Presentación

Amantes de mundos fantásticos, bisoños aventureros en busca de tesoros, criaturas de la noche, princesas estudiantiles y fanáticos de cachas de postín, ¡sed bienvenidos!. Invitados quedáis a rebuscar en nuestra colección de VHS, acomodar vuestras posaderas en una mullida butaca, darle al play, y disfrutar de lo bueno, lo malo y lo peor que dieron estas décadas.

ADVERTENCIA: Aquí no se escribe crítica cinematográfica (ni se pretende). Las reseñas son altamente subjetivas y el único objetivo es aprender y disfrutar del cine y, por supuesto, de vosotros.
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La noche del cometa (1984, Thom Eberhardt) Night of the Comet

 


"Desde la profundidad de los tiempos había vagado por el universo siguiendo una órbita tan grande que su misma existencia fue desconocida por muchas generaciones. Pero ahora, en el declinar del siglo XX el visitante regresaba.

Los habitantes de La Tierra iban a recibir un regalo especial de Navidad. Contemplarían el cometa a una distancia jamás alcanzada. Los científicos habían vaticinado algo espectacular de proporciones estelares. Algo que no sucedía desde hacía 65 millones de años, desde la era en la que desaparecieron los dinosaurios prácticamente de la noche a la mañana.

Algunos pocos veían en este hecho algo más que una coincidencia, pero la mayoría no le concedió importancia..."

Bajo esta premisa se nos presenta una de esas películas que se ha convertido en un clásico de culto y que pese a ser serie B de un escaso presupuesto de 700.000 dólares terminó recaudando más de 14 millones.

Como os podéis imaginar la historia va de un cometa que pasa cerca del planeta Tierra. Esto provoca la muerte de casi toda la humanidad. La mayoría de los supervivientes se convierten en una especie de zombis caníbales y sólo han quedado indemnes una minoría de personas. Entre estas se encuentran las hermanas Belmont (Catherine Mary Stewart y Kelly Maroney), el camionero Héctor Gómez (Robert Beltran) y un grupo de científicos (típicos mad doctors) de actitud sospechosa entre los que se vemos a Mary Woronov, quien fue nominada al premio de mejor actriz en los Satur Awards. Otro que aparece unos minutos en pantalla es Michael Bowen, al que seguro recordaréis por su papel de Buck en Kill Bill 1 de Tarantino. Por cierto, la frase que pronuncia :”Me llamo Buck y vengo a follar” en realidad es una frase original de la película de 1976, Trampa Mortal dirigida por el finito Tobe Hooper.

Vendida como una película de zombis, se aleja sin embargo de esos derroteros (estos aparecen poco) y lo que nos encontramos es una teen movie en la que se mezclan varios géneros como el cine apocalíptico, el de zombies, el humor, la acción, la aventura ,el drama, el cine de adolescentes, y que no se toma en serio a sí misma,  homenajeando al mismo tiempo las películas de ciencia ficción de los 50, dando como resultado una obra única y diferente... Algo así como si el gran John Hugues hubiera incursionado en el subgénero apocalíptico.

Pero no dirige John Hughes, sino Tom Eberhardt, quien también escribió la historia, supongo que basándose en el avistamiento del cometa Halley en 1982 y que pasó junto a La Tierra en 1986. Eberhardt es un director poco conocido pero que había dirigido la interesantísima Sole Survivor: único Superviviente (1984). Su idea era la de realizar una película en la que una fuerte protagonista femenina se desenvolviera en un escenario post apocalíptico al puro estilo de The Omega Man (1971, Boris Sagal). Para escribir el guión se basó en las respuestas de dos chicas que conoció durante un rodaje a la pregunta de que qué harían en un futuro apocalíptico. Sus respuestas fueron acordes a como si vivieran una divertida aventura, así que este fue el enfoque que le dio el director.

Estéticamente La noche del cometa destila esencia ochentera destacando el uso de colores y una música muy atmosférica compuesta por David Campbell; momentazo aquel en el que las hermanas compran en un centro comercial desierto a ritmo de Girls Just Wanna Have fun, interpretada por Tami Holbrook (no por Cindy Lauper).

Con su papel de Regina Belmont, Catherin Mary Stewart logra su papel más conocido, y es que la chica se merienda al resto del reparto con su imponente presencia. De ella hemos hablado hace poco en la entrada de Este muerto está muy vivo.

En definitiva, una película cien por cien nostálgica y completamente recomendable que resume a la perfección el espíritu de la década.



Germán Fernández Jambrina



Homenaje a Ennio Morricone (Roma, 10 de noviembre de 1928 - 6 de julio de 2020), el genio heterodoxo que nos cautivó con sus bandas sonoras


Ochenters, acabamos de enterarnos del fallecimiento del genial compositor de bandas sonoras Ennio Morricone a los 91 años, tras ingresar en un hospital romano debido a una caída. Por ello, y casi a vuela pluma, vamos a hacer una breve semblanza de su vida y obra, que es la del propio cine.

MORRICONE, LEONE Y EASTWOOD
         Hay una anécdota muy curiosa sobre Leone y él: Ya se conocían desde antes de que le llamara en 1963 (cuando tan solo había compuesto música para el film El Federal), pero ninguno de los dos lo recordaba. Resulta que habían ido juntos al colegio de niños, en el barrio del Trastevere. Treinta años después, los dos se reencontraron y el director le invitó al cine a ver Yojimbo, de Kurosawa. A Leone le encantó, y a Morricone salió horrorizado. Pero de ahí salieron las ideas para La muerte tenía un precio, Por un puñado de dólares, y El bueno, el feo y el malo, las películas rodadas en Almería, y protagonizadas por Clint Eastwood, que lanzaron a la fama a los tres, y que renovaban por completo el western clásico (de hecho crearon un género nuevo, el spaguetti western), y en las que la partitura fue tan o más influente que los propios fotogramas.
       
LA MÚSICA DE MORRICONE
         Si Williams es un compositor clásico sinfónico, Zimmer o Jarre son más instrumentales, y así podríamos seguir, ninguno es tan heterodoxo y atípico como Morricone. Para él, la reverberación, el eco, un silbido, una flauta de pan, una guitarra eléctrica, una campana, todos los instrumentos le valían, y tenía un tacto especial para reconocer algo tan delicado y único, a la vez que universal, como la simple emoción. En este sentido, baste el ejemplo, no solo del tema principal de El bueno, el feo y el malo (1966), sino también e incluso más, el del climax final de la película, “El éxtasis del oro”, para muchos su composición más lograda.

