Presentación

Amantes de mundos fantásticos, bisoños aventureros en busca de tesoros, criaturas de la noche, princesas estudiantiles y fanáticos de cachas de postín, ¡sed bienvenidos!. Invitados quedáis a rebuscar en nuestra colección de VHS, acomodar vuestras posaderas en una mullida butaca, darle al play, y disfrutar de lo bueno, lo malo y lo peor que dieron estas décadas.

ADVERTENCIA: Aquí no se escribe crítica cinematográfica (ni se pretende). Las reseñas son altamente subjetivas y el único objetivo es aprender y disfrutar del cine y, por supuesto, de vosotros.
Mostrando entradas con la etiqueta 80's. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 80's. Mostrar todas las entradas

Efemérides - 16/06 - The Smiths (The Queen is Dead)

 El 16 de junio de 1986 se publica el disco The Queen is Dead de The Smiths. Es considerado uno de los mejores de la década de los 80.

Efemérides - 06/06 - Tetris

 


06/06/1984: En la Unión Soviética Alekéi Pázhitnov libera el Tetris al mercado libre, convirtiéndose en uno de los videojuegos más vendidos de la historia.


Homenaje a Ennio Morricone (Roma, 10 de noviembre de 1928 - 6 de julio de 2020), el genio heterodoxo que nos cautivó con sus bandas sonoras


Ochenters, acabamos de enterarnos del fallecimiento del genial compositor de bandas sonoras Ennio Morricone a los 91 años, tras ingresar en un hospital romano debido a una caída. Por ello, y casi a vuela pluma, vamos a hacer una breve semblanza de su vida y obra, que es la del propio cine.

MORRICONE, LEONE Y EASTWOOD
         Hay una anécdota muy curiosa sobre Leone y él: Ya se conocían desde antes de que le llamara en 1963 (cuando tan solo había compuesto música para el film El Federal), pero ninguno de los dos lo recordaba. Resulta que habían ido juntos al colegio de niños, en el barrio del Trastevere. Treinta años después, los dos se reencontraron y el director le invitó al cine a ver Yojimbo, de Kurosawa. A Leone le encantó, y a Morricone salió horrorizado. Pero de ahí salieron las ideas para La muerte tenía un precio, Por un puñado de dólares, y El bueno, el feo y el malo, las películas rodadas en Almería, y protagonizadas por Clint Eastwood, que lanzaron a la fama a los tres, y que renovaban por completo el western clásico (de hecho crearon un género nuevo, el spaguetti western), y en las que la partitura fue tan o más influente que los propios fotogramas.
       
LA MÚSICA DE MORRICONE
         Si Williams es un compositor clásico sinfónico, Zimmer o Jarre son más instrumentales, y así podríamos seguir, ninguno es tan heterodoxo y atípico como Morricone. Para él, la reverberación, el eco, un silbido, una flauta de pan, una guitarra eléctrica, una campana, todos los instrumentos le valían, y tenía un tacto especial para reconocer algo tan delicado y único, a la vez que universal, como la simple emoción. En este sentido, baste el ejemplo, no solo del tema principal de El bueno, el feo y el malo (1966), sino también e incluso más, el del climax final de la película, “El éxtasis del oro”, para muchos su composición más lograda.

SUS BANDAS SONORAS DE LOS 80
         Compositor de más de 500, bandas sonoras, Morricone ha trabajado con directores de la talla de Pier Paolo Pasolini, Lina Wertmuller, Roman Polanski, Bernardo Bertoluci, Oliver Stone o los españoles Luis Buñuel en Leonor (1975) o Pedro Almodóvar en Átame (1990). Entre sus composiciones más renombradas de nuestra querída década están La misión (1986), Los intocables de Elliot Ness (1987), o Cinema Paradiso (1988). Todas diferentes, todas distintas, todas con su toque maestro, porque, según sus propias palabras, Morricone se adaptada con su música a cada película.

CONCLUSIÓN
         Resulta chocante que con tantas y tan superlativas bandas sonoras en su haber, Morricone tan solo hubiera recibido el Óscar honorífico a toda una carrera en 2006, y solo en 2015 la estatuilla por un film de Tarantino, Los odiosos ocho. Sin embargo, los fans siempre recordaremos la flauta del pan de La Misión, el piano forte de Los intocables de Elliot Ness, la melodía de Cinema Paradiso, o la guitarra, el silbidos y los coros de voz de La trilogía del dólar. Siempre con nosotros el gran Ennio Morricone.


