Lo bueno , lo malo y lo peor del cine de los setenta , ochenta y noventa.
Presentación
Amantes de mundos fantásticos, bisoños aventureros en busca de tesoros, criaturas de la noche, princesas estudiantiles y fanáticos de cachas de postín, ¡sed bienvenidos!. Invitados quedáis a rebuscar en nuestra colección de VHS, acomodar vuestras posaderas en una mullida butaca, darle al play, y disfrutar de lo bueno, lo malo y lo peor que dieron estas décadas.
ADVERTENCIA: Aquí no se escribe crítica cinematográfica (ni se pretende). Las reseñas son altamente subjetivas y el único objetivo es aprender y disfrutar del cine y, por supuesto, de vosotros.
El 13 de junio de 1989 se estrenó Licencia para matar (Licence to Kill, John Glen), la segunda y última película de la saga 007 protagonizada por Timothy Dalton, quien encarnó a un Bond mucho más violento y oscuro que el de sus predecesoras.
Ochenters, tras el comentario
de todo un clásico del cine de aventuras, El
viento y el león (1975), con el que iniciamos la serie dedicada al maestro
John Milius, seguimos con su clásico ochenter Amanecer Rojo, de 1984.
Un film muy propio del ambiente
prebélico de la paranoia de la Guerra Fría, y para el que contó con la nueva
hornada de jóvenes actores que triunfarían a lo largo de la década, como
Charlie Sheen, Lea Thompson, C. Thomas Howell o la pareja de “Dinty Dancing”,
Jennifer Grey y Patrick Swayze, acompañados de solventes veteranos como Harry Dean
Stanton (Alien), Powers Boothe (La selva esmeralda), el veterano del western
Ben Johnson, o el villano Falconetti de Hombre
rico, hombre pobre, William Smith.
ARGUMENTO Y AMBIENTACIÓN
La cinta
coincide con una ola de películas de temática relacionada con la Guerra Fría,
la dinámica de bloques y enfrentamiento con la URSS, muy propia del momento
histórico, y auspiciada por la retórica belicista de la administración Reagan,
que da como fruto un cine de acción proclive a sus tesis, con títulos como Invasión USA con Chuck Norris o Rambo III con Stallone.
En
este ambiente, un reconocido republicano como John Milius, encuentra el
perfecto caldo de cultivo para Amanecer
Rojo, que, casi inmediatamente, recibió un aluvión de críticas del
Hollywood liberal cercano al partido demócrata, por su maniqueísmo, y su tono
propagandístico, casi panfletario.
La
película, hay que reconocerlo, parte de un planteamiento delirante e
inverosímil incluso para la época: un
formidable ejército ruso-cubano que invade y ocupa Estados Unidos por sorpresa
y con pasmosa facilidad, ante la pasividad de Europa y el resto del mundo.
Sorprendidos
por la invasión de paracaidistas enemigos en pleno invierno, un grupo de
jóvenes de un pueblo de Colorado, escapan a la montaña y se organizan como una
eficaz resistencia que consigue poner en jaque a los invasores comunistas,
retratados siempre como seres abyectos y sin alma.
A
partir de ahí, Milius nos ofrece un film de aventuras bélicas con tintes
adolescentes, a ratos espectacular, con intensidad y ritmo, algo plano en
argumento y personajes, y con manifiesta carga ideológica.
LOS “WOLVERINES”
Son
los jóvenes protagonistas, convertidos en comando, que adoptan ese sobrenombre
para su equipo. Lo componen Jed Eckert, un jovencísimo Patrick Swayze que, sin
embargo, es el veterano y líder del grupo, su hermano Matt (un Charlie Sheen casi
infantil), junto a sus amigos Robert Morris (C. Thomas Howell), Danny Bates
(Brad Savage), Daryl Bates (Darren Dalton) y Aardvark Mondragón (Doug Toby).
Tras
equiparse apresuradamente en una tienda de deportes con armas de caza, huyen a
la montaña en el todoterreno de Jed, y se organizan para una resistencia
activa, a la que se unirán dos jovencitas: Toni (Jennifer Grey), y Erica (Lea
Thompson), que su abuelo escondía en el subsuelo de su granja.