SUS BANDAS SONORAS DE LOS 80
         Compositor de más de 500, bandas sonoras, Morricone ha trabajado con directores de la talla de Pier Paolo Pasolini, Lina Wertmuller, Roman Polanski, Bernardo Bertoluci, Oliver Stone o los españoles Luis Buñuel en Leonor (1975) o Pedro Almodóvar en Átame (1990). Entre sus composiciones más renombradas de nuestra querída década están La misión (1986), Los intocables de Elliot Ness (1987), o Cinema Paradiso (1988). Todas diferentes, todas distintas, todas con su toque maestro, porque, según sus propias palabras, Morricone se adaptada con su música a cada película.

CONCLUSIÓN
         Resulta chocante que con tantas y tan superlativas bandas sonoras en su haber, Morricone tan solo hubiera recibido el Óscar honorífico a toda una carrera en 2006, y solo en 2015 la estatuilla por un film de Tarantino, Los odiosos ocho. Sin embargo, los fans siempre recordaremos la flauta del pan de La Misión, el piano forte de Los intocables de Elliot Ness, la melodía de Cinema Paradiso, o la guitarra, el silbidos y los coros de voz de La trilogía del dólar. Siempre con nosotros el gran Ennio Morricone.


Por Víctor Sánchez Escritor @VíctorSescritor

Firefox, el arma definitiva (Firefox, Clint Eastwood, 1982)




“Piense en ruso”
        
Ochenters, para celebrar el noventa cumpleaños del icónico Clint Eastwood (San Francisco, 31 de mayo de 1930), vamos a comentar uno de sus títulos más ochenters, Firefox, el arma definitiva (1982). Un film atípico en su carrera como actor y director, un espectacular tecno-thriller de acción, espionaje y aeronaves, ambientado en las tensiones de la Guerra Fía, muy diferente de sus producciones habituales, y del que es protagonista absoluto.


UN FILM ATÍPICO EN CLINT


Por esta época, Eastwood ya produce y dirige sus películas. Por ello, su productora Malpaso recibe cantidad de guiones, que Eastwood estudia, rueda o desecha (el único requisito es que tengan como protagonista a un duro maduro con las hechuras y el porte del propio Clint). Normalmente son historias convencionales: policíacos o road movies, con coches, peleas y muchos tacos. Además, sus films son relativamente baratos, y siempre los termina de rodar antes de fecha y por debajo del presupuesto (algo poco habitual en aquel momento).
Sin embargo, Firefox va a ser una excepción. Para empezar no es un guión que le llegue por los cauces habituales, sino que Eastwood adquiere los derechos de la historia tras leer la novela del mismo título de Craig Thomas, y se embarca en la producción de la película, que tampoco es barata, sino que es la más cara haya producido nunca Malpaso, con un presupuesto de 21 millones de dólares, de los que 20 se destinaron exclusivamente a los efectos especiales.
Porque, sí, ochenters, Firefox es una película casi de ciencia ficción, y con unos efectos visuales y sonoros notables para la época, que se disfrutaban en pantalla grande.


EL ARGUMENTO Y EL PERSONAJE DE CLINT EASTWOOD

         Nuestro Clint Eastwood es el mayor Mitchell Grant, un curtido y experimentado piloto de la USAF, prematuramente retirado del servicio activo debido a un trastorno mental provocado por el stress de guerra. Grant vive totalmente aislado en una granja del medio oeste, y está haciendo footing por el campo  cuando un gigantesco helicóptero Super Stallion aterriza a su lado. El momento que tanto temía ha llegado. El Tío Sam le reclama de nuevo para el servicio activo. Su misión es de alto secreto: deberá infiltrarse en el corazón de la Unión Soviética para hacerse con el prototipo de su avión de combate más moderno, veloz y mortífero: el imbatible MiG 31 Firefox, capaz de alcanzar match 6.
         Naturalmente, Grant se muestra reticente. No se ve capaz, dado que su trastorno psíquico le produce bloqueos mentales inesperados aunque pasajeros. Sin embargo, él resulta el hombre adecuado para la misión, no solo por su experiencia como piloto, sino porque además habla ruso perfectamente, y tiene la misma altura y complexión que el piloto de pruebas soviético que maneja el MiG, el teniente coronel Voskov (alter ego de Clint Eastwood en la película, interpretado por el rubio Kai Wulff, un habitual en papeles de ruso). 


