Presentación

Amantes de mundos fantásticos, bisoños aventureros en busca de tesoros, criaturas de la noche, princesas estudiantiles y fanáticos de cachas de postín, ¡sed bienvenidos!. Invitados quedáis a rebuscar en nuestra colección de VHS, acomodar vuestras posaderas en una mullida butaca, darle al play, y disfrutar de lo bueno, lo malo y lo peor que dieron estas décadas.

ADVERTENCIA: Aquí no se escribe crítica cinematográfica (ni se pretende). Las reseñas son altamente subjetivas y el único objetivo es aprender y disfrutar del cine y, por supuesto, de vosotros.
Mostrando entradas con la etiqueta 1985. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 1985. Mostrar todas las entradas

Efemérides- 14/06- The Stuff (La sustancia maldita)

 El 14 de junio de 1985 se estrenó The Stuff (La sustancia maldita, Larry Cohen).


Ficha técnica y artística

TRAILER

Efemérides - 07/06 - Los Goonies

 


El 7/06/1985 , hace 37 años, se estrenaba Los Goonies (The Goonies, Richard Donner)

Lady Halcón (Lady Hawke, Richard Donner, 1985)


Ochenters, vamos con uno de los títulos más icónicos de nuestra querida década, Lady Halcón (Lady Hawke, El hechizo del halcón, El hechizo de Aquila, La dama halcón, Richard Donner, 1985), protagonizada por Matthew Broderick, Rutger Hauer y Michelle Pfeiffer. Un film con temática medieval de espada y brujería, que cuenta una historia de amor, aventuras  épicas, y fantasía, con un estilo moderno, y la música de Alan Parson Project.


LA TRAMA Y LOS PROTAGONISTAS

La trama comienza en las mazmorras de un castillo, de las que consigue escapar un joven llamado Phillipe Gastón (interpretado por un adolescente Matthew Broderick, al que conocíamos del clásico ochenter Juegos de guerra).  "Gastón el Ratón" es un habilidoso y escurridizo ladronzuelo de poca monta, que con algo de fortuna, consigue ser el primer preso en escapar de la prisión de Aquila.


Perseguido por los guardias, a los que manda el capitán Marquet (Ken Hutchison), es descubierto en una posada, en la que está almorzando un misterioso caballero, Etienne Navarre (un Rutger Hauger que acababa de ser el replicante Roy Batty de Blade Runner, y que esta vez hace de héroe y no de villano). En un combate desigual, en el que identificamos por primera vez en el cine el sello inconfundible del “sonido Alan Parsons”, Etienne toma partido por Gastón, y ambos derrotan a los guardias y consiguen escapar.
El joven se pega al caballero, al que acompaña siempre un fiel halcón, y ambos pasan la noche en una granja perdida del bosque. A medianoche, el joven tiene un encuentro con una bella y enigmática mujer acompañada de un lobo. Es la primera vez que vemos en pantalla a Michelle Pfeiffer, que nos cautivó y nos enamoró en el cine solo con aquel instante (de hecho, y para muchos fans, Pfeiffer nunca ha estado tan bella como en Lady Halcón).

Poco después, entra en escena el villano del film, el malvado y abyecto obispo de Aquila, interpretado de forma tan convincente por el británico John Wood, que le convierten en uno de los malos más logrados de los ochenta. El obispo ordena a su capitán Marquet, que mate a Navarre pero salve al halcón.
Así, en una persecución a campo abierto, los guardias entran en combate con nuestros héroes y, aunque consiguen escapar, el halcón es herido accidentalmente. Navarre insiste en llevarle a un monasterio abandonado, para que un solitario monje ermitaño, Imperius (interpretado por el secundario Leo McKern), sea quien le cure.


