Presentación

Amantes de mundos fantásticos, bisoños aventureros en busca de tesoros, criaturas de la noche, princesas estudiantiles y fanáticos de cachas de postín, ¡sed bienvenidos!. Invitados quedáis a rebuscar en nuestra colección de VHS, acomodar vuestras posaderas en una mullida butaca, darle al play, y disfrutar de lo bueno, lo malo y lo peor que dieron estas décadas.

ADVERTENCIA: Aquí no se escribe crítica cinematográfica (ni se pretende). Las reseñas son altamente subjetivas y el único objetivo es aprender y disfrutar del cine y, por supuesto, de vosotros.
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De vuestros niños de cincuenta años: Homenaje a “Los payasos de la tele”



Ochenters, suerte tuvimos de vivir aquellos años y aquella tele, con Los payasos, Félix Rodríguez de la Fuente, Gloria Fuertes… Ellos nos hicieron como somos, junto a nuestros padres claro, y les debemos, como a ellos, lo que somos. Por eso vamos a dedicar unas emotivas y cariñosas líneas a aquellos locos vestidos de rojo, que tanto nos hicieron reír, en aquellos años en blanco y negro, a los que empezaba a llegar el color. Ay, aquellos sábados por la mañana con Gaby, Fofó, Miliki, y los demás… ¿Cómo están Ustedes?... ¡Bien!

EL ORÍGEN DE LA LEYENDA
Nuestros héroes vienen de una familia de payasos circenses que se remonta al siglo XIX, y comenzaron en la profesión en los felices años treinta de nuestro siglo, nada menos que en el mítico Circo Price, pero, después de la guerra, fueron de los tantos que emigraron a Hispanoamérica en busca de una vida mejor.
 
Su primer destino fue la soleada y caribeña Cuba, donde los tres hermanos Aragón, Gabriel (Gaby), Alfonso (Fofó) y Emilio (Emilín en un principio, aunque pronto se lo cambiaría por Miliki), comenzaron a hacer sus pinitos en televisión, lo que les hizo conocidos también en México (donde se iniciaron en el cine), Venezuela e incluso Estados Unidos. Su siguiente destino sería Puerto Rico, donde estarían desde 1965 hasta 1971, con el programa El Show de las 5, uno de los más vistos y recordados en la historia de la televisión en aquel país. Luego recalaron en Argentina, donde, ya con la incorporación de Fofito, hijo de Fofó, tienen también su propio Show televisivo y ruedan más películas.
Su éxito en Hispanoamérica hace que una TVE con aires de renovación se fije en ellos, y en 1972 les contrate para el programa El gran circo de TVE, que pasaría a sustituir a Los Chipitirifláuticos.
Su carisma, su talento, y esa conexión mágica que, como Félix o Gloria Fuertes,  tenían con el  público infantil, hizo que alcanzaran un éxito arrollador, y, ya conocidos como Los payasos de la tele, se convirtieran en todo un fenómeno televisivo y social en la España de los setenta y primeros ochenta.