CONTEXTO HISTÓRICO: LA PROPAGANDA DE LA GUERRA FRÍA

La película llega en un momento de escalada de la Guerra Fría. Vayamos un poco hacia atrás para entenderlo: Con los acuerdos tácitos entre las dos superpotencias tras la llamada “Crisis de los misiles” de 1962, y sobre todo con la llegada al poder en la URSS de Leoniv Breznev, se inicia el periodo conocido como “distensión”, caracterizada por el modelo denominado “coexistencia pacífica”, en el que, pese a que EE. UU. se embarca en la Guerra de Vietnam o la URSS posteriormente a la de Afgganistán, un conflicto a gran escala entre rusos y norteamericanos se ve lejano e improbable, y de hecho Nixon y Breznev firman históricos acuerdos de desarme nuclear.
Sin embargo, en 1981, con la llegada a la Casa Blanca de Ronald Reagan con su retórica belicista y antisoviética, la situación se pone tensa, coincidiendo además con una etapa de incertidumbre en las altas esferas del Kremlin tras el fallecimiento de Breznev, y con dirigentes de la "gerontocracia" que duran poco tiempo. Tal es la tensión, que se acuña el término “Destrucción mutua asegurada” (MAD, loco, en inglés), porque una guerra nuclear global se ve más cerca que nunca.
Como parte de su estrategia, el presidente Reagan, que fue actor, quiere que Hollywood, al que considera "su mundo”, reme a su favor en esta estrategia de confrontación con la URSS. Y para ello va a valerse sobre todo de las películas de acción tan populares en los 80 (hasta entonces, sobre todo en los 70, el cine había reflejado el clima de distención, y a los rusos de forma conciliadora, un ejemplo de ello es la película “de catástrofes” Meteoro, en la que yanquis y soviéticos colaboran amigablemente y apuntan sus misiles contra un enemigo común, un asteroide).
Títulos como Rambo III, Rocky IV o Amanecer Rojo, destilan ese tufillo antisoviético, al que Clint Eastwood, un republicano convencido, se suma sin problema alguno (incluso entonces, la película recibió muchas críticas por dar una visión tan maniquea del momento histórico, y este detalle es quizás lo único que se puede poner en el debe de un film soberbio en todo lo demás).
Así, la trama reúne todo el catálogo de tópicos  y estereotipos sobre el tema: 
Uno de ellos es el mito de la superioridad tecnológico-armamentística de los soviéticos, que se da por hecho en el film, y que no era por entonces sino un eficaz método de propaganda patriótica para justificar ante la sociedad estadounidense el enorme gasto militar de su administración. Los rusos nunca tuvieron tal superioridad, ni siquiera en los años del MiG 15 y el MiG 21 (es más, “seguir el ritmo” de la OTAN les costaría en una década el hundimiento de su sistema).
Otro de los falsos mitos es el de la supuesta infiltración de la CIA en la Unión Soviética, que sostiene gran parte de la trama de la película. El hermetismo era total y la CIA sabía muy poco, y menos de sus últimos avances aeronáuticos (de hecho, se enteraron de la existencia del novedoso y veloz MiG 25, que inspira en parte al prototipo de la película, cuando uno de ellos se escapó sin dificultad de dos Phantom israelíes en territorio sirio a principios de los 70). En cambio, sí ocurrió al revés, los rusos sí tuvieron durante largo tiempo una red de espionaje en Occidente, algo que sí reflejan por ejemplo, las pelis de James Bond, que siempre han dado una visión mucho más fiel de la relación Este-Oeste en el ámbito del espionaje (recordemos la icónica La espía que me amó).
Otro estereotipo recurrente es el de retratar a los rusos como “malos absolutos”, seres sin alma, que matan a sangre fría, demonios rojos a los que hay que combatir y destruir (en contraposición, claro, con los “buenos siempre” norteamericanos), algo que también era habitual en las cintas de acción de entonces con los asiáticos (chinos, vietnamitas, etc.). Es muy curioso como en el casting de la película, para los militares rusos, se eligen actores asociados a papeles de nazis como Kenneth Coley (que también era oficial del Imperio en Star Wars), Ronald Lacey (el nazi de las SS que persigue a Indiana Jones), o Wolf Kalher, quizás el más encasillado de todos, y que también salía en En busca del arca perdida.
Sin embargo, la película acierta en algunos aspectos, aunque los exagere en exceso. Tal y como cuenta la cinta, sí ocurrió en la URSS que científicos de gran valía, fueran “forzados” a trabajar en proyectos pioneros, es el caso del personaje de Nigel Hawthorne, el Dr. Pyotr Baranovich, cuya esposa, por cierto, es la única mujer que aparece en la película. Un ejemplo en la realidad es el curioso caso de Leon Theremin (inventor del famoso instrumento musical que lleva su nombre), que fue destinado a un laboratorio secreto en el que diseñó un micrófono indetectable con el que los rusos espiaron la embajada americana en Moscú durante años.


EL IMPRESIONANTE MiG 31 FIREFOX

         Si por algo destaca la película es por la espectacularidad de las escenas de combate aéreo con el imponente prototipo denominado MiG 31. El avión se concibió específicamente para la película, aunque está inspirado en modelos ya existentes, como el mencionado caza bimotor soviético MiG 25 de doble alerón trasero, y el veloz y futurista avión espía estadounidense RS-71, del que recoge su color negro, su envergadura alar y sus altas capacidades de aviónica.
         El MiG 31 de la película, aparte de su velocidad, alcance y armamento, cuenta con una innovación increíble aún hoy en día: su casco es capaz de unir piloto y avión mediante conexiones neuronales, de tal forma que el aparato obedezca sus órdenes de vuelo o disparo de manera inmediata, lo que le da una ventaja infalible en combate. Esta característica da origen a la frase más famosa de la película: “Debe pensar en ruso. Piense en ruso.”
         Esta cualidad tecnológica es un viejo sueño de los ingenieros y militares de todas las fuerzas aéreas, que solo se ha conseguido implementar parcialmente en modernos cazas como el Rafale o el Eurofighter, aunque de forma muy básica y con una conexión física o de movimientos, en ningún caso neuronal. Es así también en helicópteros de ataque de última generación como el Tiger, cuyo cañón se direcciona por los movimientos del casco del piloto (algo similar a lo que hacía otra aeronave icónica de los 80, el Trueno Azul).

EL RODAJE Y LOS EFECTOS VISUALES

         Gran parte de la película está ambientada en la Unión Soviética, y para recrear ese escenario, el rodaje se realizó en Austria. También en exteriores de Montana, para el principio de la película, además de California, Londres y la base aérea de Thule, en Groenlandia.
         Para las espectaculares escenas de vuelo, se recurrió al especialista de ILM John Dkystra, que utilizó su por entonces novedosa pantalla azul de fundidos (la misma de “El imperio contraataca”). Por cierto que la maqueta del avión que se utilizó para estas secuencias se expone en el Warner Bros. Museum de Los Ángeles.
         El modelo a escala real del avión evidentemente no podía volar, y se movía toscamente tanto por los hangares, como cuando aterriza en el hielo ártico junto al submarino para repostar, en otra escena espectacular.
         Aunque en el cine nos fascinó, y nos dejó boquiabiertos, hay que reconocer, aun siendo fans incondicionales de la película, que lo que entonces sorprendía, a día de hoy se ve como torpes fundidos en la mayoría de las escenas de vuelo. El paso de los años, y la avalancha del cine actual con exceso de CGI, hacen que “se noten” las carencias del cine clásico contemporáneo en esta y otras pelis. 


CONCLUSIÓN

         La película fue todo un éxito de público y taquilla. No tanto de crítica, por lo que hemos comentado antes, y porque algunos críticos la comparaban con el anterior film de Eastwood The Eiger sanction (traducida en España como Licencia para matar), o con las películas de James Bond. Incluso el New York Times dijo de ella que era “una de 007 sin chicas, y de Superman sin sentido del humor, con solo un poquito más de suspense de lo plausible”.
         En cualquier caso, para los que la vimos de chavales siempre la recordaremos con añoranza, y nos veremos pilotando ese veloz pájaro a velocidades supersónicas a ras de suelo, tumbando los árboles y levantando la nieve o el agua a nuestro paso. Y, por supuesto, pensando en ruso.

Por @VictorSescritor







Único Testigo (Witness, Testigo en peligro, Peter Weir, 1985)

Único testigo es todo un clásico de nuestra querida década. Este soberbio y original thriller de ambiente rural estuvo dirigido por Peter Weir, y protagonizado por Harrison Ford, Kelly McGillis y Danny Glover. Junto a ellos, el niño Lukas Haas, y Alexander Godunov.
  