Por Víctor Sánchez Escritor @VíctorSescritor

Firefox, el arma definitiva (Firefox, Clint Eastwood, 1982)




“Piense en ruso”
        
Ochenters, para celebrar el noventa cumpleaños del icónico Clint Eastwood (San Francisco, 31 de mayo de 1930), vamos a comentar uno de sus títulos más ochenters, Firefox, el arma definitiva (1982). Un film atípico en su carrera como actor y director, un espectacular tecno-thriller de acción, espionaje y aeronaves, ambientado en las tensiones de la Guerra Fía, muy diferente de sus producciones habituales, y del que es protagonista absoluto.


UN FILM ATÍPICO EN CLINT


Por esta época, Eastwood ya produce y dirige sus películas. Por ello, su productora Malpaso recibe cantidad de guiones, que Eastwood estudia, rueda o desecha (el único requisito es que tengan como protagonista a un duro maduro con las hechuras y el porte del propio Clint). Normalmente son historias convencionales: policíacos o road movies, con coches, peleas y muchos tacos. Además, sus films son relativamente baratos, y siempre los termina de rodar antes de fecha y por debajo del presupuesto (algo poco habitual en aquel momento).
Sin embargo, Firefox va a ser una excepción. Para empezar no es un guión que le llegue por los cauces habituales, sino que Eastwood adquiere los derechos de la historia tras leer la novela del mismo título de Craig Thomas, y se embarca en la producción de la película, que tampoco es barata, sino que es la más cara haya producido nunca Malpaso, con un presupuesto de 21 millones de dólares, de los que 20 se destinaron exclusivamente a los efectos especiales.
Porque, sí, ochenters, Firefox es una película casi de ciencia ficción, y con unos efectos visuales y sonoros notables para la época, que se disfrutaban en pantalla grande.


EL ARGUMENTO Y EL PERSONAJE DE CLINT EASTWOOD

         Nuestro Clint Eastwood es el mayor Mitchell Grant, un curtido y experimentado piloto de la USAF, prematuramente retirado del servicio activo debido a un trastorno mental provocado por el stress de guerra. Grant vive totalmente aislado en una granja del medio oeste, y está haciendo footing por el campo  cuando un gigantesco helicóptero Super Stallion aterriza a su lado. El momento que tanto temía ha llegado. El Tío Sam le reclama de nuevo para el servicio activo. Su misión es de alto secreto: deberá infiltrarse en el corazón de la Unión Soviética para hacerse con el prototipo de su avión de combate más moderno, veloz y mortífero: el imbatible MiG 31 Firefox, capaz de alcanzar match 6.
         Naturalmente, Grant se muestra reticente. No se ve capaz, dado que su trastorno psíquico le produce bloqueos mentales inesperados aunque pasajeros. Sin embargo, él resulta el hombre adecuado para la misión, no solo por su experiencia como piloto, sino porque además habla ruso perfectamente, y tiene la misma altura y complexión que el piloto de pruebas soviético que maneja el MiG, el teniente coronel Voskov (alter ego de Clint Eastwood en la película, interpretado por el rubio Kai Wulff, un habitual en papeles de ruso). 