Pronto,
los Wolverines se convierten en la
pesadilla de los invasores. Apoyados en su conocimiento del terreno, atacan por
sorpresa y se retiran, en la clásica táctica de guerrillas.
En una
incursión, rescatan a un piloto de las fuerza aérea estadounidense, el teniente
coronel Andrew Tanner (Powers Boothe), que les informa de la marcha de la
guerra, y les da formación táctica, antes de morir en un enfrentamiento con
tanques (por cierto, los carros de combate soviéticos T-72 que aparecen en la
secuencia, fueron replicados basándose en informes confidenciales de la CIA).
El
personaje de Boothe es, sin duda, el de mayor calado y potencial del film, y
el actor se quejó de que, en el primer guión, aun siendo un militar patriota,
tenía un punto antibelicista y razonable que equilibraba y daba vigor al
argumento, pero que finalmente fue desechado por Milius en el corte final.
A lo largo de la película, y ya con armamento
militar del enemigo y mejor experiencia, los Wolverines comienzan a realizar incursiones de mayor calado, hasta
tal punto que el ejército invasor se ve obligado a destinar a su captura a un
curtido comando de élite, liderado por el Coronel Strelnikov, alias El cazador (William Smith).
RODAJE Y REPERCUSIÓN
La
película contó con un presupuesto inicial de 11 millones de dólares, que
subieron finalmente a 19. Se rodó en su mayor parte en Nuevo México, la ciudad de
Dallas (en la que se ambientó la localidad de Calumet, Colorado), y el Parque
Nacional Arapahoe. La acogida de público fue favorable al principio, pero fue
decayendo muy pronto, aunque consiguió recaudar más de 30 millones de dólares.
Amanecer Rojo es sin duda un film a considerar, y que los
ochenters vemos con cariño. Sin embargo, no termina de resultar creíble
precisamente por su falta de rigor y matiz, y se queda en lo que en aquella
época se llamaba “una americanada”. Por ello, muchos la consideran un borrón en
la impecable carrera del que fuera director de “El viento y el León”, y
guionista de “Conan el bárbaro” o “Apocalipse Now”. También se consideró un
borrón en las carreras del elenco de actores, que, ya convertidos en estrellas,
muy a menudo, en las ruedas de prensa, tenían que responder a preguntas del
tipo “¿cómo pudiste participar en
algo como Amanecer Rojo”?.
En homenaje al film, el
ejército americano denominó Operación Red
Dawn la captura de Saddam Hussein en la Guerra de Irak, y los objetivos
eran Wolverine 1 y Wolverine 2. La razón esgrimida fue que
se trataba de una “película patriótica y pro americana”, lo que llenó de
orgullo al propio Milius, ya enfermo, que se mostró honrado por el gesto.
Además, la película ha tenido
influencia en filmes posteriores, en especial en la película australiana Mañana, cuando la guerra empiece (2010),
en la que un ejército del lejano oriente invade Australia, y son repelidos
desde la montaña por otro grupo de jóvenes. También se hizo un remake en 2012
con Chris Hemsworth como protagonista y los norcoreanos como enemigos.
Ochenters,
retrocedemos en nuestro Delorean hasta 1976 para comentar “El expreso de
Chicago”, la primera aparición juntos de los genios del humor Gene Wilder y Richard
Pryor, bajo la dirección del artesano Arthur Hiller y con banda sonora del
legendario Henry Mancini.
La
película es un compendio de géneros: por un lado es una hilarante comedia, también
es un thriller de acción con intriga y romance, y cuenta con un espectacular final
digno de la mejor película de catástrofes de la época. Un film que, si bien
encarna los valores y esencias del cine de los setenta, ya empieza a mostrar lo
que va a ser la nueva década en cuanto a la acción y el humor.
Además cuenta con un excelente reparto encabezado por una espectacular Jill Clayburgh, y los espléndidos secundarios Patrick
McGoohan, Ned Beatty, Clifton James, y Richard Kiel, que aparece por primera
vez con el aspecto y las maneras del personaje que le haría famoso en las
películas de 007, Tiburón.