LOS PAYASOS UNO A UNO
         GABY: Su papel era del serio del grupo, el que, supuestamente ponía orden en el caos de los demás. No vestía de payaso, como los otros, sino de frac, y siempre iba un poco al margen de ellos. Tocaba el saxofón.
         FOFÓ: Pese a no ser el mayor, era el que hacía las veces de jefe, el que mandaba (por lo menos entre los de la nariz de payaso), el que quedaba siempre por encima en las situaciones cómicas, y el que llevaba la voz cantante, también en las canciones. Su instrumento era la trompeta. Pese a ser a veces brusco y mandón, era el personaje más querido, hasta el punto de que su fallecimiento inesperado en 1976, fue una tragedia para los niños de entonces, y de un impacto social a nivel nacional, similar al que tendría cuatro años más tarde la trágica muerte en accidente de avioneta del gran Félix Rodríguez de la Fuente, en 1980, de la que también nos enteramos un sábado por la mañana. Siempre nos emocionamos al recordar estos momentos, como al ver la estatua dedicada al Fofo en la entrada al Parque de Atracciones de Madrid.
         MILIKI: Su personaje era quizás el de mayor poso interpretativo, y el que más calaba en la chavalería. Era el más noble, el más soñador, siempre risueño, y también atolondrado. Su instrumento era el acordeón. Al fallecer su hermano Fofó, fue el que, digamos, tomo la jefatura del grupo, aunque siempre con un aire mucho más benévolo y tolerante, también el liderazgo en las canciones, dándoles un toque más entrañable, y también pasó a ocupar el primer lugar en el corazón de los niños.
         FOFITO: Al ser el más joven, era también el más alocado, el más procaz y el que decía siempre la mayor tontería. Tocaba la guitarra, y hoy es el único del cuarteto original que todavía vive, aunque el resto estén siempre en nuestros corazones.
         MILIKITO: Hijo de Miliki, se incorporó al grupo tras el fallecimiento de Fofó. Con una sólida formación musical (es pianista), y un talento natural como mimo, tenía escasa experiencia ante las cámaras, y por ello inicialmente se decidió que fuera mudo (al estilo de Harpo Marx), y se comunicara agitando un cencerro en vez de una bocina como aquel. Sin embargo, más adelante, “recuperó milagrosamente la voz”, revelándose como un excelente payaso. Quizás por ello, dejó el circo en 1981 para emprender carrera en solitario, inicialmente como humorista y cantante (recordemos su mítico programa de gags al estilo Paul Hogan, Benny Hill o Saturday Night Live, Ni en vivo ni en directo), para luego convertirse en presentador y productor con la llegada de las televisiones privadas.
         RODY: Hijo pequeño de Fofó, fue el último en incorporarse a la troupe, entre 1982 y 83, cuando Milikito dejó el show, y éste paso a llamarse, en su última etapa, El loco mundo de los payasos. Rody se pintaba la cara de negro y se caracterizaba de afrocubano. En las últimas décadas, ha sido también el que ha seguido un poco el legado circense de la familia con giras por España, algunas junto a su hermano Fofito.
 
         A estos componentes también habría que añadir a Rita Irasema, hija de Miliki, que, junto a su padre, presentó una variante del programa entre 1993 y 95.

EL CIRCO Y SUS CUATRO PARTES
         El programa se grababa inicialmente en una carpa de circo, en Madrid, con un enloquecido público infantil llenando la grada, normalmente colegios enteros llevados allí en autobús. Comenzaba con la famosa canción que todos recordamos y sabemos tararear: Había una vez… Un circo que alegraba siempre el corazón…
Luego se dividía en cuatro partes:
LA PRESENTACIÓN: Los payasos salían de uno en uno preguntando a los niños del público ¿Cómo están ustedes?... ¡Bien! Cuando los cuatro estaban en pista, hacían un breve entremés cómico al estilo de los payasos del circo clásico.

LA ACTUACIÓN: Era un número de circo, alternando malabaristas, equilibristas, domadores, trapecistas, etc.
LA AVENTURA: Era el momento preferido de los seguidores del programa. Se trataba de una escena de unos 10 minutos de duración, ambientada a modo de telecomedia, en la que los payasos vivían una peripecia cada vez en un lugar distinto, y en la que participaban también otros actores. Entre ellos el personaje recurrente del Señor Chinarro, muy querido también por la audiencia infantil, interpretado magistralmente por el actor Fernando Chinarro, que hacía de un tipo normal, que se veía envuelto en las locuras de los payasos, y se desesperaba con sus tonterías. Hay que decir también que las aventuras muchas veces tenían moraleja, y también las utilizaban para hacer pedagogía (aprender las tablas numéricas, por ejemplo).



LA CANCIÓN: Para terminar el espectáculo, los payasos cantaban una de sus populares canciones, siempre con la participación de los niños del público, y con la ayuda de sus instrumentos musicales. 


