Presentación

Amantes de mundos fantásticos, bisoños aventureros en busca de tesoros, criaturas de la noche, princesas estudiantiles y fanáticos de cachas de postín, ¡sed bienvenidos!. Invitados quedáis a rebuscar en nuestra colección de VHS, acomodar vuestras posaderas en una mullida butaca, darle al play, y disfrutar de lo bueno, lo malo y lo peor que dieron estas décadas.

ADVERTENCIA: Aquí no se escribe crítica cinematográfica (ni se pretende). Las reseñas son altamente subjetivas y el único objetivo es aprender y disfrutar del cine y, por supuesto, de vosotros.
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Y Si No, Nos Enfadamos (1974, Marcello Fondato) Altrimenti Ci Arrabbiamo



                                
Queridos Ochenters, tengo que confesaros que me ha costado como nunca saber cómo empezar a hablaros de otra de las películas de mi infancia, pero es tal el cariño que siento hacia este dúo de justicieros de mano larga, que he tenido que verme la película en cuestión varias veces seguidas (como cuando tenía unos ocho años)
Por aquel entonces, mi pasión por el cine ya estaba latente, por supuesto no podía permitirme comprar las cintas originales pero sí rogar por un VHS virgen que me permitiera grabar todas mis películas favoritas. Una de ellas, que aún conservo a pesar de estar rota por tanto visionado, era la película de la que me dispongo a hablar, “Y Si No, Nos Enfadamos”.

Y los motivos por los que me ha resultado especialmente difícil comenzar son dos; uno de ellos es puramente sentimental, debido al cariño infinito que siento hacia los actores protagonistas y a los que considero una parte importante de mi infancia cinéfila, pero sobretodo, por la dificultad para tratarla, pues apenas hay información de ésta más allá de la propia película y algún dato suelto de producción, aun así, mi pasión por todos los estilos de cine (especialmente musical para maldición de mi familia y amistades) no me permitía dejar en el olvido a mis queridos Carlo Pedersoli y Mario Girotti, o lo que es lo mismo, Bud Spencer y Terence Hill.

Pero no divagaré más y os hablaré de qué trata esta cinta, que, al igual que el mal entendido cine de acción, el guion no es más que una excusa para entretener y sobretodo para ver en pantalla lo que todos esperábamos de pequeños, justicia a golpes. Comencemos.

Ben (Bud Spencer) es un malhumorado mecánico aficionado al automovilismo y que es dueño de un taller mecánico junto a su viejo amigo Jeremías, interpretado por Luis Barbero.


En los primeros minutos de la cinta, vemos cómo Ben se maravilla ante la oportunidad de conseguir un flamante bólido rojo nuevo con capota amarilla modelo “Dune Buggy”, el cual es el primer premio de un concurso de Rallycross.


En ese mismo momento aparece Kid (Terence Hill) para incordio del pobre Ben y como es normal en sus personajes, hace todo lo posible por fastidiar a los interpretados por su compañero, que viene a participar en el concurso de rally para optar también al primer premio.


Tras una frenética carrera y en la que, como era de esperar, ambos ganan, reciben el premio, un único bólido que se tendrán que repartir.


Y aquí somos participes de una disputa por ver cómo deciden quién se queda el coche, produciéndose uno de los diálogos que guardo en el recuerdo y que repetía con mi hermano hasta la saciedad a la hora de decidir cómo nos jugábamos algo.


Kid – ¿Nos lo jugamos a las cartas?
Ben – No. ¿Echamos un pulso a ver quién gana?
Kid – No. ¿Nos lo jugamos a cerveza y salchichas?
Ben – ¿…Dónde?

Para los que no hayáis visto la película, el reto no consiste en otra cosa que beber cervezas y comer salchichas hasta que uno se retire, teniendo que pagar la cuenta y perdiendo el premio, en este caso, el bólido.


Para la “competición” gastronómica porcina y cervecera (más espuma que cerveza) deciden ir al restaurante del parque de atracciones cercano al taller mecánico de Ben, pero al poco entran en escena el estereotipo por excelencia de “los villanos” de la cinta, una parodia de mafia que trabajan para un orondo especulador inmobiliario conocido por todos como “El Padrino” e interpretado por John Sharp, el cual quiere quedarse con los terrenos del parque de atracciones para construir el casino más alto del mundo, y así, como buen villano extorsionador, ordena a sus secuaces que amedrenten a los usuarios del parque y destrocen algunos de los locales comerciales del mismo como advertencia a los vecinos de la zona, empezando como ya he mencionado por el restaurante donde se encuentran Ben y Kid.