EL ARGUMENTO Y LOS PERSONAJES
         El protagonista principal de la película es sin duda Harrison Ford, por entonces la más rutilante estrella emergente del Hollywood de los 80, que quería escapar un poco del estereotipo de Han Solo e Indiana Jones, y acceder a papeles con más poso interpretativo; cosa que logra con creces en el papel de John Book, un avezado inspector de homicidios de la cuidad de Filadelfia, al cargo de un aparentemente rutinario caso de asesinato en la estación de tren de la ciudad. Por este trabajo recibió su primera nominación a los Óscar, y es sin duda una de sus mejores interpretaciones.
         Su partenaire es la casi debutante Kelly McGillis (que luego haría Top Gun), y que también estuvo nominada a los Globos de Oro por hacer de Raquel Labb, la joven viuda de la secta Amish, que viaja en tren junto a su hijo Samuel, papel que recayó en el niño Lukas Haas, espléndido como el pequeño callado, observador e inteligente chaval que es testigo por casualidad de un asesinato en los baños de la estación.
La trama argumental gira en torno a este trío protagonista. Cuando Samuel identifica al asesino en comisaría (en una impactante escena sin diálogos pero llena de expresividad, y brillantemente coreografiada), la trama va a dar un giro inesperado. El asesino es otro policía, el teniente McFee (Danny Glover), un condecorado inspector de narcóticos, al que protege el propio jefe de Book, el capitán Paul Schaeffer, interpretado por otro malo habitual, el veterano Joseph Sommer. Ambos intentan matarle y amenazan la vida de la madre y el niño, por lo que John Book, herido en el estómago, tiene que huir con ellos a la campiña de Pensilvania, donde vive prácticamente aislada la comunidad Amish.
         Cuando los pone a salvo en su granja, John se marcha en coche pero cae desmallado y choca contra una pajarera.
         Obligado a permanecer con los Amish en su convalecencia, Book se convierte en un miembro más de la comunidad, adoptando su vestimenta y costumbres, y ayudando en sus tareas al abuelo de la familia, el viejo Eli Labb (Jan Rubes).
En algunas labores es un auténtico experto, como en los trabajos con la madera (recordemos que el propio Harrison Ford se ganaba la vida como carpintero en Los Ángeles cuando era un joven aspirante a actor, y se nota), en cambio no tiene ni idea, por ejemplo, de ordeñar una vaca (“creo que no ha tocado una teta en su vida”, le dice el viejo Eli Labb. “Tan grande, nunca”, se defiende él).
         En el cuerpo de policía, Book solo tiene el apoyo de su compañero Carter, interpretado por Brent Jennings. Eliminado por la mafia policial, John ya solo cuenta con sus propios medios y la aislada e incomunicada sociedad Amish.
         Sin embargo, por un error fatal, son descubiertos y John Book se tendrá que enfrentar a su destino en una secuencia final llena de acción y violencia.

¿QUÉ SON LOS AMISH Y CÓMO SE LES RETRATA?
         Si bien la película comienza en un entorno urbano, la ambientación principal se desarrolla en la comunidad Amish, una secta etnoreligiosa de origen protestante anabaptista, que se caracteriza por su rechazo a toda tecnología posterior a finales del siglo XIX, por lo que carecen de electricidad, teléfono o vehículos a motor. Tienen un estilo de vida rural, pacífico, y humilde, basado en el trabajo en el campo. Llevan una vestimenta sencilla y profesan un fundamentalismo religioso rayano en la intolerancia. Son descendientes de inmigrantes germanoparlantes, sobre todo del norte de Suiza y el sur de Alemania.
         En la película son retratados con bastante fidelidad, según la crítica, aunque sobre todo haciendo hincapié en su faceta más positiva de bondad, sinceridad, solidaridad y ética de trabajo. Y un poco menos en otros aspectos más sectarios relacionados con la religión, la discriminación o la xenofobia, que quedan un poco diluidos en frases como “ten cuidado con los de origen inglés” del abuelo Labb.
         Al principio, cuando Raquel y Samuel viajan en tren (no pueden hacerlo en avión), a visitar a unos familiares, todo les resulta extraño y amenazador. El pequeño jamás ha visto un hombre de color, ni por supuesto, un asesinato, y queda espantado.
         También se puede ver claramente como esta comunidad es tomada como atracción turística por los visitantes de los condados de Pensilvania donde viven, que los ven como una rareza local a la que hacer fotos (cosa que ellos aborrecen). Es precisamente el enfrentamiento de John Book con unos fanfarrones que están mofándose de Daniel Hochleitner (Alexander Godunov), que pese a ser un hombre joven y fornido no puede usar la violencia para responder, el que alerta a la policía de su presencia, hasta entonces imposible de localizar entre las numerosas e incomunicadas granjas.
         También se evidencia en la película su rechazo a la violencia y las armas. Book es reprendido cuando permite al pequeño Samuel, con el que entabla una relación casi de padre e hijo, jugar con su pistola, y Raquel se la esconde en un bot de conservas. Tras este incidente, el abuelo Eli explica a su nieto, entre otras cosas, que los Amish rechazaron ser reclutados en las guerras del pasado.

DOS GRANEROS, DOS ESCENAS MEMORABLES
         Como vamos viendo, la película está repleta de momentos memorables, pero sin duda los más emblemáticos, junto con el que ya hemos mencionado de Lukas Haas señalando al asesino en comisaria, son las dos escenas que ocurren en sendos graneros, una de noche y otra de día:
         La primera sucede en la granja de los Labb:
         Aunque Raquel tiene un pretendiente “oficial”, su vecino, el mencionado  Daniel Hochleitner, con el que apenas se roza, a medida que ella y John Book se van conociendo, la chispa del amor va a surgir entre ellos dos (espectacular, por cierto, la química que destilan ambos actores). Esta atracción va a tener su punto álgido cuando, una noche, John, ya casi repuesto, está con ella en el granero arreglando el coche para marcharse. Por casualidad, se enciende la radio y empieza a sonar un clásico de todos los tiempos, “What a wonderful world” de Sam Cook. Emocionado, John empieza a cantar y a bailar con Raquel (algo prohibidísimo en su secta), y en pleno éxtasis de risas, cuando están a punto de besarse, les sorprende el viejo Eli, que les reprende severamente, especialmente a Raquel.
Escena del granero:
         La segunda es la famosa escena de la construcción del granero para una joven pareja de recién casados, en la que participa toda la comunidad.
Para aprovechar sus habilidades como carpintero, el viejo Eli convence a John para que colabore también. Para esta secuencia, Peter Weir también optó por prescindir casi por completo de los diálogos, y los espectadores seguimos todo el trabajo en común de grandes y pequeños únicamente acompañados por la espléndida partitura de Maurice Jarre.
Aquí se puede ver de forma muy clara la diferencia de sexos: mientras las mujeres y las niñas bordan el ajuar, y preparan y sirven la comida, los hombres y los niños levantan la estructura, hacen agujeros en las vigas y martillean los clavos.
Al final del día, el granero está terminado.
Como curiosidad, a lo largo de toda la secuencia se puede ver junto a Harrison Ford a un por entonces jovencísimo y desconocido Viggo Mortensen.