AQUELLAS INOLVIDABLES CANCIONES
          Vamos a reseñar tan solo algunas de ellas, las que nuestra generación más recuerda, y también comentaremos su intencionalidad, siempre didáctica o festiva, y, por supuesto, contextualizada a la época:
         HOLA DON PEPITO, HOLA DON JOSÉ: Es quizás la canción más popular junto con la que comentaremos después, La gallina turuleca. Habla de dos señores que se encuentran por la calle y se saludan. Ensalza el valor de la amistad y las buenas costumbres. Como en casito todas, contaba con la participación del público infantil haciendo de coro, y respondiendo al Hola Don Pepito… con un Hola Don José… ¿Pasó usted por mi casa?... Por su casa yo pasé…
         LA GALLINA TURULECA: Como ya hemos comentado, otra de las más recordadas. Tiene una intención didáctica, para ayudar a los más pequeños a aprender los números, porque cuenta la historia de una gallina que ha puesto un huevo, ha puesto dos y ha puesto tres…
         EL AUTO NUEVO: Es la canción por la que más se recuerda a Fofó, también la más divertida, y en la que los niños nos lo pasábamos en grande, porque aparte de cantar, había que hacer movimientos con las manos y el cuerpo (llevar el volante, el tunel, los baches, las curvas…). Su intencionalidad era sobre todo lúdica, aunque, como era constante en ellos, los payasos siempre ensalzaban los valores familiares, y también en este caso la prudencia en la conducción. El viajar es un placer, que nos suele suceder. En el auto de papá, nos iremos a pasear… Vamos de paseo, ¡pí, pí, pí!  Vamos con el semáforo… Rojo, amarillo y... ¡Verde!
                                             El auto de Papá con Fofó
         MI BARBA TIENE TRES PELOS: Es otra de las más divertidas porque es un juego en el que, a medida que avanzan las estrofas, hay que sustituir las palabras, barba y pelos, por gestos. Mi barba tiene tres pelos… Tres pelos tienen mi barba…
         COMO ME PICA LA NARIZ: Otro de los clásicos de su repertorio, en el que los niños tenían que estornudar. Cómo me pica la nariz… Ya no lo puedo resistir…
     DALE RAMÓN: La canción del niño futbolista. Dale Ramón, Dale Ramón… Chuta más fuerte para ver si metes gol…
         ASÍ PLANCHABA: Es una canción deliciosa, y también muy recordada, pero también es quizás por la que más ha pasado el tiempo, ya que reproduce los estereotipos asociados a las niñas, y al género femenino en general, en aquellos tiempos(lavar, planchar, cocinar, rezar… Así planchaba así así…), mientras, como hemos visto en la anterior, al niño se le ponía a correr, saltar y jugar al futbol. Era algo consustancial a los tiempos, espontáneo y nada intencionado por parte de nuestros queridos payasos, que nos querían igual a niños y niñas, y tienen muchas canciones dedicadas a ellas, como la siguiente.
         SUSANITA TIENE UN RATÓN: Es otra de las más recordadas, y también la favorita de Miliki. Susanita tiene un ratón… Un ratón chiquitín…  Aunque asociamos las canciones al conjunto de los payasos, es justo también decir que letra y música son casi siempre de Emilio Aragón padre, Miliki.
         SI TOCO LA TROMPETA: Si toco la trompeta, tara, tara tareta… Con esta canción, los payasos buscaban que los más pequeños conocieran los instrumentos musicales de forma divertida. A este respecto, siempre recordaremos a nuestro Miliki tocando una canción con niños puestos en fila a modo de teclado y con una campana cada uno. Él les tocaba el hombros y así iban nota a nota. ¡Qué momentos!
         FELIZ EN TU DÍA: Es otra de las más famosas, y que aún hoy cantamos a nuestros hijos junto al Cumpleaños feliz, en sus onomásticas. Feliz, feliz en tu día… Amiguito que Dios te bendiga… Que reine la paz en tu vida… Y que cumplas muchos más… Nuestros payasos eran entrañables, les adorábamos, y les adoramos, pero también reconocíamos y reconocemos, que eran bastante tradicionales y beatones. Era la España de entonces.