Allí, Gastón conoce por fin la naturaleza de los extraños sucesos que le han venido ocurriendo desde que se unió al caballero Navarre, y quiénes son en realidad esa extraña y bella mujer, el halcón y el lobo. Lo que cuenta Imperius es sin duda una de las historias de amor más bellas y emotivas de la historia del séptimo arte, la de Isabeau y Navarre, “siempre juntos, eternamente separados”. Victimas del lascivo y depravado obispo de Aquila, que deseoso de obtener el favor carnal de la noble doncella, no puede tolerar que ella y el capitán de su guardia ,Etienne Navarre, se amen de forma sincera. Por ello, y, presa de la ira, los expulsa de Aquila, y lanza sobre ellos un terrible conjuro: durante el día ella será el halcón, durante la noche él será el lobo, y solo podrán verse apenas un instante en el amanecer y el ocaso.
Mientras Isabeau se recupera de su herida, Navarre cuenta Imperius su intención de volver a Aquila, entrar a escondidas ayudado por Gastón, y matar al obispo. Sin embargo, el viejo monje le dice que si lo hace sin más, el hechizo será irreversible, pero que hay una posibilidad de romper el maleficio, y es hacerlo en un día sin luz y una noche sin oscuridad, en un próximo eclipse.
Ya sabéis que, aunque sea una película muy conocida, y que los ochenters hemos visto muchas veces, no nos gusta contar el final, pero sí os diremos que es de lo más épico y romántico.

LOS ESCENARIOS Y LA BANDA SONORA

La película fue rodada en Italia, en exteriores de las regiones de Lazio, Lombardía y Veneto. La ciudad ficticia de Aquila, que administra con mano de hierro el malvado obispo, mientras él lleva una vida de lujo y mujeres, se inspira en el nombre de la capital de los Abruzzos, L’Aquila, y su fortaleza es en realidad el castillo de Torrechiara en Parma. Para el lejano monasterio, lleno de trampas, en el que habita y se da a la bebida el monje Imperius, se escogieron las ruinas de Rocca Calascio.

En cuanto a los espectaculares parajes naturales, también se rodaron muy cerca de los castillos, en la pradera alpina de Campo Imperatore, donde, casi sin efectos especiales, y solo con recursos de cámara y un excelente montaje, se rodó la impresionante secuencia de la transformación del halcón y el lobo con las primeras luces del amanecer.
En cuanto a la banda sonora, es uno de los aspectos más innovadores, aparte del diseño de vestuario, de la película, aunque no está exento de cierta controversia. Siempre hay algún purista que pone en duda la idoneidad de una partitura con música electrónica de un grupo de rock progresivo, en una película de temática medieval, y que hubiera preferido una banda sonora al uso, con música clásica de orquesta. Siendo admiradores y reconociendo el valor de la música clásica en el séptimo arte, tenemos que decir que es precisamente la original banda sonora de esta película, la que le da una de sus señas de identidad. No hubiera sido igual de emotiva, impactante y arrebatadora con una música convencional, por muy deliciosa que fuera. Es ese contraste entre la trama antigua y la música moderna, e incluso como hemos dicho, el diseño de producción y el vestuario con toques contemporáneos (y no olvidemos tampoco la fotografía de Vittorio Storaro), lo que da vigor a la película, y la convierte en lo que es. De hecho Richard Donner no tuvo ninguna duda, y, desde que puso en marcha el proyecto, y mientras localizaba exteriores en Europa, encargó a su equipo que contactara con Alan Parsons, ya que era muy aficionado al grupo.
Por otro lado, este tipo de música en las películas era la moda en los ochenta, porque, aunque algunos nuevos directores como George Lucas o Steven Spelberg, seguían apostando por la música sinfónica (en el caso de ambos del insigne e inigualable John Williams), también hay otros directores del momento, como Ridley Scott o Peter Weir, que optan por compositores de música electrónica, como el genial Vangelis, u otros ya directamente procedentes del pop o el rock como Giorgio Moroder o Brian May. Y no solo para producciones de ambientación contemporánea o futurista, sino también para películas de época, como Gallipoli en el caso de May, o Carros de Fuego en el caso de  Vangelis.
En cuanto a la banda sonora en sí, Lady Halcón es “sonido Alan Parsons”, y tiene el sello inconfundible del grupo británico, que entonces estaba en la cresta de la ola, con éxitos tan ochenters como Prime Time o Don’t answer me. Sin embargo,  gran parte de la composición corrió a cargo de Andrew Powell, habitual director de orquesta en los LPs de la banda, con Alan Parsons en la producción (algo que le apasiona también), y en labores de ingeniero de sonido, y con el resto del grupo a los instrumentos. Al parecer, solo Eric Woolfson se mantuvo al margen.