EL
ARGUMENTO Y LOS PROTAGONISTAS
El protagonista indiscutible de la
película es el cómico Gene Wilder, entonces en el cenit de su carrera tras
haber sido “El jovencito Frankenstein” en 1974, a las órdenes de su director fetiche
Mel Brooks. Wilder es George Caldwell, un anodino editor de aburridos libros de
botánica que toma el tren expreso de Los Ángeles a Chicago para acudir a la
boda de su hermana.
Por
casualidad, conoce a la ocupante de su cabina contigua, la bella Hilly Burns (Jill
Clayburgh, que en los setenta fue dos veces nominada a los Óscar), que es la
secretaria del eminente profesor Schneider, un historiador de arte experto en
Rembrandt que acude a Chicago a promocionar su nuevo libro.
También
traba contacto en el bar con un viajante de poca monta, Bob Sweet (que
interpreta Ned Beaty, un habitual de la comedia y al que los ochenters
recordamos como Otis, el ayudante Lex Luthor en Supermán), que intenta ligar de
forma patosa con Hilly y ésta le da calabazas. En cambio, ella sí accede a
compartir mesa en el vagón restaurante con George. Los dos beben más de la
cuenta y acaban en la cabina de ella. Mientras se besan en la litera, él presencia
como un hombre ensangrentado cae boca
abajo por fuera de su ventanilla. Hilly está sobre él y no lo ve, y le
disuade, pero, a la mañana siguiente, George
ve la foto del profesor Schneider en la tapa de su libro, y lo identifica como
el tipo que vio caer la noche anterior. Despierta a Hilly, que sigue sin
creerle y le pide que lo olvide, pero él decide investigar el asunto por su
cuenta.
Lo
único que consigue es que un gigante de dientes de metal (Richard Kiel) le
arroje del tren. Solo, en medio del desierto, decide seguir la línea férrea
hasta encontrar una granja en medio de la nada, donde vive una vieja chiflada
que, por suerte, tiene un viejo biplano DeHavilland con el que vuelan haciendo
acrobacias y espantando ovejas hasta adelantar al tren, y consigue de nuevo tomarlo
en la siguiente estación.
Una
vez dentro conoce al villano de la trama, el elegante y refinado Roger Devereau
(el habitual “malo” Patrick McGoohan), un magnate sin escrúpulos que quiere
hacerse con las cartas manuscritas de Rembrandt (el macGuffin de la película), y no duda en matar para conseguirlas.
Junto a él se encuentra Hilly a la que Devereau tiene amenazada.
“Casualmente”,
George vuelve a encontrarse en el restaurante con Bob (Ned Beatty), y le acaba
contando toda su aventura. Bob resulta ser un agente federal infiltrado que
busca a Devereau, y ambos obtienen la prueba que necesitan, pero son
descubiertos, Bob muere y George se ve obligado a escapar saltando otra vez del
tren.
En
esta ocasión, en vez de un tórrido desierto, cae en plena montaña y acaba en un
pueblucho donde trata de convencer al típico sheriff paleto (Clifton James),
con su historia increíble. Naturalmente, no le cree, y acaba teniendo que huir
en un coche patrulla robado, en el que se encuentra a un detenido de color que
resulta ser el personaje de Richard Pryor, Grover Muldoone, un raterillo de
mala muerte, pero que se las sabe todas, y va a ayudarle el resto de la
película. Incluso tiñéndole la cara con betún, y prestándole su estrafalaria
cazadora para hacerle parecer un “auténtico hermano negro” (la aparición en
pantalla de Pryor a mitad del film es una inyección de vigor que da impulso a
la trama). A partir de ahí, disparos, explosiones y un final espectacular con
el tren sin control llegando a Chicago a toda velocidad.
REFERENCIAS
Y ANÉCDOTAS
Como comentamos al principio, se trata
de una mezcla entre comedia alocada y thriller de acción con toque de
catástrofe; y todo ello dentro del curioso subgénero de las películas de
trenes, dado que toda la trama sucede en torno al “Silver Streak”, el expreso
que une Los Ángeles con Chicago (cabe decir que la compañía ferroviaria
AMTRACK, que cubre la línea en la realidad, decidió no colaborar con el film por
el miedo a que el descarrilamiento del final pudiera darle mala imagen, y en el
rodaje participaron la Canadian Pacific y la Union Pacific, bajo el nombre ficticio
de “AMRoad”).
