Presentación

Amantes de mundos fantásticos, bisoños aventureros en busca de tesoros, criaturas de la noche, princesas estudiantiles y fanáticos de cachas de postín, ¡sed bienvenidos!. Invitados quedáis a rebuscar en nuestra colección de VHS, acomodar vuestras posaderas en una mullida butaca, darle al play, y disfrutar de lo bueno, lo malo y lo peor que dieron estas décadas.

ADVERTENCIA: Aquí no se escribe crítica cinematográfica (ni se pretende). Las reseñas son altamente subjetivas y el único objetivo es aprender y disfrutar del cine y, por supuesto, de vosotros.
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Star Trek, La nueva generación (Star Trek: The Next Generation, Viaje a las estrellas: La nueva generación, Paramount-CBS, 1987-1994)



“El espacio, la última frontera. Estos son los viajes de la nave estelar Enterprise, en su misión permanente de explorar nuevos y desconocidos mundos, de buscar nuevas formas de vida y civilizaciones, de ir audazmente donde nadie ha ido jamás.”

Tras su exitoso paseo por la gran pantalla en los primeros ochenta, Gene Roddenberry propuso a la Paramount que Star Trek regresara a la televisión en forma de serie y con una tripulación renovada para el Enterprise (los “siete magníficos” ya empezaban a dar síntomas de agotamiento, y estaban al borde de la jubilación). Llegaba así Star Trek, la nueva generación, que sitúa su argumento un siglo después de la original.
El planteamiento era el mismo: viajes interestelares a velocidad factorial, encuentros con civilizaciones alienígenas, batallas y aventuras en planetas hostiles, teletransportación o paradojas temporales. Sin embargo, algo sí que iba a cambiar.

KIRK vs PICKARD: OTRO ESTILO DE CAPITAN
         Lo primero que sorprendió a los productores fue el nuevo perfil de capitán del Enterprise que había ideado Roddenberry, no sería de origen estadounidense, sino francés, de nombre Jean-Luc Pickard. Y su personalidad y estilo serían totalmente diferentes a los del legendario James T. Kirk.
         El capitán Kirk de la serie clásica y las películas, encarnado por el icónico William Shatner, es el arquetipo de hombre de acción, el héroe de novela, el galán seductor y aventurero del cine. Valeroso, arrojado, de porte atlético, sonrisa irresistible y sentido del humor. Siempre con el faser en la mano, presto a usar los puños contra sus enemigos, y sus labios con las mujeres.

         En contraposición, Pickard (interpretado por el experimentado actor británico Patrick Stewart), es alto, delgado, de mediana edad y con poco pelo. De carácter flemático, contenido, ascético hasta el cuasi celibato, de gesto impertérrito. Un jefe cerebral, analítico y poco dado a las bromas. Un intelectual, casi un filósofo, más amigo de los libros que de los fasers, y que solo usará los torpedos de fotones como último recurso.

         Como curiosidad, los fans han comparado las veces en que Kirk tiene encuentros amorosos con mujeres, más de una cincuentena (incluido el de Uhura, primer beso interracial en la televisión estadounidense); mientras, en más del doble de capítulos, su sucesor Pickard apenas supera la decena de escarceos románticos.

OTRA TRIPULACION PARA EL NUEVO ENTERPRISE
         Como ya hemos mencionado, el capitán Pickard no es un hombre de acción, y por ello se introduce en la tripulación una nueva figura que lo complemente, el primer oficial William Riker (Johnathan Frakes), este sí, un joven apuesto y fornido, presto para la pelea y el romance.

         Suplir al emblemático Spock tampoco iba a ser tarea fácil, por ello se rodea al capitán con dos figuras que cumplan su función de oficial científico y consejero. Para el primero se opta por un personaje complicado de encajar y que incluso puede resultar cargante, pero que se hizo muy popular entre los fans, el androide Data (un Brent Spinner recargado de maquillaje y brillantina). Como consejera, la bella y enigmática Deanna Troi (Marina Sirtis), que es mitad humana, mitad betazoide y posee poderes extrasensoriales.


