Presentación

Amantes de mundos fantásticos, bisoños aventureros en busca de tesoros, criaturas de la noche, princesas estudiantiles y fanáticos de cachas de postín, ¡sed bienvenidos!. Invitados quedáis a rebuscar en nuestra colección de VHS, acomodar vuestras posaderas en una mullida butaca, darle al play, y disfrutar de lo bueno, lo malo y lo peor que dieron estas décadas.

ADVERTENCIA: Aquí no se escribe crítica cinematográfica (ni se pretende). Las reseñas son altamente subjetivas y el único objetivo es aprender y disfrutar del cine y, por supuesto, de vosotros.
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Efemérides - 08/06 - Gremlins y Cazafantasmas

 El 08/06/1984, hace 38 años, se estrenaban Gremlins y Cazafantasmas ... ¡Menuda sesión doble!


Ficha técnica y artística

TRAILER


Ficha técnica y artística

TRAILER

El pelotón chiflado (1981, Ivan Reitman) Stripes


Ochenters, hoy vamos a comentar una de las comedias emblemáticas de la década:  El pelotón chiflado (Columbia Pictures, 1981), dirigida por el especialista Ivan Reitman y protagonizada por el totum revolutum de los cómicos norteamericanos del momento, encabezados por el dúo Bill Murray-Harold Ramis y con nombres como John Candy, Warren Oates, Sean Young o John Larroquette.

EL ARGUMENTO

Como tantas películas de temática militar, la acción se divide en dos partes: El entrenamiento y la misión. El personaje de Murray es un taxista fracasado, que, en un arrebato de locura tras dejarle su novia, convence a su compinche Ramis, un profesor malpagado, para que los dos se alisten voluntarios en el ejército. Allí se van a encontrar con un pelotón de auténticos chiflados al mando de un veterano y estricto sargento “curtido en mil batallas” y un capitán novato e incompetente. Tras un entrenamiento de lo más accidentado, les enviarán a una misión secreta en Europa en plena Guerra Fría.


EL ELENCO PROTAGONISTA

La estrella de la película es el gran Bill Murray, un cómico de campanillas procedente del prestigioso show televisivo “Saturday Night Live” y que será la estrella indiscutible del género en los ochenta con títulos como “Cazafantasmas” o “Atrapado en el tiempo”. Su personaje es Winger, el caradura del grupo.
El compañero de fatigas de Murray es su amigo Harold Ramis, guionista también de la película, que interpreta a Russell Ziskey, inseparable de Winger. Ramis, que antes había escrito “Los albóndigas” (protagonizada por el propio Murray), y “Desmadre a la americana”, era reacio a participar en El pelotón chiflado como actor, incluso se llegó a hablar con Denis Quaid, pero su colega Bill Murray se plantó y le dijo que si no salía él no haría la película.
Los personajes femeninos principales corren a cargo de Sean Young, la replicante buena de “Blade Runner”, y la menos conocida P. J. Soles. Las dos tienen papeles de poco recorrido; son dos policías militares que sacan de apuros a los protagonistas para caer rendidas en sus brazos.
El grupo de reclutas lo componen jóvenes cómicos en lo mejor de su carrera como Judge Reinhold, John Diehl o Conrad Dunn. Mención especial merece el genial John Candy, memorable en el papel de Ox, el soldado entradito en kilos, que se lleva todas las escenas en las que aparece y es el condimento imprescindible de la película.
Los mandos del pelotón son el inepto capitán Stillman, interpretado por otro as de la comedia como John Larroquette, y el sargento Hulka, un papel a la medida del veterano Warren Oates, que, aunque también tiene sus momentos chistosos, pone el contrapunto serio a la película, situando a su personaje en el pódium de los sargentos cinematográficos ochenteros junto al sargento Highway, Clint Eastwood, y al sargento Folley, Louis Grosset Jr. (Dejamos aparte al terrorífico sargento Hartman de “La chaqueta metálica”, Lee Ernie, que era exmilitar).