VALORACIÓN Y LEGADO
         Para un niño de entonces, que además tuvo la ocasión de ir de pequeño con el colegio a ver el rodaje de uno de los programas, os podréis imaginar la emoción que supone hacer este artículo homenaje. Fue una fría mañana de invierno de aquella España aún en blanco y negro. Nunca habíamos estado en un rodaje televisivo. Nos sorprendía todo, desde las cámaras grúa hasta las largas esperas, y las repeticiones. Los payasos tardaron una eternidad en salir, y luego hicieron la presentación por lo menos seis veces (debía ser para ver cuál quedaba mejor), hubo varias actuaciones circenses, un bocadillo más pan que chorizo con una Mirinda, y, para nuestra decepción, nada de Aventura. Y ese sábado por la mañana plantados delante del televisor para vernos, y no salimos, y troceados, hasta meses después. Otra decepción.
         Más adelante, allá por 2001 tuve la ocasión de conocer a mi ídolo de los payasos, el gran Miliki, en una rueda de prensa en la presentaba un libro. Llego tarde también, como todos los artistas, y diciendo ¿Cómo están ustedes? En mi turno, antes de la pregunta, le di las gracias “por la infancia que nos habían dado” a nuestra generación, a lo que él respondió emocionado, hasta tal punto que su gesto salió reflejado en los periódicos del día siguiente. Para él, ya anciano, éramos “sus niños de treinta años” a los que dedicó un CD de canciones.
         Años después, también tuve ocasión de dar las gracias a Rody, que vino con su circo a nuestro barrio. Se llenó de madres y padres cuarentones con hijos pequeños. En las canciones, pidió “un padre” y allí estaba yo para cantar Mi barba tiene tres pelos, junto a mi hijo, que se pegó al micrófono. Y Rody, sinceramente emocionado también, manifestó su sorpresa porque él también se la supiera.
         Como toda historia de payasos, esta también tiene que tener un punto triste, y es que el legado de estos iconos del circo y la televisión, no es un legado de unidad, sino de disgregación, porque los herederos han tomado caminos diferentes. Como ya hemos dicho, Emilio Aragón hijo es un reputado productor de televisión, compositor y director de orquesta, y encarna el legado de Miliki. Por otro lado están Los gabitos, que son hijos de Gaby, que también han sacado sus discos y han montado espectáculos. Y por otro lado, como ya también hemos reseñado, Rody, hijo de Fofó, y que encarna su legado.
         Pero nos quedamos con la magia de entonces, con aquellos recuerdos, con aquel se me luenga la traba, feliz año huevo, y… ¿Cómo están ustedes?... ¡Bien!
        
         Por Víctor Sánchez González @VictorSescritor













Y Si No, Nos Enfadamos (1974, Marcello Fondato) Altrimenti Ci Arrabbiamo



                                
Queridos Ochenters, tengo que confesaros que me ha costado como nunca saber cómo empezar a hablaros de otra de las películas de mi infancia, pero es tal el cariño que siento hacia este dúo de justicieros de mano larga, que he tenido que verme la película en cuestión varias veces seguidas (como cuando tenía unos ocho años)
Por aquel entonces, mi pasión por el cine ya estaba latente, por supuesto no podía permitirme comprar las cintas originales pero sí rogar por un VHS virgen que me permitiera grabar todas mis películas favoritas. Una de ellas, que aún conservo a pesar de estar rota por tanto visionado, era la película de la que me dispongo a hablar, “Y Si No, Nos Enfadamos”.

Y los motivos por los que me ha resultado especialmente difícil comenzar son dos; uno de ellos es puramente sentimental, debido al cariño infinito que siento hacia los actores protagonistas y a los que considero una parte importante de mi infancia cinéfila, pero sobretodo, por la dificultad para tratarla, pues apenas hay información de ésta más allá de la propia película y algún dato suelto de producción, aun así, mi pasión por todos los estilos de cine (especialmente musical para maldición de mi familia y amistades) no me permitía dejar en el olvido a mis queridos Carlo Pedersoli y Mario Girotti, o lo que es lo mismo, Bud Spencer y Terence Hill.

Pero no divagaré más y os hablaré de qué trata esta cinta, que, al igual que el mal entendido cine de acción, el guion no es más que una excusa para entretener y sobretodo para ver en pantalla lo que todos esperábamos de pequeños, justicia a golpes. Comencemos.

Ben (Bud Spencer) es un malhumorado mecánico aficionado al automovilismo y que es dueño de un taller mecánico junto a su viejo amigo Jeremías, interpretado por Luis Barbero.


En los primeros minutos de la cinta, vemos cómo Ben se maravilla ante la oportunidad de conseguir un flamante bólido rojo nuevo con capota amarilla modelo “Dune Buggy”, el cual es el primer premio de un concurso de Rallycross.


En ese mismo momento aparece Kid (Terence Hill) para incordio del pobre Ben y como es normal en sus personajes, hace todo lo posible por fastidiar a los interpretados por su compañero, que viene a participar en el concurso de rally para optar también al primer premio.


Tras una frenética carrera y en la que, como era de esperar, ambos ganan, reciben el premio, un único bólido que se tendrán que repartir.


Y aquí somos participes de una disputa por ver cómo deciden quién se queda el coche, produciéndose uno de los diálogos que guardo en el recuerdo y que repetía con mi hermano hasta la saciedad a la hora de decidir cómo nos jugábamos algo.