         El toque alienígena lo pone el oficial táctico Worf (Michael Dorn), un guerrero Klingon adscrito a la Flota de la Federación. Su personaje resulta muy original y con gran empaque, no solo para la lucha sino también a la hora de tomar decisiones.

         Para el papel de “Bones”, médico de a bordo, que en la serie original era el Dr. McCoy/DeForest Kelley, se escoge a una mujer, la doctora Beverly Crusher (una espléndida Gates McFadden), que parece hecha a la medida del capitán Pickard, una belleza madura, esbelta, elegante y contenida (de hecho, ambos mantienen en todo momento una incontenible tensión sexual no resuelta). 

         La doctora Crusher es viuda y viaja con su hijo adolescente, Wesley, un joven tímido y agraciado, que acabará como un miembro más de la tripulación (este personaje convirtió a su protagonista, Will Weaton, en un ídolo juvenil, y posteriormente se haría famoso por sus cameos en la exitosa serie milenial “Big bang”, llena de referencias a Star Trek, y en la que se interpreta a sí mismo).

         Completa la tripulación, no podía faltar, el ingeniero jefe, que esta vez no es un escocés burlón como Scotty, sino un serio y eficiente afroamericano, Geordi La Forge (interpretado por LeVar Burton, famoso por ser el joven Kunta Kinte de Raíces), que aparece siempre con un visor externo en los ojos ya que es invidente.

         En la primera temporada también se incluyó un personaje de origen ruso, como el legendario Pavel Chejov, en este caso fue la jefa de seguridad Natasha “Tasha” Yar (Denis Crosby, nieta del actor Bing Crosby), una mujer esbelta, atlética y decidida, con un look llamativo de pelo corto y flequillo.

         Junto al elenco principal hay una serie de personajes recurrentes, como es el caso de Guinan (Woopi Goldberg), que es barman de la cubierta del Enterprise, y también muchos otros que aparecen en cada capítulo, entre los que encontramos a al ex Equipo A Dwight Schultz, o a la estrella de la serie original Majel Barrett.

LOS NUEVOS ENEMIGOS
         Firmada la paz con los Klingon, aliados ya de la Federación de Planetas, los enemigos ahora son principalmente los romulanos, mucho menos relevantes tanto en la serie original como en las películas.
Junto a ellos, encontramos nuevos adversarios como los ferengi o los cardasianos,  pero sobre todo a los temibles Borg, mitad humanoide mitad máquina, que viajan en poderosas y destructivas naves en forma de gigantesco cubo, y cuyo objetivo es el sometimiento de las otras razas mediante el control mental y la conversión.

SIETE EXITOSAS TEMPORADAS
La serie fue todo un éxito, con un total de 178 episodios y siete temporadas, frente a los escasos 79 en tres temporadas de la mítica serie original de 1966. En España, La nueva generación fue adquirida por la FORTA, que agrupaba a las recién creadas televisiones autonómicas, que solían hacer pedidos en común al extranjero para abaratar costos, por ello, tanto su recepción como su impacto fue irregular, ya que no se emitió en un primer momento a nivel nacional, como si lo fueron otros exitazos de la época como MacGyver, El coche fantástico o El Equipo A. Pese a ello, la serie se convirtió en todo un clásico.
Tras el final televisivo, el formato continuó en el cine con Star Trek VII: La próxima generación (1994), en la que el capitán Kirk “pasa el testigo” de forma oficial a su sucesor Pickard, Star Trek: primer contacto (1996), Star Trek: insurrección (1998) y Star Trek: némesis (2002), y con más spin off televisivos (Star Trek: Espacio profundo nueve, Star Trek: Voyager, y Star Trek: Enterprise), que mantuvieron la franquicia en antena hasta 2005, y recientemente ha llegado a la pequeña pantalla Star Trek: Discovery, y en cines se han hecho recientemente dos espectaculares películas sobre la juventud de los personajes de la serie original con un reparto muy cuidado, lo que ha renovado y actualizado por completo Star Trek.