LOS MEJORES MOMENTOS

La película es tan divertida, tan redonda, con un guión tan logrado, que es difícil destacar algunos momentos sin dejarse otros igual o más graciosos. De todas formas, vamos mencionar algunos de los más conocidos.
Nada más bajar del autobús, Ox (John Candy), antes de que le rapen su llamativa melena ochentera, no se le ocurre otra cosa que soltarle al sargento Hulka su famosa frase “Espero que esto sea el comedor, estoy hambriento. ¿Qué hay, Eisenhower?”, poniendo ya patas arriba a toda la audiencia.


Luego llegan los madrugones, el entrenamiento en la pista americana y un intento nocturno de escapada en el que Murray y Ramis son descubiertos por las dos policías militares (Young y Soles), y que termina en ligoteo entre los cuatro, con Murray seduciendo a Soles en plan burdo mientras la pareja Young-Ramis siguen más el “rollo intelectual”.
Poco después llegamos a la divertida secuencia del primer fin de semana de permiso en la ciudad, puro ejemplo de comedia zafia, con los reclutas de paisano entrando en un local de mala nota en el que Ox va a enfrentarse a su famosa pelea en el barro en la que tiene que quitar el sostén a cuatro luchadoras profesionales, una escena de la que el propio  Candy desconfiaba hasta ver en el cine como el público se tronchaba de risa, y que le hizo famoso.


Cómo no mencionar también el desfile de graduación; como el sargento Hulka sufre un accidente, deben prepararlo por su cuenta, y la noche antes todo el pelotón se duerme en el hangar en el que practicaban y llega tarde, sin preparación ni uniforme de gala, pero, siguiendo las instrucciones de Murray, improvisa una actuación totalmente irreverente y absolutamente fuera del reglamento, pero que impresiona al general al mando, que inmediatamente les destina a un proyecto secreto en Europa, en el que les espera un recuperado sargento Hulka.

Escena del desfile con el doblaje original

Ese proyecto secreto no es otro que probar el prototipo de un “vehículo de asalto urbano” camuflado como inocente e inofensiva furgoneta de turistas (el macguffin de la película).
En su primer fin de semana en Italia, la única función del pelotón es custodiar la ridícula autocarabana y en su turno de guardia, mientras el intelectual Ziskey (Ramis) se estudia el manual del vehículo, Winger (Murray) planea que lo “tomen prestado” para pasar el fin de semana en Alemania con las chicas que estás allí destinadas.
Cuando el capitán Stillman quiere llevar a una conquista femenina a ver el vehículo para presumir, se encuentra con que ha desaparecido, y lejos de dar parte al mando (para no ser el hazmerreír del regimiento), decide por su cuenta y contra la opinión del experimentado sargento Hulka, que el pelotón salga a buscarlo en plena noche con un camión.
En el colmo de su ineptitud, Stillman se confunde en el mapa y se adentran por error dentro de las fronteras de Checoslovaquia, donde el enemigo soviético les toma prisioneros a todos menos a Hulka, que consigue mandar un S. O. S. por radio.


Solo el sofisticado receptor del vehículo EM-50 que los muchachos se han llevado de escapada a las montañas es capaz de recibir la comunicación y, al descubrir que es su unidad, deciden ir a rescatarlos aprovechando que la furgoneta lleva sofisticado armamento camuflado.
Es el momento para los disparos y las explosiones, incluida la del puesto fronterizo en el que dos guardias checos hacen frente a la “horda capitalista”, según los periódicos locales.


El final de la película, ambientado por la marcha militar compuesta por el siempre solvente Elmer Bernstein, es un delirio de carcajadas porque a cada personaje se le obsequia con la portada de una revista o diario: “gana una cita de ensueño con Ox”, “El sargento Hulka se retira y abre una hamburguesería” o para el destituido capitán Stillman un pequeño recuadro en el que dice “El mando del Ártico recibe a su nuevo comandante”, y la cosa termina con Murray y su fusil M-16 con el titular “El nuevo ejército, ¿Estados Unidos sobrevivirá?”

CONCLUSION

El pelotón chiflado fue un éxito de crítica y taquilla, y con el tiempo se ha convertido en uno de los clásicos de la comedia de los ochenta. Una verdadera lástima que la versión extendida fuera redoblada al español sin respetar ni las voces ni los textos originales con lo que no solo pierde todo su encanto sino la gracia de la mayoría de sus gags. A veces, alguna cadena emite todavía la versión auténtica que es mucho más divertida.