CONTEXTO HISTÓRICO: LA PROPAGANDA DE LA GUERRA FRÍA

La película llega en un momento de escalada de la Guerra Fría. Vayamos un poco hacia atrás para entenderlo: Con los acuerdos tácitos entre las dos superpotencias tras la llamada “Crisis de los misiles” de 1962, y sobre todo con la llegada al poder en la URSS de Leoniv Breznev, se inicia el periodo conocido como “distensión”, caracterizada por el modelo denominado “coexistencia pacífica”, en el que, pese a que EE. UU. se embarca en la Guerra de Vietnam o la URSS posteriormente a la de Afgganistán, un conflicto a gran escala entre rusos y norteamericanos se ve lejano e improbable, y de hecho Nixon y Breznev firman históricos acuerdos de desarme nuclear.
Sin embargo, en 1981, con la llegada a la Casa Blanca de Ronald Reagan con su retórica belicista y antisoviética, la situación se pone tensa, coincidiendo además con una etapa de incertidumbre en las altas esferas del Kremlin tras el fallecimiento de Breznev, y con dirigentes de la "gerontocracia" que duran poco tiempo. Tal es la tensión, que se acuña el término “Destrucción mutua asegurada” (MAD, loco, en inglés), porque una guerra nuclear global se ve más cerca que nunca.
Como parte de su estrategia, el presidente Reagan, que fue actor, quiere que Hollywood, al que considera "su mundo”, reme a su favor en esta estrategia de confrontación con la URSS. Y para ello va a valerse sobre todo de las películas de acción tan populares en los 80 (hasta entonces, sobre todo en los 70, el cine había reflejado el clima de distención, y a los rusos de forma conciliadora, un ejemplo de ello es la película “de catástrofes” Meteoro, en la que yanquis y soviéticos colaboran amigablemente y apuntan sus misiles contra un enemigo común, un asteroide).
Títulos como Rambo III, Rocky IV o Amanecer Rojo, destilan ese tufillo antisoviético, al que Clint Eastwood, un republicano convencido, se suma sin problema alguno (incluso entonces, la película recibió muchas críticas por dar una visión tan maniquea del momento histórico, y este detalle es quizás lo único que se puede poner en el debe de un film soberbio en todo lo demás).
Así, la trama reúne todo el catálogo de tópicos  y estereotipos sobre el tema: 
Uno de ellos es el mito de la superioridad tecnológico-armamentística de los soviéticos, que se da por hecho en el film, y que no era por entonces sino un eficaz método de propaganda patriótica para justificar ante la sociedad estadounidense el enorme gasto militar de su administración. Los rusos nunca tuvieron tal superioridad, ni siquiera en los años del MiG 15 y el MiG 21 (es más, “seguir el ritmo” de la OTAN les costaría en una década el hundimiento de su sistema).
Otro de los falsos mitos es el de la supuesta infiltración de la CIA en la Unión Soviética, que sostiene gran parte de la trama de la película. El hermetismo era total y la CIA sabía muy poco, y menos de sus últimos avances aeronáuticos (de hecho, se enteraron de la existencia del novedoso y veloz MiG 25, que inspira en parte al prototipo de la película, cuando uno de ellos se escapó sin dificultad de dos Phantom israelíes en territorio sirio a principios de los 70). En cambio, sí ocurrió al revés, los rusos sí tuvieron durante largo tiempo una red de espionaje en Occidente, algo que sí reflejan por ejemplo, las pelis de James Bond, que siempre han dado una visión mucho más fiel de la relación Este-Oeste en el ámbito del espionaje (recordemos la icónica La espía que me amó).
Otro estereotipo recurrente es el de retratar a los rusos como “malos absolutos”, seres sin alma, que matan a sangre fría, demonios rojos a los que hay que combatir y destruir (en contraposición, claro, con los “buenos siempre” norteamericanos), algo que también era habitual en las cintas de acción de entonces con los asiáticos (chinos, vietnamitas, etc.). Es muy curioso como en el casting de la película, para los militares rusos, se eligen actores asociados a papeles de nazis como Kenneth Coley (que también era oficial del Imperio en Star Wars), Ronald Lacey (el nazi de las SS que persigue a Indiana Jones), o Wolf Kalher, quizás el más encasillado de todos, y que también salía en En busca del arca perdida.
Sin embargo, la película acierta en algunos aspectos, aunque los exagere en exceso. Tal y como cuenta la cinta, sí ocurrió en la URSS que científicos de gran valía, fueran “forzados” a trabajar en proyectos pioneros, es el caso del personaje de Nigel Hawthorne, el Dr. Pyotr Baranovich, cuya esposa, por cierto, es la única mujer que aparece en la película. Un ejemplo en la realidad es el curioso caso de Leon Theremin (inventor del famoso instrumento musical que lleva su nombre), que fue destinado a un laboratorio secreto en el que diseñó un micrófono indetectable con el que los rusos espiaron la embajada americana en Moscú durante años.


EL IMPRESIONANTE MiG 31 FIREFOX

         Si por algo destaca la película es por la espectacularidad de las escenas de combate aéreo con el imponente prototipo denominado MiG 31. El avión se concibió específicamente para la película, aunque está inspirado en modelos ya existentes, como el mencionado caza bimotor soviético MiG 25 de doble alerón trasero, y el veloz y futurista avión espía estadounidense RS-71, del que recoge su color negro, su envergadura alar y sus altas capacidades de aviónica.
         El MiG 31 de la película, aparte de su velocidad, alcance y armamento, cuenta con una innovación increíble aún hoy en día: su casco es capaz de unir piloto y avión mediante conexiones neuronales, de tal forma que el aparato obedezca sus órdenes de vuelo o disparo de manera inmediata, lo que le da una ventaja infalible en combate. Esta característica da origen a la frase más famosa de la película: “Debe pensar en ruso. Piense en ruso.”
         Esta cualidad tecnológica es un viejo sueño de los ingenieros y militares de todas las fuerzas aéreas, que solo se ha conseguido implementar parcialmente en modernos cazas como el Rafale o el Eurofighter, aunque de forma muy básica y con una conexión física o de movimientos, en ningún caso neuronal. Es así también en helicópteros de ataque de última generación como el Tiger, cuyo cañón se direcciona por los movimientos del casco del piloto (algo similar a lo que hacía otra aeronave icónica de los 80, el Trueno Azul).