Es imposible no ver en muchas escenas
referencias a “Con la muerte en los talones” de Alfred Hitchcock, y no solo en
las secuencias del tren (la escena romántica sobre todo), también en que el
protagonista es un tipo vulgar, un hombre medio, al que las circunstancias
convierten en héroe improvisado, al estilo de Cary Grant en la citada película.
Incluso los personajes parecen calcados: George Kaplan-George Caldwell, Eve
Kendall-Hilly Burns, VanDamme-Devereau… hasta el ayudante del villano, el
efectivo y silencioso Leonard (Martin Landau), con Reace, el personaje de
Richard Kiel (Por cierto, fue a raíz de esta película, que el productor de 007
Albert Broccoli se fijó en el gigantesco Kiel para el personaje de Tiburón en
las siguientes entregas de James Bond, “La espía que me amó” y “Moonraker”).
Gene Wilder disfrutó tanto con su
papel, que hizo él mismo gran parte de las escenas de riesgo, y declaró que se
había sentido “como Errol Flinn”. Además, la película también da rienda suelta
a los excesos histriónicos tanto de él como de Pryor, que no dudan en recurrir al
chiste fácil, y a los tópicos de la América profunda o las diferencias
raciales. El dúo Wilder-Pryor protagonizaría comedias taquilleras en la
siguiente década como “No me chilles que no te veo”, “Locos de remate” o “No me
mientas que te creo”.
En cuanto al espectacular final, se
recreó en dos hangares en los que construyó una maqueta de la estación de
Chicago a tamaño real. Durante la filmación la locomotora #4070# sufrió daños
que el estudio tuvo que sufragar, y hoy en día se conserva en un almacén de Montreal.
CONCLUSION
“El expreso de Chicago” fue todo un
éxito y recaudó la nada despreciable cifra de 51 millones de dólares en
taquilla. El American Film Institute la ha incluido dentro de las 100 mejores
comedias de toda la historia. Se adelantó a títulos como “Aterriza como puedas”,
“Loca academia de policía” o “El pelotón chiflado”, y podemos ver mucho de ella
en la emblemática comedia ochenter “Mejor solo que mal acompañado” (Plains,
trains and automobiles, 1987), protagonizada por el dúo John Candy-Steve
Martin.
Por
VICTOR SANCHEZ GONZALEZ Trailer de la película
Si en mi anterior publicación os hablaba de Arma Letal, en esta ocasión os hablo de su secuela, su pronta secuela, ya que se estrenó apenas dos años después de la anterior y donde nos vamos a encontrar un cocktail mejorado de lo que había sido la película precedente.
Sinopsis:
En esta ocasión Riggs (Mel Gibson) y Murtaugh (Danny Glover), deben luchar contra ciertos diplomáticos sudafricanos que en pleno apogeo del apartheid mueven grandes cantidades de dinero procedentes de negocios ilegales.
El cocktail:
De nuevo Richard Donner y Shane Black componen el dúo dinámico de la secuela, aunque diversos problemas con Warner Bros hicieron que Black fuese substituido por Warren Murphy para reescribir parte del guión, cuyo nombre era en un principio Play Dirty y para la opinión de Black era el mejor guión que había escrito hasta la fecha.
El motivo del cese del guionista, radica en que esta secuela se supone que debería haber sido el final de la saga, con la muerte de Riggs al final de dicha película.
Lógicamente, para la productora, no había necesidad de finalizar la saga, ya que necesitaban que hubiese futuras secuelas y ya sabemos que en franquicialandia manda el dinero, con lo que el pobre Black tuvo que hacer las maletas.
Por suerte para la productora, la jugada les salió de cine, nunca mejor dicho, porque la película superó la recaudación de la primera película de la saga y fue nominada al Oscar por los mejores efectos de sonido.
Las virtudes
Pues muchas, hay que reconocerlo, tiene muchas virtudes. La primera, es que hay que tener mérito para meterle caña al gobierno sudafricano en pleno apartheid y hacer que cuando la película se estrene en Sudáfrica, sea un bombazo en la taquilla de aquel país.
Después, el saber mejorar lo mostrado en lo anterior.