Por Víctor Sánchez González








Los cazafantasmas (1984, Ivan Reitman) Ghostbusters



 ¡Subcriaturas! Gozer el gozeriano, el Destructor, Zildrohar. El viajero ha llegado. Elegid y morid (Gozer el gozeriano)

El Viajante vendrá en una de las formas preestablecidas. Durante la rectificación del Vuldronaii el Viajante toma la forma de un gran Torb. Luego, durante la tercera reconciliación del último suplicante de los Meketreks escogieron otra forma para él: ¡la de un gran Sloar! Muchos Shubs y Zuuls descubrieron lo que era asarse en el fondo del Sloar aquel día, os lo aseguro (Vinz Clortho)

 


 Los doctores Peter Venkman (Bill Murray), Raymond Stantz (Dan Aykroyd) y Egon Spengler (Harold Ramis), ante sus escasos resultados en el campo de la investigación paranormal, son expulsados del departamento de parapsicología de la Universidad de Columbia. Es entonces cuando deciden emprender un negocio enfocado a la eliminación de fantasmas: por medio de un equipo de protones invención de la casa los atrapan y depositan en una unidad de contención. Lo que no saben es que su negocio les obligará a trabajar muchas horas extras…


La  idea original de este dicharachero grupo de exterminadores de seres ectoplasmáticos se fraguó en la cabeza de un Dan Aykroyd a tenor de dos de sus pasiones: el humor y lo paranormal. Para crear la historia tomó como influencia un artículo sobre física cuántica y parapsicología y películas como Spook Busters (1946) o Ghost Chasers (1951)-  protagonizadas por The Bowery Boys-  y las de corte más fantástico de Abbott y Costello –  Agárrame ese fantasma (1941), Abott y Costello contra los fantasmas (1948), Abott y Costello contra el hombre invisible (1951) y etcétera- . Bajo el título de Ghost Smashers, y con la incógnita del resto del reparto principal, la película iba a ser protagonizada por Aykroyd y su gran amigo (y compañero de Saturday Night Live) John Belushi. La trama incluiría viajes espacio temporales, un montón de monstruos gigantescos (el malvavisco gigante sólo iba a ser uno de ellos) y varios grupos de cazafantasmas. También existían diferencias en cuanto a los trajes (por ejemplo llevaban casco) o al equipo de protones (originalmente era una varita mágica). Cuando se lo presentó a Ivan Reitman a este le gustó, pero le advirtió que tendría que retocar el guión si no quería que los productores lo rechazasen por conllevar un presupuesto inasumible.  Fue el propio Reitman el que aconsejó a Aykroyd que incluyese a Harold Ramis y Bill Murray, y al parecer, sin tener el guión definitivo, se presentó delante de los productores y les dijo que la película iba a costar treinta millones de dólares. La cifra la dijo a boleo, pero aceptaron a condición de que estuviese lista en el plazo de un año empezando el ocho de enero de 1983. El estruendoso pistoletazo de salida sólo fue superado por el del resultado final.

Harold Ramis y Dan Aykroyd escribieron juntos el guión en el sótano de la casa de éste en unas tres semanas. Los cambios fueron varios. No sólo lo simplificaron las partes más grandilocuentes de la versión anterior, sino que – bajo consejo de Reitman y el propio Ramis – centraron la historia en el inicio de Los Cazafantasmas. Durante la escritura John Belushi murió por lo que Bill Murrai interpretaría al doctor Venkman. Para el papel de Winston Zeddmore habían pensado en Eddie Murphy, pero tuvo de declinar la propuesta al estar rodando Superdetective en Hollywood (1984) ¿Os imagináis a Murphy como cazafantasmas a expensas del soso de Ernie Hudson? Otro intérprete original que cambió fue John Candy, quien en principio iba a interpretar a Louis Tully, papel que recayó en el magnífico Rick Moranis. En cuanto a Egon Spengler, fue el propio Harold Ramis el que puso su nombre basándose en un compañero de escuela que se llamaba Egon y en el filósofo alemán Oswald Spengler. Con Sigourney Weaver como Dana Barret y Annie Potts en el papel de Janine el reparto quedó completo. ¡Luz verde para cazar fantasmas!