CONCLUSION
         Ochenters, ser fan de Star Wars y Star Trek no solo es compatible, es saludable. La primera es una épica fantasía espacial que nos hace soñar en una galaxia muy, muy lejana; la segunda es pura ciencia ficción futurista sobre lo que podemos llegar a ser como raza humana. Sin ir más lejos: recientemente, el prestigioso físico teórico mexicano Miguel Alcubierre demostró con un modelo matemático la posibilidad de viajar a velocidad factorial. Así que, como diría el capitán Pickard, “¡Engage!”.
         Larga vida y prosperidad, ochenters.

                                Por Víctor Sánchez González





Star Trek VI, Aquel país desconocido (Star Trek VI, the undiscovered country, Nicholas Meyer, 1991)



          En 1991 el universo Star Trek había vuelto con fuerza a la televisión con La nueva generación, y nuestros héroes clásicos, ya entrados en años y en kilos, ya no daban para más en la gran pantalla. Roddenberry lo sabía, ellos lo sabían, y Paramount lo sabía. Ya hemos comentado que la escena final de Star Trek V era ya un amago de epílogo con Bones, Kirk, y Spock compartiendo una hoguera de acampada en el bosque y hablando del pasado con nostalgia.
         Sin embargo, los productores deciden “ordeñar la vaca” una vez más, en una sexta entrega que podía haber sido mucho más: Aquel país desconocido, esta vez con la dirección de otro habitual de la franquicia, Nicholas Meyer.


LO QUE PUDO HABER SIDO Y LO QUE FUE
         Pocos saben que la última película de la serie original pudo no haber contado con ninguno de los ya veteranos actores que la protagonizaron. En una primera idea, ni Shatner, ni Nimoy, ni DeKelley, Doohan, Nicholls o Takey iban a aparecer en pantalla, porque el argumento que había sobre la mesa era una recreación de sus años en la academia con actores jóvenes en sus papeles. Y no era la única idea. Había otra más:
         Todo el equipo creativo, incluidos Nimoy y Roddenberry, tenía ganas de hacer una película que reflejara en profundidad el desconocido mundo de los klingon, y esa idea es la primera que rondó cuando se estaba preparando el argumento para Aquel país desconocido. Además, tanto Leonard Nimoy como Harve Bennet, productor de los anteriores títulos de la franquicia, veían en ello la ocasión para hacer un guiño a los acontecimientos que se estaban viviendo en esos momentos en Europa Oriental: la caída del muro de Berlín, del telón de acero y la descomposición del bloque soviético. Así, dejaron volar su imaginación para idear una alegoría de la actualidad de 1991 en el futuro: La Federación y el imperio Klingon serían Occidente y la URSS, sumida en una grave crisis e incluso con un líder reformista estilo Gorbachov, y Kirk sería el enviado para firmar la paz entre los bloques.
         Sin embargo, cuando Paramount entró en juego con sus propios guionistas no fue ni lo uno ni lo otro y quedó a medio camino. Lo que en principio iba a ser una historia explicativa sobre el mundo de los klingon, un deja vú sobre nuestros héroes jóvenes la academia estelar o una alegoría sobre la caída del muro de Berlín, se quedó en una aventura más para nuestros avejentados protagonistas, en la que son enviados a negociar con los Klingon, son acusados falsamente de asesinato y han de escapar de una prisión en el hielo.


LOS PROTAGONISTAS
         Como siempre, el elenco contaría con los “siete magníficos” de siempre, y para el papel de villano se recurrió a otro actor de campanillas, en este caso a Christopher Pummer, todo un clásico del celuloide con títulos a sus espaldas como Sonrisas y lágrimas (1965), La batalla de Inglaterra (1969), o El hombre que pudo reinar (1975), y habituado también a papeles de malvado y roles de carácter como Sherlock Holmes, aunque ninguno que requiriera tantas prótesis faciales o kilos de maquillaje como el del jefe klingon Chang. Le flanquean otro villano de relumbrón, David Warner, al que recordamos como Jack el destripador en Los pasajeros del tiempo (1979) o Shark/Dillinger en Tron (1982), y la televisiva Rosanna de Soto.

