prelado de la iglesia, algo impensable por aquellos tiempos, en
los que el tema religioso de mantenía al margen o se tocaba muy de pasada, para
bodas o cosas parecidas, y los eclesiásticos eran tipos bonachones o
santurrones, tratados siempre desde un punto de vista positivo. Muy distintos
de el de esta película, un personaje además, para el que no se ahorra ni un
ápice en aberración y maldad, siempre bajo esa falsa sonrisa bondadosa del
“rogando pero con el mazo dando”.
Sin
embargo, en el film se trata de, digamos, “esconder” lo evidente. Por ejemplo,
pese a que el personaje luce vestimenta y oropeles de prelado, no lleva símbolos
que lo asocien a la iglesia católica o a otra confesión (es un detalle que pasa
desapercibido, pero que en sucesivas revisiones se puede comprobar). Además, en
los diálogos también se deja constancia, aunque también pueda pasarse por alto,
que se ha “apartado de Roma”, y cultiva las artes malignas.
CONCLUSIÓN
Lady Halcón es
hoy en día todo un clásico de nuestra querida década, y, aunque fue ignorada en
los Óscar, como era habitual por entonces con films que hoy son leyenda, fue
todo un éxito que la muchachada fuimos a ver al cine. Los chicos nos enamoramos
para siempre de Michelle Pfeiffer, y todos en general pudimos reencontrarnos
con un Rutger Hauger con el que nos podíamos identificar. Por poner tan solo un
mínimo pero al film, sería quizás el papel de Mathew Broderick, que da un poco el toque de
humor y se aparta del tono épico y romántico que impregna el
resto de la película (eso de que se ponga a hablar solo pues puede parecer
gracioso o ridículo). Sin embargo, como fans incondicionales de la película, y
que la vemos siempre que la reponen, solo nos queda relamernos con la más bella
historia de amor de los 80, la de Isabeau y Navarre.
Por Víctor Sánchez Escritor
@VíctorSescritor
Especial series de dibujos de nuestra infancia
Ochenters,
vamos a echar la vista atrás hasta nuestra más tierna infancia para recordar
aquellas series de dibujos que nos marcaron, nos han hecho como somos, y, sin
duda, deberíamos poner a nuestros hijos. Como siempre, Lo hemos hecho con todo
el cariño, no hemos podido dedicar largos comentarios a todas, y seguro que nos
hemos dejado alguna, pero por lo menos encontraréis, aunque sea sólo mencionadas,
las más simbólicas y representativas.
Nuestra serie de aventuras por
excelencia. La historia original se publicó como manga en Japón en 1972, e
inmediatamente interesó a la Toei Animation
para su adaptación televisiva, que ya la tenía lista para su emisión por la Fuji TV a finales de aquel año, y se
emitió allí hasta 1974. Pronto llegó a todo el mundo, y también a España.
La serie contaba con todos los ingredientes
para fascinar al público infantil: Robots gigantes que volaban y lanzaban
rayos, jóvenes protagonistas con los que te podías identificar, malvados
villanos a los que combatir, y aventura a raudales.
Todos recordamos su famosa canción de
cabecera, el grito “¡planeador abajo!” o “¡puños fuera!” de Koji Kabuto (el chico
que manejaba a Mazinger), o el famoso
también “fuego de pecho” del robot femenino Afrodita
A, compañera de Mazinger, y que
pilotaba la joven y bella Sayaka Yumi, probablemente el primer amor platónico/televisivo
que tuvimos de los chavales de la época (como Koji lo sería de la chicas).
La serie original constaba de 92
episodios, de los que TVE compró 33 para su emisión a partir de 1978 en el
horario estrella de la sobremesa de los sábados, después del telediario y antes
de la película de Sesión de tarde.
Como anécdota diremos hubo un glorioso momento, allá por 1979, en el que los
sábados ponían Mazinger Z y los
domingos La abeja Maya.
Pese
a que la serie fue todo un éxito, TVE no compró más capítulos, y la cortó de
sopetón, casi sin avisar, para poner en su lugar Orzowei, una serie italiana con actores, temática muy distinta,
ambientada en África, y que resultó bastante decepcionante.
VICKIE
EL VIKINGO
Sin duda, la más emblemática de las
series de dibujos animados de nuestra infancia, y que TVE emitió por primera
vez en 1975 los lunes por la tarde. La serie era una coproducción de las
televisiones alemana y austriaca, ZDF y ODF, aunque la factura gráfica corrió a
cargo de la prestigiosa productora japonesa Nippon
Animation.