IMPLICACIONES RELIGIOSAS DE LA PELÍCULA

Otro de los rasgos de originalidad de la película es el hecho de poner como villano a un obispo, un prelado de la iglesia, algo impensable por aquellos tiempos, en los que el tema religioso de mantenía al margen o se tocaba muy de pasada, para bodas o cosas parecidas, y los eclesiásticos eran tipos bonachones o santurrones, tratados siempre desde un punto de vista positivo. Muy distintos de el de esta película, un personaje además, para el que no se ahorra ni un ápice en aberración y maldad, siempre bajo esa falsa sonrisa bondadosa del “rogando pero con el mazo dando”.
Sin embargo, en el film se trata de, digamos, “esconder” lo evidente. Por ejemplo, pese a que el personaje luce vestimenta y oropeles de prelado, no lleva símbolos que lo asocien a la iglesia católica o a otra confesión (es un detalle que pasa desapercibido, pero que en sucesivas revisiones se puede comprobar). Además, en los diálogos también se deja constancia, aunque también pueda pasarse por alto, que se ha “apartado de Roma”, y cultiva las artes malignas.


CONCLUSIÓN

Lady Halcón es hoy en día todo un clásico de nuestra querida década, y, aunque fue ignorada en los Óscar, como era habitual por entonces con films que hoy son leyenda, fue todo un éxito que la muchachada fuimos a ver al cine. Los chicos nos enamoramos para siempre de Michelle Pfeiffer, y todos en general pudimos reencontrarnos con un Rutger Hauger con el que nos podíamos identificar. Por poner tan solo un mínimo pero al film, sería quizás el papel de Mathew Broderick, que da un poco el toque de humor y se aparta del tono épico y romántico que impregna el resto de la película (eso de que se ponga a hablar solo pues puede parecer gracioso o ridículo). Sin embargo, como fans incondicionales de la película, y que la vemos siempre que la reponen, solo nos queda relamernos con la más bella historia de amor de los 80, la de Isabeau y Navarre.


Por Víctor Sánchez Escritor @VíctorSescritor







Re-Animator (1985, Stuart Gordon)


TÍTULO ORIGINAL:  Re-Animator

AÑO: 1985

PAÍS: Estados Unidos

DIRECTOR: Stuart Gordon

GUIÓN: Dennis Paoli, William Norris, Stuart Gordon.

MÚSICA: Richard Band

FOTOGRAFÍA: Mac Ahlberg

REPARTO: Jeffrey Combs, Bruce Abbott, Barbara Crampton, David Gale, Robert Sampson, Carolyn Purdy-Gordon, Peter Kent, Ian Patrick Williams, Bunny Summers, Al Berry 

PRODUCTORA: Empire Pictures / Re-Animator Productions

GÉNERO: Terror. Comedia negra.

PREMIOS:

-Avoriaz Fantastic Film Festival (1986), Mención Especial: Stuart Gordon
-Fantafestival (1986), Mejor Película: Stuart Gordon
-Fantafestival (1986), Mejores Efectos Especiales: Anthony Doublin
-Sitges (1985), Mejor Película: Stuart Gordon

SINOPSIS:

Herbert West (Jeffrey Combs) estudia en Europa métodos para devolver la vida a los muertos. Después de que su mentor muera en extrañas circunstancias viaja a EEUU, donde continuará sus experimento en la Universidad de Miskatonic. 


Stuart Gordon había cofundado junto a su mujer Carolyn Purdy-Gordon la compañía de teatro Organic Theater de Chicago. Gordon llevaba tiempo queriendo hacer una película y un amigo le aconsejó que dirigiera una de terror porque “nunca pierden dinero”. Fue en medio de una conversación acerca de que había demasiadas películas de Drácula y Frankenstein cuando alguien le recomendó el cuento Herbest West, reanimador de H.P.Lovecraft. Gordon era admirador del de Providence (realizaría más adaptaciones suyas a la gran pantalla), pero ese cuento no lo había leído. Fue en la biblioteca de Chicago donde pudo consultarlo y decidió que sería un proyecto para una serie de televisión de 13 episodios basándose en la estructura de 6 capítulos de Herbert West, reanimador.

Paralelamente, Brian Yuzna acababa de llegar a Los Angeles buscando un director para un proyecto inexistente. Fue así como conoció a Charles Band, el dueño de la mítica productora Empire (Band y su Empire merecerían un artículo aparte así que no me detendré sobre este asunto en cuestión).
Yuzna oyó hablar de un director de teatro que quería hacer una película de terror y fue así como contactó con Stuart Gordon y le convenció de convertir su idea de serie televisiva en un largometraje; así nació Re-Animator.