       Para el bando de la Federación, los productores, en su afán por recuperar rostros conocidos de anteriores títulos, barajaron la posibilidad de que Kristie Alley recuperara su papel de Saavik, la vulcana lugarteniente de Spock, pero por entonces Alley ya era una superestrella gracias a la serie Cheers, y de nuevo su caché se puso prohibitivo para una Paramount siempre escatimando en el presupuesto. Además, en esta entrega, Spock es traicionado por su ayudante y era complicado que los fans hubieran aceptado algo así de la fiel e íntegra Saavik. Por ello se creó un nuevo papel, el de Valeris, que recayó en otra joven actriz, Kim Katrall, que ya estuvo entre las candidatas para ser Saavik a principios de los ochenta y que acabó participando en títulos como Loca academia de policía (1982) o Golpe en la pequeña China (1986).



El toque exótico lo puso la actriz y modelo de origen somalí Iman, que interpretaba un alienígena metamorfo que ayuda a los protagonistas a escapar de la cárcel subterránea de hielo del lejano planeta en el que son confinados por los kilingon. Es en esa parte de la película, con la nieve falsa y el cartón piedra, cuando más se percibe el aroma que augura el final de un ciclo.


LA DESPEDIDA
En su libro de memorias, al que ya hemos hecho referencia en otros artículos sobre Star Trek, Leonard Nimoy recuerda con un punto de amargura como se dirigió a su amigo William Shatner tras una de las últimas escenas en los siguientes términos: “¿Estás pensando lo mismo que yo, Bill? ¿De verdad que este es el final de nuestra misión?”.
 

         En un rápido balance, y tras reseñar las seis películas del reparto original de la serie, podríamos decir que la primera, Star Trek la película, es un alarde visual de gran presupuesto, con un argumento potencialmente atractivo, pero un desarrollo lento y sin dinamismo. La segunda, La ira de Khan, es quizás la más fiel al original, una historia de aventuras a la vieja usanza con buenos y malos, combates espaciales y un final dramático, la muerte de Spock. Siguiendo a partir de aquí un hilo argumental coherente, la siguiente película, En busca de Spock, es otra aventura muy similar, y concluye con nuestro vulcaniano revivido. Su continuación, Misión salvar la Tierra, es la más original y rompedora, repleta de humor, mensaje ecologista y un viaje en el tiempo a los ochenta; por eso quizás es la favorita de muchos fans, entre los que me incluyo, junto con La ira de Khan. El bajón llega ya con La última frontera, lastrada por un flojo guión y continuos recortes presupuestarios, y el epílogo Aquel país desconocido.
         Pese a todo, ochenters, nos quedamos con lo mejor: la alegría de haber disfrutado de Star Trek en nuestra infancia en pantalla pequeña y nuestra juventud en pantalla grande. Por eso “he sido, y siempre seré… su amigo”.

"Space, the final frontier. These are the voyages of the starship Enterprise. Its continuing mission: to explore strange new worlds, to seek out new life and new civilizations, to boldly go where no one has gone before…"

Ochenters, en marcha a velocidad factorial. Larga y próspera vida.

Por VICTOR SANCHEZ GONZALEZ













Star Trek III, En busca de Spock (Star Trek III, The search of Spock, Leonard Nimoy, 1984)



Ochenters, nos hemos percatado de en la serie de reseñas sobre las pelis de Star Trek, nos habíamos dejado por el camino nada menos que En busca de Spock, así que vamos con ella.
Por entonces, Leonard Nimoy atravesaba por una etapa de desapego con el personaje que le había encumbrado y le había convertido en un icono a nivel mundial. No quería verse encasillado o siendo objeto de mofa en espacios de humor como el ácido Spitting Image de la televisión Británica. Estaba reciente la publicación de su primera autobiografía con el revelador título de “No soy Spock”, en la que reivindicaba el resto de su carrera artística y sus cualidades interpretativas más allá de las orejas de goma de Star Trek, sobre todo en los años setenta tanto en cine, teatro o televisión.