Al contrario que otras series de
dibujos de entonces, como Heidi o Marco, que tenían una trama bastante
melodramática e incluso lacrimógena, Vickie
el Vikingo era una serie de aventuras, llena humor, optimismo y valores
como la amistad, el compañerismo, el respeto a la diferencia, el trabajo en
equipo, o el cuidado de la naturaleza.
Los protagonistas eran los vikingos de la
aldea sueca de Flak, liderados por Alvar, padre de Vickie, un niño curioso e
inteligente, cuyas ideas sorprendentes e imaginativas salvaban todo tipo de
situaciones, y le hacían imprescindible en cada viaje por mar en busca de
tesoros.
En esta serie cabe destacar también su
preciosa banda sonora, compuesta por el especialista checosclovaco Karel
Svoboda, que combinaba magistralmente los temas cantados que son casi himnos,
con la potente música electrónica para las persecuciones, o bellas melodías
para los finales felices.
LA
ABEJA MAYA
Si hasta ahora hemos hablado de series,
digamos, “de personas”, La abeja Maya es
una de esas historias tan propias de la literatura infantil protagonizadas por
animales humanizados, que, si bien mantienen las funciones básicas de su
especie (en su caso, vuelan, recolectan néctar y polen o hacen miel), por lo
demás hablan y se comportan como humanos.
La serie, de 1975, estaba basada en el
libro del escritor alemán Waldemar Bonsels, y nos contaba las aventuras de una
pequeña abejita junto con su amigo Willy, el saltamontes Flip, y el resto de
los insectos del bosque.
Al igual que Vickie el vikingo, La abeja
Maya era una coproducción de la ZDF y ODF, producida por la Nippon Animation, y compartía con ella
su espíritu alegre y optimista, y la preciosa música original de Karel Svoboda,
que también forma parte de la banda sonora de nuestra vida.
Como anécdota diremos que, aparte de lo
comentado, Vickie el vikingo y La abeja Maya también compartieron sus
voces españolas, ya que las dos dobladoras de los personajes principales de ambas
series se intercambiaron los papeles: Matilde Vilariño era Maya e Ílvi, la
amiga de Vickie, y Mari Pe Castro, que ponía la voz a Vickie, también lo hacía
con el amigo de Maya Willy.
PIPI
CALZASLARGAS
Aunque
no fuera de dibujos, “Pipi Calzaslargas” fue todo un fenómeno televisivo que marcó
a nuestra generación. Estaba inspirada en los libros infantiles de la escritora
sueca Astrid Lindgren, traducidos a más de 70 idiomas.
Su
origen es muy curioso: Para confortar a su hija enferma durante su convalecencia
en cama, Lindgren se inventó un personaje alocado y divertido, una niña peliroja
llamada Pippi Långstrump, que llevaba dos trenzas casi horizontales, que vivía
con un mono y un caballo, y era imaginativa y rebelde contra todo
convencionalismo.
La
serie, con guión de la propia autora, se rodó en 1968 y fue emitida por primera
vez en Suecia en 1969. Dado su gran éxito internacional, TVE la tenía en su
agenda, pero era tan rompedora para la época que no se atrevió a programar su estreno hasta la agonía del régimen
franquista, en 1974. Se emitía los domingos por la tarde y no nos la perdíamos.
Pese
a que los niños y niñas adorábamos la serie, tuvo un cierto rechazo por parte
de la España carpetovetónica y recalcitrante de entonces, que no la aceptó
desde un primer momento, y solo recuerda de ella que en un capítulo se les veía
probando un cigarrillo, como si ningún chaval de los sesenta o setenta, incluso
ellos mismos, hubiera fumado o al menos dado una calada de chavales.
Desde
los sectores más conservadores de la sociedad se creía que la serie era un “mal
ejemplo”, al mostrar una niña que daba rienda suelta su imaginación, y animaba
a sus amigos Tommy y Anika a jugar y divertirse con libertad, en contacto con
la naturaleza, sin ataduras, y a hacer todo tipo de locuras, como caminar hacia
atrás, pintarse la cara o dormir con los pies en la almohada (algo escandaloso
e impensable parece ser). Por cierto, ese conservadurismo casposo y trasnochado
lo representa en la serie la estirada señorita Prysselius, en contraposición
con los Settergren, los tolerantes padres de Tommy y Anika. Por cierto, un
personaje muy similar al que encontramos en la ya mencionada Heidi, representado por la odiosa Srta.