También conocemos al “consigliere” del Don, conocido como “El Doctor” e interpretado por “Donald Pleasence”, que realmente es la cabeza pensante de todo el plan para el desalojo del parque de atracciones.


Aquí, y haciéndonos partícipes de lo absurdo, vemos como Ben y Kid siguen con su concurso, absortos ante el destrozo que la banda está causando en el bar, llegando a volar varios taburetes cerca de sus cabezas. Ante tanto “ruido”, y con el bar ya destrozado, deciden marcharse a otro sitio para seguir con el concurso, y es donde sucede el hecho en el que se centra todo el guion, que como vuelvo a repetir, no es más que una excusa para que lluevan los mamporros.

Al salir del local, uno de los secuaces de “El Padrino” que está amenazando a los usuarios del parque bate en mano para que se bajen de sus coches o los destroza, les ordena lo propio a Ben y a Kid, los cuales conducen el bólido. Ante la negativa de estos, pues no entienden el motivo por el que se tienen que bajar del coche, el matón les advierte que si no se bajan del bólido, se lo “carga”.

Kid – Qué nervioso es. ¿por qué tiene empeño en cargárselo?

Al hacer caso omiso al mafioso, siguen su camino. Es entonces cuando uno de los matones golpea el bólido con otro coche provocando un accidente que destroza el bólido, el cual es consumido por las llamas.

Ben no tiene interés en reclamar nada, pues serían muchos líos y no merece la pena, pero tras la insistencia de Kid deciden ir a visitar al “Padrino” para pedirles que les den otro bólido nuevo idéntico al suyo, pues lo han perdido por culpa de sus matones. Pero quiero haceros partícipes del humor absurdo e inocentón que desprende toda la cinta para que comprendáis por qué me gustaban tanto. La escena se desarrolla en un salón de baile, del cual es dueño el "Padrino" y donde las parejas van poniendo una mano al hombro para cambiar de compañero de baile entre los que se encuentran Ben y Kid; uno de los esbirros jefes que se hace llamar Atila (con una cara realmente cómica) los reconoce y decide intervenir para echarlos del local y como veis, termina incluso en una conga. Os dejo la escena.


Como digo, un humor simple pero efectivo que aún a día de hoy me provoca carcajadas.

Tras conseguir llegar al "Padrino", al que ellos llaman “papi”, le explican el por qué de su visita, el mensaje es simple: “Debéis devolvernos nuestro cochechito” ya que lo han perdido por culpa de sus hombres, a lo que el padrino responde con tono desafiante que qué ocurre si se niega, a lo que contestan que si se niega, se enfadan (tremendos). Como es normal, esto enfurece aún más al "Padrino", que ordena a Atila darles una lección. Tras el primer encuentro con Atila, el cual les incendia el coche con ellos dentro, llegan a la conclusión de que tienen que hacérselo comprender para que les devuelvan el bólido. Aquí entramos en una serie de gags de la pareja acosando al matón a cual más divertido, terminando en un gimnasio donde se encuentran entrenando los esbirros del "Padrino". Como era de esperar, empiezan las tortas. Esta escena es puramente Bud Spencer y Terence Hill, con la canción principal de la BSO que casa a la perfección con lo absurdo de la escena. Os la dejo a continuación.


Una vez todos los matones aleccionados y con los mejores golpes clásicos de cada personaje más propios de los dibujos animados que del cine, Ben y Kid quedan a la espera de que los mafiosos respondan a su petición, pero como es normal, estas humillaciones no hacen otra cosa que enfurecer aún más al “Don” el cual envía a un grupo de motoristas para darles otra lección, y les ordena que le vayan relatando a través de una radio cómo va la misión.


Como podéis imaginar, nuevamente son Kid y Ben los que dan la lección a los moteros. El "Padrino" muy enfurecido y siguiendo los consejos de "El Doctor", decide contratar a Paganini, (Manuel de Blas) un asesino a sueldo, para acabar con los problemas con la pareja de una vez por todas.