Boceto del Story Board de Ghost Smashers
 
 
 El rodaje transcurrió entre localizaciones reales en la ciudad de Nueva York, el plató de Columbia Pictures y otras localizaciones de Los Angeles. Así se pueden observar edificios como la Biblioteca Pública (los andamios que se ven en la película son reales porque estaban limpiando la fachada), la Universidad de Columbia, Central Park, el Parque de Bomberos, el Edificio 55 Central Park West (Calvin Klain tenía un apartamento en este edificio), el Lincoln Center o el New York City Hall. No obstante, en algunos de esos lugares, sólo se utilizaron los exteriores, siendo rodadas las secuencias de interior en otras ubicaciones. Por ejemplo, en el caso de la Biblioteca de Nueva York parte de la grabación del interior sucedió realmente en la Biblioteca de Los Angeles, lo mismo ocurrió con la Estación de Bomberos : se rodó en el interior de una estación abandonada (también de Los Angeles). Sin embargo, la escena en la que los cazafantasmas se precipitan al interior del pavimento tras la destrucción de la calle fue totalmente real… ¡Qué no cunda el pánico! ¡Sólo era una bromilla! Evidentemente esa escena se rodó en estudio y se emplearon grúas hidráulicas para simular el terremoto. Al 55 Central Park West se le añadieron ópticamente diez plantas en cuya cúspide se ubica El templo de Gozer, recreado en estudio. La escalera que suben no pertenece realmente al 55, sino al Biltmore Hotel, y también fue recreada con efectos ópticos en su mayoría, salvo dos pisos.
Hay una anécdota muy curiosa respecto al rodaje de exteriores. Resulta, que para el final de la película, cuando la multitud se agolpa en las puertas del edificio 55 Central Park West (donde está el templo de Gozer, vamos), se cortó el tráfico a varias calles durante determinadas horas de los tres días que se rodó en el lugar. En un momento determinado, Dan Aykroyd vio al famosos escritor de ciencia ficción  Isaac Asimov y fue a saludarle efusivamente al ser un gran fan, cuál sería su sorpresa cuando Asimov se le quejó airadamente por el fastidio que le producía esos cortes de tráfico.

John de Cuir (ganador de tres Oscar, entre ellos el de Cleopatra) fue el encargado del diseño de producción y de la dirección artística. De Cuir recurre a un diseño muy artesanal basado fundamentalmente en maquetas y decorados como el del templo de Gozer o las gárgolas del edificio 55. El supervisor de los efectos visuales fue el ganador de dos Oscar, Richard Edlund (La guerra de las galaxias, En busca del arca perdida). El de los efectos especiales fue Chuck Gaspar (Cortocircuito, Bitelchus, Arma letal). Tanto en el caso de los efectos especiales como en los visuales predominan las técnicas artesanales. Por ejemplo, cuando Dana está en la cocina y los huevos saltan y se fríen simplemente utilizaron unos resortes para empujar los huevos y una superficie caliente para freírlos. Uno de los efectos visuales más sencillos fue el que utilizaron para la escena en que el fantasma Slimer gira alrededor de la lámpara. Como tenían poco tiempo y los rasgos del fantasma no quedaban bien simplemente pintaron un cacahuete de verde y le dieron velocidad para que no se distinguiese muy bien. Por cierto, la glotonería de este fantasma es un homenaje al difunto John Belushi.
Lo que hay que tener en cuenta es que el año de los Cazafantasmas fue la antesala de los efectos digitales, utilizados por primera vez en El secreto de la pirámide (1985), después de esto, el trabajo manual  y el de los efectos ópticos se simplificó muchísimo.
La dirección de Ivan Reitman es correcta. Todos sabemos que no es Kurosawa ni Ford, pero aunque es frecuente que en el género del humor la cámara esté al servicio de los actores desdeñando piruetas de cámara o planos exquisitos, en esta ocasión pudo desplegar en mayor medida sus conocimientos técnicos al tratarse de un producto de alto componente fantástico. Reitman da rienda suelta a chistes y situaciones desternillantes sin desdeñar escenas genuinamente fantásticas e incluso alguna que roza el terror. Lo inverosímil va in crescendo, culminando con el malvavisco gigante, pero la grandeza de Los Cazafantasmas se encuentra en tornar lo que podría resultar ridículo en un momento hilarante tras otro y conjugarlo con una temática fantástica dando como resultado un híbrido perfecto de humor y fantasía. En esto, Reitman, resulta un claro vencedor.