Dennis Paoli (amigo de la infancia de Gordon y colaborador de la Organic Theater) escribió el guión. La influencia de este en el resultado final es notable: era profesor de literatura en Nueva York especializado en ficción gótica de los siglos XVIII y XIX y conocía muy bien la obra de Lovecraft: “Lovecraft impulsó el género y lo llevó más allá en términos literarios, nosotros teníamos que hacerlo en términos cinematográficos”. Aunque esta es una adaptación completamente libre y poco tiene que ver con el estilo lovecraftiano (este hubiera detestado la violencia explícita, el humor burdo y las escenas sexuales), a partir de esta película se dispararon las adaptaciones cinematográficas de su obra.

En el guión también participó Stuart Gordon, quien , junto con Yuzna, se tragó todas las películas de terror de finales de los setenta y principios de los ochenta con el propósito de dejar este cine atrás, aunque fuese por la vía del exceso.

El tercer guionista fue William Norris,  quien ayudó a desarrollar la trama en la actualidad. 


El personaje de Meg no aparecía en el relato original, pero se creó para dar un contrapunto de cordura a las decisiones desquiciadas de los hombres. Meg fue interpretada por la mítica Barbara Crampton, quien actualmente disfruta de una segunda juventud debido al revival ochentero actual.

Charles Band fue el que recomendó a Mac Ahlberg como director de fotografía. Ahlberg se había encargado de la fotografía de casi todas las películas de la Empire y se nota en la estética de Re-Animator.

Otra aportación de Band fue el equipo de efectos especiales: Everett Burrell, Anthony Doublin, John Naulin, John Carl Buechler … Todos ellos terminaron en proyectos más ambiciosos debido a los espectaculares efectos que crearon, y más siendo artesanales.

Otro cercano a Charles Band y a la Empire fue su hermano Richard Band, quien no dudó en copiar descaradamente el tema principal de la B.S.O. del clásico de Hitchcock, Psicosis (1960).



Aparte de Barbara Crampton como Meg, la novia de Dan, los actores principales son Jeffrey Combs (Herbert West), Bruce Abbott  (Dan) y David Gale (Dr.Hill).

Destacan sobre todo las actuaciones de Combs y de Gale. El primero completamente obsesionado por reanimar a los muertos y el segundo un sádico recalcitrante. Abbott ofrece, al igual que Crampton, un papel más comedido e inocente. 

La historia es muy sencilla y sirve casi como excusa para recrearse en el “splastick” al más puro estilo de El regreso de los muertos vivientes o Posesión Infernal (1981, Sam Raimi). Así se suceden las situaciones estrambóticas con las escenas gore. 

Destaca en especial la parte final con la cabeza del Dr.Hill y su cuerpo haciendo de las suyas … Por separado … A este respecto no desvelaré nada para no estropear la sorpresa a quien no la haya visto.

El presupuesto de Re-Animator fue de 900.000 dolares y supero los 2 millones de beneficios. Dio pie a una trilogía completada con La novia de Re-Animator (1990, Brian Yuzna) y Beyond Re-Animator (2003, Brian Yuzna).

Este fue el inicio de la continua colaboración y amistad entre Stuart Gordon y Brian Yuzna.

GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA

TRAILER


ENTRADAS RELACIONADAS

El regreso de los muertos vivientes

Muere Stuart Gordon

Único Testigo (Witness, Testigo en peligro, Peter Weir, 1985)

Único testigo es todo un clásico de nuestra querida década. Este soberbio y original thriller de ambiente rural estuvo dirigido por Peter Weir, y protagonizado por Harrison Ford, Kelly McGillis y Danny Glover. Junto a ellos, el niño Lukas Haas, y Alexander Godunov.
  
