Presentación

Amantes de mundos fantásticos, bisoños aventureros en busca de tesoros, criaturas de la noche, princesas estudiantiles y fanáticos de cachas de postín, ¡sed bienvenidos!. Invitados quedáis a rebuscar en nuestra colección de VHS, acomodar vuestras posaderas en una mullida butaca, darle al play, y disfrutar de lo bueno, lo malo y lo peor que dieron estas décadas.

ADVERTENCIA: Aquí no se escribe crítica cinematográfica (ni se pretende). Las reseñas son altamente subjetivas y el único objetivo es aprender y disfrutar del cine y, por supuesto, de vosotros.

Operación Dragón (1973/ Robert Clouse) Enter the Dragon

Llegamos al culmen de las artes marciales, a la obra maestra del cine de hostias, de como hay que repartir estopa de lo lindo y de como hay que hacer un película de artes marciales como Dios manda. Hoy llega Operación Dragón


Enter:
Una de las mejore películas de artes marciales jamás realizada hasta la fecha y obra póstuma que convirtió en leyenda a Bruce Lee. Su muerte, recordemos que acaeció una semana escasa antes del estreno del film. Quizás junto a las dos películas de The Raid, para quien esto escribe, sean la enciclopedia de como debe rodarse una película de repartir estopa a diestro y siniestro, aunque dejemos que ésta sea la primera, tanto por el planteamiento, como por ser la primera producción de una major ( Warner Bros) en colaboración con Hong Kong.
Si bien he de decir, que en mi opinión Robert Clouse, abusa de ese estilo shooter al ponernos en el cuerpo de varios de los protagonistas, es mérito suyo el hacer que todas y cada una de las coreografías marciales que vemos en pantalla, sean verídicas y bien coreografiadas, mérito compartido por supuesto junto a Bruce Lee, que supervisó todas y cada una de esas coreografías hasta el exceso y según cuenta Bob Wall ( O Hara  en el film) bien puesto de cannabis que consumía en muffins que tenía en su oficina.

The:
La sinopsis nos muestra como Lee se infiltra en un torneo de artes marciales en una isla cercana a Hong Kong, donde intentará vengar la muerte de su hermana y desmantelar una red de narcotráfico guiada con mano de hierro ( nunca mejor dicho) por Han ( Shih Kien).
Como hablamos de que estaba metida en el ajo una major como Warner Bros, pues había que rodear de un elenco occidental a nuestro héroe marcial y para ello se contrató a John Saxon  interpretando el papel de Roper el apostador empedernido y por cierto cinturón negro de karate y a JimKelly  ,interpretando a Williams y que venía ser el referente del floreciente black power y que tras la muerte de Bruce ,tornaría en uno de los máximos exponentes del género conocido como Bruceploitation .
Junto a ellos aparecen rostros conocidos como Jackie Chan (aquí haciendo de extra y recibiendo hasta tres veces de lo lindo por parte Lee) , Yang Sze , o mejor dicho Bolo, que cogería aquí ese nombre para sus roles cinematográficos y pasaría ser conocido como Bolo Yeung, sí, el Chong-Li de Contacto Sangriento y quien tomaría prestada una frase de ésta para aquella, la que Lee le dice a O Hara, acerca de que una madera no devuelve los golpes , cambiando la madera por el ladrillo que rompe Van Damme al realizar su famoso golpe. Y no nos podemos olvidar del inefable Bob Wall, íntimo de Bruce  y que ya aparecía en todas sus películas ejerciendo un permanente rol de comparsa del villano de turno.
La película en su momento mostraba un planteamiento original , por aquello del torneo de artes marciales, posteriormente visto en multitud de películas como Contacto Sangriento, The Quest, Tekken o las más modernas de Invicto, si bien no muestra nada interesante hasta pasados tres cuartos de hora, momento en el que empiezan los combates, aunque al principio del film, podemos ver a Lee en un combate contra otra leyenda de las artes marciales como Sammo Hung, combate rodado por él mismo y donde deja muestras de su impecable estado de forma para el film...Un estado de forma que queda patente en las escenas de lucha y especialmente en el combate contra O Hara, donde cuenta la leyenda que ambos no quisieron dobles con el fin de dotar de mayor realismo a la escena en cuestión. 
Del resto de escenas marciales , cabe destacar que a los tres protagonistas se les da su momento justo, si bien hay que decir que el planteamiento inicial, era que Kelly no pereciese en el film sino Saxon, pero ahí estuvo más listo el agente de éste para cambiar las tornas, no en vano, el actor de más categoría en aquellos tiempos era Saxon.
Un Saxon al que le dan el honor de medirse contra Bolo Yeung, en una de las escenas más poco creíbles de la película...porque no hay nadie que se crea que Saxon pueda cargarse a Yeung y menos comparando el estado de forma de uno y de otro, por mucho que el americano tuviese su cinturón negro de karate recién estrenado 

