Presentación

Amantes de mundos fantásticos, bisoños aventureros en busca de tesoros, criaturas de la noche, princesas estudiantiles y fanáticos de cachas de postín, ¡sed bienvenidos!. Invitados quedáis a rebuscar en nuestra colección de VHS, acomodar vuestras posaderas en una mullida butaca, darle al play, y disfrutar de lo bueno, lo malo y lo peor que dieron estas décadas.

ADVERTENCIA: Aquí no se escribe crítica cinematográfica (ni se pretende). Las reseñas son altamente subjetivas y el único objetivo es aprender y disfrutar del cine y, por supuesto, de vosotros.
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Wolfen (1981, Michaell Wadleigh) Lobos Humanos


Cuando escribí el artículo de Un hombre lobo americano en Londres comenzaba diciendo esto:

Al igual que ocurrió con el subgénero vampírico, y tras la edad dorada de las producciones de la Universal, la Hammer y las protagonizadas por nuestro querido Paul Naschy, las películas de licántropos decayeron en una suerte de autoparodia involuntaria causada por una repetición sistemática de clichés que las condenaron a su estancamiento. Pero los años ochenta no sólo supusieron una eclosión de nuevas ideas, sino que se apostó por proyectos muy arriesgados que germinaron en un crisol de híbridos en cuanto al desdibujamiento de las fronteras de géneros. Si a esto le sumamos una mejora radical de los efectos especiales y visuales, nos encontramos frente a una década en la que se revitalizó el género de terror en general y el universo de los vampiros y los hombres lobo en particular.

Si en el mundo de los vampiros nos encontramos con la visión vanguardista de El ansia (1983, Tony Scott), la comedia-terror de Noche de miedo (1985, Tom Holland), los vampiros adolescentes de Jóvenes ocultos (1987, Joel Schumacher) o el western crepuscular de Los viajeros de la noche (1987, Kathryn Bigelow), en el caso de nuestros amigos los licántropos hay tres películas fundacionales que rompieron ese anquilosamiento propio de décadas anteriores, y todas ellas se estrenaron en 1981: Aullidos (Joe Dante), Lobos humanos (Michael Badleigh) y Un hombre lobo americano en Londres (John Landis) – En compañía de lobos (1984, Neil Jordan) es otro título muy reivindicable por su universo onírico y exploración de ese mal seminal escondido en los cuentos clásicos- . Aullidos, que ostenta el privilegio de ser la primera en estrenarse y por eso una de las más influyentes, rompe con la tradición del hombre lobo solitario y nos ofrece un espectáculo de terror con trasfondo psicoanalítico; Lobos humanos, tras su envoltorio de investigación policíaca y thriller, esconde una crítica social y ecológica solemne; Un hombre lobo americano en Londres reconstruye la clásica película El hombre lobo (1941, George Waggner) en una nueva versión contemporánea; la de John Landis.


Aclarado, pues, el contexto, vamos con la película que nos ocupa.

Aunque está basada en la novela de Withley Strieber no es de extrañar que tras Lobos humanos se esconda una  fábula ecológica con gran carga de crítica social siendo un trabajo de Michael Wadleigh. Y es que aparte de haber dirigido el documental Woodstock (1970) sobre el afamado y homónimo festival musical que supuso el culmen del movimiento hippie, Wadleigh, es en la actualidad - completamente apartado de la industria cinematográfica-  un destacado activista ecológico.

Con un inicio demoledor en el que que intercala planos de la visión subjetiva del atacante y de las inminentes víctimas, junto con esa música inquietante a manos del compositor James Horner (en uno de sus primeros trabajos) unida al sonido de los carrillones de viento, Wadleight da a entender que se ha dedicado a esto del terror toda su vida, cuando, en realidad, supone tanto su primera incursión en el género como su debut (y obra final) cinematográfico.



Wadleight juega con la ambigüedad mezclando personajes estrafalarios como el detective Dewey (Albert Finney), el forense (Gregory Hines) o el zoólogo (Tom Noonan) , ácidos diálogos ("-¿Por qué te hiciste policía? - Porque me gusta matar-") y una supuesta trama terrorista internacional con la especulación urbanística,  haciéndonos creer, además, que algunos de los nativos indios son verdaderos licántropos. 

Todo esto queda envuelto en una atmósfera de terror y misterio que nos ofrece grandiosos momentos como el mencionado inicio o un final tremebundo en el que destacan las escenas de los espejos y la decapitación.




Para cuando nos enteramos del origen de los wolfen (lobos humanos), Wadleight ya ha cumplido su misión: ofrecernos, tras un envoltorio de entretenimiento, un mensaje ecológico, político y social cargado de connotaciones religiosas (espirituales).

Aún así, no queda del todo claro la naturaleza de estas entidades. ¿Son una especie de lobo ancestral? ¿Son proyecciones animistas provocadas por los indios?

Quizás la versión original del director nos hubiera explicado mejor este punto, pero esta jamás vio la luz; uno de los motivos, sin duda, de que Wadleight abandonase la industria cinematográfica.

Una verdadera lástima.

Germán Fernández Jambrina




Condorman (1981/ Charles Jarrot) Condorman

 

Bienvenidos de nuevo al blog queridos y queridas #Ochenters .
Esta vez os traigo una de las joyas que habéis demandado que trayésemos vía redes sociales. Hoy llega Condorman, de la cual por cierto ya disponéis del episodio en nuestro podcast.