LEONARD NIMOY EN LA SILLA DEL DIRECTOR
         Mucho se ha escrito sobre ese desapego de Nimoy por su personaje: que estaba harto de Star Trek y exigió por contrato que muriera su personaje en “La ira de Khan”, que si no volvería jamás a ponerse las orejas de vulcaniano, que si Paramount le ofreció la silla del director para que volviera… En su posteror y definitivo libro de memorias “Yo soy Spock” , Nimoy lo niega todo, y ofrece su propia versión: fue él mismo quien se propuso para dirigir la tercera entrega, y los directivos de Paramount, entonces encabezados por Michael Eisner, el que luego sería presidente de Disney, se mostraron encantados con la idea, y, una vez más, Harve Bennet escribiría el guión, toda una garantía.
         Su compañero y amigo Bill Shatner, mucho más prosaico y desenfadado, reconoce en sus memorias ese desapego temporal de Nimoy con su personaje, pero que Star Trek iba tan lanzada en los ochenta, que, si no hubiera seguido Leonard Nimoy, los de Paramount hubieran puesto a otro diciendo “este es ahora Spock”, así que había que continuar.


EL ARGUMENTO
Tras el argumento único de “Star Trek, la película” y su relativo fracaso, el resto de los episodios iban a tener continuidad narrativa. Por tanto, para hablar de “En busca de Spock”, hay que retrotraerse al capítulo anterior, “La ira de Khan”. Recordemos: en el esfuerzo titánico por derrotar a su archienemigo por antonomasia, el capitán Kirk compromete al Enterprise hasta el punto de su destrucción total por sobrecarga en el reactor. Solo un miembro de la tripulación puede salvar a todos los demás: Spock, por su naturaleza vulcaniana tiene más resistencia a la radiación que los terrestres, “el bien común es más importante que el bien de unos pocos… o el de uno solo”. Por ello, se ofrece para entrar en el reactor y salvar la nave, pero queda atrapado en el interior y, en una de las escenas más emotivas de la serie de películas, y, podríamos decir, de todo género de ciencia ficción, se despide a través del cristal de su capitán con la frase “he sido y seré siempre… su amigo”.

Sin embargo, hay un detalle de esa memorable escena que pasa desapercibido, pero que en las revisiones se detecta a la primera: poco antes de entrar en el reactor, Spock le susurra al oído al Dr. McCoy “recuerda” y le toca levemente el cuello con dos dedos.
Le ha transmitido su katra, su conciencia, antes de morir, ser expulsado y caer con su sarcófago en el recién nacido planeta Génesis. Al principio de “En busca de Spock”, Sharek, su padre vulvaniano, se presenta ante Kirk para exigirle que le entregue el katra para llevarlo a Vulcano. Esto coincide con el extraño comportamiento que empieza a manifestar McCoy, enloquecido, incoherente y repitiendo que esto o aquello “no es lógico”. Conclusión: el Enterprise debe volver a Génesis para recuperar lo que quede de Spock y poder reintegrar su katra.
Con este MacGuffin (recurso que sirve de hilo conductor a la historia) y unos inevitables klingons como malvados, Benett y Nimoy se pusieron manos a la obra con el guión y el reparto.