Kid – ¿Nos lo jugamos a las cartas?
Ben – No. ¿Echamos un pulso a ver quién gana?
Kid – No. ¿Nos lo jugamos a cerveza y salchichas?
Ben – ¿…Dónde?

Para los que no hayáis visto la película, el reto no consiste en otra cosa que beber cervezas y comer salchichas hasta que uno se retire, teniendo que pagar la cuenta y perdiendo el premio, en este caso, el bólido.


Para la “competición” gastronómica porcina y cervecera (más espuma que cerveza) deciden ir al restaurante del parque de atracciones cercano al taller mecánico de Ben, pero al poco entran en escena el estereotipo por excelencia de “los villanos” de la cinta, una parodia de mafia que trabajan para un orondo especulador inmobiliario conocido por todos como “El Padrino” e interpretado por John Sharp, el cual quiere quedarse con los terrenos del parque de atracciones para construir el casino más alto del mundo, y así, como buen villano extorsionador, ordena a sus secuaces que amedrenten a los usuarios del parque y destrocen algunos de los locales comerciales del mismo como advertencia a los vecinos de la zona, empezando como ya he mencionado por el restaurante donde se encuentran Ben y Kid.


También conocemos al “consigliere” del Don, conocido como “El Doctor” e interpretado por “Donald Pleasence”, que realmente es la cabeza pensante de todo el plan para el desalojo del parque de atracciones.


Aquí, y haciéndonos partícipes de lo absurdo, vemos como Ben y Kid siguen con su concurso, absortos ante el destrozo que la banda está causando en el bar, llegando a volar varios taburetes cerca de sus cabezas. Ante tanto “ruido”, y con el bar ya destrozado, deciden marcharse a otro sitio para seguir con el concurso, y es donde sucede el hecho en el que se centra todo el guion, que como vuelvo a repetir, no es más que una excusa para que lluevan los mamporros.

Al salir del local, uno de los secuaces de “El Padrino” que está amenazando a los usuarios del parque bate en mano para que se bajen de sus coches o los destroza, les ordena lo propio a Ben y a Kid, los cuales conducen el bólido. Ante la negativa de estos, pues no entienden el motivo por el que se tienen que bajar del coche, el matón les advierte que si no se bajan del bólido, se lo “carga”.

Kid – Qué nervioso es. ¿por qué tiene empeño en cargárselo?

Al hacer caso omiso al mafioso, siguen su camino. Es entonces cuando uno de los matones golpea el bólido con otro coche provocando un accidente que destroza el bólido, el cual es consumido por las llamas.

Ben no tiene interés en reclamar nada, pues serían muchos líos y no merece la pena, pero tras la insistencia de Kid deciden ir a visitar al “Padrino” para pedirles que les den otro bólido nuevo idéntico al suyo, pues lo han perdido por culpa de sus matones. Pero quiero haceros partícipes del humor absurdo e inocentón que desprende toda la cinta para que comprendáis por qué me gustaban tanto. La escena se desarrolla en un salón de baile, del cual es dueño el "Padrino" y donde las parejas van poniendo una mano al hombro para cambiar de compañero de baile entre los que se encuentran Ben y Kid; uno de los esbirros jefes que se hace llamar Atila (con una cara realmente cómica) los reconoce y decide intervenir para echarlos del local y como veis, termina incluso en una conga. Os dejo la escena.


Como digo, un humor simple pero efectivo que aún a día de hoy me provoca carcajadas.

Tras conseguir llegar al "Padrino", al que ellos llaman “papi”, le explican el por qué de su visita, el mensaje es simple: “Debéis devolvernos nuestro cochechito” ya que lo han perdido por culpa de sus hombres, a lo que el padrino responde con tono desafiante que qué ocurre si se niega, a lo que contestan que si se niega, se enfadan (tremendos). Como es normal, esto enfurece aún más al "Padrino", que ordena a Atila darles una lección. Tras el primer encuentro con Atila, el cual les incendia el coche con ellos dentro, llegan a la conclusión de que tienen que hacérselo comprender para que les devuelvan el bólido. Aquí entramos en una serie de gags de la pareja acosando al matón a cual más divertido, terminando en un gimnasio donde se encuentran entrenando los esbirros del "Padrino". Como era de esperar, empiezan las tortas. Esta escena es puramente Bud Spencer y Terence Hill, con la canción principal de la BSO que casa a la perfección con lo absurdo de la escena. Os la dejo a continuación.