Con un reparto de lujo encabezado por Oliver Reed, seguido del bellezòn Bàrbara Carrera y acabado en nuestro protagonista, el ganador de un Tony por el Fantasma de la Òpera, Michael Crawford. 
Basada en la novela de Robert Sheckley Condorman es la historia de un dibujante de cómics, cuyo objetivo es que sus còmics sean lo màs realistas posibles, presentar un superhéroe alejado de lo que podría ser Superman, que puede volar gracias a sus alas mecànicas impulsadas por su propia fuerza ,pero que aquello que hacerlo puede realizar cualquier persona con el entrenamiento adecuado.
Con un presupuesto de 14 millones de dòlares y amparado bajo el manto de Disney, Condorman era una de las apuestas más ambiciosas de la casa del ratón Mickey, pero el batacazo en taquilla fueran monumental que se desestimaron las secuelas planeadas.
A pesar del batacazo, el auge del mercado de alquiler en los años ochenta, hizo posible que la película se convirtiese en una joya de culto y hoy en día es muy recordada por diversos aspectos que detallaré a continuación.

Desde la intro, bañada en la maravillosa BSO de Henry Mancini, con tonos sesenteros , estilo la Pantera Rosa y mezclando en ese mismo estilo imagen real con dibujos animados.
La película es una oda al cine de superhéroes sí, pero también al cine de espías de James Bond o el tono de comedia de la Pantera Rosa .
Es un divertimento puro, desde el traje cantoso ( muy ochentero) hasta las escenas de acción muy bien rodadas , sobre todo las persecuciones en coches , donde el Nova Sterling a tope de gadgets cual Aston Martín de James Bond coge todo el protagonismo, deshaciéndose de los Porches guiados por Brocknoviak o aquellas escenas que tienen lugar en alta mar con una persecución muy del estilo de la que pudimos ver en Desde Rusia con amor (otra vez el guiño a la saga Bond), sin olvidarnos del desmadre en una boda. Escena completamente improvisada, puesto que los novios eran pareja real y fueron Michael Crawford y Bárbara Carrera los que idearon toda la escena para alegría del director que quedó tan contento con el resultado de la toma, que no dudò en ponerla en la película.
Tampoco podemos olvidarnos de la pelea de Woody /Crawford en Turquía con los agentes de la KGB,muy deudora de las còmicas peleas que tenía Clouseau con Sato o los diferentes villanos a los que se enfrentaba y para el final dejo la cachaba de repetición que vemos en las escenas de la antigua Yugoslavia y que debería ser el outfit viejuner por excelencia 


En cuanto al reparto, las actuaciones son más que correctas, con un histriònico Michael Crawford encarnando a nuestro héroe, seguido por la exuberante Bàrbara Carrera en modo pre Domino de Nunca adictas nunca jamás y que aquí ejerce su rol de espía rusa disidente, con suma elegancia y alejada del rol de mujer florero que muchas veces abundaban en las producciones de la época y por último tenemos al villano de la función, Oliver Reed que aquí a pesar de su escasa participación, inunda con su carisma la pantalla, cada vez que aparece, encarnando a Kuvkov.
Pero no puedo olvidarme de dos secundarios de lujo, uno conocido por ser el padre de Michael J.Fox en Teen Wolf, James Hampton y que aquí es el colega de Woody, miembro de la CIA y que es quien mete a Woodyen toda la trama y por último no podemos olvidarnos del jefe de la CIA , interpretado por Dana Elcar, quien años màs tarde sería el jefe de MC Gyver.



Nota Ochenter: 7.5/10
Lo mejor: Divierte, no ha envejecido mal y tiene mucho carisma
Lo peor: Oliver Reed sale poco y no hubo trilogía 

José María Molano

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The Monster Club (1981/ Roy Ward Baker) El club de los monstruos

 

Iniciamos el año 2021 , trayendo al blog una entrañable , entretenida y muy , pero que muy disfrutable película, la cuál además tenéis disponible en Amazon Prime queridos ochenters.
Hoy os traigo a tomar un sorbo de la mejor sangre o un zumo de tomate, eso ya a vuestro refinado gusto, al mejor club de Londres: El club de los Monstruos


TRAMA:
Basada en la novela homónima del escritor R.Chetwynd-Hayes y cuyo personaje encarna de manera sólida John Carradine en la película. La obra es un homenaje en tres episodios , a todo el cine de la Hammer de los sesenta y los setenta y con ciertos guiños a cómics de terror del estilo Creepshow.
Narra como un vampiro hambriento ( Vincent Price) pide ayuda para comer a un transeúnte. Éste dispuesto a ayudarle, sin saber que es un vampiro, se ve sorprendido cuando le muerde el cuello y le absorbe la sangre, pero a cambio de su bondad, le introduce en un club frecuentado por todo tipo de monstruos y dónde le asegura que puede hallar la inspiración para su siguiente obra.
En dicha trama, va a haber tres episodios, si bien la idea era que hubiese seis, con los seis reyes del terror del momento , a saber: Christopher Lee, Peter Cushing, Klaus Kinski, Vincent Price, Donald Pleasance y John Carradine.
Al final se cayeron Kinski, Cushing y Lee, pero hubiese sido un puntazo ver tanto talento junto en la gran pantalla, una especie de la Liga de la Justicia del terror vamos.
EPISODIOS:
Dividida en tres episodios, con una peculiaridad, entre cada uno hay un intermedio donde un grupo toca una canción (ochentera por supuesto).

Episodio 1: El silbante
Un impagable James Laurenson , con un maquillaje y un peinado que acrecenta su aspecto demacrado, protagoniza el primer episodio.
En este episodio es un especimen, cuyo poder es tener un silbido tan potente que quema por completo a quien lo presencia. Vive en una mansión apartada y decide catalogar todo su patrimonio , pero necesita la ayuda de alguien, una secretaria, encarnada por Bárbara Kellerman, quien tiene el objetivo de hacerse con todo su dinero, influenciada por su novio Simon Ward, todo un caradura y a quien pudimos ver en muchas películas de terror y bélicas, por su aspecto de nazi cabronazo. 
Pero a pesar de hacer beber los vientos por ella al señor Laurenson, éste descubrirá sus intenciones y el final será muy macabro, con ella entrando completamente consumiéndose por el silbido mortal en casa de su socio, quien quedará traumatizado por tal atrocidad. 
En este episodio destaca también, el baile, en homenaje al Baile de los Vampiros o a como queda un felino tras sufrir el silbido de Laurenson .