EL RODAJE Y LOS EFECTOS VISUALES

         Gran parte de la película está ambientada en la Unión Soviética, y para recrear ese escenario, el rodaje se realizó en Austria. También en exteriores de Montana, para el principio de la película, además de California, Londres y la base aérea de Thule, en Groenlandia.
         Para las espectaculares escenas de vuelo, se recurrió al especialista de ILM John Dkystra, que utilizó su por entonces novedosa pantalla azul de fundidos (la misma de “El imperio contraataca”). Por cierto que la maqueta del avión que se utilizó para estas secuencias se expone en el Warner Bros. Museum de Los Ángeles.
         El modelo a escala real del avión evidentemente no podía volar, y se movía toscamente tanto por los hangares, como cuando aterriza en el hielo ártico junto al submarino para repostar, en otra escena espectacular.
         Aunque en el cine nos fascinó, y nos dejó boquiabiertos, hay que reconocer, aun siendo fans incondicionales de la película, que lo que entonces sorprendía, a día de hoy se ve como torpes fundidos en la mayoría de las escenas de vuelo. El paso de los años, y la avalancha del cine actual con exceso de CGI, hacen que “se noten” las carencias del cine clásico contemporáneo en esta y otras pelis. 


CONCLUSIÓN

         La película fue todo un éxito de público y taquilla. No tanto de crítica, por lo que hemos comentado antes, y porque algunos críticos la comparaban con el anterior film de Eastwood The Eiger sanction (traducida en España como Licencia para matar), o con las películas de James Bond. Incluso el New York Times dijo de ella que era “una de 007 sin chicas, y de Superman sin sentido del humor, con solo un poquito más de suspense de lo plausible”.
         En cualquier caso, para los que la vimos de chavales siempre la recordaremos con añoranza, y nos veremos pilotando ese veloz pájaro a velocidades supersónicas a ras de suelo, tumbando los árboles y levantando la nieve o el agua a nuestro paso. Y, por supuesto, pensando en ruso.

Por @VictorSescritor







Lady Halcón (Lady Hawke, Richard Donner, 1985)


Ochenters, vamos con uno de los títulos más icónicos de nuestra querida década, Lady Halcón (Lady Hawke, El hechizo del halcón, El hechizo de Aquila, La dama halcón, Richard Donner, 1985), protagonizada por Matthew Broderick, Rutger Hauer y Michelle Pfeiffer. Un film con temática medieval de espada y brujería, que cuenta una historia de amor, aventuras  épicas, y fantasía, con un estilo moderno, y la música de Alan Parson Project.


LA TRAMA Y LOS PROTAGONISTAS

La trama comienza en las mazmorras de un castillo, de las que consigue escapar un joven llamado Phillipe Gastón (interpretado por un adolescente Matthew Broderick, al que conocíamos del clásico ochenter Juegos de guerra).  "Gastón el Ratón" es un habilidoso y escurridizo ladronzuelo de poca monta, que con algo de fortuna, consigue ser el primer preso en escapar de la prisión de Aquila.


Perseguido por los guardias, a los que manda el capitán Marquet (Ken Hutchison), es descubierto en una posada, en la que está almorzando un misterioso caballero, Etienne Navarre (un Rutger Hauger que acababa de ser el replicante Roy Batty de Blade Runner, y que esta vez hace de héroe y no de villano). En un combate desigual, en el que identificamos por primera vez en el cine el sello inconfundible del “sonido Alan Parsons”, Etienne toma partido por Gastón, y ambos derrotan a los guardias y consiguen escapar.
El joven se pega al caballero, al que acompaña siempre un fiel halcón, y ambos pasan la noche en una granja perdida del bosque. A medianoche, el joven tiene un encuentro con una bella y enigmática mujer acompañada de un lobo. Es la primera vez que vemos en pantalla a Michelle Pfeiffer, que nos cautivó y nos enamoró en el cine solo con aquel instante (de hecho, y para muchos fans, Pfeiffer nunca ha estado tan bella como en Lady Halcón).

Poco después, entra en escena el villano del film, el malvado y abyecto obispo de Aquila, interpretado de forma tan convincente por el británico John Wood, que le convierten en uno de los malos más logrados de los ochenta. El obispo ordena a su capitán Marquet, que mate a Navarre pero salve al halcón.
Así, en una persecución a campo abierto, los guardias entran en combate con nuestros héroes y, aunque consiguen escapar, el halcón es herido accidentalmente. Navarre insiste en llevarle a un monasterio abandonado, para que un solitario monje ermitaño, Imperius (interpretado por el secundario Leo McKern), sea quien le cure.