Paganini, el cual no pronuncia ni una palabra en toda la cinta, como era de esperar tampoco logra su objetivo, llegando a ser coaccionado por Kid que se hace con el mismo fusil que Paganini iba a usar contra ellos durante el caótico ensayo del coro de Bomberos dirigido por un excéntrico director de orquesta que no gana para batutas e interpretado por el cómico español Emilio Laguna, escena que estaréis recordando con una sonrisa y tarareando la famosa canción a la vez.


Paganini es obligado a ir al local del “Padrino” con un violín en mano a cambio del fusil para hacerle comprender al mismo que siguen esperando recuperar su “cochecito”
Tras esto, Ben ya está harto de la situación y decide desistir de su intento en reclamar el coche, pero “El Doctor” decide atacar al que él considera el artífice de todo, al pobre Jeremías, amigo de Ben, al cual conocen porque había trabajado como cocinero en el restaurante del "Padrino".

Esto enfada y mucho a Ben, al igual que a Kid, que deciden dar una paliza a todos los matones del local.

Ben y Kid – “Ya estamos enfadados”

Os dejo esta última pelea.


Queridos ochenters, con este último vídeo dejo la trama… Sí ya, os he contado prácticamente toda la cinta, pero no puedo evitar recordar las escenas de esta fantástica y divertida película.

Para ir terminando, os dejo algunas curiosidades que he ido encontrando sobre la cinta, así como de los propios Carlo y Mario.

-La película fue un éxito, traducida a más de 15 idiomas.


-Se rodó entre Madrid y Roma. Las partes rodadas en Madrid fueron rodadas junto al estadio Vicente Calderón.


-El famoso tema de la película, “Dune Buggy” fue interpretado por Oliver Onions, grupo de música italiano que también participó en películas como “Banana Joe” o “Sandokan”.


-En la escena en el parque de atracciones con el cohete sobre raíles donde los participantes podían demostrar su fuerza y el cohete salía despedido cuando Ben lo lanza, hubo un fallo con la potencia a la que debía salir despedido y éste cayó sobre varios operarios que terminaron en el hospital.


-Carlo Pedersoli, antes de dedicarse a la interpretación, fue campeón de natación durante diez años y participó en dos olimpiadas representando a Italia.


-Su primera aparición fue en “Quo Vadis?”, donde interpretaba a un guardia romano.


-Su nombre artístico procede de la mezcla de su actor favorito, “Spencer Tracy”, con su cerveza favorita “Budweiser”, dando así el nombre por el que a día de hoy lo conocemos, “Bud Spencer”.


-Por el contrario, a Mario Girotti le dieron una lista con veinte posibles nombres en la que tuvo que decidir en menos de veinticuatro horas.


-Mario empezó en el mundo del cine a los doce años en la cinta “Vacanze Col Gangster”


-Mario y Carlo llegaron a ser grandes amigos, rodando hasta diecinueve películas juntos.


-Una multitud despidió a Carlo Pedersoli con gran cariño, así como su amigo Mario, sonando en su funeral el clásico “Dune Buggy” de esta cinta.


Amigos, pues por hoy me despido con la sensación de felicidad que siempre me deja la revisión de esta cinta, tarareando aún sus cómicas canciones y disfrutando de cada una de sus películas como el primer día. No puedo estar más agradecido a Carlo y a Mario por darnos tanto con tan poco. Bud Spencer y Terence Hill siempre formarán parte de nuestra bagaje ochentero, y nos gustase su cine o no, debemos de reconocer que eran únicos en el cine de comedia al más puro estilo del gag clásico. 

Hasta el próximo escrito amigos.