EPISODIO 2: EL VAMPIRO
Divertido. No merece otro adjetivo. 
Un vampiro se hace pasar por padre modelo, mientras duerme de día y hace creer a su hijo que trabaja de noche, "en el negocio de la alimentación, una chupadita, un mordisquito y a cambio recibo una compensación gastronómica", eso explica a su hijo, a quien le advierte que desconfíe de los que llevan un estuche de violín.
El vampiro encarnado por Richard Johnson (en un rol destinado en principio para Klaus Kinski, lo cuál hubiese cambiado seguro el tono del episdio ), bebe del Drácula de Langella y los caza vampiros del violín ( es decir , los que llevan estaca y martillo) son fieles deudores de aquellos caza vampiros que vimos en las películas de la Hammer y que aquí tienen un añadido cariz cómico, donde brilla la presencia de Donald Pleasance a quien recordamos por su rol en el Príncipe de las Tinieblas o Masters del Universo y que aquí es un Van Helsing de pacotilla, que no sólo es incapaz de matar al vampiro ( un vampiro con chaleco anti estacas), si no que él mismo recibe una mordida y es empalado por sus compañeros.
Ojo al papel de la mujer del vampiro , encarnado por Britt Ekland, Bond girl en el Hombre de la pistola de oro y quien fuese esposa del añorado Peter Sellers.

EPISODIO 3: El CEMENTERIO
Para mí mi favorito.
Atrapa la esencia de todo lo Hammer. Esencia british, aroma a podredumbre, muertos que huyen de las cruces , que no penetran en terreno Santo.
Un director en busca de localizaciones se pierde en un páramo inhóspito marcado por una niebla made in England, donde los muertos se han levantado de sus tumbas y buscan carne fresca para entregar a los viejos, los creadores de aquel mundo, los creadores de la niebla.
La única posible salvación del director es una medio humana que habita en aquel páramo, pero el final no será el esperado ,como tantas y tantas historias de terror de la Hammer.
De esta pieza, cabe destacar la secuencia en la que se nos cuenta el origen de todo, mediante un cómic y sobre todo, la niebla, la jodida niebla que inunda el páramo 
EPÍLOGO:
La película es una joya muy reivindicable, con un tono ochentero en lo que se refiere a las escenas musicales en el club , amén de parecer más una fiesta de carnaval que otra cosa y donde tanto Price como Carradine se divierten con sus roles, especialmente Price, a quien le iba como anillo al dedo su papel de narrador, cosa que queda clara en el brillante final con su monólogo para convertir en socio del club a Carradine y donde se deleita en los modos en los que un ser humano puede acabar con otro .
Si bien la película nunca se estrenó en cines en USA, eso no evitó que fuese una película de culto rápidamente y a ello ayudó mucho Elvira y su programa en la tv yankee.
Además para Price fue su primer y único papel de vampiro y eso junto a unirse a su colega Carradine, fue lo que le atrajo de esta película.
Si os interesa hay una versión con algunos extras en Blue Ray del año 2015, si bien la versión de Prime no está nada mal.

Nota ochenter: 7/10 .







De vuestros niños de cincuenta años: Homenaje a “Los payasos de la tele”



Ochenters, suerte tuvimos de vivir aquellos años y aquella tele, con Los payasos, Félix Rodríguez de la Fuente, Gloria Fuertes… Ellos nos hicieron como somos, junto a nuestros padres claro, y les debemos, como a ellos, lo que somos. Por eso vamos a dedicar unas emotivas y cariñosas líneas a aquellos locos vestidos de rojo, que tanto nos hicieron reír, en aquellos años en blanco y negro, a los que empezaba a llegar el color. Ay, aquellos sábados por la mañana con Gaby, Fofó, Miliki, y los demás… ¿Cómo están Ustedes?... ¡Bien!

EL ORÍGEN DE LA LEYENDA
Nuestros héroes vienen de una familia de payasos circenses que se remonta al siglo XIX, y comenzaron en la profesión en los felices años treinta de nuestro siglo, nada menos que en el mítico Circo Price, pero, después de la guerra, fueron de los tantos que emigraron a Hispanoamérica en busca de una vida mejor.
 
Su primer destino fue la soleada y caribeña Cuba, donde los tres hermanos Aragón, Gabriel (Gaby), Alfonso (Fofó) y Emilio (Emilín en un principio, aunque pronto se lo cambiaría por Miliki), comenzaron a hacer sus pinitos en televisión, lo que les hizo conocidos también en México (donde se iniciaron en el cine), Venezuela e incluso Estados Unidos. Su siguiente destino sería Puerto Rico, donde estarían desde 1965 hasta 1971, con el programa El Show de las 5, uno de los más vistos y recordados en la historia de la televisión en aquel país. Luego recalaron en Argentina, donde, ya con la incorporación de Fofito, hijo de Fofó, tienen también su propio Show televisivo y ruedan más películas.
Su éxito en Hispanoamérica hace que una TVE con aires de renovación se fije en ellos, y en 1972 les contrate para el programa El gran circo de TVE, que pasaría a sustituir a Los Chipitirifláuticos.
Su carisma, su talento, y esa conexión mágica que, como Félix o Gloria Fuertes,  tenían con el  público infantil, hizo que alcanzaran un éxito arrollador, y, ya conocidos como Los payasos de la tele, se convirtieran en todo un fenómeno televisivo y social en la España de los setenta y primeros ochenta.