Allí, Gastón conoce por fin la naturaleza de los extraños sucesos que le han venido ocurriendo desde que se unió al caballero Navarre, y quiénes son en realidad esa extraña y bella mujer, el halcón y el lobo. Lo que cuenta Imperius es sin duda una de las historias de amor más bellas y emotivas de la historia del séptimo arte, la de Isabeau y Navarre, “siempre juntos, eternamente separados”. Victimas del lascivo y depravado obispo de Aquila, que deseoso de obtener el favor carnal de la noble doncella, no puede tolerar que ella y el capitán de su guardia ,Etienne Navarre, se amen de forma sincera. Por ello, y, presa de la ira, los expulsa de Aquila, y lanza sobre ellos un terrible conjuro: durante el día ella será el halcón, durante la noche él será el lobo, y solo podrán verse apenas un instante en el amanecer y el ocaso.
Mientras Isabeau se recupera de su herida, Navarre cuenta Imperius su intención de volver a Aquila, entrar a escondidas ayudado por Gastón, y matar al obispo. Sin embargo, el viejo monje le dice que si lo hace sin más, el hechizo será irreversible, pero que hay una posibilidad de romper el maleficio, y es hacerlo en un día sin luz y una noche sin oscuridad, en un próximo eclipse.
Ya sabéis que, aunque sea una película muy conocida, y que los ochenters hemos visto muchas veces, no nos gusta contar el final, pero sí os diremos que es de lo más épico y romántico.

LOS ESCENARIOS Y LA BANDA SONORA

La película fue rodada en Italia, en exteriores de las regiones de Lazio, Lombardía y Veneto. La ciudad ficticia de Aquila, que administra con mano de hierro el malvado obispo, mientras él lleva una vida de lujo y mujeres, se inspira en el nombre de la capital de los Abruzzos, L’Aquila, y su fortaleza es en realidad el castillo de Torrechiara en Parma. Para el lejano monasterio, lleno de trampas, en el que habita y se da a la bebida el monje Imperius, se escogieron las ruinas de Rocca Calascio.

En cuanto a los espectaculares parajes naturales, también se rodaron muy cerca de los castillos, en la pradera alpina de Campo Imperatore, donde, casi sin efectos especiales, y solo con recursos de cámara y un excelente montaje, se rodó la impresionante secuencia de la transformación del halcón y el lobo con las primeras luces del amanecer.
En cuanto a la banda sonora, es uno de los aspectos más innovadores, aparte del diseño de vestuario, de la película, aunque no está exento de cierta controversia. Siempre hay algún purista que pone en duda la idoneidad de una partitura con música electrónica de un grupo de rock progresivo, en una película de temática medieval, y que hubiera preferido una banda sonora al uso, con música clásica de orquesta. Siendo admiradores y reconociendo el valor de la música clásica en el séptimo arte, tenemos que decir que es precisamente la original banda sonora de esta película, la que le da una de sus señas de identidad. No hubiera sido igual de emotiva, impactante y arrebatadora con una música convencional, por muy deliciosa que fuera. Es ese contraste entre la trama antigua y la música moderna, e incluso como hemos dicho, el diseño de producción y el vestuario con toques contemporáneos (y no olvidemos tampoco la fotografía de Vittorio Storaro), lo que da vigor a la película, y la convierte en lo que es. De hecho Richard Donner no tuvo ninguna duda, y, desde que puso en marcha el proyecto, y mientras localizaba exteriores en Europa, encargó a su equipo que contactara con Alan Parsons, ya que era muy aficionado al grupo.
Por otro lado, este tipo de música en las películas era la moda en los ochenta, porque, aunque algunos nuevos directores como George Lucas o Steven Spelberg, seguían apostando por la música sinfónica (en el caso de ambos del insigne e inigualable John Williams), también hay otros directores del momento, como Ridley Scott o Peter Weir, que optan por compositores de música electrónica, como el genial Vangelis, u otros ya directamente procedentes del pop o el rock como Giorgio Moroder o Brian May. Y no solo para producciones de ambientación contemporánea o futurista, sino también para películas de época, como Gallipoli en el caso de May, o Carros de Fuego en el caso de  Vangelis.
En cuanto a la banda sonora en sí, Lady Halcón es “sonido Alan Parsons”, y tiene el sello inconfundible del grupo británico, que entonces estaba en la cresta de la ola, con éxitos tan ochenters como Prime Time o Don’t answer me. Sin embargo,  gran parte de la composición corrió a cargo de Andrew Powell, habitual director de orquesta en los LPs de la banda, con Alan Parsons en la producción (algo que le apasiona también), y en labores de ingeniero de sonido, y con el resto del grupo a los instrumentos. Al parecer, solo Eric Woolfson se mantuvo al margen.