Espacio 1999 (Space 1999, Cosmos 1999, Sylvia y Gerry Anderson, 2 temporadas, 48 episodios, 1975)


Ochenters, vamos a comentar una de las más legendarias series televisivas de ciencia ficción de todos los tiempos: Espacio 1999, creada por los especialistas Gerry y Sylvia Anderson en coproducción la italobritánica, ITC y RAI, y protagonizada por Barbara Bain y Martin Landau.
Espacio 1999 nació como un proyecto ambicioso desde el primer momento. Los Anderson, sus productores, venían de cosechar éxitos notables en el género como la serie de marionetas de los sesenta Thunderbirds, El Capitán Escarlata, El Capitán Marte, XL5 o ya en los primeros setenta UFO, su antecedente más claro; su objetivo con esta serie era marcar un antes y un después en la ciencia ficción televisiva y para ello contaron con el presupuesto más alto hasta entonces de la televisión británica, lo que les permitió contar con un amplio elenco protagonista, estrellas invitadas del renombre de Cristopher Lee o Joan Collins, magníficos decorados en los legendarios estudios Pinewood de Londres, y unos efectos especiales notables para la época que recuerdan a 2001 Una odisea en el espacio.

EL ARGUMENTO DE PARTIDA
El planteamiento a ojos de hoy nos parecería optimista, pero entonces realmente se pensaba que en 1999 íbamos a tener una base permanente en la Luna y tecnología para viajar al espacio. Así, la base lunar Alpha es el principal centro de colonización e investigación en nuestro vecino planetario, y a la vez custodia y administra el almacén de residuos nucleares en que se ha convertido su cara oculta. El 13 de septiembre de 1999 se produce una gigantesca explosión accidental, y la Luna sale despedida de su órbita sin control hacia el espacio exterior. Atrapados en la base, los 311 habitantes de Alpha se convierten en forzosos viajeros interestelares mientras buscan un planeta de condiciones similares a la Tierra donde establecerse.


LA PRIMERA TEMPORADA
Sin duda es la más espectacular y con los argumentos más interesantes. Tanto Gerry como Sylvia Anderson apuestan por un guión que mezcle la acción y la aventura con historias trascendentes y cargadas de simbolismo, en las que se abordan los misterios de la existencia desde un punto de vista filosófico muy de la época. Los escenarios para los planetas que visitan en su periplo, recreados con lujo en los enormes estudios Pinewood y con la técnica del fondo pintado, son a veces oníricos, alucinógenos, casi lisérgicos, como salidos de la fantasía quimérica de un dibujante o un novelista.
En cuanto al elenco protagonista, lo encabezan, como ya hemos dicho, dos estrellas de postín como Barbara Bain y Martin Landau (pareja entonces en la vida real y que ya hicieron juntos la serie de espías de los sesenta “Misión Imposible”), ambos interpretan a la doctora Elena Russell y al comandante de la base John Koenig (ambos en una permanente y siempre pendiente tensión romántica no resuelta), se les une como tercer protagonista el veterano Barry Morse, que interpreta al profesor Víctor Bergman, que aporta la visión científica e incluso moral a la historia.
Les secundan habituales de la escena británica como Nick Tate, que interpreta al piloto de las Águilas Alan Carter, Ziena Merton como la oficial de comunicaciones Sandra, el técnico de la computadora  Kano (Clifton Jones) y el supervisor Paul (Prentiss Hancock) y estrellas invitadas como los antes mencionados Christopher Lee y Joan Collins, junto a Margaret Leighton, Peter Cushing, Isla Blair, Julian Glover o David Prowse, que más tarde interpretaría a Darth Vader en la gran pantalla.
Mención aparte merecen tanto el diseño de producción como los efectos especiales, ambos propios de una gran superproducción: La sala de control, los pasadizos y estancias de la base, el turbotransporte, el microtransmisor personal con pantalla, las pistolas de rayos, el vestuario y mobiliario futurista (sillas y mesas con diseños que hoy vemos en terrazas de bar), los trajes espaciales, y por supuesto las maquetas de la base Alpha y las espectaculares naves espaciales, las míticas Águilas que todos queríamos tener de pequeños. Estos efectos especiales corrieron a cargo del reputado Brian Johnson, pionero de los fundidos y el blue screen y que luego trabajaría con Scott y Lucas en Alien y El imperio contraataca.
Entre los mejores momentos de la primera temporada encontramos los capítulos “El fin de la etenidad”, “Curso de colisión” o “Hacia la Tierra” en el que participaba Christopher Lee.