Dragon:
Y llegamos al final, al duelo contra Han, duelo marcado por una relación entre los dos actores, de índoles familiares ya que ambos se conocían desde que Bruce era crío, al ser Shih Kien íntimo amigo del padre de Bruce, llegando a tratarse de tío y sobrino entre ellos. Al igual que con Wall la escena final entre el museo y la sala de los espejos fue hecha sin dobles, la sangre de algunos cortes es real y para romper los espejos, Bruce ocultaba una pequeña pieza de metal para romperlos con facilidad.
Si bien desde el principio vemos la desigualdad existente entre ambos, el combate no deja de tener su aquel, por el uso de la mano- garra de Han y sobre todo por la escena de los espejos con esa muerte tan clavada de Han.
El compositor Lalo Schifrin usó sonidos de China, Japón y Corea del Sur para dar forma a una banda sonora que supuso todo un récord de ventas para la época.
Considerada como extremadamente violenta para la época, sufrió recortes en lo referido a la muerte de Bolo Yeung y la que comete él mismo en cierto momento del film ( si bien en el reciente reestreno en cines yo pude verla íntegra, ese corte es notable en mi versión en DVD).

The End:
La película ha envejecido bien con el paso de los años, convirtiendo no sólo a Bruce Lee en una leyenda, sino honrando su legado y el de las artes marciales, el arte de la lucha sin lucha oímos en un momento de la película. 
Joya de culto, clásico imprescindible en vuestra videoteca y en el TOP 3 de las mejores películas de hostias como panes.

Nota Ochenter:8/10

El final de la cuenta atrás (The final countdown, 1980)


Ochenters, vamos a comentar una pequeña joya del principio de la década, que mezcla fantasía y ciencia ficción con cine bélico-histórico, y todo ello en medio de una paradoja espaciotemporal. Hablamos de “El final de la cuenta atrás”, de 1980, dirigida por Don Taylor, y producida y protagonizada por Kirk Douglas, junto a estrellas del momento como Katherine Ross, Martin Sheen, James Farentino o Charles Durning.
        
EL ARGUMENTO Y LOS PERSONAJES
         “El final de la cuenta atrás” se ambienta en el momento presente, primavera de 1980. El superportaaviones “USS Nimitz” parte de su base en Pear Habour, Hawaii, junto con su grupo de navíos de escolta, al mando del veterano capitán Matthew Yelland (un espléndido, como siempre, Kirk Douglas, que combina la seriedad y el rigor de un capitán de barco, con su habitual campechanía y sentido del humor).
Todo es como en cualquier otra misión rutinaria salvo que a bordo viaja un observador civil enviado por el gobierno, Warren Lasky (interpretado por Martin Sheen, entonces en la cima de su carrera tras haber protagonizado “Malas tierras” y “Apocalipse Now”). A Lasky le asignan un camarote contiguo al del comandante Dick Owens (el televisivo James Farentino, al que recordamos por la serie “El Trueno Azul”), piloto de combate e historiador de guerra obsesionado con el ataque a Pearl Harbour de junio de 1941, del que almacena abundante documentación.

Cuando la flotilla se encuentra en alta mar, el meteorólogo del barco, al que el capitán apoda de forma jocosa “Nube Negra”, advierte de una rápida, violenta e inesperada tormenta que se dirige directamente hacia ellos. Sin tiempo casi para reaccionar, Yelland ordena al resto de la flota que se aleje de la tormenta, mientras el portaaviones, más pesado y difícil de maniobrar, mantiene proa a la misma para enfrentarla. La tormenta es un fenómeno extraño, un gigantesco vórtice de color azul verdoso que engulle al navío en medio de un ruido infernal. 
Cuando termina, el día vuelve a ser soleado y con el mar en calma. Como no hay señales de la flotilla, el capitán ordena salir a los aviones en su búsqueda. En la patrulla, dos cazabombarderos F-14 Tomcat, informan por radio de un encuentro inesperado: una pareja de aviones de otra época, en concreto del modelo Mitsubishi A6M, apodado “Zero”, el emblemático caza japonés de la Segunda Guerra Mundial, “y parecen nuevecitos”, comenta el piloto sorprendido, “con todos los emblemas e insignias”. 
Los Tomcats reciben la orden de seguir a los cazas, que, al avistar un yate de recreo con bandera estadounidense, le atacan para hundirlo. Sorprendidos, los pilotos piden permiso para interceptar a los cazas japoneses, y los abaten sin dificultad. Uno explota completamente, pero del segundo consigue salvarse el piloto. Los helicópteros de rescate del portaaviones van a buscarlo, y también a los supervivientes del barco.
Del yate consiguen salvar a un hombre de mediana edad, una mujer joven y un perro, que rescata el comandante Owens lanzándose al agua. El hombre se identifica como el Senador Samuel Chapman (Carles Durning, en uno de sus clásicos roles secundarios), al que acompaña su secretaria Laurel Scott (la estrella de los setenta Katharine Ross, a la que antes vimos en “Dos hombres y un destino” o “El viaje de los malditos”, y que, casi de inmediato se va a convertir en el interés amoroso del personaje de James Farentino).
Ambos náufragos se muestran sorprendidos por lo que ven y escuchan al ser rescatados. “¿Qué tipo de aparato es este?”, pregunta Chapman cuando le suben al helicóptero, “¿Cómo un portaaviones va a llevar el nombre de un almirante en activo?”. Por su parte, el piloto japonés (interpretado por Soon-Tek Oh), perfectamente pertrechado, se niega a hablar y es tratado como un prisionero, tanto que incluso intenta escapar tomando a Laurel como rehén y termina abatido.
Tras evaluar la situación, el capitán Yelland hace un aparte con Lasky, Owens, y otros oficiales, y llegan a una misma conclusión: por alguna razón desconocida, la extraña tormenta ha trasladado al portaaviones al pasado en el tiempo, en concreto a la víspera del 6 de diciembre de 1941, del ataque japonés a Pearl Harbour, que desencadenaría la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. Para confirmarlo, un avión de reconocimiento localiza a la flota japonesa, que coincide con la que el comandante Owens guarda en su archivo.
Ante esta situación, el capitán se encuentra ante un dilema, una disyuntiva: destruir la formidable flota japonesa y sus cientos de aviones (algo factible con la capacidad de un solo portaaviones moderno y su potente y sofisticado armamento), lo que salvaría miles de vidas, pero cambiaría para siempre la historia, o permanecer quieto sin hacer nada y dejar que los acontecimientos sigan su curso sin intervenir para no modificarlos. Todo un dilema y una paradoja espaciotemporal. 