IMPLICACIONES RELIGIOSAS DE LA PELÍCULA

Otro de los rasgos de originalidad de la película es el hecho de poner como villano a un obispo, un prelado de la iglesia, algo impensable por aquellos tiempos, en los que el tema religioso de mantenía al margen o se tocaba muy de pasada, para bodas o cosas parecidas, y los eclesiásticos eran tipos bonachones o santurrones, tratados siempre desde un punto de vista positivo. Muy distintos de el de esta película, un personaje además, para el que no se ahorra ni un ápice en aberración y maldad, siempre bajo esa falsa sonrisa bondadosa del “rogando pero con el mazo dando”.
Sin embargo, en el film se trata de, digamos, “esconder” lo evidente. Por ejemplo, pese a que el personaje luce vestimenta y oropeles de prelado, no lleva símbolos que lo asocien a la iglesia católica o a otra confesión (es un detalle que pasa desapercibido, pero que en sucesivas revisiones se puede comprobar). Además, en los diálogos también se deja constancia, aunque también pueda pasarse por alto, que se ha “apartado de Roma”, y cultiva las artes malignas.


CONCLUSIÓN

Lady Halcón es hoy en día todo un clásico de nuestra querida década, y, aunque fue ignorada en los Óscar, como era habitual por entonces con films que hoy son leyenda, fue todo un éxito que la muchachada fuimos a ver al cine. Los chicos nos enamoramos para siempre de Michelle Pfeiffer, y todos en general pudimos reencontrarnos con un Rutger Hauger con el que nos podíamos identificar. Por poner tan solo un mínimo pero al film, sería quizás el papel de Mathew Broderick, que da un poco el toque de humor y se aparta del tono épico y romántico que impregna el resto de la película (eso de que se ponga a hablar solo pues puede parecer gracioso o ridículo). Sin embargo, como fans incondicionales de la película, y que la vemos siempre que la reponen, solo nos queda relamernos con la más bella historia de amor de los 80, la de Isabeau y Navarre.


Por Víctor Sánchez Escritor @VíctorSescritor







Especial series de dibujos de nuestra infancia


Ochenters, vamos a echar la vista atrás hasta nuestra más tierna infancia para recordar aquellas series de dibujos que nos marcaron, nos han hecho como somos, y, sin duda, deberíamos poner a nuestros hijos. Como siempre, Lo hemos hecho con todo el cariño, no hemos podido dedicar largos comentarios a todas, y seguro que nos hemos dejado alguna, pero por lo menos encontraréis, aunque sea sólo mencionadas, las más simbólicas y representativas.


MAZINGER Z

         Nuestra serie de aventuras por excelencia. La historia original se publicó como manga en Japón en 1972, e inmediatamente interesó a la Toei Animation para su adaptación televisiva, que ya la tenía lista para su emisión por la Fuji TV a finales de aquel año, y se emitió allí hasta 1974. Pronto llegó a todo el mundo, y también a España.
         La serie contaba con todos los ingredientes para fascinar al público infantil: Robots gigantes que volaban y lanzaban rayos, jóvenes protagonistas con los que te podías identificar, malvados villanos a los que combatir, y aventura a raudales.
         Todos recordamos su famosa canción de cabecera, el grito “¡planeador abajo!” o “¡puños fuera!” de Koji Kabuto (el chico que manejaba a Mazinger), o el famoso también “fuego de pecho” del robot femenino Afrodita A, compañera de Mazinger, y que pilotaba la joven y bella Sayaka Yumi, probablemente el primer amor platónico/televisivo que tuvimos de los chavales de la época (como Koji lo sería de la chicas).
         La serie original constaba de 92 episodios, de los que TVE compró 33 para su emisión a partir de 1978 en el horario estrella de la sobremesa de los sábados, después del telediario y antes de la película de Sesión de tarde. Como anécdota diremos hubo un glorioso momento, allá por 1979, en el que los sábados ponían Mazinger Z y los domingos La abeja Maya.
          Pese a que la serie fue todo un éxito, TVE no compró más capítulos, y la cortó de sopetón, casi sin avisar, para poner en su lugar Orzowei, una serie italiana con actores, temática muy distinta, ambientada en África, y que resultó bastante decepcionante.
 