LOS PERSONAJES
         No repetiremos de nuevo la lista de “los siete magníficos” de la franquicia, aunque sí nos detendremos en alguno de los nuevos personajes de la película. Todos estaban muy contentos con el trabajo de Kristie Alley como la oficial vulcana, protegida de Spock, Saavik, en “La ira de Khan” y en esta entrega tenía también un papel destacado.
Sin embargo, por una negligencia de los abogados de Paramount, en su contrato para “La ira de Khan” no se había incluido la rutinaria cláusula de compromiso ante posibles continuaciones (algo habitual, sobre todo con actores noveles como era el caso), así que la joven actriz era libre de negociar de nuevo para esta película, y su agente se descolgó con una cantidad exorbitante que la situaba a la altura de estrellas como DeForest Kelley que llevaba diecisiete años en la franquicia.
         Se intentó negociar una rebaja, pero ni ella ni su agente cedieron, así que hubo que recurrir a otra joven actriz, Robin Curtis, que desde el principio encajó en el papel, y dejó al director Nimoy, al equipo y a los fans muy satisfechos.

Para el malvado de turno se recurrió al siempre solvente Christopher Lloyd, que, recordemos, por entonces no era todavía el famoso Doc de “Regreso al futuro” sino tan solo una estrella televisiva por su papel en la serie “Taxi”. Interpretaría al renegado comandante Kruge (un papel para el que también se barajó a Edward James Olmos), y, pese a los kilos de maquillaje, hace un trabajo impecable como el líder klingon que quiere robar el secreto del Génesis para su raza.
         Como curiosidad, otro de los klingon, el lugarteniente Maltz, lo interpretó un por entonces desconocido John Larroquette (Juzgado de Guardia, El pelotón chiflado).

           En el bando de los héroes repetirían personajes de la anterior entrega, como el amor de juventud del capitán Kirk, la belleza madura Bibi Besch, como la Dr. Carol Marcus (por cierto, impresionante el parecido que se buscó para la reciente “Star Trek, en la oscuridad” con la actriz Alice Eve), y el hijo de ambos, David, interpretado por el joven Merritt Butrick. 


Además, por exigencia del director y como luego sucedería en “Misión: salvar la Tierra”, cada personaje de la serie original, tendría un papel relevante en la historia y momentos de lucimiento. Aunque sin duda, el “momentazo” de la película es cuando Saavik da la noticia a Kirk de que su hijo ha muerto asesinado por el renegado Klingon en la superficie del planeta Génesis. Nimoy dio libertad a su amigo Shatner para plantear la escena, que, en principio, se iba a basar en el derrumbamiento psicológico del personaje, sin embargo, al echarse para atrás, el actor tropezó y cayó, pero se continuó rodando. La escena quedó tan redonda que se positivó tal cual e impresiono tanto a los directivos de Paramount como a los fans en los cines. Después de la escena, propia de un drama Shakesperiano, Leonard Nimoy, medio en broma medio en serio, le dijo  a su amigo: “Bill, ha sido impresionante, deberías dedicarte a la dirección.”

DOS INCIDENTES EN EL RODAJE
         La escena final de la película iba a ser un combate a puñetazos entre Kirk y Kruge en un planeta Génesis en destrucción. Como el presupuesto aguantaba, se montó un impresionante set con decorados móviles que tenían que simular enormes rocas inestables por las que los protagonistas saltaban en su lucha. William Shatner cuenta en sus memorias que, en los ensayos, las rocas estuvieron a la altura de la ambiciosa escena; sin embargo, a la hora de rodar, “en vez de caer estruendosamente, rebotaban flácidamente como enormes zurullos de fibra de vidrio”. La verdad es que en las revisiones, la secuencia rezuma aroma a cartón piedra barato, no así el resto de los efectos especiales, encargados de nuevo a la prestigiosa ILM de George Lucas, que han resistido bastante bien el paso del tiempo.

         El otro incidente, según cuenta también Shatner, ocurrió el penúltimo día de rodaje cuando se declaró un incendio en el plató que amenazaba no solo los decorados de Star Trek para el último día, sino otras producciones inminentes como la propia serie T. J. Hooker, en la que tenía que participar él mismo unos días después. Así que, ni corto ni perezoso, el capitán Kirk, vestido con el uniforme de la flota estelar, se fue a por una manguera y se unió a los operarios que combatían el fuego de tal forma que “conseguimos aplacar las llamas y cuando llegaron los bomberos, la batalla casi había terminado”.