LOS PAYASOS UNO A UNO
         GABY: Su papel era del serio del grupo, el que, supuestamente ponía orden en el caos de los demás. No vestía de payaso, como los otros, sino de frac, y siempre iba un poco al margen de ellos. Tocaba el saxofón.
         FOFÓ: Pese a no ser el mayor, era el que hacía las veces de jefe, el que mandaba (por lo menos entre los de la nariz de payaso), el que quedaba siempre por encima en las situaciones cómicas, y el que llevaba la voz cantante, también en las canciones. Su instrumento era la trompeta. Pese a ser a veces brusco y mandón, era el personaje más querido, hasta el punto de que su fallecimiento inesperado en 1976, fue una tragedia para los niños de entonces, y de un impacto social a nivel nacional, similar al que tendría cuatro años más tarde la trágica muerte en accidente de avioneta del gran Félix Rodríguez de la Fuente, en 1980, de la que también nos enteramos un sábado por la mañana. Siempre nos emocionamos al recordar estos momentos, como al ver la estatua dedicada al Fofo en la entrada al Parque de Atracciones de Madrid.
         MILIKI: Su personaje era quizás el de mayor poso interpretativo, y el que más calaba en la chavalería. Era el más noble, el más soñador, siempre risueño, y también atolondrado. Su instrumento era el acordeón. Al fallecer su hermano Fofó, fue el que, digamos, tomo la jefatura del grupo, aunque siempre con un aire mucho más benévolo y tolerante, también el liderazgo en las canciones, dándoles un toque más entrañable, y también pasó a ocupar el primer lugar en el corazón de los niños.
         FOFITO: Al ser el más joven, era también el más alocado, el más procaz y el que decía siempre la mayor tontería. Tocaba la guitarra, y hoy es el único del cuarteto original que todavía vive, aunque el resto estén siempre en nuestros corazones.
         MILIKITO: Hijo de Miliki, se incorporó al grupo tras el fallecimiento de Fofó. Con una sólida formación musical (es pianista), y un talento natural como mimo, tenía escasa experiencia ante las cámaras, y por ello inicialmente se decidió que fuera mudo (al estilo de Harpo Marx), y se comunicara agitando un cencerro en vez de una bocina como aquel. Sin embargo, más adelante, “recuperó milagrosamente la voz”, revelándose como un excelente payaso. Quizás por ello, dejó el circo en 1981 para emprender carrera en solitario, inicialmente como humorista y cantante (recordemos su mítico programa de gags al estilo Paul Hogan, Benny Hill o Saturday Night Live, Ni en vivo ni en directo), para luego convertirse en presentador y productor con la llegada de las televisiones privadas.
         RODY: Hijo pequeño de Fofó, fue el último en incorporarse a la troupe, entre 1982 y 83, cuando Milikito dejó el show, y éste paso a llamarse, en su última etapa, El loco mundo de los payasos. Rody se pintaba la cara de negro y se caracterizaba de afrocubano. En las últimas décadas, ha sido también el que ha seguido un poco el legado circense de la familia con giras por España, algunas junto a su hermano Fofito.
 
         A estos componentes también habría que añadir a Rita Irasema, hija de Miliki, que, junto a su padre, presentó una variante del programa entre 1993 y 95.

EL CIRCO Y SUS CUATRO PARTES
         El programa se grababa inicialmente en una carpa de circo, en Madrid, con un enloquecido público infantil llenando la grada, normalmente colegios enteros llevados allí en autobús. Comenzaba con la famosa canción que todos recordamos y sabemos tararear: Había una vez… Un circo que alegraba siempre el corazón…
Luego se dividía en cuatro partes:
LA PRESENTACIÓN: Los payasos salían de uno en uno preguntando a los niños del público ¿Cómo están ustedes?... ¡Bien! Cuando los cuatro estaban en pista, hacían un breve entremés cómico al estilo de los payasos del circo clásico.

LA ACTUACIÓN: Era un número de circo, alternando malabaristas, equilibristas, domadores, trapecistas, etc.
LA AVENTURA: Era el momento preferido de los seguidores del programa. Se trataba de una escena de unos 10 minutos de duración, ambientada a modo de telecomedia, en la que los payasos vivían una peripecia cada vez en un lugar distinto, y en la que participaban también otros actores. Entre ellos el personaje recurrente del Señor Chinarro, muy querido también por la audiencia infantil, interpretado magistralmente por el actor Fernando Chinarro, que hacía de un tipo normal, que se veía envuelto en las locuras de los payasos, y se desesperaba con sus tonterías. Hay que decir también que las aventuras muchas veces tenían moraleja, y también las utilizaban para hacer pedagogía (aprender las tablas numéricas, por ejemplo).



LA CANCIÓN: Para terminar el espectáculo, los payasos cantaban una de sus populares canciones, siempre con la participación de los niños del público, y con la ayuda de sus instrumentos musicales. 