Una vez todos los matones aleccionados y con los mejores golpes clásicos de cada personaje más propios de los dibujos animados que del cine, Ben y Kid quedan a la espera de que los mafiosos respondan a su petición, pero como es normal, estas humillaciones no hacen otra cosa que enfurecer aún más al “Don” el cual envía a un grupo de motoristas para darles otra lección, y les ordena que le vayan relatando a través de una radio cómo va la misión.


Como podéis imaginar, nuevamente son Kid y Ben los que dan la lección a los moteros. El "Padrino" muy enfurecido y siguiendo los consejos de "El Doctor", decide contratar a Paganini, (Manuel de Blas) un asesino a sueldo, para acabar con los problemas con la pareja de una vez por todas.


Paganini, el cual no pronuncia ni una palabra en toda la cinta, como era de esperar tampoco logra su objetivo, llegando a ser coaccionado por Kid que se hace con el mismo fusil que Paganini iba a usar contra ellos durante el caótico ensayo del coro de Bomberos dirigido por un excéntrico director de orquesta que no gana para batutas e interpretado por el cómico español Emilio Laguna, escena que estaréis recordando con una sonrisa y tarareando la famosa canción a la vez.


Paganini es obligado a ir al local del “Padrino” con un violín en mano a cambio del fusil para hacerle comprender al mismo que siguen esperando recuperar su “cochecito”
Tras esto, Ben ya está harto de la situación y decide desistir de su intento en reclamar el coche, pero “El Doctor” decide atacar al que él considera el artífice de todo, al pobre Jeremías, amigo de Ben, al cual conocen porque había trabajado como cocinero en el restaurante del "Padrino".

Esto enfada y mucho a Ben, al igual que a Kid, que deciden dar una paliza a todos los matones del local.

Ben y Kid – “Ya estamos enfadados”

Os dejo esta última pelea.


Queridos ochenters, con este último vídeo dejo la trama… Sí ya, os he contado prácticamente toda la cinta, pero no puedo evitar recordar las escenas de esta fantástica y divertida película.

Para ir terminando, os dejo algunas curiosidades que he ido encontrando sobre la cinta, así como de los propios Carlo y Mario.

-La película fue un éxito, traducida a más de 15 idiomas.


-Se rodó entre Madrid y Roma. Las partes rodadas en Madrid fueron rodadas junto al estadio Vicente Calderón.


-El famoso tema de la película, “Dune Buggy” fue interpretado por Oliver Onions, grupo de música italiano que también participó en películas como “Banana Joe” o “Sandokan”.


-En la escena en el parque de atracciones con el cohete sobre raíles donde los participantes podían demostrar su fuerza y el cohete salía despedido cuando Ben lo lanza, hubo un fallo con la potencia a la que debía salir despedido y éste cayó sobre varios operarios que terminaron en el hospital.


-Carlo Pedersoli, antes de dedicarse a la interpretación, fue campeón de natación durante diez años y participó en dos olimpiadas representando a Italia.


-Su primera aparición fue en “Quo Vadis?”, donde interpretaba a un guardia romano.


-Su nombre artístico procede de la mezcla de su actor favorito, “Spencer Tracy”, con su cerveza favorita “Budweiser”, dando así el nombre por el que a día de hoy lo conocemos, “Bud Spencer”.


-Por el contrario, a Mario Girotti le dieron una lista con veinte posibles nombres en la que tuvo que decidir en menos de veinticuatro horas.


-Mario empezó en el mundo del cine a los doce años en la cinta “Vacanze Col Gangster”


-Mario y Carlo llegaron a ser grandes amigos, rodando hasta diecinueve películas juntos.


-Una multitud despidió a Carlo Pedersoli con gran cariño, así como su amigo Mario, sonando en su funeral el clásico “Dune Buggy” de esta cinta.


Amigos, pues por hoy me despido con la sensación de felicidad que siempre me deja la revisión de esta cinta, tarareando aún sus cómicas canciones y disfrutando de cada una de sus películas como el primer día. No puedo estar más agradecido a Carlo y a Mario por darnos tanto con tan poco. Bud Spencer y Terence Hill siempre formarán parte de nuestra bagaje ochentero, y nos gustase su cine o no, debemos de reconocer que eran únicos en el cine de comedia al más puro estilo del gag clásico. 

Hasta el próximo escrito amigos.