LA SEGUNDA TEMPORADA
Para la segunda temporada, y después de una tibia acogida de la serie en el mercado anglosajón (que no en el resto del mundo), se introducen cambios drásticos: el presupuesto se recorta, se pasa de los gigantescos y espectaculares decorados planetarios de fantasía en los estudios Pinewood a exteriores rodados en el campo, de los argumentos profundos y complejos a sencillas historietas en las que prima la acción y la aventura prescindiendo del toque científico-trascendente, la amplia y vistosa sala de control de Alpha es sustituida por un pequeño escenario con mesas, se reduce y modifica el elenco protagonista y la talla de los actores invitados y se reciclan de la primera temporada la mayoría de los efectos especiales.
En cuanto al reparto, aunque se mantiene la pareja protagonista Bain-Landau y otros secundarios como Ziena Merton o Nick Tate, se prescinde de Barry Morse como el profesor Víctor Bergman, así como de otros personajes más secundarios como el técnico Kano (Clifton Jones) y el ayudante Paul (Prentiss Hancock), y entran en su lugar el segundo de a bordo Toni Verdeschi (Toni Anholt), y sin duda el único fichaje de campanillas, Catherine Schell, que ya actuó como invitada en la primera temporada, y que interpreta a la alienígena mutante Maya (capaz de transformarse en cualquier tipo de ser vivo), un personaje muy original y llamativo, y también de los más recordados de la serie.
Además de esto, se modifica la cabecera de entrada (pasando del espectacular redoble de tambor, la partitura orquestal y la guitarra eléctrica, a una música más al modo sintonía), y también se renueva el vestuario, haciéndolo aún más colorista y setentero, con grandes cuellos de solapa en las chaquetas, pantalones de pata de elefante para ellos y minifalda con botas altas de tacón para ellas.
Pese a todo, la segunda temporada tiene episodios memorables y muy conseguidos como el espectacular capítulo 17 “Portadores de misterio” en el que unas extrañas criaturas, a las que solo Maya y el comandante Koenig pueden ver en su fealdad, poseen la mente de los tripulantes de Alpha para apoderarse de la base.

LA CANCELACIÓN PREMATURA
como hemos dicho, la serie fue recibida con tibieza en el mercado anglosajón, más predispuesto a la aventura intrascendente que a argumentos pausados y adultos. Si para la primera temporada, la serie había sido realizada en coproducción con la RAI italiana, para la segunda, Gerry Anderson, por entonces ya separado de su esposa y socia, Sylvia, buscó apoyo en el productor estadounidense Fred Freiberger, lo que sin duda influyó en los cambios en el guión para convertirla en una space opera más al uso con el objetivo de calar en el mercado americano, algo que posteriormente el propio Martin Landau reconoció como un error, declarándose defensor del estilo de la primera temporada de la serie.
Pese a que la acogida en Reino Unido y Estados Unidos fue fría y no con buenas críticas, la serie obtuvo un éxito notable tanto en la Europa continental como la América de habla hispana (donde sus seguidores, aún hoy son legión), y ello hubiera permitido a Anderson rentabilizarla económicamente para continuar alguna temporada más, pero, fracasado en su objetivo de copar el mercado anglosajón, el productor tiró la toalla y Espacio 1999, como en su día la serie original de Star Trek, fue víctima de la falta de visión de los ejecutivos de las grandes cadenas de tv.

CONCLUSION
Aunque el  terremoto provocado por La Guerra de las Galaxias en 1977 dejó temblando todo lo anterior, hoy en día Espacio 1999 es una serie de culto con seguidores en todo el mundo, que marcó a nuestra generación, y de la que se celebran convenciones y encuentros de los fans, la última en New Jersey en julio de 2017 a la que asistió un veteranísimo Nick Tate. Aún hoy la serie mantiene su atractivo original, sorprenden sus logrados efectos especiales, y atraen sus personajes y sus complejos argumentos, por lo que os recomendamos su revisión.