No se pillaron los dedos y arriesgaron jugando la baza de la química entre los dos protagonistas, añadiendo una relación amorosa a Gibson, encarnada en la belleza de Patsy Kensit (Rika Van Den Hass) que con tan sólo 21 años se comía la pantalla con su mirada y que tuvo una escena de sexo bastante explícita con Gibson, si bien para ambos fue difícil de hacer, puesto que ambos estaban casados y tenían fuertes convicciones católicas. Lamentablemente la pobre murió de manera muy trágica ( la imagen de Riggs luchando por salvarse de morir ahogado y cuando lo consigue y ve a su querida novia, es una escena treméndamente dramática).
Las escenas de acción, son incluso mejores que en la primera película, tanto en la apaertura, con ese tiroteo en medio de la ciudad y que acaba con...¡Un helicóptero!!! en medio de la ciudad rescatando a los delicuentes sudafricanos que llevan en el maletero un cargamento de monedas de oro.
Pero si hay una escena que a todos nos marcó y quizás es la más recordada por todos/as los/as aficionados a la saga, es sin duda aquella en la que Murtaugh queda atrapado en su baño, porque le han puesto una bomba en el WC. La escena es una locura, con un Riggs "haciendo el trabajo sucio, porque alguien lo tiene que hacer", mientras un Murtaugh le pide que cuando vaya a pedir ayuda que se entere la menos gente posible...y toda la casa se llena de bomberos, TEDAX, policías...lo del final con el wáter volando e impactando de nuevo en el coche de Murtaugh es un final made in Lethal Weapon.
Aunque no nos podemos olvidar de otra escena muy recordada como es aquella en la que Riggs y Mortaugh deciden tirar la casa de las columnas, construida en la ladera de una montaña, donde está la sede de los sudafricans y cuyo coste para darle más espectacularidad fue de quinientos mil dólares, más que nada porque la casa era una construcción real, no un simple decorado y hubo que volver a construirla tras la escena.
Y por último, creo que es un acierto meter al personaje de Leo Getz (Joe Pesci), ya que es un complemento cómico de la pareja protagonista y que de hecho funcionó también, que apreció en las dos secuelas posteriores a ésta.
Los defectos:
Pocos, muy pocos, ya que de la saga, para mí esta es la mejor película de las cuatro. Quizás y sólo quizás, que las escenas cuerpo a cuerpo, no sean de lo mejor de la película, más bien son escasas y predominan más escenas con armas que no aquellas en las que Gibson pueda dar rienda suelta a su entrenamiento tan exhaustivo como el que tuvo que hacer en artes marciales para la película, dando muestras de él sólo al final con la pelea contra Derrick O´Connor.
Y luego el villano, Joss Ackland ( Arjen Rudd), es un actor de carácter, su mirada acojona, da el pego de rey ario supremo, pero aquí no se le aprovecha, aunque sus métodos sean fulminantes, quizás el verdadero villano sea Derrick O ´Connor, brazo ejecutor de Ackland y que con su estilo de oficial de la SS, es el que realmente se lleva el peso de la villanía en la película.
Valoración final:
Mucho mejor que la primera parte, más acción, pero hecha con cabeza, más humor, pero sin sobre pasarse y sobre todo más y mejor Arma Letal que al final es lo que importa.
Granujas A Todo Ritmo (1980, John Landis) The Blues
Brothers
Queridos amigos, hoy os
voy a hablar de la película que marcó mi infinito gusto por los musicales; no
me entendáis mal, siempre me gustaron, pero con esta película hubo un antes y
un después en mi vida cinéfila. ¿Recordáis esa película que os marcó para
siempre? Pues ésta fue la mía. Si sois apasionados del rock clásico, del rhythm&blues,
del jazz, del soul… ésta entonces amigos, es vuestra película.
¿Y qué la hace especial? Para
empezar, sus protagonistas, Joliet Jake
y Elwood Blues, más conocidos como
los Blues Brothers. Interpretados
por el fallecido John Belushi (Saturday Night Live, Desmadre a la
Americana…) y por Dan Aykroyd (Cazafantasmas, Mi Chica, Mi Novia es una Extraterrestre…), esta
pareja de actores casaron desde el primer momento, pero nos extenderemos en los
actores más adelante.
