Presentación

Amantes de mundos fantásticos, bisoños aventureros en busca de tesoros, criaturas de la noche, princesas estudiantiles y fanáticos de cachas de postín, ¡sed bienvenidos!. Invitados quedáis a rebuscar en nuestra colección de VHS, acomodar vuestras posaderas en una mullida butaca, darle al play, y disfrutar de lo bueno, lo malo y lo peor que dieron estas décadas.

ADVERTENCIA: Aquí no se escribe crítica cinematográfica (ni se pretende). Las reseñas son altamente subjetivas y el único objetivo es aprender y disfrutar del cine y, por supuesto, de vosotros.
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El Guerrero del Cuarto Milenio (1987/Brian Hannant) The time guardian


Joya del videoclub de las buenas, una de esas películas cuya portada original era más fake que una moneda de tres pesetas, pero al fin y al cabo una película de la MGM que era bebedora de toda aquella ciencia ficción ochentera que nos comimos en nuestra infancia y adolescencia y culpable de que los viernes y sábados nos pasásemos horas y horas rebuscando películas en el videoclub.
No me enrollo más y os traigo en nu estro Delorean : El Guerrero del Cuarto Milenio

Película con Tom Burlinson (Flesh and Blood) de prota junto a Nikki Coghill (Dark Age) y nuestra princesa Leia , Carrie Fisher.
Ciencia ficción pura y dura en la que una ciudad consigue viajar a través del tiempo para como único medio de supervivencia, evitando ser atrapados por unos cyborgs que quieren exterminarlos.
Como último recurso tras una cruenta batalla, tienen que enviar a la Australia de 1988 a dos de sus mejores guerreros, Tom y Carrie con el fin de acabar de una vez por todas por los cyborgs que responden al nombre de Jen-Diki

La película es la primera sci-fi movie de Australia y es una película que se pasa volando, puesto que dura apenas ochenta minutos, con lo que va directa al grano.
Con unos FX  muy ochenteros y unos cyborgs que parecían Clicks de Playmobil por su poca movilidad, no deja de ser una película muy reseñable, con buenas escenas de acción y donde Tom Burlison es una especie de clon de Michael Biehn en Terminator o Aliens (de hecho se parecen físicamente) y donde el tipo sabe dar ostias como panes y plantar cara a los Jen-Diki con mención especial al combate contra el líder de ellos.
A destacar sobremanera el diseño de la ciudad futurista, con ecos a lo Blade Runner y donde a pesar del escaso presupuesto, logran que de el pego como ciudad sitiada.
A Carrie Fisher se le ve poco, porque se pasa media película KO por una herida en combate, pero era un gancho cojonudo para alquilar la película o bien venderla por parte de la MGM en los mercados extranjeros ( recordemos que es una producción australiana).
Si bien los FX han envejecido , cosa lógica, no es menos cabo decir que las escenas de asedio por parte de los robots o como se van cargando a los guerreros de la ciudad o todo lo que pillan a su paso son lo mejor de la película, junto a la escena del camión o en la que a través de un panel se funden al ayudante del sheriff.
Por cierto ojito al momento en el que los dos protas viajan en el tiempo , mexcla de Star Trek, Timeline y Terminator y sobre todo la ropa que llevan, que parece sacada de un Sex- Shop 



LO MEJOR: FX y ese aire a Terminator  o Aliens, aunque sea en plan Hacendado
LO PEOR: Quizás la duración, para mí escasa, si bien no lastra la trama ya que va directa al grano 


Nota Ochenter: 7/10 con pizza y birra por favor y unos ganchitos 

José María Molano
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El año que vivimos peligrosamente (A Year of Living Dangerously, Peter Weir, 1982)



El año que vivimos peligrosamente es una intriga romático-periodística de ambientación histórica dirigida en 1982 por el australiano Peter Weir (Único testigo, El club de los poetas muertos, El show de Truman), y protagonizada por su actor fetiche de entonces, un joven Mel Gibson con el que acababa de hacer Gallipoli, la siempre espléndida Sigouney Weaver, convertida en estrella poco antes gracias a Alien, y una sorprendente Linda Hunt, que se alzó con el Óscar a mejor actriz de reparto por su papel en esta película.