Escena de la construcción:


EL PODEROSO FINAL DE LA PELÍCULA
         Pese a que la mayoría de la gran familia ochenter habréis visto la película, puesto que es todo un clásico y es repuesta una y otra vez en televisión, ya sabéis que no nos gusta contar el final en nuestras reseñas. Sí os diremos que, tras casi toda la película metidos como espectadores, casi participantes, en la comunidad Amish, el choque de contrastes entre la granja anclada en el siglo XIX, casi al estilo de la “Casa de la pradera”, y la llegada de un moderno automóvil del que los tres malvados policías sacan sus fusiles, impacta casi tanto como las trepidantes y violentas escenas de lucha entre Book, y McFee, Schaeffer y Fergie (Angus MacInnes). Tres contra uno, pero no cuentan con los Labb, especialmente con el pequeño Samuel, que se las apañará para ayudar sin utilizar la violencia.

CONCLUSION
La película fue un éxito de crítica y público, y recibió ocho nominaciones a los Óscar, entre ellas mejor película, mejor director, y mejor actor principal, y obtuvo dos estatuillas, mejor guión original y mejor montaje. Un premio exiguo, podríamos decir, pero es que aquel año competía con títulos como Memorias de África (que se llevó siete galardones, entre ellos mejor película), El honor de los Prizzi, Ran, Cocoon o incluso Regreso al futuro.
Aparte de la originalidad de situar en el centro de la trama a la secta Amish, que, sobre todo para el público español y europeo en general, era totalmente desconocida, también el hecho de que los malos sean en este caso policías, le da un toque contracorriente muy innovador (detrás de la película está la productora The Ladd Company, de Alan Ladd Jr., el hombre que saco la cara por George Lucas ante los escépticos gerifaltes de la Fox que desconfiaban de La guerra de las galaxias).
Además, el ritmo pausado, acompañado de la magnífica banda sonora de Maurice Jarre, a ratos sinfónica, a ratos New Age, con notas largas, hace que el espectador se sitúe en esa atemporalidad en la que viven los protagonistas.
Luego esa historia de amor imposible, inconclusa entre John y Raquel, que termina… como tiene que terminar, con el personaje de Godunov enfilando confiado el camino de la casa de los Labb. Esa inocencia del niño Lukas Haas, al que Book regala un juguete de madera antes de arreglar la pajarera que rompió al llegar. Son tantos y tantos momentos.
Así que ya solo nos queda decir: Tened cuidado con los de origen inglés.

Por 








Blade Runner (Ridley Scott, 1982)



"Los Ángeles, noviembre 2019"
Ochenters, así comenzaba el clásico de ciencia ficción Blade Runner (Ridley Scott, 1982), inspirado en la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? del novelista del género Phillip K. Dick, protagonizada por HarrisonFord, Sean Young y Rutger Hauger, con efectos especiales del maestro Douglas Trumbull, y música de Vangelis. Incomprendida en su estreno, hoy se considera uno de los films cumbre de la historia del séptimo arte.

LA NOVELA Y LA PELÍCULA
Como ya hemos dicho, la película se inspira en la novela breve "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?", del escritor de Phillip K. Dick, autor muy original y prolífico, aunque poco conocido por el gran público en aquel momento (no hoy, que muchas de sus novelas y relatos han sido llevados al cine, con ejemplos paradigmáticos como "Desafío Total", basada en el relato corto "Deje que lo recordemos por usted" o "Minority report").
Pese a que Ridley Scott capta la esencia de relato, y sobre todo la atmósfera oscura, lúgubre y opresiva de la sociedad alienada que describe el autor, el director y los guionistas, Frampton Fancher y David Peoples, se tomas muchas licencias, y las diferencias con el relato escrito son notables: Para empezar, en la novela, Deckard es un hombre casado, que profesa una extraña religión de nuevo cuño, lleva ropa interior de plomo por la radiación, y tiene en su tejado una oveja eléctrica (de ahí el título), dado que no puede pagarse una mascota biológica, signo de estatus social. Luego, Rachel, la heroína femenina de la peli, en el libro es un personaje secundario, y Roy Batty, es un tipo ancho y de corta estatura, muy alejado del físico y el carisma del personaje encarnado por Rutger Hauger.
         Para la película, Scott simplifica el relato, centrándose en la atmósfera oscura y lluviosa de una ciudad caótica, superpoblada y deshumanizada, en la que la gente malvive aislada y reprimida.
         El film comienza con un breve texto explicativo: “A principios del siglo XXI la Tyrell Corporation desarrolló un nuevo tipo de robot llamado Nexus -un ser virtualmente idéntico al hombre- y conocido como Replicante. Los replicantes Nexus 6 eran superiores en fuerza y agilidad, y al menos iguales en inteligencia, a los ingenieros de genética que los crearon…”.
Debido a ello se les implanta, como medida de seguridad, una duración, una “vida”, de cuatro años, y se les destina a trabajos en el espacio exterior. Los replicantes tienen  prohibido viajar a La Tierra, y la unidad policial que persigue a los infractores se denomina Blade Runner. Su forma de detectarlos es mediante un test de preguntas de contenido emocional, sencillas para un humano, pero casi imposibles para un replicante, inexperto en esa materia. Cuando un Blade Runner  encuentra a un replicante debe abatirlo sin más, y a eso “no se le llama asesinato sino jubilación”.
Por ello, cuando un peligroso grupo de replicantes a punto de cumplir sus cuatro años de vida, liderado por Roy Batty, asalta una lanzadera con destino a La Tierra, el encargado de “perseguirlos y retirarlos”, será el mejor Blade Runner del cuerpo, el veterano detective Rick Deckard. 