 
 
 
 
 
 
¿Pero qué sería de la película sin sus protagonistas absolutos? Desde el principio quedan clarísimas sus personalidades: Venkman es la labia y la ironía, Raymond Stanz el entusiasmo y Egon Spengler el cerebro. Tres personalidades muy distintas que juntas encajarán como las piezas de un reloj suizo. No nos engañemos, el fuerte de la película son estos tres personajes a los que Bill Murray, Dan Aykroyd y Harold Ramis lograron transmitir todo la camaradería y compenetración que existía entre ellos en la vida real. Y eso no se finge. El que Reitman hubiese trabajado en dos ocasiones con Murray - Los incorregibles albóndigas (1979) y El pelotón chiflado (1981) – propició que diese manga ancha a sus improvisaciones, constituyendo, el personaje de Peter Venkman, quizás el más desmadrado de todo el reparto. En contraposición, el cuarto cazafantasmas interpretado por Ernie Hudson, ofrece una actuación, a mi juicio, poco menos que anecdótica. Hudson no aporta casi nada (por no decir nada) al papel de Winston Zeddmore ni a la trama general. Y las pocas veces que la cámara capta su atención desentona por completo con el resto de cazafantasmas. Cierto es que su rol sería como el del único con algo de sentido común, pero ese sentido común queda diluido por las locuras de sus compañeros y es difícil tomarlo en serio. ¿Os imagináis – repito-  a Eddie Murphy como Winston Zeddmore? Otro gallo hubiese cantado. Pero, en fin Serafín…

Pero no creáis que los secundarios se quedan cortos. Louis Tully, interpretado por Rick Moranis, nos ofrece momentos muy divertidos entre los que podría destacar la fiesta en su casa o la búsqueda de la “Guardiana de la puerta”. Gustó lo suficiente en esta primera parte como para que en la segunda tuviese más protagonismo, tanto que casi me atrevería a decir (incluso él se lo creyó en la ficción)  que es el verdadero cuarto cazafantasmas de la secuela. Annie Potts, como Janine, la secretaria de nuestros héroes, sigue la senda de los personajes más carismáticos repartiendo a diestro y siniestro con su lengua viperina. El conato de romance que mantiene con Egon fue reemplazado en la segunda parte por un idilio en toda regla con Louis Tully - ya veis, el “pringao” de Tully se lleva a Dana en la primera y a Janine en la segunda - , mucho más acertado que en esta ocasión a efectos interpretativos. Sigourney Weaver, como Dana Barret, ofrece un papel muy comedido que aporta credibilidad a la trama, ¡aunque quién se cree que se líe con el amigo Venkman! Mi escena favorita es en la que es atrapada por esa multitud de brazos que surgen del sofá y después arrastrada hacia la puerta donde espera Zuul (¡tremenda!). Mención aparte merece el sufrido William Atherton, quien se metió bajo la piel de odioso Walter Peck. Interpretó tan bien su papel de puntilloso secretario del Departamento de Medio Ambiente que aguantó insultos y bromas durante años después del estreno. Para rematar, cuando explota el malvavisco y le cae parte encima (en realidad era espuma de afeitar)  el actor no fue avisado previamente, y el cabreo que se pilló fue antológico.