Por Víctor Sánchez González











Alien 2: Sobre La Tierra (1980, Ciro Ippolito) Alien 2 sulla Terra

 
Un grupo de espeleólogos investiga una gruta y se topan con unos extraños minerales de origen desconocido. La joven que guía al grupo comienza a notar que sus camaradas son presas de metamorfosis de origen extraterrestre. (http://www.filmaffinity.com/es/film524741.html)


Esta película me parece una puta mierda. Simplemente la voy a comentar porque es un gran ejemplo de explotation a la italiana. Ya sabéis que durante las décadas de los 70 y 80 hubo un boom de copias descaradas, falsas segundas partes, o películas que, sin tener que ver más que el título, trataban de casar beneficios exprimiendo la estela de películas exitosas o grandes producciones. En esto los italianos fueron unos fenómenos,  aunque no los únicos en sacar tajada en este campo. Títulos como El último tiburón (1981, Enzo Castellari) o Terminator 2 (1990, Bruno Mattei) son grandes ejemplos de esto. ALIEN  2: Sobre la Tierra no es más que una falsa secuela de Alien (1979) de Ridley Scott. Vale.





 El inicio es una paranoia confusa. Bueno, toda la película es confusa de cojones, pero el inicio aún lo es más. Por medio de imágenes de archivo y de grabación nos relata el amerizaje de la cápsula de unos astronautas. Al tiempo, una experta espeleóloga es entrevistada en una televisión acerca de la próxima incursión que va a realizar a una cueva. A la tía le da un tabardillo en plena entrevista coincidiendo con la llegada de los astronautas. Uno se entera que es porque la tipa tiene poderes extrasensoriales e intuye que algo va mal. Entonces se reúne con el grupo de espeleología en una bolera en la que hay un encargado bailongo, se juegan unas partidillas y se ponen rumbo a la cueva. Una niña encuentra una piedra azul que palpita en una playa y cuando nos damos cuenta la niña aparece sin jeta porque algo le ha “pegao un bocao”. Cuando la expedición está cerca de las cuevas hacen una parada en un bar super cool regentado por una vieja molona (llamada Madre Consuelo) y uno de ellos encuentra otra piedra rara al lado de la puerta del váter. Claro, se la lleva. Esta piedra no es azul, pero se vuelve de ese color cuando entren en la cueva. Cómo ha parado la piedra en ese lugar desértico y alejado del mar tampoco lo sé  porque lo que uno supone es que haya venido del espacio en la cápsula, la cual por cierto, nos enteramos de refilón que está vacía. El inicio es más o menos así. No me echéis la culpa de la narración que yo me limito a decir lo que vi,  entendí, o creí entender, o creí ver; porque apenas pasados veinte minutos ya no sabía por donde coño iban los tiros. Venga.





Ahora el grupo está dentro de la cueva. La piedra negra se vuelve azul y palpita. Cosa chunga. De la piedra sale una especie de tripa con muy mala uva que se empieza a cepillar a todos los miembros de la expedición. Así con mucha sangre y gore y esas cosas. Pero no os creáis que es tan fácil, porque lo que puede parecer sencillo de la mano de Ciro Ippolito toma tintes dantescos. Las situaciones no tienen sentido alguno, los movimientos de cámara son confusos y tan alucinantes como alucinados, y los diálogos escritos a boleo. Lo peor es que pese a ser un desastre no hace gracia. Lo peor es que se hace larga, pesada y aburrida. Da asco. Pero todavía peor que esto es una música horrible, tan cargante y desafinada que bien podría ser utilizada para torturar a algún hijoputa. No exagero. Cuando vayáis por la mitad querréis matar a los jodidos hermanos De Angelis, ¡una de cuyas canciones (Ganster Story, de la película La policía incrimina, la ley juzga, de 1973) fue incluída en Death Proof de Tarantino! Ni pies ni cabeza. Un nombre que seguro sonará a muchos es el de Michele Soavi, en este caso actúa , pero como director tiene en su haber películas interesantes como Aquarius (1987).




Llegamos al final.¡Menos mal! Dos de los espeleólogos, la chica con poderes que nadie sabe para qué los tiene ni cuales son y su novio, suben a la superficie. No encuentran a nadie en las cercanías de la cueva, el bar molón también está vacío (sin la Madre Consuelo y sin la del Amor Hermoso). Regresan a la ciudad y tampoco hay  rastro de congéneres (aunque nosotros si vemos como en las supuestas calles desiertas varios coches están parados ante un semáforo en rojo). ¡Vuelven a la bolera! ¡Qué sería de ellos sin la bolera! Ahí el chico encuentra la muerte y la manceba es atacada por no se sabe qué, ¡porque se nos muestra una perspectiva desde dentro de la boca de algo (¡el Alien!) que no para de cerrarse y abrirse! ¡Pero qué mongolada más cutre, por Dios! Al final la titi deambula sola por las calles de un mundo que parece haber sido aniquilado por la tripilla asesina. Un mensaje nos advierte: EL SIGUIENTE PUEDES SER TÚ. ¡Rediós! ¡Cuánta razón! ¡Pero el siguiente en darme a la droga!

GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA


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1990: Los guerreros del Bronx (1982, Enzo G. Castellari) Bronx Warriors/ 1990:I guerrieri del Bronx


Un paso adelante y estás muerto. Un paso atrás y estás muerto. Y si no te mueves estás muerto.

Explotation puro y duro que bebe de películas como Los amos de la noche (1979, The Warriors) o la mítica 1997: Rescate en Nueva York (1981, Escape from New York). Dirigida por todo un especialista del subgénero como es un Enzo G. Castellari que comenzó su andadura en el spaghetti western, rodó aquel fetiche para Quentin Tarantino llamado Aquel maldito tren blindado (1978, The Inglorious Bastards), y, a principios de los ochenta, ofreció su particular visión de Tiburón con L´ultimo squalo - aquí conocida como Tiburón 3 (¡chúpate esa, Spielberg!)-. 

Corre el año 1990 y el Bronx es un territorio sin ley. Unos créditos iniciales nos avisan de la macarrada que estamos a punto de ver y acto seguido sumergimos nuestros caretos en una trama que se centra en el rescate de la hija de un magnate que se ha escapado adentrándose en el Bronx: un territorio plagado hasta los topes de bandas callejeras que combaten a muerte entre sí. Pues resulta que la dama es recogida por una de las bandas y como su líder, Trash, le ha hecho tilín, se encuentra como Pedro por su casa y no hay dios que la eche de allí.  El padre de la fémina envía a rescatarla a un policía que está más pirado que cualquiera de los pandilleros (¡y ya es decir!) y claro, se arma gorda. 


El recorrido por la fauna más variopinta del Bronx se encuentra plagado de momentos descacharrantes a la par de psicotrónicos: las motos están decoradas con calaveras molonas; el vestuario pandillero va desde el cuero con tintes sado a la equipación deportiva del hockey sobre patines - pasando por modelitos y pinturas de guerra inclasificables-; el guión hace aguas por todas partes; las escenas de pelea son cutres de narices; otras, directamente, no tienen sentido; el protagonista parece un Pancho (el de Verano azul) pasado de horas de gimnasio que gesticula menos que una careta; y el final es tan abrupto que uno piensa que han adelantado los títulos de crédito. Pero en términos globales la película es cojonuda y tiene escenas flipantes. Como aquella en la que nos presenta a la banda de Pancho (digo la de Trash) en medio de un descampado y un tipo toca la batería (ejemplar ejemplo de sonido diegético) mientras la cámara sigue el ritmo presentándonos la jeta de los macarras del Bronx; o esa en la que un tío en moto se pega un piñazo y se ve claramente que es un extra que ha sufrido un accidente (cinema verite); o cuando vemos a The Ogre, el Rey del Bronx (Fred Williamson, actor que repetiría con Castellari unas cuantas ocasiones), y a su séquito, o a la otra banda que parece sacada de La naranja mecánica en versión danzarina; o cuando, de nuevo nuestro amado Pancho, contempla a su amigo moribundo (en una escena la mar de gay, todo hay que decirlo) y éste le pide que , por piedad, lo remate, y va Pancho y le parte el cuello. ¡Flipante!


He de decir que no he comprendido bien su profundidad debido a que el sonido de la copia que he visto era defectuoso. ¡Pero eso debe encumbrar más, si cabe, a tan insigne obra maestra! Porque, si pese a que no he entendido la mitad de los diálogos me lo he pasado de puta madre, ¡imaginad si la hubiese escuchado bien! Además, la carátula y el póster forman parte de la mitología ochentera que embellecía las estanterías y paredes de los videoclubs y, por si esto fuera poco, ¡podemos disfrutar de una segunda y hasta una tercera parte (ésta dirigida por Joe D'amato) que conforman la ya considerada de culto, Trilogía del Bronx!

GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA




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