AMBIENTACIÓN HISTÓRICA

         La película está ambientada en la convulsa Indonesia de 1965, con el primer mundo inmerso en la Guerra Fría, y el Tercer Mundo en pleno proceso de descolonización, con protagonistas como Sedar Shengor en Senegal, Patrice Lumunba en el Congo, Gandhi o Nerhu en India, Nasser en Egipto, o Ho Chi Mihn en Indochina. Algunos, verdaderos líderes carismáticos, y otros, despiadados dictadores, como el indonesio Sukarno, que, sin embargo, gozaba de cierta popularidad tanto dentro como fuera de su país, sobre todo por auspiciar, junto con Nerhu y Nasser, el conocido como Movimiento de Países no Alineados (alternativa al eje Oriente-Occidente, Estados Unidos-URSS), en torno a la Conferencia de Bandung, y al que luego se unirían en la de Belgrado países como Yugoslavia y Cuba.
         Sin embargo, la situación interna en Indonesia  en 1965 es un polvorín político y social. Yakarta es una ciudad superpoblada, llena de suburbios en los que imperan la pobreza, el hambre, y las enfermedades, mientras el dictador Sukarno dirige el país con mano de hierro desde su lujoso palacio. Y todo eso se refleja de forma cruda y descarnada en la película.
LA TRAMA Y LOS PROTAGONISTAS
         Mel Gibson es Guy Hamilton, un joven periodista de la agencia oficial de noticias australiana, al que le han dado su primera oportunidad de cubrir una gran historia como corresponsal en Yakarta. Al principio está perdido, y tiene que apoyarse en colaboradores locales.
         Entonces, de forma casual, en una manifestación del partido comunista indonesio contra la embajada americana, conoce a Billy Kwan, un pequeño pero sagaz reportero gráfico de origen chino, papel que recayó en una espléndida Linda Hunt (que se cortó y tiñó el pelo para el papel). Billy es un personaje peculiar, que se las sabe todas, conoce Yakarta como la palma de su mano, y decide ayudar a Hamilton porque, desde el principio, le idealiza como el periodista honesto e íntegro que por fin va a contar al mundo la verdad sobre lo que sucede en el país. Gracias a Billy, Guy consigue entrevistar a los líderes del país, y enviar a Sidney excelentes artículos y crónicas radiofónicas.


         A través de Kwan, Hamilton conoce también a Jill Bryant (Sigourney Weaver), una bella y sofisticada funcionaria de la embajada británica en Yakarta. Entre ellos surge el flechazo de inmediato, y comienzan un tórrido romance tras quedar atrapados en el coche por una tormenta del monzón.

         Todo parece ir bien para los tres, pero la situación política se complica en el país, y en cualquier momento puede haber un golpe de estado auspiciado por distintas facciones. Guy va detrás de la noticia, y Jill, en un descuido y confiada en su discreción, es la que le pone sobre la pista, mientras le confiesa que, en realidad, pertenece al servicio secreto británico. Él da la noticia sin nombrarla, pero ella queda comprometida como posible fuente. Esto hace que ambos se distancien, y que Billy pierda la confianza en él. Así, en medio del caos que vive el país, y el calor bochornoso del trópico, los tres van a sufrir su particular bajada a los infiernos. 
UN RODAJE ACCIDENTADO
La película es la adaptación de la novela del mismo título de 1978 de Christopher Koch, al que se le encargó inicialmente el guión, pero Peter Weir no estaba satisfecho con lo que el escritor le enviaba, y decidió reeescribirlo él junto con David Williamson. En palabras de Koch, el resultado fue al cincuenta por ciento de ambos guiones.
         Para el rodaje se solicitaron los escenarios originales en Yakarta, pero cuando todo parecía hecho, las autoridades indonesias no concedieron el permiso, y el equipo se tuvo que trasladar a Filipinas. Una vez allí surgió otro contratiempo, ya que la producción, y el propio Mel Gibson, sufrieron amenazas de los grupos terroristas locales, por lo que, finalmente, se filmó en Australia.
Sin embargo, la ambientación es uno de los puntos fuertes de la película. En ella se refleja tanto la situación sociopolítica del país, como el trabajo periodístico de los corresponsales en conflictos internacionales, tipos que están “de vuelta de todo”, un punto cínicos, descreídos, y aficionados a la bebida.
Otro de los puntos fuertes del film es la excelente banda sonora, del especialista Maurice Jarre, y que incluye el emblemático tema "L'Enfant", de Vangelis, con el que todos la asociamos.