Empecemos por situarnos
en la historia; Jake va a salir de la
cárcel por atraco a mano armada, y su hermano Elwood lo espera fuera (En su secuela, “Blues Brothers 2000” esta escena se repite y vemos a Elwood esperando a que Jake salga de la cárcel, pero esta vez
no sale, escena que nos partió un poquito el corazón a todos)
Tras su salida, Elwood le dice que tienen que ir a ver
al “pingüino”, la monja del orfelinato en el que se criaron, la Hermana Mary (interpretada por Kathleen Freeman), ya que Jake se lo prometió. Tras su encuentro
con la Hermana Mary y después de propinar
varios golpes de regla a los hermanos por su lenguaje vulgar, les dice que el
orfelinato no tiene dinero y que va a cerrar. Jake y Elwood comprenden
inmediatamente que tienen una misión, una misión de dios y que deben reunir el
dinero que le falta al orfelinato para poder salvarlo y evitar su cierre.
“¡Pingüina gorda!”– Elwood Blues
Tras una visión divina en
la iglesia del reverendo Cleophus James
(interpretado por James Brown, mismo),
deciden reunir de nuevo a la banda y dar el mayor concierto que han dado nunca
para donar el dinero al orfelinato. Y aquí empieza el periplo de los hermanos.
Y creedme que no les resulta fácil reunir de nuevo a la banda, pues tras el
ingreso de Jake en prisión, cada uno
ha rehecho su vida.
John
Landis, director de esta película, consiguió reunir junto a John Belushi y Dan Aykroyd un elenco musical como nunca antes conoció otra cinta; a el
ya citado James Brown, se le une Aretha Franklin, Cab Calloway, John Lee Hocker…
así como cameos inmejorables; John Candy,
Henry Gibson, Carrie Fisher, Frank Oz, Steven Spielberg… Como veis, la lista no
es para nada desdeñable.
Tras pocos minutos, empezamos
a conocer poco a poco a la banda, y los primeros en ser reclutados son Murph y “los Magic Tones”, grupo formado por Steve “El Coronel” Cropper, Donald “Duck” Dunn, Willie “Too Big” Hall y
Tom “Bones” Malone. Este grupo, ha terminado tocando en un restaurante
donde prácticamente forman parte del decorado, ya que apenas se les presta
atención.
Damas y caballeros, Murph y los Magic
Tones
Con la banda casi al
completo, sólo faltan “Mr Fabuloso”
que es encargado de un lujoso restaurante, Matt
“Guitarra” Murphy, el cual se ha casado y vive felizmente junto a su esposa
junto a la que ha abierto un restaurante Soul, y en último lugar, Lou Marini, que trabaja para Matt y su esposa.
Pero ¿quién es la mujer de Matt
“Guitarra” Murphy y jefa de Lou
Marini? Pues…
”Una tostada de pan blanco, seca” “Cuatro
pollos fritos y un refresco de cola” – Elwood y Jake Blues
Así es, nada menos que la
inigualable Aretha Franklin, que no
ve con buenos ojos que su marido se vaya de gira con dos granujas que aún le
deben dinero, y aquí sucede la siguiente canción la cual dedica especialmente a
su marido, magnífica canción que a todos sonará. Siento decir que no he podido encontrar las canciones subtituladas a nuestro idioma como sí lo están en la película (según versiones) pero son igualmente disfrutables.
Con Matt y Lou también a
bordo, sólo falta la incorporación de “Mr
Fabuloso” el cual se resiste a dejar su bien remunerado puesto de trabajo
para volver con la banda.
Aquí se produce una de las escenas más graciosas de la película, al menos para
mí, donde vemos a los hermanos Blues
haciendo uso de sus habilidades para convencer (obligar) al último miembro de
la banda a que acepte el trato y vuelva con los Blues Brothers. Finalmente acepta a regañadientes. Ya con la banda
al completo sólo falta organizar el concierto.
Dicha banda y al igual
que la mayoría de cómicos de la época (Bill
Murray, Eddie Murphy, Chevy Chase, Billy Crystal, John Goodman, Harold Ramish,
James Belushi…), comenzó en el imprescindible Saturday Night Live, el late show americano más famoso, cuna de
muchísimos actores de comedia. Aykroyd y Belushi eran los encargados de empezar el programa con la banda y
“calentar” al público con su número musical, habían nacido los Blues Brothers. Fue tal el éxito
cosechado que formaban parte imprescindible del show y de ahí, dieron su paso
al cine.
El encargado de dirigir
esta maravilla musical fue John Landis
(Un Hombre Lobo Americano en Londres, En
los Límites de la Realidad, Clue…) y junto a Dan Aykroyd, dieron vida al guion. En un principio Aykroyd escribió un borrador de 324
páginas, lo que viene a ser tres veces más largo que un guion convencional de
cine, debido a su inexperiencia ya que no había escrito ni siquiera leído un
guion tradicional.
Con un presupuesto de
treinta millones de dólares, (del cual se habían gastado prácticamente todo
antes de conocer dicho presupuesto) la película recaudó en taquilla más de
ciento quince millones de dólares. Pero no todo fue un camino de rosas, pues
durante el rodaje, John Landis y John Belushi discutían constantemente,
pues la adicción a las drogas de este último, las cuales le costaron la vida
por sobredosis a los pocos años, hacían que todo el rodaje fuese un caos. A
pesar de esto, John Belushi fue, es y
será el alma de los Blues Brothers,
sin él nada hubiese sido igual. Su brutal carisma llevaba a la película de la
mano y se lucía prácticamente en cada plano. De hecho era puro espectáculo
dentro y fuera de la pantalla. Su fallecimiento fue una dura pérdida para Aykroyd, con el que mantuvo una intensa
y gran amistad.
Años más tarde, Aykroyd intentó ayudar a una joven estrella que también caía presa de las drogas, pues un prometedor River Phoenix se cruzó en su camino. Por desgracia, todos sabemos cómo acabó, y al igual que su amigo John, años más tarde fue encontrado muerto por sobredosis.
A pesar de todos los problemas derivados de las adicciones, la cinta que nos dejó el dúo Aykroyd y Belushi fue, para el cine musical, un gran soplo de aire fresco, considerada hoy una película de culto, recordada por los que crecimos con ella y a la que tenemos especial cariño. Además "Los Blues Brothers" llegó en el momento justo en una época de excesos y desenfreno, donde empezaban
a decaer grandes estrellas musicales que aparecían en la película pero que tras
la cinta consiguieron volver a relanzar sus carreras, el propio James Brown dedica unas palabras en su
libro autobiográfico “I Feel Good” a
los Blues Brothers y da las gracias
personalmente a Aykroyd y Belushi por haberle devuelto a la
palestra musical, según sus propias palabras, “fue como si el resto de mi carrera volviera a encajar en su sitio”
y es que su BSO amigos, es sencillamente espectacular y no sólo por sus
canciones base, si no por toda la melodía que acompaña los acontecimientos.
Podemos escuchar piezas de blues, rock, jazz, rhythm&blues… que van acompañando
a las escenas y casan perfectamente y es que, la película, tanto visual como
sonora, está hecha con muy buen gusto intercalando escenas cotidianas con otras
no tanto que bien podrían ser sacadas de un cómic y ahí radica su belleza (gran
parte de su belleza). Pero no puedo seguir escribiendo sin antes dejaros
algunas de sus grandísimas canciones protagonizadas por los mismos artistas que
en su día las cantaron.
Ya hemos escuchado a Aretha y su tema “Think” que aún algunos estaréis tarareando, pues preparaos para la
siguiente de manos de uno de los mayores artistas del Soul, R&B y Jazz, no
podemos referirnos a otro que a Ray
Charles y su tema “Shake A Tail
Feather” En esta escena, Ray interpreta
al dueño de una tienda de instrumentos musicales donde acuden los Blues Brothers para comprar todo lo
necesario para la banda.
Disfrutadla
Pero para que comprendáis
la grandeza musical y lo maravilloso de esta cinta, antes de llegar al señor Ray Charles y su maravilloso cameo,
previamente podíamos disfrutar de una escena introductoria protagonizada por el
mítico John Lee Hooker que interpreta
a un artista callejero y que nos deleitaba con su tema “Boom Boom Boom”
El siguiente es para Cab
Calloway que interpreta a Curtis, mecenas musical de Jake y Elwood en el
orfelinato, que les ayuda a llevar a cabo esta misión de dios. Os pongo en
situación, a estas alturas de la película, los Blues Brothers son perseguidos
por los integrantes de un partido nazi, las fuerzas policiales del estado y por
un grupo country llamados “The Good Old Boys” por hacerse pasar por ellos y
robarles una actuación en el local “El Bunker Country de Bob”, por lo que
llegan tarde al concierto. El público empieza a desesperar y Curtis (Calloway)
nos deja una de las canciones más divertidas de toda la película, “Ey,
¿conocéis “Minnie el bigotes”?”
No nos podemos olvidar de las canciones
interpretadas por los propios Blues Brothers tocando grandes temas como “Jailhouse Rock”,“Everybody Needs Somebody”, el tema country "Rawhide" (grandísima la reacción de Jake) o la que os dejo a
continuación, mi favorita “Sweet Home Chicago”
Y por último, pero no menos importante, el primer cantante citado, James Brown interpretando "The Old Landmark"
A parte de los enormes artistas musicales que nos
vamos encontrando en esta película, los ya citados cameos de actores son de
gran nivel, por ejemplo Carrie Fisher que interpreta a una vengativa ex-novia de
Jake Blues, que lo persigue y ataca de maneras exageradamente cómicas por
venganza y despecho.
Otro de los asiduos al cameo es John Candy que también
aparece en esta cinta, el cual va detrás de los Blues Brothers junto a la
policía estatal del condado de Chicago para cobrar parte de la recompensa que
se ofrece por ellos.
O Frank Oz (La Tienda de los Horrores, El Cristal Oscuro…)
que hace otro cameo al principio de la película e interpreta al funcionario que
entrega sus pertenencias a Jake Blues al salir de la cárcel.
“Un preservativo…
usado” Frank Oz The Blues Brothers.
También tenemos al líder del partido nazi
protagonizado por Henry Gibson que los persigue durante buena parte de la
película. Una cantidad de caras conocidas de la época que vistió cada segundo
de metraje de la cinta.
Los Blues Brothers alcanzaron tal fama que
prácticamente se convirtieron en leyenda y su innumerable merchandising da muestra de ello, pudiéndose encontrar en tiendas a día de hoy; desde figuras a ropa, pasando por
videojuegos para las consolas de la época, sin olvidarnos de la marca de la
casa, el sombrero y las gafas.
Para ir terminando, no podemos dejar de lado algunas
de sus maravillosas curiosidades
- En el puente donde los Blues Brothers esconden su
coche hay un grafiti que pone "John *heart* Deborah". Esto es una
referencia al director John Landis y a su esposa Deborah.
“Es de noche, y llevamos gafas de sol” “Tira” – Jake y
Elwood Blues.
- Durante el rodaje John Belushi fue apodado "The
Black Hole" (El Agujero Negro), ya que no podía pasar de una escena a otra
sin perder sus gafas de sol. Supuestamente, alcanzó a usar mil pares
diferentes.
Everybody needs sunglasses
- Entre los distintos cameos, hay uno que aún a día de
hoy muchos desconocen; al final de la película cuando Elwood y Jake abonan en
la oficina de impuestos del condado el dinero que debía el orfanato donde se
criaron, el funcionario que les cobra es el mismísimo Steven Spielberg, eso sí,
sin barba. Su nombre aparece el último en los títulos de crédito.
- Joliet y Elwood son dos ciudades al sudoeste de
Chicago, cuna del Blues y el Jazz.
-Cada vez que vemos la ventana en el apartamento de
Elwood, pasa un tren.
- “¿Cuántas veces pasa el tren?” - “Tan a menudo que
no te darás cuenta”
-La película consiguió el record mundial de número de
coches estrellados.
-Para rodar la escena del
centro comercial, los productores encontraron un centro comercial abandonado
que decoraron con varios millones de dólares en mercancías reales y tiendas
verdaderas. Fue un reclamo turístico hasta 2012, año en el que fue demolido.
¿Tiene la cerdita de los Teleñecos?
Queridos amigos, esperando
que hayáis disfrutado de este escrito, y saboreando aún los mágicos acordes de
Blues, Rock, R&B y Jazz que se dan en esta maravillosa película (al menos
para el que os escribe) me despido dando gracias a estos hermanos, Jake y Elwood, que hicieron que mi yo de niño amase aún más (si cabe) la
música y el cine.