AQUELLAS INOLVIDABLES CANCIONES
          Vamos a reseñar tan solo algunas de ellas, las que nuestra generación más recuerda, y también comentaremos su intencionalidad, siempre didáctica o festiva, y, por supuesto, contextualizada a la época:
         HOLA DON PEPITO, HOLA DON JOSÉ: Es quizás la canción más popular junto con la que comentaremos después, La gallina turuleca. Habla de dos señores que se encuentran por la calle y se saludan. Ensalza el valor de la amistad y las buenas costumbres. Como en casito todas, contaba con la participación del público infantil haciendo de coro, y respondiendo al Hola Don Pepito… con un Hola Don José… ¿Pasó usted por mi casa?... Por su casa yo pasé…
         LA GALLINA TURULECA: Como ya hemos comentado, otra de las más recordadas. Tiene una intención didáctica, para ayudar a los más pequeños a aprender los números, porque cuenta la historia de una gallina que ha puesto un huevo, ha puesto dos y ha puesto tres…
         EL AUTO NUEVO: Es la canción por la que más se recuerda a Fofó, también la más divertida, y en la que los niños nos lo pasábamos en grande, porque aparte de cantar, había que hacer movimientos con las manos y el cuerpo (llevar el volante, el tunel, los baches, las curvas…). Su intencionalidad era sobre todo lúdica, aunque, como era constante en ellos, los payasos siempre ensalzaban los valores familiares, y también en este caso la prudencia en la conducción. El viajar es un placer, que nos suele suceder. En el auto de papá, nos iremos a pasear… Vamos de paseo, ¡pí, pí, pí!  Vamos con el semáforo… Rojo, amarillo y... ¡Verde!
                                             El auto de Papá con Fofó
         MI BARBA TIENE TRES PELOS: Es otra de las más divertidas porque es un juego en el que, a medida que avanzan las estrofas, hay que sustituir las palabras, barba y pelos, por gestos. Mi barba tiene tres pelos… Tres pelos tienen mi barba…
         COMO ME PICA LA NARIZ: Otro de los clásicos de su repertorio, en el que los niños tenían que estornudar. Cómo me pica la nariz… Ya no lo puedo resistir…
     DALE RAMÓN: La canción del niño futbolista. Dale Ramón, Dale Ramón… Chuta más fuerte para ver si metes gol…
         ASÍ PLANCHABA: Es una canción deliciosa, y también muy recordada, pero también es quizás por la que más ha pasado el tiempo, ya que reproduce los estereotipos asociados a las niñas, y al género femenino en general, en aquellos tiempos(lavar, planchar, cocinar, rezar… Así planchaba así así…), mientras, como hemos visto en la anterior, al niño se le ponía a correr, saltar y jugar al futbol. Era algo consustancial a los tiempos, espontáneo y nada intencionado por parte de nuestros queridos payasos, que nos querían igual a niños y niñas, y tienen muchas canciones dedicadas a ellas, como la siguiente.
         SUSANITA TIENE UN RATÓN: Es otra de las más recordadas, y también la favorita de Miliki. Susanita tiene un ratón… Un ratón chiquitín…  Aunque asociamos las canciones al conjunto de los payasos, es justo también decir que letra y música son casi siempre de Emilio Aragón padre, Miliki.
         SI TOCO LA TROMPETA: Si toco la trompeta, tara, tara tareta… Con esta canción, los payasos buscaban que los más pequeños conocieran los instrumentos musicales de forma divertida. A este respecto, siempre recordaremos a nuestro Miliki tocando una canción con niños puestos en fila a modo de teclado y con una campana cada uno. Él les tocaba el hombros y así iban nota a nota. ¡Qué momentos!
         FELIZ EN TU DÍA: Es otra de las más famosas, y que aún hoy cantamos a nuestros hijos junto al Cumpleaños feliz, en sus onomásticas. Feliz, feliz en tu día… Amiguito que Dios te bendiga… Que reine la paz en tu vida… Y que cumplas muchos más… Nuestros payasos eran entrañables, les adorábamos, y les adoramos, pero también reconocíamos y reconocemos, que eran bastante tradicionales y beatones. Era la España de entonces.

VALORACIÓN Y LEGADO
         Para un niño de entonces, que además tuvo la ocasión de ir de pequeño con el colegio a ver el rodaje de uno de los programas, os podréis imaginar la emoción que supone hacer este artículo homenaje. Fue una fría mañana de invierno de aquella España aún en blanco y negro. Nunca habíamos estado en un rodaje televisivo. Nos sorprendía todo, desde las cámaras grúa hasta las largas esperas, y las repeticiones. Los payasos tardaron una eternidad en salir, y luego hicieron la presentación por lo menos seis veces (debía ser para ver cuál quedaba mejor), hubo varias actuaciones circenses, un bocadillo más pan que chorizo con una Mirinda, y, para nuestra decepción, nada de Aventura. Y ese sábado por la mañana plantados delante del televisor para vernos, y no salimos, y troceados, hasta meses después. Otra decepción.
         Más adelante, allá por 2001 tuve la ocasión de conocer a mi ídolo de los payasos, el gran Miliki, en una rueda de prensa en la presentaba un libro. Llego tarde también, como todos los artistas, y diciendo ¿Cómo están ustedes? En mi turno, antes de la pregunta, le di las gracias “por la infancia que nos habían dado” a nuestra generación, a lo que él respondió emocionado, hasta tal punto que su gesto salió reflejado en los periódicos del día siguiente. Para él, ya anciano, éramos “sus niños de treinta años” a los que dedicó un CD de canciones.
         Años después, también tuve ocasión de dar las gracias a Rody, que vino con su circo a nuestro barrio. Se llenó de madres y padres cuarentones con hijos pequeños. En las canciones, pidió “un padre” y allí estaba yo para cantar Mi barba tiene tres pelos, junto a mi hijo, que se pegó al micrófono. Y Rody, sinceramente emocionado también, manifestó su sorpresa porque él también se la supiera.
         Como toda historia de payasos, esta también tiene que tener un punto triste, y es que el legado de estos iconos del circo y la televisión, no es un legado de unidad, sino de disgregación, porque los herederos han tomado caminos diferentes. Como ya hemos dicho, Emilio Aragón hijo es un reputado productor de televisión, compositor y director de orquesta, y encarna el legado de Miliki. Por otro lado están Los gabitos, que son hijos de Gaby, que también han sacado sus discos y han montado espectáculos. Y por otro lado, como ya también hemos reseñado, Rody, hijo de Fofó, y que encarna su legado.
         Pero nos quedamos con la magia de entonces, con aquellos recuerdos, con aquel se me luenga la traba, feliz año huevo, y… ¿Cómo están ustedes?... ¡Bien!
        