EL ARGUMENTO Y LOS PERSONAJES
         El protagonista principal de la película es sin duda Harrison Ford, por entonces la más rutilante estrella emergente del Hollywood de los 80, que quería escapar un poco del estereotipo de Han Solo e Indiana Jones, y acceder a papeles con más poso interpretativo; cosa que logra con creces en el papel de John Book, un avezado inspector de homicidios de la cuidad de Filadelfia, al cargo de un aparentemente rutinario caso de asesinato en la estación de tren de la ciudad. Por este trabajo recibió su primera nominación a los Óscar, y es sin duda una de sus mejores interpretaciones.
         Su partenaire es la casi debutante Kelly McGillis (que luego haría Top Gun), y que también estuvo nominada a los Globos de Oro por hacer de Raquel Labb, la joven viuda de la secta Amish, que viaja en tren junto a su hijo Samuel, papel que recayó en el niño Lukas Haas, espléndido como el pequeño callado, observador e inteligente chaval que es testigo por casualidad de un asesinato en los baños de la estación.
La trama argumental gira en torno a este trío protagonista. Cuando Samuel identifica al asesino en comisaría (en una impactante escena sin diálogos pero llena de expresividad, y brillantemente coreografiada), la trama va a dar un giro inesperado. El asesino es otro policía, el teniente McFee (Danny Glover), un condecorado inspector de narcóticos, al que protege el propio jefe de Book, el capitán Paul Schaeffer, interpretado por otro malo habitual, el veterano Joseph Sommer. Ambos intentan matarle y amenazan la vida de la madre y el niño, por lo que John Book, herido en el estómago, tiene que huir con ellos a la campiña de Pensilvania, donde vive prácticamente aislada la comunidad Amish.
         Cuando los pone a salvo en su granja, John se marcha en coche pero cae desmallado y choca contra una pajarera.
         Obligado a permanecer con los Amish en su convalecencia, Book se convierte en un miembro más de la comunidad, adoptando su vestimenta y costumbres, y ayudando en sus tareas al abuelo de la familia, el viejo Eli Labb (Jan Rubes).
En algunas labores es un auténtico experto, como en los trabajos con la madera (recordemos que el propio Harrison Ford se ganaba la vida como carpintero en Los Ángeles cuando era un joven aspirante a actor, y se nota), en cambio no tiene ni idea, por ejemplo, de ordeñar una vaca (“creo que no ha tocado una teta en su vida”, le dice el viejo Eli Labb. “Tan grande, nunca”, se defiende él).
         En el cuerpo de policía, Book solo tiene el apoyo de su compañero Carter, interpretado por Brent Jennings. Eliminado por la mafia policial, John ya solo cuenta con sus propios medios y la aislada e incomunicada sociedad Amish.
         Sin embargo, por un error fatal, son descubiertos y John Book se tendrá que enfrentar a su destino en una secuencia final llena de acción y violencia.

¿QUÉ SON LOS AMISH Y CÓMO SE LES RETRATA?
         Si bien la película comienza en un entorno urbano, la ambientación principal se desarrolla en la comunidad Amish, una secta etnoreligiosa de origen protestante anabaptista, que se caracteriza por su rechazo a toda tecnología posterior a finales del siglo XIX, por lo que carecen de electricidad, teléfono o vehículos a motor. Tienen un estilo de vida rural, pacífico, y humilde, basado en el trabajo en el campo. Llevan una vestimenta sencilla y profesan un fundamentalismo religioso rayano en la intolerancia. Son descendientes de inmigrantes germanoparlantes, sobre todo del norte de Suiza y el sur de Alemania.
         En la película son retratados con bastante fidelidad, según la crítica, aunque sobre todo haciendo hincapié en su faceta más positiva de bondad, sinceridad, solidaridad y ética de trabajo. Y un poco menos en otros aspectos más sectarios relacionados con la religión, la discriminación o la xenofobia, que quedan un poco diluidos en frases como “ten cuidado con los de origen inglés” del abuelo Labb.
         Al principio, cuando Raquel y Samuel viajan en tren (no pueden hacerlo en avión), a visitar a unos familiares, todo les resulta extraño y amenazador. El pequeño jamás ha visto un hombre de color, ni por supuesto, un asesinato, y queda espantado.
         También se puede ver claramente como esta comunidad es tomada como atracción turística por los visitantes de los condados de Pensilvania donde viven, que los ven como una rareza local a la que hacer fotos (cosa que ellos aborrecen). Es precisamente el enfrentamiento de John Book con unos fanfarrones que están mofándose de Daniel Hochleitner (Alexander Godunov), que pese a ser un hombre joven y fornido no puede usar la violencia para responder, el que alerta a la policía de su presencia, hasta entonces imposible de localizar entre las numerosas e incomunicadas granjas.
         También se evidencia en la película su rechazo a la violencia y las armas. Book es reprendido cuando permite al pequeño Samuel, con el que entabla una relación casi de padre e hijo, jugar con su pistola, y Raquel se la esconde en un bot de conservas. Tras este incidente, el abuelo Eli explica a su nieto, entre otras cosas, que los Amish rechazaron ser reclutados en las guerras del pasado.