Rottenmeyer, rezongando y protestando por todo, incluso de los maravillosos
parajes de los Alpes suizos, y siempre tratando de coartar el espíritu libre y
bondadoso de la niña, y su benéfica influencia sobre su amiga Clara, en
contraposición con el adusto pero comprensivo abuelo.
LAS
SERIES ESPAÑOLAS DE BRB
Todos recordamos la cabecera de tantas
series de nuestra infancia y adolescencia que llevaban el logotipo de BRB Internacional, la productora fundada
en 1972 entre otros, por Claudio Biern Boyd, que comenzó como simple
distribuidora de muchas de las series que estamos comentando, y otras como Los ángeles de Charlie, La pantera Rosa,
Tom y Jerry, El bosque de Tallac, Banner
y Flappy, Tom Sawyer o El osito Misha
que fue la mascota de los Juegos Olímpicos de Moscú 80.
No
fue hasta ese año, 1980, cuando BRB comenzó a producir sus propias series
animadas. La primera de ellas fue Ruy el
pequeño Cid, que contaba las aventuras infantiles del que luego sería héroe
legendario del medievo español, y que le encargó a la Nippon Animation. Después vendrían Fútbol en acción (protagonizada por Naranjito, la mascota del
Mundial España 82), David el Gnomo, D'Artacan y los tres mosqueperros o La
vuelta al mundo de Willy Fog, imprescindibles en la sobremesa de los sábados y que tampoco nos
perdíamos.
Contrariamente a lo que se pudiera
pensar, otra legendaria y muy popular serie de animación española de la época, Don Quijote de La Mancha (1979), no fue
producida por BRB sino que TVE se la encargó a los realizadores Cruz
Delgado y José Romagosa, que pese al éxito cosechado, disolvieron su sociedad
tras ella. Sin embargo, BRB sigue funcionando hoy en día, y ha distribuido
series de referencia para nuestros hijos como Pokemon, y ha seguido produciendo dibujos propios, como los del oso
deportista Bernie.
LOS
LOONEY TUNES Y HANNA-BARBERA
No podemos dejar de recordar la avalancha
de dibujos animados procedentes de Hollywood, como todos los de la factoría
Disney, o los Looney Tunes, de la
Warners Bros. Como no recordar las Merrie
Melodíes (“fantasías animadas de ayer y de hoy presenta…”), al Pato Lucas,
a Porky, el Correcaminos, Silvestre y Piolín, El gallo Claudio, Speedy González, o la estrella del
estudio Bugs Bunny (“¿qué hay de nuevo, viejo?”). Todos ellos inseparables de
sus creadores, los dibujantes y realizadores David DePatie, Fritz Freeling,
Chuck Jones, o Tex Avery.
Mención aparte merecen también los
dibujos de Hanna-Barbera, un estudio de animación independiente fundado en 1957
por William Hanna y Joseph Barbera, que anteriormente habían trabajado para la
Metro-Goldwin-Mayer. A ellos les debemos, entre otras, Los Picapiedra, Los Supersónicos, Tom y Jerry, El oso Yogui, Jonny
Quest, Hong Kong Phooey, Pixie y Dixie, Maguila Gorila, Leoncio el león y
Tristón, Pepe Pótamo, Don Gato, Canuto y Canito, o el gran Scooby-Doo.
LAS
SERIES DEL MOMENTO QUE TAMBIÉN VEÍAMOS
Y
bueno, para terminar mencionaremos también varias series emblemáticas de
nuestra infancia, que, aunque no fueran “para niños” específicamente, pues
también veíamos, cuando nos dejaban nuestros padres, como Curro Jiménez, Espacio 1999, Sandokan, Wonder Woman, El increíble Hulk,
Starky y Hutch, Los hombres de
Harrelson, Galáctica, Verano azul, o la ya referida Los ángeles de Charlie. Luego, ya entrados
los 80, llegarían V, El coche fantástico, El Equipo A o MacGyver.
CONCLUSIÓN
Ochenters,
suerte tuvimos de crecer con aquellas maravillosas series y dibujos, que, como
ya hemos dicho, nos hicieron como somos, y, junto con otros referentes
televisivos como Los payasos de la tele,
Gloria Fuertes, Félix o Carl Sagan, y también cinematográficos, como los de La guerra de las galaxias, Star Trek, 007, Alien,
Conan o Terminator, nos forjaron
como mujeres y hombres con carácter, nobleza, generosidad y principios, pero
también imaginación, inteligencia, curiosidad y sentido del humor. ¡Somos
ochenters!
Por Víctor Sánchez Escritor
@VíctorSescritor
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