LOS AVIONES COMO PROTAGONISTAS
         La película contó con el apoyo total de la marina estadounidense, que cedió para el rodaje el propio portaaviones Nimitz, y los escenarios originales de las bases de Pearl Harbour o Norfolk.
En la película se mostraron casi por primera vez en acción los recién estrenados cazabombarderos estrella de la NAVY, los por entonces modernos y futuristas F-14 Tomcat (en ese aspecto se adelantó a títulos icónicos de los 80 como “Top Gun”). Estos cazas eran la “joya de la corona” del ala embarcada de Estados Unidos, y lo fueron hasta la llegada de los F-18 Hornet una década después.
Los aviones aparecen despegando, repostando en vuelo, y, por supuesto, en combate, aunque fuera contra aviones de época. Por cierto, los Zero japoneses que se utilizaron para la película son las mismas réplicas construidas para el clásico de 1971 “Tora, Tora Tora”, la película histórica sobre el ataque a Pearl Harbour que hicieron a medias EE. UU. y Japón y que dirigieron Richard Fleischer, Kinji Fukasaku y Toshio Masuda.
         También se muestran el resto de aeronaves del portaaviones, los cazas RF-8 Crusader, los bombarderos ligeros A-6 Intruder, el avión de reconocimiento E-2 Hawkeye, o el helicóptero de rescate Sea King.


UBICACIÓN DENTRO DEL CINE DE VIAJES EN EL TIEMPO     
         Aparte del componente de aventura bélica, la película se sitúa dentro del cine de ciencia ficción, subgénero viajes en el tiempo, deudora de los clásicos de la literatura del siglo XIX y XX, en especial de la novela de H. G. Wells “La máquina del tiempo”, y su deliciosa versión cinematográfica de 1960, dirigida por George Pal, y protagonizada por Rod Taylor e Yvette Mimieux, que aquí se tituló “El tiempo en sus manos”.
         Al contrario que en ella, y que en la mayoría de títulos (el ejemplo más claro es su emblemática versión ochenter  “Regreso al futuro” o “Terminator”), en este caso el viaje en el tiempo no se produce de forma consciente y deliberada gracias a un ingenio inventado por el hombre, ya sea “máquina” o Delorean, sino por un acontecimiento ajeno y aleatorio, un fenómeno atmosférico, incluso cósmico, un vórtice temporal, un “agujero de gusano”, que lo acercaría más a títulos como “2001, una odisea en el espacio” o la posterior “Stargate” (aunque, en este caso, sin que los viajeros tengan control alguno sobre su destino).


CONCLUSIÓN
“El final de la cuenta atrás” fue la última película de Bryna, la productora de Kirk Douglas, que ya por entonces era todo un veterano con más de cuatro décadas delante de las cámaras, y aún seguiría sobre el escenario dos décadas más. De hecho aún tenemos la suerte de contar con él, ya superados los cien años de edad.  
El film tuvo una buena acogida tanto de crítica como de público, y hoy es un pequeño clásico, tanto del cine bélico y de aventuras como del de ciencia ficción. Para los que la vimos en el cine de estreno, es un gusto revisionarla siempre que la reponen en televisión. Tiene ritmo, un buen argumento y una fotografía espectacular tanto de paisajes como de escenas aéreas y de acción.

Por Víctor Sánchez González