LA PREPRODUCCIÓN Y EL CASTING
La historia del rodaje de Blade Runner es toda una odisea (De hecho el documental "Tiempos extraños", de cómo se hizo dura más de cuatro horas).
Después del éxito de crítica y público de "Alien, el octavo pasajero", Ridley Scott tenía pista libre y cheque en blanco de Warner Bros para emprender un proyecto tan innovador y ambicioso como este. Sin embargo, los productores de la película, Michael Deely y Jerry Perenchio, no se mostraron tan favorables desde el primer momento, y, aunque el director contó con total libertad creativa, tenían "espías" dentro del equipo, que les informaban de todo.
En un primer momento se encargó el guión al experimentado guionista británico Frampton Fancher, que escribió una historia compleja y alambicada, que no terminaba de contentar a Scott. En ese momento, se barajaba para el papel de Deckard a Robert Michun, Francher ha confesado reiteradamente que escribió el papel para él, que, pese a pasar de los sesenta, había protagonizado el thriller de acción "Yakuza". Después, en los story boards, era un tipo pequeño y corriente que se asemejaba a Al Pacino, de hecho este nombre se barajó para el papel protagonista, junto con Gene Hackman , Sean Connery , Jack Nicholson , Paul Newman , Clint Eastwood , Tommy Lee Jones , Arnold Schwarzenegger e incluso Burt Reynolds. Como anécdota diremos que, en ese primer guión, la película comenzaba con la escena que Fancher consiguió colar en la reciente y decepcionante continuación del clásico dirigida por Denis Villeneuve, en la que una olla chapotea mientras Deckard acude a una vivienda solitaria a "retirar" a un replicante.
Cuando Frampton Fancher dejó el proyecto, se encargó el guión a un joven David Peoples, lo que supuso un alivio para el director, ya que desde el principio, entendió el tono y el ritmo que quería para la película.
Descartados otros protagonistas, Ridley Scott tenía clara la contratación de Harrison Ford para el papel principal. Su empaque, su presencia, y su recién estrenado status de estrella, tras "La guerra de las galaxias" e "Indiana Jones", le hacían ideal para encarnar al duro y curtido policía del futuro enfrentado tanto al mundo, como a sí mismo.
Para la protagonista femenina, que se quería fuera alguien desconocido para el gran público, se hizo un casting al estilo del Hollywood clásico, grabación de escenas en celuloide incluidas. Para el papel de Rachel, la favorita parecía ser Nina Axelrod, una joven rubia que se desenvolvía a las mil maravillas en las escenas con Norman Paull, que hacía las veces de Deckard para dar paso a las actrices. Sin embargo, en el último momento, Ridley Scott se decidió por Sean Young, de un perfil distinto: alta, estilizada, morena, y de aspecto más frágil.
Para el otro personaje femenino joven (la bella replicante de placer Priss), se hizo un casting mucho más amplio y abierto, al que se presentaron multitud de actrices, entre ellas, una desconocida Daryl Hanna. Según contó ella misma, estaba tan harta de recibir negativas en las audiciones, que esta vez optó por presentarse sin arreglar, mal vestida, con el pelo revuelto y sin maquillar, algo que, en este caso, era ideal para el personaje. Cuando leyó su parte del guión y vio que Priss tenía que hacer contorsiones y el famoso salto hacia atrás, ella dijo que era capaz de hacerlo sin doble, y lo demostró delante del equipo. Contratada.
Para el papel del villano Roy Batty, Scott eligió al fornido actor neerlandés Rutger Hauger sin conocerle, basándose solo en sus papeles en películas de su compatriota Paul Verhoeven. Cuando se encontraron, Hauger se presentó a la entrevista con el pelo cortado y teñido al estilo del personaje, y enseguida cautivó a Ridley Scott con su presencia y su voz.
Para los demás papeles se recurrió a estrellas como Joanna Cassidy (la madura replicante Zora, domadora de serpientes), o Emmet Walls (El capitán Briant, jefe de Deckard, un policía chapado a la antigua, que “llama monos a los negros y pellejudos a los replicantes”), y también a solventes secundarios como Bryon James (el corpulento replicante Leon), Joe Turkell (el pérfido y taimado magnate Eldon Tyrell), James Hong (el especialista en ojos sintéticos que trabaja en un laboratorio helado), y William Sanderson (el genetista J. F. Sebastian, que vive rodeado de juguetes robóticos).
Para interpretar al enigmático Gaff, compañero de Deckard en la unidad Blade Runner, el elegido fue Eduard James Olmos, que tuvo libertad absoluta para componer su personaje, para el que incluso invento un lenguaje propio, mezcla de inglés, español y húngaro.
Finalmente, para Norman Paull, el joven actor que había soportado las largas y tediosas sesiones de casting con las actrices, Ridley Scott reservó, como premio, un pequeño papel al principio del film, el del detective Holden, que muere a las primeras de cambio tras desesperar a uno de los replicantes con el test Boight-Kampf.

EL CAÓTICO RODAJE
Como hemos dicho, desde el principio, surgieron desavenencias entre Ridley Scott y los productores del film. Sus exigencias presupuestarias, sus cambios de parecer, los continuos retrasos en el rodaje, y lo que ellos consideraban un guión y un tono de la película demasiado poco comercial, que auguraba un fracaso en taquilla, les hacía ser cicateros con los gastos, y exigentes con los plazos de rodaje. Detalles como que Scott no estaba conforme con el vaso que aparecía en la mesa del detective Holden en la primera escena (tanto es así que el equipo de diseño de producción, ya desesperado, llegó a comprar el lineal completo de vasos y tazas de Wallmart para que el director eligiera), o que hizo cambiar las columnas del despacho de Tyrell porque se las habían instalado del revés, eran vistos por los productores como caprichos de director divo que no eran sino un obstáculo en el rodaje.
El set principal, habilitado en un espacio abierto de los estudios  de Warner en Burbank, era un feo amasijo de paredes grises y chatarra, poco llamativo de día, pero que al llegar la noche, el momento de rodar, adquiría su verdadera dimensión; cuando se encendían las luces de neón, se llenaba de extras caracterizados, y de operarios esparciendo humo de niebla y agua de lluvia.
Además, Ridley Scott utilizó escenarios reales de la ciudad de Los Ángeles, como la Union Station de trenes, que figura como el interior de la comisaría de policía de la ciudad. Para el despacho del jefe Bryant, se construyó un local en el centro del vestíbulo que aún se mantiene hoy en día como oficina de servicios.
El original y futurista apartamento de Deckard se inspiró en el edificio Ennis-Brown, y la casa de J. F. Sebastian, donde se desarrolla el climax final de la película, se rodó en los interiores del famoso Edificio Bradbury, que ha salido en tantas y tantas películas, en el que se filmaba de noche, para no molestar a los vecinos, y que se ensuciaba, y se limpiaba cada madrugada.
 Una de las escenas más complicadas fue el rodaje en el laboratorio helado. Ridley Scott quería el máximo de verosimilitud en la secuencia, así que exigió que se congelara el set “de verdad”, y que se viera el vaho salir de la respiración de los actores. El veterano James Hong, curtido en todo tipo de rodajes de cine y series, confesó que no lo había pasado peor en su vida que rodando aquellas escenas. Además, el frio intenso inutilizaba la cámara y demás equipos de grabación, por lo que, aún lubricadas con aceites especiales, solo se podía filmar durante diez minutos seguidos, y luego esperar una media hora. Pese a ello la secuencia resulta redonda.
No ocurre así con la escena del “retiro” de la replicante Zora (Joanna Cassidy), que es sin duda uno de los peores momentos de un film estéticamente tan conseguido. Cuando Deckard descubre a Zora en un tugurio en el que trabaja como domadora de serpientes, ésta escapa a la carrera. Él la dispara desde lejos por la espalda, y ha de morir estrellándose contra los múltiples cristales un escaparate.