         Por Víctor Sánchez González @VictorSescritor













“En busca del arca perdida” (Raiders of the lost ark, Los cazadores del arca perdida, Steven Spielberg, 1981)


    Ochenters, tenemos el honor de comentar uno de los grandes hitos del séptimo arte de los años 80, el clásico de aventuras “En busca del arca perdida” (Raiders of the lost ark, Los cazadores del arca perdida, Steven Spielberg, 1981), producida por George Lucas, dirigida por Steven Spielberg, y protagonizada Harrison Ford, Karen Allen, Paul Freeman, John Rhys-Davies y Denholm Elliott. Convertida en icono, y tras su éxito arrollador, daría paso a una serie de películas que seguiría con “Indiana Jones y el templo maldito”, que reseñaremos también.

ANTECEDENTES DE LA HISTORIA
        
         Aunque en los títulos de crédito veamos en primer lugar al maestro Steven Spielberg, todo el mérito de la idea y la puesta en marcha del proyecto se lo debemos al genio y la visión del gran George Lucas. El propio Spielberg lo confiesa en cada entrevista: “todo el mérito es de George”, dice, “a mí solo me eligió para dirigirla”.
         Y es que fue así: tras el éxito arrollador de la saga Star Wars, y con todavía el capítulo final sin estrenar, el creador cinematográfico George Lucas ya estaba pensando en una nueva historia de aventuras, aunque esta vez no la ambientaría en “Una galaxia muy, muy lejana”, sino más cerca, en exóticos parajes de nuestro planeta, y tampoco en un contexto de fantasía futurista, sino en la reciente historia del siglo XX, en concreto en el contexto de los años previos a la Segunda Guerra Mundial, caracterizados por las ansias expansionistas de la Alemania Nazi ante el estupor y la pasividad de la Sociedad de Naciones, que le permitió anexionarse Austria y los Sudetes, apoyar a la Italia de Musolini, o participar en la Guerra de España apoyando a los sublevados para instaurar un régimen fascista.

         Si para Star Wars, Lucas se inspiró en comics, y viejas películas de viajes espaciales, en especial en el Flash Gordon de Alex Raymond, para esta nueva película prefirió inspirarse en el modelo clásico de aventuras de los años cincuenta, y los seriales de bajo presupuesto de la productora Republic, que veía de pequeño.
         Rápidamente, se puso a escribir una historia de acción, humor y aventura, protagonizada por un intrépido arqueólogo, que busca por todo el mundo reliquias de gran valor. En un principio, llamó a este personaje Indiana Smith. El apelativo Indiana hacía referencia, no tanto al estado de la Unión que lleva ese nombre, sino a un perro que Lucas tuvo en su infancia, y por el que guardaba un gran cariño y recuerdo.
         Como es sabido, tras la crisis de stress que sufrió tras el rodaje de La guerra de las galaxias (que hizo que su por entonces esposa Marcia Lucas completara el montaje de la película casi en solitario), George Lucas era reticente a seguir dirigiendo sus films porque los médicos le tenían amenazado con un posible ataque cardíaco (de hecho, El imperio contraataca, la había dirigido uno de sus profesores de la Escuela de Cine, Irvin Kershner, con él como productor ejecutivo). Por ello, debía buscar un director solvente y de su absoluta confianza para dirigir este nuevo proyecto.
         Inmediatamente, pensó en su amigo Steven Spielberg, el único que había creído en La Guerra de las Galaxias cuando, antes del estreno, en su casa de las afueras de San Francisco, mostró un premontaje del film a un selecto grupo de nuevos cineastas de su círculo, entre los que estaban, entre otros, Brian de Palma, Martin Scorsese o su mentor, Francis Ford Coppola.

         Sin embargo, la cosa no iba a ser fácil; Spielberg acababa de estrenar con éxito arrollador Encuentros en la tercera fase, y ya planeaba otros proyectos. Lucas no sabía si quiera si podría proponérselo, cuando, casualmente, ambos se encontraron de vacaciones en Maui, y Spielberg le comentó que estaría interesado en dirigir alguna película de James Bond. Animado por esta confesión, Lucas le dijo: “Yo tengo un personaje mejor que James Bond”, y entonces le habló de su proyecto. Se pusieron de acuerdo enseguida, solo con una salvedad; a Spielberg no le convencía el apellido “Smith”. “¿Qué te parece Jones?”, le respondió Lucas. Y así se quedó.
Aunque la historia ya estaba clara desde un principio, y tanto Lucas como Spielberg la perfilaron a medias, para la redacción del guión recurrieron a todo un profesional de su círculo, el reputado Lawrence Kasdan, convertido en otro de los pilares de la trama y los personajes. Y a ellos se unió el equipo de efectos especiales “marca de la casa”, con la ILM de Lucasfilm al frente,  y el responsable de la banda sonora sería, como no, el habitual de ambos directores, el superlativo John Williams, que compondría una partitura épica y romántica a la altura, que se ha convertido en todo un clásico, y la gran familia ochenter puede tararear de memoria.
Y para producir la película, George Lucas se guardaba una pequeña venganza con la XX Century Fox: dolido aún por el despido de Alan Ladd Jr., que tanto le apoyó en La guerra de las galaxias, y enfadado por la cicatería presupuestaria del estudio para El imperio contraataca, que le obligó a pedir un crédito él mismo para financiarla, Lucas les dio con la puerta en las narices para este nuevo proyecto, y se lo ofreció a Paramount, estudio caracterizado por su apuesta desde siempre por el cine de aventuras.