DOS GRANEROS, DOS ESCENAS MEMORABLES
         Como vamos viendo, la película está repleta de momentos memorables, pero sin duda los más emblemáticos, junto con el que ya hemos mencionado de Lukas Haas señalando al asesino en comisaria, son las dos escenas que ocurren en sendos graneros, una de noche y otra de día:
         La primera sucede en la granja de los Labb:
         Aunque Raquel tiene un pretendiente “oficial”, su vecino, el mencionado  Daniel Hochleitner, con el que apenas se roza, a medida que ella y John Book se van conociendo, la chispa del amor va a surgir entre ellos dos (espectacular, por cierto, la química que destilan ambos actores). Esta atracción va a tener su punto álgido cuando, una noche, John, ya casi repuesto, está con ella en el granero arreglando el coche para marcharse. Por casualidad, se enciende la radio y empieza a sonar un clásico de todos los tiempos, “What a wonderful world” de Sam Cook. Emocionado, John empieza a cantar y a bailar con Raquel (algo prohibidísimo en su secta), y en pleno éxtasis de risas, cuando están a punto de besarse, les sorprende el viejo Eli, que les reprende severamente, especialmente a Raquel.
Escena del granero:
         La segunda es la famosa escena de la construcción del granero para una joven pareja de recién casados, en la que participa toda la comunidad.
Para aprovechar sus habilidades como carpintero, el viejo Eli convence a John para que colabore también. Para esta secuencia, Peter Weir también optó por prescindir casi por completo de los diálogos, y los espectadores seguimos todo el trabajo en común de grandes y pequeños únicamente acompañados por la espléndida partitura de Maurice Jarre.
Aquí se puede ver de forma muy clara la diferencia de sexos: mientras las mujeres y las niñas bordan el ajuar, y preparan y sirven la comida, los hombres y los niños levantan la estructura, hacen agujeros en las vigas y martillean los clavos.
Al final del día, el granero está terminado.
Como curiosidad, a lo largo de toda la secuencia se puede ver junto a Harrison Ford a un por entonces jovencísimo y desconocido Viggo Mortensen.

Escena de la construcción:


EL PODEROSO FINAL DE LA PELÍCULA
         Pese a que la mayoría de la gran familia ochenter habréis visto la película, puesto que es todo un clásico y es repuesta una y otra vez en televisión, ya sabéis que no nos gusta contar el final en nuestras reseñas. Sí os diremos que, tras casi toda la película metidos como espectadores, casi participantes, en la comunidad Amish, el choque de contrastes entre la granja anclada en el siglo XIX, casi al estilo de la “Casa de la pradera”, y la llegada de un moderno automóvil del que los tres malvados policías sacan sus fusiles, impacta casi tanto como las trepidantes y violentas escenas de lucha entre Book, y McFee, Schaeffer y Fergie (Angus MacInnes). Tres contra uno, pero no cuentan con los Labb, especialmente con el pequeño Samuel, que se las apañará para ayudar sin utilizar la violencia.

CONCLUSION
La película fue un éxito de crítica y público, y recibió ocho nominaciones a los Óscar, entre ellas mejor película, mejor director, y mejor actor principal, y obtuvo dos estatuillas, mejor guión original y mejor montaje. Un premio exiguo, podríamos decir, pero es que aquel año competía con títulos como Memorias de África (que se llevó siete galardones, entre ellos mejor película), El honor de los Prizzi, Ran, Cocoon o incluso Regreso al futuro.
Aparte de la originalidad de situar en el centro de la trama a la secta Amish, que, sobre todo para el público español y europeo en general, era totalmente desconocida, también el hecho de que los malos sean en este caso policías, le da un toque contracorriente muy innovador (detrás de la película está la productora The Ladd Company, de Alan Ladd Jr., el hombre que saco la cara por George Lucas ante los escépticos gerifaltes de la Fox que desconfiaban de La guerra de las galaxias).
Además, el ritmo pausado, acompañado de la magnífica banda sonora de Maurice Jarre, a ratos sinfónica, a ratos New Age, con notas largas, hace que el espectador se sitúe en esa atemporalidad en la que viven los protagonistas.
Luego esa historia de amor imposible, inconclusa entre John y Raquel, que termina… como tiene que terminar, con el personaje de Godunov enfilando confiado el camino de la casa de los Labb. Esa inocencia del niño Lukas Haas, al que Book regala un juguete de madera antes de arreglar la pajarera que rompió al llegar. Son tantos y tantos momentos.
Así que ya solo nos queda decir: Tened cuidado con los de origen inglés.