La propia Joanna Cassidy cuenta que le pidió expresamente a Ridley Scott, interpretar ella la escena, dado que la toma era frontal y se iba a ver la cara de la especialista que la iba a doblar, con la que además guardaba un escaso parecido físico. Sin embargo, y pese a que las lunas que tenía que atravesar eran falsas, del denominado “cristal de azúcar”, Scott se negó en redondo a permitirla realizar la escena, aludiendo que ella era “una estrella internacional”, y no podía permitirse el lujo de que sufriera un accidente. De esta forma, la escena la rodó la doble, y ya incluso en el cine, se notaba claramente que no era la bella y estilizada Cassidy, sino una mujer robusta y menuda, con una burda peluca en la cabeza. Uno de los mayores fiascos en pantalla del cine contemporáneo. 

DOUGLAS TRUBULL Y SUS FABULOSOS EFECTOS ESPECIALES
         Si en algo acertó Ridley Scott en esta película, aparte de en la banda sonora de Vangelis, fue en encargarle los efectos especiales al maestro Douglas Trumbull, el hombre que había  hecho magia con Kubrick en “2001” y con Spielberg en “Encuentros en la tercera fase”. Todo un artesano de los fundidos y las maquetas, Trumbull aportó soluciones a todos los retos narrativos que le proponía Scott:
         La película comienza con la impactante secuencia de unos ojos de mujer que contemplan la oscura y desoladora imagen de una megaciudad posapocalíptica. La secuencia, que el equipo de producción apodó el “Hades”, es una maqueta de 4 x 6 m. con una sucesión de planchas de latón simulando, de forma tosca, el perfil de los edificios, y las refinerías, con pequeñas bombillas, que, sin embargo en pantalla, aporta una sensación tridimensional majestuosa, y que coronó con el fundido de imágenes de explosiones y llamaradas de fuego que tenía en su archivo, descartados de otras películas.
         Los monumentales edificios, que recuerdan en gran medida al clásico de Fritz Lang Metrópolis, también eran maquetas, del tamaño de varias personas. Para la torre de la policía se utilizó un Halcón milenario para darle forma, y Las dos pirámides de la Tyrell Corporatión se inspiran en las de los mayas y los aztecas.
         Sobre ellas, y el cielo brumoso de la contaminada y lluviosa ciudad, volaban los famosos Spinners, vehículos similares a los coches, capaces de moverse por tierra y aire. Los que se hicieron a tamaño real se elevaban mediante cables, ocultos por el humo, pero las maquetas de pequeño tamaño, que se iban a insertar con fundidos, presentaban un problema, porque en pantalla se notaban artificiales, como “pegotes” que deslucían la épica de las escenas. Para solucionarlo, Trumbull utilizó un recurso de mago de los efectos especiales: amplificó los faros y las luces de los vehículos mediante lentes, consiguiendo, no solo disimular perfectamente los fundidos, sino también contribuir a crear la atmósfera tan característica del film.
         A ella contribuyeron también las espectaculares panorámicas de los edificios y las terrazas, tan realistas, y que Scott y Trumbull consiguieron con la tradicional, y a la vez efectiva, técnica del fondo pintado, que se utilizaba en Hollywood desde los tiempos del cine mudo.
         Como anécdota, Ridley Scott, tuvo el detalle de invitar al set de rodaje, al autor de la novela, Phillip K. Dick, ya enfermo (moriría poco después). El novelista se mostró encantado con lo que vio, y dijo que la película reflejaba a la perfección el escenario ambiental del libro.

SEAN YOUNG Y HARRISON FORD
         Como ya es conocido, la relación entre los dos, no tanto personal como delante de la cámara, no puede decirse que fuera de química y complicidad. Aunque ambos pusieron todo de su parte, más que atraerse, como debía suceder en la trama de la película, se repelían. No solo por la diferencia de edad (cuando  se rodó la película, ella tenía apenas 20 años, y él casi 42), sino porque ella era una debutante y él toda una estrella emergente del Hollywood de los 80. Young siempre ha dicho que estaba muy nerviosa en sus escenas con Ford. Le imponía su mera presencia.
         Aunque ambos consiguieron coronar secuencias sublimes, como su encuentro en el despacho de Tyrell con el test Boight-Kampf, en el que ella fuma sin parar, y se encuentra aparentemente segura y relajada hasta la pregunta final. O la secuencia del apartamento, en la que Rachel se suelta el pelo, y toca al piano Memories of Green, y a ambos se les ve de perfil, en una de esas tomas que solo puede conseguir un genio como Ridley Scott, y en la que Rachel asumía mentalmente su verdadera condición.

         Sin embargo, la que tenía que ser una de las escenas capitales de la película, cuando entre ambos se enciende la chispa del amor y se besan apasionadamente, resultó un completo fracaso. Hay cientos de metros de película en la que director y actores intentan, toma tras toma y por todos los medios, que la escena resulte, pero no lo consiguen, Ford no la besa bien, ella se ríe, no hay química ni pasión. Al final, desesperado, y buscando cómo salir de la situación, Ridley Scott optó por una solución radical, que se apartaba del guión, pero al menos podría resultar creíble en pantalla y desencallar la situación. “Fuérzala”, le dijo a Harrison Ford, “que sea por la fuerza”. Young estuvo de acuerdo, la escena salió a la primera, y así quedó en el montaje definitivo. 