LA ELECCIÓN DEL PROTAGONISTA

Contrariamente a lo que se pudiera pensar, Harrison Ford no era la primera opción para el personaje de Indiana Jones. El hombre en quien primero pensaron Lucas y Spielberg fue en Tom Selleck, y, hay que reconocer que el personaje le cuadraba por completo: era alto, apuesto, fornido, con sex apeal y sentido del humor. Ideal para el papel. Así que ambos se fueron a por él como el Séptimo de Caballería. Sin embargo, se chocaron contra un muro. Por entonces, Selleck era la estrella de una serie de televisión de gran éxito, Magnum P. I., y tanto Universal Televisión como CBS se negaron en redondo a “cederles” al actor, que ya estaba decidido a embarcarse en el nuevo proyecto. Tan es así que incluso esgrimieron su contrato para impedirlo por completo, algo que al propio Tom Selleck, aunque no abiertamente, siempre le ha dolido, porque, aunque ha sido y es una estrella indiscutible, Indiana Jones le hubiera convertido en mito de Hollywood. Solo podemos conformarnos con un vago remedo de cómo hubiera sido el Indi de Selleck, y lo tenemos en la cinta de aventuras de serie B La gran ruta hacia China (1983), con la que sus productores televisivos quisieron compensarle.
Descartado Selleck para el papel, Lucas y Spielberg tiraron de lista, y el número dos era un actor de su total confianza, la estrella emergente Harrison Ford, que ya trabajaba con Lucas en la saga Star Wars, y que también reunía todos los atributos del personaje: Apostura, carácter, atractivo y vis cómica. Así, aparte de Han Solo, Ford se convertiría para siempre en Indiana Jones. 

LA TRAMA Y LOS PERSONAJES

         El protagonista de la película es el arqueólogo y aventurero Indiana Jones (Harrison Ford), inseparable de su sombrero Fedora, su chaquetilla de cuero marrón, su pistola Webley, y su látigo. Se ha hablado mucho del atuendo del personaje, y de su parecido con otros anteriores, ya sea de la ficción o de la realidad, como el personaje de Humprey Bogart en El tesoro de Sierra Madre (1948), el de Charlton Heston en El secreto de los incas (1954), o el famoso arqueólogo descubridor de Machu Pichu, Hiram Bingham, que también vestía de explorador y con un sombrero de ala ancha.
Vemos, al principio de la película, al protagonista del film en la selva de Sudamérica, entrando en una cueva perdida, y llena de trampas, en busca de un ídolo de oro, y de la que sale escapando de una gigantesca piedra rodante, en una secuencia que quita el aliento, emociona, y se ha convertido en uno de los símbolos del personaje (En esa secuencia, por cierto, le acompaña un por entonces joven y desconocido Alfred Molina).
         Al salir de la cueva, se da de bruces con el villano de la película, Monsieur Belock (interpretado por un malo de manual Paul Freeman), un arqueólogo como él, aunque francés, más mayor, y con menos escrúpulos, que le roba el ídolo y manda a los indios óbitos que lo persigan y maten.

         Tras escapar, volvemos a verle, pero esta vez como profesor de universidad, en esa dualidad propia de los superhéroes, que alternan su identidad y personalidad. Tras la clase, en la que tiene que “vérselas” con embelesadas alumnas mientras habla del neolítico y un túmulo cerca de El Cairo, le espera su superior, el Dr. Marcus Brody (un espléndido, como siempre Delholm Elliott), que dirige el museo en el que se aceptan “sin preguntas” todas las reliquias que Jones encuentra por el mundo.
         Brody le lleva con dos hombres del gobierno, que desvelan la trama de la película: La búsqueda del Arca de la Alianza, que han emprendido en Egipto los nazis alemanes, porque Hitler está convencido de sus poderes sobrenaturales, y que, si la encuentra, sus ejércitos serán invencibles. Este aspecto de la trama, también tiene un apoyo histórico: Efectivamente, en su maniática locura, Adold Hitler sí que estaba "chiflado por el tema" del ocultismo, como se dice en la película, y más todavía que él, su segundo Heinrich Himler, que buscó reliquias y objetos sagrados por todo el mundo (de hecho estuvo en la España franquista buscando por las catedrales el "Santo Grial", y tuvo una embarcación dragando el Rhin durante toda la guerra buscando el famoso "Oro del Rhin" de la leyenda germánica y las óperas de Wagner).  
         Para encontrar el arca, Jones debe ir primero a Nepal, en busca de su mentor cuando era estudiante, el legendario profesor Abner Ravenwood. Sin embargo, allí a la única que encuentra es a su hija Marion. Para este papel, la heroína de la película y el interés romántico del protagonista, se barajaron varias actrices jóvenes del momento, y de hecho, tanto Sean Young como Debra Winger hicieron audiciones, pero Spielberg tenía claro que quería a Karen Allen para el personaje, con ese punto de sarcasmo que la joven actriz había desplegado en su pequeño papel en Desmadre a la americana. Marion es decidida y valiente, y, en su primera escena hace una exhibición de aguante bebiendo, en otra de las escenas legendarias de la película. Además, Marion tiene una historia anterior con Jones, ya que ambos fueron novios por un tiempo cuando él era el ayudante de su padre, y sigue dolida porque la dejó para irse por el mundo en busca de reliquias.

         Marion guarda un medallón egipcio, el cabezal del Bastón de Rá, que también buscan los nazis, y que es la clave para encontrar el Pozo de Almas, donde supuestamente estaría el arca . Al no querer deshacerse de él, Marion se unirá a la aventura, que les llevará a Egipto. Y en El Cairo, encontrarán a Salah, un viejo amigo que les ayudará en su búsqueda, y que interpreta un genial y siempre solvente John Rhys Davis. En un principio, Spielberg pensó en Danny de Vito para el papel por su carácter cómico, pero no estaba disponible. Quizás De Vito hubiera dado al personaje un cariz más histriónico, incluso ridículo, mientras que Rhys-Davis pone el punto justo de humor, y también el poso y el temple del experto y amigo.
         En las afueras de la capital egipcia, los nazis han montado una gigantesca excavación, empleando a cientos de obreros locales, y al frente de los trabajos tienen a un viejo conocido de Jones, el Dr. René Belock.