CONCLUSIÓN
         El año que vivimos peligrosamente es toda una joya del cine ochenter, una intriga periodística con toque romántico y una espléndida ambientación histórica. Desde @CineDeLos80 os animamos a revisionarla. Como anécdota, os diremos que, en su estreno, nadie nos percatamos de que Billy Kwan era Linda Hunt. Lo supimos después, y a los que todavía no la asociéis, recordad a la deliciosa y enérgica directora del colegio de Astoria donde dio clase nuestro poli de guardería Arnold Schwarzenegger. 

Por VICTOR SANCHEZ GONZALEZ 








Mad Max, más allá de la cúpula del trueno (1985, George Miller, George Ogilvie) Mad Max Beyond Thunderdome


Hay que ver las vueltas que da la vida, un día gallo de pelea y el siguiente plumero.

Dos hombres entran, uno sale.


Totalmente alejada de lo visceral de su propuesta primigenia y de la acción trepidante con tintes de wester de su secuela, Mad Max 3: Más allá de la cúpula del trueno deviene en una película de aventuras enfocada a todos los públicos. Parte de la explicación a este cambio en la hasta entonces implacable propuesta de Miller bien podría deberse a la muerte de su amigo y productor de las dos primeras partes de la saga.  Así es, Miller dudaba sobre su participación en una nueva entrega como director, pero Byron Kennedy (a quien va la película dedicada ) murió en un accidente de helicóptero cuando buscaba localizaciones para la tercera parte y este desgraciado suceso impulsó a Miller, supongo que como una especie de tributo al difunto, a retomar posición tras las cámaras. No obstante, debido a lo apesumbrado que se encontraba, Miller no se vio capacitado en ese momento para tomar solo las riendas y pidió ayuda a otro colega con el que había colaborado con anterioridad , George Ogilvie. 


Aunque se pueda pensar lo contrario, a mi juicio, esta dirección compartida no se nota mucho en el resultado final al encargarse Miller de las escenas de acción. El cambio acontece en el seno de un guión escrito  por el propio Miller nuevamente junto con Terry Haves. Así que de esa dulcificación en comparación de sus dos partes precedentes habría que "culpar" a George Miller. Otro cambio notable con respecto a entregar anteriores ocurre en el apartado musical;Brian May es sustituído por Maurice Jarre (Lawrence de Arabia, Doctor Zhivago) y se incluyen varios temas (We don´t need another hero y One of the living) de la superestrella del pop Tina Turner, quien, de hecho, es una de las protagonistas.  Como curiosidad, señalar que Bruce Spence, "The Gyro Captain" en El guerrero de la carretera,  repite en esta ocasión pero interpretando a otro personaje, Jedediah el piloto.


Pese a lo dicho, esta nueva entrega me parece un espectáculo muy disfrutable y entretenido, y como película, si bien no alcanza las cotas de genialidad de sus precedentes , yo no dudaría en calificarla de notable. El problema fundamental  lo encontrarán aquellos que rastreen en busca de los elementos que caracterizaron y dieron forma a ese Mad Max seminal. Y es que son muchos de estos elementos los que se pierden a la hora de adentrarnos en La Cúpula del Trueno. 