         El rodaje concluyó el 15 de octubre de 1983, y la película se estrenó el 1 de junio de 1984, con una buena acogida de crítica y la nada despreciable cifra de recaudación de 76 millones de dólares.

Por Víctor Sánchez González


















Star Trek V, la última frontera (Star Trek the final frontier, William Shatner, 1989)



“El espacio, la última frontera…”                   
Ochenters, llega el turno para el quinto episodio del ciclo ochentero de Star Trek: La última frontera, dirigida por William Shatner y con el reparto habitual de la serie: Kirk y Spock (Shatner y Leonard Nimoy), el doctor McCoy (DeForest Kelley), Uhura (Michelle Nichols), “Scotty” (Jimmy Doohan), Chejov (Walter Koenig) y Sulu (George Takey).

LOS RECORTES DE LA PARAMOUNT

         Pese a que, película tras película, la franquicia Star Trek se había consolidado en los ochenta como una marca de éxito, Paramount seguía recortando presupuesto con cada nuevo film. En La ira de Khan, de 1982, lo que debía haber sido un espectacular duelo entre Khan y Kirk con látigos de fuego se quedó en un enfrentamiento dialéctico a distancia, “en pantalla”, que ni siquiera rodaron juntos (las escenas de Ricardo Montalban se rodaron un semana antes del rodaje principal). Para En busca de Spok, se recurrió al maquillaje y a decorados de cartón piedra, y solo el renacimiento del Sr. Spock, un recurso argumental, salvaba los muebles. En la siguiente, Misión salvar la Tierra, Leonard Nimoy, de nuevo ejerciendo como director, decidió dar un giro, introducir el humor, la aventura romántica, y situar la acción en la actualidad de entonces, en los ochenta, rodando en exteriores reales de las calles de San Francisco, para así sortear con una buena historia los continuos tijeretazos, y reventar los cines con el capítulo más taquillero.

BILL, ¿POR QUÈ NO LA DIRIGES TÚ?
         Tras dirigir dos películas de la serie, Leonard Nimoy se había revelado como un excelente director, y ya manejaba hacerse cargo de proyectos fuera de la órbita de Star Trek, recordemos que dirigió taquillazos como Tres hombres y un bebe. Por ello, fue él quien le propuso a su amigo William Shatner dirigir la siguiente entrega, algo que Shatner deseaba desde hacía tiempo, y lo defendieron juntos ante Paramount.
Star Trek, “la franquicia” como la denominaban los gerifaltes de Paramount,  tenía entonces el viento a favor, y el presidente de la compañía, Frank Mancuso, dio su visto bueno. Shatner contaría además con el productor de las últimas entregas, Harvey Bennett, pero no con la ayuda para el guión de Nick Meyer, embarcado entonces en otro proyecto, lo que hizo que la historia se resintiera desde un primer momento. Además, para esta entrega se había pensado en un argumento mucho más plúmbeo que la ligera y divertida Misión salvar la Tierra, que todavía daba réditos de taquilla. 

EL ARGUMENTO Y EL RODAJE
En La última frontera, un vulcaniano renegado, convertido en líder mesiánico desquiciado, se hacía con el Enterprise para ir en busca de la deidad suprema del universo. Era un argumento ya barajado por Gene Roddenberry para Star Trek, la película, y que entonces fue descartado. Cuando se recuperó la trama para La última frontera,  ya con Roddenberry tan solo en el papel de asesor creativo, éste considero incluso que se la idea se le había escamoteado.
Desde el primer momento, Paramount encargó a Bennett que aligerara la historia y Shatner como director lo aceptó, aunque poco después se arrepentiría.   Un guión endeble, unido a un reparto flojo de estrellas (solo los de siempre y un desconocido villano, Sybock, para el que se había pensado en Sean Connery, pero que acabó siento interpretado por el desconocido Lawrence Luckinbill), y los continuos recortes de presupuesto, lastraron fatalmente el film.