NIÑOS, AVIONES Y SECUENCIAS ÉPICAS

         Si algo no puede faltar en las películas de Spielberg son niños, aviones, y espléndidas secuencias de acción, posibles o imposibles, narradas paralelamente por la batuta sinfónica de John Williams.
         Podemos ver un pequeño hidroavión biplano al principio de la película. Si nos fijamos bien en las letras de su código de identificación, podemos ver que hacen referencia a Obi Wan y a C3PO, de La guerra de las galaxias (también encontramos a los dos androides de Star Wars en un jeroglífico egipcio).
           Otro avión emblemático es el soberbio Clipper de pasajeros, en el que Jones viaja al Tibet, seguido de cerca por la Gestapo, y un DC-3 que le lleva a Egipto. En estos dos últimos casos, Spielberg aprovecha el vuelo de los aviones, superpuesto sobre un mapa con el trayecto, para realizar las transiciones a nuevos escenarios, en un alarde propio del cine clásico.
         En otra de las escenas emblemáticas de la película, los nazis planean llevarse el arca a Berlín en un extraño monoplano de dos hélices que, aunque fue diseñado y construido expresamente para la película en Inglaterra por la Vickers Aircraft Company, y pintado en los estudios Elstree, se inspira en los innovadores prototipos nazis de la Segunda Guerra Mundial, especialmente en los diseños de Blohm y Voss y el Lippisch P 04-106 de una sola ala. Junto a él, y en otra secuencia espectacular, Indi recibe una soberana paliza de un forzudo alemán.


         En cuanto a la participación infantil, bien es cierto que en este film en particular no tiene un protagonismo especial, como ocurre en otras muchas del director, pero sí son un grupo de niños los que salvan a Jones al correr a abrazarle en un bar de El Cairo, cuando Belock iba a matarle con una pistola. Son los hijos de su amigo Salah, que hace un comentario muy estadounidense: “Son mejores que los marines americanos”.
         En cuanto a secuencias épicas, las tenemos a raudales. Desde el principio, con la famosa secuencia de la bola que ya hemos comentado, y que se rodó también en los estudios Elstree, cerca de Londres, pasando por la escena de disparos en el bar de Nepal, o la famosa persecución en camión, una secuencia de más de veinte minutos, rodada en Túnez, en los mismos escenarios del Tatooine de La guerra de las galaxias, y en la que podemos ver a Indiana Jones arrastrado por el suelo con su característico látigo, o peleando en la cabina del camión con un soldado alemán del Africa Corps.
         Cómo no comentar la famosa escena del combate en las calles de El Cairo entre Indiana Jones y un gigantesco árabe con turbante y una enrome cimitarra. Inicialmente, se había previsto una larga y épica pelea, brillantemente coreografiada, y para la que el especialista contratado se había estado preparando a conciencia. Sin embargo, ya iban bastante sobrados de metraje y otra larga escena de acción podía hacer la película excesivamente extensa, así que Spielberg quería acortarla como fuera, pero no se le ocurría cómo, y fue el propio Harrison Ford el que dio con la solución, y le dijo: “¿Por qué no le pego un tiro y ya está?”. La solución convenció al director, y la verdad es que la secuencia resultó, y además provocaba carcajadas en el cine. También circula otra versión en la que se dice que no se pudo rodar porque Ford estaba enfermo. La verdad, me quedo con la primera.
         Como anécdota diremos también que la primera secuencia en rodarse fue la del submarino alemán, que fue filmada en el puerto francés de La Rochelle, y se utilizó uno de los submarinos del film Das Boot (El submarino), original de la Segunda Guerra Mundial.
         En cuanto a la parte que se desarrolla en el yacimiento arqueológico, esta llena de "momentos Spielberg", como cuando Marion trata de emborrachar a Belock, cuando Indi la rescata en la tienda, o la mágica secuencia de la Cámara de mapas.


     Y cómo no referirnos también a la famosa escena de las serpientes en el Pozo de Almas, rodada también en los estudios Elstree, y para la que se utilizaron diez mil ejemplares vivos, de las que solo las cobras eran venenosas, aunque una pitón mordió a un técnico del equipo. Pese a que en la trama, Indiana Jones tiene miedo a las serpientes, no era el caso de Harrison Ford, pero el actor confesó que sintió repugnancia al encontrarse con tantas, y de hecho nunca estuvo en contacto cercano con ninguna, ya que, en el primer plano en el que aparece junto a la cobra, el equipo de producción colocó un cristal entre él y la serpiente.

         En la otra escena con bichos de la película, la del principio con Alfred Molina, también se utilizaron tarántulas vivas, que se le pusieron por toda la espalda. Sin embargo, como no se movían, la escena no lograba transmitir la tensión necesaria, así que los especialistas se vieron obligados a colocarle también un ejemplar hembra para “excitarlos”.

CONCLUSIÓN

         En busca del arca perdida es hoy un referente del cine de aventuras de todos los tiempos, y una película emblemática. En su estreno fue un éxito total en todo el mundo, con una recaudación de casi 400 millones de dólares. Tuvo 9 nominaciones a los Óscar (curiosamente ninguna por su banda sonora), de las cuales obtuvo 5 estatuillas, de los llamados “premios técnicos” (una vez más, Hollywood ninguneaba a las “películas de verdad”), aunque cabe destacar que uno de ellos fue un reconocimiento especial a Ben Burtt y Richard L. Anderson por la edición de sonido. La película ha tenido hasta hoy, tres secuelas: la soberbia “Indiana Jones y el templo maldito”, que también comentaremos, la muy notable “Indiana Jones y la última cruzada”, y la más reciente y mucho menos notable “Indiana Jones y la calavera de cristal”.
Así que solo nos queda decir: “¡Están excavando en lugar equivocado!”
          

Por Víctor Sánchez escritor @VictorSescritor