LA SUBLIME ESCENA FINAL
Sin duda, los momentos finales de Blade Runner, son de los que han pasado a la historia, y por ello vamos a referirlos con detenimiento:
En los días finales del rodaje, Ridley Scott estaba acuciado por los productores para que terminara, ya que consideraban que se había pasado de presupuesto y plazo. No querían gastar más dinero ni tiempo, y la presión sobre el director era altísima, así que decidió que, sí o sí, aquella noche se tenía que terminar la película.
Antes de la escena final, Deckard sigue la pista de los dos replicantes que quedan, hasta el apartamento de J. F. Sebastian. Atraviesa los pasillos sucios y oscuros del Edificio Bradbury, iluminados tan solo por las pantallas voladoras de publicidad. Cuando entra, se encuentra un universo de muñecos e ingenios robóticos, entre los que el espectador ya ha visto a Priss bajo un velo y quieta como una estatua.
Priss ataca a Deckard, le hace una llave para ahogarle entre sus piernas y tira de su nariz con los dedos. Tal fue el realismo de la escena, que Daryl Hanna estaba haciendo daño de verdad a Harrison Ford, que grita y se retuerce desesperado.
Luego llega la famosa carrera de gimnasta dando vueltas sobre sí misma (al final, Scott tampoco permitió a Hanna hacer la secuencia de acrobacias), y en pantalla también se evidencia que es una doble pequeña y musculosa con aspecto de gimnasta, la que cae abatida tras los saltos.
Cuando Roy Batty aparece, ya notando los síntomas de su propio fin, se llena de ira por la muerte de su Priss, y sale en persecución de Deckad hasta el tejado. Allí, desesperado, el policía intenta saltar al edifico de al lado pero queda colgado de una viga, a punto de caer al vacío.
En la siguiente toma, Roy Batty debía saltar como si nada, de un edificio a otro, amparado en su descomunal potencia física. Los dos tejados de los edificios eran grandes plataformas móviles que estaban a una distancia de seis metros. El especialista que tenía que realizar el salto hizo varios intentos en los que fracasó. Caía continuamente a la lona tras golpearse violentamente contra la estructura, y cada vez estaba más cansado. Además, la noche se estaba terminando y se acercaban el temido amanecer.
Vista la situación, Rutger Hauger, que esperaba pacientemente, se acercó a Ridley Scott y le dijo: “Yo he sido atleta, y, si me ponéis los dos tejados a una distancia de cuatro metros y medio puedo hacer el salto”. Desesperado, el director accedió.
Los operarios movieron las estructuras, provistas de ruedas, hasta la distancia acordada, y Scott situó la cámara elevada y tras Hauger, para dar sensación de perspectiva. El actor se concentró, tomó una de las palomas, de color blanco (algo que no estaba previsto en el guión y que él improvisó para dar mayor dramatismo a la escena). Tomó carrerilla e hizo el salto a la primera, y con el impecable estilo de un campeón olímpico, tal y como se ve en la película. Corten.
Y esta no fue la única aportación de Rutger Hauger a esta última secuencia. Aún faltaba lo mejor: Para el monólogo final de Roy Batty, antes de su muerte, en el guión había un texto largo y complejo con reflexiones sobre la vida, la muerte y la existencia. Casi estaba amaneciendo y no había tiempo para todo eso, así que, una vez más, Hauger se dirigió a Scott y le dijo “Puedo componer las frases justas para que la escena se acorte y funcione”. Así, de la improvisación y  talento creativo de Rutger Hauger, surge la frase más épica, grandiosa y legendaria del cine contemporáneo, y que, en la versión española, disfrutamos en la voz del gran Constantino Romero:
“He visto cosas que nunca creerías. Naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos C, brillar en la oscuridad más allá de las Puertas de Tanhauser. Todos esos momentos, se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia…”
La cara de Harrison Ford lo dice todo. Luego, Hauger soltó la paloma (que por cierto no voló, pero se quedó fuera de plano, la que se ve volando es un añadido), y aguantó la respiración para quedarse quieto hasta casi el ahogo. Y de fondo, la música de Vangelis, y ese cielo de tonos azules y violetas, que no eran sino el propio amanecer. El resto es historia.
“Es una lástima que ella no pueda vivir, pero ¿quién vive?”

ANEXO:
         El artículo debería acabar con esa frase final, y con Rachel y Deckard escapando hacia ninguna parte. Pero la historia, al menos en su estreno en 1982, no tuvo ese final que quería el director, sino uno distinto, edulcorado por la mano de los productores.
         En aquellos tiempos, una vez acabado el rodaje y el montaje, la película pasaba a manos de los productores, que tenían potestad para añadir o quitar a su antojo. Y así lo hicieron. Desde el principio hasta el final. Añadieron una voz en off explicativa, que Harrison Ford se vio obligado a locutar a regañadientes y por contrato, al estilo de las películas de cine negro de los años cuarenta de Humphrey Bogart, que iba desgranando a lo largo del film, diferentes aspectos de la historia que los productores consideraban que el público no iba a entender.
Pero lo peor no fue eso: se permitieron además la licencia de cambiar el final de la película, que pasaba de un desenlace incierto y totalmente abierto, que dejaba al espectador con el corazón en un puño, a un típico y tópico Happy end al más puro estilo Hollywood en el que se venía a decir algo así como “vale, las han pasado canutas, pero ahora van a vivir felices y a comer perdices en Canadá”. 
Para ello, tomaron prestadas del archivo de Warner varias cintas con paisajes boscosos rodados con helicóptero, que le habían sobrado a Kubrick de “El Resplandor”, y una breve secuencia rodada a toda prisa, con Ford y Young montados en un Spinner sobre un camión en marcha.
         Ridley Scott se escandalizó, pero entonces no podía hacer nada. Años más tarde, cuando recuperó los derechos para “la copia del director”, lo primero que hizo fue suprimir ese final y la voz en off.
No cabe duda que Blade Runner es una película mítica, pero que resultó incomprendida en su estreno. Los productores, ansiosos por recuperar  a toda costa el dinero invertido, hicieron un lanzamiento promocional totalmente errado, que presentaba el film como una aventura policíaca con tintes épicos y para todos los públicos, una especie de mezcla entre Star Wars e Indiana Jones; y no como lo que era en realidad: una distopía futurista oscura e intelectual, más emparentada con el cine de autor y con el cine negro.
Por ello, en los primeros días, el público acudió a los cines en masa. Familias enteras, niños pequeños, y claro, salían de la sala con cara de no haberse enterado de nada, y sus padres desazonados, cuando no entristecidos por el futuro tan desolador que presentaba el film para sus hijos. Por ello, cuando cundió el "boca a boca", los cines se fueron vaciando, y resultó un sonoro fracaso de taquilla.
Solo con el paso de los años, el poso que dejó se fue agrandando, y hoy es considerado unos de los films más relevantes e influyentes de todos los tiempos. Una película de culto, idolatrada por la generación ochenter, y que ha influido en movimientos posteriores como el cyberpunk.
Y una reflexión final: Aquellos que vimos la peli en su estreno, en 1982, ni por la imaginación se nos pasaba que el futuro, este noviembre de 2019 de hoy, fuera tal y como se presentaba en la película. Ahora no estamos tan seguros.

Por Víctor Sánchez González @VictorSescritor