VICKIE EL VIKINGO


         Sin duda, la más emblemática de las series de dibujos animados de nuestra infancia, y que TVE emitió por primera vez en 1975 los lunes por la tarde. La serie era una coproducción de las televisiones alemana y austriaca, ZDF y ODF, aunque la factura gráfica corrió a cargo de la prestigiosa productora japonesa Nippon Animation.         
         Al contrario que otras series de dibujos de entonces, como Heidi o Marco, que tenían una trama bastante melodramática e incluso lacrimógena, Vickie el Vikingo era una serie de aventuras, llena humor, optimismo y valores como la amistad, el compañerismo, el respeto a la diferencia, el trabajo en equipo, o el cuidado de la naturaleza.
         Los protagonistas eran los vikingos de la aldea sueca de Flak, liderados por Alvar, padre de Vickie, un niño curioso e inteligente, cuyas ideas sorprendentes e imaginativas salvaban todo tipo de situaciones, y le hacían imprescindible en cada viaje por mar en busca de tesoros.
         En esta serie cabe destacar también su preciosa banda sonora, compuesta por el especialista checosclovaco Karel Svoboda, que combinaba magistralmente los temas cantados que son casi himnos, con la potente música electrónica para las persecuciones, o bellas melodías para los finales felices.

LA ABEJA MAYA

         Si hasta ahora hemos hablado de series, digamos, “de personas”, La abeja Maya es una de esas historias tan propias de la literatura infantil protagonizadas por animales humanizados, que, si bien mantienen las funciones básicas de su especie (en su caso, vuelan, recolectan néctar y polen o hacen miel), por lo demás hablan y se comportan como humanos.
         La serie, de 1975, estaba basada en el libro del escritor alemán Waldemar Bonsels, y nos contaba las aventuras de una pequeña abejita junto con su amigo Willy, el saltamontes Flip, y el resto de los insectos del bosque.
         Al igual que Vickie el vikingo, La abeja Maya era una coproducción de la ZDF y ODF, producida por la Nippon Animation, y compartía con ella su espíritu alegre y optimista, y la preciosa música original de Karel Svoboda, que también forma parte de la banda sonora de nuestra vida.
         Como anécdota diremos que, aparte de lo comentado, Vickie el vikingo y La abeja Maya también compartieron sus voces españolas, ya que las dos dobladoras de los personajes principales de ambas series se intercambiaron los papeles: Matilde Vilariño era Maya e Ílvi, la amiga de Vickie, y Mari Pe Castro, que ponía la voz a Vickie, también lo hacía con el amigo de Maya Willy.

PIPI CALZASLARGAS

Aunque no fuera de dibujos, “Pipi Calzaslargas” fue todo un fenómeno televisivo que marcó a nuestra generación. Estaba inspirada en los libros infantiles de la escritora sueca Astrid Lindgren, traducidos a más de 70 idiomas.
Su origen es muy curioso: Para confortar a su hija enferma durante su convalecencia en cama, Lindgren se inventó un personaje alocado y divertido, una niña peliroja llamada Pippi Långstrump, que llevaba dos trenzas casi horizontales, que vivía con un mono y un caballo, y era imaginativa y rebelde contra todo convencionalismo.
La serie, con guión de la propia autora, se rodó en 1968 y fue emitida por primera vez en Suecia en 1969. Dado su gran éxito internacional, TVE la tenía en su agenda, pero era tan rompedora para la época que no se atrevió a programar  su estreno hasta la agonía del régimen franquista, en 1974. Se emitía los domingos por la tarde y no nos la perdíamos.
Pese a que los niños y niñas adorábamos la serie, tuvo un cierto rechazo por parte de la España carpetovetónica y recalcitrante de entonces, que no la aceptó desde un primer momento, y solo recuerda de ella que en un capítulo se les veía probando un cigarrillo, como si ningún chaval de los sesenta o setenta, incluso ellos mismos, hubiera fumado o al menos dado una calada de chavales.
Desde los sectores más conservadores de la sociedad se creía que la serie era un “mal ejemplo”, al mostrar una niña que daba rienda suelta su imaginación, y animaba a sus amigos Tommy y Anika a jugar y divertirse con libertad, en contacto con la naturaleza, sin ataduras, y a hacer todo tipo de locuras, como caminar hacia atrás, pintarse la cara o dormir con los pies en la almohada (algo escandaloso e impensable parece ser). Por cierto, ese conservadurismo casposo y trasnochado lo representa en la serie la estirada señorita Prysselius, en contraposición con los Settergren, los tolerantes padres de Tommy y Anika. Por cierto, un personaje muy similar al que encontramos en la ya mencionada Heidi, representado por la odiosa Srta. Rottenmeyer, rezongando y protestando por todo, incluso de los maravillosos parajes de los Alpes suizos, y siempre tratando de coartar el espíritu libre y bondadoso de la niña, y su benéfica influencia sobre su amiga Clara, en contraposición con el adusto pero comprensivo abuelo.