Por 








Una habitación con vistas (A room with a view, James Ivory, 1985)


         
Ochenters, recordamos la deliciosa “Una habitación con vistas”, un melodrama romántico y costumbrista ambientado a principios del siglo XX, en la Florencia de los inicios de lo que hoy conocemos como turismo, y en la Inglaterra eduardiana encorsetada por los convencionalismos de clase.
        Dirigida por el especialista James Ivory, y basada en la novela homónima de E. M. Forster, cuenta en sus papeles principales con los por entonces jovencísimos Elena Bonham-Carter, Julian Sands y Daniel Day-Lewis, junto a excelentes veteranos como Maggie Smith, Delholm Elliot o Judi Dench.
         La película tiene una estructura en actos, separados incluso por carteles como si fuera una película muda. La primera parte sucede en Florencia, en la soleada y bucólica Toscana italiana, y las dos restantes en la campiña de Surrey, a las afueras de Londres.

EL ARGUMENTO Y LOS PERSONAJES
         La trama gira en torno a las tribulaciones y angustias de Lucy Honeychurch, una joven confusa, indecisa e inconformista, de clase acomodada, interpretada por una estupenda Elena Bonham-Carter, que más tarde se convertiría en actriz de carácter, fetiche de Tim Burton e icono del cine fantástico con títulos como “El planeta de los simios” o Harry Potter.
         En un rasgo de absoluta originalidad del director James Ivory, la protagonista de “Una habitiación con vistas” es una joven muy alejada del arquetipo y el canon habitual, y no solo en el cine de Hollywood sino de la propia novela clásica británica. Nuestra heroína no es una esbelta belleza de cabellos rubios y lánguidos suspiros, sino una enérgica joven menuda, de piel macilenta, con rasgos redondeados y una melena rojiza de rizos descontrolados que disimula con unos peinados extravagantes, que juega al tenis e interpreta a Veethoven al piano.
Su madre, una viuda adinerada, harta de sus dudas, la envía a un viaje de placer por el continente junto con su prima, más bien parece su tía, Charlotte Bartlett, una madura solterona con aire más victoriano que eduardiano, estirada hasta el extremo, presa de la etiqueta y el "qué dirán", e incapaz de mostrar lo que realmente piensa o siente. Un papel que venía como anillo al dedo a la siempre efectiva Maggie Smith, especialista en ese tipo de roles tanto en el cine como en la televisión, y a la que recientemente hemos visto, ya muy veterana, como profesora de Harry Potter.
El viaje las lleva  a la renacentista y evocadora Florencia de los Medici. En la pensión donde se alojan (en la que Charlotte se queja de que no tengan “una habitación con vistas” a los monumentos de la ciudad), coinciden con un grupo variopinto de anglosajones. Entre ellos, una famosa escritora (Judi Dench), y los Emerson, un padre y un hijo, interpretados por el siempre impecable Delholm Elliot (secundario de lujo al que hemos visto, por ejemplo, en Indiana Jones), y el jovencísimo Julian Sands (que protagonizó “Warlock el brujo”, pero al que su prematura alopecia le condujo después a papeles de malvado o secundario).
El señor Emerson (Elliot) es el arquetipo de hombre culto y librepensador, padre comprensivo y tolerante. Un aparente despistado, pero que se entera de todo, y es certero en sus comentarios. Tiene una excelente relación con su hijo, y ambos se adoran. George Emerson (Sands) es el joven que todos queríamos ser: sencillo, noble, determinado y de elevados ideales (lo de alto, rubio y guapo viene ya por añadidura).
En un arrebato impulsivo, George besa a Lucy en una excursión por la Toscana, y la recoge cuando cae desmayada en plena escalinata de la Piazza della Signoría tras presenciar una reyerta con sangre entre dos jóvenes florentinos. Entre ellos ha surgido la chispa del amor.
Sin embargo, a su vuelta del viaje, no se vuelven a ver, y Lucy regresa a los corsés de la vida de la clase alta en la Inglaterra eduardiana, y, sin saber cómo, se ve comprometida con un joven adinerado, Cecyl Vyse (un Daniel Day-Lewis lejos del status de héroe que alcanzaría con “El último mohicano”). Cecyl es un personaje mezquino, superficial, insulso a más no poder, incapaz hasta de dar un beso; en lenguaje coloquial, un auténtico panoli. Lucy lo tolera, pero no le gusta, y en secreto sueña con su amor perdido, el descontrolado y pasional George Emerson al que nunca volverá a ver.
En su angustia y su lucha interior solo encuentra consuelo en su hermano pequeño Freddy, un adolescente descarado y divertido interpretado por Rupert Graves, y también en un amigo de la familia, el reverendo Beebe (Simon Callow), Un personaje delicioso, que casi nos reconcilia con el clero, aunque en este caso sea el anglicano, siempre menos siniestro y ultramontano.