Para empezar destaca el  poco protagonismo de los vehículos y las persecuciones -estas reducidas al tramo final-. En cuanto a las escenas de acción, que las tiene, como esa épica lucha en La cúpula , se encuentran a años luz de la violencia descarnada que Miller mostraba sin tapujos; esta acción es una muestra ligera para todos los públicos, olvídense pues de mutilaciones, sangre o cadávedes carbonizados. Los villanos , con Tina Turner a la cabeza como gobernadora en pugna con Master Blaster por la hegemionía de la Negociudad, son unos personajes en el fondo entrañables comparados con la horda de salvajes de la autopista o el Humongous de El guerrero de la carretera. Por otro lado, nuestro Max, nuestro loco Max, nunca ha mostrado un lado tan "humano" como en esta ocasión.  Pero el mayor choque, sin duda, lo hallamos en la inclusión del grupo de niños aislados en el oasis que recuerdan claramente a "los niños perdidos" de Peter Pan. Así Max adoptará ese rol de guía (Peter Pan) en busca del mundo del "mañana, mañana" , tramo final en el que la película alcanza las mayores cotas de infantilización, aunque al final reivindique ese carácter mítico con el que habría El gurrero de la carretera.


Mad Max 3: La cúpula del trueno es pues , para bien o para mal, la parte más ochentera de la saga, con todas las virtudes y defectos de la palabra - vosotros sabéis más que nadie a qué me refiero -, y en taquilla alcanzó la nada desdeñable cifra de 36 millones de dólares en Estados Unidos.

GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA



TRAILER

Mad Max 2: El guerrero de la carretera (1981, George Miller) Mad Max 2


Tras el holocausto nuclear, la gasolina se ha convertido en un bien escaso y muy codiciado. Mad Max, héroe solitario, inicia una lucha sin cuartel para ayudar a una colonia de supervivientes constantemente atacada por un grupo de violentos guerreros que intenta arrebatarle un tanque de gasolina. Max decide ayudar a los defensores del tanque... (http://www.filmaffinity.com/es/film652388.html)



Mi vida se apaga... mi vista se oscurece... sólo me quedan recuerdos. Recuerdos que evocan el pasado. Una época de caos, de sueños frustrados, éste páramo. Pero sobre todo, recuerdo al Guerrero de la Carretera, al hombre que llamábamos Max.
Para comprender quién era hay que retroceder a otros tiempos, cuando el mundo funcionaba a base del combustible negro, y de los desiertos surgían grandes ciudades de tuberías y acero.
Ciudades desaparecidas, barridas...
Por razones olvidadas hace largo tiempo, dos poderosas tribus guerreras se declararon la guerra, provocando un incendio que devoró a las ciudades. Sin combustible ya no eran nada. Construyeron una casa de paja. Las máquinas rugientes jadearon y se detuvieron.
Los líderes hablaron... y hablaron... y hablaron. Pero nada pudo detener la avalancha. El mundo se tambaleó. Las ciudades estallaron en un vendaval de pillaje, en una tormenta de miedo. Los hombres se comieron a los hombres.
Los caminos eran pesadillas interminables. Sólo sobrevivían los que se adaptaban a vivir de los desechos o eran tan brutales como para dedicarse al pillaje. Bandas de malhechores se adueñaron de las carreteras, listas para entablar combate por un tanque de gasolina.
Y en medio de este caos de ruina, los hombres normales sucumbían aplastados. Hombres como Max... el Guerrero Max... que con el tremendo rugido de una máquina lo perdió todo. Y se convirtió en un hombre vacío, un hombre quemado y sin ilusión. Un hombre que, obsesionado por los fantasmas de su pasado, se lanzó sin rumbo al páramo.
Y fue aquí, en este lugar desolado, donde aprendió a vivir de nuevo.