 
  
 
 
 
El hilo conductor de la historia, una vez explica el origen del grupo y su primera captura, se desarrolla a través de Dana Barret. Ésta sufre una experiencia paranormal en su casa (atención al paquete de malvavisco que deja encima de la mesa antes de que salten los huevos) en la que se le aparece una especie de perro monstruoso que le grita: Zuul. Claro está, recurrirá a los cazafantasmas, quienes, con un Venkman en cabeza que demuestra un interés ajeno al comercial, comienzan a investigar y le dicen que Zuul es un semi dios adorado por hititas, mesopotámicos y sumerios. Al mismo tiempo descubren que la energía psicokinética de Nueva York es desorbitada. Pues bien, Dana y el pesado de Louis Tully serán poseídos por Zuul y por Vinz Clortho, dos pedazo de monstrencos de aspecto canino, y aunque conservan el aspecto humano dicen ser La Guardiana de la Puerta y El Maestro de la Llave. Juntos podrán invocar a Gozer, un dios cuyo advenimiento significará el fin del mundo (interpretado por la andrógina modelo eslovaca Slavitza Jovan). Además, capullo secretario de medio ambiente mediante, los fantasmas atrapados en la unidad de contención son liberados por todo Nueva York, siendo el edificio donde habita Dana una especie de superconductor diseñado para atraer toda la turbulencia espiritual; ahí es nada.
Este planteamiento da pie a muchas escenas memorables como las posesiones de Dana y Louis, la plaga de fantasmas que asola la ciudad o el enfrentamiento final contra el Hombre Malvavisco en el que se encarna Gozer: una especie de King Kong muy parecido al muñeco Michelin que es la imagen comercial de una marca de malvaviscos… ¡Y qué hay de los viajes en el cochazo Ecto-1¡ ¿Imposible citarlas todas, verdad?
Vicisitudes ficticias a parte, una muy real con la que tuvieron que lidiar durante el rodaje fue que una serie producida en 1975 por la CBS llevaba por nombre The Ghost Busters. Los productores crearon una lista de nombres alternativos, pero al ver que los extras, durante la grabación de la parte final, coreaban entusiasmados “¡Ghostbusters!” insistieron hasta comprar los derechos del nombre que todos conocemos.

 
 
 
 
 
 
 

Pero si memorables son muchas escenas, menos no es la canción homónima compuesta e interpretado por Ray Parker, Jr. Un super éxito que lideró la lista Billboard durante varias semanas y sumó ingentes beneficios a los ya logrados en las salas de cine. El videoclip resultó un reclamo comercial fabuloso y en él aparecen los propios cazafantasmas junto con Chevy Chase, Danny de Vito o John Candy entre otros. La canción no estuvo exenta de polémica al denunciar el compositor y cantante Huey Lewis que la melodía era un plagio de una canción suya compuesta en 1983 y titulada “I Want a New Drug”. El resto de la banda sonora contiene temas de The BusBoys, Alessi Brothers, Thompson Twins y Air Supply.
La música de la película fue compuesta por el ganador de un Oscar Elmer Bernstein (1967, Millie, una chica moderna) y conocido por sus trabajos en El cabo del miedo, Al límite o Mi pie izquierdo. La música de Bernstein destaca por el uso del Ondas Marnetot (que utilizaría en varias películas) y del sintetizador, instrumentos con los que consigue una música totalmente sobrenatural y acorde con las apariciones fantasmales.

Con un presupuesto de treinta millones de dólares, los beneficios que alcanzó en taquilla superaron los 238 millones en poco más de un año. Reitman comenta que se imaginaba el bombazo en taquilla al observar las reacciones de la gente en los pases preliminares y sobre todo teniendo en cuenta que estos pases se proyectaron con parte de los efectos visuales incompletos hasta poco antes del estreno. Un éxito respaldado por la crítica (American Film Institute le asignó el número veintiocho de las cien mejores comedias de todos los tiempos) y el público que considera a Los Cazafantasmas como un referente del cine fantástico y de humor dirigido a todas las edades. A raíz de ésto surgió una secuela, series de televisión, videojuegos y todo tipo de merchandising (que voló literalmente de las tiendas en pocas semanas) destinado a satisfacer el voraz apetito de los fans de los cuatro jinetes del ectoplasma.

Si hay algo raro, en tu barrio

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GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA



Ficha técnica y artística

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Dedicado a la memoria de Harold Ramis, nacido el 21 de noviembre de 1944 y fallecido el 24 de febrero del 2014. Descanse en paz.