LAS SERIES ESPAÑOLAS DE BRB

         Todos recordamos la cabecera de tantas series de nuestra infancia y adolescencia que llevaban el logotipo de BRB Internacional, la productora fundada en 1972 entre otros, por Claudio Biern Boyd, que comenzó como simple distribuidora de muchas de las series que estamos comentando, y otras como Los ángeles de Charlie, La pantera Rosa, Tom y Jerry, El bosque de Tallac, Banner y Flappy, Tom Sawyer o El osito Misha que fue la mascota de los Juegos Olímpicos de Moscú 80.
No fue hasta ese año, 1980, cuando BRB comenzó a producir sus propias series animadas. La primera de ellas fue Ruy el pequeño Cid, que contaba las aventuras infantiles del que luego sería héroe legendario del medievo español, y que le encargó a la Nippon Animation. Después vendrían Fútbol en acción (protagonizada por Naranjito, la mascota del Mundial España 82), David el Gnomo, D'Artacan y los tres mosqueperros o La vuelta al mundo de Willy Fog, imprescindibles en  la sobremesa de los sábados y que tampoco nos perdíamos.
         Contrariamente a lo que se pudiera pensar, otra legendaria y muy popular serie de animación española de la época, Don Quijote de La Mancha (1979), no fue producida por BRB sino que TVE se la encargó a los realizadores Cruz Delgado y José Romagosa, que pese al éxito cosechado, disolvieron su sociedad tras ella. Sin embargo, BRB sigue funcionando hoy en día, y ha distribuido series de referencia para nuestros hijos como Pokemon, y ha seguido produciendo dibujos propios, como los del oso deportista Bernie.



LOS LOONEY TUNES Y HANNA-BARBERA

         No podemos dejar de recordar la avalancha de dibujos animados procedentes de Hollywood, como todos los de la factoría Disney, o los Looney Tunes, de la Warners Bros. Como no recordar las Merrie Melodíes (“fantasías animadas de ayer y de hoy presenta…”), al Pato Lucas, a Porky, el Correcaminos, Silvestre y Piolín, El gallo Claudio, Speedy González, o la estrella del estudio Bugs Bunny (“¿qué hay de nuevo, viejo?”). Todos ellos inseparables de sus creadores, los dibujantes y realizadores David DePatie, Fritz Freeling, Chuck Jones, o Tex Avery.
         Mención aparte merecen también los dibujos de Hanna-Barbera, un estudio de animación independiente fundado en 1957 por William Hanna y Joseph Barbera, que anteriormente habían trabajado para la Metro-Goldwin-Mayer. A ellos les debemos, entre otras, Los Picapiedra, Los Supersónicos, Tom y Jerry, El oso Yogui, Jonny Quest, Hong Kong Phooey, Pixie y Dixie, Maguila Gorila, Leoncio el león y Tristón, Pepe Pótamo, Don Gato, Canuto y Canito, o el gran Scooby-Doo.



LAS SERIES DEL MOMENTO QUE TAMBIÉN VEÍAMOS

Y bueno, para terminar mencionaremos también varias series emblemáticas de nuestra infancia, que, aunque no fueran “para niños” específicamente, pues también veíamos, cuando nos dejaban nuestros padres, como Curro Jiménez, Espacio 1999, Sandokan, Wonder Woman, El increíble Hulk, Starky y Hutch, Los hombres de Harrelson, Galáctica, Verano azul, o la ya referida Los ángeles de Charlie. Luego, ya entrados los 80, llegarían V, El coche fantástico, El Equipo A o MacGyver.



CONCLUSIÓN

Ochenters, suerte tuvimos de crecer con aquellas maravillosas series y dibujos, que, como ya hemos dicho, nos hicieron como somos, y, junto con otros referentes televisivos como Los payasos de la tele, Gloria Fuertes, Félix o Carl Sagan, y también cinematográficos, como los de La guerra de las galaxias, Star Trek, 007, Alien, Conan o Terminator, nos forjaron como mujeres y hombres con carácter, nobleza, generosidad y principios, pero también imaginación, inteligencia, curiosidad y sentido del humor. ¡Somos ochenters!


Por Víctor Sánchez Escritor @VíctorSescritor