Que mejor que aprovechar el reciente estreno de Mad Max: Fury Road (2015) para comentar las dos partes de la trilogía ochentera (lo siento, la primera es de 1979). Respecto al regreso del loco Max, he de decir que recién vista en su estreno me ha parecido una sobrada acojonante, visualmente impactante, pura adrenalina, y un regreso a lo más alto de George Miller. Pero esa es otra historia. Quién sabe, quizás en un futuro también se comenten por estos lares estrenos que tengan relación con clásicos de los ochenta ... Pero a lo que vamos, abróchense sus cinturones - aunque esto no les librará de morir calcinados dentro de algún vehículo monstruoso - y viajen conmigo a lo más profundo del páramo australiano, donde el combustible escasea y los locos abundan.


En 1979 , un neófito llamado George Miller, cuya profesión, bien alejada del séptimo arte,  era la medicina, debutó con una de las películas de culto más aclamadas del siglo XX. Mad Max (1979) es una serie B cruda, sucia y sin concesión alguna ambientada en un futuro aciago en el que ya se entreve el escenario post apocalíptico en el que se nos sitúa de pleno en su segunda parte. Max es un policía que vive al límite jugándose la vida en cada servicio por la presencia de bandas de despiadados asesinos que no respetan nada ni a nadie. Con el asesinato de su mujer e hijo Max cruza el límite de la cordura y tomará venganza de aquellos que le despojaron de quienes eran todo en su vida.


En el prólogo de esta secuela se nos explica que el escenario de la primera parte culminó en una guerra nuclear que desoló el mundo. Así , Max deambula sólo por ese páramo , rodado en realidad en los desiertos australianos de Broken Hill, con un objetivo: sobrevivir a cualquier precio. Esta sencilla premisa conforma el núcleo. Así, sobre la estructura compacta de un guión sencillo , Miller construye una película de acción trepidante en la que la historia y los diálogos son reducidos a la mínima expresión. La acción, pese a situarse en un futuro post- apocalíptico, contiene reminiscencias medievales, por ese retroceso, o vuelta atrás de la civilización - ese acoso al que son sometidos los habitantes de la refinería  recuerda a la toma de un castillo -  y del espaguetti western - cómo no al tratarse de un solitario héroe que actuará únicamente por interés propio al igual que el hombre sin nombre de Leone- . Pero además, la épica  narración inicial dota de un carácter mítico a nuestro héroe al más puro estilo del Conan de Millius, - Miller cita el libro El héroe de las mil caras de Joseph Campbell como base para esa concepción del héroe arquetípico -  sin obviar otras influencias como el cómic, la estética punk y , como reconoció el propio Miller, Kurosawa.



El mayor logro de Miller es construir una epopeya post-apocalíptica de corte minimalista pero sumamente efectiva y que deja sin aliento al espectador con unas persecuciones a motor - vehículos que conforman monstruosas aberraciones reflejo de la personalidad de sus conductores y de la sociedad podrida que habitan -  que crearon escuela - perfectamente ensambladas con la música compuesta por Brian May (no es el guitarrista de Queen)- , esto sin obviar momentos de humor negro y creando un universo propio poblado - que sería imitado desde entonces sin piedad en numerosos ejemplos del explotation más infecto- por una panda de freaks sin parangon. Max no es el único loco. Héroes y villanos - exceptuando a la mayoría de habitantes de la estación - son gente perturbada o sumamente peculiar. Así nos encontramos con el niño del boomeran, al freak del autogiro, o a una corte de desquiciados malvados con un gusto especial por el cuero y la violencia gratuita que tratarán a toda costa de satisfacer sus instintos más primarios; destacando sobre todos ellos el malvado Humungus y su mano derecha Wez. Y luego está Mel Gibson interpretando a Max al volante del Interceptor. Un personaje que le pertenece por derecho propio y que en esta ocasión parece recuperar un poco de esa humanidad de la que fue despojado de las manos de un niño del boomerang que narrará de adulto esta historia. 





Aunque mucho más violenta en su corte original - Mad Max 2 fue cercenada por la censura australiana - cosechó grandes críticas, un apoyo incondicional del público que le otorgó el estatus de culto y una recaudación de más de 23 millones de dólares en los Estados Unidos partiendo de un presupuesto de 2.

GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA