Presentación

Amantes de mundos fantásticos, bisoños aventureros en busca de tesoros, criaturas de la noche, princesas estudiantiles y fanáticos de cachas de postín, ¡sed bienvenidos!. Invitados quedáis a rebuscar en nuestra colección de VHS, acomodar vuestras posaderas en una mullida butaca, darle al play, y disfrutar de lo bueno, lo malo y lo peor que dieron estas décadas.

ADVERTENCIA: Aquí no se escribe crítica cinematográfica (ni se pretende). Las reseñas son altamente subjetivas y el único objetivo es aprender y disfrutar del cine y, por supuesto, de vosotros.
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Efemérides - 07/06 - Los Goonies

 


El 7/06/1985 , hace 37 años, se estrenaba Los Goonies (The Goonies, Richard Donner)

“En busca del arca perdida” (Raiders of the lost ark, Los cazadores del arca perdida, Steven Spielberg, 1981)


    Ochenters, tenemos el honor de comentar uno de los grandes hitos del séptimo arte de los años 80, el clásico de aventuras “En busca del arca perdida” (Raiders of the lost ark, Los cazadores del arca perdida, Steven Spielberg, 1981), producida por George Lucas, dirigida por Steven Spielberg, y protagonizada Harrison Ford, Karen Allen, Paul Freeman, John Rhys-Davies y Denholm Elliott. Convertida en icono, y tras su éxito arrollador, daría paso a una serie de películas que seguiría con “Indiana Jones y el templo maldito”, que reseñaremos también.

ANTECEDENTES DE LA HISTORIA
        
         Aunque en los títulos de crédito veamos en primer lugar al maestro Steven Spielberg, todo el mérito de la idea y la puesta en marcha del proyecto se lo debemos al genio y la visión del gran George Lucas. El propio Spielberg lo confiesa en cada entrevista: “todo el mérito es de George”, dice, “a mí solo me eligió para dirigirla”.
         Y es que fue así: tras el éxito arrollador de la saga Star Wars, y con todavía el capítulo final sin estrenar, el creador cinematográfico George Lucas ya estaba pensando en una nueva historia de aventuras, aunque esta vez no la ambientaría en “Una galaxia muy, muy lejana”, sino más cerca, en exóticos parajes de nuestro planeta, y tampoco en un contexto de fantasía futurista, sino en la reciente historia del siglo XX, en concreto en el contexto de los años previos a la Segunda Guerra Mundial, caracterizados por las ansias expansionistas de la Alemania Nazi ante el estupor y la pasividad de la Sociedad de Naciones, que le permitió anexionarse Austria y los Sudetes, apoyar a la Italia de Musolini, o participar en la Guerra de España apoyando a los sublevados para instaurar un régimen fascista.

         Si para Star Wars, Lucas se inspiró en comics, y viejas películas de viajes espaciales, en especial en el Flash Gordon de Alex Raymond, para esta nueva película prefirió inspirarse en el modelo clásico de aventuras de los años cincuenta, y los seriales de bajo presupuesto de la productora Republic, que veía de pequeño.
         Rápidamente, se puso a escribir una historia de acción, humor y aventura, protagonizada por un intrépido arqueólogo, que busca por todo el mundo reliquias de gran valor. En un principio, llamó a este personaje Indiana Smith. El apelativo Indiana hacía referencia, no tanto al estado de la Unión que lleva ese nombre, sino a un perro que Lucas tuvo en su infancia, y por el que guardaba un gran cariño y recuerdo.
         Como es sabido, tras la crisis de stress que sufrió tras el rodaje de La guerra de las galaxias (que hizo que su por entonces esposa Marcia Lucas completara el montaje de la película casi en solitario), George Lucas era reticente a seguir dirigiendo sus films porque los médicos le tenían amenazado con un posible ataque cardíaco (de hecho, El imperio contraataca, la había dirigido uno de sus profesores de la Escuela de Cine, Irvin Kershner, con él como productor ejecutivo). Por ello, debía buscar un director solvente y de su absoluta confianza para dirigir este nuevo proyecto.
         Inmediatamente, pensó en su amigo Steven Spielberg, el único que había creído en La Guerra de las Galaxias cuando, antes del estreno, en su casa de las afueras de San Francisco, mostró un premontaje del film a un selecto grupo de nuevos cineastas de su círculo, entre los que estaban, entre otros, Brian de Palma, Martin Scorsese o su mentor, Francis Ford Coppola.

         Sin embargo, la cosa no iba a ser fácil; Spielberg acababa de estrenar con éxito arrollador Encuentros en la tercera fase, y ya planeaba otros proyectos. Lucas no sabía si quiera si podría proponérselo, cuando, casualmente, ambos se encontraron de vacaciones en Maui, y Spielberg le comentó que estaría interesado en dirigir alguna película de James Bond. Animado por esta confesión, Lucas le dijo: “Yo tengo un personaje mejor que James Bond”, y entonces le habló de su proyecto. Se pusieron de acuerdo enseguida, solo con una salvedad; a Spielberg no le convencía el apellido “Smith”. “¿Qué te parece Jones?”, le respondió Lucas. Y así se quedó.
Aunque la historia ya estaba clara desde un principio, y tanto Lucas como Spielberg la perfilaron a medias, para la redacción del guión recurrieron a todo un profesional de su círculo, el reputado Lawrence Kasdan, convertido en otro de los pilares de la trama y los personajes. Y a ellos se unió el equipo de efectos especiales “marca de la casa”, con la ILM de Lucasfilm al frente,  y el responsable de la banda sonora sería, como no, el habitual de ambos directores, el superlativo John Williams, que compondría una partitura épica y romántica a la altura, que se ha convertido en todo un clásico, y la gran familia ochenter puede tararear de memoria.
Y para producir la película, George Lucas se guardaba una pequeña venganza con la XX Century Fox: dolido aún por el despido de Alan Ladd Jr., que tanto le apoyó en La guerra de las galaxias, y enfadado por la cicatería presupuestaria del estudio para El imperio contraataca, que le obligó a pedir un crédito él mismo para financiarla, Lucas les dio con la puerta en las narices para este nuevo proyecto, y se lo ofreció a Paramount, estudio caracterizado por su apuesta desde siempre por el cine de aventuras.

LA ELECCIÓN DEL PROTAGONISTA

Contrariamente a lo que se pudiera pensar, Harrison Ford no era la primera opción para el personaje de Indiana Jones. El hombre en quien primero pensaron Lucas y Spielberg fue en Tom Selleck, y, hay que reconocer que el personaje le cuadraba por completo: era alto, apuesto, fornido, con sex apeal y sentido del humor. Ideal para el papel. Así que ambos se fueron a por él como el Séptimo de Caballería. Sin embargo, se chocaron contra un muro. Por entonces, Selleck era la estrella de una serie de televisión de gran éxito, Magnum P. I., y tanto Universal Televisión como CBS se negaron en redondo a “cederles” al actor, que ya estaba decidido a embarcarse en el nuevo proyecto. Tan es así que incluso esgrimieron su contrato para impedirlo por completo, algo que al propio Tom Selleck, aunque no abiertamente, siempre le ha dolido, porque, aunque ha sido y es una estrella indiscutible, Indiana Jones le hubiera convertido en mito de Hollywood. Solo podemos conformarnos con un vago remedo de cómo hubiera sido el Indi de Selleck, y lo tenemos en la cinta de aventuras de serie B La gran ruta hacia China (1983), con la que sus productores televisivos quisieron compensarle.
Descartado Selleck para el papel, Lucas y Spielberg tiraron de lista, y el número dos era un actor de su total confianza, la estrella emergente Harrison Ford, que ya trabajaba con Lucas en la saga Star Wars, y que también reunía todos los atributos del personaje: Apostura, carácter, atractivo y vis cómica. Así, aparte de Han Solo, Ford se convertiría para siempre en Indiana Jones. 

LA TRAMA Y LOS PERSONAJES

         El protagonista de la película es el arqueólogo y aventurero Indiana Jones (Harrison Ford), inseparable de su sombrero Fedora, su chaquetilla de cuero marrón, su pistola Webley, y su látigo. Se ha hablado mucho del atuendo del personaje, y de su parecido con otros anteriores, ya sea de la ficción o de la realidad, como el personaje de Humprey Bogart en El tesoro de Sierra Madre (1948), el de Charlton Heston en El secreto de los incas (1954), o el famoso arqueólogo descubridor de Machu Pichu, Hiram Bingham, que también vestía de explorador y con un sombrero de ala ancha.
Vemos, al principio de la película, al protagonista del film en la selva de Sudamérica, entrando en una cueva perdida, y llena de trampas, en busca de un ídolo de oro, y de la que sale escapando de una gigantesca piedra rodante, en una secuencia que quita el aliento, emociona, y se ha convertido en uno de los símbolos del personaje (En esa secuencia, por cierto, le acompaña un por entonces joven y desconocido Alfred Molina).
         Al salir de la cueva, se da de bruces con el villano de la película, Monsieur Belock (interpretado por un malo de manual Paul Freeman), un arqueólogo como él, aunque francés, más mayor, y con menos escrúpulos, que le roba el ídolo y manda a los indios óbitos que lo persigan y maten.

         Tras escapar, volvemos a verle, pero esta vez como profesor de universidad, en esa dualidad propia de los superhéroes, que alternan su identidad y personalidad. Tras la clase, en la que tiene que “vérselas” con embelesadas alumnas mientras habla del neolítico y un túmulo cerca de El Cairo, le espera su superior, el Dr. Marcus Brody (un espléndido, como siempre Delholm Elliott), que dirige el museo en el que se aceptan “sin preguntas” todas las reliquias que Jones encuentra por el mundo.
         Brody le lleva con dos hombres del gobierno, que desvelan la trama de la película: La búsqueda del Arca de la Alianza, que han emprendido en Egipto los nazis alemanes, porque Hitler está convencido de sus poderes sobrenaturales, y que, si la encuentra, sus ejércitos serán invencibles. Este aspecto de la trama, también tiene un apoyo histórico: Efectivamente, en su maniática locura, Adold Hitler sí que estaba "chiflado por el tema" del ocultismo, como se dice en la película, y más todavía que él, su segundo Heinrich Himler, que buscó reliquias y objetos sagrados por todo el mundo (de hecho estuvo en la España franquista buscando por las catedrales el "Santo Grial", y tuvo una embarcación dragando el Rhin durante toda la guerra buscando el famoso "Oro del Rhin" de la leyenda germánica y las óperas de Wagner).  
         Para encontrar el arca, Jones debe ir primero a Nepal, en busca de su mentor cuando era estudiante, el legendario profesor Abner Ravenwood. Sin embargo, allí a la única que encuentra es a su hija Marion. Para este papel, la heroína de la película y el interés romántico del protagonista, se barajaron varias actrices jóvenes del momento, y de hecho, tanto Sean Young como Debra Winger hicieron audiciones, pero Spielberg tenía claro que quería a Karen Allen para el personaje, con ese punto de sarcasmo que la joven actriz había desplegado en su pequeño papel en Desmadre a la americana. Marion es decidida y valiente, y, en su primera escena hace una exhibición de aguante bebiendo, en otra de las escenas legendarias de la película. Además, Marion tiene una historia anterior con Jones, ya que ambos fueron novios por un tiempo cuando él era el ayudante de su padre, y sigue dolida porque la dejó para irse por el mundo en busca de reliquias.

         Marion guarda un medallón egipcio, el cabezal del Bastón de Rá, que también buscan los nazis, y que es la clave para encontrar el Pozo de Almas, donde supuestamente estaría el arca . Al no querer deshacerse de él, Marion se unirá a la aventura, que les llevará a Egipto. Y en El Cairo, encontrarán a Salah, un viejo amigo que les ayudará en su búsqueda, y que interpreta un genial y siempre solvente John Rhys Davis. En un principio, Spielberg pensó en Danny de Vito para el papel por su carácter cómico, pero no estaba disponible. Quizás De Vito hubiera dado al personaje un cariz más histriónico, incluso ridículo, mientras que Rhys-Davis pone el punto justo de humor, y también el poso y el temple del experto y amigo.
         En las afueras de la capital egipcia, los nazis han montado una gigantesca excavación, empleando a cientos de obreros locales, y al frente de los trabajos tienen a un viejo conocido de Jones, el Dr. René Belock.

NIÑOS, AVIONES Y SECUENCIAS ÉPICAS

         Si algo no puede faltar en las películas de Spielberg son niños, aviones, y espléndidas secuencias de acción, posibles o imposibles, narradas paralelamente por la batuta sinfónica de John Williams.
         Podemos ver un pequeño hidroavión biplano al principio de la película. Si nos fijamos bien en las letras de su código de identificación, podemos ver que hacen referencia a Obi Wan y a C3PO, de La guerra de las galaxias (también encontramos a los dos androides de Star Wars en un jeroglífico egipcio).
           Otro avión emblemático es el soberbio Clipper de pasajeros, en el que Jones viaja al Tibet, seguido de cerca por la Gestapo, y un DC-3 que le lleva a Egipto. En estos dos últimos casos, Spielberg aprovecha el vuelo de los aviones, superpuesto sobre un mapa con el trayecto, para realizar las transiciones a nuevos escenarios, en un alarde propio del cine clásico.
         En otra de las escenas emblemáticas de la película, los nazis planean llevarse el arca a Berlín en un extraño monoplano de dos hélices que, aunque fue diseñado y construido expresamente para la película en Inglaterra por la Vickers Aircraft Company, y pintado en los estudios Elstree, se inspira en los innovadores prototipos nazis de la Segunda Guerra Mundial, especialmente en los diseños de Blohm y Voss y el Lippisch P 04-106 de una sola ala. Junto a él, y en otra secuencia espectacular, Indi recibe una soberana paliza de un forzudo alemán.


         En cuanto a la participación infantil, bien es cierto que en este film en particular no tiene un protagonismo especial, como ocurre en otras muchas del director, pero sí son un grupo de niños los que salvan a Jones al correr a abrazarle en un bar de El Cairo, cuando Belock iba a matarle con una pistola. Son los hijos de su amigo Salah, que hace un comentario muy estadounidense: “Son mejores que los marines americanos”.
         En cuanto a secuencias épicas, las tenemos a raudales. Desde el principio, con la famosa secuencia de la bola que ya hemos comentado, y que se rodó también en los estudios Elstree, cerca de Londres, pasando por la escena de disparos en el bar de Nepal, o la famosa persecución en camión, una secuencia de más de veinte minutos, rodada en Túnez, en los mismos escenarios del Tatooine de La guerra de las galaxias, y en la que podemos ver a Indiana Jones arrastrado por el suelo con su característico látigo, o peleando en la cabina del camión con un soldado alemán del Africa Corps.
         Cómo no comentar la famosa escena del combate en las calles de El Cairo entre Indiana Jones y un gigantesco árabe con turbante y una enrome cimitarra. Inicialmente, se había previsto una larga y épica pelea, brillantemente coreografiada, y para la que el especialista contratado se había estado preparando a conciencia. Sin embargo, ya iban bastante sobrados de metraje y otra larga escena de acción podía hacer la película excesivamente extensa, así que Spielberg quería acortarla como fuera, pero no se le ocurría cómo, y fue el propio Harrison Ford el que dio con la solución, y le dijo: “¿Por qué no le pego un tiro y ya está?”. La solución convenció al director, y la verdad es que la secuencia resultó, y además provocaba carcajadas en el cine. También circula otra versión en la que se dice que no se pudo rodar porque Ford estaba enfermo. La verdad, me quedo con la primera.
         Como anécdota diremos también que la primera secuencia en rodarse fue la del submarino alemán, que fue filmada en el puerto francés de La Rochelle, y se utilizó uno de los submarinos del film Das Boot (El submarino), original de la Segunda Guerra Mundial.
         En cuanto a la parte que se desarrolla en el yacimiento arqueológico, esta llena de "momentos Spielberg", como cuando Marion trata de emborrachar a Belock, cuando Indi la rescata en la tienda, o la mágica secuencia de la Cámara de mapas.


     Y cómo no referirnos también a la famosa escena de las serpientes en el Pozo de Almas, rodada también en los estudios Elstree, y para la que se utilizaron diez mil ejemplares vivos, de las que solo las cobras eran venenosas, aunque una pitón mordió a un técnico del equipo. Pese a que en la trama, Indiana Jones tiene miedo a las serpientes, no era el caso de Harrison Ford, pero el actor confesó que sintió repugnancia al encontrarse con tantas, y de hecho nunca estuvo en contacto cercano con ninguna, ya que, en el primer plano en el que aparece junto a la cobra, el equipo de producción colocó un cristal entre él y la serpiente.

         En la otra escena con bichos de la película, la del principio con Alfred Molina, también se utilizaron tarántulas vivas, que se le pusieron por toda la espalda. Sin embargo, como no se movían, la escena no lograba transmitir la tensión necesaria, así que los especialistas se vieron obligados a colocarle también un ejemplar hembra para “excitarlos”.

CONCLUSIÓN

         En busca del arca perdida es hoy un referente del cine de aventuras de todos los tiempos, y una película emblemática. En su estreno fue un éxito total en todo el mundo, con una recaudación de casi 400 millones de dólares. Tuvo 9 nominaciones a los Óscar (curiosamente ninguna por su banda sonora), de las cuales obtuvo 5 estatuillas, de los llamados “premios técnicos” (una vez más, Hollywood ninguneaba a las “películas de verdad”), aunque cabe destacar que uno de ellos fue un reconocimiento especial a Ben Burtt y Richard L. Anderson por la edición de sonido. La película ha tenido hasta hoy, tres secuelas: la soberbia “Indiana Jones y el templo maldito”, que también comentaremos, la muy notable “Indiana Jones y la última cruzada”, y la más reciente y mucho menos notable “Indiana Jones y la calavera de cristal”.
Así que solo nos queda decir: “¡Están excavando en lugar equivocado!”
          

Por Víctor Sánchez escritor @VictorSescritor








El coche fantástico, serie (1982-1986, Glenn A Larson, Knigth Rider, El auto fantástico, El auto increíble)


 

“El coche fantástico' es una trepidante aventura de un hombre que no existe, en un mundo lleno de peligros. Michael Knight, un joven solitario embarcado en una cruzada para salvar la causa de los inocentes, los indefensos, los débiles, dentro de un mundo de criminales que operan al margen de la ley”

Ochenters, vamos a comentar una de las series más emblemáticas de nuestra querida década, EL COCHE FANTÁSTICO, que lanzó la fama al apuesto y apolíneo David Hasselhoff, y convirtió a KITT en uno de los referentes automovilísticos de los 80.

EL ARGUMENTO Y LOS PROTAGONISTAS


         El protagonista absoluto de la serie es Michael Knight (es constante el juego de palabras tanto en el título de la serie en inglés, Knight Rider, que se podría traducir como caballero andante o caballero montado, como en los títulos de los capítulos). Lo interpreta, como ya hemos dicho, David Hasselhoff, hasta entonces un joven actor casi desconocido, al que apenas habíamos visto en pequeños papeles en series, o en el film de serie Z Star Crash (1979), un remedo barato de La guerra de las Galaxias que hoy es casi un film de culto, en el que era el protagonista junto al icono del género de aventuras Caroline Munro.
         La serie convirtió a Hasselhoff en una estrella, y en uno de los iconos de los 80, con su melena rizada, su media sonrisa, su camisa desabrochada, su chaquetilla de cuero, y sus botas, que le daban un cierto aire de macarra. Como curiosidad diremos que el gran Hoff ha tenido posteriormente una exitosa carrera como cantante, y que, pese a su fama, tardó casi una década en conseguir que alguna cadena televisiva creyera en su siguiente proyecto, la luego exitosa Los vigilantes de la playa.
En EL COCHE FANTÁSTICO, Hasselhoff Interpreta a Michael Arthur Long, teniente de policía, que cae abatido junto a su coche, un Pontiac Trans-Am negro. Para su fortuna, es rescatado por una organización liderada por el magnate Wilton Knight, que, tras salvarle la vida y reconstruirle la cara, le cambia el nombre por el de Michael Knight, y le pone a trabajar para la Fundación para la Ley y el Orden en la lucha contra el crimen y la injusticia. Y lo hará al volante de su mismo vehículo, al que han dotado de la más avanzada tecnología, y han convertido en el poderoso e indestructible KITT (Knight Industries Two Thousand, en español Industrias Knight 2000), un coche dotado de un cerebro electrónico que le permite autoconducirse, y no solo hablar, sino incluso hacerlo con ironía y sentido del humor.
Como jefe en la Fundación, Michael tiene a Devon Miles, interpretado por el veterano Edward Mulhare, secundario en un montón de clásicos del cine de los 50, 60 y 70. Miles es un cincuentón flemático y estirado, que era el principal colaborador del magnate Wilton Knight, y asume la dirección de la Fundación tras su muerte.
A los dos les acompaña una joven mecánica, que es la encargada del mantenimiento y las averías de KITT. Aunque generalmente se considera que este personaje es Bonnie Barstow (interpretada por Patricia McPherson), en la temporada 2 fue April Curtiss (Rebecca Holden).
La historia de este personaje es muy curiosa: al parecer, al final de la primera temporada, y por un problema contractual, McPherson dejó la serie, y se contrató a Holden. Sin embargo comenzaron a recibirse cartas de los fans reclamando la vuelta de Bonnie y los productores se echaron atrás y así quedó hasta el final de la serie. Aunque para la generalidad de los fans, se considera que Bonnie Barstow es el personaje “oficial”, hay también un grupo numeroso que valora el personaje de April y en general la segunda temporada, donde se encuentran algunos de los mejores capítulos de la serie. En cuanto a diferencias, tanto ambas actices como el matíz que dan a sus personajes son muy diferentes. Mientras Patricia McPherson tiene el pelo liso, es alta y apolínea, y su personaje es formal y aséptico, Rebecca Holden es menuda, peliroja (con un cardado superochentero), con mucho sex appeal, y su personaje es cercano, divertido, y además tiene una gran química tanto con Michael como con KITT.
Como curiosidad os diremos que EL COCHE FANTÁSTICO fue la primera serie de televisión en la que un personaje femenino ocupaba el puesto de mecánico principal de del coche protagonista. Y estos arreglos se hacían casi siempre en carretera, a bordo de un camión negro con el emblema de la fundación, un caballo de ajedrez, al que KITT entraba en marcha, a través de una rampa levadiza.
En la cuarta y última temporada se añadió un personaje adicional, el controvertido Reginald Cornelius III o RC, interpretado por el actor de color Peter Parros, en teoría para dar un apunte cómico y étnico a la serie, aunque, la verdad, con poca fortuna, ya que en esta temporada la es cuando la serie más decae.

EL FORMIDABLE KITT
Como ya hemos comentado, el modelo de automóvil que se utilizó en la serie para encarnar a KITT fue un Pontiac Firebird Trans-Am V8, de color negro, que se ha convertido en todo un icono de la década de los 80, a la altura de otros vehículos legendarios como el Delorean de Regreso al Futuro, la furgoneta GMC Vandura  del Equipo A, o el Ford Grand Torino de Starsky & Hutch.
KITT tenía todo tipo de adelantos tecnológicos, scanner, cámaras, videoteléfono, un volante y un salpicadero futuristas, y sus características luces rojas del morro. Y cómo no mencionar su función más espectacular: el TURBO BOOST, un botón que lanzaba el coche en un salto volador que le permitía atravesar muros y pasar por encima de todo tipo de obstáculos: ríos, puentes, camiones, etc.

Para el rodaje de cada capítulo se utilizaban en torno a una decena de coches, de los que dos eran para los primeros planos, y el resto para las tomas lejanas y las escenas de riesgo. Estos últimos acaban casi todos en el taller de chapa.
En la cuarta y última temporada, a KITT se le añadieron vistosas innovaciones, como unos alerones laterales y traseros que se desplegaban cuando Michael activaba el modo superpersecución.
Como curiosidad, en uno de los capítulos, KITT “pierde la memoria”, que resulta ser un aparatoso artefacto que lleva bajo la carrocería (curiosamente muy similar a los reproductores de vídeo de entonces), y que encuentra por casualidad un niño, que es el que le ayuda cuando está perdido.


GARTZ Y KARR, LOS ARCHIENEMIGOS
         Tanto Michael como KITT se enfrentan, en tal vez los capítulos más recordados, a una especie de “versión malvada” de ambos. La de KITT es KARR (Knight Automated Roving Robot, o Robot Rodante Automatizado Knight), que parece en dos capítulos de la primera y tercera temporadas. Se trata de un prototipo diseñado también por Industrias Knight, pero que por un fallo de programación, resulta inestable y potencialmente peligroso.
         Por su parte, el “reverso tenebroso” de Michael es Gartz, hijo legítimo del magnate Wilton Knight, que es malvado y cruel. Odia a Michael porque le ve como un rival ilegítimo, y desarrolla un supercamión llamado Goliath para enfrentarse con KITT. Este personaje aparece en dos capítulos de la segunda temporada.
      Otro de los capítulos legendarios era en el que Michael y KITT se enfrentan a un grupo de moteros que quieren sembrar el caos en una pequeña localidad del medio oeste. Y como curiosidad, en este episodio, la estrella invitada era la actriz Anne Lockhart, a la que los ochenters recordamos como Sheba en Galáctica, estrella de combate.

        Y mencionaremos también el episodio en el que Devon se hace pasar por un excéntrico magnate tejano.


CONCLUSIÓN

Quién no ha hablado a su reloj para decir “KITT, te necesito”, y ha esperado recibir como respuesta un “¿Dónde estás, Michael?”. ¿Quién no recuerda su famosa sintonía?. EL COCHE FANTASTICO forma parte de nuestra esencia ochenter. Es una serie que ha trascendido la leyenda y forma parte de la iconografía de la década. También ha tenido versiones, remakes (bastante flojos, la verdad), y videojuegos. Así que ochenters, conectemos el TURBO BOOST y a volar.

Por Víctor Sánchez escritor













El final de la cuenta atrás (The final countdown, 1980)


Ochenters, vamos a comentar una pequeña joya del principio de la década, que mezcla fantasía y ciencia ficción con cine bélico-histórico, y todo ello en medio de una paradoja espaciotemporal. Hablamos de “El final de la cuenta atrás”, de 1980, dirigida por Don Taylor, y producida y protagonizada por Kirk Douglas, junto a estrellas del momento como Katherine Ross, Martin Sheen, James Farentino o Charles Durning.
        
EL ARGUMENTO Y LOS PERSONAJES
         “El final de la cuenta atrás” se ambienta en el momento presente, primavera de 1980. El superportaaviones “USS Nimitz” parte de su base en Pear Habour, Hawaii, junto con su grupo de navíos de escolta, al mando del veterano capitán Matthew Yelland (un espléndido, como siempre, Kirk Douglas, que combina la seriedad y el rigor de un capitán de barco, con su habitual campechanía y sentido del humor).
Todo es como en cualquier otra misión rutinaria salvo que a bordo viaja un observador civil enviado por el gobierno, Warren Lasky (interpretado por Martin Sheen, entonces en la cima de su carrera tras haber protagonizado “Malas tierras” y “Apocalipse Now”). A Lasky le asignan un camarote contiguo al del comandante Dick Owens (el televisivo James Farentino, al que recordamos por la serie “El Trueno Azul”), piloto de combate e historiador de guerra obsesionado con el ataque a Pearl Harbour de junio de 1941, del que almacena abundante documentación.

Cuando la flotilla se encuentra en alta mar, el meteorólogo del barco, al que el capitán apoda de forma jocosa “Nube Negra”, advierte de una rápida, violenta e inesperada tormenta que se dirige directamente hacia ellos. Sin tiempo casi para reaccionar, Yelland ordena al resto de la flota que se aleje de la tormenta, mientras el portaaviones, más pesado y difícil de maniobrar, mantiene proa a la misma para enfrentarla. La tormenta es un fenómeno extraño, un gigantesco vórtice de color azul verdoso que engulle al navío en medio de un ruido infernal. 
Cuando termina, el día vuelve a ser soleado y con el mar en calma. Como no hay señales de la flotilla, el capitán ordena salir a los aviones en su búsqueda. En la patrulla, dos cazabombarderos F-14 Tomcat, informan por radio de un encuentro inesperado: una pareja de aviones de otra época, en concreto del modelo Mitsubishi A6M, apodado “Zero”, el emblemático caza japonés de la Segunda Guerra Mundial, “y parecen nuevecitos”, comenta el piloto sorprendido, “con todos los emblemas e insignias”. 
Los Tomcats reciben la orden de seguir a los cazas, que, al avistar un yate de recreo con bandera estadounidense, le atacan para hundirlo. Sorprendidos, los pilotos piden permiso para interceptar a los cazas japoneses, y los abaten sin dificultad. Uno explota completamente, pero del segundo consigue salvarse el piloto. Los helicópteros de rescate del portaaviones van a buscarlo, y también a los supervivientes del barco.
Del yate consiguen salvar a un hombre de mediana edad, una mujer joven y un perro, que rescata el comandante Owens lanzándose al agua. El hombre se identifica como el Senador Samuel Chapman (Carles Durning, en uno de sus clásicos roles secundarios), al que acompaña su secretaria Laurel Scott (la estrella de los setenta Katharine Ross, a la que antes vimos en “Dos hombres y un destino” o “El viaje de los malditos”, y que, casi de inmediato se va a convertir en el interés amoroso del personaje de James Farentino).
Ambos náufragos se muestran sorprendidos por lo que ven y escuchan al ser rescatados. “¿Qué tipo de aparato es este?”, pregunta Chapman cuando le suben al helicóptero, “¿Cómo un portaaviones va a llevar el nombre de un almirante en activo?”. Por su parte, el piloto japonés (interpretado por Soon-Tek Oh), perfectamente pertrechado, se niega a hablar y es tratado como un prisionero, tanto que incluso intenta escapar tomando a Laurel como rehén y termina abatido.
Tras evaluar la situación, el capitán Yelland hace un aparte con Lasky, Owens, y otros oficiales, y llegan a una misma conclusión: por alguna razón desconocida, la extraña tormenta ha trasladado al portaaviones al pasado en el tiempo, en concreto a la víspera del 6 de diciembre de 1941, del ataque japonés a Pearl Harbour, que desencadenaría la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. Para confirmarlo, un avión de reconocimiento localiza a la flota japonesa, que coincide con la que el comandante Owens guarda en su archivo.
Ante esta situación, el capitán se encuentra ante un dilema, una disyuntiva: destruir la formidable flota japonesa y sus cientos de aviones (algo factible con la capacidad de un solo portaaviones moderno y su potente y sofisticado armamento), lo que salvaría miles de vidas, pero cambiaría para siempre la historia, o permanecer quieto sin hacer nada y dejar que los acontecimientos sigan su curso sin intervenir para no modificarlos. Todo un dilema y una paradoja espaciotemporal. 


LOS AVIONES COMO PROTAGONISTAS
         La película contó con el apoyo total de la marina estadounidense, que cedió para el rodaje el propio portaaviones Nimitz, y los escenarios originales de las bases de Pearl Harbour o Norfolk.
En la película se mostraron casi por primera vez en acción los recién estrenados cazabombarderos estrella de la NAVY, los por entonces modernos y futuristas F-14 Tomcat (en ese aspecto se adelantó a títulos icónicos de los 80 como “Top Gun”). Estos cazas eran la “joya de la corona” del ala embarcada de Estados Unidos, y lo fueron hasta la llegada de los F-18 Hornet una década después.
Los aviones aparecen despegando, repostando en vuelo, y, por supuesto, en combate, aunque fuera contra aviones de época. Por cierto, los Zero japoneses que se utilizaron para la película son las mismas réplicas construidas para el clásico de 1971 “Tora, Tora Tora”, la película histórica sobre el ataque a Pearl Harbour que hicieron a medias EE. UU. y Japón y que dirigieron Richard Fleischer, Kinji Fukasaku y Toshio Masuda.
         También se muestran el resto de aeronaves del portaaviones, los cazas RF-8 Crusader, los bombarderos ligeros A-6 Intruder, el avión de reconocimiento E-2 Hawkeye, o el helicóptero de rescate Sea King.


UBICACIÓN DENTRO DEL CINE DE VIAJES EN EL TIEMPO     
         Aparte del componente de aventura bélica, la película se sitúa dentro del cine de ciencia ficción, subgénero viajes en el tiempo, deudora de los clásicos de la literatura del siglo XIX y XX, en especial de la novela de H. G. Wells “La máquina del tiempo”, y su deliciosa versión cinematográfica de 1960, dirigida por George Pal, y protagonizada por Rod Taylor e Yvette Mimieux, que aquí se tituló “El tiempo en sus manos”.
         Al contrario que en ella, y que en la mayoría de títulos (el ejemplo más claro es su emblemática versión ochenter  “Regreso al futuro” o “Terminator”), en este caso el viaje en el tiempo no se produce de forma consciente y deliberada gracias a un ingenio inventado por el hombre, ya sea “máquina” o Delorean, sino por un acontecimiento ajeno y aleatorio, un fenómeno atmosférico, incluso cósmico, un vórtice temporal, un “agujero de gusano”, que lo acercaría más a títulos como “2001, una odisea en el espacio” o la posterior “Stargate” (aunque, en este caso, sin que los viajeros tengan control alguno sobre su destino).


CONCLUSIÓN
“El final de la cuenta atrás” fue la última película de Bryna, la productora de Kirk Douglas, que ya por entonces era todo un veterano con más de cuatro décadas delante de las cámaras, y aún seguiría sobre el escenario dos décadas más. De hecho aún tenemos la suerte de contar con él, ya superados los cien años de edad.  
El film tuvo una buena acogida tanto de crítica como de público, y hoy es un pequeño clásico, tanto del cine bélico y de aventuras como del de ciencia ficción. Para los que la vimos en el cine de estreno, es un gusto revisionarla siempre que la reponen en televisión. Tiene ritmo, un buen argumento y una fotografía espectacular tanto de paisajes como de escenas aéreas y de acción.

Por Víctor Sánchez González