La última versión del guión, que incluía una sucesión de aventuras trepidantes y suavizaba la supuesta deidad universal como un alienígena poderoso (algo que resultaría menos polémico a ojos de la productora), quedó aún más aguada cuando los chupatintas de la Paramount hicieron cuentas y empezaron a poner pegas.
William Shatner relata en sus memorias con un punto de amargura como había planificado un espectacular clímax al final de la película con una lucha de espectros voladores enviados al combate por ese ser supremo, que fueron descartados de inmediato. Tampoco se aceptaron unas menos costosas gárgolas, y al final se optó por unos aceptables gigantes de piedra, que al principio iban a ser seis, luego se dejaron en tres y, a la hora de rodar, uno solo, que ni siquiera funcionó, y tuvo que ser sustituido a toda prisa por unas luces de recurso con efectos de sonido que es lo que aparece al final en la película.
Tampoco se libró de los recortes el comienzo del film, que Shatner había proyectado como una escena épica y grandiosa, al estilo Lawrence de Arabia, con cientos de caballos (no podían faltar ya que William Shatner adora estos animales), avanzando por el desierto hacia Paradise City, y que se tuvo que maquillarse con polvo y tomas desde cerca.
Y por si faltaba poco, toda la planificación y ejecución de los efectos especiales de la película también se tuvieron que modificar porque la prestigiosa ILM, la empresa de Lucasfilm con la que se operaba habitualmente, tenía a sus mejores técnicos trabajando en la siguiente entrega de Indiana Jones y al “equipo B” en Cazafantasmas II.

LAS ESCENAS EN JOSEMITE
         Es quizás la parte más espectacular de la película, rodada  en el escenario natural de belleza incomparable del Parque Nacional californiano.
         Allí sucede una de las secuencias más bonitas de la película, cuando el bueno de Spock, enfundado en unas botas autopropulsadas, va a buscar a su amigo Kirk a las montañas donde hace escalada libre.
         Para el rodaje se hizo una réplica en fibra de vidrio de la ladera rocosa de la montaña con asas de seguridad ocultas. Pese a que Kirk parece estar casi en la cima de El Capitán, los actores nunca estuvieron a más de tres metros del suelo.
         Para el espectacular vuelo de Spock se realizó una réplica de plástico de sus piernas y su torso, y el actor se metía dentro. Ese artefacto iba fijado por un tubo a la falsa montaña y permitía que subiera, bajara, o se pusiera boca abajo.
         Se utilizó un recurso parecido en la escena en que Spock alza a Kirk y McCoy en el turbopropulsor del Enterprise, esta vez con ayuda de cables e incluso maniquíes caracterizados como los personajes.
         Sin embargo, la última escena de la película, en la que los tres amigos departen a la luz del fuego entre los árboles, no se rodó en Josemite. William Shatner, consciente de su importancia, la dejó para el final y se recreó en los estudios de la Paramount. En ella, los actores improvisan, sonríen y se hacen bromas como viejos camaradas. Se les ve naturales, a gusto. Es el contrapunto al decepcionante desarrollo del film, y aparece como un digno epílogo a lo que podría haber sido el final de la serie original de películas. Sin embargo, aún hubo un último film, llamado Aquel país desconocido, en 1991.


CONCLUSIÓN
         En 1989, habían pasado diez años desde el debut de Star Trek en los cines. Los protagonistas estaban entrados en años y en kilos. Star Trek la nueva generación hacía furor en televisión, y daba la impresión que Paramount había dejado languidecer su franquicia original y tan solo seguía por inercia. William Shatner se lamenta en sus memorias que la película que él dirigió se considere incluso la peor de la serie, y la verdad es que lo es junto con Aquel país desconocido, pero tanto sus compañeros como los fans sabemos que hizo lo que pudo frente a tantas adversidades. Un hurra por nuestros héroes. Larga Vida y prosperidad.

Por VICTOR SANCHEZ GONZALEZ




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