Sin embargo, no todo está perdido para Lucy, porque, una casualidad del destino, hace que los Emerson, sin saberlo, alquilen una pequeña casa muy cerca de la suya.
Pronto, George y Freddy se hacen amigos y empiezan a coincidir, ya sea en una partida de tenis o en un paseo por el bosque, como en la divertida e inocente secuencia la que los dos jóvenes se están dando un baño en una charca y convencen al reverendo para que una a ellos en una escena de desnudos masculinos muy poco habitual en el cine, incluso en los menos recatados ochenta. Mientras juegan a tirarse agua, les pillan Lucy y Cecyl, que pasean junto con su madre, la señora Honeychurch, y tienen que huir a la carrera mientras el pacato Cecyl trata de apartarlas la vista.


EL TRASFONDO DEL FILM
“Una habitación con vistas” es una película diferente incluso en el contexto del cine de los ochenta. Un film con aire de pieza de cámara, que trata sobre una mujer que lucha contra la rígida educación y los convencionalismos de su época, una joven que despierta al mundo, ansiosa por asumir sus propios anhelos más que engañarse a sí misma y a la sociedad que le rodea, y toma las riendas de su destino en un proceso que la lleva a la madurez.
James Ivory aprovecha el éxito de “Pasaje a la India” (David Lean, 1984), para hacer una nueva adaptación de una novela de E. M. Forster, un autor cercano al círculo de Bloomsbury, amigo de Keynes y Litton Strachey, y que fue retratado por Dora Carrington. En esta, como en otras de sus novelas, se abordan las diferencias de clase y la hipocresía de la sociedad británica.
Además, en la película juegan un papel importante la escenografía, la ambientación, y la música, que acompañan en su devenir emocional a la protagonista. Así, las estatuas de la Piazza della Signoría y el episodio de violencia reflejan la turbación personal  de Lucy, a la que siguen unas hojas que caen al río. También el aria “O mio babinno caro” de Puccini, que suena en el momento en que tiene que tomar una decisión, el divertimento que toca junto a su hermano al piano, que es una variación del que vemos en la famosa escena del “piano de pies” de “Big”, o la energía de Lucy que hace exclamar al reverendo que “una joven que interpreta a Veethoven con esa pasión no puede ser débil de ánimo”.
Incluso Ivory distingue entre la alambicada y convencional urbanidad que atrapa a los personajes,  en contraposición con el verdor de la naturaleza en la que son libres, felices y dan rienda suelta a su emociones, como el beso de Lucy y George en el prado de amapolas de la Toscana, o el jovial baño desnudos en la charca del bosque, de los muchachos.

CONCLUSION
         “Una habitación con vistas”, rodada con muy poco presupuesto, se convirtió en la película más rentable de James Ivory, y también en una pequeña joya imprescindible, y que se revisiona con agrado como si no hubieran pasado los años. Además, recibió tres premios Óscar en 1987: a la mejor dirección de arte y escenografía (Gianni Quaranta, Brian Ackland-Snow, Brian Savegar, Elio Altramura), mejor diseño de vestuario (Jenny Beavan y John Bright), y mejor guion (Ruth Prawer Jhabvala).

Por Víctor Sánchez González